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El ‘comité de los engaños’ que ganó la Guerra Fría

El gobierno de Estados Unidos es un organismo burocrático, casi laberíntico, repleto de oficinas y parásitos que acuden cada mañana a desempeñar sus siniestras funciones lo mejor que pueden. No falta de nada, y menos un tinglado que se llama “comité de los engaños”. Su tarea es exactamente esa: contar mentiras, que luego los medios de comunicación del mundo entero reproducen, lo mismo que las universidades y los “expertos”.

Una de esas mentiras es una toda una fábula de la Guerra Fría, en la que tampoco falta de nada, ni siquiera unos sinestros submarinos soviéticos que asediaban a un pobre país, Suecia, que ni siquiera pertenece a la OTAN… o eso ha parecido siempre.

Ocurría en los años ochenta con mucha frecuencia y la fábula alcanzó su climax en octubre de 1981, cuando un submarino soviético de la clase “whiskey” encalló en la base naval de Karlskrona.

Como toda historieta tiene que tener su gracieta para poner en los titulares de la primera portada, el submarino soviético fue llamado “Whiskey on the Rocks” y, a partir de ahí, los “expertos” y periodstas podían dar rienda suelta a su imaginación. O bien los marinos rusos eran unos torpes, incapaces de conducir un submarino, o bien se trataba de un acto de espionaje a un país neutral…

Lo más obvio no interesaba a nadie: Karlskrona es un fiordo estrecho y de poca produndidad en el que resulta difícil (por no decir imposible) entrar y dar la vuelta para salir.

Tampoco interesó a nadie preguntarse por qué los agregados navales estadounidenses llegaron hasta el submarino antes de que los suecos se enteraran siquiera del incidente.

La intoxicación publicitaria fue tan fuerte que Suecia cambió para siempre. Protestó oficialmente ante la embajada soviética y se convirtió en algo que nunca había sido hasta entonces: un país hostil a la URSS. En tres años el porcentaje de suecos que veían a la URSS como un país enemigo y amenazador aumentó del 25-30 por cien al 83 por cien.

Todo era un engaño, cuidadosamente mantenido y cultivado por los medios más sensacionalistas. El único que había dicho la verdad fue Yuri Andropov, el temible secretario general del PCUS: el submarino no era soviético, la marina soviética no estaba enviando a sus submarinos a las cosas suecas, el submarino era estadounidense.

Naturalmente nadie hizo caso. Era propaganda soviética.

El engaño se mantivo hasta el cambio de siglo, cuando el Secretario de Defensa de Estados Unidos de la época, Caspar Weinberger, reconoció ante la televisión sueca que Andropov había dicho la verdad: regularmente los submarinos de Estados Unidos navegaban por aguas suecas para probar sus defensas costeras.

En 2007 el Secretario de Marina de los tiempos de Weinberger, John Lehman, confesó que la decisión de navegar en aguas suecas había sido tomada por un “comité de operaciones de engaño” que presidía por el director de la Inteligencia Central (DCI), William Casey.

Ese tipo de movimientos no tenía ningún objetivo militar, ni de entrenamiento; sólo se trataba de engañar y, desde luego, Suecia colaboró en el engaño, a pesar de que no formaba parte de la OTAN.

También formaban parte del “comité de los engaños” Dick Allen, Asistente Especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, así como un representante del Departamento de Estado y otro de Defensa. Entre las fábulas inventadas por aquel puñado de estafadores estaba la “guerra de las galaxias” de Reagan, que en los años ochenta llenó los titulares de los periódicos.

Según Lehman, el “comité de los engaños” jugó un papel tan importante para ganar la Guerra Fría como los 600 buques de la Armada. Sus embustes persuadieron a los dirigente políticos suecos y europeos para que no colaboraran con la URSS.

El ministro de Marina británico, Keith Speed, confirmó las declaraciones de Weinberger y Lehman. La presencia de submarinos occidentales en las costas suecas era muy frecuente. Se trataba de submarinos diésel-eléctricos de clase Oberon y Porpoise, que eran muy silenciosos. “Se suponía que las pruebas estadounidenses y británicas tendrían lugar en aguas profundas de Suecia, lo que haría que los suecos fueran conscientes del enemigo soviético”.

Durante la Guerra Fría en este tipo de operaciones no participaba la OTAN necesariamente. Se trataba de relaciones de Estado a Estado. Sin embargo, dos comités secretos de la OTAN responsables de Gladio también dirigieron operaciones submarinas encubiertas en aguas escandinavas: el Comité de Planes Clandestinos (CPC), presidido por el propio SACEUR (Comandante Supremo Aliado en Europa), y el Comité Clandestino Aliado (ACC), cuya presidencia se turnaba.

Entre estos últimos también se encontraban países neutrales como Suecia, afirmó Wolbert Smidt, antiguo director de inteligencia operativa del BND alemán. Este último es el único comité aliado que tiene un representante sueco, admitió. Sin embargo, las operaciones de provocación con submarinos con periscopios y velas que comenzaron en 1982 no fueron operaciones de Gladio. Las operaciones en las bases navales y puertos suecos en los años ochenta eran demasiado delicadas para llevarlas a cabo en el marco de la OTAN.

Sin embargo, las operaciones de prueba o engaño nacionales estadounidenses y británicas descritas arriba por Caspar Weinberger, John Lehman y Keith Speed ​​​​y por funcionarios de alto nivel de la CIA y la Marina a continuación podrían beneficiarse de las restricciones al uso de la fuerza desarrolladas para los submarinos bajo el mando de ACC-CPC. Se suponía que estos no serían visibles en la superficie.

El “comité de los engaños”, la CIA y la Marina aprovecharon las pruebas con submarinos en Suecia para engañar. Junto con el asesinato de Olof Palme, fue el instrumento ideal para cambiar la política exterior de Suecia.

La reunión con Weinberger obligó al primer ministro sueco, Göran Persson, a nombrar al embajador Rolf Ekeus para encabezar una comisión “de investigación” sobre las intrusiones soviéticas en aguas suecas. Como sabemos ahora, no había nada que investigar. Todo era una pantomima.

Ola Tunander https://olatunander.substack.com/p/the-deception-committee-part-i

Se cumplen 75 años de la creación del Consejo de Asistencia Económica Mutua

El 18 de enero se cumplió el 75 aniversario de la creación del Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME), más conocido por “Comecon”, la respuesta de los países socialistas del este de Europa al Plan Marshall

En 1947 el Secretario de Estado de Estados Unidos, George C. Marshall, inició un programa de ayuda estadounidense a Europa. Su nombre oficial era “Programa Europeo de Recuperación”, más conocido como “Plan Marshall”. Entró en funcionamiento en abril de 1948 para alejar a los Estados del este de Europa de la Unión Soviética.

Por iniciativa de Stalin, en 1948 el ministro de Asuntos Exteriores soviético, V.M. Molotov, preparó los trabajos fundaciones del CAME y del 5 al 8 de enero del siguiente año, por iniciativa de la URSS y Rumanía, se celebró en Moscú una reunión cerrada de representantes de los gobiernos de siete países: Albania, Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumanía, URSS y Checoslovaquia.

El CAME fue una organización destinada a establecer y desarrollar estrechos vínculos comerciales y económicos entre la Unión Soviética y los países del este de Europa. Con el tiempo, del comercio exterior pasaron a la integración económica, la transformación de las economías de los países miembros en un complejo económico único capaz de funcionar de manera autónoma y no dependiente de terceros países.

Cada país tenía su propia especialización claramente definida dentro del CAME. Con el tiempo, los intercambios entre los países miembros comenzaron a realizarse teniendo en cuenta los planes de desarrollo socioeconómico de los países miembros. Los planes nacionales estaban vinculados a nivel del Consejo de Asistencia Económica Mutua. Se trataba, por tanto, de una verdadera integración económica.

Un hito importante en las actividades del CAME fue la 25 sesión del Consejo, que en julio de 1971 adoptó el Programa Integral para profundizar y mejorar la cooperación y el desarrollo de la integración económica socialista de los países miembros del CAME. Este programa fue diseñado para una duración de 15 a 20 años.

