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Memoria Histórica

La OTAN existe para responder a los conflictos que ella misma provoca

Hace 75 años Estados Unidos, Canadá y varios países de Europa occidental fundaron la OTAN, con el objetivo de ocupar militarmente el centro de Europa y asediar a la URSS.

En 1975, en plena Guerra Fría, se firmaron los Acuerdos de Helsinki, comprometiendo a Estados Unidos, la URSS y varios países europeos. Aunque no eran vinculantes, contribuyeron significativamente a la distensión y a una mayor cooperación entre Oriente y Occidente.

En 1990 se firmó la Carta de París y cuatro años después se creó de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

En 1991, tras el colapso de la URSS, surgieron las condiciones para una nueva arquitectura de seguridad inclusiva en Europa y más allá, basada en los principios de igualdad soberana, indivisible y seguridad y poner fin al Telón de Acero, la línea de división de Europa desde 1945.

En lugar de continuar con aquella línea, Estados Unidos vio el fin de la Guerra Fría como el comienzo de una hegemonía absoluta. En 1992 Bush declaró con orgullo que Estados Unidos había “ganado” la Guerra Fría. Empezó a desarrollar una estrategia unilateral basada en la ampliación de la OTAN y, por tanto, la cancelación de la arquitectura de seguridad paneuropea.

La OTAN abrió una nueva línea, que se convirtió en intervencionismo y expansionismo militar fuera de su área. Los siguientes 30 años estuvieron marcados por una serie de campañas militares en el extranjero, ninguna de las cuales resultó en una resolución integral, sino en la creación de focos de inestabilidad.

Durante los noventa la OTAN pasó al ataque y desató la guerra en Yugoslavia, con una campaña de bombardeos masivos. Estados Unidos estaba preparando a la OTAN para apoyar los planes estadounidenses para la dominación en Oriente Medio en una sucesión de operaciones de invasión militar y cambio de régimen. Esas operaciones “fuera de área” fueron un desastre tras otro y terminaron con la retirada de Afganistán después de participar en una guerra de 20 años.

Al mismo tiempo, después de la Guerra Fría la expansión hacia el este de Europa de la Alianza imperialista aceleró las tensiones en el Continente. El resurgimiento de la política de “bloques” en materia de seguridad y la rivalidad sobre el trazado de las nuevas líneas divisorias han sido la principal fuente de conflictos en Europa durante las últimas tres décadas y finalmente culminaron en la guerra en Ucrania.

Al adherirse al expansionismo de la OTAN, los europeos permitieron que su continente fuera redividido y remilitarizado, lo que, como era de esperar, condenó a Europa al ostracismo. El declive económico es evidente y la subordinación a Estados Unidos también. A Europa no lo queda otra alternativa que acercarse a Rusia, tanto en política económica, como en materia de seguridad.

Los grandes cadenas de comunicación occidentales afirman que, gracias a Rusia, ahora la OTAN está más unida que nunca. Es falso. Las tensiones internas se han multiplicado. La victoria de la OTAN en Ucrania era imprescindible para superarlas, y ha ocurrido lo contrario. Hay más grietas y mucho más graves y es probable que la victoria de Trump en las próximas elecciones presidenciales le de la puntilla.

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Guerra psicológica

El ‘comité de los engaños’ que ganó la Guerra Fría

El gobierno de Estados Unidos es un organismo burocrático, casi laberíntico, repleto de oficinas y parásitos que acuden cada mañana a desempeñar sus siniestras funciones lo mejor que pueden. No falta de nada, y menos un tinglado que se llama “comité de los engaños”. Su tarea es exactamente esa: contar mentiras, que luego los medios de comunicación del mundo entero reproducen, lo mismo que las universidades y los “expertos”.

Una de esas mentiras es una toda una fábula de la Guerra Fría, en la que tampoco falta de nada, ni siquiera unos sinestros submarinos soviéticos que asediaban a un pobre país, Suecia, que ni siquiera pertenece a la OTAN… o eso ha parecido siempre.

Ocurría en los años ochenta con mucha frecuencia y la fábula alcanzó su climax en octubre de 1981, cuando un submarino soviético de la clase “whiskey” encalló en la base naval de Karlskrona.

Como toda historieta tiene que tener su gracieta para poner en los titulares de la primera portada, el submarino soviético fue llamado “Whiskey on the Rocks” y, a partir de ahí, los “expertos” y periodstas podían dar rienda suelta a su imaginación. O bien los marinos rusos eran unos torpes, incapaces de conducir un submarino, o bien se trataba de un acto de espionaje a un país neutral…

Lo más obvio no interesaba a nadie: Karlskrona es un fiordo estrecho y de poca produndidad en el que resulta difícil (por no decir imposible) entrar y dar la vuelta para salir.

Tampoco interesó a nadie preguntarse por qué los agregados navales estadounidenses llegaron hasta el submarino antes de que los suecos se enteraran siquiera del incidente.

La intoxicación publicitaria fue tan fuerte que Suecia cambió para siempre. Protestó oficialmente ante la embajada soviética y se convirtió en algo que nunca había sido hasta entonces: un país hostil a la URSS. En tres años el porcentaje de suecos que veían a la URSS como un país enemigo y amenazador aumentó del 25-30 por cien al 83 por cien.

Todo era un engaño, cuidadosamente mantenido y cultivado por los medios más sensacionalistas. El único que había dicho la verdad fue Yuri Andropov, el temible secretario general del PCUS: el submarino no era soviético, la marina soviética no estaba enviando a sus submarinos a las cosas suecas, el submarino era estadounidense.

Naturalmente nadie hizo caso. Era propaganda soviética.

El engaño se mantivo hasta el cambio de siglo, cuando el Secretario de Defensa de Estados Unidos de la época, Caspar Weinberger, reconoció ante la televisión sueca que Andropov había dicho la verdad: regularmente los submarinos de Estados Unidos navegaban por aguas suecas para probar sus defensas costeras.

En 2007 el Secretario de Marina de los tiempos de Weinberger, John Lehman, confesó que la decisión de navegar en aguas suecas había sido tomada por un “comité de operaciones de engaño” que presidía por el director de la Inteligencia Central (DCI), William Casey.

Ese tipo de movimientos no tenía ningún objetivo militar, ni de entrenamiento; sólo se trataba de engañar y, desde luego, Suecia colaboró en el engaño, a pesar de que no formaba parte de la OTAN.

También formaban parte del “comité de los engaños” Dick Allen, Asistente Especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, así como un representante del Departamento de Estado y otro de Defensa. Entre las fábulas inventadas por aquel puñado de estafadores estaba la “guerra de las galaxias” de Reagan, que en los años ochenta llenó los titulares de los periódicos.

Según Lehman, el “comité de los engaños” jugó un papel tan importante para ganar la Guerra Fría como los 600 buques de la Armada. Sus embustes persuadieron a los dirigente políticos suecos y europeos para que no colaboraran con la URSS.

El ministro de Marina británico, Keith Speed, confirmó las declaraciones de Weinberger y Lehman. La presencia de submarinos occidentales en las costas suecas era muy frecuente. Se trataba de submarinos diésel-eléctricos de clase Oberon y Porpoise, que eran muy silenciosos. “Se suponía que las pruebas estadounidenses y británicas tendrían lugar en aguas profundas de Suecia, lo que haría que los suecos fueran conscientes del enemigo soviético”.

Durante la Guerra Fría en este tipo de operaciones no participaba la OTAN necesariamente. Se trataba de relaciones de Estado a Estado. Sin embargo, dos comités secretos de la OTAN responsables de Gladio también dirigieron operaciones submarinas encubiertas en aguas escandinavas: el Comité de Planes Clandestinos (CPC), presidido por el propio SACEUR (Comandante Supremo Aliado en Europa), y el Comité Clandestino Aliado (ACC), cuya presidencia se turnaba.

Entre estos últimos también se encontraban países neutrales como Suecia, afirmó Wolbert Smidt, antiguo director de inteligencia operativa del BND alemán. Este último es el único comité aliado que tiene un representante sueco, admitió. Sin embargo, las operaciones de provocación con submarinos con periscopios y velas que comenzaron en 1982 no fueron operaciones de Gladio. Las operaciones en las bases navales y puertos suecos en los años ochenta eran demasiado delicadas para llevarlas a cabo en el marco de la OTAN.

Sin embargo, las operaciones de prueba o engaño nacionales estadounidenses y británicas descritas arriba por Caspar Weinberger, John Lehman y Keith Speed ​​​​y por funcionarios de alto nivel de la CIA y la Marina a continuación podrían beneficiarse de las restricciones al uso de la fuerza desarrolladas para los submarinos bajo el mando de ACC-CPC. Se suponía que estos no serían visibles en la superficie.

El “comité de los engaños”, la CIA y la Marina aprovecharon las pruebas con submarinos en Suecia para engañar. Junto con el asesinato de Olof Palme, fue el instrumento ideal para cambiar la política exterior de Suecia.

La reunión con Weinberger obligó al primer ministro sueco, Göran Persson, a nombrar al embajador Rolf Ekeus para encabezar una comisión “de investigación” sobre las intrusiones soviéticas en aguas suecas. Como sabemos ahora, no había nada que investigar. Todo era una pantomima.

Ola Tunander https://olatunander.substack.com/p/the-deception-committee-part-i

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Memoria Histórica

El verdadero origen del secreto bancario suizo

Según un mito muy extendido, Suiza reforzó el secreto bancario durante el III Reich para proteger a sus víctimas, especialmente los judíos. Esta fábula se inventó mucho más tarde, en los años sesenta y apareció por primera vez en el boletín del banco Crédit Suisse en noviembre de 1966, en un artículo sin firma titulado “Acerca del secreto bancario suizo”.

“Fue el intenso espionaje llevado a cabo sobre los bienes judíos lo que obligó a Suiza, en 1934, a definir más rigurosamente el secreto bancario consagrado hasta entonces en el derecho consuetudinario y a castigar cualquier violación con sanciones penales, para para proteger a los perseguidos. Sin exagerar, podemos decir que la determinación con la que se ha defendido y se defiende el secreto bancario ha salvado la vida y la fortuna de miles de personas”.

El banco invocaba las vidas amenazadas por los secuaces de los nazis para demostrar el origen moralmente irreprochable del secreto bancario. Durante los meses siguientes, este pretexto fue retomado por numerosas revistas especializadas.

El destinatario de la campaña lanzada en 1966 por Credit Suisse no fue el público suizo, sino el de Estados Unidos, donde la leyenda del origen logró muy rápidamente el objetivo que se proponía.

En 1968, al presentar su proyecto de ley contra el secreto bancario suizo, el presidente del Comité Bancario del Congreso moderó sus comentarios con estas palabras: “Las leyes actuales sobre el secreto bancario se remontan directamente a las temibles operaciones de la Gestapo en Suiza inmediatamente antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial”.

