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El arte de la guerra sicológica según la CIA

Juan Manuel Olarieta

A comienzos del siglo XIX, Felix Walker, representante de Carolina del norte ante el Congreso de Washington, comenzó a exponer un largo y pretencioso discurso para satisfacer a sus votantes y demostrarles que se preocupaba por defender sus intereses. Los demás diputados le pidieron que abreviara y él dijo que no estaba hablando para el Congreso, sino para Buncombe, una localidad de Carolina del norte cuyo nombre («bunkum», en inglés) quedó desde entonces como sinónimo de charlatanería.

En 1923 el escritor William E. Woodward retomó la palabra a la inversa, «debunk», para describir la tarea de «eliminar la paja» o la palabrería de un libro o un discurso. Si la exposición no se caracteriza por el vacío sino por la falsedad, entonces el término «debunk» es el intento de ridiculizarlo, más que de criticarlo.

El «bunkum» y el «debunk» se alimentan uno del otro. Ambos son criaturas de una ideología típicamente estadounidense que, como no podía ser de otra forma, ha desembarcado por todo el mundo. El «bunkum» es ese discurso y esa rueda de prensa oficial que no dice nada. El «debunk» cree que el discurso no está vacío sino que encubre algo.

Pero los papeles de ambos son como la negación de la negación, intercambiables, como en el siglo XII había escrito el gran Averroes: la refutación de la refutación. Hay quienes defienden cualquier entuerto, normalmente delirantes conspiraciones secretas, y también quijotes que se afanan en deshacerlos, acusando a los anteriores de «magufos».

En abril de 1967 la CIA complicó aún más las cosas. En un memorándum lanzó una campaña para combatir a quienes que desconfían de los discursos oficiales, que resultarían desacreditados como «conspiranoicos», que es casi una enfermedad siquiátrica. Los que buscan tres pies al gato deben ser presentados como personas perturbadas o exaltados.

Sin embargo, en 1976 los partidarios de las conspiraciones ganaron la partida. Una petición del New York Times apoyada en la Ley de Libertad de Información encontró la conspiración. El memorándum estaba marcado como «psych», una abreviatura para las operaciones sicológicas (desinformación) y CS, que indica a la unidad de la CIA encargada de las actividades clandestinas.

La CIA elaboró el memorándum poco después del asesinato de Kennedy. Como consecuencia del escepticismo generalizado hacia el informe oficial de la Comisión Warren, la CIA remitió una directiva a los principales organismos vinculados al espionaje. Se titulaba «Lucha contra las críticas al informe de la Comisión Warren» (*) y en ella ya se hablaba claramente de la necesidad de crear el término «teoría de la conspiración» para desacreditar a quienes criticaban las acciones clandestinas que el espionaje llevaba a cabo en todo el mundo.

El objetivo de la CIA era explícito: había que «desacreditar las declaraciones de los teóricos de la conspiración para impedir su circulación en otros países». Medio siglo después Bush siguió ese mismo guión en su discurso ante la ONU sobre los atentados contra las Torres Gemelas de 2001: «Nunca vamos a tolerar esas escandalosas teorías del complot sobre los ataques del 11 de setiembre. Son mentiras maliciosas que tratan de desacreditar la implicación de los propios terroristas y devolver la culpabilidad contra nosotros».

Para impedir la difusión de versiones alternativas, la CIA propuso varias medidas, la primera de las cuales consistía en «no iniciar una discusión sobre la conspiración cuando no sea pública». En caso contrario, cuando una versión contradictoria empieza a alcanzar una difusión preocupante, hay que contratar lo que califica como «agentes de propaganda» para contrarrestar las críticas. La CIA también propone entrar en contactos amistosos con las élites (políticos y editores) para subrayar que:

a) la investigación oficial ha sido profunda y exahustiva
b) las imputaciones de quienes critican la versión oficial carecen de fundamento serio
c) dar pábulo a sus teorías es hacerle el juego a la oposición, es decir, a los comunistas
d) no hay conspiración porque cuando intervienen muchas personas es imposible que se pongan de acuerdo para guardar silencio
e) los conspiranoicos son personas sin estudios, o bien no tienen una preparación académica equiparable a los que defienden la versión oficial
f) que los conspiranoicos no son imparciales sino más bien propagandistas o militantes que se dejan llevar por su causa, por ideas preconcebidas o financiados por terceros

Con el transcurso del tiempo, el manual de la CIA sigue vigente. En referencia a los atentados contra las Torres Gemelas, Obama utilizó un lenguaje muy característico: «No hay que debatir sobre las opiniones. Hay que tratar sobre los hechos». Los hechos tienen, pues, el carácter de indiscutibles, sobre todo si se trata de los que ellos ponen encima de la mesa.