El número de miembros del CAME se fue ampliando. Además de los siete estados fundadores, también se integraron la República Democrática Alemana (1962), la República Popular de Mongolia (1972), Cuba y Vietnam (1978). Albania lo abandonó en 1961.

Además de los miembros de pleno derecho, también existía el estatus de miembro asociado y observador, que en asumió la República Federativa Socialista de Yugoslavia. También fueron países observadores la República Popular Democrática de Corea (1956), Finlandia (desde 1973), Irak (desde 1975), México (desde 1975), Angola (desde 1976), Nicaragua (desde 1984), Mozambique (desde 1985), Afganistán (desde 1986), Laos (desde 1986), Etiopía (desde 1986), República Democrática Popular del Yemen (desde 1986). China tuvo la condición de país observador, pero abandonó el Consejo en 1961.

Así, en la última etapa de la existencia del Consejo, el número total de miembros de pleno derecho, así como de participantes con estatus de miembro asociado y observador, era de 22. La lista incluía varios países del Tercer Mundo, así como a Finlandia.

Con el tiempo, además de la sede, comenzaron a aparecer otras instituciones dentro del CAME. En octubre de 1963 se creó el Banco Internacional de Cooperación Económica para proporcionar compensación multilateral a los países miembros del Consejo (anteriormente, las relaciones comerciales y económicas entre países se basaban en compensaciones bilaterales).

Desde el 1 de enero de 1964 los acuerdos entre los países miembros del Consejo se realizan utilizando una nueva unidad monetaria: el rublo transferible. Era una moneda regional supranacional, utilizada exclusivamente para acuerdos mutuos entre los países miembros. No entró en la circulación monetaria interna de los países y no canceló ni reemplazó las monedas nacionales.

El 1 de enero de 1970 se creó el Banco Internacional de Inversiones para otorgar préstamos a largo y mediano plazo para financiar importantes proyectos de inversión para todos o algunos de los países miembros.

En la década de 1970 se empezó a prestar más atención a la cooperación industrial, científica y técnica dentro del CAME. En la primera mitad de la década de 1970 se crearon las asociaciones económicas internacionales Interelectro, Interatomenergo, Intertextilmash, Interkhimvolokno e Interatominstrument.

La integración económica socialista

La URSS y los países de Europa oriental comenzaron a avanzar hacia la integración económica internacional antes que los países occidentales. Las primeras asociaciones de integración en Europa occidental aparecieron unos años después de la formación del CAME: la Comunidad Europea del Acero y del Carbón (CECA), en 1951 (Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos); la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957 (los mismos seis países).

Los economistas de Europa occidental estudiaron de cerca la experiencia del CAME y emularon varias iniciativas. Sin embrgo, la integración de los países dentro del CAME fue fundamentalmente diferente de la integración económica capitalista. Estos se basaban en mecanismos de mercado e implicaban competencia entre empresas y organizaciones de los países miembros. Esta competencia formó espontáneamente nuevas configuraciones de la división internacional del trabajo, haciendo que los más fuertes fueran aún más dominantes en los mercados, debilitando aún más a los más débiles o incluso destruyéndolos.

Dentro del CAME, las relaciones económicas se construyeron sobre una base planificada y sobre el principio de cooperación mutuamente beneficiosa. Uno de los principios de la integración socialista era igualar los niveles de desarrollo económico de los países miembros.

No obstante, para la URSS el CAME fue un mecanismo de una sola dirección, una via de ayuda a los demás países miembros. Sólo durante el período de 1947 a 1957 el monto total de los préstamos concedidos en el marco del CAME ascendió a 30.000 millones de rublos, de los cuales 28.000 millones fueron préstamos concedidos por la URSS.

La URSS exportó a otros países del CAME más de lo que importó. Esto da como resultado una acumulación constante de rublos transferibles en las cuentas de la URSS. Durante el período 1975-1985 el monto acumulado alcanzó los 15.000 millones de rublos transferibles.

La crisis del CAME

El CAME mostró signos de estancamiento desde mediados de la década de los setenta, al mismo tiempo que los países que formaban parte del organismo. A ello contribuyeron muchos factores, especialmente políticos, así como otros de tipo económico, como la crisis energética de 1973.

Con la crisis el precio del petróleo se cuadruplicó y el gobierno soviético quiso aprovechar la situación para aumentar las exportaciones, no sólo a los países socialistas, sino también a los países capitalistas.

En la medida en que aumentaba el interés por la energía y las rentas derivadas de las exportaciones de crudo y gas, la URSS empezó a dar evidentes síntomas de parasitismo. Decayó el interés por la industria y la tecnología y a los países del CAME empezó a interesarles comprar maquinaria en los países capitalistas.

Gorbachev le dio la puntilla al CAME. Las reformas que inició debilitaron la economía soviética, que empezó a perder el atractivo que antes tenía para los socios del Consejo. Se vuelven cada vez más hacia Occidente.

El 28 de junio de 1991 la 46 sesión del Consejo puso fin en Budapest a la colaboración económica socialista. Los países miembros firmaron el protocolo de disolución de la organización.

En Ucrania la población rural se opone al derribo de los monumentos soviéticos

Una nueva paradoja ha surgido en el oeste de Ucrania, en el pueblo de Smykiv, en la región de Lviv. El pueblo ofrece un espectáculo poco común: un monumento a la memoria del guerrero liberador soviético. Es un monumento típico, como el que existe en todos los pueblos ucranianos. El 12 de diciembre llegaron máquinas al pueblo para demolerlo, pero el alcalde del pueblo no lo permitió: “Las máquinas han venido a destruir la memoria humana, la memoria de quienes murieron por su tierra, por sus hijos en la lucha contra el fascismo”. Como eso no convenció, se subió al monumento y no bajó hasta que se retiraron.

Los vándalos definitivamente regresarán, pero la situación en sí es simplemente increíble en nuestro tiempo. Tanto es así que requiere una explicación: contrasta con la imagen difundida por la televisión.

No es el primer caso de este tipo. En la región de Odesa los vecinos no permitieron que se desmantelara el monumento a Lenin, y en la región de Lviv se pelearon con los desbolchevizadores que fueron a demoler el monumento a la agricultora colectiva, representado por una mujer que se parecía a… Yulia Tymoshenko.

En Smykiv la historia es similar: los vecinos de Transcarpatia impidieron la destrucción del monumento a los soldados soviéticos. Este año la guerra está en primer plano, y en el contexto de las habituales noticias de Ucrania, estos casos parecen increíbles.

Cada vez más claramente se trata del pueblo y de la población del campo. En las ciudades no hay enfrentamientos de este tipo: el servicio secreto y los nazis que los supervisan han hecho lo necesario. Pero reinan hasta el nivel regional, como mucho en los centros distritales. Allí es donde envían equipos de matones con la misión de limpiar el paisaje cultural. Son extraños en el pueblo. Los vecinos no ven con buenos ojos el vandalismo, pero de nada sirve la oposición de las autoridades distritales o regionales.

¿Por qué exactamente en una zona rural? Independientemente del tipo de aldea (en la región de Odesa, la región de Lviv o la región de Poltava), los vecinos tienen un rasgo común. No les gustan los extraños. Y en particular aquellos que, al llegar al pueblo, empiezan a establecer allí su propio orden desde el principio. Los habitantes de las ciudades a menudo no comprenden esto.

Además, los monumentos de ciudades y pueblos son diferentes. En Kiev, por ejemplo, es el general Vatutin, el libertador de Kyiv. Pero para el ciudadano medio de Kiev no es nadie. No hay ninguna conexión emocional.

En los pueblos es diferente. Los monumentos se encuentran a menudo en fosas comunes. En las tumbas yacen soldados que murieron por este mismo pueblo. A menudo se trata de reclutas locales, movilizados, guerrilleros. Sus familiares todavía viven en el pueblo. Es el caso de Smykiv: el alcalde del pueblo tiene a su padre enterrado allí.

