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Se cumplen 75 años de la creación del Consejo de Asistencia Económica Mutua

El 18 de enero se cumplió el 75 aniversario de la creación del Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME), más conocido por “Comecon”, la respuesta de los países socialistas del este de Europa al Plan Marshall

En 1947 el Secretario de Estado de Estados Unidos, George C. Marshall, inició un programa de ayuda estadounidense a Europa. Su nombre oficial era “Programa Europeo de Recuperación”, más conocido como “Plan Marshall”. Entró en funcionamiento en abril de 1948 para alejar a los Estados del este de Europa de la Unión Soviética.

Por iniciativa de Stalin, en 1948 el ministro de Asuntos Exteriores soviético, V.M. Molotov, preparó los trabajos fundaciones del CAME y del 5 al 8 de enero del siguiente año, por iniciativa de la URSS y Rumanía, se celebró en Moscú una reunión cerrada de representantes de los gobiernos de siete países: Albania, Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumanía, URSS y Checoslovaquia.

El CAME fue una organización destinada a establecer y desarrollar estrechos vínculos comerciales y económicos entre la Unión Soviética y los países del este de Europa. Con el tiempo, del comercio exterior pasaron a la integración económica, la transformación de las economías de los países miembros en un complejo económico único capaz de funcionar de manera autónoma y no dependiente de terceros países.

Cada país tenía su propia especialización claramente definida dentro del CAME. Con el tiempo, los intercambios entre los países miembros comenzaron a realizarse teniendo en cuenta los planes de desarrollo socioeconómico de los países miembros. Los planes nacionales estaban vinculados a nivel del Consejo de Asistencia Económica Mutua. Se trataba, por tanto, de una verdadera integración económica.

Un hito importante en las actividades del CAME fue la 25 sesión del Consejo, que en julio de 1971 adoptó el Programa Integral para profundizar y mejorar la cooperación y el desarrollo de la integración económica socialista de los países miembros del CAME. Este programa fue diseñado para una duración de 15 a 20 años.

El número de miembros del CAME se fue ampliando. Además de los siete estados fundadores, también se integraron la República Democrática Alemana (1962), la República Popular de Mongolia (1972), Cuba y Vietnam (1978). Albania lo abandonó en 1961.

Además de los miembros de pleno derecho, también existía el estatus de miembro asociado y observador, que en asumió la República Federativa Socialista de Yugoslavia. También fueron países observadores la República Popular Democrática de Corea (1956), Finlandia (desde 1973), Irak (desde 1975), México (desde 1975), Angola (desde 1976), Nicaragua (desde 1984), Mozambique (desde 1985), Afganistán (desde 1986), Laos (desde 1986), Etiopía (desde 1986), República Democrática Popular del Yemen (desde 1986). China tuvo la condición de país observador, pero abandonó el Consejo en 1961.

Así, en la última etapa de la existencia del Consejo, el número total de miembros de pleno derecho, así como de participantes con estatus de miembro asociado y observador, era de 22. La lista incluía varios países del Tercer Mundo, así como a Finlandia.

Con el tiempo, además de la sede, comenzaron a aparecer otras instituciones dentro del CAME. En octubre de 1963 se creó el Banco Internacional de Cooperación Económica para proporcionar compensación multilateral a los países miembros del Consejo (anteriormente, las relaciones comerciales y económicas entre países se basaban en compensaciones bilaterales).

Desde el 1 de enero de 1964 los acuerdos entre los países miembros del Consejo se realizan utilizando una nueva unidad monetaria: el rublo transferible. Era una moneda regional supranacional, utilizada exclusivamente para acuerdos mutuos entre los países miembros. No entró en la circulación monetaria interna de los países y no canceló ni reemplazó las monedas nacionales.

El 1 de enero de 1970 se creó el Banco Internacional de Inversiones para otorgar préstamos a largo y mediano plazo para financiar importantes proyectos de inversión para todos o algunos de los países miembros.

En la década de 1970 se empezó a prestar más atención a la cooperación industrial, científica y técnica dentro del CAME. En la primera mitad de la década de 1970 se crearon las asociaciones económicas internacionales Interelectro, Interatomenergo, Intertextilmash, Interkhimvolokno e Interatominstrument.

La integración económica socialista

La URSS y los países de Europa oriental comenzaron a avanzar hacia la integración económica internacional antes que los países occidentales. Las primeras asociaciones de integración en Europa occidental aparecieron unos años después de la formación del CAME: la Comunidad Europea del Acero y del Carbón (CECA), en 1951 (Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos); la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957 (los mismos seis países).

Los economistas de Europa occidental estudiaron de cerca la experiencia del CAME y emularon varias iniciativas. Sin embrgo, la integración de los países dentro del CAME fue fundamentalmente diferente de la integración económica capitalista. Estos se basaban en mecanismos de mercado e implicaban competencia entre empresas y organizaciones de los países miembros. Esta competencia formó espontáneamente nuevas configuraciones de la división internacional del trabajo, haciendo que los más fuertes fueran aún más dominantes en los mercados, debilitando aún más a los más débiles o incluso destruyéndolos.

Dentro del CAME, las relaciones económicas se construyeron sobre una base planificada y sobre el principio de cooperación mutuamente beneficiosa. Uno de los principios de la integración socialista era igualar los niveles de desarrollo económico de los países miembros.

