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Una escritora sudafricana rechaza un premio en Alemania por solidaridad con Palestina

Las poblaciones que han sufrido el apartheid, como Sudáfrica, manifiestan una especial sensibilidad hacia Palestina. De ahí que la escritora Zukiswa Wanner haya rechazado un premio del Instituto Goethe, porque considera a Alemania como cómplice de las matanzas en Palestina.

Es una postura de principios contra el racismo, del que los africanos podrían hablar profusamente. “Me siento incapaz de guardar silencio o de conservar una condecoración oficial de un gobierno tan insensible al sufrimiento humano”, declaró la escritora.

En lugar de estar entre los países que condenan el genocidio, Alemania se ha convertido en uno de los dos mayores exportadores de armas a Israel, dijo la autora en un comunicado de prensa. “Me gustaría que el gobierno alemán, al pensar y decir ‘nunca más’, reconociera que esto nunca debería repetirse para nadie”, escribió.

En 2020 Wanner recibió la Medalla Goethe, una condecoración oficial de Alemania otorgada por el Instituto Goethe, que premia a personas “que han prestado servicios excepcionales al intercambio cultural internacional y a la educación de la lengua alemana”.

“¿Qué significa ser escritora si no puedes ser un espejo de la sociedad, criticarla y también aplaudirla?”, se preguntaba la autora en unas declaraciones a la televisión.

Un viaje a los territorios palestinos ocupados para el Festival de Literatura Palestina (PalFest) en mayo del año pasado llevó a Wanner a establecer paralelismos con el régimen de apartheid en Sudáfrica, de donde es originario su padre, un exiliado político.

La experiencia le abrió los ojos para conectarse con artistas y militantes palestinos que desafiaron el apartheid israelí, encontrando formas de viajar, comunicarse y apoyar a las familias de los demás cuando las personas estaban encarceladas.

Al relatar su viaje, recuerda que, durante las negociaciones para poner fin al apartheid, a los sudafricanos se les concedió el derecho al retorno, que niegan a los palestinos. Las políticas de segregación, toques de queda y restricciones de movimientos que observó en Palestina, le recordaron las experiencias de las personas negras y mestizas en Sudáfrica.

“En Sudáfrica los negros fueron deportados a tierras étnicas conocidas como bantustanes. Son precursores, en mi opinión, de la llamada ‘Área A’ en Palestina, que sería gobernada por los palestinos de forma independiente, pero donde las fuerzas israelíes pueden entrar y tomar como rehenes a personas, de manera arbitraria”, denunció.

Al reflexionar sobre estas similitudes y su herencia sudafricana, Wanner dijo que veía la resistencia anticolonial como un movimiento trascendental en el que cada alma consciente debe hablar. “No es necesario ser de un país con una historia de apartheid para ver las injusticias e indignidades diarias infligidas a los palestinos”, dijo al anunciar su decisión de devolver la medalla.

Desde el 7 de octubre, Alemania se ha distanciado de los artistas, debido a su postura hacia el Estado de Israel, a pesar de que este país no aplica los Acuerdos de Oslo, según Wanner.

La autora señala, además, que en el Festival de Cine de Berlín, durante el cual el cineasta palestino Basel Adra y el periodista israelí Yuval Abraham recibieron el premio al mejor documental por su película “No Other Land”, que denuncia la destrucción de las aldeas palestinas en la Cisjordania ocupada, el ministro alemán de Cultura aseguró que sólo había aplaudido al productor israelí de la película.

“La historia de Sudáfrica tiene un término para esto: pequeño apartheid”, añadió.

Wanner señala que generalmente los países del Tercer Mundo se apoyan entre sí frente a las injusticias en todo el mundo, mientras que, con el tiempo, los estados con pasado colonialista experimentan una brecha cada vez mayor entre ellos y sus poblaciones.

“Reino Unido, clave para la Commonwealth –aunque no sabemos exactamente quiénes son los plebeyos de esta riqueza–, también enfrenta serios problemas, porque parece que muchos británicos ahora tienen los ojos abiertos ante la complicidad del gobierno y la oposición” con Israel, añade Wanner.

La escritora no sólo rechaza una distinción simbólica, sino que critica la participación de las potencias coloniales en la opresión internacional y hace un llamamiento a Alemania para que se enfrente su legado histórico de violencia en Namibia y Tanzania.

Nacida en Zambia de padre sudafricano y madre zimbabuense, Wanner ha recibido numerosos galardones internacionales, como el Premio Literario Sudafricano, el Commonwealth Best Book Africa y el Premio Herman Charles Bowman.

La sudafricana estableció su propia editorial para promover la literatura africana y encabeza proyectos destinados a fomentar un mayor compromiso literario entre los pueblos de África.

Francia quiere deshacerse de los inmigrantes indocumentados

A Francia le esperan momentos muy difíciles porque una parte de su población, legal e ilegal, con o sin papeles, es musulmana y se manifiesta en contra del Estado de Israel y, en consaecuencia, de la política del gobierno al respecto.

La nueva ley contra los indocumentados es una amenaza latente en su contra. Los inmigrantes, sean legales o ilegales, con o sin papeles, se han convertido en una amenaza contra la seguridad interna.

El Senado francés ha reformado el proyecto de ley contra la inmigración ilegal. Inicialmente, la propuesta del ministro del Interior, Gerald Darmanin, no encontró apoyos, y ahora han endurecido el texto.

El gobierno autoriza exenciones para los trabajadores indocumentados que no tienen derecho a estar en Francia, pero que trabajan en sectores con escasez de mano de obra. Los senadores de la reacción creen que estos casos no deben convertirse en la regla, de lo contrario los inmigrantes ilegales encontrarán un vacío legal para residir en un país extranjero.