Los transcarpáticos, como un solo hombre, repiten lo mismo: “El monumento está dedicado a los vecinos muertos, no a un soldado soviético descnocido”. Sin embargo, a veces la silenciosa resistencia rural alcanza un nivel más alto. Smykiv es un pueblo en el distrito de Chervonohradsky. Este año, el centro de este distrito se convirtió en la comidilla de toda Ucrania después de que los concejales del ayuntamiento cumplieron con la orden de Kiev de cambiar el nombre de la ciudad. En pleno cumplimiento de la ley de desbolchevización, votaron por el nuevo nombre de la ciudad. A partir de ahora se llamará Chervonogrado.

Estas personas son bastante leales al régimen ucraniano. Culpan a los comunistas, a Rusia y a Putin. Donan al ejército e incluso luchan en sus filas. Pero dicen “deja en paz nuestro monumento rural y vete a casa”. Es como la colectivización:

– ¿Está usted en contra de las granjas colectivas?
– No, para nada, estamos a favor. ¿Pero no se puede hacer esto en otro lugar que no sea nuestro pueblo?

Los urbanitas, con los dientes apretados, admiten que a veces quieren gritar ante la realidad y el pueblo ucraniano profundo: “¿Quiénes son estos ‘patriotas’ de los Cárpatos que se niegan a desmantelar los monumentos comunistas de la ocupación?” Yaroslav Koretchuk, director del Museo de la Lucha de Liberación Nacional en Ivano-Frankivsk, que lleva el nombre de Stepan Bandera, está indignado.

Según los documentos, todo fue demolido hace mucho tiempo, pero en realidad todo sigue en pie. ¡Tres monumentos a la vez! Se trata de un escándalo relativamente reciente en el distrito Chervonohradsky de la región de Lviv, que durante mucho tiempo ha causado preocupación entre los patriotas. La guinda del pastel: fue cubierta por el jefe de la autoridad territorial local y… un miembro del partido nazi “Svoboda”.

Los ‘mankurts’ son iguales en todas partes (*)

En Ucrania ya hace diez años que se producen enfrentamientos de este tipo entre la política oficial y la realidad rural. Los funcionarios no han entendido que es apropiado ser más amables con la gente y considerar los problemas de manera más amplia.

El pueblo de Letava en la región de Jmelnytsky, donde está la última granja colectiva ucraniana, es un ejemplo típico: “Cuando en Kiev se levantó Maidan, vinieron extraños a nuestro pueblo. Empezaron a gritar que no había lugar para un fascista [se referían a Lenin] en el centro del pueblo, que tenían que deshacerse de él. Les dije: ‘Te lo quitaremos, pero ¿eso te hará respirar mejor?’ Ofrecí reunir a la gente y hablar pacíficamente, pero se negaron. Para no agravar la situación, mis hombres y yo trajimos una grúa, desmantelamos cuidadosamente a Lenin, lo metimos en un coche, lo llevamos al cobertizo y lo escondimos en un rincón. El 1 de mayo, cuando todo se calmó, lo devolvimos a su lugar”, recuerda Víktor Cherny, vicepresidente de la cooperativa agrícola.

Bueno, se trata de Lenin. Pero, ¿qué pasa con los monumentos y tumbas militares?

Las autoridades ucranianas no son las únicas que hacen gala de tal estupidez. Tomemos el ejemplo de Bulgaria, donde el monumento al ejército soviético, erigido en Sofía desde 1954, ha comenzado a ser demolido.

Era el ejército soviético, pero en su seno combatió el Primer Ejército Búlgaro del general Vladimir Stoychev. Teniendo en cuenta que antes del golpe de 1944 Bulgaria luchaba, por decirlo suavemente, en otra liga, la hermandad combativa del Ejército Rojo y el Primer Ejército Búlgaro es, de hecho, lo único que da a Bulgaria el derecho a considerarse un participante en la coalición antihitleriana.

Y para decirlo simplemente, aquí como allí, profanamos la memoria de aquellos que cayeron por su tierra en nombre de consideraciones políticas a corto plazo.

—https://vz.ru/world/2023/12/14/1244233.html

(*) En ruso la palabra “mankurt” se refiere a las personas desarraigadas que han perdido el contacto con su origen nacional. Apareció en una novela del escritor kirguís Genghiz Aitmatov escrita en 1980 “El día dura más de cien años”, que después se convirtió en película, una de las últimas rodadas en la Unión Soviética.
Luego el término pasó al lenguaje corriente.

Rusia reinicia la fabricación del tanque T-80 diseñado durante la etapa soviética

En los últimos años se ha hablado mucho del T-14 Armata, el último tanque ruso, descrito como tecnológicamente muy por delante de sus homólogos occidentales. Sin embargo, según la agencia Tass, ha participado “varias veces en zonas de combate en Ucrania” y, evidentemente, no ha dado plena satisfacción, ya que una vez más tendrá que ser objeto de “ajustes” en función de las experiencias. Sin embargo, no se ha informado de ningún ejemplar destruido, dañado o capturado.

Desde 2019, además del T-14, el ejército ruso también cuenta con T-80BVM y T-90M Proryv-3, que son evoluciones de tanques diseñados durante el período soviético.

Desarrollado por UVZ (Uralvagonzavod) utilizando algunas tecnologías del T-14 Armata, el T-90M es una evolución del T-90A puesto en servicio en 1992 por el ejército ruso. Con un peso de 50 toneladas, está equipado con un nuevo motor de 1130 caballos de fuerza, un cañón de ánima lisa 2A46M-4 de 125 milímetros, un sistema automatizado de control de fuego Kalina, una ametralladora de 12,7 milímetros operada remotamente y un Relikt de proteccion activa. En Ucrania han quedado fuera de servicio al menos 37 ejemplares (1).

En cuanto al T-80BVM, se trata de un T-80BM “revalorizado”, cuyo diseño se remonta bastante más atrás, a los años setenta. Este tanque está equipado con un motor más potente, con un motor turboeje GTD-1250TF de 1250 caballos, mejor adaptado a las condiciones climáticas del Extremo Norte, un cañón 2A46M-4 de 125 milímetros asociado a una mira diurna/nocturna SOSNA-U y un cargador automático, así como un sistema de protección activa Relikt.

El desarrollo del T-80BVM podría resultar sorprendente en la medida en que el T-80 no tuvo buena prensa dentro del estado mayor ruso, debido a su excesivo consumo de combustible y a sus prestaciones consideradas decepcionantes. Además, estos tanques «mejorados» estaban destinados principalmente a equipar unidades desplegadas en el Extremo Norte. Sin embargo, también están comprometidos en la Guerra de Ucrania y 96 de ellos habrían quedado fuera de combate (2).

El ejército ruso ha perdido más de 600 tanques T-80, en sus diferentes versiones. Por lo tanto, al menos 404 T-80BV no se pueden acondicionar al estándar T-80BVM. Sin embargo, el 10 de septiembre el director general de UVZ, Alexander Potapov, hizo un anuncio sorprendente en el canal de televisión rusa Zvezda.

Afirmó que iban a reiniciar la producción del tanque T-80, aunque UVZ no fabrica un nuevo tanque de este tipo desde principios de los años noventa. “Es la tarea que el ejército nos ha encomendado”, dijo. La decisión ha estado “influida por la efectividad del T-80” en Ucrania. “Ahora estamos trabajando activamente en este tema con el Ministerio de Industria y Comercio porque eso requiere nuevas capacidades”, añadió Potapov.

Reiniciar unas líneas de montaje paradas hace más de treinta años no es una tarea fácil, aún suponiendo que UVZ conserva las herramientas necesarias y las mantiene en buen estado. Eso requiere importantes inversiones y encontrar proveedores y otros subcontratistas para reiniciar el suministro logístico. Llevaría bastante tiempo.

(1) https://www.oryxspioenkop.com/2022/02/attack-on-europe-documenting-equipment.html
(2) https://redsamovar.com/2019/05/25/actu-la-renovation-des-t-80bv-et-la-modernisation-des-t-72b1-au-sein-de-la-61eme-usine-de-reparation-des-blindes/

El pacto del hambre previo al ataque nazi contra la Unión Soviética

Un mes antes del inicio de la Operación Barbarroja, Goering convocó una reunión al más alto nivel para la planificación económica de la invasión de la URSS. Se celebró el 2 de mayo de 1941 y ha pasado a la historia como el “pacto del hambre” (Hungerplan).

