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Estados Unidos borrará a los huthíes del listado de ‘organizaciones terroristas’ si desbloquean el Mar Rojo

Recientemente las operaciones navales de la coalición naval encabezada por Estados Unidos contra los huthíes se han extendido al Océano Índico, pero no les ha acompañado el éxito. No les queda otra que negociar un intercambio: Washington promete eliminar al movimiento Ansarollah de Yemen (los huthíes) de su listado de “organizaciones terroristas” a cambio de poner fin a los ataques contra los buques vinculados a Israel.

Ayer Tim Lenderking, enviado especial de Estados Unidos para Yemen, dijo a los periodistas en una conferencia de prensa que “estamos a favor de una solución diplomática. Sabemos que no hay una solución militar”.

Lenderking expuso su plan en Mascate, la capital de Omán, donde se llevan a cabo las negociaciones. Dijo que mantuvo conversaciones con el ministro de Asuntos Exteriores, Sayyid Badr Al-Busaidi, después de reunirse en Arabia saudí el día anterior con dirigentes huthíes.

“Discutimos medidas para asegurar la reducción de la tensión con los huthíes y renovar el enfoque en asegurar la paz para el pueblo yemení”, dijo a los periodistas.

Trump incluyó a los huthíes en la lista negra y, poco después de su toma de posesión en 2021, Biden los borró de ella con el pretexto de “facilitar los esfuerzos humanitarios en Yemen”. Luego no los volvió a incluir como “organización terrorista extranjera”, optando en cambio por la actual etiqueta de “terrorista internacional especialmente designado”.

Los huthíes fueron incluidos en la lista negra para justificar los bombardeos estadounidenses y británicos contra Yemen y con el pretexto de “proteger el transporte marítimo mundial”.

Ayer el dirigente de Ansarallah, Abdul Malik Al-Houthi, prometió continuar sus operaciones en solidaridad con Palestina: “Desde que comenzó la Operación Inundación de Al-Aqsa, apoyamos a [Palestina] con todo lo que podemos y nos esforzamos constantemente por desarrollar nuestras capacidades”.

“No comprometeremos nuestra posición sobre la cuestión palestina y no daremos marcha atrás en ella”, añadió, prometiendo seguir apoyando y “fortaleciendo la cooperación y mejorando el desempeño y la acción hasta la victoria prometida”.

Los ataques en el Mar Rojo son el resultado del colonialismo y la piratería occidentales

Desde la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña ha seguido siendo el socio menor del imperialismo estadounidense. La última campaña de bombardeos angloestadounidenses en Yemen no es una excepción.

La agresión británica hacia Yemen, sin embargo, es anterior a los objetivos estadounidenses. Tiene sus raíces en las prácticas gemelas de piratería y colonialismo sobre las que se construyó el Imperio Británico.

Las actitudes recíprocas de británicos y yemeníes hoy siguen marcadas por el legado de aquella violenta historia. Su sombra se cierne sobre las estrategias empleadas por el imperialismo occidental para librar la guerra marítima en nuestro tiempo. Las lecciones de esta historia guían la resistencia yemení contemporánea.

Al igual que sus homólogos estadounidenses, los dirigentes británicos pretenden justificar sus actuales bombardeos sobre Yemen por la necesidad de proteger el tráfico marítimo internacional contra elementos “deshonestos”, como el movimiento Ansarollah, conocido en los medios de comunicación como huthíes.

Los imperialistas presentan sus acciones bajo la cobertura del derecho internacional, la salvaguarda de la estabilidad mundial y la búsqueda de la prosperidad económica. Pero el largo proceso histórico de construcción del imperio se basó en comportamientos diametralmente opuestos.

En comparación con Estados Unidos, Gran Bretaña tiene una tradición más larga en la construcción de imperios. La riqueza y el poder de Gran Bretaña se basaron en la piratería. Hollywood ha hecho del Caribe el escenario más famoso de esta saga. En realidad, la influencia de la piratería en el orden político del Imperio Británico se extendió hasta las costas de la Península Arábiga y el subcontinente indio.

En el siglo XVII las incursiones marítimas de las florecientes potencias europeas, en particular los holandeses, los franceses y, sobre todo, los británicos, se convirtieron en un medio para saquear la riqueza española acumulada en el “Nuevo Mundo” mediante la expropiación de los nativos y la esclavitud de los africanos.

En aquel momento, la piratería británica iba desde el saqueo de la colonia española de Panamá por parte de Henry Morgan hasta la recuperación de los tesoros monetarios de las armadas hundidas por parte de William Phips.

Este último financió en parte la creación del Banco de Inglaterra. Los piratas fueron apoyados y celebrados por la corona británica. Se les llamaba afablemente “prospecdores” o “corsarios”. Los más ricos, como Morgan y Phips, fueron nombrados caballeros y obtuvieron cargos políticos.

En el siglo XVIII el poder marítimo británico eclipsó a su rival español y se expandió a escala mundial. Para consolidar el Imperio, fue esencial asegurar el comercio marítimo atlántico en lugar de perturbarlo.

Una serie de ordenanzas legales, incluida la Ley Prize de 1692 y la Ley de Piratería de 1700, regularon el saqueo marítimo y dictaminaron sobre su legalidad en los tribunales del almirantazgo. Como resultado, la piratería fue despojada gradualmente de su carácter patriótico, e incluso romántico.

Con el tiempo, la fuerza de la armada británica aumentó, mientras que el número de flotas piratas disminuyó. Estos dos fenómenos son dos caras de la misma moneda: la conquista colonial.

En este contexto de represión, muchos piratas abandonaron el Caribe para tomar rutas más lucrativas en Oriente, a lo largo del Mar Rojo, el Mar Arábigo y el Océano Índico.