El argumento es particularmente importante porque el crítico más acérrimo de los bancos suizos, durante las audiencias ante el Congreso estadounidense, fue el fiscal de Nueva York, Robert M. Morgenthau, que tuvo que diculpar a su electorado demócrata judío. Los principales temas de las audiencias fueron la evasión fiscal, las adquisiciones hostiles y el crimen organizado. En este caldo cultural, según Morgenthau, estaban los principales beneficiarios del secreto bancario suizo.

En su momento el mito cumplió perfectamente su misión, especialmente en Estados Unidos. Irónicamente, fue uno de los más feroces oponentes de los bancos suizos, Theodore Reed Fehrenbach, quien, con su libro sobre “Los gnomos de Zurich”, desató la campaña de propaganda suiza en 1966 y proporcionó el pretexto del supuesto origen antinazi del secreto bancario suizo.

Fehrenbach se refería al caso del policía de la Gestapo Georg Thomae, quien, en enero de 1934, había recibido una misión especial de los nazis para buscar propiedades judías en Suiza. Mediante todo tipo de estratagemas y artificios, supuestamente robó a Anton Fabricius, residente de Hannover, su dinero depositado en la Unión de Bancos Suizos. Según los informes, tres titulares de cuentas judías en Suiza desenmascarados por Georg Thomae fueron llevados ante los tribunales y ejecutados inmediatamente. Su acción resultó en la Ley Bancaria de 1934.

Era una invención. Los archivos no indican en ninguna parte que el caso Thomae/Fabricius fuera mencionado por nadie durante los trabajos preparatorios de la nueva ley bancaria. Por no hablar de que la cronología de los acontecimientos contradice la tesis de Fehrenbach: la primera norma penal para una protección reforzada del secreto bancario apareció en febrero de 1933 en un proyecto de ley elaborado por la administración financiera, es decir, más de un año antes de las supuestas actividades de Thomae.

Los bancos suizos, al recurrir algunas semanas después de Fehrenbach a la leyenda de la defensa de los judíos y de sus bienes para justificar el fortalecimiento del secreto bancario en 1934, lograron hacerlo inexpugnable durante décadas entre sus compatriotas y los estadounidenses. Hasta la década de los sesenta los bancos suizos no aceptaron liquidar los activos confiscados a las víctimas del nazismo.

Ahora, nuevos documentos muestran que la leyenda de 1966 fue una campaña de relaciones públicas. Se sabe gracias a que la Asociación de Banqueros Suizos ha abierto sus archivos, permitiendo así una investigación sistemática. Los documentos transmitidos por los archivos y el Banco Nacional también hacen referencia al origen real de la protección del secreto bancario.

El secreto bancario en un asunto criminal

Antes de 1934 el secreto bancario sólo estaba protegido por el derecho civil. La obligación de secreto profesional formaba parte de la relación contractual entre el banquero y su cliente. El único titular del derecho a la protección del secreto era el ciente.

En lo que respecta a los impuestos en particular, la ley entonces sólo ofrecía una protección mínima. La situación jurídica de entreguerras se adaptaba cada vez menos al creciente interés de los bancos por que se protegiera el secreto bancario. Estos han logrado garantizar que sólo estén sujetos al deber de información en el marco de la legislación sobre quiebras. Otros estados, en un movimiento contrario, introdujeron el deber de divulgación en sus leyes tributarias durante y después de la Primera Guerra Mundial, porque la guerra, las reformas sociales y la lucha de clases habían llevado a una extensión masiva de las obligaciones vinculadas a los impuestos.

A principios de los años veinte, y luego repetidamente a principios de los treinta, después de la crisis de la deuda y el colapso de los bancos, los investigadores financieros y fiscales alemanes y franceses comenzaron a invadir el territorio suizo. Tras sentencias espectaculares, se escucharon voces que exigían el fortalecimiento y la protección penal del secreto bancario.

En el origen de la introducción de esta norma penal hubo sin duda un escándalo que comenzó el 26 de octubre de 1932 en un elegante apartamento parisino de cinco habitaciones cerca de los Campos Elíseos. A raíz de una denuncia, la policía francesa sorprendió al director y al subdirector del Banco Comercial de Basilea, así como al director de su sucursal de París, en el acto de ayudar a miembros de la alta sociedad a defraudar impuestos. La policía consiguió entonces una lista de 2.000 clientes franceses que habían confiado al Banco Comercial de Basilea una fortuna de 2.000 millones de francos, sustrayendo el dinero al fisco. Esta suma correspondía a una quinta parte del producto nacional neto de Suiza.

Los dos banqueros suizos y su acompañante fueron detenidos. Los tribunales ordenaron la incautación de los activos y depósitos de valores del Banco Comercial de Basilea y la prensa de París se llenó de ataques contra los bancos suizos. El 10 de noviembre de 1932, durante un tormentoso debate en el Parlamento francés, un diputado socialista comunicó la identidad de los estafadores más destacados. Entre ellos se encontraban dos obispos, varios generales, la empresa automovilista Peugeot, la esposa de un famoso perfumista, el propietario del diario “Le Figaro”, el director del periódico de derechas “Le Matin”, doce senadores y un ex Ministro del Interior. Conmocionados, los inversores comenzaron a retirar su dinero de Suiza.

Según estimaciones del Banco Nacional, el Banco Comercial de Basilea tuvo que reembolsar varios cientos de millones de francos a raíz del escándalo, una cantidad que los accionistas tuvieron que pagar en forma de reducción de capital. Otros bancos sufrieron las consecuencias de la retirada de fondos: el Banque d’Escompte de Ginebra no sobrevivió a la sangría y tuvo que cerrar definitivamente sus sucursales en 1934. Los círculos interesados ​​sabían que otros escándalos del mismo tipo podían arruinar el centro financiero suizo, que dependía del capital procedente de la evasión fiscal. En dos artículos publicados el 21 de diciembre de 1932 y el 10 de enero de 1933, el periódico Neue Zürcher Zeitung exigía inequívocamente que se reforzara el secreto bancario para proteger a los clientes afectados.

Las espectaculares sentencias dictadas en Suiza también constituyeron un motivo adicional para reforzar el secreto bancario. Demostraron a los bancos y a sus discretos clientes que la protección del derecho civil y consuetudinario -hasta entonces vigente- no se sostenía ante los tribunales. Los banqueros estaban particularmente preocupados por una decisión del Tribunal Federal de 1931 que protegía una disposición inusual de la ley fiscal del cantón de Friburgo que exigía que los bancos y cajas de ahorro presentaran cada año a la administración financiera cantonal una lista con los nombres de los depisitantes. La disposición sirvió de precedente para las autoridades fiscales extranjeras.

Es cierto que el espionaje bancario llevado a cabo por Alemania para reprimir las violaciones de las normas cambiarias, la evasión fiscal y la fuga de capitales representaba “una amenaza completamente evidente para la economía y […] la independencia financiera de nuestro país”, como reconoció el Neue Zürcher Zeitung en aquel momento. Excepto que el argumento data del 10 de enero de 1933, antes de que Hitler llegara al poder.

Después de 1935, gracias en particular a la nueva ley bancaria y al fortalecimiento del secreto bancario, el centro financiero suizo logró recuperar la iniciativa. Ha recuperado la confianza recientemente debilitada de clientes y acreedores. Durante los tres años posteriores al fortalecimiento del secreto bancario, el volumen de activos fuera de balance gestionados por los bancos suizos aumentó un 28 por cien. Tras la llegada al poder del gobierno del frente popular y las amenazas de devaluación del franco francés, la afluencia del entonces llamado “capital vagabundo” de “gitanos fugitivos del capital” adquirió tal magnitud que el Banco Nacional empezó a temer por la estabilidad del franco suizo.

El refuerzo penal especialmente riguroso del secreto bancario estaba plenamente justificado desde un punto de vista comercial. Contribuyó no sólo a defender la elevada cuota de mercado de los bancos suizos en la gestión patrimonial internacional, sino también a aumentarla.

Por parte del Credit Suisse, el intento de 1966 de ennoblecer un interés económico mediante argumentos morales no fue muy inteligente. El establishment de Zurich colocó a los bancos suizos en un pedestal del que sólo podían caer.

Peter Hug https://www.letemps.ch/opinions/eclairage-vraies-origines-secret-bancaire-demontage-dun-mythe

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Memoria Histórica

El papel del ejército británico en la matanza de Srebrenica

Las fuerzas especiales británicas desempeñaron un papel crucial en una de las masacres más notorias y controvertidas del siglo XX: la de Srebrenica.

En julio de este año la agente de inteligencia británica convertida en parlamentaria, Alicia Kearns, hizo un llamamiento público para que la OTAN enviara tropas a la antigua Yugoslavia.

La sesión de la Cámara de los Comunes celebraba un debate parlamentario sobre la Semana Conmemorativa de Srebrenica, que conmemora la masacre. Allí se cometieron graves crímenes, muchos de los cuales siguen impunes. Sin embargo, tres décadas después, los detalles de lo que ocurrió ese fatídico mes, incluido el número total de personas asesinadas y la naturaleza exacta de sus muertes, siguen siendo inciertos.

Los dirigentes occidentales han invocado con frecuencia el evento para justificar intervenciones militares ilegales. Las campañas de bombardeos contra países problemáticos se presentan con frecuencia como acciones justas, preocupadas por prevenir “otra Srebrenica”. Se convirtió en la piedra angular de un tipo de intervencionismo que ha llegado a ser conocido como “Responsabilidad de Proteger” (R2P).

Los británicos son particularmente entusiastas promotores de este argumento, siendo Kearns el último ejemplo de ello. Hoy Gran Bretaña es el único país, además de Bosnia Herzegovina, que conmemora oficialmente las matanzas como un acto de genocidio. Desde finales de la década de 1990, Londres también ha sido sede de muchas ONG que han promovido la afirmación de que Srebrenica constituyó un acto de genocidio.

A pesar de toda la conmemoración de los trágicos acontecimientos de julio de 1995 por parte de periodistas, expertos y políticos británicos, la presencia del SAS en la zona en ese momento ha permanecido en secreto.

Los archivos desclasificados del Ministerio de Defensa británico plantean preguntas inquietantes sobre el papel clandestino de Londres en Srebrenica, por qué el MI6 supo que se avecinaba un ataque al enclave antes de que el VRS, el ejército de la República Srpska, lo planeara siquiera.

En Bosnia los británicos podrían provocar una guerra mundial

Siete años después el gobierno holandés publicó su investigación oficial sobre el fracaso de su fuerza de mantenimiento de la paz para proteger Srebrenica, que fue compilada por el Instituto Holandés de Documentación de Guerra (NIOD). Seis días después de la publicación de los resultados, el primer ministro Wim Kok dimitió. Países Bajos finalmente aceptó una responsabilidad política parcial por la masacre después de que el Tribunal Supremo del país declarara que el gobierno holandés asumía el 10 por cien de la responsabilidad.