La reacción ha restringido aún más las posibilidades de los extranjeros de llevar a los miembros de su familia a Francia, eliminando la “ciudadanía por nacimiento” y las prestaciones sociales. Ha introducido cuotas para el número de llegadas. Ya no proporcionará servicios que no sea la atención médica de emergencia.

El ejemplo es Polonia, donde no hay manifestaciones a favor de Palestina y donde periodistas, como Pablo González, pueden permanecer en la cárcel indefinidamente, sin juicio, sin defensa y sin pruebas de ningún tipo.

Alemania no lava su mala conciencia apoyando a Israel: hace lo mismo de siempre

Los políticos alemanes y sus altavoces propagandísticos hacen gala de su apoyo incondicional a Israel con la retórica característica de la posguerra: como son los responsables del “holocausto”, deben expiar sus culpas apoyando incondicionalmente cualquier crimen que cometa Israel contra los palestinos.

Le quieren decir al mundo que han cambiado de verdad, que el antisemistismo no va a volver nunca y que son capaces de dar un giro de 180 grados a su pasado nazi.

En realidad, en Alemania las cosas siguen como siempre: el gobierno apoya al sionismo y vuelve a reproducir los progromos contra los… musulmanes (y de rebote contra los emigrantes y los refugiados). Sólo cambia la religión porque Israel es una democracia de verdad, la única de Oriente Medio y, como buenos colonos, los israelitas son mucho más parecidos a los europeos que los palestinos.

Naturalmente: los israelíes no son otra cosa que emigrantes, como los boers lo eran también en Sudáfrica: blancos y de confesión luterana. Mucho más “civilizados” que los negros autóctonos.

Un colono alemán relató su traslado como emigrante judío a Haifa, en Palestina. En 1935 zarpó del puerto alemán de Bremerhaven. En la popa el barco llevaba escrito su nombre en caracteres hebreos, “Tel Aviv”, mientras que una bandera con la esvástica ondeaba en el mástil trasero. El barco era propiedad de una organización sionista, mientras que su capitán era miembro del partido nazi (*).

Es una muestra de la colaboración entre el sionismo y el Tercer Reich, que hoy se ha convertido en una colaboración de Israel con la República Federal de Alemania. Las cosas no han cambiado mucho.

Por si aún no queda suficientemente claro, en un discurso el vicecanciller de Los Verdes, Robert Habeck, amenazó a “los musulmanes que viven aquí” con privarles de su “derecho a la protección contra la violencia de extrema derecha” si no “se distanciaban claramente del antisemitismo”. Cualquiera puede entender que se trata de una invitación abierta a los neonazis para aterrorizar a los inmigrantes y que la diferencia entre un nazi y un “verde” no es mucha.

El canciller Olaf Scholz ha avivado el ambiente de persecución con el lema que publicó una portada del Spiegel: “Por fin debemos expulsar a la gente a gran escala”.

El primer ministro bávaro, Markus Söder, pide “un debate fundamental sobre la integración y las sociedades paralelas”. Las reuniones “antisemitas”, es decir, en apoyo a Palestina, deberían “prohibirse y su participación tipificarse como delito”. A los ciudadanos con doble nacionalidad se les debe retirar el pasaporte alemán y los inmigrantes deben estar sujetos a pruebas de lealtad.

Durante semanas el periódico Bild ha difamado a todos los críticos de las brutales políticas del gobierno sionista como “enemigos de los judíos” y haciendo campaña a favor de la represión y la deportación.

Todos los partidos, desde la nueva Alianza de Sahra Wagenknecht hasta la AfD, quieren impedir que en Alemania entren más emigrantes y refugiados. La dirigente del Partido Verde, Ricarda Lang, y el ministro y presidente de los Verdes de Baden-Württemberg, Winfried Kretschmann, exigen más restricciones a la emigración, el asilo y el refugio. El número de entradas debería reducirse y las deportaciones deberían ser más rápidas.

Pero hay que aclarar lo más importante: el muro se levanta sólo en función de su origen nacional; si se trata de ucranianos, por ejemplo, hay que hacer una excepción… aunque lleguen cientos de miles.

Otra cosa importante: la mejor manera de que los emigrantes y refugiados se larguen consiste en… eliminar prestaciones sociales. Primero hay que reducirlas al mínimo de subsistencia, luego entregar vales en lugar de dinero y, finalmente, acabar con ellas lisa y llanamente. Los Länder y los municipios planean ahorrar alrededor de mil millones de euros a costa de los refugiados.

(*) W. Martini, Hebräisch unterm Hakenkreuz, Die Welt, 10 de enero de 1975, cit. Klaus Polken, The Secret Contacts: Zionism and Nazi Germany, 1933-1941, Journal of Palestine Studies, primavera-verano de 1976, pg. 65.

Reino Unido envió a los niños negros a escuelas para ‘subnormales’

En Reino Unido, en las décadas de los sesenta y setenta, cientos de niños negros fueron etiquetados como “educativamente subnormales” y enviados a escuelas para alumnos que se consideraba tenían poca inteligencia. Por primera vez, algunos exalumnos han hablado de sus experiencias para un documental.

En la década de los setenta, cuando tenía 6 años, Noel Gordon fue enviado a lo que se conocía en aquel momento como un internado “educativo para subnormales” (ESN), situado a 24 kilómetros de su casa. “Esa escuela era un infierno”, dice Noel. “Pasé 10 años allí, y cuando me fui a los 16, no pude conseguir trabajo porque ni siquiera podía deletrear o llenar una solicitud de empleo”.