El artífice principal del plan fue el secretario de Estado de Agricultura y Alimentación, Herbert Backe, aunque también participaron algunos altos oficiales de la Wehrmacht, como Alfred Jodl, y conocidos dirigentes nazis, como Alfred Rosenberg.

Las actas de la reunión no concretan a cuántos millones de personas los alemanes pretendían matar de hambre en la URSS. No obstante, Backe estimó que la “población excedente” de la Unión Soviética ascendía a unos 20 o 30 millones de personas.

Según las notas de la reunión tomadas por el secretario del general Thomas, “si tomamos lo que necesitamos del país [la Unión Soviética], no hay duda de que millones y millones de personas morirán de hambre”.

Pocos días después de la reunión, el 23 de mayo, se promulgaron las “Directrices de Política Económica para la Organización Económica del Este”, que es un resumen de las conclusiones elaborado por los secretarios de Estado. En ellas los nazis subrayaban la insuficiencia de las cosechas agrícolas en la URSS porque la población había aumentado en unos 30 millones de personas.

“Aquí está el quid de la cuestión. No es la calidad de las cosechas, sino la cantidad de consumo interno lo que determina los excedentes de cereales rusos […] Éste es el elemento esencial en el que debemos basar nuestras medidas de política económica […] Desde Alemania y Europa en general necesitan estos excedentes de todos modos, su consumo debe ser comprimido en proporción […] Esta compresión del consumo es posible, porque las regiones excedentarias [de la URSS] están claramente separadas de las consumidoras […] Las regiones excedentarias están en el sur y sureste, así como en el Cáucaso. Las regiones deficitarias se encuentran principalmente en las áreas boscosas del norte […] La población de estas regiones, y específicamente las ciudades, se enfrentará por lo tanto a una severa hambruna […] Varias decenas de millones de individuos superfluos morirán o emigrarán a Siberia”.

Según Goering, “los esfuerzos para salvar a la población [soviética] de la muerte por inanición aprovechando el excedente de las regiones de la tierra negra solo pueden realizarse a expensas del suministro de alimentos de Europa. Disminuyen la resistencia de Alemania en la guerra y la resistencia de Alemania y Europa al bloqueo. Se necesita la más total claridad a este respecto […] Cualquier solicitud de la población [local] a la administración alemana […] debe ser rechazada de plano”.

“Solo será posible continuar la guerra si Rusia alimenta a toda la Wehrmacht a partir del tercer año del conflicto”, dice una de las actas de la reunión del 2 de mayo.

“Esta guerra verá el mayor número de muertos desde la Guerra de los Treinta Años”, pronosticaban las directrices económicas para las regiones orientales. “De 20 a 30 millones de personas morirán de hambre este año en Rusia. Y sin duda está muy bien así, porque hay que diezmar a ciertas personas”.

West Point analiza la estrategia rusa en la Guerra de Ucrania

El Instituto de Guerra Moderna de West Point, que forma parte del Departamento de Formación Militar del ejército de Estados Unidos, ha publicado un informe sorprendentemente lúcido sobre las innovaciones militares que ha introducido Rusia en la Guerra de Ucrania.

El estudio confirma muchos de los principios característicos del ejército ruso desde los tiempos de la URSS, además de las adaptaciones que están revolucionando la guerra moderna, según reconocen en West Point.

En primera línea las tácticas actuales del ejército ruso han desconcertado a muchos observadores, que las han atribuido a la improvisación, a fracasos e incluso a errores de dirección. El informe destaca que, si bien se han producido, errores, como la retirada de Járkov, Rusia está adelantada a su tiempo en términos de avance estratégico militar conceptual.

El campo de batalla moderno, dice el Instituto, se ha convertido en un campo de unidades dispersas y fragmentadas, donde las concentraciones densas de tropas son extremadamente vulnerables a los ataques de precisión. La capacidad de detectar y atacar objetivos a distancias cada vez mayores y con una precisión cada vez mayor aumenta la vulnerabilidad de las concentraciones densas de tropas y, por tanto, limita la capacidad de llevar a cabo operaciones secuenciadas y concentradas a gran escala.

Para mejorar la capacidad de supervivencia, las condiciones actuales obligan a las unidades militares a dispersarse en formaciones más pequeñas, a atrincherarse, o a ambas cosas. Como consecuencia, el campo de batalla tiende a fragmentarse, ofreciendo una acción más independiente a las formaciones tácticas inferiores a medida que la profundidad del frente se amplía considerablemente.

Los estrategas militares rusos, dice el informe, se han anticipado correctamente a la evolución del campo de batalla actual. Como ilustra un estudio de décadas de historia, la estrategia militar soviética y rusa de las últimas décadas ha previsto correctamente una serie de implicaciones de los avances en armamento, así como en tecnologías de detección, que están afectando a la guerra en Ucrania.

El arte operativo soviético

El informe invoca repetidamente el famoso concepto soviético de “arte operativo” (1), desarrollado a partir de las teorías del teórico militar soviético Georgy Isserson (2). El arte operativo es una doctrina que pretende vincular los desarrollos tácticos locales con los objetivos operativos más amplios de la estrategia. Se trata de un replanteamiento doctrinal de la batalla en un marco similar al del ajedrez, en el que los movimientos de los peones individuales representan objetivos generales más amplios en lugar de un simple posicionamiento reactivo a nivel táctico.

En los estudios clásicos de la teoría militar, la estrategia y la táctica se han expuesto como disciplinas separadas y compartimentadas. Los generales centran su formación en el desarrollo de amplios objetivos estratégicos, el movimiento de grandes ejércitos contra las fuerzas de otras agrupaciones de ejércitos igualmente grandes y las teorías sobre cómo se afectan mutuamente. Los comandantes de unidad se centran únicamente en las tácticas locales, en cómo llevar a su pelotón o compañía a un objetivo determinado o atrapar a una unidad enemiga, ignorando por completo los aspectos estratégicos u operativos porque no son de su responsabilidad. Eso crea una especie de ejército desarticulado y compartimentado en el que cada tipo de pensamiento se delega en la parte responsable, pero los dos nunca están del todo conectados.

El arte operativo soviético trata de salvar la distancia enseñando un método de pensamiento estratégico que emplea “fines y medios” simultáneamente.

El nivel operativo de la guerra se sitúa entre la táctica, que implica la organización y el empleo de las fuerzas combatientes en el campo de batalla o cerca de él, y la estrategia, que abarca aspectos de las operaciones teatrales a largo plazo y de alto nivel, así como la dirección política. La URSS fue el primer país en distinguir oficialmente este tercer nivel de pensamiento militar, cuando se introdujo como parte de la teoría militar de las “operaciones profundas” que sus fuerzas armadas desarrollaron en los años veinte y treinta y utilizaron durante la Segunda Guerra Mundial.

El Instituto pone ejemplos de operaciones en profundidad tal y como las practicó el ejército soviético durante la Segunda Guerra Mundial, cuando crearon una línea de frente altamente escalonada en la que las fuerzas soviéticas atacaban a plena profundidad operativa para facilitar avances que los segundos escalones pudieran explotar. “Esto requería una enorme densidad de tropas a lo largo de una línea de frente ininterrumpida de varios escalones de profundidad, y la estructura de fuerzas del Ejército Rojo se organizó en consecuencia”, dice el Instituto.

Las innovaciones del mariscal Zhukov en el arte operativo

La primera innovación se produjo con la llegada de las armas nucleares en la década de los cincuenta. A partir de entonces cualquier guerra convencional a gran escala implicaría el uso de armas nucleares. Eso aumentó la vulnerabilidad de las concentraciones de fuerzas necesaria para llevar a cabo operaciones en profundidad. Según el mariscal Zhukov, las unidades necesitarían una mayor movilidad para aumentar su capacidad de supervivencia. Había que transformar las divisiones mecanizadas y de fusileros más grandes y engorrosas de la Segunda Guerra Mundial en divisiones de tanques y fusileros motorizados más pequeñas y móviles.

