En los años noventa la Guerra de los Balcanes destruyó Yugoeslvia, uno de los faros del movimiento de países no alineados. Pero a la OTAN eso no le resultó suficiente. Creó la ficción de un nuevo estado de Kosovo y las humillaciones contra Serbia han continuado como pocas veces se ha visto en los últimos tiempos.
El gobierno de Belgrado intentó seguir con su política tradicional, bajo el nombre de “alineación múltiple”, que le permitió equilibrar sus relaciones entre Oriente y Occidente. Ahora esa política ha entrado en una fase cada vez menos equidistante. Los acontecimientos de las últimas semanas muestran que Serbia se aleja de Moscú cada vez más.