Gran Bretaña aún no había sometido por completo a sus adversarios árabes y mogholes en la región. Por lo tanto, siempre que tuviera como objetivo barcos enemigos, la piratería era tolerada y, en algunos casos, alentada. La principal fuerza saqueadora de la India, sin embargo, permaneció en manos de la Compañía de las Indias Orientales, legalmente autorizada.

Hacia mediados del siglo XIX Gran Bretaña se convirtió en el imperio mundial de cabecera. Las rutas comerciales marítimas servían en gran medida a los intereses económicos británicos.

La piratería, como concepto y como práctica, se consideraba enteramente dentro del ámbito de lo ilegal e inmoral. La lucha contra la piratería era un medio no sólo de obtener ventajas económicas, sino también de afirmar el dominio británico sobre sus posesiones de ultramar, o de extender este dominio a nuevas regiones.

Una tradición de resistencia contra el colonialismo

Las rutas marítimas que unían a Gran Bretaña con su colonia más preciada, la India, estaban en el centro de aquella dominación. Los puertos a lo largo de estas rutas, desde Adén hasta la Costa Trucial (costa de la tregua, hoy Emiratos Árabes Unidos), adquirieron un valor estratégico.

Durante los siguientes 150 años, la guerra marítima británica en el Mar Rojo, a lo largo de la costa de Omán y a lo largo del Golfo buscó transformar estas regiones en el patio trasero colonial de Gran Bretaña.

En la costa occidental del Golfo, acertadamente apodada “costa de los piratas”, los británicos lograron, mediante una serie de campañas navales y tratados, someter y luego cooptar a las familias gobernantes árabes.

A mediados del siglo XX, estas potencias locales se transformaron en jeques clientes del imperialismo británico y luego estadounidense.

Por el contrario, los persistentes esfuerzos de Gran Bretaña por convertir a Yemen en una avanzada similar del imperio no tuvieron éxito. Un factor determinante fue la tradición radical de resistencia anticolonial que se desarrolló en Yemen y que culminó en la resistencia armada durante la era de liberación nacional posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Este legado sigue animando la actual resistencia yemení a la ocupación extranjera y la dominación occidental.

A principios del siglo XIX, Adén se convirtió en un objetivo codiciado por los británicos. Su ubicación es ideal para servir como estación de servicio para los barcos que navegan entre la metrópoli y la India.

En 1839 las fuerzas marítimas de la Compañía de las Indias Orientales ocuparon la ciudad portuaria con el pretexto de luchar contra la piratería.

La apertura del Canal de Suez en 1869 hizo que Adén fuera aún más indispensable. Gran parte del comercio marítimo entre Europa y Asia Oriental se desvió del Cabo de Buena Esperanza al Mar Rojo. Adén estaba situada en la desembocadura del estrecho de Bab El Mandeb, la puerta de entrada al Canal de Suez.

Durante los siguientes 150 años, Gran Bretaña utilizó su arsenal de métodos coloniales, desde tácticas diplomáticas de división y dominación hasta la fuerza militar bruta, para mantener su control sobre Adén. Sin embargo, nunca logró extender su dominio al interior del país.

El resultado fue un desarrollo desigual y un orden político fragmentado en Yemen. Desde el principio, y a pesar de la típica colaboración de algunas élites locales, la resistencia yemení a la ocupación británica tuvo sus altibajos, pero nunca se detuvo.

Alcanzó su punto máximo en la década de los sesenta, dentro del desarrollo de la resistencia anticolonial al imperialismo occidental por parte de las poblaciones del Tercer Mundo.

Un legado subestimado

A diferencia de otras luchas de liberación nacional de renombre mundial, como las de Argelia, Vietnam o Cuba, el legado de liberación nacional de Yemen sigue siendo subestimado. Para algunos historiadores, Yemen es el Vietnam británico.

En 1963, el Frente de Liberación Nacional (FNL) del país lanzó una lucha armada con el apoyo de las poblaciones rurales de la región montañosa de Radfan. Los británicos clasificaron al FLN como organización terrorista y respondieron incendiando aldeas y participando en otros actos de violencia colectiva. Sin embargo, las campañas punitivas británicas no lograron debilitar la resistencia yemení.

Las fuerzas radicales de resistencia del sur de Yemen adoptaron una ideología marxista-leninista que imaginaba un futuro socialista para un Yemen liberado.

Su actitud intransigente hacia la ocupación británica resultó en una victoria espectacular en 1967.

Los intentos británicos de negociar un papel económico o militar en el Yemen posterior a la independencia, como Francia en Argelia, fueron de corta duración y en gran medida infructuosos, y los británicos pagaron más de 15 millones de dólares en compensación. Los dirigentes británicos guardaron un doloroso recuerdo de ello que hoy aún persiste.

El legado colonial de Gran Bretaña y su humillante derrota en Yemen no pasaron desapercibidos para el dirigente de Ansarollah, Abdel Malik Al Huthi (*). En un reciente discurso televisado, advirtió a Reino Unido contra cualquier ilusión de recolonizar Yemen. Tales delirios, afirmó, “son señales de una enfermedad mental cuya cura está en nuestras manos: los misiles balísticos que queman barcos en el mar”.

El hecho de que las acciones de los yemeníes estén motivadas por llamamientos a permitir que la ayuda humanitaria fluya hacia los palestinos y a poner fin al genocidio israelí en Gaza, marca un punto de inflexión revolucionario en la historia de la guerra marítima.

La piratería nunca ha sido un acto puramente privado, desvinculado del poder político o de la guerra estatal. Pero casi sin excepción ha implicado un elemento de bandidaje y beneficio personal.