No obstante, para la URSS el CAME fue un mecanismo de una sola dirección, una via de ayuda a los demás países miembros. Sólo durante el período de 1947 a 1957 el monto total de los préstamos concedidos en el marco del CAME ascendió a 30.000 millones de rublos, de los cuales 28.000 millones fueron préstamos concedidos por la URSS.

La URSS exportó a otros países del CAME más de lo que importó. Esto da como resultado una acumulación constante de rublos transferibles en las cuentas de la URSS. Durante el período 1975-1985 el monto acumulado alcanzó los 15.000 millones de rublos transferibles.

La crisis del CAME

El CAME mostró signos de estancamiento desde mediados de la década de los setenta, al mismo tiempo que los países que formaban parte del organismo. A ello contribuyeron muchos factores, especialmente políticos, así como otros de tipo económico, como la crisis energética de 1973.

Con la crisis el precio del petróleo se cuadruplicó y el gobierno soviético quiso aprovechar la situación para aumentar las exportaciones, no sólo a los países socialistas, sino también a los países capitalistas.

En la medida en que aumentaba el interés por la energía y las rentas derivadas de las exportaciones de crudo y gas, la URSS empezó a dar evidentes síntomas de parasitismo. Decayó el interés por la industria y la tecnología y a los países del CAME empezó a interesarles comprar maquinaria en los países capitalistas.

Gorbachev le dio la puntilla al CAME. Las reformas que inició debilitaron la economía soviética, que empezó a perder el atractivo que antes tenía para los socios del Consejo. Se vuelven cada vez más hacia Occidente.

El 28 de junio de 1991 la 46 sesión del Consejo puso fin en Budapest a la colaboración económica socialista. Los países miembros firmaron el protocolo de disolución de la organización.

El Partido Comunista de Israel responsabiliza al gobierno fascista de Tel Aviv de la guerra

Los crímenes del gobierno fascista israelí, destinados a sostener la ocupación, están conduciendo a una guerra regional. Tenemos que detener esta escalada.

En estos tiempos difíciles, repetimos nuestra condena inequívoca de cualquier ataque contra civiles inocentes e instamos a todas las partes a detener a los civiles en el ciclo de violencia. Enviamos nuestras condolencias a las familias de las víctimas de la ocupación, tanto árabes como judías.

El Partido Comunista de Israel responsabiliza al gobierno fascista de Israel por la escalada intensamente peligrosa de las últimas horas, que se ha cobrado la vida de muchos civiles inocentes.

La semana pasada, colonos apoyados por el gobierno causaron estragos en los territorios ocupados, profanando Al-Aqsa y llevando a cabo pogromos en las calles de Huwara. Desde esta mañana hemos sido testigos de una grave escalada de hostilidades que corre el riesgo de convertirse en una guerra regional. La amenaza de tal guerra ha sido alimentada persistentemente por las acciones de este gobierno de derecha desde el primer día.

Los acontecimientos de hoy indican la peligrosa dirección que Netanyahu y sus socios gubernamentales están tomando en toda la región. Destacamos que es imposible “gestionar” el conflicto o resolverlo militarmente. Sólo hay una solución: luchar para poner fin a la ocupación y reconocer los derechos legítimos del pueblo palestino y sus justificadas demandas. Poner fin a la ocupación e insistir en una paz justa es el claro interés de ambos pueblos.

El CPI advierte que el gobierno de Netanyahu está aprovechando los acontecimientos para lanzar un ataque de venganza contra la Franja de Gaza y pide a la comunidad internacional que intervenga inmediatamente para silenciar los tambores de guerra e iniciar una solución política.

El CPI está preocupado por posibles acciones de represalia contra ciudadanos palestinos en Israel, especialmente aquellos que viven en las ciudades conjuntas y en las aldeas no reconocidas de Al-Naqab/Negev. Estos últimos han pagado un alto precio por la negligencia con la que el Estado los trata. En esta realidad, las fuerzas sensatas de Israel, tanto judías como árabes, deben tener una voz clara contra cualquier intento de incitar a la violencia contra grupos o de tomar la justicia por su propia mano. Debemos promover actividades conjuntas que luchen por una vida normativa sin ocupación, discriminación o superioridad étnica. Debemos luchar por la paz, la igualdad y la verdadera democracia para todos.

Comité de Relaciones Internacionales, Partido Comunista de Israel, Haifa, 7 de octubre de 2023

—https://noticiaspalestinas.com/informacion/declaracion-del-partido-comunista-de-israel/

Declaración del Partido Comunista de Zimbaue en solidaridad con el pueblo y el gobierno de Níger

El Partido Comunista de Zimbaue brinda su total solidaridad y apoyo al pueblo de la República de Níger dirigido por el presidente Abdurahaman Tchiani y el Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria en su derrocamiento del dominio colonial francés.

El golpe popular en Níger que tuvo lugar el 26 de julio de 2023 sigue a los golpes antimperialistas progresistas en Guinea y Mali en 2021 y en Burkina Faso en 2022, así como al movimiento de la República Centroafricana a través de su presidente electo Faustin Archange Tuadera para distanciar a su país del dominio francés.