Cuando el primer ministro británico David Cameron se refirió al mismo asunto, el 11-S, equiparó al «Truth Movement» (Movimiento por la Verdad) con una ideología extremista, que es «la madre del terrorismo», añadió. Los que buscan la verdad, esos a los que Sócrates llamó «filósofos», forman parte del «entorno». Peores que los propios terroristas.

(*) CIA Document 1035-960 concerning criticism of the Warren Report, http://www.jfklancer.com/CIA.html

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Un caso de guerra sicológica contra Rusia

Hace un par de días Le Nouvel Observateur titulaba así una información: «La invasión rusa de Ucrania estaba planificada en una nota del Kremlin»:
http://tempsreel.nouvelobs.com/ukraine-la-revolte/20150226.OBS3409/l-invasion-russe-en-ukraine-etait-planifiee-dans-une-note-du-kremlin.html
Por su parte, Libération no le iba a la zaga y titulaba de esta manera: «Ucrania: una invasión muy premeditada por el Kremlin»:
http://www.liberation.fr/monde/2015/02/25/ukraine-une-invasion-tres-premeditee-par-le-kremlin_1209928
Lo mismo se pudo ver en las cadenas de televisión, como LCI: «¿Estaba planificada desde hace tiempo la invasión de Ucrania por Rusia?»:
http://videos.tf1.fr/infos/2015/l-oeil-du-web-l-invasion-de-l-ukraine-par-la-russie-planifiee-de-8569078.html
Estas noticias no sólo transmiten a los espectadores que en Ucrania la guerra se libra contra Rusia, sino que este país habría invadido a sus vecinos y que todo procede de un plan elaborado por el Kremlin, o aún mejor, por Putin, al que le ha tocado desempeñar el papel de chivo expiatorio.
Al empezar a rastrear el origen de la noticia, una primera pista procede del diario Le Parisien, que comienza así su artículo: «Un diario ruso revela un documento que muestra cómo la degradación de la situación en Ucrania habría sido concienzudamente preparada por Rusia para servir a sus intereses».
Nos enteramos de que el origen de la noticia está en Rusia y, más concretamente, en el diario «Novaya Gazeta» que aparece enlazado en la noticia. Se trata de un peridico fundado con la ayuda de Gorbachov, el antiguo presidente de la URSS. Algunos medios imperialistas de propaganda lo consideran como parte de la oposición a Putin y añaden al unísiono, como si estuvieran movidos por el mismo resorte: se trata del diario en el que trabajaba la periodista Anna Politkovskaya, especialista en la guerra de Chechenia que fue asesinada… seguramente por orden de Putin porque sus informaciones no gustaban en el Kremlin.
El diario luxemburgués «L’Essentiel» dice lo siguiente: «Todas esas etapas que hacen que hoy Ucrania esté enfangada en un conflicto inextricable estaban inscritas negro sobre blanco en un documento confidencial del Kremlin que el diario ruso de oposición ‘Novaya Gazeta’ publica este miércoles».
Pero los periodistas que se hacen eco de la noticia de «Novaya Gazeta» manipulan la fuente de la que procede. Empezamos a vislumbrar algo del fraude cuando el «New York Times» reconoce que el documento en el que se basan esas informaciones ha sido «presentado a la administración presidencial», es decir, que no es un documento redactado por ella sino todo lo contrario: por alguien ajeno precisamente a ella.
Finalmente, lo mejor es ir a la fuente directa, donde se alude a un documento al que «Novaya Gazeta» califica de «hipotético» que alguien habría presentado al Kremlin entre el 4 y el 12 de febrero del año pasado. El «New York Times» casi acierta. Sólo le faltó mencionar que, además, el documento es hipotético. Pero lo que en Moscú es hipotético, en París adquiere carta de naturaleza.
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La CIA es la mayor agencia de ‘información’ del mundo