Aproximadamente un año antes de unirse a la escuela ESN, Noel había sido ingresado en el hospital para que le extrajeran un diente. Le administraron un anestésico, pero resultó que tenía anemia de células falciformes no diagnosticada y el anestésico desencadenó una reacción grave.

Noel dice que los problemas de salud resultantes lo llevaron a ser percibido como con dificultades de aprendizaje y a ser recomendado para una “escuela especial”. Sin embargo, ni él ni sus padres recibieron ninguna prueba o explicación de su discapacidad. “Alguien vino y dijo que habían encontrado un internado especial con una matrona donde se ocuparían de mis necesidades médicas”, dice Noel.

Durante esa conversación también dijeron que Noel era “un idiota. Estúpido”. Pero los padres de Noel no se dieron cuenta de que su nueva escuela era para los llamados “subnormales” desde el punto de vista educativo. Se habían mudado a Inglaterra desde Jamaica a principios de los años 60 y tenían grandes expectativas en la educación de su hijo.

Noel pasó la primera noche en el internado llorando, pensando en su madre. Sentía que la escuela era fría e institucional. “Aún me viene el olor de los viejos escritorios de madera. ¡Ah! y el abuso racial en mi primer día”, dice. Un estudiante le lanzó insultos raciales en el aula, pero no fue reprendido: el maestro simplemente le dijo que se sentara.

La escuela no seguía el plan de estudios del resto. Y aunque un maestro le dio a Noel un cuaderno para que escribiera, nunca le enseñaron gramática básica o cómo escribir. Hizo algunas sumas y restas básicas, pero durante las clases principalmente hacía manualidades y jugaba.

Sus padres sólo se dieron cuenta de qué tipo de escuela era cuando Noel, que entonces tenía 7 años, fue golpeado por un alumno de 15 años y su padre lo visitó por primera vez. Recuerda que su padre le dijo al director: “Esta es una escuela para niños discapacitados”, utilizando un término obsoleto. Dice que el director respondió: “Sí, pero no nos gusta usar esa palabra, los llamamos aprendices lentos”.

El padre de Noel, aunque devastado, se sintió impotente para cambiar las cosas.

Noel no tuvo la oportunidad de realizar exámenes y obtener calificaciones. Reflexionando sobre ello ahora, dice que ser etiquetado como subnormal desde el punto de vista educativo lo hizo sentir inferior por el resto de su vida y le generó muchos problemas psicológicos. “Dejar la escuela sin ningún título es una cosa, pero dejar la escuela pensando que eres estúpido es completamente diferente. Te quita la confianza”, dice.

El término “educativamente subnormal” derivó de la Ley de Educación de 1944 y se utilizó para definir a quienes se creía que tenían una capacidad intelectual limitada. “Esa etiqueta hizo que los niños se sintieran inferiores”, dice el profesor Gus John, activista de la educación, quien llegó a Reino Unido desde el país insular caribeño de Granada en 1964 como estudiante, y pronto se dio cuenta del problema.

“Los estudiantes de las escuelas ESN no irían a la universidad. Si tenían suerte, se convertirían en labradores. “El término paralizaba y mataba cualquier sentido de autoconfianza y ambición”. Las escuelas primarias y secundarias de ESN clasificaban a los niños entre los que tenían “discapacidades de aprendizaje moderadas”, discapacidades de aprendizaje “graves” o aquellos “imposibles de enseñar”. Estas categorías eran amplias y cuando se recomendaba a los estudiantes para las escuelas ESN, los profesores y psicólogos no siempre daban razones sólidas.

Si bien algunos de estos centros tenían buenos ejemplos de enseñanza, en muchos se pasaban por alto las necesidades de los alumnos.

Los estudiantes negros fueron enviados a estas escuelas en proporciones significativamente más altas. Los realizadores del documental vieron un informe de 1967 de la ahora desaparecida Inner London Education Authority (ILEA , la Autoridad de Educación del Interior de Londres), que mostraba que la proporción de niños inmigrantes negros en las escuelas ESN (28 por cien) era el doble que la de los de las escuelas ordinarias (15 por cien).

“El porcentaje de niños negros en las escuelas ESN comparado con el de las escuelas normales era escandaloso”, dice Gus John. Pero ¿por qué se definió a tantos niños negros como “subnormales“? Las cifras de las décadas de 1960 y 1970 muestran que, en promedio, el rendimiento académico de los niños negros era más bajo que el de sus homólogos blancos. Eso alimentó la creencia generalizada de que los niños negros eran intelectualmente inferiores a los blancos.

Un informe de la autoridad local filtrado en 1969, escrito por un director llamado Alfred Doulton, argumentó que los niños antillanos en general tenían un coeficiente intelectual más bajo. La afirmación se basaba en los resultados de las pruebas de coeficiente intelectual a los que se sometía comúnmente a los alumnos de primaria.

Uno de los principales defensores de esas teorías fue Hans Eysenck, exprofesor del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres. Creía que la inteligencia estaba determinada genéticamente y citaba un estudio estadounidense que parecía mostrar que el coeficiente intelectual de los niños negros caía, en promedio, 12 puntos por debajo de los niños blancos.

Sobre ello, Gus John dice en el documental: “Cuando personas como Eysenck escribieron sobre raza e inteligencia, lo que en realidad estaban haciendo era justificar todos esos tropos que habían estado flotando durante el período de esclavitud, en el que la gente creía que no solo que los negros eran subhumanos sino también que no se podía esperar que actuaran o fueran tan inteligentes como los blancos”.