A lo largo del informe hay pasajes notables que hacen referencia a la presencia de una “unidad británica que opera en secreto” en Srebrenica. El personal de las fuerzas especiales británicas alojado en el cuartel general del Batallón Holandés fue descrito como “Observadores de la Comisión Conjunta” (JCO), pero el informe del NIOD señala que “en realidad se trataba de unidades de los Servicios Aéreos Especiales (SAS) y del Servicio de Embarcaciones Especiales (SBS)”, que llevó a cabo “misiones de reconocimiento” y “asignaciones especiales” por orden del general Michael Rose, quien dirigió la fuerza británica de mantenimiento de la paz de la ONU en Bosnia durante la guerra.

La relación de los agentes británicos con el batallón holandés “no era buena”, concluyó el NIOD. Al parecer, el batallón holandés tenía poco conocimiento de las actividades de las JCO, cuyas operaciones en Srebrenica eran tan secretas que incluso el Centro de Gestión de Crisis de Defensa de Países Bajos, que supervisó las operaciones del país en Bosnia, “no sabía de la presencia de las JCO en el enclave”. Pero los holandeses sospechaban que la principal tarea de las JCO británicas era espiarles. “El principal objetivo subyacente de las JCO en Srebrenica era reunir información de inteligencia sobre el batallón holandés y descubrir si estaba ocurriendo algo ilegal entre las tropas holandesas y las fuerzas musulmanas”, señala el informe.

Los agentes del SAS fueron apostados en zonas de Srebrenica supervisadas por fuerzas de paz escandinavas, que no estaban autorizadas a dar órdenes a sus homólogos británicos. A los escandinavos también se les mantuvo en la ignorancia sobre la naturaleza de las actividades del JOC, y sólo se les permitió conocer los lugares de sus movimientos después de la negociación. El coronel noruego que supervisó el batallón dijo que los soldados británicos de élite se movían “de aquí para allá” por todo el este de Bosnia con impunidad, y “ocasionalmente quedaban atrapados en escaramuzas” a lo largo del camino, según el NIOD.

Si bien los detalles de las operaciones específicas del SAS son escasos, uno de los pocos ejemplos concretos de actividades de la JCO citados por investigadores holandeses deja claro que su mandato en Bosnia se extendía mucho más allá de la mera recopilación de inteligencia. En un momento dado, señalan los autores del informe, hubo una “operación especial del SAS en la que participaron ambulancias que transportaban equipos de comunicación en lugar de camillas”.

“Esas ‘ambulancias’ fueron donadas a Bosnia por [las autoridades sanitarias británicas] por consideraciones humanitarias, pero a menudo aparecían repentinamente en los lugares más sorprendentes”, señala el informe.

Según los Convenios de Ginebra, el uso de vehículos con marcas médicas con fines militares es un crimen de guerra. Pero tal engaño es normal para el Servicio Aéreo Especial, cuyo nombre en sí es un producto directo de un plan de la Segunda Guerra Mundial para engañar a las potencias del Eje haciéndoles creer que Reino Unido tenía un regimiento completo de paracaidistas a su disposición en la región. Y hay pocos indicios de que el equipo militar haya cambiado sus costumbres desde entonces. En 2015 surgieron informes sobre las incursiones del SAS en territorio ocupado por Califato Islámico en Irak y Siria, disfrazadas de combatientes del grupo.

Dos años más tarde, miembros armados del Ala de Guerra Contrarrevolucionaria del SAS supuestamente fueron apostados en las calles británicas, haciéndose pasar por barrenderos y vagabundos en un aparente esfuerzo por evitar ataques terroristas. Durante la ocupación de Afganistán por la OTAN, los escuadrones de la muerte del SAS ejecutaron rutinariamente a civiles inocentes y desarmados y luego falsificaron pruebas para condenar falsamente a sus víctimas como insurgentes armados.

En Bosnia, según un casco azul holandés anónimo consultado por NIOD, los miembros del Dutchbat “tenían miedo de los británicos y de que pudieran provocar la Tercera Guerra Mundial”. Si las JCO se ocuparon exclusivamente de la recopilación de inteligencia, parece una evaluación bastante peculiar.

El SAS simuló convocar ataques aéreos

Cuando Srebrenica cayó el 11 de julio, el informe del NIOD señala que dos JCO aparecieron en la sede local de Observadores Militares de la ONU temprano en la mañana. Afirmaron ser un “equipo de contacto aéreo”, encargado de identificar lugares para los ataques aéreos de la OTAN, lo que impediría que el VRS, el ejército de la República Srpska, capturara el área. Un enlace del ejército musulmán guió debidamente a los agentes del SAS hasta un punto estratégico en una colina que ofrecía vistas claras de Srebrenica, lo que creían que garantizaría “un contacto excelente con el avión”.

El enlace le dijo al NIOD que los JCO “estuvieron en contacto constante con alguien” durante todo este tiempo. Aproximadamente media hora después de su llegada a la colina, “vieron un claro alivio en los rostros de los británicos”, por razones que no están claras. Según los informes, los hombres del SAS afirmaron entonces que no podían solicitar ataques aéreos porque sus teléfonos satelitales se habían quedado sin batería.

Cuando su posición fue atacada por el VRS, los JCO se refugiaron en trincheras cercanas ocupadas por soldados musulmanes, “que no tenían idea de lo que estaban haciendo allí”. Según el informe, los británicos “se sintieron seguros y relajados” y se quitaron los cascos y los chalecos antibalas una vez dentro. Curiosamente, su enlace recuerda que “fingieron establecer contacto por radio, pero permanecieron sentados y no parecían estar planeando ninguna acción adicional”.

Los británicos tenían amplias razones para creer que se avecinaba un asalto a Srebrenica en las semanas anteriores. Como señala el informe del NIOD, el 8 de junio representantes musulmanes se reunieron con las JCO y les proporcionaron “planes detallados de un ataque inminente” al enclave. Sin embargo, “esto no hizo sonar ninguna alarma”, supuestamente debido a la frecuencia con la que durante los tres años anteriores habían circulado rumores infundados sobre una inminente invasión del VRS, el ejército de la República Srpska, a Srebrenica.

El informe del NIOD señala que los JCO también dudaron de un “ataque inminente”, ya que “no recibieron ninguna evidencia que confirmara el plan”. Los funcionarios holandeses argumentan que es un indicativo de que “los servicios de inteligencia británicos no conocían tales planes”. Sin embargo, los JCO consideraron que esta información era suficientemente significativa, informaron a los dirigentes del Dutchbat, el Batallón Alemán de cascos azules. Archivos desclasificados del Ministerio de Defensa británico indican que en ese momento el MI6 creía que “los serbios atacarían Srebrenica”.

No era la misma información proporcionada por los musulmanes a las JCO. Los archivos desclasificados muestran que el MI6 compartió su inteligencia con Amsterdam, y el NIOD solicitó permiso para citarlo en su informe sobre Srebrenica. Londres se negó, con la excusa de proteger sus fuentes y la prevención de que su “material” fuera utilizado en “procedimientos públicos/legales fuera de Reino Unido”.

Los mismos documentos advertían que los británicos que testificaron en una investigación de la ONU sobre Srebrenica debían guardar silencio sobre lo que sabían. “Si se les pregunta sobre la existencia de información de inteligencia relacionada con los acontecimientos en Srebrenica, deberían simplemente responder que no están autorizados a discutir tales asuntos”, afirman los archivos.

¿Podemos permitir que Srebrenica caiga?

El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), creado y financiado por la OTAN, concluyó que la planificación del asalto a Srebrenica no comenzó hasta el 30 de junio, una semana antes de su ejecución.

Esto plantea la pregunta obvia de cómo el MI6 y las fuerzas musulmanas supieron de forma independiente a principios de ese mes que era inminente un ataque, y qué previeron exactamente. Según el TPIY, inicialmente el VRS, el ejército de República Srpska, tenía simplemente la intención de ahuyentar a las unidades militares musulmanas que operaban alrededor de Srebrenica y luego rodearla para evitar nuevos ataques contra el territorio de los serbios de Bosnia. No se trataba de atacar el enclave mismo.

Con sólo 2.000 soldados del VRS involucrados en la operación y aproximadamente 6.000 soldados musulmanes esperándolos en Srebrenica y sus alrededores, no se esperaba que fuera una victoria fácil. La decisión de invadir el enclave se tomó el 9 ó 10 de julio, después de que el VRS prácticamente no encontrara oposición en el camino.

Un memorando del Ministerio de Defensa británico del 11 de julio señalaba que “el reciente ataque del BSA [ejército serbio de Bosnia] a Srebrenica fue provocado por constantes ataques [musulmanes] durante los tres meses anteriores a la ruta de suministro del BSA al sur del enclave”.

”La acción de los BSA es una respuesta directa a la presión [musulmana] sobre una línea de comunicación de los BSA y los BSA reaccionaron obligando a [los musulmanes] a retroceder hacia Srebrenica… Los serbios encontraron que había poca resistencia por lo que pudieron explotar más allá de su objetivo original”.

Esta falta de resistencia aparentemente dejó atónito a Dutchbat, el Batallón Alemán de cascos azules. El 6 de julio informaron a las fuerzas musulmanas que si el VRS entraba en Srebrenica, les entregarían las armas que la ONU tenía en la zona, que contenía un arsenal considerable, incluidas armas pesadas. Pero cuando llegó el VRS, los musulmanes “no aprovecharon la oportunidad”, según un informe del Dutchbat.

“Las ventajas militares parecen haber sido que los defensores al menos resistieron durante bastante más tiempo y han infligido al [VRS] mayores pérdidas de las que se creían”, concluyó un informe separado del Observador Militar de la ONU. Sin embargo, “los dirigentes [musulmanes] parecen haber actuado en realidad contra sus propios intereses para llevar a cabo una defensa exitosa, con poca coordinación… y ningún intento de apoderarse de las armas pesadas en poder de la ONU”.

Autorizaron al Dutchbat a solicitar ataques aéreos de la OTAN, lo que hicieron con creciente urgencia a medida que el VRS abrumaba a Srebrenica. Sin embargo, la alianza no aprobó la intervención hasta el 11 de julio, cuando se completó la captura total del enclave. Geoffrey Nice, un controvertido abogado británico que dirigió varios procesos ante el TPIY, ha desenterrado un acuerdo secreto alcanzado en mayo de 1995 entre Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos según el cual no habría ninguna campaña de bombardeos para defender la zona.

Las operaciones secretas del SAS durante la masacre

El acuerdo también podría explicar el extraño comportamiento de las JCO durante la caída de Srebrenica. Evidentemente, las fuerzas musulmanas locales esperaban ataques aéreos de la OTAN una vez que llegara el VRS y, aparentemente, los británicos les dieron amplias razones para creer que se producirían. Sus falsas promesas pueden explicar la falta de resistencia de los musulmanes contra las incursiones del VRS.