Ante el temor de que las concentraciones masivas de tropas fueran aniquiladas por las armas nucleares en el campo de batalla, el Ejército Rojo trató de transformar su estructura de fuerzas en organizaciones más flexibles y móviles.

En la década de los setenta, la persistente amenaza incluso obligó a los soviéticos a abandonar gradualmente las fuerzas profundamente escalonadas y densamente pobladas, “optando en su lugar por destacamentos tácticos más desplegados hacia delante y grupos de maniobra a escala operativa”.

Los cambios creados por esta nueva doctrina alteraron el ritmo de avance percibido. El anterior método de avance dejaba a las fuerzas a merced del fuego a gran escala, como las ya mencionadas armas nucleares, por lo que se esperaba que una nueva estructura organizativa “más suelta y móvil” consiguiera un ritmo de avance más rápido para mantener a las fuerzas acumuladas vulnerables durante menos tiempo.

La necesaria concentración de fuerzas para las operaciones ofensivas ya no debía lograrse mediante formaciones masivas, sino mediante movimientos rápidos desde posiciones dispersas y fuego cambiante, lo que aumentaba la importancia de las formaciones que operaban de forma independiente. En consecuencia, según la visión soviética, el campo de batalla estaría cada vez más fragmentado, ofreciendo más independencia de acción a los comandantes de las formaciones conjuntas.

Es lo que estamos viendo ahora en Ucrania, donde los comandantes rusos muestran una mayor libertad de movimientos sobre el terreno, lo que ha sorprendido a la propaganda occidental. La imagen del ejército soviético y ruso creada por los intoxicadores es la de un mando centralizado, burocrático y rígido, acompañado de un cuerpo de suboficiales incapaz de tomar decisiones independientes.

Es falso. El informe de West Point resalta que las unidades rusas tienen más independencia operativa, flexibilidad e iniciativa personal que sus homólogas occidentales, incluso que la capacidad de iniciativa de las pequeñas unidad militares está arraigada en las doctrinas militares de Rusia.

La línea del frente ha desaparecido

También forma parte de las tradiciones militares soviéticas y rusas los conceptos de guerra no lineal y guerra sin contacto. El informe de West Point refiere la historia del desarrollo por parte de la OTAN de la doctrina de la batalla aire-tierra, que se creó en los años ochenta para romper un supuesto estancamiento de las fuerzas soviéticas en una guerra en Europa. Para contrarrestarlo, la URSS desarrolló el famoso Reconnaissance-Strike-Complex y el Reconnaissance-Fire-Complex, su contrapartida táctica.

La doctrina de la batalla aire-tierra favorecía en gran medida a la fuerza aérea de la OTAN y el ataque en profundidad para eliminar las líneas secundarias y las “zonas de retaguardia” del Pacto de Varsovia. Fue la primera doctrina que se centró en este tipo de ataques profundos de precisión en la retaguardia, y contribuyó así a cimentar un nuevo paradigma de guerra.

El informe asegura que los soviéticos “trataron de mitigar la destructividad de esta nueva estrategia occidental (ataques en profundidad en la batalla aire-tierra) dispersando más las fuerzas en el campo de batalla, incluidos los elementos de apoyo logístico, para hacerlos menos vulnerables”.

Es otro anticipo de la guerra actual en Ucrania, donde mantener el impulso y lograr la concentración de fuerzas antes de la batalla es muy difícil. La elaboración doctrinal de la URSS ante el nuevo planteamiento de la OTAN culminó en la “batalla no lineal”, en la que batallones separados “tácticamente independientes” y regimientos y brigadas se enzarzan en choques y aseguran sus flancos por medio de obstáculos y fuego de largo alcance.

Las grandes unidades, como las divisiones y cuerpos de ejército, pueden influir en la batalla utilizando sus reservas y sistemas de ataque de largo alcance, pero el resultado se decidirá por las acciones de batallones, regimientos y brigadas conjuntos que luchan por separado en varios ejes en apoyo de un objetivo común. Los combates tácticos son aún más destructivos que en el pasado y se caracterizan por no ser lineales. La línea del frente desaparece y no hay refugios ni retaguardia profunda.

En Ucrania los batallones y regimientos “tácticamente independientes” luchan bajo la influencia de formaciones convencionales sólo de manera auxiliar y el resultado lo decidirían esas pequeñas fuerzas y sus operaciones independientes. El frente de guerra convencional ha dejado de existir y lo sustituyen las “zonas de combate” aparentemente desconectadas.

La guerra sin contacto

El ejército ruso creó el concepto de “guerra sin contacto” por influencia de las guerras de la OTAN en Irak y Yugoslavia, en las que se produjeron “ataques aeroespaciales masivos”.

Según el general Vladimir Slipchenko, uno de los teóricos militares rusos más influyentes de las últimas décadas, la Operación Tormenta del Desierto fue la primera manifestación del creciente uso de armas de largo alcance. El propio concepto de guerra de sexta generación de Slipchenko señalaba la informatización de la guerra y el creciente uso de armas a distancia.

La mayor capacidad para encontrar y atacar objetivos a mayor velocidad y a mayor distancia, lo que ahora se denomina la cadena de muerte en los ejércitos occidentales, convertiría las tradicionales concentraciones masivas de tropas en una empresa peligrosa. Slipchenko hizo hincapié en que todos los conceptos clásicos de un campo de batalla se borrarían gradualmente debido a la naturaleza impredecible y general de los sistemas de ataque modernos. “Conceptos fundamentales como ‘frente’, ‘retaguardia’ y ‘línea de vanguardia’ están cambiando […] Han quedado obsoletos y han sido sustituidos por sólo dos frases: ‘objetivo’ y ‘no objetivo’ para un ataque a distancia de alta precisión”.

En lugar de enormes formaciones escalonadas que se alinean en el campo de batalla para realizar avances con el fin de perturbar las zonas C2 de retaguardia, como los cuarteles generales, se utilizan ataques profundos en la retaguardia del campo de batalla. Este cambio no se debe simplemente a la “conveniencia” de los modernos sistemas de ataque profundo, sino más bien al hecho de que incluso la creación de concentraciones locales de tropas lo suficientemente grandes como para lograr avances convencionales de “batalla profunda” ya no es posible debido a las capacidades de los modernos sistemas ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento) y las doctrinas relacionadas de estilo “recon-fire-complex” para eliminar tales concentraciones.

El Instituto de West Point señala que una serie de teóricos militares rusos modernos como Bogdanov, Chekinov, Kartapolov y Guerasimov han desarrollado posteriormente estas teorías en conceptos como “guerra de nueva generación”. Dos de los teóricos mencionados, Chekinov y Bogdanov, escribieron un artículo sobre el tema, que se titula precisamente “La naturaleza y el contenido de una guerra de nueva generación”, traducido al inglés y publicado en la revista Military Thought (3).

La experiencia de la Guerra del Golfo

En la Guerra del Golfo que estalló a principios de los noventa, el ejército irakí utilizó su obsoleta estrategia de enfrentamiento posicional inflexible que no era rival para las nuevas formas y métodos de guerra utilizados por Estados Unidos y sus aliados. Esta estrategia contribuyó en última instancia a su desastrosa derrota.

La Guerra del Golfo fue una demostración práctica de que la superioridad tecnológica en armamento podía anular la ventaja numérica del enemigo en armas que hacía tiempo que habían madurado. Fue la primera vez en la historia de la guerra que formidables fuerzas terrestres de medio millón de hombres no luchaban para ganar. Sólo se desplegaron plenamente en los últimos días de la guerra, cuando el ejército irakí estuvo a punto de ser rematado por ataques aéreos y de misiles que duraron semanas.