En 2011 la CIA ordenó a los principales diarios y agencias de noticias del mundo publicar mentiras sobre Muamar Gadafi para justificar la intervención extranjera en Libia, reveló Global Research el miércoles.
El editor del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, Udo Ulfkotte, reveló que durante el tiempo que trabajó en el diario, uno de los más grandes de Alemania, recibió y publicó una noticia redactada por la CIA sobre Gadafi que le culpaba de fabricar plantas de gas venenoso.
Varios países occidentales, incluyendo Estados Unidos y Francia, justificaron una intervención militar en Libia en el año 2011 bajo el pretexto de “defender la democracia y la población libia”, sin embargo, después de cuatro años tras la intervención el país se encuentra peor que antes y hasta se ha convertido en un refugio seguro para grupos terroristas como los takfiríes del Califato Islámico y Al-Qaeda.
Pero esta no fue la única noticia que tuvo que publicar bajo presiones de la CIA, aseguró el periodista y declaró que él, tampoco fue, y es, el único que mintió a las masas por orden directa de los servicios secretos estadounidenses.
Este periodista confirmó que todas las agencias de noticias alemanas reciben órdenes y noticias redactadas directamente por la CIA y de no publicar o cumplir con ellas, tendrían que dejar sus empleos o aún peor, serían amenazados de muerte.
Al mismo tiempo, el periodista afirmó ser un testigo directo del ataque químico de Saddam Husein, a la localidad kurda de Halabja en 1988. El editor consiguió fotografiar los hechos pero los diarios alemanes, por órdenes de la CIA, no las publicaron ya que Saddam era en aquellos momentos el aliado de Washington en el Oriente Medio.
Los medios de comunicación ignoraron y censuraron el hecho de que Saddam usó agentes químicos y mató a miles de la población indefensa de Halabja.
Ulfkotte sufre como consecuencia de los ataques químicos mencionados en las que, cabe destacar, se usaron agentes químicos con ayuda de tecnologías y empresas occidentales, entre ellos alemanes, y cree que le queda poco de vida, hecho que le permite revelar las manipulaciones mediáticas de la CIA.
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Podemos no es un partido político sino un anuncio de televisión