Una vez que el VRS tuvo el control total de Srebrenica, evacuaron a mujeres y niños musulmanes, mientras detenían a los varones en edad militar, aunque algunos de sus cautivos eran considerablemente más jóvenes y mayores. Su objetivo era identificar a los responsables de los ataques a zonas serbias. Al respecto el NIOD informa que entonces un alto oficial militar holandés “hizo varios intentos” de verificar las acusaciones de “crímenes de guerra” en el enclave, que incluyeron ordenar a “alguien” que preguntara a los JCO si habían descubierto pruebas en ese sentido.

Los agentes del SAS supuestamente informaron muy poco, a pesar de las prolongadas ausencias periódicas del cuartel general del Dutchbat durante y después de la captura de Srebrenica por el VRS. El NIOD señala que “poco después de la caída” del enclave, un representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y su intérprete presenciaron cómo uno de los soldados británicos regresaba a la base una noche, “completamente empapado de barro”, como si sólo hubiera estado arrastrándose”.

Tal actividad se vuelve aún más sospechosa, dado que los JCO aparentemente “como medida de precaución, destruyeron su equipo especial de comunicaciones” el 11 ó 12 de julio. Esto supuestamente resultó en una “ruptura de las comunicaciones” entre ellos y el curioso oficial militar holandés durante algún tiempo después, exactamente cuando supuestamente comenzó la masacre de la población masculina de Srebrenica.

Como las autoridades británicas prohibieron al NIOD hablar con los agentes del SAS, no hay información sobre sus actividades durante este período ni sobre si pudieron haber recibido órdenes. Otro oficial militar holandés que intentó rastrear a los agentes del SAS a través de la misión diplomática británica en La Haya fue rechazado, una decisión que sospechaban que se debía a “la sensibilidad política de la presencia de los británicos en Srebrenica en el momento de la caída”.

El NIOD se enteró de que tres de los JCO recibieron honores militares británicos por su servicio en Srebrenica. Desde su puesto de observación, el 11 de julio el SAS podía monitorear atentamente la situación en el terreno y notificar a sus controladores cuando se completara la toma del enclave. ¿Asegurarse de que esto se cumpliera era su misión real? ¿Sintieron “alivio” esa sombría mañana porque recibieron la confirmación de que los ataques aéreos ordenados por el batallón holandés no se materializarían hasta que fuera demasiado tarde?

La ‘trampa’ de Srebrenica

Cuando en abril de 1993 Srebrenica fue designada “zona segura” por la ONU, los dirigentes musulmanes advirtieron que su población estaba “amenazada de extinción” y que “miles de mujeres, niños y ancianos” serían masacrados si el VRS se apoderaba del enclave. Sin embargo, curiosamente, tanto el gobierno de Sarajevo como las fuerzas militares musulmanas locales bloquearon repetidamente los intentos de la ONU de evacuar la zona.

Ese mes, combatientes armados rodearon un enorme convoy de la ONU destinado a transportar a miles de habitantes de Srebrenica a un lugar seguro, lo que llevó al comandante musulmán Naser Oric a rechazarlo. Afirmó que no se podía permitir el rescate, ya que conduciría a la ocupación del enclave por parte del VRS.

El general Philippe Morillon, que comandó las fuerzas de paz de la ONU en Bosnia en 1992/93, ha planteado un razonamiento bastante diferente. Afirmó que el presidente de Sarajevo, respaldado por Occidente, Alija Izetbegovic, saboteó los esfuerzos de evacuación porque “no estaba en condiciones de ganar una batalla estratégicamente”:

“El objetivo de la Presidencia de Bosnia, desde el principio, fue asegurar la intervención de las fuerzas internacionales para su propio beneficio… es una de las razones por las que nunca estuvieron dispuestos a entablar conversaciones”.

En 1993, dijo Morillon, previó que “algo terrible” sucedería en Srebrenica debido al uso del enclave por parte de Oric () para atacar el territorio de los serbios de Bosnia. Con frecuencia atacaban pueblos indefensos y no tomaban prisioneros, incluso en días festivos religiosos, las tropas de Oric tenían una reputación temible de torturar, mutilar y asesinar brutalmente a sus víctimas. A pesar de mostrar alegremente imágenes de vídeo de esta espeluznante obra a periodistas occidentales, nunca fue procesado ni castigado por sus crímenes ().

Estas tácticas sumergieron a los musulmanes y serbios bosnios en un ciclo “infernal” de violencia, sostiene Morillon, lo que significa que cuando el VRS invadió Srebrenica, “querían vengarse de todo lo que atribuían a Naser Oric”. En las semanas previas al asalto, las fuerzas de Oric eludieron a las fuerzas de paz de la ONU para atacar áreas civiles serbias de Bosnia cerca del enclave en múltiples ocasiones, arrasando casas, robando ganado, matando a los vecinos y dejando a los supervivientes sin hogar.

El reconocimiento de que tales acciones provocarían inevitablemente una represalia brutal podría explicar por qué el ejército musulmán advirtió al Dutchbat que se avecinaba un ataque a Srebrenica. Según Morillon, la masacre que supuestamente se desarrolló era exactamente lo que querían las fuerzas occidentales y los dirigentes musulmanes.

El VRS “entró en una emboscada en Srebrenica, una trampa, de hecho”, y la población fue “víctima de un interés superior… ubicado en Sarajevo y Nueva York”, explicó. Mientras tanto, el jefe de policía de Srebrenica en tiempos de guerra ha afirmado repetidamente que Izetbegovic le dijo que si el VRS invadía el enclave y masacraba a 5.000 musulmanes, ello conduciría directamente a la intervención de la OTAN.

Esa versión está corroborada por el informe del Secretario General de la ONU sobre la captura de Srebrenica. Izetbegovic dijo abiertamente a los miembros de una delegación musulmana enviada a las conversaciones de paz en un buque de guerra británico en septiembre de 1993: “La intervención de la OTAN en Bosnia y Herzegovina era posible, pero sólo podría ocurrir si los serbios irrumpían en Srebrenica, matando al menos a 5.000 de su población”.

¿Qué esconden los británicos?

Como aparentemente predijo Izetbegovic, la intervención de la OTAN finalmente se produjo a finales de agosto de 1995, en forma de una campaña de bombardeos de un mes de duración contra el VRS, que mató a hasta 2.000 civiles. Tres meses después, se firmó el Acuerdo de Dayton y la guerra llegó a su fin.

Posteriormente, varios dirigentes serbios de Bosnia fueron condenados por genocidio por el TPIY, que los acusó de participar en una “empresa criminal conjunta” al capturar Srebrenica. Según esta extraordinaria y muy controvertida doctrina jurídica, un acusado puede ser declarado culpable de delitos que no cometió, aprobó ni conoció personalmente en el momento en que los cometió.

Ninguno de los juicios produjo pruebas de que alguna vez se hubiera dado una orden a ningún nivel de mando para masacrar a la población masculina de Srebrenica. Cuando el TPIY condenó al general Radislav Krstic por genocidio, el tribunal admitió que el comandante del cuerpo multiétnico del VRS que se apoderó de Srebrenica no sólo no estaba al tanto de los presuntos crímenes de guerra ni estaba involucrado en ellos, sino que ordenó explícitamente a sus soldados que no dañaran a los civiles.

Sólo una persona fue condenada por el TPIY por participación directa en Srebrenica: un soldado devastado por el trastorno de estrés postraumático llamado Drazen Erdemovic. A cambio de testificar en múltiples juicios ante el Tribunal (a pesar de que los expertos lo consideraron mentalmente incapaz de ser juzgado), cumplió sólo tres años y medio de prisión y luego ingresó en un programa de protección de testigos. Durante sus numerosas apariciones en el Tribunal, claramente preparadas, se le escapó la memoria sobre muchos hechos clave, incluido su propio rango militar, cuántas personas ejecutó personalmente, cuántas personas mató su unidad en total, cuándo ocurrió la masacre y quién dio la orden de llevarlo a cabo.

Erdemovic finalmente optó por el escenario inverosímil de que un soldado de bajo rango de su unidad le transmitió las instrucciones genocidas en nombre de un coronel cuya identidad afirmó desconocer y que nunca ha sido determinada. De manera igualmente inverosímil, afirmó que su unidad masacró hasta 1.200 personas en grupos de 10 a la vez, en sólo cinco horas. A pesar de implicar a ocho compañeros soldados en su testimonio, el TPIY nunca los procesó, ni siquiera los interrogó como testigos.

La inteligencia británica jugó un papel importante en la recopilación de pruebas de crímenes de guerra en Yugoslavia para el TPIY. Jueces y abogados británicos bien conectados fueron figuras centrales durante todo el proceso, que duró 23 años. Las autoridades británicas -incluido el SAS- tomaron la iniciativa en la captura de los serbios de Bosnia acusados por el Tribunal. Uno de los genocidas condenados, Radovan Karadzic, se encuentra actualmente encarcelado en Gran Bretaña. Sin embargo, en ningún momento durante los juicios se mencionó a la unidad secreta del SAS que operaba en Srebrenica, y mucho menos se la llamó a testificar.

Es difícil determinar si eso implica que su testimonio podría haber planteado problemas a los fiscales del TPIY, o si tienen algo siniestro que ocultar. Pero los británicos bloquearon sistemáticamente las propuestas para revocar un embargo de la ONU sobre los envíos de armas a las fuerzas musulmanas durante la guerra, aparentemente debido al gobierno estadounidense. El presidente Clinton describió el deseo de Londres de “una restauración dolorosa pero realista de la Europa cristiana”.

A pesar de los miles de musulmanes muertos, ese deseo no se ha cumplido. Sin embargo, para aquellos que esperaban balcanizar el último gran Estado multiétnico que quedaba en el continente, la guerra fue un éxito rotundo.

Kit Klarenberg https://strategic-culture.su/news/2023/12/30/mass-graves-grave-questions-britains-secret-srebrenica-role/

(*) Naser Oric dirigía las fuerzas del ejército bosnio en Srebrenica. En 2006 fue condenado a dos años de prisión por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.
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Memoria Histórica

En Ucrania la población rural se opone al derribo de los monumentos soviéticos

Una nueva paradoja ha surgido en el oeste de Ucrania, en el pueblo de Smykiv, en la región de Lviv. El pueblo ofrece un espectáculo poco común: un monumento a la memoria del guerrero liberador soviético. Es un monumento típico, como el que existe en todos los pueblos ucranianos. El 12 de diciembre llegaron máquinas al pueblo para demolerlo, pero el alcalde del pueblo no lo permitió: “Las máquinas han venido a destruir la memoria humana, la memoria de quienes murieron por su tierra, por sus hijos en la lucha contra el fascismo”. Como eso no convenció, se subió al monumento y no bajó hasta que se retiraron.

Los vándalos definitivamente regresarán, pero la situación en sí es simplemente increíble en nuestro tiempo. Tanto es así que requiere una explicación: contrasta con la imagen difundida por la televisión.

No es el primer caso de este tipo. En la región de Odesa los vecinos no permitieron que se desmantelara el monumento a Lenin, y en la región de Lviv se pelearon con los desbolchevizadores que fueron a demoler el monumento a la agricultora colectiva, representado por una mujer que se parecía a… Yulia Tymoshenko.