El Partido Comunista de Zimbaue condena cualquier movimiento de Francia, Estados Unidos o los títeres imperialistas de la Cedeao (Comunidad Económica de los Estados de África Occidental) para revertir los resultados de un golpe apoyado por la abrumadora mayoría del pueblo nigerino y que no tiene una oposición evidente dentro del país.

Tenemos muy claro que los golpes pueden ser reaccionarios o progresistas. Gamal Abdel Nasser, Muammar Gadafi y Thomas Sankara sirvieron bien a su gente después de los golpes progresistas.

El “presidente” derrocado Mohamed Bazum quien en realidad, como la mayoría de los “presidentes” en el África francófona, no era más que un designado colonial, un gobernador colonial que trabajaba para los intereses del capitalismo monopolista francés. Cuando Francia otorgó la “independencia” a sus colonias africanas a principios de la década de 1960, mantuvo el control de las economías y continuó con la ocupación militar y las elecciones. Cualquier presidente africano que no cumplió fue destituido, y a menudo asesinado.

Actualmente, Níger es uno de los países más pobres del mundo y según las últimas cifras disponibles, las de 2020 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU por país, ocupa el puesto 189 de 189. La más baja.

Sin embargo, el uranio de Níger representa el 24 por cien del suministro a las centrales nucleares de Europa y representa casi un tercio del suministro de electricidad de Francia. Pero solo el 20 por cien de los hogares en Níger tienen electricidad, de la cual el 75 por cien fue generado por Nigeria, ¡hasta que Nigeria, bajo las órdenes de sus amos coloniales, cortó la electricidad!

Cuando el 26 de julio de 2023 asumió el poder la Guardia Presidencial de Níger, dirigida por el general Abdurahaman Tchiani, no sólo el ejército apoyó el golpe, sino que miles de ciudadanos jubilosos llenaron las calles de Niamey, la capital. Más recientemente, el presidente Tchiani, conocido por la gente como “Omar”, se dirigió a un mitin en un estadio de fútbol lleno de unas 30.000 personas que le vitoreaban.

El presidente Mamady Dumbuya de Guinea, el presidente Assimi Goita de Mali y el presidente Ibrahim Traoré de Burkina Faso prometieron apoyo militar a Níger, en caso de que fuera atacado. Otros dos países fronterizos con Níger, Argelia y Chad, se han negado a participar de cualquier forma en la actividad militar contra Níger.

El recientemente elegido presidente de Nigeria, Bola Tinubu, quien también es el actual presidente de Cedeao, amenazó con invadir Níger desde Nigeria, pero fue bloqueado por el Senado nigeriano. La participación en las elecciones de Nigeria fue de solo alrededor del 26,71 por cien; de eso, Tinubu tuvo la mayor votación, 36,61 por cien. Por lo tanto, representa solo a una minoría de nigerianos. Incluso entonces, su elección se enfrenta a un serio desafío en los tribunales. Tinubu, cuya posición personal es muy débil, no solo enfrenta una seria oposición, incluso dentro de su propio partido, sino que muchos nigerianos están pidiendo un golpe militar en su propio país porque creen que los gobiernos militares anteriores han sido menos corruptos que los gobiernos civiles.

Guinea, Mali, Burkina Faso, la República Centroafricana y Níger contrataron los servicios de la empresa militar privada rusa Wagner, que recientemente desempeñó un papel importante en la toma del complejo militar construido por la OTAN en Artyomovsk (que los ucranianos habían rebautizado como Bajmut en 2016) de fuerzas nazis ucranianas.

Liberales, eurocomunistas, trotskistas y otras fuerzas de seudoizquierda, real u objetivamente en apoyo del imperialismo, se han burlado de los gobiernos revolucionarios antimperialistas por contratar a una “empresa militar privada”.

El objetivo de esa gente es simplemente desarmar la revolución.

Actualmente, las fuerzas francesas, alemanas y estadounidenses siguen en Níger. Estados Unidos ha construido una importante base de drones con la esperanza de utilizarla para controlar la región y sus recursos.

Una de las principales excusas para que las fuerzas imperialistas estén en la región es la “Guerra contra el Terror” que los fundamentalistas islámicos están operando en la región del Sahel.

Pero, ¿de dónde vienen los fundamentalistas islámicos?

Las fuerzas fundamentalistas islámicas trabajaron en asociación con la OTAN para destruir Libia y su dirigente Muammar Gadafi. Después de hacer allí el trabajo sucio, se trasladaron hacia el sur. También hemos visto en Afganistán, Irak y Siria que estos movimientos han sido financiados por los imperialistas que luego los han usado como una excusa para enviar sus tropas como parte de la “Guerra contra el Terror”. Además, las armas enviadas por los países de la OTAN a Ucrania han llegado ahora a manos de estos yihadistas.

Los pueblos del Sahel han visto lo que está pasando y ahora están expulsando a las fuerzas imperialistas.

El imperialismo francés ha sido despiadado en el pasado, pero el clima de la opinión mundial está cambiando y la gente de África ya no está dispuesta a que se le mande.