Un ejemplo de ello es el aumento de las incursiones marítimas entre 2007 y 2009 en las costas de África oriental. Estas incursiones tuvieron una dimensión política. Se cree que están vinculadas al grupo militante somalí Al Shabab y se produjeron después de un largo período de agresión estadounidense contra el pueblo somalí.

Pero las incursiones también han dado lugar a demandas de rescate por la liberación de los buques comerciales objetivo. No hay pruebas de ninguna motivación monetaria en el caso de las operaciones de Ansarollah. Por el contrario, estas acciones se basan en objetivos políticos y humanitarios explícitos y hasta el momento no han provocado ninguna muerte civil.

Otra diferencia entre los casos de Somalia y Yemen es la reacción de los actores internacionales. En el primer caso, más de veinte estados enviaron fuerzas navales para contrarrestar las incursiones, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Francia, India, China y Rusia. Ese consenso falta hoy.

El cisma entre Estados Unidos y sus aliados occidentales, por un lado, y Rusia y China, por otro, significa que el resultado del enfrentamiento entre Estados Unidos y Reino Unido y los rebeldes de Yemen afectará el futuro de la guerra en alta mar.

En este choque asistimos a un cambio de roles. Los rebeldes actúan respetando la justicia y la voluntad de la población. Su resistencia militar va acompañada de manifestaciones pacíficas a gran escala.

En cambio, las autoproclamadas democracias de Reino Unido y Estados Unidos se comportan como imperios canallas, buscando violar el derecho internacional humanitario, en contra de los deseos de gran parte de sus poblaciones, que exigen un alto el fuego permanente.

Si hay que creer en la historia, el regreso de la piratería señala la ruina de los imperios mundiales. La gloria de Gran Bretaña quedó destrozada en las costas de Yemen durante la guerra de independencia de este país.

Hoy Estados Unidos libra su mayor batalla naval desde la Segunda Guerra Mundial en el Mar Rojo. ¿Marcará esta nueva batalla el declive irreversible del sucesor de Gran Bretaña al otro lado del Atlántico y la desaparición de su aliado colonizador en Palestina?

Hicham Safieddin https://www.middleeasteye.net/opinion/red-sea-attacks-yemeni-resistance-spell-end-western-empires-will

(*) Abdel Malik Al Huthi es el hermano del fundador de Ansarollah, Hussein, asesinado en 2004.

En Washinton están sorprendidos por la fuerza militar de los huthíes

Seis semanas después del inicio de una guerra no declarada en Yemen, los ataques estadounidenses y británicos no han afectado a la potencia de fuego de los huthíes, según reconoce el Pentágono.

Estados Unidos ha quedado fatalmente sorprendido por la experiencia y la destreza militar de los huthíes. En Washinton tenían una comprensión errónea del avance de sus sistemas de armas.

El 11 de enero, sin la aprobación del Congreso, Biden ordenó la primera ronda de bombardeos contra Yemen. La Casa Blanca dijo que el ataque tenía como objetivo obligar a los huthíes a detener los ataques a barcos vinculados a Israel.

Después los bombardeos se han repetido casi todos los días, pero no han tenido el efecto deseado, ya que Ansarollah ha ampliado sus objetivos a barcos vinculados a Estados Unidos y Reino Unido. La semana pasada, misiles disparados desde Yemen alcanzaron varios barcos frente a las costas de Yemen. Uno de ellos fue hundido y otro sufrió daños importantes y goteaba aceite.

Los ataques recientes han incluido el uso por parte de Ansarollah de nuevos sistemas de armas, incluidos drones navales. Las potencia militar de los huthíes sigue sorprendiendo a la Casa Blanca y el Pentágono ignora el alcance de los arsenales de armas en su poder.

“Nos siguen sorprendiendo. No tenemos una buena idea de lo que todavía tienen”, dijo un funcionario de defensa a la CNN. Los militares confiesan que no pueden evaluar si los cientos de bombas estadounidenses lanzadas sobre Yemen han tenido algún impacto en la potencia militares de los huthíes.

En la Casa Blanca algunos confiesan en voz baja que la mejor manera de poner fin al bloqueo del Mar Rojo es poner fin a la Guerra de Gaza. Creen que los huthíes dejarán de atacar a los barcos tan pronto como en Gaza termine la agresión israelí.

De repente el mundo ha descubierto a los huthíes

El 19 de noviembre la irrupción de los huthíes en el escenario internacional causó un verdadero estupor, sobre todo porque los “expertos” aún no tenían preparada una explicación para el consumo de las cadenas de la televisión. Aquel día los huthíes grabaron su asalto al buque Galaxy Leader. Era propaganda armada. Ahora el mundo habla de ellos.

La Guerra de Yemen ha pasado de su dimensión estrictamente local a otra internacional. Las acciones de Ansarollah (“Los Seguidores de Dios”) obstaculizan el comercio internacional.

El antiguo nombre de Yemen es “Arabia Feliz”, un país estructurado en torno a clanes y federaciones tribales con fuertes tradiciones bélicas. Hasta 1990 estuvo dividido entre la República Árabe de Yemen (Yemen del norte) y la República Democrática Popular de Yemen (Yemen del sur). La unión de 1990 se rompió en 1994 con el deseo secesionista del sur contra el control de los del norte.

El presidente Alí Saleh reprimió violentamente a los secesionistas y se enfrentó a muchas tribus, incluidos los huthíes del Alto Yemen, cerca de la frontera con Arabia saudí.

El imán Hussein Badreddin El Huthi creó Ansarollah en 2004 y su asesinato desencadenó la revuelta en la región de Saada, que luego condujo a una guerra civil. Ansarollah no sólo se enfrentó al gobierno, sino también a la Hermandad Musulmana, a los secesionistas del sur y a los yihadistas de Al Qaeda y el Califato Islámico.