La primera guerra de la nueva era de alta tecnología fue diferente de todas las guerras que la precedieron en muchos aspectos críticos: no había líneas claras de demarcación entre las fuerzas adversarias; los flancos de los beligerantes estaban expuestos; sus órdenes operativos de batalla tenían grandes brechas indefensas, sus elementos de combate separados por una distancia considerable entre sí; el atacante tenía una superioridad abrumadora lograda por armas de alta tecnología; se utilizaron armas de largo alcance y alta precisión a gran escala, especialmente en un momento en el que las fuerzas agresoras estaban tomando la iniciativa estratégica y obteniendo una superioridad absoluta en el aire; las fuerzas de la coalición atacaron de forma regular y selectiva objetivos enemigos clave, instalaciones económicas vitales de importancia militar y centros de control civiles y militares, y destruyeron sistemas de soporte vital en todo el territorio enemigo para obligar al defensor a deponer las armas.

Otro rasgo distintivo de la agresión contra Irak fue que las fuerzas de reconocimiento, fuego, electrónica y guerra de la información de diferentes ramas y armas del servicio se integraron por primera vez en un sistema de reconocimiento y ataque compartido y distribuido espacialmente que hacía un amplio uso de la moderna tecnología de la información y de los sistemas automatizados de control de tropas y armas.

Según West Point, la Guerra del Golfo no empleó formaciones clásicas similares a la forma en que generalmente se han librado las guerras hasta la fecha. No fue como una guerra de la era napoleónica en la que había líneas claramente definidas entre los dos ejércitos, diferenciaciones exactas entre unidades diseñadas para defender los flancos frente a unidades de vanguardia de asalto que se enfrentaban en una línea de contacto bien marcada. Con la llegada de los modernos sistemas de integración y control centrados en la red, la fuerza adversaria fue destruida sin desplegar formaciones convencionales.

Se podría pensar que la URSS hizo lo mismo en Afganistán, pero eso fue diferente porque se trataba de una guerra contra una fuerza irregular, no contra un país con un ejército permanente y convencional. La guerra de Afganistán no se libró contra el propio Afganistán ya que Rusia estaba del lado del gobierno y a petición suya. Luchaban contra los talibanes. En la Guerra del Golfo, en cambio, Estados Unidos y sus socios se enfrentaron a una fuerza armada tradicional y un gobierno legítimo.

En Ucrania han comenzado las guerras de última generación

Según el Instituto de West Point, la Guerra de Ucrania es un “conflicto entre iguales”, porque Occidente ha armado al ejército de Kiev con todos sus sistemas más avanzados. Es la primera de la historia en que dos fuerzas parecidas, modernas, utilizan sistemas modernos capaces de atacarse mutuamente con toda la profundidad operativa y con un alto nivel de precisión. Estados Unidos nunca ha librado una guerra de este tipo, ni tampoco la OTAN.

Esto significa que Rusia está librando actualmente la guerra más compleja y difícil de la era moderna. Es la culminación y la colisión de las dos doctrinas de larga data de la batalla aire-tierra de la OTAN y el complejo de reconocimiento-ataque de Rusia. Se han pasado décadas teorizando sobre cuál de estos sistemas opuestos ganaría en un posible choque de gigantes, y lo estamos viendo en tiempo real.

Las conferencias de Philip Karber en Westpoint (4) reconocen que Estados Unidos estaría en una posición muy mala en un campo de batalla como el de Ucrania, ya que las tácticas de distribución no funcionarían para las unidades del ejército de Estados Unidos cuya contaminación de señales es mucho más grande que la de cualquier otro país del mundo. Esto significa que todos los puestos de mando de retaguardia, áreas C2, etc., se iluminarían como árboles de Navidad en los sensores. Si los drones rusos son capaces de rastrear a los ucranianos a través de las débiles señales de una tarjeta de teléfono SIM, el cuartel general de un batallón estadounidense, con su propia batería de enrutadores wifi 5G en red, sería rapidamente detectado.

Karber señala que el ejército ruso se ha adaptado a este campo de batalla moderno. Su guerra electrónica ha neutralizado en gran medida los ataques Himar, mientras la infraestructura C2 se ha vuelto más resistente a tales ataques, en general.

(1) https://en.wikipedia.org/wiki/Operational_level_of_war
(2) https://ru.wikipedia.org/wiki/Иссерсон,_Георгий_Самойлович
(3) https://www.frstrategie.org/sites/default/files/documents/programmes/observatoire-armee-de-terre-2035/publications/2020/obsat-2020-1.pdf
(4) https://www.youtube.com/watch?v=_CMby_WPjk4&t=2547s

La incorporación de Finlandia a la OTAN viola los tratados de la posguerra mundial

Finlandia se ha convertido oficialmente en miembro de la OTAN en flagrante violación del Tratado de Paz de París de 1947. Este tratado aseguraba la neutralidad política del país y limitaba las funciones de su ejército a la defensa propia.

El país escandinavo fue de la mano del III Reich en la Segunda Guerra Mundial, participando en la agresión contra la Unión Soviética.

Ahora la historia se reproduce. La compra de tanques Leopard por parte de Finlandia es una violación del Tratado de 1947, ya que Finlandia tiene prohibido adquirir material militar de fabricación alemana.

La decisión de Finlandia de comprar los F-35 estadounidenses también es una violación del tratado de la posguerra, ya que Finlandia tiene prohibido adquirir bombarderos con colgadores de bombas ocultos, y eso es exactamente lo que es el caza F-35.

Estas violaciones dan motivos a Rusia para plantear la cuestión de la responsabilidad jurídica internacional de Finlandia, que se expresa en particular en la obligación de esta última de reparar íntegramente el daño, incluso en forma de indemnización por los perjuicios causados por dicha violación.

Finlandia está obligada a pagar los costes del aumento de la concentración militar rusa en Carelia y la región de Leningrado. Según las estimaciones más prudentes, Moscú puede exigir a Finlandia una cantidad ronda los 300.000 millones de euros.

Como resultado de su adhesión a la OTAN, la frontera de Finlandia con Rusia duplicará su longitud hasta alcanzar unos 2.400 kilómetros. Al mismo tiempo, la OTAN podrá bombardear San Petersburgo por alcance.

En 1947 el Tratado de París calificó a Finlandia como aliada de la Alemania nazi, asumiendo su responsabilidad por la agresión y el pago de fuertes reparaciones de guerra en concepto de indemnización. Al año siguiente la Unión Soviética las redujo un 25 por cien.

El Tratado obligó a Finlandia a prohibir los partidos fascistas.

Casi 20.000 soldados soviéticos murieron en los campos de concentración finlandeses, lo que supone un 30 por cien de los prisioneros de guerra soviéticos capturados por el ejército finlandés.

—https://www.easternherald.com/2023/04/04/russia-could-receive-300-billion-for-finlands-entry-into-nato/

Ese empeño militar por ‘liberar’ a Rusia de sí misma…

El New York Times confirma que, en el seno de la Legión Internacional que combate en Ucrania, se han creado unidades formadas por rusos que luchan contra Putin, obviamente del lado de la OTAN.

Se llama la “Legión de la Rusia Libre” y recuerda al antiguo “Ejército de Liberación Ruso” que combatió en las filas nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvo dirigido por el general Andrei Vlasov. Aparte de la represión contra la población civil, su finalidad era principalmente política y propagandística: los soviéticos luchaban contra Stalin.

Ahora la técnica es la misma. La OTAN ha creado una “Legión de la Rusia Libre”, compuesta por rusos que luchan contra contra su propio país, como sus antepasados. Cualquier parecido con las técnicas nazis de propaganda no es casual.

Antes los soviéticos apoyaban a los nazis contra Stalin. Ahora los rusos apoyan a la OTAN contra Putin. “Han tomado las armas contra Rusia por diversas razones: un sentimiento de indignación moral por la invasión de su país, el deseo de defender su patria adoptiva, Ucrania, o una aversión visceral por el presidente ruso, Vladimir V. Putin”, dice el New York Times (1).

En la Segunda Guerra Mundial entre el 35 y el 45 por cien de los miembros de las unidades de Vlasov eran rusos (2). También estaban indignados con Stalin. En 1941 el Tercer Reich les abrió los brazos y en 2023 la OTAN les abre los suyos.