Muchos maestros veían a los niños negros como intelectualmente inferiores y temían que el hecho de que hubiera “demasiados” alumnos negros en una clase afectara negativamente el logro de los alumnos blancos.

Tras una protesta de padres blancos en Southall, al oeste de Londres, en junio de 1965, el gobierno emitió una guía que abordaba las necesidades sociales, lingüísticas y las posibles necesidades médicas de los niños inmigrantes, y recomendaba mantener un límite de aproximadamente el 30 por cien de inmigrantes en cualquier escuela. Algunas autoridades locales transportaban en autobús a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local.

Como consecuencia, muchas autoridades locales adoptaron la política de transporte en autobús: enviar a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local en un intento de limitar el número de minorías étnicas en las escuelas. La práctica finalmente se abolió en 1980. “El sistema educativo alimentó y legitimó la idea de que los menores negros caribeños eran menos inteligentes que otros niños. Por eso muchos de ellos terminaron en las escuelas ESN.

Muchos equipararon erróneamente la raza con la capacidad intelectual. Pero como argumentó la fallecida psicóloga educativa Mollie Hunte, los malos resultados de los estudiantes negros no se debieron a su capacidad intelectual sino a que las pruebas utilizadas para evaluarlos tenían un sesgo cultural. Como explica Gus John, los exámenes utilizaban referencias y vocabulario con los que los niños caribeños recién llegados no estaban familiarizados.

“Un elemento clave fue el idioma”, dice el profesor John. “Si habían crecido en un hogar jamaicano, usaban inglés jamaicano o criollo. “El problema que tenía la mayoría de los estudiantes caribeños era que como era un derivado del inglés estándar, nadie creía que necesitaran apoyo con el idioma”. Como resultado, no recibieron la ayuda adicional que recibieron otros niños inmigrantes que no hablaban inglés antes de llegar.

Según el profesor John, los maestros no intentaron comprender las barreras culturales que enfrentaban los niños negros y las evaluaciones no consideraron sus circunstancias domésticas y socioeconómicas, ni el impacto de la migración. Muchos niños viajaban a Reino Unido una vez que sus padres se habían instalado. Llegaban a un país desconocido para vivir con extraños virtuales, a quienes no habían visto en años. “Ese desplazamiento causó mucho trauma”, dice el profesor John. “Hubo dolor y duelo. Esos niños a menudo no volvían a ver a sus abuelos”.

Según el activista de la educación, había una cultura de bajas expectativas entre los profesores. Las dificultades de aprendizaje se confundieron con problemas de aprendizaje y los niños negros simplemente fueron “descartados” y enviados a las escuelas ESN. Eso es lo que le sucedió a Maisie Barrett, de Leeds, una ciudad del norte de Inglaterra, quien fue enviada a uno de estos centros a los siete años, en la década de 1960.

“Inicialmente fui a una escuela convencional. Allí, una maestra le dijo a mi madre que no podía aprender. Nos dijeron que estaría mejor en una escuela especial”. Maisie dice que la decisión de enviarla a una escuela ESN fue un error que arruinó sus oportunidades de vida. Como a Noel, no le enseñaron lo necesario. “Jugábamos, teníamos discotecas… Yo lo llamo una ‘escuela libre’ porque la educación era muy básica y jugamos mucho más de lo que estudiábamos”, dice.

Décadas después, a los 30 años, a Maisie le diagnosticaron dislexia. “En lugar de ayudarme con mis dificultades de aprendizaje, simplemente me tacharon de estúpida. Los maestros nunca se tomaron el tiempo de averiguar por qué tenía problemas para aprender. Eso arruinó mi confianza”, dice. “Era lenta, pero un maestro debería haberse tomado el tiempo para ayudarme a aprender”.

Según Maisie, la falta de aprendizaje y apoyo era solo una parte del problema. “Fui a una escuela que era una institución racista”, dice. Con el tiempo, tanto a Noel como a Maisie se les ofreció la oportunidad de asistir a escuelas ordinarias. Para entonces, era demasiado tarde. En el caso de Noel, fue a una escuela secundaria local a tiempo parcial desde los 12 años y pasó el resto de la semana en la escuela ESN.

“En la escuela secundaria de medio tiempo, me ausentaba debido a la intimidación de no tener amigos y no poder leer”, dice Noel. Maisie dejó su escuela ESN a la edad de 13 años y comenzó en la escuela secundaria regular. “Mi mamá me puso en contacto con una trabajadora social negra que, después de evaluarme, dijo que yo era inteligente y señaló que me ubicaran en la escuela ESN por racismo”, dice Maisie. Sin embargo, para entonces, incapaz de leer o escribir, Para Maisie la escuela secundaria fue extremadamente desafiante y terminó sin calificaciones.

Inicialmente, muchos caribeños que emigraron a Reino Unido durante las décadas de los sesenta y setenta tenían una visión favorable de las escuelas ESN. A menudo denominadas “escuelas especiales” por los maestros, los padres caribeños, con poco conocimiento sobre el sistema educativo británico, pensaban que estas brindarían un mejor apoyo y aprendizaje a sus hijos.

“Cuando le dijeron a mi madre que me habían recomendado para una escuela especial, la recuerdo sonriendo. Ella pensó que una escuela especial significaba una escuela mejor”, dice Maisie. Esta presunción sobre las escuelas “especiales” también se derivaba de las experiencias de los caribeños con los centros educativos en sus lugares de origen.