Después llegó la intervención armada de Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos, Sudán, Jordania, Qatar y Egipto. Durante su avance hacia la capital, Sanaa, Ansarollah mezcló unidades nasseristas y baasistas en su interior.

Como tantas otras organizaciones regionales, cuyo origen es religioso, Ansarollah adquirió un carácter nacional o nacionalista. Badreddin, su fundador, estudió en Sudán con Hassan Al-Tourabi (1932-2016), un teórico de un nacionalismo revolucionario, a la vez panárabe y panislamista.

Ansarollah formó alianzas con otros clanes, tribus y confederaciones consuetudinarias. En 1990 y 1991, Yemen apoyó al Irak de Saddam Hussein en la anexión de Kuwait.

También atrajeron la atención de la Libia de Gadafi y la ayuda logística de Pyongyang les llegó a través de un comerciante sirio cercano a Bashar Al-Assad. Algunas fuentes aseguran que los misiles y drones de guerra no son iraníes, sino norcoreanos.

Una rama del chiísmo: el zaidismo

Una parte importante de los yemeníes profesa el zaidismo, una rama poco conocida del islam chiíta. La ruptura entre los zaydis y otros chiítas se produjo entre los hijos del cuarto imán, Alí Zayn Al-Abidin (659-713).

Al mismo tiempo, los zaidíes se sienten bastante cercanos al sunnismo hasta el punto de que algunos los consideran la quinta escuela del islam sunita.

Hoy los huthíes siguen el modelo de Hezbollah. Su nuevo símbolo retoma el del movimiento libanés con otro color. Por lo tanto, su defensa de la causa palestina no debería sorprender.

Los huthíes están dispuestos a firmar la paz con Arabia saudí

La milicia huthí de Yemen está preparada para firmar la paz con Arabia saudí, dijo ayer Hussein Al Ezzi, viceministro de Asuntos Exteriores del gobierno que encabeza el movimiento, acusando a Estados Unidos de obstaculizar los esfuerzos para llegar a un acuerdo.

En declaraciones a los periodistas en Saná, Al Ezzi agradeció “especialmente” a Arabia saudí que se hubiera negado a participar en los ataques de Estados Unidos y Reino Unido contra Yemen, y agregó que la milicia quiere negociar la paz con Riad.

“Sanaa está lista para negociar la paz con Riad a pesar de los desafíos planteados por Estados Unidos y los grupos yemeníes asociados a él”, dijo Al Ezzi.

Desde el 12 de enero Estados Unidos y Reino Unido han llevado a cabo unos 300 ataques contra Yemen, afirmó el Viceministro, amenazando con hacer pagar a Estados Unidos un alto precio por esos ataques. “Estados Unidos es quien nos está atacando y no escapará a las represalias. Nunca permaneceremos en silencio ante una agresión contra nuestr país y no tendrá ningún impacto en nuestra posición sobre Gaza y Palestina”.

Desde noviembre, los huthíes se han apoderado de un buque comercial y han lanzado decenas de misiles y drones contra buques civiles y militares en el Mar Rojo. Al Ezzi aseguró que las milicias, en apoyo a Palestina, sólo atacaban a los barcos vinculados a Israel o a los que viajaban al país.

Los buques militares y comerciales de Estados Unidos y Reino Unido fueron añadidos a la lista de objetivos de la milicia después de que ambos países lanzaran ataques contra Yemen, añadió.

Los medios huthíes y yemeníes en la provincia occidental de Hodeidah, controlada por la milicia, informaron de explosiones el domingo por la noche, cuando aviones atacaron objetivos en los distritos de Ras Isa, Al Zaydiyah y Al-Hawak. Ayer por la tarde el canal de televisión Al Masirah, dirigido por los huthíes, afirmó que fuerzas estadounidenses y británicas habían llevado a cabo ataques en la zona de Al Kathib, en Hodeidah.

Mientras, el gobierno reconocido internacionalmente de Yemen cree que las presiones de la ONU para poner fin a su ofensiva sobre la ciudad de Hodeida en 2018 están detrás de la escalada de ataques de los houthíes en el mar Rojo desde el año pasado.

El domingo el ministro de Información yemení, Muammar Al Eryani, acusó a la ONU y a su antiguo enviado para Yemen, Martin Griffiths, de presionar al gobierno yemení para que detenga su ofensiva militar sobre la ciudad portuaria controlada por los huthíes y firme el Acuerdo de Estocolmo bajo los auspicios de la ONU.

Las tropas gubernamentales controlaban el aeropuerto de Hodeida, así como las entradas sur y este de la ciudad, y estaban sólo a unos pocos kilómetros del puerto de la ciudad antes de que la ONU exigiera el cese de la ofensiva, añadió.

En su momento, la ONU advirtió que en Hodeidah la guerra interrumpiría la entrega del 70 por cien de la ayuda humanitaria a Yemen y otros productos de primera necesidad a través del puerto de la ciudad.

“El mundo entero está pagando el precio de ignorar las advertencias del gobierno [yemení reconocido internacionalmente] sobre los peligros de permitir que el régimen iraní y sus aliados en la región, incluida la milicia huthí, controlen la ciudad de Hodeidah y sus puertos”, afirmó Al Eryani.

El gobierno yemení reconocido internacionalmente, como los medios de intoxicación occidentales, insisten en la dependencia de los huthíes con respecto a Irán, que incluso demostraría el “expansionismo” de Teherán en Oriente Medio.

Es una manera de obtener la ayuda de los imperialistas para impedir una revuelta que, a lo largo de ocho años, han sido incapaces de p<aralizar, ni siquiera con la intervención militar de Arabia saudí.

La historiadora Helen Lackner, especialista en Yemen, ha recordado recientemente que esa dependencia de los huthíes hacia Irán es falsa.

