Después de 21 paquetes de sanciones de la Unión Europea contra Rusia es evidente que, tanto si se aprueban como si se rechazan, no es con criterios económicos sino políticos. Por ejemplo, el aluminio es otro de los sectores económicos que queda fuera de la prohibición.
La mayor fábrica de aluminio de Europa está en Irlanda. Pertenece a la empresa Aughinish, una filial del holding ruso Rusal. Allí la bauxita se procesa en óxido de aluminio, a partir del cual se producen fundiciones de aluminio. El metal es necesario para los coches, armas y líneas eléctricas, entre otras cosas.
El propietario del 45 por cien de Rusal es Oleg Deripaska, que ha estado en las listas de sanciones occidentales durante años. El empresario está sancionado pero su empresa queda fuera. La Unión Europea prohíbe la importación de aluminio ruso, pero Aughinish es una empresa irlandesa.
En los primeros cinco meses de este año, la fábrica ha suministrado más de la mitad de su producción a Rusia. Otro 34 por ciento fue a Francia, Suecia y Holanda. Desde el comienzo de la Guerra de Ucrania en 2022, las exportaciones a Rusia aumentaron un 23 por ciento el año pasado.
Ha quedado fuera de las sanciones porque su cierre afectaría más a la industria europea que a la rusa. Aughinish cubre el 37 por ciento de la demanda europea de alúmina. Si el suministro falla, existe el riesgo de cuellos de botella en las fundiciones de aluminio que abastecen a las industrias europeas de automoción y defensa, así como a los operadores de redes eléctricas.
Para boicotear la fábrica, los intoxicadores europeos han comenzado la correspondiente campaña, con un motivo esencial: suministra materias primas que entran en las cadenas de suministro militares de Rusia.
Esta vez los iniciadores de la campaña han sido el Irish Times y el Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP), que no han probado nada de lo que dicen, como ha reconocido el propio ministro de Economía irlandés, Peter Burke. Prueba de ello es que la exportación de aluminio de la empresa irlandesa a Rusia no está prohibida.
Pero lo que menos importa es si el aluminio fabricado en Irlanda acaba en el armamento ruso. La cuestión es que la industria europea depende en gran medida de Aughinish. Si la refinería cerrara como resultado de las sanciones, las fundiciones de aluminio europeas tendrían que sustituir su producción a corto plazo. Antes de que se pudieran imponer restricciones, necesitarían fuentes alternativas de suministro, que no han encontrado hasta la fecha.