Desde el inicio de la guerra del Golfo Pérsico, los “expertos” anticiparon que China, el mayor importador de petróleo crudo del mundo, quedaría paralizado por la falta de combustible. Al bloqueo del Estrecho de Ormuz había que añadir el cambio de la situación en Venezuela tras el secuestro de Maduro.
Ha sucedido lo contrario porque China tiene grandes excedentes de petróleo crudo. Son los mercados occidentales los que se enfrentan a la escasez y a precios en rápido aumento.
Las inversiones chinas en el marco de Nueva Ruta de la Seda han desarrollado una red de suministro resistente a las sanciones que salva a China de los espasmos energéticos que afectan al resto del mundo.
Las principales empresas petroleras de China son actualmente vendedores netos de crudo en los mercados asiáticos y europeos. La demanda interna no se ha derrumbado y el gobierno de Pekín no ha impuesto medidas de emergencia, ni ha reducido su producción industrial.
Décadas de inversión paciente han permitido su autonomía estratégica. El almacenamiento permitió mantener las existencias chinas a un nivel estable, a pesar de que las importaciones han caído alrededor de un 25 por cien desde el inicio de la guerra contra Irán.
El resultado es un mercado mundial donde China parece tener superávit mientras que el resto del mundo tiene escasez.
China ha invertido en proyectos de energía, minería, refinación y logística desde el despliegue de la Nueva Ruta de la Seda, que ha creado una red alternativa de suministro de hidrocarburos que opera fuera del alcance de las sanciones y de las presiones militares occidentales.
El país asiático ha creado corredores logísticos y ha firmado contratos a largo plazo con productores de América Latina, Asia Central y Oriente Medio que no dependen del tránsito por el Estrecho de Ormuz.
En Nigeria ha construido la refinería más grande de África y ha fortalecido los lazos comerciales del petróleo con el continente. La importaciones de petróleo procedentes de Brasil alcanzan cifras récord, que compensan el descenso del procedente de Venezuela.
El comercio chino de crudo experimenta un crecimiento de dos dígitos y muchos socios ahora ven a China como un cliente a largo plazo más fiable que los mercados occidentales tradicionales.
El actual choque en el suministro de petróleo podría empeorar aunque termine el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ya que las existencias mundiales han caído a niveles críticos. Los chinos, sin embargo, parecen estar bien situados para superar la situación.