Una delegación huthí se reune en Moscú con el gobierno ruso

El jueves una delegación huthí se reunió en Moscú con el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Mijail Bogdanov. Ambas partes discutieron la «necesidad de intensificar los esfuerzos internacionales para ejercer presión sobre Estados Unidos e Israel para poner fin» a la guerra en la Franja de Gaza y «entregar ayuda humanitaria en lugar de militarizar el Mar Rojo».

Mientras, el volumen comercial que pasa por el Canal de Suez, que sufre los ataques de los huthíes en el Mar Rojo, ha caído un 42 por cien en los últimos dos meses, según la UNCTAD, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo.

“Estamos muy preocupados por los ataques a la navegación en el Mar Rojo, que están exacerbando las perturbaciones comerciales relacionadas con la geopolítica y el cambio climático”, dijo el jueves Jan Hoffmann, funcionario de la UNCTAD en el Mar Rojo, en una conferencia de prensa.

“Dado que los portacontenedores más grandes son principalmente los que ya no utilizan el Canal de Suez, la disminución en la cantidad de contenedores es aún más significativa”, señaló Hoffmann. El descenso del tránsito de buques cisterna es del 18 por cien, el de buques de carga a granel (cereales, carbón, etc.) del 6 por cien y el transporte de gas está paralizado.

Por su parte, la Unión Europea anunció el miércoles que el tráfico marítimo en el Mar Rojo había caído un 22 por cien en un mes, un descenso que debería ser más significativo en el futuro debido a la decisión de los armadores de tomar otra ruta marítima, que pasa por el Cabo de Buena Esperanza.

La danesa Maersk ha anunciado que dos barcos de su filial estadounidense MLL que transitaban por el estrecho de Bab El Mandeb habían regresado al mar Rojo tras unas explosiones en las proximidades. Inmediatamente indicó que sus barcos ya no navegarían por la región en lo sucesivo.

“Las interrupciones prolongadas en las principales rutas comerciales podrían afectar las cadenas de suministro mundiales, provocando retrasos en las entregas de bienes, aumento de costos y riesgo de inflación”, señala la UNCTAD, que expresa su preocupación por los precios mundiales de los alimentos.

Los huthíes planean atacar la base naval que Estados Unidos tiene en Yibuti

Los huthíes han elaborado una lista de objetivos militares que incluye bases estadounidenses en Arabia saudí, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Irak, Kuwait o Siria.

El movimiento ha publicado imágenes que muestran a sus tropas entrenando en un tanque T-80 de la era soviética, un cañón automático Zu-23-2 de la era soviética y un rifle antimaterial AM-50 Sayyad de fabricación iraní.

También ha difundido videos de combatientes huthíes practicando una incursión al estilo del 7 de octubre en una aldea israelí simulada, donde disparaban contra carteles de Netanyahu y simulaban el secuestro de hombres vestidos con atuendos ultraortodoxos.

Uno de los objetivos de los huthíes podría ser la base expedicionaria naval estadounidense Camp Lemonnier en Yibuti. Si bien la base ha recibido poca atención por parte de los representantes iraníes en el pasado, es uno de los objetivos más importantes de la región y está ubicada a sólo ochenta millas al otro lado del estrecho de Bab El Mandeb desde Yemen.

El sitio, que actúa como base principal de operaciones para el Comando de África de Estados Unidos (Africom) en el Cuerno de África y alberga aproximadamente a 4.000 soldados de Estados Unidos y países aliados, se ha utilizado para operaciones contra los huthíes durante años.

El movimiento también podría apuntar al cercano aeropuerto de Chabelley, donde el ejército ha operado drones Predator y Reaper desde que los trasladó de Lemonnier en 2013.

Los hutíes afirman que poseen un misil de propulsión líquida con un alcance de hasta 1.200 millas, por lo que una base estadounidense crítica a menos de 100 millas de distancia parece un objetivo fácil.

Además, la base no está construida para defenderse ni resistir ataques con drones o misiles que los huthíes probablemente estarían planeando.

Washington parece ser consciente de que los hutíes podrían atacar a Lemonnier en poco tiempo. Durante una entrevista, el primer ministro de Yibuti, Abdul Qadir Kamil Muhammad, dijo que a Estados Unidos se le permitió desplegar sistemas de defensa aérea Patriot en Camp Lemonnier para protegerse contra el ataque yemení, lo que indica que Estados Unidos está tratando de proteger su única base permanente en África.

Sin embargo, si algo mantiene a Yibuti a salvo de los ataques hutíes es el voraz apoyo del país a Palestina desde el 7 de octubre y mucho antes del ataque. En la entrevista, Muhammad también confirmó que Yibuti no permitirá que Estados Unidos despliegue lanzadores de misiles en el país ni que los utilice como base para operaciones contra los huthíes, ya que considera los ataques marítimos del movimiento “un alivio legítimo para los palestinos”.

El bloqueo naval del Mar Rojo es una rotunda victoria de los huthíes

Antes la resistencia palestina contaba con el apoyo de los gobiernos árabes, pero ahora no hay nada de eso. Sólo las organizaciones militantes están echando la carne en el asador. Entre ellas destacan los huthíes que, a primera vista engañan, sobre todo si los oponentes son grandes potencias imperialistas, como Estados Unidos o Reino Unido, que alardean de su fuerza naval.

Pueden parecer muy débiles militarmente, pero no es así. Estados Unidos, Reino Unido, Europa e Israel tienen mucho más que perder, lo cual es básico es un guerra moderna. Lo que cuenta no son las pérdidas propias sino las del adversario. ¿Cuántas bajas es capaz de digerir?