“La educación británica era vista como un camino hacia la movilidad social y las aspiraciones de los padres eran muy altas”, dice Gus John. “Los maestros tenían un perfil alto en las comunidades caribeñas, y los padres inicialmente confiaban en los profesores británicos. Fue un shock descubrir que sus hijos estaban siendo descritos como subnormales”.

Sin embargo, cuando empezaron a notar las dificultades de sus hijos con los conceptos básicos de lectura y escritura, se preocuparon y surgieron grupos de padres dispuestos la acción. Por ejemplo, en 1970, después de descubrir que había un número desproporcionadamente alto de niños negros en las escuelas ESN del norte de Londres, un grupo llamado North London West Indian Association se quejó formalmente ante la Junta de Relaciones Raciales, alegando discriminación en virtud de la Ley de Relaciones Raciales de 1968.

En 1971 un libro titulado “Cómo el niño antillano se vuelve subnormal desde el punto de vista educativo en el sistema escolar británico” resultó fundamental para cambiar la opinión de los padres negros. El autor, el escritor y maestro granadino Bernard Coard, enseñaba en una escuela ESN y había notado la gran cantidad de niños caribeños allí. Cuando un grupo de padres preocupados le pidió que investigara el tema, escribió el libro en un tiempo récord.

Sostuvo que las escuelas ESN estaban siendo utilizadas por las autoridades educativas como un “vertedero” para los niños negros, y que los maestros estaban confundiendo el trauma causado por la inmigración con una falta de inteligencia.

El trabajo fundamental de Bernard Coard condujo a una acción positiva y a un fuerte aumento en las escuelas complementarias para negros. Eran escuelas sabatinas creadas por padres negros con el objetivo de elevar el nivel educativo de los niños. Enseñaban materias del currículum junto con la historia negra, para elevar la autoestima de los niños, ayudarlos a obtener calificaciones y prepararlos para el empleo.

Después de años de presión y campañas, la Ley de Educación de 1981 consagró la inclusión en la legislación y el término “educativamente subnormal” fue abolido como una categoría definitoria.

Una investigación del gobierno sobre la educación de niños de grupos étnicos minoritarios publicada en 1985 encontró que la baja puntuación de cociente intelectual promedio de los niños antillanos no eran un factor significativo en su bajo rendimiento académico. En cambio, se descubrió que el prejuicio racial en la sociedad en general jugaba en ello un papel crucial.

Pero tanto para Noel como para Maisie, el impacto de su tiempo en las escuelas ESN permanece. “La etiqueta ESN paralizó mi confianza. Nunca me dieron las herramientas para ser la persona que podría haber sido”, dice Maisie.

A pesar de escribir dos libros y obtener cuatro títulos después de dejar la escuela, incluidos los estudios caribeños y la escritura creativa, Maisie ha tenido dificultades para encontrar trabajo a lo largo de los años. Actualmente desempleada y con dos hijos adultos, trabajó como trabajadora de apoyo para disléxicos, pero fue despedida hace unos años.

Maisie siente que se ha pasado la vida “tratando de ponerse al día” desde que dejó la escuela ESN.

Noel descubrió que realmente le gusta aprender y ha acumulado una serie impresionante de diplomas como adulto, incluida una licenciatura en informática. Pero aunque la pared de su casa está cubierta de certificados, todavía tiene dificultades para leer y escribir. “Esa escuela ESN me ha arruinó”, dice Noel.

Y a pesar de los importantes avances realizados desde entonces, persisten las disparidades en la educación de los niños negros. “Las preocupaciones que solíamos tener sobre los ESN todavía persisten, en vista de la cantidad de niños negros en unidades de derivación de alumnos”, dice Gus John. Estas unidades fueron establecidas en 1993 para acoger a alumnos excluidos de las escuela ordinarias. Pero hay en ellas una cantidad desproporcionada de alumnos negros, hasta tres veces más en algunos de estos centros.

Al considerar el impacto a largo plazo de las escuelas ESN, el mayor pesar de Gus John es que “toda una generación fue disuadida de soñar en grande”.

—https://www.bbc.com/mundo/noticias-57255577

Los niños emigrantes son los nuevos pobres y merecen menos ayudas sociales

Hasta ahora en cualquier país civilizado un niño siempre era un niño. Pero el racismo institucionalizado empieza a cambiar este principio: un niño emigrante es un emigrante. Lo importante es su origen. Hay niños y niños. Unos merecen atención por su lugar de nacimiento; los otros quedan al margen.

“El debate sobre los fundamentos de la seguridad infantil se está convirtiendo cada vez más en un debate sobre la migración y, por lo tanto, pasa por alto el tema de la pobreza infantil”, afirma Uwe Kamp, portavoz de la Fundación Alemana para la Infancia.

En 2010 el número de alemanes menores de 18 años que recibían prestaciones sociales mensuales, rondaba los 1,4 millones. El año pasado sólo había unos 900.000, lo que significa que el número de niños pobres entre los ciudadanos alemanes ha disminuido significativamente.

Pero hace diez años 305.064 menores extranjeros recibían un subsidio de manutención. En 2015, el año de la crisis migratoria, aumentó en 70.000 beneficiarios, mientras que el aumento entre los alemanes fue relativamente pequeño.

La emigración altera las cifras de pobreza en Alemania. Los emigrantes son los nuevos pobres y merecen menos ayudas sociales por su lugar de nacimiento. Duele más gastar el dinero en un niño cuando no es rubio y de ojos azules.