El impacto mediático y, sobre todo, televisivo, de Podemos ya está llegando a las Facultades de Ciencias de  la Información. ¿Cómo es posible que una organización política alcance el rango del famoseo político a las primeras de cambio? La pregunta tiene mucha más miga científica que el bosón de Higgs y será objeto de sesudas tesis doctorales en los años venideros.
El Foro de la Nueva Comunicación ha organizado una conferencia para analizar el binomio Podemos/televisión en el que ha intervenido Bieito Rubido, el director del periódico ABC.
Para explicar este tipo de fenómenos complicados es corriente recurrir a explicaciones sencillas, como  contaba el general Charles de Gaulle en sus memorias: «Al complejo Oriente Medio viajé con ideas simples».
En su conferencia Rubido no sólo destaca la desproporcionada cobertura que Podemos tiene en los medios, sino algo aún más significativo: que la misma procede de aquellos que no son precisamente «de izquierda». Dichos medios no se limitan a exponer los actos e intervenciones de los dirigentes del nuevo partido sino que van mucho más allá y el director de ABC habla de un «apoyo sin precedentes» por parte de los medios de «la derecha» a un movimiento «de izquierdas».
Dejemos pasar ese lenguaje absurdo del director de ABC. Olvidémonos también de si en este país existe algún medio de prensa que no sea de «derechas» o, como dice Rubido, que no tenga «capital de derechas». El meollo de la cuestión es que por primera vez en la historia aquí los sectores más reaccionarios del capital están apoyando a una organización que la mayoría cree que tiene algo de progresista.
El problema no es sólo que los medios estén mostrando al minuto todos y cada uno de los pasos de la organización, sino que es un verdadero apoyo mediático y, por consiguiente, político.
Dicho apoyo, además, no procede de su victoria en las elecciones europeas de mayo del pasado año, sino que es anterior, ya que la caverna fascista de Intereconomía ya llevó a Pablo Iglesias a sus tertulias antes de aquellas elecciones.
¿Cómo es posible que los fascistas estén patrocinando a Podemos? Al hacer este tipo de preguntas alguien se enojará pensando en los feroces ataques que lanza cada día la «Brunete mediática» contra dicha organización, así como políticos de contrastado pedigrí derechista, como Esperanza Aguirre.
Los que piensan de esa manera no se dan cuenta de que en la permanente farsa política que vive España, de unas elecciones a otras, nada fortalece más que uno de esos furibundos ataques cavernarios. Es como las vacunas, que te inmunizan con unos pocos y maltrechos virus. También Podemos ha ganado protagonismo con las continuas invectivas, sean verdaderas o falsas, procedentes de la «Brunete mediática».
El famoseo político ha engordado a Podemos con una receta infalible que todo estudiante de intoxicación propagandística conoce a la perfección: «no importa que hablen mal de tí, el caso es que hablen»; dicho con otras palabras: «ladran luego cabalgamos». El famoseo político y televisivo se alimenta de sí mismo. El caso es estar en el candelero. Cada minuto de televisión se cotiza a cientos de miles de euros, a pesar de los recortes, que hasta ahí no han llegado… todavía.
Si comparamos la dedicación con la que los medios fascistas miman a Pablo Iglesias y sus compinches en comparación con otras organizaciones, como UPyD, Vox o Ciutadans, caemos en la cuenta de la desproporción existente. La presencia de Podemos en la televisión es tan abrumadora como un anuncio publicitario.
En su conferencia Rubido reconoció que en los comités de dirección de todas las cadenas de televisión se imparte la orden de que Podemos tiene que aparecer «por la mañana, a mediodía y por la tarde», y el propio director de ABC dio fe públicamente de ello. Su explicación es porque de esa manera las emisiones ganan «uno o dos puntos» de cuota de pantalla, es decir, porque cuando enchufamos la tele los telespectadores queremos ver a Pablo Iglesias, a Monedero, a Errejón, a Echenique y a sus compinches, o bien porque queremos que nos hablen de ellos, aunque sea mal, para ponerlos verdes.
Aparte de esa, hay muchas más explicaciones que convergen en la misma dirección. Por ejemplo, hay quien asegura que «la derecha» apoya a Podemos porque así divide a «la izquierda», con lo cual se refieren fundamentalmente al PSOE, o bien porque, a diferencia del PSOE, que es una organización veterana acostumbrada a lidiar con los astados del PP, los de Podemos han demostrado ser unos membrillos. No cabe duda de que también hay algo de eso y, por consiguiente, de que la reacción sabe muy bien que el fortalecimiento de Podemos en las próximas elecciones va a ser el fortalecimiento del propio PP.
Volvemos a recordar una nuestras citas favoritas, que procede de Pérez Galdós: en España la política es una conjugación del verbo comer. El gran novelista canario lo decía por el electoralismo y la naturaleza cutre de la política de cortos vuelos que aquí se ha practicado siempre. También porque para muchos -vividores- eso que llamamos «la política» es una manera de vivir y de vivir -además- bien, de enchufar al cuñado en un cargo para toda la vida y cosas parecidas.
Como la fiebre, Podemos no es una enfermedad sino el síntoma de algo de lo que nadie habla, salvo ellos mismos, y en este aspecto les damos la razón: es consecuencia de una profunda crisis política, la crisis del Estado, del régimen edificado en 1978. Los fascistas les han puesto ahí para salvarles porque, en efecto, se han creído que tienen salvación. Lo aprendieron en 1978 y vuelven a repetir el experimento: utilicemos a «la izquierda» para salvar a «la derecha».
(La concepción garbancera de «la política» a la que se refería Galdós nos obliga a utilizar este estúpido lenguaje. Pedimos perdón por ello a nuestos lectores. No se volverá a repetir)
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Islamalgama, un paraíso para todos los públicos