En octubre de 1983 Hezbollah logró matar a 305 soldados de ocupación estadounidenses y franceses. Para el Pentágono fue la mayor pérdida en un solo día desde la batalla de Iwo Jima en 1945.

En 2006 Hezbollah tuvo pérdidas mucho mayores que el ejército israelí, a pesar de lo cual no fue capaz de asumir sus propias bajas, lo que resultó en la retirada de las tropas sionistas de Líbano.

La guerra no la perdió el que tuvo más bajas, sino el que tuvo menos. Fue una derrota estratégica y táctica para Israel.

La ciudad israelí de Haifa está a sólo 32 kilómetros de la frontera libanesa. Es la tercera ciudad más grande de Israel, con una población de alrededor de 300.000 habitantes. Es el segundo puerto más grande de Israel en términos de tonelaje de carga, y la refinería de petróleo de Haifa (la más grande y una de las dos únicas en Israel) procesa más de 66 millones de barriles de petróleo crudo por año, o más de un millón de barriles por semana.

El puerto, y en particular la refinería, serían objetivos principales, y daños significativos, particularmente en la refinería, tendrían graves repercusiones en la economía israelí. Hezbollah puede sobrevivir sin un puerto marítimo, pero Israel no.

En el ataque de las fuerzas navales de Estados Unidos y Reino Unido contra los huthíes han recurrido a incursiones aéreas, así como al lanzamiento de unos 100 misiles de crucero, a un costo de más de un millón de dólares cada uno, con un balance paupérrimo: murieron cinco huthíes.

Estados Unidos y Reino Unido han exacerbado una situación que ya era volátil de por sí. En una guerra no hay nada peor que buscarse nuevos enemigos a cada paso, y desde luego, un ataque fracasa si la situación no mejora la posición del atacante.

Después de los bombardeos estadounidenses y británicos, la Asociación Internacional de Propietarios Independientes de Petroleros (Intertanko), que representa casi el 70 por ciento de todos los petroleros, gasíferos y químicos que participan en el comercio internacional, dijo a sus miembros que se “mantuvieran a una distancia segura” del estrecho de Bab El Mandeb. Los barcos que viajan hacia el sur a través del Canal de Suez debían detenerse en el norte de Yemen.

La importante interrupción del tráfico de petroleros podría tener una influencia alcista en los precios del petróleo, ya que se produce justo después del anuncio de la empresa saudí Aramco de un recorte de 2 dólares por barril a partir de febrero.

Los huthíes no necesitan disparar contra los barcos. La mera amenaza de ataques con misiles ha sido suficiente para perturbar el tráfico marítimo del Mar Rojo y, de rebote, de casi todo el comercio internacional. Es la coalición entre Estados Unidos y Reino Unido la que ha llevado la situación a un nivel muy peligroso que interfiere el transporte marítimo, incluido el tráfico de buques cisterna.

5 muertos en los bombardeos de represalia contra los huthíes

Esta madrugada Estados Unidos y Reino Unido bombardearon a los huthíes en Yemen, tras semanas de ataques de las milicias contra el tráfico marítimo en el Mar Rojo, en solidaridad con los palestinos de Gaza.

En los ataques Estados Unidos y Reino Unido utilizaron aviones de combate Tomahawk y misiles. Londres dijo que desplegó cuatro aviones de combate Typhoon FGR4 para atacar los sitios de lanzamiento de drones de Bani y Abbs.

Las incursiones aéreas han matado al menos a cinco personas e herido a otras seis, según el general Yahya Saree, portavoz militar huthí. “El enemigo estadounidense y británico tiene toda la responsabilidad por su agresión criminal contra el pueblo yemení, y esta agresión no quedará sin respuesta ni castigo”, dijo Saree.

Saree enumeró incursiones que tuvieron como objetivo instalaciones militares en la capital, Saná, y en las provincias de Hodeidah, Taiz, Hajjah y Saada, todas ellas controladas por los huthíes. No especificó los objetivos de los ataques. “Esta agresión […] no quedará sin respuesta”, advirtió el portavoz huthí.

“Estados Unidos y Reino Unido deben prepararse para pagar un alto precio y soportar las graves consecuencias de esta agresión”, respondió el viceministro de Asuntos Exteriores huthí, Hussein Al-Ezzi.

Irán, por su parte, condenó una “acción arbitraria” y una “violación flagrante de la soberanía” de Yemen. Cientos de manifestantes se reunieron después de las oraciones del viernes en Teherán en apoyo a Yemen y a los palestinos en Gaza.

Erdogan denunció una respuesta desproporcionada. “Estados Unidos e Israel están utilizando esta misma fuerza desproporcionada contra los palestinos y los británicos están siguiendo los pasos de Estados Unidos”, fustigó.

La operación reavivó los temores de una extensión de la guerra entre Israel y la resistencia palestina, que hace estragos en Gaza, y muchos países de la zona piden un alto el fuego.

En una declaración conjunta, Washington, Londres y ocho de sus aliados subrayaron que su objetivo era la desescalada en el Mar Rojo. La operación se llevó a cabo con éxito en “respuesta directa a los ataques sin precedentes de los huthíes contra barcos internacionales en el Mar Rojo”, afirmó Biden, refiriéndose a una acción “defensiva” para proteger el comercio internacional.

En el bando occidental, la OTAN pidió a los huthíes que detuvieran sus ataques después de los “ataques defensivos”. Francia también “exigió” el fin de los ataques. Culpando a los huthíes de ignorar “las repetidas advertencias de la comunidad internacional”, el primer ministro británico, Rishi Sunak, describió los ataques como “medidas limitadas, necesarias y proporcionadas en defensa propia”.

Rusia condenó los ataques como “ilegítimos desde el punto de vista del derecho internacional”. China, por su parte, instó a las partes interesadas “a actuar con moderación para evitar una escalada del conflicto”.