Los africanos no olvidan el camino a seguir establecido por sus mártires, Thomas Sankara y Muammar Gadafi, y que en Burkina Faso y Libia, el nivel de vida y los derechos humanos genuinos se elevaron con esos dirigentes, y que esos grandes dirigentes fueron asesinados por los “Defensores de la Democracia y los Derechos Humanos”, y los pueblos de Burkina Faso y Libia volvieron a caer en la pobreza.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y otras naciones europeas se han visto envueltas en una guerra innecesaria contra Rusia, con la esperanza de debilitarla. En cambio, se han debilitado a sí mismos. Francia se enfrenta a un caos interno y no está en condiciones de iniciar una nueva guerra contra las determinadas naciones del Sahel.

Del 22 al 24 de agosto de 2023 se llevará a cabo la Cumbre Brics en Gauteng. Se ha especulado mucho sobre quién quiere unirse a la agrupación. Naledi Pandor, la fiable ministra sudafricana de Relaciones Internacionales, ha entregado una lista de 23 países listos para unirse a los Brics de inmediato: Argelia, Argentina, Bangladesh, Bahrein, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Egipto, Etiopía, Honduras, Indonesia, Irán, Kazajstán, Kuwait, Marruecos, Nigeria, Palestina, Arabia Saudita, Senegal, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela y Vietnam.

En el mundo en general, el dólar estadounidense se está dejando de lado como la principal moneda comercial a favor del comercio a favor del oro, las monedas nacionales, el yuan o incluso las criptomonedas. La desdolarización se está extendiendo incluso a los aliados más cercanos de Estados Unidos.

Los días de la hegemonía de Estados Unidos y Europa Occidental están llegando a su fin. Este aún no es el fin del capitalismo, pero es el fin de la agenda neoliberal y el principio del fin del neocolonialismo.

Es importante que África aproveche las nuevas condiciones. Los trabajadores, campesinos e intelectuales progresistas deben garantizar que haya una planificación económica a nivel local, nacional y panafricano.

Las empresas extranjeras deben trabajar en África bajo nuestras leyes y reglamentos y de acuerdo con nuestros planes. Siempre que sea posible, necesitamos industrias nacionalizadas bien administradas.

Nuestros propios saqueadores, que se imaginan a sí mismos como nuestros dirigentes, deben ser tratados con firmeza.

África está cambiando. El mundo esta cambiando.

¡¡Solidaridad con Níger!!
¡¡Solidaridad con el Sahel!!
¡¡Tropas francesas y estadounidenses fuera África!!
¡¡Una África de El Cabo a El Cairo!!

traducción de David Fuente

Partido Comunista de Zimbaue

1920: la proclamación de la República Socialista Soviética de Irán

En 1920 se creó una República Socialista Soviética en la provincia iraní de Gilan. Un siglo después, este efímero Estado es un poderoso recordatorio de las antiguas luchas en Oriente Medio contra el imperialismo extranjero y los opresores nacionales.

Desde hace cinco años, un grupo de guerrilleros nacionalistas y comunistas recorría los bosques de Gilan, provincia iraní situada en la orilla suroccidental del mar Caspio. El 4 de junio de 1920, entraron en la capital regional, Rasht, y proclamaron la República Socialista Soviética de Irán (RSSI).

Ante los habitantes, que los recibieron como libertadores, proclamaron: “En adelante, este movimiento nacional, con la ayuda y el concurso de todos los humanistas del mundo y reivindicando los justos principios del socialismo… ha entrado en la fase de la revolución roja”.

La revolución, pensaban, no debía limitarse a Gilan, sino que debía desafiar al imperialismo británico y a la clase dirigente colaboracionista iraní en la capital nacional, Teherán. Y efectivamente, durante dieciséis meses la bandera roja ondearía sobre la región, proyectando su sombra también sobre el resto del país. Pero en octubre de 1921, las tropas del gobierno central, con el apoyo británico, lograron reprimir la rebelión de Gilan. Los acontecimientos allanaron el camino para que el autócrata Reza Khan, que había llegado al poder en un golpe de estado en Teherán a principios de aquel año, estableciera la monarquía pahlavi, que duró hasta 1979.

Un siglo después de los acontecimientos de 1920, es importante revisar la historia de la RSSI porque demuestra el papel esencial que desempeñaron los comunistas iraníes en aquellas luchas. La RSSI pone de relieve los debates que condujeron a la ruptura con la Segunda Internacional, enriqueciéndolos con la perspectiva de los no europeos que luchan contra las injusticias coloniales y raciales.

De la revolución a la guerra

La RSSI y el golpe de Reza Khan pueden considerarse dos reacciones diferentes al fracaso de la revolución constitucional de noviembre de 1906 en Irán. Esta última había intentado establecer la soberanía popular, sometiendo al rey a una constitución y un parlamento, y expulsando al imperialismo británico y ruso. Sin embargo, los logros de esta revolución se deshicieron al intensificarse las divisiones internas en el movimiento, y Gran Bretaña y Rusia unieron sus fuerzas para apoyar a los leales reaccionarios.