Con motivo del 70 aniversario del campo de concentración de Auschwitz, un portavoz tan cualificado del imperialismo como la revista US Today publicaba esta caricatura que resume a la perfección el «totum revolutum» que tanto les encanta y con el que quieren encantarnos también a nosotros.
Es un lavado de cerebro. La caricatura muestra cómo la propaganda imperialista equipara al islam con el nazismo. En referencia al aniversario, el caricaturista pregunta si 70 años después no se repetirá otra vez algo como Auschwitz y la respuesta está en las palabras que pronuncia la calavera: «Dios es grande». El nazismo ha resucitado en el islamismo.
Además, el imperialismo ha re-convertido Auschwitz, lo mismo que el islam, en uno de esos comodines que se pueden utilizar según las necesidades propagandísticas del momento. Para el caso Auschwitz es sinónimo de muerte contra los judíos. Por lo tanto el imperialismo quiere que pensemos que la preocupación del nazismo fue la de matar judíos y que la del islam es exactamente la misma.
Moraleja: los judíos son siempre las víctimas y los islamistas (=nazis de hoy) son los victimarios.
En sí mismo el islam es otro «totum revolutum». Si se fijan en los distintivos verán que aparecen equiparados Isis, Al-Qaeda, Boko Haram y los talibanes, con Hezbollah y Hamas, los sunitas con los chiítas, los lacayos de Israel con los que se defienden de Israel.
El terrorismo islamista no sólo concierne a determinados grupos sino que es algo generalizado. Por eso en los distintivos también aparece «El Eje del Mal», integrado por países terroristas, como Irán.
Por supuesto, el islam en su conjunto queda asimilado a lo peor de lo peor en una asociación de ideas que se tiene que quedar grabada en la cabeza a todos los públicos: islam = extremismo, yihad… En definitiva, el islam es sinónimo de muerte.
Como ven, el imperialismo sigue de muy mal humor. ¿O les parece graciosa esta caricatura?
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Disneylandia

Nicolás Bianchi
El imperio ataca y contraataca; nos quiere infantilizados, ayer Disney y hoy Spielbreg. O embrutecidos como los mangas que empiezan ya asaltando las mentes infantiles. En julio de este año se cumplirán 60 años de la creación de Disneylandia en California en 1955 (luego en Orlando, Florida, en 1971). El «chiste» -o la clave- está en que los parques (infantiles) (a)traen a los niños, que traen a los padres, que traen el dinero que los niños, obviamente, no tienen. 
Walt Disney (1901-1966) nunca escribió ni realizó los dibujos animados clásicos que llevan su nombre. Era un vendedor (como su coetáneo Ray Kroc, el fundador de McDonald`s) de chucherías para los niños. Disney, antes de cumplir treinta años, ya era famoso. Del Medio Oeste se fue a Los Ángeles y montó un estudio. Gran admirador de Henry Ford (no John Ford, el cineasta, que tiene su aquel aparte) introdujo una cadena de montaje («fordismo») y una rigurosa división del trabajo en el Estudio Disney hasta que el personal, dibujantes, guionistas… se declararon en huelga apoyando al Gremio de Dibujantes de la Pantalla, que se decía. Cometieron la «torpeza» de ganar la huelga y a Disney le entró tan mala ostia que los acusó de ser lo peor que se puede ser en este mundo y probablemente en el otro: comunistas. Encabronado y maltrecho como se le quedó el cuerpo, dejó esta lapidaria sentencia a los navegantes como aviso, o como aviso a navegantes: «Es ley del universo que los fuertes sobrevivan y los débiles queden en el camino, y me importa un bledo qué plan idealista se invente; nada puede cambiar eso; no olvidéis esto», decía con aterciopelada admonición este socialdarwinista. Y lo decía creyéndoselo, o sea, que estará en el cielo calvinista (los comunistas ya sabemos adónde vamos de cabeza). 
La huelga le dejó tocado anímica y económicamente. Se olvidó de que era -o iba- un liberal manchesteriano, poco menos, y pidió sopitas a papá-Estado. El Gobierno yanqui le dio contratos como por un tubo en plena II Guerra Mundial para hacer propaganda -vía Pato Donald, sobre todo- y lucrarse, que eso es un patriota. En los años 50, el nazi Wernher von Braun, comandante de las SS y científico nuclear, colaboraba para él (los genios nazis se iban -se reclutaban- a los EE. UU, y los criminales nazis al «patio trasero», a Sudamérica) descubriéndonos algo tan fascinante y novedoso como el espacio exterior y amigándonos con el átomo y la fisión nuclear «tan divertida» y nada terrorífica. No los átomos de Demócrito o Epicuro, no, los otros.
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Share o no share