El año pasado había casi 900.000 niños en esta situación: pobres y nacidos en una país extranjero. “La pobreza infantil ha disminuido significativamente en Alemania; ha disminuido muy, muy significativamente, pero sólo entre las familias nativas. La pobreza infantil general sigue siendo alta debido a los refugiados. Por tanto, existe una relación estadística muy clara entre la inmigración y este fenómeno”, afirmó Christian Lindner, ministro alemán de Finanzas.

Francia tiene una dilatada trayectoria de políticas racistas

Tras el asesinato de Nahel Merzouk, un joven francés de 17 años de ascendencia argelina y marroquí, a manos de la policía en el suburbio parisino de Nanterre, los medios han abierto las puertas a los “expertos” en sociología de pacotilla para trasladar el problema a los barrios. El problema no es el “gatillo fácil” sino los disturbios, los asaltos y los saqueos. El problema no es la policía sino los emigrantes que llenan esos barrios.

A diferencia de Estados Unidos, en Francia el racismo no está reconocido. Cuando Argelia era una colonia, los argelinos eran franceses… como los demás. Impera la retórica heredada de la Revolución francesa: igualdad y fraternidad.

Por el contrario, ahora ya no son franceses sino emigrantes, aunque lleven más de medio siglo viviendo en la metrópoli y tengan el pasaporte francés. Los hijos de los emigrantes también son siempre emigrantes, aunque no hayan conocido otra residencia que la de barrios, como Nanterre.

Como los demás países, Francia ha mutilado su propia historia, eliminando el colonialismo y la esclavitud porque eran prácticas reservadas a las “provincias de ultramar”. Pero si los franceses no conocen esa parte de su historia, los colonizados nunca la han olvidado, ni antes ni ahora, cuando las colonias se han trasladado al interior mismo de la metrópoli, a los barrios más pobres de las ciudades.

En 1925 la policía de París creó el Servicio de Asuntos Indígenas Norte-Africanos conocida como “Brigada del Norte de África”, que mantenía una vigilancia reforzada sobre los magrebíes, justificada por su supuesta “naturaleza criminal”, su adhesión al islam y su apoyo a la lucha anticolonial. En otras palabras, en París había que imponer sobre los magrebíes los mismos métodos de represión que en las colonias.

Asaltar reuniones políticas, tratar brutal y groseramente a esta población, en su mayoría pobre, y elaborar un censo racial de París fueron algunas de las actividades de la Brigada. Los servicios sociales franceses trabajaron en estrecha colaboración con la Brigada y como, a pesar del censo, no era fácil diferenciar a un magrebí de cualquier otro vecino del barrio, la represión extendió sus métodos a los latinoamericanos porque “parecían norteafricanos” y, por lo tanto, eran sospechosos de algo.

La Brigada del Norte de África elaboró mapas para identificar dónde vivían los norteafricanos en París y sus alrededores. Ciertos barrios se convirtiero en la diana de la represión, la vigilancia policial reforzada, los controles de identidad y las redadas.

Tras 41 años en prisión Mumia Abu Jamal podría ser juzgado de nuevo

El galardonado periodista y escritor Mumia Abu Jamal lleva 41 años en prisión por un caso impregnado de racismo. El antiguo miembro de los Pantera Negra, de 68 años, es autor de una docena de libros, entre ellos el aclamado Live from Death Row (La vida en el corredor de la muerte).

Tras su juicio en 1982 por el asesinato del policía Daniel Faulkner, Abu Jamal fue condenado a muerte. En 2011 su condena se redujo a cadena perpetua sin libertad condicional. Abu Jamal padece una grave afección cardiaca y otros problemas de salud.

Faulkner detuvo a William Cook, hermano menor de Abu Jamal, la mañana del 9 de diciembre de 1981. Abu Jamal, que conducía un taxi, pasó por allí y acudió en ayuda de su hermano. Tras un tiroteo, Faulkner fue abatido. Abu Jamal recibió un disparo en el estómago.

El 16 de diciembre la jueza Lucretia Clemons, de Filadelfia, abrió un nuevo proceso y en los próximos 60 a 90 días se espera una decisión para celebrar un nuevo juicio.

Sus abogados, Judith Ritter, Samuel Spital y Bret Grote, sostienen que si el jurado hubiera tenido conocimiento de las pruebas que se ocultaron en su juicio, Abu Jamal no habría sido condenado.

El 26 de octubre la jueza indicó su intención de denegar la petición de Abu Jamal de un nuevo juicio, pero tomará una decisión definitiva tras escuchar a las partes del caso.

En el juicio de 1982 la fiscalía no entregó pruebas que exculpaban al condenado. En 2018, un mes después de ser elegido fiscal de Filadelfia, Larry Krasner dijo que había descubierto seis cajas que contenían documentos que nunca habían sido entregados a los abogados de Abu Jamal. Se les etiquetó como “Mumia” o “Abu-Jamal”. La defensa los recibió por primera vez en 2019.

Las cajas contenían pruebas físicas que sugerían que a uno de los testigos de la acusación le habían sobornado para que declarara, y que a otro testigo presencial del tiroteo le habían prometido indulgencia en sus causas penales en curso a cambio de su declaración.

Fueron las únicas pruebas que vinculaban a Abu Jamal con el asesinato de Faulkner.

Los tribunales británicos aprueban la deportación de emigrantes a Ruanda

En abril de este año el gobierno británico presentó su plan para trasladar a los inmigrantes ilegales a Ruanda, a unos 6.400 kilómetros de sus costas. En virtud del acuerdo, Ruanda tramitará las solicitudes de asilo de los inmigrantes ilegales en el Reino Unido y, si se aprueban, podrán establecerse e integrarse en Ruanda.

