Los jóvenes alemanes están luchando contra el servicio militar obligatorio en las escuelas, donde se ha formado un nuevo movimiento de protesta. En varias ciudades, los estudiantes han fundado comités de huelga para organizarse contra el servicio militar obligatorio y la propaganda del ejército en las aulas.
El movimiento se está expandiendo a pesar de la represión y tiene el apoyo del Sindicato de Educación y Ciencia (GEW), así como de iniciativas como “Padres contra el Reclutamiento”.
El desencadenante fue la aprobación de la ley de modernización del servicio militar en diciembre en el Parlamento. El servicio militar obligatorio, el rearme y la guerra, están cada vez más presentes entre los estudiantes. A ello ha contribuido la creciente propagando del ejército en las escuelas. No obstante, las escuelas no son lugares para aprender a matar y a morir.
Ante los repetidos fracasos, el ejército intenta reclutar de una forma cada vez más agresiva. Sus apariciones propagandísticas son cada vez más frecuentes, con reclutamiento selectivo de menores y glorificación del servicio con armas. El año pasado fueron 6.000 y este año se espera que la cifra aumente.
La militarización lleva a los reclutadores a acudir a las competiciones de videojuegos, donde se colocan junto a las gradas donde se anuncian los juegos de guerra.
El objetivo es impedir la entrada del ejército en las escuelas, oponerse al servicio militar obligatorio y que los gastos militares se destinen a la educación y otros fines sociales.
La represión ha comenzado. En algunos institutos, a los estudiantes se les prohíbe repartir folletos a sus compañeros. Están cacheando las pertenencias e imponiendo multas para impedir las huelgas. En Stuttgart y Bonn, incluso los estudiantes que querían declararse en huelga fueron encerrados en el instituto. Cuando pasan las manifestaciones, las puertas de los centros escolares se cierran inmediatamente.
Otros, como el instituto Robert Blum de Berlín, se han sumado al movimiento, declarando al centro “libre de guerras”. La movilización es permanente y los comités de huelga se han consolidado.
Las encuestas muestran que la mayoría de la población está a favor del servicio militar obligatorio, pero si preguntas si estarían dispuestos a coger un arma para matar o morir, los números cambian radicalmente.