Estados Unidos ha desplegado buques de guerra y creó en diciembre una coalición internacional para proteger el tráfico marítimo en esta zona por la que pasa el 12 por cien del comercio internacional.

El martes los huthíes lanzaron e 18 drones y tres misiles que fueron derribados por tres destructores estadounidenses, un barco británico y aviones de combate desplegados desde el portaaviones estadounidense Dwight D. Eisenhower.

Entonces Blinken, de gira esta semana por Oriente Medio, les lanzó una advertencia y el Consejo de Seguridad de la ONU exigió el fin “inmediato” de sus ataques.

La respuesta estadounidense-británica se produjo después del disparo de los huthíes de un nuevo misil antibuque el jueves.

“Estos ataques selectivos son un mensaje claro [para indicar] que Estados Unidos y nuestros socios no tolerarán ataques contra nuestras tropas [y] no permitirán que actores hostiles pongan en peligro la libertad de navegación”, dijo Biden.

Los huthíes, que controlan alrededor de un tercio de Yemen, han llevado a cabo 27 ataques desde el 19 de noviembre cerca del estrecho de Bab El-Mandeb que separa la Península Arábiga de África, según el ejército estadounidense.

Esta mañana Arabia saudí ha dicho que sigue con “preocupación” los acontecimientos en el vecino Yemen y pidió moderación tras los ataques llevados a cabo por Estados Unidos y Gran Bretaña contra los huthíes.

Riad “sigue con gran preocupación las operaciones militares en el Mar Rojo y los ataques aéreos contra varios lugares” en Yemen, afirmó el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí en un comunicado, pidiendo “moderación y evitar la escalada”.

La declaración subraya “la importancia de mantener la seguridad y la estabilidad de la región del Mar Rojo, donde la libertad de navegación es crucial”.

Los ataques huthíes cambian las reglas del juego en Oriente Medio

Las potencias occidentales han confirmado a las empresas navieras que deben seguir esperando ataques huthíes a los barcos que transitan por el Mar Rojo. Las advertencias reflejan la delicada situación que enfrenta Estados Unidos, que intenta presionar a los huthíes para que sus ataques cesen.

Un destructor de la Marina estadounidense fue atacado después de derribar tres drones disparados desde las zonas Yemen controladas por los huthíes.

La última vez que Estados Unidos inició abiertamente una acción militar contra los huthíes fue en 2016, cuando lanzó misiles de crucero Tomahawk contra los radares costeros huthíes después de un ataque.

Estados Unidos es reacio a lanzar ataques contra los huthíes. Se siente mucho más cómodo usando la fuerza contra representantes iraníes en Irak y Siria que en Yemen.

La guerra civil en Yemen comenzó en 2014, cuando los huthíes tomaron la capital, Saná. Un año después, Arabia saudí encabezó una coalición de países árabes, incluido Emiratos Árabes Unidos, destinada a restaurar el gobierno reconocido internacionalmente.

La coalición lanzó miles de ataques aéreos contra Yemen, que no lograron desalojar a los huthíes y provocaron la muerte de cientos de miles de civiles y una importante crisis humanitaria. Los huthíes respondieron lanzando misiles y drones contra infraestructuras civiles en Arabia saudí y Emiratos.

El alto el fuego mediado por China expiró en octubre pasado, pero los combates siguen suspendidos en gran medida.

Las conversaciones para poner fin a la guerra cobraron impulso después de que Arabia saudí e Irán restablecieran sus vínculos en marzo. Luego, menos de un mes antes de que comenzaran los combates en Gaza, representantes huthíes hicieron una visita a Riad con el objetivo de negociar los detalles finales de una tregua a largo plazo.

El martes pasado el viceministro de Asuntos Exteriores huthí amenazó con cerrar el estrecho de Bab El Mandeb y dijo que las acciones huthíes continuarían hasta que terminara la agresión de Israel contra Gaza.

El 7 de noviembre el Wall Street Journal informó que Estados Unidos había pedido a Israel que no respondiera a los ataques con misiles y drones. Las fuerzas huthíes llevan semanas disparando drones y misiles balísticos contra Israel.

Estados Unidos ha pedido a Israel que permita que sea el ejército estadounidense el que responda a los huthíes, en lugar de arriesgarse a una respuesta israelí que podría ampliar la guerra, según el Wall Street Journal.

Los ataques huthíes se preparan desde hace meses

El lunes pasado la Casa Blanca eludió la pregunta sobre si un dron que se acercó al buque de guerra estadounidense en respuesta a las llamadas de socorro de mercantes el día anterior era un objetivo deliberado del ataque huthí.

Sin embargo, un diplomático occidental sugiere que habrían esperado infligir bajas estadounidenses en el ataque del 3 de noviembre, que pareció haberse preparado durante meses y demostró su capacidad para rastrear barcos en alta mar. “Los huthíes han reforzado sus fuerzas navales y tienen el equipamiento necesario para continuar. Estos ataques continuarán”, dijo el diplomático.

Desde el inicio de la guerra en Gaza, ha habido al menos 76 ataques contra las fuerzas estadounidenses en Irak y Siria. Aunque los ataques cesaron durante la tregua temporal con Israel, se reanudaron cuando acabó el 1 de diciembre.

Incluso en plena guerra en Gaza, Estados Unidos continúa conversaciones entre bastidores en Omán, como ya informamos en una entrada anterior.

El 3 de noviembre Estados Unidos aseguró que había matado al menos a cinco combatientes en Irak mientras se preparaban para lanzar un ataque con drones contra una base estadounidense en Siria.