La crisis política que siguió a la revolución se intensificó durante la Primera Guerra Mundial, ya que aunque Irán no fue protagonista del conflicto, se convirtió cada vez más en un campo de batalla entre las grandes potencias. Mientras las tropas zaristas ocupaban el norte de Irán, los británicos ocupaban las regiones del sur para salvaguardar los intereses de la Anglo-Persian Oil Company. La escasez de grano y alimentos fue causada en gran parte por esa ocupación extranjera, agravada por las sucesivas sequías. El resultado fue la hambruna de 1917-1918, además de que Irán se vio afectado por epidemias de cólera y gripe española, que mataron a entre uno y dos millones de personas de una población total de nueve millones.

A medida que Irán caía bajo el dominio de potencias extranjeras -con el apoyo del Sha-, algunos antiguos participantes en la revolución constitucional llegaron a la conclusión de que era más eficaz buscar derechos políticos, reformas sociales e independencia a escala regional. Esta estrategia fue llevada a cabo por Mohammad Khiabani en Azerbaiyán, por Mohammad Taqi Khan Pesyan en Jorasan y, de forma decisiva para nuestra historia, por Mirza Kuchak Khan (1880-1921) en la región de Gilan.

El movimiento Jangal

Mirza Kuchak Khan

Kuchak Khan había estudiado teología islámica, aunque nunca llegó a ser clérigo, como suelen afirmar los actuales dirigentes de Irán. Al comienzo de la revolución constitucional, desempeñó un papel destacado en la creación de una asociación de estudiantes de seminario y se unió a la defensa armada de las revueltas campesinas en Gilan. Rápidamente se ganó la reputación de patriota piadoso dispuesto a sacrificar su vida por la independencia de Irán y la justicia social. Su inspiración política procedía del panislamismo anticolonial y del socialismo reformista.

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Kuchak Khan lanzó un movimiento guerrillero en los bosques del mar Caspio, el Movimiento Jangal (bosque), que rápidamente ganó popularidad entre los campesinos de la región tras infligir varias derrotas a las tropas zaristas. El Movimiento Jangal fue un intento regional de revivir los principios de la revolución constitucional: democracia e independencia. Sus reivindicaciones sociales, en cambio, eran muy tibias, ya que pretendía ganarse el apoyo de los terratenientes y los notables, prometiendo explícitamente la protección de la propiedad privada.

En 1917 los jangalíes habían logrado ocupar partes de Gilan. La revolución rusa de febrero desorganizó a las tropas zaristas en la provincia y fue recibida con gran entusiasmo por los jangalíes, que a su vez recibieron mensajes de solidaridad de los soviets de soldados caucásicos. Desde Petrogrado, el jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky, decretó la continuación de la presencia militar rusa en Irán. Pero tras la Revolución de Octubre, que puso fin a la alianza de Rusia con Londres y París, los jangalíes y los bolcheviques se encontraron en el mismo bando en su lucha contra el imperialismo británico.

El 2 de diciembre de 1917 los bolcheviques hicieron un llamamiento a los musulmanes de Rusia y del este: “El suelo se escapa bajo los pies de los ladrones imperialistas. Ante estos grandes acontecimientos, nos dirigimos a vosotros, los esforzados y desheredados musulmanes de Rusia y Oriente”.

Estas declaraciones, la revelación de todos los tratados secretos firmados por la Rusia zarista y las demás potencias imperialistas, y la anulación del tratado anglo-ruso de 1907 que dividía a Irán en esferas de influencia, fueron recibidas con gran entusiasmo por los iraníes. Pero bajo la presión británica, el gobierno iraní se negó a reconocer a la Rusia soviética.

De hecho, los británicos aprovecharon la oportunidad para intensificar sus intervenciones en Irán, utilizando este frente alternativo para proporcionar apoyo al Ejército Blanco que operaba en el norte de Irán. El movimiento Jangal sufrió varias derrotas en 1918-19 que lo debilitaron seriamente, y algunos de sus dirigentes desertaron, seducidos por las propuestas británicas.

Los bolcheviques se dirigen al este

Sin embargo, el Movimiento revivió en el verano de 1919. A medida que la ola revolucionaria en Europa retrocedía, los bolcheviques se volvieron cada vez más hacia el este, al intensificarse las luchas anticoloniales, al triunfar los bolcheviques en la guerra civil y al convertirse el imperialismo británico en la principal amenaza para la supervivencia de la revolución rusa. Estos factores destacaron la importancia de las relaciones del Estado soviético con Irán. Los bolcheviques, que hacían campaña por la inclusión de Oriente en general y de Irán en particular en la revolución mundial, ganaron una audiencia creciente.

No obstante, la ejecución del enviado soviético I. Kolomitsev en Irán por parte de las tropas gubernamentales y la firma del acuerdo anglo-iraní, que convirtió a Irán en un protectorado británico de facto, obligaron a los bolcheviques a modificar su táctica. Crecieron los sentimientos nacionalistas y antibritánicos en Irán, lo que fortaleció a los jangalíes y aumentó la simpatía por los bolcheviques.

En este contexto, los bolcheviques se dirigieron a Kuchak Khan en julio de 1919, calificándolo de “famoso campeón de la independencia persa”. Tras reconquistar Bakú de los ejércitos otomano, británico y blanco a finales de abril de 1920, los bolcheviques fueron en busca del general Denikin del Ejército Blanco, que había huido a la ciudad portuaria de Anzali, en Gilan.