Ves los índices de audiencia de televisión -los “shares”- y se te sublevan las tripas. ¿Cómo es posible que la gente – ese nuevo sujeto político, “la gente”, para “Podemos”- vea tanta telebasura? La pregunta es capciosa. Como apuntara el lógico matemático G. Frege, la interrogante es en sí misma un significado que adolece de dos sentidos: uno, descriptivo -lo que vemos es basura- y otro normativo -yo he decidido que lo que vemos es telestiércol-. Esto último es susceptible de irritar susceptibilidades. Algo así como decir: “yo no veo el guano televisivo, ergo: no soy masa, soy diferente y me libro de la molicie, de la “multitud”, de la “gente”. Podría enervar aún más a eso que llaman “audiencia” y esputar esto: “El programa tal de la cadena equis ha experimentado una subida de ¡cien mil estúpidos más con lo que crece el espectáculotariado!” De “multitud” y “gente” ya pasamos a ser “audiencia”, “publico”, “share”. Ese altar donde nos sacrifican en aras de la publicidad, que eso es el “share”. El casticismo alegaría que lo mío es elitismo y ensoberbecimiento: este va de listo (de soberbio) y, encima, nos llama estúpidos por no beber sus vientos. Se ve que le gusta Roxy Music y “Avalon” y el fachilla Brian Ferry.

No soy ofensor. No revelo nada nuevo si digo que las imágenes no son sólo mercancías sino armas (ideológicas) bajo el capitalismo. Es como discutir sobre la inmortalidad del alma, algo estéril. Y lo es porque, al margen de que el hombre sea inmortal o no, lo cierto es que, como decía el cura revolucionario colombiano que murió empuñando las armas en 1966, Camilo Torres, el hambre sí es mortal. O sea, la discusión era, es, bizantina.

Yo siempre he escrito en este blog de izquierda consecuente. Tampoco hace tanto. Hay plumas que se intitulan de izquierdas y firman en periódicos de derechas, o sea, casi todos. ¿Es esto contradictorio? No lo sé, pero, si lo es, contradictorio, estas personas exquisitas que, normalmente, están de vuelta de todo (si es que alguna vez han ido a alguna parte), resuelven esas antinomias, esa contradicciones, que acaso les hayan reconcomido los hígados una noche de verano, las resuelven. digo… en la cabeza, en el coco. No en la práctica, sino en la pelota. Con tal de no admitir -se supone que son intelectuales con un ego exorbitante y desmedido-, salvo tomando copas nocturnas, que hay que comer (bien) y vivir (mejor), algo loable y natural que diría el utilitarista (“estúpido”, para Marx, que le ponía malo) Bentham, se absuelven a sí mismos perdonando la vida y exonerando el mal gusto de los demás. Se muestran complacientes y peroran que no será tanta la basura que se ve cuando tanta gente la contempla, otrosí: algo tendrá el agua cuando la bendicen. Es aquí donde yo irrogo de antipático -cada uno lo que es, qué vas a hacer- por reiterar la idea de que mirar -ver, semióticamente, sería otra cosa más crítica- telebasura nos convierte en lerdos, o, mejor dicho, pretenden que lo seamos. De un tonto hacer dos tontos, diría Alberti. Es evidente que el pueblo, perdón, “la gente”, no lo es y lo mismo mañana pone todo mangas por hombro, o sea, las cosas en su sitio… y no donde están, como decía el maestro don José Bergamín. Que todo es posible, que decía Nuestro Señor Don Quijote a su escudero Sancho.

“Have a nice day”.

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El País vende propaganda del PP

Coincidiendo con la convención del fin de semana en Madrid, el PP ha inundado los medios de comunicación con publicidad institucional. En diferentes anuncios en prensa e internet el partido de Gobierno promocionó su encuentro y los grandes logros del gobierno Rajoy.
El principal instrumento publicitario ha sido El País que durante el sábado y el domingo insertó como su principal publicidad mensajes directos e indirectos del gobierno y del PP.
La edición digital del diario se llenó de anuncios sobre la convención de los populares y su ofensiva de comunicación recientemente estrenada en internet y en la televisión. La mayoría de las veces los anuncios del gobierno iban acompañandos de informaciones de la propia convención.
Después de las últimas purgas y despidos colectivos, El País se ha convertido en el mejor soporte publicitario del PP, sumido en una vertiginosa carrera por evitar su desaparición y sin más criterio que el de los intereses capitalistas.
Desde el comienzo de la crisis en 2007 el diario ha perdido 460.000 compradores. En ocho años han perdido la mitad de sus ventas, desde los 999.527 hasta los 538.000. Las causas del hundimiento de uno de los aparatos ideológicos de los fascistas son dos. La primera es el absoluto descrédito en el que estaba sumido el diario desde hace años, que se ha puesto de manifiesto tras la proliferación de internet como medio de información alternativo. Nadie creía ya que El País fuera un diario «progresista», ni que tuviera nada de «centro izquierda». Ni siquiera nadie creía ya que no fuera otra cosa que un medio de intoxicación propagandística que se vendía al mejor postor, que siempre es el gobierno, El Corte Inglés y las grandes multinacionales.
La segunda cuasa del hundimiento es la crisis del capitalismo. A falta de compradores, El País subsistía gracias a la publicidad, lo que le ha conducido a otra crisis aún mayor porque el que paga manda y el diario se había vendido descaradamente a las empresas de publicidad. Dentro de poco sus ejemplares se regalarán en las paradas de autobuses.
Pero no es el único diario que naufraga. En este mismo periodo la difusión de La Razón se ha desplomado un 46 por ciento y la de La Vanguardia un 34 por ciento.
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Comida rápida para el intelecto