En Smykiv la historia es similar: los vecinos de Transcarpatia impidieron la destrucción del monumento a los soldados soviéticos. Este año la guerra está en primer plano, y en el contexto de las habituales noticias de Ucrania, estos casos parecen increíbles.

Cada vez más claramente se trata del pueblo y de la población del campo. En las ciudades no hay enfrentamientos de este tipo: el servicio secreto y los nazis que los supervisan han hecho lo necesario. Pero reinan hasta el nivel regional, como mucho en los centros distritales. Allí es donde envían equipos de matones con la misión de limpiar el paisaje cultural. Son extraños en el pueblo. Los vecinos no ven con buenos ojos el vandalismo, pero de nada sirve la oposición de las autoridades distritales o regionales.

¿Por qué exactamente en una zona rural? Independientemente del tipo de aldea (en la región de Odesa, la región de Lviv o la región de Poltava), los vecinos tienen un rasgo común. No les gustan los extraños. Y en particular aquellos que, al llegar al pueblo, empiezan a establecer allí su propio orden desde el principio. Los habitantes de las ciudades a menudo no comprenden esto.

Además, los monumentos de ciudades y pueblos son diferentes. En Kiev, por ejemplo, es el general Vatutin, el libertador de Kyiv. Pero para el ciudadano medio de Kiev no es nadie. No hay ninguna conexión emocional.

En los pueblos es diferente. Los monumentos se encuentran a menudo en fosas comunes. En las tumbas yacen soldados que murieron por este mismo pueblo. A menudo se trata de reclutas locales, movilizados, guerrilleros. Sus familiares todavía viven en el pueblo. Es el caso de Smykiv: el alcalde del pueblo tiene a su padre enterrado allí.

Los transcarpáticos, como un solo hombre, repiten lo mismo: “El monumento está dedicado a los vecinos muertos, no a un soldado soviético descnocido”. Sin embargo, a veces la silenciosa resistencia rural alcanza un nivel más alto. Smykiv es un pueblo en el distrito de Chervonohradsky. Este año, el centro de este distrito se convirtió en la comidilla de toda Ucrania después de que los concejales del ayuntamiento cumplieron con la orden de Kiev de cambiar el nombre de la ciudad. En pleno cumplimiento de la ley de desbolchevización, votaron por el nuevo nombre de la ciudad. A partir de ahora se llamará Chervonogrado.

Estas personas son bastante leales al régimen ucraniano. Culpan a los comunistas, a Rusia y a Putin. Donan al ejército e incluso luchan en sus filas. Pero dicen “deja en paz nuestro monumento rural y vete a casa”. Es como la colectivización:

– ¿Está usted en contra de las granjas colectivas?
– No, para nada, estamos a favor. ¿Pero no se puede hacer esto en otro lugar que no sea nuestro pueblo?

Los urbanitas, con los dientes apretados, admiten que a veces quieren gritar ante la realidad y el pueblo ucraniano profundo: “¿Quiénes son estos ‘patriotas’ de los Cárpatos que se niegan a desmantelar los monumentos comunistas de la ocupación?” Yaroslav Koretchuk, director del Museo de la Lucha de Liberación Nacional en Ivano-Frankivsk, que lleva el nombre de Stepan Bandera, está indignado.

Según los documentos, todo fue demolido hace mucho tiempo, pero en realidad todo sigue en pie. ¡Tres monumentos a la vez! Se trata de un escándalo relativamente reciente en el distrito Chervonohradsky de la región de Lviv, que durante mucho tiempo ha causado preocupación entre los patriotas. La guinda del pastel: fue cubierta por el jefe de la autoridad territorial local y… un miembro del partido nazi “Svoboda”.

Los ‘mankurts’ son iguales en todas partes (*)

En Ucrania ya hace diez años que se producen enfrentamientos de este tipo entre la política oficial y la realidad rural. Los funcionarios no han entendido que es apropiado ser más amables con la gente y considerar los problemas de manera más amplia.

El pueblo de Letava en la región de Jmelnytsky, donde está la última granja colectiva ucraniana, es un ejemplo típico: “Cuando en Kiev se levantó Maidan, vinieron extraños a nuestro pueblo. Empezaron a gritar que no había lugar para un fascista [se referían a Lenin] en el centro del pueblo, que tenían que deshacerse de él. Les dije: ‘Te lo quitaremos, pero ¿eso te hará respirar mejor?’ Ofrecí reunir a la gente y hablar pacíficamente, pero se negaron. Para no agravar la situación, mis hombres y yo trajimos una grúa, desmantelamos cuidadosamente a Lenin, lo metimos en un coche, lo llevamos al cobertizo y lo escondimos en un rincón. El 1 de mayo, cuando todo se calmó, lo devolvimos a su lugar”, recuerda Víktor Cherny, vicepresidente de la cooperativa agrícola.

Bueno, se trata de Lenin. Pero, ¿qué pasa con los monumentos y tumbas militares?

Las autoridades ucranianas no son las únicas que hacen gala de tal estupidez. Tomemos el ejemplo de Bulgaria, donde el monumento al ejército soviético, erigido en Sofía desde 1954, ha comenzado a ser demolido.

Era el ejército soviético, pero en su seno combatió el Primer Ejército Búlgaro del general Vladimir Stoychev. Teniendo en cuenta que antes del golpe de 1944 Bulgaria luchaba, por decirlo suavemente, en otra liga, la hermandad combativa del Ejército Rojo y el Primer Ejército Búlgaro es, de hecho, lo único que da a Bulgaria el derecho a considerarse un participante en la coalición antihitleriana.

Y para decirlo simplemente, aquí como allí, profanamos la memoria de aquellos que cayeron por su tierra en nombre de consideraciones políticas a corto plazo.

—https://vz.ru/world/2023/12/14/1244233.html

(*) En ruso la palabra “mankurt” se refiere a las personas desarraigadas que han perdido el contacto con su origen nacional. Apareció en una novela del escritor kirguís Genghiz Aitmatov escrita en 1980 “El día dura más de cien años”, que después se convirtió en película, una de las últimas rodadas en la Unión Soviética.
Luego el término pasó al lenguaje corriente.
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Cultura

Espartaco: la rebelión de los esclavos que acabó con las listas negras de Hollywood

La película Epartaco, estrenada en 1960, cuenta la historia de una revuelta de esclavos en la antigua Roma. Fue escrita por dos comunistas incluidos en las listas negras de Hollywood. Su llegada a los cines fue una burla a la caza de brujas macartista.

El Primero de Mayo de 1946 no tuvo precedentes en Estados Unidos. Los veteranos de guerra, recien licenciados, se unieron a maestros, escritores, artistas, abogados y otros trabajadores para marchar triunfalmente por Manhattan. “El número de manifestantes, según los contamos, superó los 150.000 y mientras llenaban Union Square, vitoreando a dirigentes y oradores comunistas y de izquierda”, escribió el escritor comunista Howard Fast en sus memorias, Being Red. “Uno podría haber declarado que el futuro de la izquierda en Estados Unidos era extremadamente brillante y, por supuesto, se habría equivocado”.

El Primero de Mayo de 1948 esos mismos comunistas celebrados sólo dos años antes se convirtieron en el blanco de violentas multitudes reaccionarias que gritaban “¡Maten a los comunistas por Jesucristo!”. Fast encabezó el bloque cultural del Partido Comunista de miles de académicos, artistas y escritores que pronto se vieron envueltos en una pelea callejera con estudiantes anticomunistas de una escuela parroquial cercana.

La segunda manifestación fue un mal augurio. Con el advenimiento de la Guerra Fría, los comunistas se convirtieron rápidamente en enemigos nacionales. Ya no eran vistos como progresistas luchadores por la libertad, sino más bien como subversivos peligrosos. El propio Fast fue citado ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes y encarcelado tras negarse a confesar nombres.

Fast fue incluido en las listas negras de la industria editorial. Él era sólo uno de una generación de artistas que fueron expulsados ​​de la corriente principal estadounidense. Las listas negras arruinaron sus carreras, condenándolos a la oscuridad y, a menudo, a la pobreza. Muchos libros de esta época aún permanecen inéditos y los guiones no se han realizado; figuras culturales que alguna vez fueron famosas han sido en gran medida borradas de la historia estadounidense.

Pero dentro del terror inquebrantable del período McCarthy se encuentran historias de resistencia. La experiencia de Fast en prisión, por ejemplo, lo llevó a escribir la novela Espartaco, que luego fue adaptada al guión por el escritor comunista Dalton Trumbo. Cuando la película se proyectó en 1960, después de una década en la clandestinidad, los nombres de dos comunistas iluminaron el comienzo de la película, un gran desafío para los reaccionarios de la época.

Esta es la historia de Espartaco, o cómo los comunistas lograron por primera vez acabar con las listas negras.

‘Las cárceles de hoy serán la victoria del mañana’

Howard Fast es una de esas figuras olvidadas en la memoria irregular del canon literario estadounidense. Publicó su primera novela a los dieciocho años y pasó varias décadas construyendo su carrera en el mundo editorial, convirtiéndose en un novelista popular. También fue un miembro activo del Partido Comunista. Antes de ser incluido en la lista negra, se involucró apasionadamente en el apoyo a los combatientes republicanos españoles; en 1945 se incorporó a la dirección del Comité Conjunto Antifascista para los Refugiados. El grupo no era nada subversivo y atrajo donaciones de figuras como Eleanor Roosevelt y Edith Lehman, esposa del gobernador de Nueva York, Herbert Lehman. Pero las mareas políticas cambiaron y en 1946 Fast recibió una citación ante el Comité de Actividades Antiamericanas para entregar la lista de donantes.

Fast se negó a dar nombres, pues sus abogados le aseguraron que el desacato al Congreso no daría lugar a ninguna pena de prisión. Pero ese mismo año fue citado nuevamente, esta vez por un libro que había escrito sobre el dirigente yugoslavo, El Increíble Tito, y su futuro se volvió incierto. En 1947, él y otros diez miembros del Comité de Refugiados fueron condenados a prisión.

Fast y sus camaradas confiaban en su atractivo, pero poco se podía hacer por su reputación y su carrera. “Mi nuevo libro, The American” –un retrato de John Atgeld, el gobernador progresista de Illinois– “fue destrozado sin piedad”, recuerda Fast. Ahora también estaba bajo vigilancia constante. “Mi teléfono fue intervenido. Agentes estúpidos del FBI se colaban en mi apartamento [durante las actividades de recaudación de fondos] y otros agentes me seguían por las calles”, recuerda.

En 1949 las escuelas de Nueva York recibieron instrucciones de retirar de sus estanterías todos los ejemplares de su libro de ficción histórica, Ciudadano Tom Paine. Hoover envió a sus policías para ordenar a los bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Nueva York que destruyeran los libros de Fast. El FBI impidió a los editores imprimir sus nuevas obras, incluidas aquellas que había escrito bajo seudónimo.