Aprovechando la situación, Kuchak Khan exigió que las tropas británicas abandonaran Gilan, y la población local acogió la llegada de la flota rusa el 18 de mayo de 1920. Sin embargo, el almirante Raskolnikov dejó claro que el poder en Anzali pertenecía a Irán, y la flota rusa abandonó las aguas iraníes una semana después.

Debilitados por la campaña militar británica de 1918-1919, los jangalíes contaron con el apoyo soviético y con cientos de jóvenes comunistas iraníes. Aprovechando sus contactos con los nacionalistas iraníes que se remontaban a la revolución constitucional, Sergo Ordzhonikidze, jefe del departamento del Cáucaso del Partido bolchevique, facilitó el acuerdo entre los jangalíes y el Partido Comunista Iraní que sentó las bases para la creación de la RSSI, a pesar de que los dirigentes bolcheviques de Moscú tenían dudas sobre la viabilidad de dicho Estado.

Según este acuerdo, el comunismo no debía introducirse en Gilan. Tras la toma de Teherán, una Asamblea Constituyente establecería un gobierno revolucionario y los soviéticos no interferirían en los asuntos internos de Irán.

Los comunistas y la RSSI

Haydar Khan Amuoqli

Los comunistas iraníes que se unieron a los jangalíes eran miembros del partido probolchevique Adalat (Justicia), que habían formado en 1916 en Bakú los miembros del Partido Socialdemócrata de Irán. Ambas partes sacaron su fuerza de las decenas de miles de trabajadores iraníes migrantes en el Cáucaso, especialmente los trabajadores del petróleo de Bakú.

Desde mediados de 1918, Adalat comenzó a establecer sucursales en una docena de ciudades iraníes y reclutó a miles de personas en el Ejército Rojo iraní. Tras unir fuerzas con los jangalíes, la dirección del Adalat convocó un congreso en Anzali del 20 al 23 de junio, y cambió su nombre por el de Partido Comunista Iraní (PCI).

Los debates en el Congreso fueron dirigidos por dos facciones. Una de ellas estaba dirigida por el revolucionario iraní Avetis Soltanzadeh, que fue elegido primer secretario. Abogaba por una revolución socialista, en lugar de una burguesa o nacionalista, que se lograría mediante la redistribución de la tierra, la nacionalización de las industrias y el establecimiento de una “democracia soviética”.

La otra facción, dirigida por Haydar Khan Amuoqli, un veterano de la revolución constitucional, que no estuvo presente en el Congreso, argumentó que las condiciones precapitalistas de Irán significaban que estaba en el camino de la revolución nacional y no estaba maduro para el comunismo. Por lo tanto, los comunistas tenían que apoyar a la burguesía e incluso a los terratenientes que se oponían al imperialismo británico.

Los jangalíes también estaban divididos. Kuchak Khan tenía inclinaciones socialistas, pero soñaba con la liberación nacional y no con que los soviets ocuparan el lugar de los terratenientes y los comerciantes. Se vio atrapado entre los terratenientes y comerciantes ferozmente antibolcheviques y el ala izquierda de los jangalíes dirigida por Ehsanollah Khan Dustdar. Este último tenía estrechos vínculos con los comunistas iraníes y, como comandante del recién formado Ejército Rojo iraní, abogaba por marchar con los bolcheviques sobre Teherán para derrocar al gobierno.

Esas diferencias ideológicas determinaron el programa y la acción de la RSSI. El gobierno revolucionario expulsó a las fuerzas británicas y a los funcionarios del gobierno central, limitó el poder de los grandes terratenientes, los comerciantes y los clérigos, estableció un banco nacional y subió los impuestos, ya que el nuevo estado carecía de fuentes financieras importantes. Mejoró la educación y luchó contra la discriminación étnica y religiosa. Sus medidas contra el acaparamiento y los monopolios protegieron a la población de la escasez de alimentos en el resto del país.

Pero en dos meses, la coalición PCI-Jangali se rompió. La cuestión de la reforma agraria era controvertida, ya que los llamamientos a la redistribución de la tierra asustaron a los aliados de Kuchak Khan.

Hubo rumores de “adquisiciones injustificadas, prohibición del comercio privado, cierre de bazares, ataques al clero musulmán” organizados por “dirigentes izquierdistas del PCI”. Además, se extendieron rumores descabellados, difundidos por publicaciones pro-británicas, terratenientes y políticos, de que los bolcheviques vendían pan de paja y pegamento, estaban a punto de confiscar las casas de los campesinos, obligar a las mujeres a descubrirse, e incluso que enterraban a personas vivas en los patios de las mezquitas, para extorsionarlas.

Al cabo de un mes, las tensiones se dispararon. Kuchak Khan abandonó Rasht el 9 de julio de 1920 para reorganizar sus fuerzas en los bosques de Gilan. El PCI y los desertores radicales de los jangalíes tomaron el poder el 31 de julio de 1920 y formaron un nuevo gobierno revolucionario, muy debilitado por su ruptura con Kuchak Khan. Ante la falta de dinero y el recrudecimiento de la guerra con el gobierno central, la RSSI aumentó los impuestos que pesaban sobre los campesinos y los artesanos.