Juan Manuel Olarieta

El comentario de Allain Jules sobre el intento del gobierno francés de enterrar a los terroristas del 7 de enero en África (1) es inusualmente lúcido, empezando por su constatación del absoluto silencio mediático al respecto y siguiendo por la opinión «formateada» de los periodistas, para quienes África está ahí abajo sólo para servir a Francia.
Me encanta que califique a los periodistas de trileros («maquignons») pero, sobre todo, me he reído a carcajadas cuando pone el ejemplo del ex-presidente Nicolás Sarkozy, cuyos padres son húngaros: ¿le enterrarán por ello en Hungría? En Europa el racismo se ha convertido en algo obsesivo-compulsivo. Hasta los cadáveres tienen pasaporte. Los racistas te persiguen durante toda tu vida y luego más allá de la muerte. Como Darwin dijo que toda la humanidad procede de África (“Out of Africa”), todos deberíamos ir pensando desde ahora en preparar nuestro sepulcro en Tanzania, o en Uganda, o en Gambia, o en… donde más le guste a cada cual.
Atinado también cuando habla del «prêt-à-penser», la comida rápida del intelecto, y seguramente aún no conocía la petición del Primer Ministro francés para que la prensa no airee las zonas de sombra de los atentados «para no alimentar las teorías de la conspiración», cada vez más abundantes. Un verdadero aluvión, diría yo, tanto que la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, de origen magrebí, ha declarado su preocupación por las constantes burlas contra la versión rápida de lo sucedido.
Es posible que Allain Jules tampoco hubiera leído el editorial que escribe Laurent Joffrin para Libération (2), que es el prototipo del «prêt-à-penser». El periodista francés es la voz de su amo, un lameculos que siguiendo la petición del Primer Ministro, se pronuncia contra aquellos colegas que, cumpliendo con su papel, investigan y por eso mismo tienen cada vez más audiencia, a diferencia de los altavoces de la versión rápida y la comida basura del intelecto, cuya difusión cae en picado.
No es posible atenuar la marea de desconfianza, por más que en su desesperación el editorialista clame que las conspiraciones son la «muleta intelectual de los extremistas», la «antesala de la tiranía». La patología conspirativa, dice Joffrin, no es un ejercicio de democracia sino todo lo contrario, un ataque contra ella, y es que hemos llegado a un punto, el capitalismo monopolista de Estado, que en su decadencia repite lo que en el siglo XVIII decía el Rey Sol: «el Estado soy yo». El Estado son ellos y la democracia también son ellos. Lo que se salga de ahí es tiranía, conspiraciones y extremismo. Lo peor de lo peor.
La plaga no son las teorías de la conspiración, sino las mentiras. Las teorías de la conspiración no gustan porque sean «novelescas», como dice Joffrin, sino porque nadie se cree ya nada de lo que cuentan, ni ellos, los periodistas, ni los políticos a los que encubren. Y en efecto es una patología, pero no por parte nuestra, sino suya. Y también es cierto: los enfermos de conspiración somos igualmente «negacionistas». A todo le decimos que no y ahí está el problema porque en África los imperialistas están acostumbrados a escuchar todo lo contrario, «Sí bwana», que traducido del idioma suajili significa «Sí señor». Están acostumbrados a que los esclavos den la razón a sus amos, a tratar con mayordomos, aduladores y rastreros.
El conspiracionismo no es la antesala de la tiranía sino de la democracia, cuya esencia es estar en desacuerdo, protestar y rebelarse. Que en un país como Francia, que en 1793 legalizó el derecho a la resistencia, incluso armada, es preocupante que un periodista como Joffrin califique de «extremistas» a los que buscan, a los que se esfuerzan por descubrir y aclarar cualquier acontecimiento. Estamos en el pleno ejercicio de nuestro derecho y si a alguien eso le parece «extremo» será porque nos lo quiere arrebatar, o nos lo ha arrebatado ya.
Si Joffrin es periodista en París estará al corriente de las declaraciones del general Vincent Desportes en la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional el 17 de diciembre, una sesión abierta en la que el oficial afirmó que el Califato Islámico lo había creado Estados Unidos (3). ¿Se ha creído Joffrin que el general es otro perturbado por las conspiraciones? Y si está perturbado, ¿por qué los diputados le llaman a declarar como experto en la materia?