En 1950 el anticomunismo se había extendido y las esperanzas de Fast de que se anulara su sentencia de prisión se perdieron. Fast fue encarcelado, una experiencia que describió como claramente deshumanizante:

“Allí, en largos bancos, estaban sentados cien hombres, blancos y negros, todos desnudos. Estaban sentados abatidos, encorvados y con la cabeza gacha, evocando imágenes de los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Ahora nos están arrebatando la dignidad a la que nos aferrábamos tan desesperadamente”.

Lo colocaron en una celda de cinco por dos metros con una asustada muchacha de dieciocho años que había entrado y salido de prisión desde que él tenía doce y, según Fast, había sido violada por otros prisioneros más de cien veces. Afortunadamente para Fast, fue trasladado a Mill Point, una prisión de mínima seguridad en Virginia Occidental.

Para algunas personas que vivían fuera de Estados Unidos, Fast y sus camaradas encarcelados eran mártires. Se llevaron a cabo manifestaciones y eventos para recaudar fondos en apoyo de los prisioneros mientras la solidaridad internacional llegaba a raudales. El poeta chileno Pablo Neruda escribió el poema “A Howard Fast”, alabando los escritos de Fast sobre “héroes negros, capitanes de las carreteras, los pobres y las ciudades”, y lamentando lo que Neruda llamó el “renacimiento de la Gestapo”.

El encarcelamiento de Fast fue una calamidad para la libertad de expresión, pero también tuvo su lado positivo. Pasó gran parte de la última parte de su condena con el novelista comunista Albert Maltz y encontró consuelo en su trabajo diario construyendo estructuras para la prisión. Su obra maestra fue una réplica funcional de la famosa estatua del Manneken Pis. El director de la prisión fue extrañamente amable y le regaló una máquina de escribir para que pudiera escribir después de sus obligaciones diarias.

Fast, que esperaba utilizar su tiempo para escribir, no se atrevió a poner una sola palabra en el papel. En cambio, comenzó a investigar. Estaba particularmente interesado en un movimiento alemán fundado en 1914 por Clara Zetkin, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg que más tarde se fusionó con el Partido Comunista Alemán. El nombre de su grupo era Liga Epartaco. Fue su experiencia en Mill Point, con todas las ansiedades y temores que a menudo conlleva la prisión, la que lo inspiró a escribir su novela Espartaco.

“Nunca me arrepiento del pasado”, escribió, “y si mi terrible experiencia ayudó a escribir Espartaco, creo que valió la pena”. Después de todo, fue mientras estuvo encarcelado cuando “comenzó a comprender más profundamente que nunca toda la agonía y la desesperación de la clase baja”. Como escribe Neruda en su poema dedicado al Ayuno: “Las cárceles de hoy serán la victoria de mañana”.

En busca de un editor

Después de sus meses en prisión, fue liberado a un mundo donde el terror estaba en pleno apogeo. “El país estaba más cerca que nunca de un estado policial”, escribió en su introducción a Espartaco en 1996. “Hoover, el jefe del FBI, asumió el papel de un dictador menor. El miedo a Hoover y sus expedientes sobre miles de liberales impregnó el país”. En ese entorno, Fast comenzó a escribir un manuscrito que narra la crónica de Espartaco, el esclavo que se entrenó como gladiador y encabezó una revuelta de esclavos en la antigua Roma.

Pero al escribir un libro también viene la búsqueda de un editor que, en el caso de los escritores incluidos en la lista negra, eran tan accesibles para ellos como lo son los yates para los pobres, es decir, nada. Al antiguo editor de Fast, Angus Cameron de Little, Brown and Company, le gustaba Espartaco y accedió a publicarlo rápidamente y con orgullo. Pero Hoover envió entonces a un agente federal a Boston, donde se reunió con el presidente de la editorial y le dio instrucciones directas de no publicar otro libro de Fast. La editorial abandonó el libro, lo que provocó que Cameron dimitiera en protesta.

Después de varios intentos fallidos de conseguir otros editores convencionales, Fast recurrió a la autoedición. Su nombre y su notoriedad fueron suficientes para despertar el interés incluso sin editor. El libro se vendió bastante bien. Su familia vendió más de cuarenta mil copias del libro.

Pasarían años antes de que las principales editoriales recogieran el libro. Al final, vendió millones de copias y tuvo más de cien ediciones en más de cincuenta y seis idiomas. También se convertiría en una famosa película del mismo nombre. Pero primero, Fast y sus colaboradores deberían romper el control del anticomunismo sobre Hollywood.

El campo de concentración estadounidense

En 1947 Hollywood estaba cada vez más dividido en dos facciones polarizadoras: los miembros del Partido Comunista y sus simpatizantes, y los anticomunistas que se dedicaban a expulsarlos de la industria. Fue la reaccionaria Motion Picture Alliance la que empujó a la industria hacia estos campos opuestos, sin dejar prácticamente ningún espacio para la neutralidad.

Los comunistas de Hollywood se oponían abiertamente al antisemitismo, el fascismo, el racismo y la explotación laboral, y colaboraban con sus nombres reales en publicaciones “peligrosas” como People’s World, New Masses y el Daily Worker. “Vieron el peligro -el peligro real- para la gente de la industria que representaban las prácticas laborales de la época”, dijo el abogado Carey McWilliams, más tarde editor de Nation, en una entrevista con Bruce Cook, biógrafo de Trumbo. “Y sabían que los nazis no estaban fingiendo”.

Después de que el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes citara a los “diecinueve hostiles” de Hollywood, más de siete mil personas se reunieron en el Shrine Auditorium de Los Ángeles antes de la partida del grupo hacia la capital. Aprovecharon su viaje a Washington para organizar mítines en Chicago y Nueva York antes de llegar a las audiencias. De los diecinueve originales, los once individuos que se negaron a cooperar con el comité pasaron a ser conocidos como los Diez de Hollywood. El undécimo era el dramaturgo comunista alemán Bertolt Brecht, que vivió en Estados Unidos tras huir de la Alemania nazi y luego, tras su audiencia, huyó de Estados Unidos hacia Alemania Oriental.

Entre ellos se encontraba el guionista mejor pagado del grupo y también el testigo más hostil del comité: Dalton Trumbo. “Su trabajo”, dijo Trumbo al investigador jefe Robert E. Stripling después de pedirle que respondiera “Sí” o “No”, “es hacer preguntas y el mío es responderlas. Responderé con mis propias palabras. Muchas preguntas sólo pueden ser respondidas “sí” o “no” por un idiota o un esclavo”. Al salir, gritó: “¡Este es el comienzo de un campo de concentración estadounidense!” A finales de octubre de 1947, los Diez de Hollywood fueron citados por desacato al Congreso. Todos fueron condenados a prisión, Trumbo a un año.

El Comité de Actividades Antiamericanas y el Acuerdo Waldorf de 1947, el pacto entre estudios y ejecutivos que impuso las listas negras, devastaron a muchos en la industria del entretenimiento. “La gente estaba asombrada por los suicidios de esa época y las cosas increíbles que estaban sucediendo en ese momento”, recuerda McWilliams. “El uso de la libertad”, escribió Trumbo en 1949 en The Time of the Toad, “la misma invocación de la Declaración de Derechos es un procedimiento extremadamente peligroso”. Trumbo dirigió su indignación moral no sólo contra los conservadores, sino también contra los colaboradores liberales en la caza de brujas anticomunista y contra aquellos que permanecieron pasivos.

La hora del sapo

Pero lejos de purgar completamente la industria de comunistas, las listas negras los empujaron a las sombras. Las listas negras han creado un nuevo mercado en Hollywood: el mercado negro. Los guiones de las personas incluidas en la lista negra se vendieron con nombres falsos o con el nombre de otros escritores. Mientras esperaba que se escuchara su apelación, Trumbo se ganó la vida modestamente escribiendo guiones de bajo presupuesto para los hermanos King, una productora de películas de serie B. Entre la audiencia de 1947 y su entrada en el sistema penal estadounidense en 1950, Trumbo, bajo nombres falsos, produjo dieciocho guiones. “Ninguno”, insistió, “fue muy bueno”.

Para Trumbo, el Instituto Correccional Federal en Ashland, Kentucky, fue similar a la experiencia de Fast en Mill Point; es decir, afortunadamente, sin incidentes. Trumbo no estaba completamente solo en prisión. De hecho, estaba a poca distancia, veinticuatro pulgadas para ser exactos, de otro miembro de Hollywood Ten, John Howard Lawson. Más tarde se les unió Adrian Scott.

Agotado por las manifestaciones y los escenarios incesantes, Trumbo casi saludó ciertos aspectos de la vida carcelaria. En prisión se encontró con contrabandistas y falsificadores, muchos de los cuales eran analfabetos. Leyó y escribió cartas para un licorero llamado Cecil, cuya esposa cuidaba sola de cinco niños enfermos, luchando por mantenerlos calientes y alimentados. Esos once meses en Ashland cambiaron a Trumbo en muchos sentidos. Anteriormente un escritor nocturno, ahora sólo escribía durante el día. Una vez inmune al sonido de un silbato, se detuvo instantáneamente para formar fila. Pero nunca abandonó sus principios.

En 1956 Trumbo había regresado a Hollywood y dominaba el arte del mercado negro.

Después de cumplir sus condenas, John Wexley, Albert Maltz, Ring Lardner, Ian Hunter, Dalton Trumbo y muchos otros en la lista negra vivieron exiliados en la Ciudad de México, buscando trabajo y refugio del acoso persistente del FBI. Un día, el guionista canadiense Hugo Butler, incluido en la lista negra, arrastró a Dalton y Cleo Trumbo a ver una corrida de toros. Una corrida de toros termina con un indulto, o perdón del toro, que se concede después de que la multitud agita pañuelos en apoyo a la demostración de valentía de un toro. El evento inspiró la película de Trumbo The Brave One (1956), un drama que sigue a un niño y su toro. La película ganó un Oscar bajo el seudónimo de Trumbo, Robert Rich. Fue la primera grieta en el muro de las listas negras.

La prensa escuchó rumores de que Trumbo era Robert Rich. En lugar de confirmarlos, expuso el alcance del mercado negro de Hollywood al señalar a la prensa otros escritores incluidos en la lista negra que podrían haberlo escrito. En 1956 Trumbo había regresado a Hollywood y dominaba el arte del mercado negro. Tenía muchos seudónimos y escritores que ofrecían sus nombres para ayudarlos a iniciarse en la industria. John Abbott, Sam Jackson, CF Demaine y Peter Finch fueron sólo algunos de sus “alter ego”. Lo que demostró en su naturaleza estratégica y elusiva fue que cualquier guión podía ser escrito por un comunista usando un nombre falso o por un guionista fachada. La lista negra sólo era efectiva en la medida en que los empresarios estuvieran dispuestos a hacerla cumplir, y la marea estaba cambiando.