En virtud del acuerdo, Gran Bretaña ha pagado a Ruanda 146 millones de dólares, aunque la cantidad se ampliará a medida que aumente el número de personas deportadas al país africano.

Fue una de las medidas más controvertidas de la política migratoria de Boris Johnson. El programa fue cuestionado por organizaciones que denunciaron su ilegalidad y el incumplimiento del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Ante el aluvión de recursos recibidos contra las deportaciones, el primer ministro Johnson amenazó con sacar a Reino Unido de la Convención Europea de Derechos Humanos.

Varios meses después, los tribunales británicos se han pronunciado en un sentido muy diferente. El Tribunal Superior de Londres anunció ayer que el plan de deportar a Ruanda a inmigrantes solicitantes de asilo es legal.

La respuesta de la justicia británica se ha producido tras las demandas emprendidas por varios solicitantes de asilo y un sindicato de funcionarios de fronteras. El proyecto también se enfrentó a un desafío del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La legalidad de la estrategia también fue impugnada posteriormente mediante una revisión judicial en el Tribunal Superior de Londres.

El año pasado unas 28.500 personas cruzaron el Canal de la Mancha en pequeñas lanchas.

Los Estados bálticos exigen a los rusos que renieguen de su propio país

Un grupo de guardias fronterizos ucranianos ha llegado a Estonia para realizar una tarea especial. Tendrán que identificar a los “malos” ciudadanos rusos que quieran visitar el país. Los países bálticos también han introducido normas de control “comodín” con investigaciones especiales para quienes entran desde Rusia y otros métodos. Además, estas medidas afectan incluso a sus propios ciudadanos procedentes de Rusia.

Mucho antes de que los países bálticos prohibieran la entrada de la mayoría de los rusos el pasado mes de septiembre, se les pedía que “denunciaran” a su propio Estado y firmaran varios documentos al entrar en el país. Este tipo de incidentes se han producido recientemente con diferentes perfiles de personas: desde camioneros corrientes hasta personalidades conocidas.

El 22 de julio se aplicó un procedimiento de este tipo al director de la Unión Rusa de Aseguradores de Automóviles, Igor Jurgens. También es director del Instituto para el Desarrollo Contemporáneo (INSOR). Jurgens es una persona muy conocida en Letonia. En Riga, se dirigía al Foro del Báltico, donde es copresidente del Consejo de Supervisión y uno de los organizadores del evento, que se celebra desde hace más de veinte años. Es uno de los alemanes bálticos rusificados. En 2011-2016, junto con el político letón Janis Urbanovich y el periodista Juris Paiders, Jurgens escribió la obra en cuatro volúmenes “Borradores del futuro”, que explora la historia de Letonia en el contexto de la URSS.

Sin embargo, esta vez a Jurgens le denegaron la entrada a la República de Letonia. “Me entregaron un documento en el que debía condenar a los gobiernos de Rusia y Bielorrusia por sus acciones en Ucrania. Me negué. Me dieron una nota diciendo que soy una amenaza para la seguridad nacional en Letonia. Eso puso fin al diálogo”, dijo. Añadió que simplemente no podía firmar ese documento. “¿No soy ruso o qué?” El hombre estaba profundamente indignado. “Duró cuatro horas y luego me deportaron. Volví a Bielorrusia y luego a Moscú”, dijo.

La introducción de un cuestionario para los rusos sobre su actitud ante los acontecimientos en Ucrania corresponde perfectamente a la reciente petición de Kiev. Oleksiy Makeev, representante especial del Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano para las sanciones, pidió a la Unión Europea que introdujera un cuestionario especial para los ciudadanos rusos. Este documento determinaría no sólo si apoyan las acciones de Moscú, sino también “si esta persona o sus familiares han cometido crímenes de guerra” y “si el solicitante siente alguna responsabilidad por la guerra”. Una vez completados y firmados por los rusos, es posible que estos cuestionarios se hagan públicos.

Reaccionando a estas medidas, el politólogo Alexander Nosovich ironiza: “Los países bálticos han recordado su función de portadores europeos y están trabajando en Bruselas en la cuestión de la prohibición de los visados Schengen para los ciudadanos rusos. Estonia era el cabecilla. Por supuesto, Lituania apoyó con entusiasmo la medida. En el caso de Letonia, el primer intento fue prohibir la entrada al país a Igor Yurgens por negarse a firmar una declaración de condena de la política rusa. La idea de los Estados bálticos es que a partir de ahora todos los ciudadanos rusos tengan que firmar ese documento al entrar en la Unión Europea. Sólo entonces estos estados pueden hacer una excepción y emitir un “Schengen” humanitario.

Según Nosovich, los Estados bálticos esperan que las autoridades rusas actúen de forma represiva contra sus ciudadanos que han sido obligados a firmar documentos “condenatorios” al entrar en la Unión Europea.

Cuando los rusos opuestos al conflicto comenzaron su éxodo del país este año, Lituania se convirtió en uno de sus destinos. Sin embargo, esta afluencia de rusoparlantes -por no hablar de los 90.000 ciudadanos ucranianos que se instalaron en la República de Lituania también en 2022- empezó a preocupar a los nacionalistas locales. “Poco a poco hemos ido perdiendo el hábito del idioma, y ahora se oye con frecuencia el ruso cuando negociamos con ucranianos y bielorrusos. No podemos entendernos si no es en la lengua del antiguo ocupante”, se queja el diputado de Saeima Žygimantas Pavilionis.