Kevin Barrett, editor de la revista Veterans Today, declaró el lunes: «Desde hace tiempo el gobierno británico colabora con los extremistas salafistas y wahabitas que manipula y protege para alcanzar sus propios objetivos políticos». ¿Otro perturbado?

La mierda les va llegar a las orejas. Le Point acaba de publicar que Mohamed Merah, autor de los atentados atribuidos hace dos años a los islamistas en Toulouse, trabajaba para los Renseignements Généraux, la policía secreta francesa.
The Guardian publica que los hermanos Kouachi tenían prohibido volar a Gran Bretaña porque estaban en el listado de terroristas del gobierno de Londres. ¿No sabía nada el gobierno francés?, ¿no estaban en sus listados?
¿Cree el gobierno francés que va tapar la matanza del 7 de enero burlándose de las teorías de la conspiración? Yo más bien creo que ellos van a ser los burlados y que algunos de los capos de los siniestros despachos de la seguridad (policía, servicios secretos, militares) acabarán sentados en el banquillo de los acusados dentro de poco, no sólo por ser unos criminales sino también por ser unos mentirosos.

(1) Quand l’Afrique refuse d’être le dépotoir pour terroristes de la France, 23 de enero
http://allainjules.com/2015/01/23/terrorisme-quand-lafrique-refuse-detre-le-depotoir-pour-terroristes-de-la-france/
(2) http://www.liberation.fr/societe/2015/01/20/bequille-intellectuelle_1185032
(3) http://www.agenceinfolibre.fr/general-v-desportes-les-etats-unis-ont-cree-daech/

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Guerra psicológica

El imperialismo sigue lanzado por la vía de la provocación

El éxito cosechado por Charlie Hebdo ha creado escuela. Una revista sin gracia alguna que estaba a punto de cerrar, ha sido relanzada a los cuatro vientos con siete millones de ventas en la edición de la semana pasada y dinero sin límite para seguir con más de lo mismo: la provocación.

Al imperialismo le ha dado por los chistes. Ahora le toca el turno a otra revista, Fluido Glacial, que también hace gala de muy malos humores hacia el “peligro amarillo”, como se titula su última portada, en la que aparece un francés con traje tirando de una bici-taxi en la que van cómodamente sentados un chino junto a una rubia.

Los imperialistas de traje y corbata han nacido para dominar, para sentarse y que sean los “amarillos” los que tengan que sudar empujando la bici.

El diario Global Times, una marca británica del monopolio chino de prensa Renmin Ribao, ha protestado en un editorial calificando la caricatura de “indecencia”, por lo que hay que esperar reacciones por parte del gobierno chino, que no tiene el mismo sentido del humor que los imperialistas franceses y al que este tipo de “indecencias” no le gustan nada. “No todos tienen buen carácter”, avisa el Global Times.

Los chinos tratan de calmarse. En otro editorial el diario chino Huanqiu Shibao minimiza la ofensa. Concede la palabra a Hu Ronghua, subdirector del Centro de Investigaciones sobre cuestiones europeas de la Universidad de Fudan, en Shanghai: “Esta representación de los chinos considerados como el ‘peligro amarillo’ es muy desagradable, pero no representa el punto de vista de los franceses”. El profesor universitario confía en que los chinos reaccionen con calma a esta nueva provocación.

La postura de Huanqiu Shibao, un diario nacionalista muy agresivo, es un indicio de que por esta vez al menos China quiere reconducir el ataque por las vías subterráneas y diplomáticas que acostumbra. Veremos lo que les dura su proverbial paciencia.