En el marco del giro de los bolcheviques hacia los países coloniales, el 18 de septiembre de 1920 se celebró en Bakú un Congreso de los Pueblos del Este. La RSSI fue objeto de muchas discusiones. La delegación iraní estuvo bien representada, con 202 delegados de un total de 2.050. Amuoqli y sus partidarios argumentaron que “la ruptura con Kuchak Khan como representante de las clases nacionalistas y las tendencias revolucionarias de Persia” había sido un grave error. El presidium del Consejo de Acción y Propaganda elegido en el Congreso de Bakú estuvo de acuerdo y emitió una resolución criticando al PCI:

“Nuestra posición en Persia se vio comprometida por una política ineficaz: la proclamación de una ‘república socialista’, la aplicación prematura de ciertas medidas ostensiblemente ‘comunistas’, [que equivalían a] un saqueo absoluto, enemistaron a la población persa y reforzaron la política del gobierno del Sha y la posición de los británicos”.

Tras el Congreso, los bolcheviques calificaron a la RSSI de “aventura persa” y, bajo la dirección de Lenin, el Comité Central del Partido Comunista Ruso aprobó una resolución en la que se pedía el fin de la lucha armada en Gilan “porque ya no era un movimiento democrático”. En el Congreso de Bakú, Soltanzadeh fue marginado en el PCI y se eligió un segundo Comité Central bajo la dirección de Amuoqli con la tarea de reconstruir la coalición con Kuchak Khan.

La caída de la RSSI

Mientras el PCI intentaba reconciliarse con Kuchak Khan, los británicos aprovecharon la situación para reorganizar las tropas iraníes. Los intentos de manipular a los políticos iraníes corruptos les decepcionaron y trataron de promover a un oficial cosaco, Reza Khan, para que gobernara el país con puño de hierro. Tras ser ascendido al rango de teniente coronel, Reza Khan dirigió a sus hombres hacia Teherán y tomó la capital el 21 de junio de 1921.

Mientras los golpistas de Teherán consolidaban su poder, la reconciliación entre el PCI y Kuchak Khan fue anunciada en Irán Rojo, el órgano oficial de la RSSI. Se nombraron miembros no comunistas para el nuevo gobierno revolucionario, que anunció que Gilan serviría de base para la revolución en Irán, que no se permitía la injerencia de países extranjeros, que sólo se solicitaría ayuda soviética en casos de emergencia y que los campesinos quedaban exentos de pagar impuestos durante tres años.

El trabajo de la RSSI se vio obstaculizado por la persistente desconfianza interna y las luchas internas. Kuchak Khan estaba preocupado por la creciente popularidad de Amuoqli en la región. Lo que es más importante, pretendía seguir apoyando a los ricos terratenientes y comerciantes, por lo que se opuso a los llamamientos a la nacionalización de las tierras de Amuoqli, con el fin de obtener el apoyo de la mayoría de la población campesina.

A finales de septiembre de 1921, Amuoqli y su aliado kurdo Khalu Qorban fueron invitados por Kuchak Khan a una reunión para resolver sus problemas, pero fueron víctimas de un intento fallido de asesinato. Aprovechando el caos creado por estas luchas internas, la división cosaca de Reza Khan marchó sobre Gilan. Mientras Amuoqli huía, Khalou Qorban y sus hombres desertaron y, junto con los cosacos de Reza Khan, atacaron a Kuchak Khan.

El 15 de octubre, la capital Rasht cayó en manos de los cosacos. Amuoqli fue capturado y ejecutado por uno de los aliados de Kuchak Khan, aunque no está claro si él dio la orden. Rodeado por las tropas de Reza Khan y sus aliados, Kuchak Khan murió congelado en las montañas.

La revolución del fin del mundo

Los conflictos internos de la RSSI entre comunistas y nacionalistas desempeñaron un papel importante en su caída, pero el imperialismo británico y la clase dirigente iraní de ricos terratenientes y comerciantes fueron los verdaderos culpables.

La RSSI estaba aislada en Irán en ausencia de una clase obrera moderna que, incluso en pequeño número, podría haber dirigido las luchas urbanas y podría haber formado un frente unido con los campesinos. Aunque esta perspectiva existía en China en 1925-27, la realidad es que no existía en las condiciones particulares de Irán en 1920.

Sin embargo, la RSSI sirve para recordar las posibilidades que abrió la Revolución de Octubre y su giro hacia el este. De repente, movimientos como los jangalíes y el PCI pudieron prever un resultado muy diferente para sus luchas: la eliminación del colonialismo y la pobreza en la que vivía la mayoría de los campesinos.

El Partido Comunista de Suecia se opone al ingreso de su país en la OTAN

El Partido Comunista de Suecia (SKP) condena la decisión del Partido Socialdemócrata, que actualmente encabeza el gobierno, de apoyar la adhesión del país a la OTAN. En un comentario publicado en el periódico oficial del SKP, “Riktpunkt”, señalan que al aceptar la adhesión de Suecia a la alianza imperialista del Atlántico Norte, los socialdemócratas violan de hecho las decisiones de su propio Congreso.

En mayo la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, anunció que Estocolmo buscaría un amplio apoyo para la candidatura a la OTAN, después de que su partido abandonara su antigua oposición a la adhesión.