La prensa señala que estos “visitantes” prefieren vivir en las grandes ciudades según los estándares lituanos: Vilnius, Klaipeda, Kaunas, Visaginas. Además, los nacionalistas están exasperados por la gran presencia y el lenguaje de estos “ocupantes”. En Vilnius y Kaunas funcionan clubes juveniles, cuya entrada está cerrada a los rusoparlantes, y el publicista Antanas Sakalauskas explica: “No se nos permite comprobar los pasaportes, simplemente decimos a estos invitados que no son bienvenidos. Entre ellos puede haber refugiados ucranianos, opositores rusos y demócratas bielorrusos. Pero para nosotros, todos son hablantes nativos de la lengua de los ocupantes, así que las puertas están cerradas para ellos. Según él, también existe el temor del Departamento de Seguridad del Estado (DGB) de Lituania de que entre estas personas “que han venido en gran número” haya muchos espías rusos.

Recientemente Lituania anunció que negaría la entrada a los rusos que ocultaran su biografía. La jefa del Departamento de Migración de Lituania, Evelina Gudzinskaite, dijo que tras la entrada en vigor de las nuevas normas, los ciudadanos de ciertos países que lleguen a Lituania tendrán que responder a muchas preguntas. Dijo que “los rusos tendrán que rellenar cuestionarios adicionales sobre sus antecedentes, sus posibles vínculos con los servicios especiales, los servicios de seguridad del Estado y las fuerzas del orden”. Tendrán que responder a estas preguntas. Si no lo hacen, no se aceptará su solicitud de permiso de residencia o visado.

Respondiendo a la pregunta de por qué son necesarias estas nuevas normas, Evelina Gudzinskaite se justificó diciendo que “tarde o temprano nuestros servicios recibirán la información necesaria sobre el extranjero; pero se necesita mucho tiempo”. A partir de ahora, la verificación y aclaración de la información “sensible” será mucho más rápida.

Aparte de este punto, los funcionarios lituanos también están preocupados porque todavía tienen muchos rusos en su país. En particular, temen que si la persona es rica, podría financiar la preparación de una biografía “limpia” con la ayuda de especialistas. “Siempre habrá este tipo de amenazas, no hay solución para evitar que esto ocurra”, subraya Gudzinskaite. Según ella, para reducir el riesgo de que entren espías y personas “desleales” en Lituania, el gobierno está obligado a introducir “filtros” adicionales.

El 26 de noviembre, cinco guardias fronterizos ucranianos comenzaron a trabajar en la frontera oriental de Estonia, en los puestos de control de Narva y Luhamaa. Llegaron con la ayuda de la agencia europea de protección de fronteras Frontex. Según los informes, ayudan a sus colegas estonios, comparten su experiencia con ellos y participan en entrevistas mientras cruzan la frontera. “Nuestros guardias fronterizos, y los agentes de Frontex que les ayudan en la frontera oriental, se enfrentan a dificultades: todos los días, entre cientos de personas, tienen que distinguir entre los que realmente huyen de la guerra y los que no pueden venir a Estonia. Los guardias fronterizos ucranianos pueden ayudarnos con sus conocimientos e información”, dijo Egert Belichev, jefe del servicio de fronteras de Estonia.

En la propia Estonia, muchos reaccionaron a esta “innovación” con perplejidad o humor. Es el caso del periodista estonio Rodion Denisov: “Sabes, incluso me gusta la iniciativa de invitar a los ucranianos a la guardia de fronteras de Estonia. Propongo que sigamos con el mismo espíritu. Así que todas las instituciones estatales de Estonia deberían tener un subdirector ucraniano. Incluido el gobierno. Por cierto, podría pedir inmediatamente a nuestro Primer Ministro, Kaya Kallas, que alguien de allí le sustituya, por solidaridad… El idioma oficial puede que tampoco conozca las tradiciones locales. Nuestras leyes sólo se aplican a los locales. Por cierto, una pregunta: ¿por qué estos guardias fronterizos ucranianos no luchan en Ucrania, sino que se sientan aquí con nosotros? Me parece que están en condiciones de ser movilizados…”

En cuanto a Letonia, está actuando de la manera más radical. Allí, el Parlamento, el Seimas, apoyó en septiembre las enmiendas a la ley de inmigración. Modifican el procedimiento de expedición y prórroga del permiso de residencia temporal para los ciudadanos de Rusia y Bielorrusia. Han suspendido la posibilidad de prorrogar el permiso de residencia a los rusos y bielorrusos que hayan invertido en la economía o comprado bienes inmuebles en Letonia. Además, los ciudadanos rusos no pueden obtener visados de trabajo. Sin embargo, hay excepciones. En concreto, la posibilidad de expedir permisos de residencia temporales “por motivos de reagrupación familiar, protección internacional, intereses nacionales o consideraciones humanitarias”.

Además, se ha introducido la práctica de controles selectivos pero estrictos de los ciudadanos lituanos, letones y estonios que visitan Rusia. Cualquiera de ellos, al regresar de la Federación Rusa a su país de origen, debe esperar pasar unas horas desagradables hablando con representantes de su Estado. Esta es una situación con la que se encuentran algunos ciudadanos de los Estados bálticos, que regresan a casa desde Rusia. Todas sus pertenencias se examinan minuciosamente, hasta los paños sucios que había en las bolsas. Se fotografian los documentos y se interroga a las propias personas en profundidad: ¿por qué fue a Rusia, con quién se reunió y habló allí? ¿cuáles son los nombres y datos personales de sus relaciones rusas? ¿qué opina de las políticas de su gobierno, etc.?

Nikita Demyanov https://k-politika.ru/kak-pribaltika-delit-russkix-na-lyudej-raznogo-sorta/

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