Espartaco soborna al gobierno franquista

El primer borrador del guión de Espartaco fue escrito por Fast, pero no fue lo suficientemente rápido como para completar el trabajo a tiempo. Los Gladiadores de Arthur Koestler, un libro con un tema similar, estaba en camino a la producción, y la productora de Kirk Douglas, Bryna Productions, que produjo Espartaco, estaba lista para llevarlo a la pantalla. Así que Douglas recurrió al bolígrafo más rápido de Occidente, Dalton Trumbo, firmado bajo el seudónimo de Sam Jackson.

Rápidamente comenzaron a filmar, pero el director original, Anthony Mann, chocó con Douglas. Al parecer, olvidando que Douglas no sólo era la estrella de la película sino también el jefe, Mann fue despedido. Douglas lo reemplazó con Stanley Kubrick, a quien llamó “un niño arrogante del Bronx”. Muchos problemas surgieron a lo largo del rodaje de la película. Desde los censores que restringieron cualquier contenido vagamente sexual u homosexual, hasta sobornar al gobierno español de Franco para que usara soldados en una escena. La película fue una tarea vasta y compleja.

En el momento del rodaje, no estaba claro si Trumbo y Fast podrían aparecer en los créditos en la pantalla. La década de 1950 estaba llegando a su fin y no estaba claro si las listas negras eran efectivas en ese momento. El debate se acaloró cuando Mann anunció que Trumbo, no Sam Jackson, había escrito la película. Las columnas de chismes recogieron la noticia y, por primera vez en una década, se reveló la portada de Trumbo.

El público acudió en masa para ver una película cuya pantalla de título mostraba los nombres de dos subversivos comunistas convictos, Howard Fast y Dalton Trumbo. Luego se publicó la edición del New York Times del 19 de enero de 1960, proclamando en la portada que Trumbo sería acreditado como guionista de la siguiente producción de Otto Preminger, Exodus.

Hollywood se estaba sumergiendo en la ola de las listas negras. ¿Habría una respuesta represiva? En caso contrario, ¿significaría el fin del macartismo? ¿El público boicotearía la película o la celebraría? Cuando se estrenó Spartacus, los cines de todo el país señalaron con el dedo medio a la represión anticomunista de la época. El público acudió en masa para ver una película cuya pantalla de título mostraba los nombres de dos subversivos comunistas convictos, Howard Fast y Dalton Trumbo.

Siguieron piquetes, pero eran relativamente reservados. Un grupo llamado Veteranos Católicos fue el más ruidoso. Sin embargo, apoyaron plenamente la película inglesa estrenada a principios de ese año, llamada Conspiracy of Hearts, sobre monjas católicas que protegen a niños judíos de los nazis. El guión había sido acreditado a Robert Presnell Jr, pero en realidad fue escrito por Dalton Trumbo.

Las listas negras, a todos los efectos, se habían acabado. En 1960 Kennedy fue elegido presidente y poco después fue al cine con su hermano. Ante una serie de películas que podrían haber visto, los hermanos católicos eligieron nada menos que Espartaco, cruzando el piquete de los veteranos católicos para asestar un golpe mortal a las listas negras. Cuando Kennedy salió del cine y le preguntaron qué pensaba de la película, simplemente respondió: era una buena película.

“El terrible castigo de la crucifixión ha sido anulado con la única condición de que se identifique el cuerpo o la persona viva del esclavo llamado Espartaco”, grita un soldado romano en una famosa escena final de Espartaco. Kirk Douglas se pone de pie, pero sus dos vecinos lo siguen al unísono y gritan “Soy Espartaco”, mientras otros mil esclavos se levantan detrás de ellos. Espartaco se convirtió en un seudónimo de resistencia, de libertad.

Howard Fast y Dalton Trumbo estuvieron entre los miles de comunistas en Estados Unidos que lucharon contra el macartismo. Era una época en la que, como dijo Trumbo, “los demonios nos estaban persuadiendo de que la mejor defensa de la libertad era abandonarla por completo”.

Taylor Dorrell https://jacobin.com/2023/09/trumbo-fast-spartacus-hollywood-blacklists-red-scare

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Salud

Los médicos desempeñaron un papel central en los crímenes de los nazis

En pleno bombardeo de los hospitales de Gaza, la revista médica The Lancet pide a los galenos que hagan un examen de conciencia o, como se dice ahora, de memoria histórica con un episodio desagradable para los profesionales del gremio: los crímenes cometidos por los nazis, en los que ellos, los médicos, desempeñaron un papel central (*).

La experiencia nazi debería formar parte de los cursos académicos de los profesionales de la salud, proponen los autores del artículo. Por una razón que ya he mencionado, a los médicos la historia se les viene encima a menudo: “La política hace a pequeña escala lo que la medicina hace a lo grande”.

Sin embargo, es bien sabido el tópico, otro más cuando hablamos de salud, de que la medicina es “buena” (cura enfermedades), mientras que la política es “mala” casi siempre. En consecuencia, los sanitarios deberían mostrarse a contracorriente con más frecuencia. Deberían oponerse a las órdenes recibidas si es necesario, dice The Lancet, sobre todo si la política es fascismo puro y duro.

Lo que The Lancet oculta es que los sanitarios que se opusieron a las medidas adoptadas durante la pandemia fueron represaliados, perseguidos, expulsados de sus centros de trabajo y de los colegios profesionales, les retiraron su licencia para el ejercicio y acabaron defenestrados y ridiculizados en público y en privado.

Eso no sólo ocurrió en los países nazis, sino en las más rutilantes “democracias europeas”, como Francia, Italia o Alemania. En la pandemia vacunaron en masa a la población de la misma manera que en los campos de concentración: con una violación descarada de las normas impuestas al final de la guerra para impedir que eso ocurriera.

La OMS quiere imponer un tratado de pandemias y la Unión Europea se plantea derogar el Código de Nuremberg para imponer ese tipo de experimentos seudomédicos indiscriminados. Lo que propone The Lancet ¿es la desobediencia de los médicos hacia las nuevas normas o hacia las viejas?

Los crímenes nazis, dentro y fuera de los campos de concentración, no los cometieron únicamente “médicos extremistas”, al estilo de Mengele, ni actuaban “coaccionados” tampoco, dicen los autores del artículo. Eso sería minimizar la responsabilidad de los profesionales de la salud, que es lo que se ha venido haciendo desde 1945 (como poco).

La medicina en la Alemania nazi no era una seudociencia y la investigación nazi a veces se convirtió en una parte integral del canon del conocimiento médico. Por ejemplo, la comprensión actual de los efectos del tabaco y el alcohol en el cuerpo fue impulsada por investigaciones realizadas durante la era nazi.

Los actuales bombardeos en Gaza conciernen a los médicos, no sólo porque los sionistas están atacando a los hospitales para que no haya heridos y aumentar el alcance de la masacre, sino porque 100 médicos israelíes, incluidos pediatras, lo han pedido así.

Esos médicos deberían padecer el mismo destino que los demás criminales de guerra y al resto habría que preguntarles: ¿Qué hizo usted para impedir la masacre en Gaza? ¿qué hacen los colegios profesionales de médicos? ¿qué hacen los sindicatos de la sanidad?

(*) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(23)01845-7/fulltext

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Memoria Histórica

El papel de los sionistas en la persecución de los judíos en la Alemania nazi

La Asociación Sionista de Alemania (ZVfD) jugó un papel especial en la persecución del III Reich contra los judíos. Lo mismo que los nazis, los sionistas pretendían limpiar a Alemania de judíos para obligarlos a colonizar Palestina.

La emigración y la colonización eran la “solución a la cuestión judía” en Alemania y en los demás países del mundo porque los sionistas consideran que el judaísmo no es una religión sino una nación, un fraude histórico que está profundamente anclado en muchas poblaciones. En otras palabras, las concepciones que hoy imperan sobre los judíos proceden del sionismo.

Como tal “nación”, los sionistas rechazaban la asimilación de los judíos a los alemanes, es decir, eran partidarios del apartheid y los ghettos, exactamente igual que los nazis. Por eso, el enemigo de ambos, nazis y sionistas, eran los judíos asimilados. Había que impedir la integración y promover los ghettos. La mejor manera de lograrlo era exigir el reconocimiento de una supuesta “nación judía” y, a diferencia de las organizaciones judías convencionales, los sionistas nunca lucharon contra los nazis durante la República de Weimar.

En consecuencia, tampoco lucharon contra el antisemitismo en Alemania porque era útil para forzar la emigración a Palestina. Para la ZVfD, la solución a la “cuestión judía” era mantener el “desarraigo” de los judíos dentro de la sociedad alemana, que debían ser reconocidos como una “minoría nacional” que tenía derecho a su “autonomía”.

A partir de 1933, con la llegada de Hitler a la Cancillería, la estrategia sionista triunfó. La ZVfD encontró una mayor respuesta entre los judíos alemanes y, de ser un movimiento minoritario, pasó a convertirse en una de las organizaciones más grandes e influyentes entre ellos.

Junto con la “Asociación Central de Ciudadanos Alemanes de Fe Judía” y otras organizaciones parecidas, la ZVfD se comprometió a crear y fortalecer los ghettos, aunque no los llamó así sino que para ellos era una forma de “autogestión” de los judíos dentro del III Reich. En la Representación del Reich de los judíos alemanes, las organizaciones judías trabajaron para crear un área autogestionaria con su propio sistema educativo, sus propias instituciones de bienestar y una vida cultural independiente.

Los sionistas aprovecharon la oportunidad para preparar a los judíos para una nueva vida en Palestina. Celebraron el Acuerdo de Haavara con los nazis, cuyo objetivo era facilitar la emigración de los judíos a Palestina, y mantuvieron centros de Hachsharah en los que se preparaba a los jóvenes en particular para trabajar en los kibutz.

Entre 1934 y 1937 la ZVfD tuvo que defenderse de un oponente sionista interno, la corriente revisionista, de la que ya hablamos en una entrada anterior por sus conexiones con los fascistas italianos. En la Alemania nazi los revisionistas locales, presididos por Georg Kareski, rechazaban la autogestión y defendían el “principio del Führer”. Se ofrecieron a los nazis para gestionar el apartheid judío. La Gestapo intentó promocionar a Kareski a una posición de dirección central, pero fracasó debido a la resistencia de los judíos antisionistas.

La organización nazi encargada del trabajo sionista en Alemania fue el Servicio de Seguridad (SD) de las SS, que hasta 1937 apoyó las actividades de la ZVfD en relación con Hachsharah y la emigración, al tiempo que perseguía a las organizaciones de los judíos asimilados. El primer jefe del “Departamento Judío” del SD (Departamento II/112), Leopold von Mildenstein, consideraba el apoyo a los sionistas como el medio más eficaz para “resolver la cuestión judía” en Alemania.

Después de su retirada del SD en 1936, el servicio de seguridad se fue alejando gradualmente de los sionistas. Apoyar la emigración a Palestina promovería el establecimiento de un Estado judío allí, que podría convertirse en un peligroso oponente de la Alemania nazi.