“El grupo opera bajo el paraguas de la Legión Internacional Ucraniana, una fuerza de combate que incluye unidades formadas por voluntarios estadounidenses y británicos, así como bielorrusos, georgianos y otros. Casi un año después de iniciada la guerra, la unidad rusa ha recibido poca atención, en parte para proteger a los soldados de las represalias rusas contra sus familiares.

Al principio de la guerra, la ley ucraniana impedía a los ciudadanos rusos alistarse en las fuerzas armadas. Pero ahora la unidad se ha ganado la confianza suficiente de los mandos para ocupar su lugar entre las fuerzas, que están luchando contra el ejército ruso al sur de la estratégica ciudad ucraniana oriental de Bajmut, en uno de los teatros más brutales de la guerra”, dice el New York Times.

En diciembre de 1942 Vlasov y Baersky se dirigieron a los mandos de la Wehrmacht para formar un ejército que “liberara” a Rusia del comunismo. En la práctica, aquel ejército no luchó contra el comunismo ni contra el Ejército Rojo, sino que fue un componente de la propaganda nazi, para demostrar que la URSS se descomponía. No obstante, también lo utilizaron en la represión de guerrilleros, resistentes y civiles y, en ese sentido, son criminales de guerra (3).

La primera brigada apareció en 1943. Estaba formada por 650 soldados procedentes de la URSS y compuesta principalmente por rusos blancos. Vestían uniformes de las SS, lo que subraya su condición de renegados. Su misión principal era luchar contra los gueerrilleros en la región de Pskov.

Tras la derrota en Kursk, se formaron otras brigadas. Una de ellas se reclutó entre los prisioneros de guerra: la Primera Brigada Nacional SS rusa “Druzhina”, con 10 piezas de artillería, 23 morteros, 77 ametralladoras, armas ligeras, 12 emisoras de radio y otros equipos. Pero se pasó al bando guerrillero soviético y volvió sus armas contra la Wehrmacht.

Después, los nazis desarmaron y disolvieron el ejército de Vlasov. Algunos oficiales fueron incluso puestos bajo arresto domiciliario. Luego cambiaron de opinión y los enviaron a todos lejos del frente oriental y del contacto con los guerrilleros soviéticos.

A finales de 1944, ya sin nada que perder, los nazis volvieron a rearmar a este ejército, formando una división de 18.000 hombres reclutados entre los prisioneros, colaboradores y emigrantes. Fue entonces en Praga donde formaron su comité. Gracias al apoyo nazi, en abril de 1945 este ejército contaba con unos 120.000 hombres.

Al acercarse el final de la guerra, el ejército de Vlasov se declaró neutral frente a Estados Unidos y Gran Bretaña. Debía ser utilizado como tercera fuerza contra la URSS y fue al final de la guerra cuando participó realmente en algunas batallas contra el Ejército Rojo, principalmente en territorio alemán.

Tras la guerra, los Aliados devolvieron a la URSS dos tercios de los miembros de aquel ejército, que fueron encarcelados y 6 miembros de su mando ahorcados.

(1) https://www.nytimes.com/2023/02/12/world/europe/russian-legion-ukraine-war.html
(2) https://topwar.ru/169356-vlasovcy-temnoe-pjatno-na-nashej-istorii.html
(3) https://news.rambler.ru/other/40929504-armiya-generala-vlasova-kak-voevali-izmenniki-rodiny

Una advertencia a Stalin y un ultimátum a Europa: el bombardeo de Dresde en 1945

Las televisiones se inundan de reportajes sobre los bombardeos rusos contra las ciudades ucranianas, e incuso contra la población civil. Lo mismo dijeron en Alepo, en Siria, durante los ataques contra las madrigueras yihadistas. Sin embargo, apenas pueden mostrar cadáveres, lo que no deja de resultar sorprendente. En efecto, Rusia ha llevado ataques devastadores contra instalaciones militares ucranianas y nudos de comunicaciones, pero el número de bajas es muy reducido. Son ataques quirúrgicos.

La táctica rusa es totalmente opuesta a los bombardeos estadounidenses en cualquier otra guerra, como en Indochina, donde masacraron indiscriminadamente a la población civil vietnamita y camboyana. Son prácticas adquiridas por estadounidenses y británicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial por una razón muy evidente: porque no se trataba de derrotar a la Wehrmacht sino de intimidar a la URSS.

En febrero de 1945 la aviación angloamericana destruyó la antigua ciudad alemana de Dresde en tres días de ataques devastadores. La llamaron Operación Rayo y era un anticipo de lo que luego ocurriría en Hiroshima y Nagasaki, aunque en versión convencional.

Dresde era una ciudad del tamaño de otras en Alemania, aunque no contaba con industria pesada. Era una de las capitales culturales de Alemania, famosa por sus monumentos arquitectónicos, museos y teatros. Desde el punto de vista militar era irrelevante, lo mismo que Hiroshima y Nagasaki.

Prueba de ello es que los aliados nunca la habían bombardeado, excepto en una incursión el 7 de octubre de 1944, cuando unas 30 fortalezas volantes estadounidenses atacaron la zona industrial de la ciudad, un objetivo alternativo en el ataque a una fábrica en Ruhland. En aquel bombardeo murieron 435 personas, en su mayoría trabajadores, entre ellos franceses y belgas empleados en las pequeñas fábricas Zeidel-Naumann y Hartwig-Vogel. También hubo muchas bajas entre los prisioneros de guerra aliados que trabajaban en la estación de clasificación.

Una ciudad indefensa, un bombardeo cobarde

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial se instalaron en la capital sajona numerosas baterías antiaéreas pesadas, pero como no la bombardeaban, la gran mayoría de los cañones se trasladaron al Ruhr y al frente oriental, frente al Ejército Rojo.

Muchos de ellos eran cañones antiaéreos soviéticos de 85 milímetros de un modelo de 1939, que habían sido perforados para adaptarse al calibre alemán de 88 milímetros. A mediados de enero de 1945, de los cañones antiaéreos de Dresde sólo quedaban las plataformas de hormigón. La total indefensión de la metrópoli fue un argumento importante en la elección del objetivo a bombardear. Fue un ataque cobarde.

El 2 de febrero de 1945, Hitler ordenó que los aviones de combate de la Luftwaffe sólo atacaran contra objetivos terrestres en el frente oriental, donde las unidades del Ejército Rojo habían tomado cabezas de puente en la orilla occidental del Oder, o contra concentraciones de tropas en al orilla oriental.

Los comandantes británicos y estadounidenses habían planeado de antemano atacar Dresde masacrando a civiles. Se decidió dar a la ciudad el tratamiento que habían dado a Hamburgo en 1943: primero volar tejados y ventanas con bombas explosivas, y luego bombardear bloques, incendiando casas y provocando remolinos de llamas ardientes y resplandecientes a través de tejados y ventanas rotos hasta engullir vigas, muebles, suelos, alfombras, cortinas. Entonces, de nuevo, utilizar bombas de alto poder explosivo para ampliar la zona del incendio y ahuyentar a los bomberos.

“Cuando llegamos a la zona objetivo al final de la incursión, era obvio que la ciudad estaba condenada”, recordó el piloto del Lancaster del Grupo Aéreo 3, que había sido dañado por el fuego antiaéreo y se retrasó. Debía acercarse a Dresde cinco minutos antes del final del ataque, pero llevaba diez minutos de retraso. Probablemente fue el último bombardero que sobrevoló la capital sajona (*).

“Por lo que pude ver, un mar de fuego cubría un área de unas 40 millas cuadradas. De este horno surgía un calor que se podía sentir en la cabina de mi avión. El cielo resplandecía con tonos rojos y blancos brillantes, y la luz del interior del avión era la de un oscuro atardecer de otoño. Estábamos tan horrorizados ante la visión de las monstruosas llamas que volamos solos sobre la ciudad durante mucho tiempo después. Completamente abrumados, imaginando lo que estaba ocurriendo abajo, dimos media vuelta. La luz cegadora de este holocausto era visible desde 30 millas de distancia”.