Los ataques huthíes cuentan con un enorme apoyo popular en Yemen

Estados Unidos borró a los huthíes de la lista estadounidense de “organizaciones terroristas” y congeló la venta de algunas armas ofensivas a Riad en respuesta a su campaña de bombardeos en Yemen.

La respuesta huthí desde el inicio de la guerra en Gaza ha sido calurosamente acogida en Yemen. Las acciones huthíes son extremadamente populares. Han interrumpido un comercio por valor de 2.000 millones de dólares y obligado a Israel a desviar sus barcos del Mar Rojo. Han atacado uno de los engranajes de la hegemonía estadounidense en la región: proteger las líneas de comunicación marítimas. Si no se puede garantizar la libertad de movimiento en los mares, su credibilidad se ve afectada.

El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, sugirió que el enfoque inmediato de Washington ahora era defenderse contra futuros ataques, en lugar de atacar las posiciones huthíes en Yemen.

Añadió que Estados Unidos estaba en conversaciones con sus sicarios para establecer un grupo de trabajo naval para proteger los barcos que cruzan el Mar Rojo. Estados Unidos también envió a Timothy Lenderking, su enviado para Yemen, al Golfo la semana pasada para discutir la seguridad marítima.

Sullivan pidió ayuda internacional para hacer frente a los ataques, diciendo que los tres barcos atacados por los huthíes no estaban necesariamente vinculados a Israel, sino a unos 15 países.

El lunes pasado se llevaron a cabo cuatro ataques con drones contra cinco instalaciones militares huthíes en Saná. Los medios sauditas culpan del ataque a Israel. Si Estados Unidos e Israel actuaran, lo harían de forma encubierta. Las pequeñas embarcaciones huthíes, su limitada flota de helicópteros y sus instalaciones de almacenamiento de drones serían los principales objetivos.

Pero es poco probable que los ataques de represalia contra los huthíes disuadan al movimiento.

Estados Unidos y Reino Unido se preparan para atacar a los huthíes

El ejército británico se está preparando para lanzar una ola de ataques aéreos contra los hutíes, lo que plantea una importante escalada de la guerra en Oriente Medio, anuncia el diario The Times (*).

Reino Unido se unirá a Estados Unidos y posiblemente a otro país europeo para lanzar una salva de misiles contra objetivos previamente planificados, ya sea en el mar o en el propio Yemen, donde tienen su base los rebeldes.

Los ataques coordinados podrían involucrar aviones de combate de la RAF o el HMS Diamond, un destructor que destruyó con éxito un dron de ataque con un misil Sea Viper en el Mar Rojo este mes.

Junto con otros países, Estados Unidos y Reino Unido han publicado una declaración advirtiendo a los huthíes que dejen de atacar mercantes o se tendrán que enfrentar a las tropas imperialistas.

Grant Shapps, el secretario británico de Defensa, dijo: “Si los hutíes continúan amenazando vidas y comercio, nos veremos obligados a tomar las medidas necesarias y apropiadas”.

La declaración de Estados Unidos y Reino Unido es la “última advertencia” y si los huthíes no detenían los ataques, la respuesta probablemente sería “limitada” pero “significativa”.

Actualmente los aliados están tratando de persuadir a otros países europeos para que trabajen con ellos para detener los ataques, en medio del temor de que pueda haber implicaciones económicas desastrosas si el transporte marítimo que transita por una de las rutas comerciales marítimas más importantes del mundo continúa interrumpido.

Reino Unido tiene aviones aviones Typhoon estacionados en la base militar que tiene la RAF en Akrotiri, en Chipre, que se suponía que llevaban a cabo misiones en Irak y Siria. Sin embargo, lo que hacen realmente es espiar a Hezbollah y la milicia irakí Hashd Al Shaabi.

Tom Sharpe, antiguo comandante de la Marina Real, dijo que si los huthíes quisieran atacar “masas de barcos” en el Mar Rojo, la fuerza encabezada por Estados Unidos necesitaría ser mucho mayor para garantizar el paso de los mercantes por el Mar Rojo. “Incluso entonces, no estaría garantizado. Si lo hicieran, estaríamos abrumados”, dijo.

Sharpe afirma que a los huthíes no les interesaba provocar una contraataque por parte de Estados Unidos. “Es mucho mejor mantenerlo por debajo del umbral y agotar lentamente nuestros recursos”.

Los detalles de los posibles ataques de represalia se produjeron cuando el ejército estadounidense dijo que había derribado dos misiles balísticos antibuque disparados contra un buque portacontenedores por rebeldes hutíes. Horas más tarde, cuatro barcos intentaron atacar el mismo barco, pero las fuerzas estadounidenses abrieron fuego, hundiendo tres de los barcos y matando a varias tripulaciones armadas. Un cuarto barco escapó.

El ejército estadounidense dijo que el incidente marcó el ataque número 23 de la milicia yemení contra el transporte marítimo internacional desde el 19 de noviembre. Es la acción más decisiva adoptada por Estados Unidos desde que la milicia afirmó haberse unido a la Guerra de Gaza en apoyo a Hamas.

El domingo por la noche una portavoz de gobierno de Reino Unido dijo que estaban planificando una “variedad de escenarios”, pero que no se habían tomado decisiones. “La situación en el Mar Rojo es increíblemente grave y los ataques huthíes son inaceptables y desestabilizadores. Como era de esperar, si bien se está planificando una variedad de escenarios, aún no se ha tomado ninguna decisión y continuamos siguiendo todas las rutas diplomáticas”, añadió.

“Pedimos a los huthíes respaldados por Irán que cesen estos ataques ilegales y estamos trabajando con aliados y socios para proteger la libertad de navegación”, concluyó.

(*) https://www.thetimes.co.uk/article/a162189f-f1ac-4aad-9196-2274eafc55c1

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