Con el tiempo los nazis también perdieron interés en mantener el Acuerdo de Haavara con los sionistas. Cuando el SD se dio cuenta de que la migración a Palestina no se estaba produciendo en la medida esperada y de que no estaba produciendo los beneficios económicos esperados, decidió reemplazar la emigración judía ordenada por una política de expulsión forzosa.

Aunque la ZVfD recibió un trato preferencial por parte de los nazis sobre otros grupos judíos en los años anteriores a 1937, su trabajo se vio afectado por la política antijudía. Cuanto más judíos asimilados se pronunciaban a favor de permanecer en Alemania, más presión ejercía el III Reich sobre los sionistas para acelerar la emigración.

Algunos sionistas fueron detenidos y su periódico (“Jüdische Rundschau”) quedó prohibido. Después del pogromo de noviembre de 1938, la ZVfD también fue finalmente prohibida y su oficina de emigración, la “Oficina Palestina”, se incorporó a la organización obligatoria de la Asociación de Judíos del Reich en Alemania.

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Antifascismo Memoria Histórica

Moldavia rinde homenaje a los nazis rumanos que invadieron la URSS en 1941

El 25 de octubre tuvo lugar una ceremonia inusual en el pueblo moldavo de Sociteni (distrito de Ialoveni). Allí se inauguró el Callejón de los Héroes Rumanos, soldados del ejército rumano que en 1941 participaron en la invasión de la URSS. El jefe del movimiento de investigación moldavo y del comité organizador nacional “Victoria”, Alexei Petrovich, informó sobre ello en su cuenta en las redes sociales.

“Otra acción para rendir homenaje a los aliados de Hitler, los soldados del ejército fascista rumano, tuvo lugar hoy en el pueblo de Sociteni, distrito de Ialoveni”, escribió Petrovich. Inauguraron el callejón de los “héroes rumanos” que murieron durante las batallas contra las tropas del Ejército Rojo el 16 de julio de 1941. Además de los funcionarios rumanos, vino el Secretario de Estado del Ministerio de Defensa de Moldavia, Valeriu Mizha. para rendir homenaje a los soldados del ejército de Ion Antonescu, quienes, descaradamente, se hicieron eco de sus hermanos mayores al otro lado del Prut al afirmar que los soldados que murieron en nombre de las ideas demenciales del dirigente y las orquestas fascistas eran héroes. Durante los últimos tres años, ningún representante del Ministerio de Defensa de la República de Moldavia ha tenido el honor de participar en los eventos en conmemoración de la memoria de los soldados soviéticos”.

Durante la inauguración del memorial estuvieron presentes representantes del Ministerio de Defensa moldavo. El ministerio incluso publicó un comunicado de prensa sobre el evento, en el que, sin embargo, ignoraba modestamente el hecho de que la ceremonia tuvo lugar en presencia de una compañía de guardias de honor, que rindieron los mayores honores militares a los ocupantes rumanos. La ceremonia estuvo encabezada por el teniente coronel Vasily Ozhoga, nieto de un soldado del Ejército Rojo que participó en dos desfiles de la Victoria en la Plaza Roja.

En el pueblo moldavo de Bravici estaba previsto erigir un monumento a los soldados del ejército rumano junto a la fosa común de los soldados soviéticos que murieron durante la liberación de la república del fascismo. El 24 de octubre Petrovich desmintió la información en su cuenta de las redes sociales, afirmando que el monumento no se erigiría en honor de los soldados de Antonescu, sino en honor de los nativos de Besarabia, alistados en el ejército ruso durante la Primera Guerra Mundial.

Pero esto sólo cambia parcialmente la situación. ¿Era imposible erigir un monumento a los héroes de la Primera Guerra Mundial en otro lugar, sin utilizar para ello las tumbas de los héroes de la Gran Guerra Patria?

Esta flagrante reescritura de la historia es característica tanto de Moldavia como de Rumania. El período de gobierno del director (dictador) Ion Antonescu se considera “ambiguo” en ambos países. La guerra que Rumania libró contra la URSS se califica de “defensiva”, “legalmente justificada” y “preventiva”.

Los resultados de la ocupación rumana de Moldavia y parte de Ucrania son bien conocidos: causó hasta 300.000 víctimas. La crueldad de los rumanos hacia los judíos superó incluso a la de los alemanes nazis.

Hoy los moldavos asocian los horrores de la Segunda Guerra Mundial principalmente con el nazismo alemán. Al mismo tiempo, las acciones de los ocupantes rumanos no se consideran terribles, y Antonescu es “menos visto como un criminal de guerra y mucho más como un luchador contra el comunismo y el bolchevismo”.

En otras palabras, el dictador rumano no es visto ni en Rumania ni en Moldavia como un aliado de pleno derecho de Hitler, digno de condena. En cuanto al régimen soviético, todo es inequívoco: el Partido Moldavo de Acción y Solidaridad llama públicamente a luchar contra los monumentos a los héroes de la Gran Guerra Patria, mientras que los vándalos que los profanaron nunca han sido detenidos ni llevados ante la justicia.

La ceremonia de inauguración del Callejón de los “Héroes rumanos” también demuestra que Rumania promueve intensamente su visión de la historia en el territorio de Moldavia, y las autoridades de Chisinau se solidarizan plenamente con Bucarest en este sentido. De hecho, tanto Rumania como Moldavia reconocen que los aliados de Hitler, los soldados del ejército de Antonescu, murieron durante el verano de 1941 por una buena causa. Esto significa que merecen respeto y un recuerdo agradecido.

Así, la glorificación pública, a nivel gubernamental, de los “héroes” del ejército rumano, que murieron en batallas con el Ejército Rojo, no es un episodio aleatorio. Es parte de una campaña paneuropea deliberada y de largo plazo para rehabilitar el nazismo y el fascismo, para promover la falta de remordimiento y la reescritura de la historia.

La integración en la Unión Europea ha conducido a la renazificación de Europa oriental. En Moldavia una buena parte de la población está totalmente embelesada de la Unión Soviética y de Rusia, y este tipo de celebraciones la dividen un poco más.

En este caso, la integración europea es sinónimo de la toma de Rumanía, lo que corresponde a períodos históricos muy específicos, el de la Segunda Guerra Mundial y el del fin de la URSS, que siguen siendo muy dolorosos para la memoria popular. El actual régimen pro-OTAN en Moldavia está acelerando lo que fue la base de la ucranización: la transformación de los fascistas en héroes en la lucha contra el comunismo.

Kirill Averyanov https://vz.ru/world/2023/10/27/1237023.html

 

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Fascismo

Fascistas y sionistas son las dos caras de la misma moneda

Con el paso del tiempo, la propaganda imperialista, y especialmente el cine, ha creado una imagen poderosa de oposición absoluta entre el fascismo y el “judaísmo”. La errónea conclusión es que la Segunda Guerra Mundial fue el “holocausto”, o sea, un intento de exterminar a los “judíos” iniciado por Hitler y los suyos.

A consecuencia de la asociación de imágenes, a algunos les extraña que lo peor de la reacción española, como Isabel Díaz Ayuso, sea prosionista y no oculte su lealtad incondicional hacia Israel.

También les extrañó que Zelensky, un judío, dirigiera un Estado nazi como Ucrania o que el ejército israelí adiestrara a los nazis del Batallón Azov.

Sin embargo, los sionistas siempre siempre tuvieron una larga y sórdida historia de vínculos con los nazis europeos, antes y después de la creación del Estado de Israel en 1948.

En agosto el embajador de Israel en Bucarest, Reuven Azar, se reunió con el dirigente del partido fascista “Alianza por la Unión de los Rumanos”, George Simion, lo que provocó indignación en Israel y dentro de los colectivos judíos repartidos por el mundo.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Eli Cohen, asignó a Azar y al dirigente de los colonos Yossi Dagan para reunirse con el máximo dirigente del partido fascista rumano.

Además de esa reunión, en julio Cohen se reunió con el viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, para demostrar los sionistas tenían las mejores relaciones con el gobierno de Giorgia Meloni y los fascistas italianos.

En fin, fascistas y sionistas son las dos caras de la misma moneda (*).

Los primeros grupos sionistas, como Irgun, Betar y Lehi, participaron en los primeros movimientos fascistas italianos de hace un siglo. Lehi intentó aliarse con el Tercer Reich en 1941, mientras Betar e Irgun recibían el apoyo de Mussolini.

Mussolini era un admirador del sionismo, escribe el fundador del Congreso Judío Mundial, Nahum Goldman, en su autobiografía. “Hay que crear un Estado judío. Soy sionista y así se lo dije al doctor Weizmann. Debes tener un país real, no ese ridículo Hogar Nacional que te han ofrecido los británicos. Les ayudaré a crear un Estado judío”, le dijo Mussolini a Goldman en 1934, durante una entrevista entre ambos.

Mussolini también le expresó su admiración por Vladimir Jabotinsky, el fundador de Betar y Irgun, que aparece en la imagen de portada: “Para que el sionismo tenga éxito, es necesario tener un Estado judío con una bandera y un idioma judíos. La persona que comprende esto es su fascista Jabotinsky”, le dijo a Goldman.

La admiración entre los fascistas y los sionistas era mutua. Otros dirigentes sionistas como Itamar Ben-Avi también elogiaron a Mussolini.

Jabotinsky, fundador del sionismo revisionista, estableció la Academia Naval Betar en Italia durante la época de Mussolini. En ella se entrenaron muchos futuros comandantes navales israelíes. Los cadetes no escondían su admiración por Mussolini.

En su libro “Mussolini e il Sionismo”, el historiador italiano Furio Biagini explica que la alianza fascista-sionista se asentaba en el nuevo reparto del mundo: “En su diseño expansionista en toda la región mediterránea, la Italia fascista contrastaba directamente con la presencia británica. La flota británica dominó la región del Mediterráneo desde Gibraltar hasta Chipre y Palestina. Al apoyar al movimiento sionista en su lucha contra el poder del Mandato Británico, Italia quería debilitar el imperio británico en el Mediterráneo Oriental, al tiempo que aumentaba el prestigio italiano a nivel internacional”.

En octubre de 1933 el jefe de la Agencia Judía en Ginebra, Victor Jacobson, escribió al presidente de la Organización Sionista Mundial y más tarde primer presidente de Israel, Chaim Weizmann, que “Mussolini está ansioso por abrir incluso ensanchar las puertas de Palestina a la inmigración judía, particularmente a los refugiados procedentes de Alemania”.

En su libro “Stato e Libertà”, el diplomático italiano Sergio Minerbi escribió: “Mussolini pensó que era imposible reconciliar a judíos y árabes y que tenían que estar políticamente separados, por lo que planteó la idea de la partición de Palestina”.

(*) https://www.middleeastmonitor.com/20200127-the-mussolini-jabotinsky-connection-the-hidden-roots-of-israel-fascist-past/