En la mañana del 14 de febrero Dresde fue atacada por más de 1.300 bombarderos estadounidenses B-17 Flying Fortress y B-24 Liberator. Lanzaron sobre Dresde un total de 1.477,7 toneladas de bombas explosivas, incluidas 529 bombas de fragmentación de 1.800 kilos y una bomba de fragmentación de 3.600 kilos, y 1.181,6 toneladas de bombas incendiarias. En incursiones de distracción, 109 cazabombarderos atacaron Magdeburgo, Bonn, Dortmund, Miesburgo y Nuremberg sin pérdidas. Varias docenas de Fortalezas Volantes se perdieron y alcanzaron Praga por error.

Más de 40.000 civiles murieron en la ciudad, de los cuales 28.736 fueron enterrados en el cementerio de Heidelfriedhof. Se destruyeron monumentos arquitectónicos de valor incalculable. Entre ellos, tres palacios, el antiguo ayuntamiento, el Zwinger construido por Semper, la nueva pinacoteca, cuatro museos y la casa de la iglesia. La mundialmente famosa galería de arte de las Bóvedas Verdes, la obra maestra arquitectónica de Schinkel, el Albertinum -con su valiosísima colección de esculturas- y la Academia de las Artes también fueron pasto de las llamas.

El Ejército Rojo estaba a las puertas de Dresde

El 15 de febrero los dirigentes políticos militares de los aliados recibieron el siguiente mensaje procedente de Moscú: “Tres compañías de tanques al mando del mariscal Konev han realizado un profundo avance hacia Dresde y han hecho retroceder ante ellos a entre 10 y 16 divisiones alemanas derrotadas. El número de prisioneros aumenta cada hora, ya que las formaciones alemanas, debido a su agotamiento, ya no son capaces de replegarse y, por otra parte, la falta de combustible paraliza las columnas de transporte. Esta tarde nuestras columnas de tanques estaban a 80 kilómetros de Dresde”.

Los tanques soviéticos podrían entrar en Dresde en las próximas horas y se hubieran ahorrado 40.000 vidas.

Los británicos afirmarían más tarde que Stalin les había pedido en la conferencia de Yalta que bombardearan Dresde. Era mentira. Ni Stalin ni ningún otro comandante del Ejército Rojo hizo ninguna petición en tal sentido a los aliados.

Los estadounidenses, por su parte, intentaron justificarse diciendo que querían ayudar a la ofensiva del Ejército Rojo destruyendo el nudo ferroviario de Dresde. Pero los ferrocarriles y las estaciones de la ciudad apenas sufrieron daños.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, los políticos estadounidenses y británicos cambiaron el discurso. Querían culpar de la barbarie a la Unión Soviética. El 11 de febrero de 1953 el Departamento de Estado estadounidense emitió un comunicado en el que afirmaba que “el devastador bombardeo de Dresde se llevó a cabo en respuesta a una petición soviética de mayor apoyo aéreo y había sido acordado previamente con los dirigentes soviéticos”.

En febrero de 1955, cuando se cumplió el décimo aniversario del bombardeo, el periódico británico Manchester Guardian recordó que las incursiones fueron una operación “llevada a cabo por aviones británicos y estadounidenses en respuesta a una petición urgente soviética de atacar este importante centro de comunicaciones”.

Cometer un crimen de guerra para intimidar a Stalin

Churchill propuso la Operación Rayo a las fuerzas aéreas en la Conferencia de Crimea, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945. Quería intimidar a Stalin destruyendo una gran ciudad alemana. El mal tiempo retrasó el bombardeo y la destrucción de Dresde tuvo lugar una vez finalizada la cumbre de Yalta.

Los aliados occidentales siempre excusaron sus bárbaros bombardeos con el pretexto de la ayuda al Ejército Rojo. Por ejemplo, el 3 de febrero de 1945, Berlín sufrió el mayor ataque aéreo de la guerra. Ese día, 937 bombarderos estadounidenses B-17 y B-24, escoltados por 613 cazas, aparecieron en el cielo densamente nublado sobre la capital del III Reich. Durante 53 minutos, lanzaron 2.267 toneladas de bombas sobre los distritos de Tempelhof, Schöneberg y Kreuzberg. Durante esta operación fueron derribados 36 bombarderos y 9 cazas.

Fue la primera incursión aérea diurna estadounidense en zonas residenciales de Berlín, siguiendo el espíritu de las incursiones nocturnas británicas. Cuatro kilómetros cuadrados de la zona quedaron completamente destruidos y unas 23.000 personas murieron.

Los mandos estadounidenses comunicaron a sus pilotos antes del vuelo que el 3 de febrero el 6 Ejército Panzer de las SS pasaba por Berlín en su camino desde las Ardenas hacia el frente oriental y que debían ayudar a los soviéticos. Era otra mentira. El 6 Ejército Panzer de las Ardenas se había trasladado al lago Balaton, en Hungría, y no estaba ni a 100 kilómetros de Berlín. Sin embargo, la mentira se repitió incluso después de la guerra.

En cambio, cuando los comandantes soviéticos pidieron bombardear los barcos y puertos alemanes en las costas del Báltico y Prusia Oriental, Londres y Washington se negaron.

El bombardeo de Dresde, Berlín y algunas otras ciudades alemanas no tuvo ninguna importancia militar, lo mismo que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Los interrogatorios realizados por oficiales estadounidenses y británicos a los soldados de la Wehrmacht capturados en la primavera de 1945 dan testimonio elocuente de ello.

Las incursiones aéreas en Dresde y otras ciudades alemanas pretendían chantajear al gobierno y al pueblo soviéticos. Estados Unidos también planeaba arrasar Alemania, Francia e Italia para convertirlos en países clientelares después de la guerra. Es la política del palo y la zanahoria. Por un lado, destruyen cientos de ciudades en Alemania, Francia, Italia, Austria, Yugoslavia y otros países, y por otro, prometen el Plan Marshall: 13.000 millones de dólares de la época.

(*) https://svpressa.ru/post/article/359968/

Rusia siempre ha salido fortalecida de los ataques de Occidente

Rusia siempre ha salido fortalecida de los ataques de Occidente, asegura el columnista Bercan Tutar en la edición turca de Sabah (*), que cuenta al menos cinco intentos de agresion a Rusia por parte de Estados occidentales en los últimos 300 años.

En cada una de las ocasiones no sólo ha logrado repeler los ataques, sino que se ha hecho más fuerte.

El primer ataque de Occidente contra Rusia fue la campaña de Napoleón de 1812. La fascinación de los rusos por la cultura francesa tras la revolución de 1789 quedó reducida a la nada. Los sentimientos antioccidentales empezaron a prevalecer en la sociedad rusa.

Tras la revolución de 1917, la llamada “guerra civil” fue el segundo intento de ofensiva occidental contra Rusia. La Guardia Blanca, con ayuda occidental, intentó reprimir el levantamiento obrero y campesino, pero fracasó. Como resultado, nació la URSS, que durante muchos años se convirtió en el principal oponente ideológico de Occidente.

La Segunda Guerra Mundial (“Gran Guerra Patriótica” para los soviéticos) y la Guerra Fría fueron el tercer y cuarto intento de avasallar a Rusia. El último ataque occidental a Rusia, en opinión de Tutar, es el Golpe de Estado fascista de 2014 en Kiev. Como resultado, Rusia ha desatado una guerra que está sacudiendo la estabilidad mundial de las grandes potencias occidentales.

Tutar recuerda que tras cada ataque de Occidente, Rusia actuaba con una nueva identidad política y se hacía más fuerte. Ahora, mientras Estados Unidos, a través del gobierno de Kiev, intenta derrotar a Rusia en el campo de batalla, los rusos recurren a los países que están fuera de la órbita occidental para socavar los cimientos de la hegemonía estadounidense.

A finales del siglo pasado se podía concluir el balance del segundo milenio se resume en lo siguente: los mayores errores del milenio fueron todas las campañas militares contra Rusia.

(*) https://topcor.ru/31070-tureckie-smi-posle-kazhdogo-napadenija-zapada-rossija-stanovitsja-tolko-silnee.html

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