El SKP recuerda que en noviembre del año pasado el Congreso del Partido Socialdemócrata aprobó el siguiente acuerdo:

“El no alineamiento militar es uno de los fundamentos de la política de seguridad sueca y, junto con el aumento de nuestras capacidades militares y la profundización de la cooperación internacional, contribuye a la seguridad y la estabilidad en nuestra región. Nos da la libertad de actuar de la mejor manera que sirva a la distensión, al desarrollo pacífico y garantice nuestra independencia en política exterior. Por lo tanto, Suecia no debería ingresar en la OTAN”.

El Partido Comunista señala que este cambio de política de los socialdemócratas está relacionado con las aspiraciones del capital sueco de asegurar su esfera de intereses y defender sus inversiones en el extranjero. “Es inevitable que las contradicciones en el conjunto del sistema capitalista-imperialista se intensifiquen y que el capital de cada país busque las inversiones más rentables y las mejores condiciones para su crecimiento”, señala el SKP.

“Por supuesto, la situación de la política de seguridad ha cambiado. Las inversiones suecas en el extranjero están ahora más amenazadas que hace 10 años porque las contradicciones se han acentuado. Por ello, los políticos suecos están actuando para defender sus propias inversiones y no pueden hacerlo solos. Así que es muy sencillo: cuando el capital ordena, las decisiones del Congreso no significan nada”.

—http://www.idcommunism.com/2022/05/blog-post_16.html

‘La Madre’ de Gorki reaparece en la Guerra de Ucrania

Hace unos días se difundió por internet el vídeo de unos soldados ucranianos burlándose de una anciana que los confundió con soldados rusos.

La mujer salió a saludar a los soldados llevando en sus manos la bandera roja de la victoria. Dijo que estaban esperando a los soldados rusos y que estaba “rezando por ellos”.

Cuando un soldado ucraniano le ofreció comida, la anciana se negó en un principio, diciendo que los soldados la necesitaban más, pero le convencieron para que cogiera una bolsa de comida enlatada.

Los soldados se apoderaron entonces de la bandera y la pisotearon. Por ese motivo la anciana devolvió la comida a los soldados ucranianos. Hay quien ha aprendido a no venderse ni siquiera por un plato de comida

En el diálogo la mujer dice que sus padres lucharon por la bandera roja.

El vídeo de “La Madre Coraje” ha dado la vuelta al mundo y los grafiteros la han convertido en un símbolo. En Ekaterimburgo la han retrado como símbolo de dignidad, recordando recordando el monumento “La patria nos llama” que recuerda a la Segunda Guerra Mundial.

La mujer porta la bandera roja en las manos y una sombra detrás de ella la reconvierte en la Estatua de la Libertad empuñando una metralleta. No se puede ser más gráfico.

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El Partido Comunista de la Federación Rusa apoya la operación militar en Ucrania

El 24 de febrero, el presidente V.V. Putin decidió realizar una operación especial en Ucrania. Su objetivo es la desmilitarización y desnazificación de este país, la protección de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

El Golpe de Estado de 2014 en Ucrania se llevó a cabo con el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea. Llevó al poder a fuerzas extremadamente reaccionarias, saturadas con el veneno del nazismo de Bandera y la rusofobia. La quema de personas en la Casa de los Sindicatos de Odessa se convirtió en un amargo símbolo de las intenciones antipopulares de quienes se precipitaron al poder. Se tomó un rumbo para romper los lazos con Rusia, para segregar a la población rusa. La respuesta de los habitantes de Crimea y Sebastopol fue su regreso a su puerto natal. La población de las regiones de Donetsk y Lugansk tomó el camino de la independencia. Los intentos de Bandera de “pacificar” la DPR y la LPR provocaron miles de víctimas.

Con el fin de poner fin a las hostilidades en Donbass, se llegó a un compromiso en forma de Acuerdos de Minsk. De acuerdo con ellos, el DPR y LPR podrían seguir siendo parte de Ucrania en los términos de una amplia autonomía. Sin embargo, el intento de Rusia de lograr la implementación de los acuerdos no dio ningún resultado. Había una necesidad urgente de implementar otras medidas para proteger a 800.000 ciudadanos de la Federación Rusa y prevenir el genocidio de civiles en el Donbass.

El drama de la situación se vio reforzado por el hecho de que las autoridades de Bandera en Kiev buscaban cada vez más la admisión de Ucrania en la OTAN. El territorio del país se estaba convirtiendo en un trampolín para la colocación de armas de Estados Unidos y sus aliados. La disposición de las fuerzas de la OTAN en Ucrania creó oportunidades fundamentalmente nuevas para lanzar un ataque con misiles nucleares sobre nuestro país. Estas acciones hostiles fueron acompañadas por una monstruosa presión propagandística sobre el pueblo de Ucrania, nuestros hermanos y hermanas. La preparación por parte de Occidente de una gran guerra en Europa trajo muerte y destrucción a la población tanto de Rusia como de Ucrania.

Durante todos estos años, el Partido Comunista de la Federación Rusa se guió por las ideas de la amistad histórica y la hermandad de nuestros pueblos, reveló la esencia fascista de la ideología de Bandera y demostró la naturaleza antidemocrática del régimen de Kiev. Defendimos el derecho del pueblo de Donbass a la vida ya la dignidad, a la lengua rusa y a su cultura, al reconocimiento de su joven condición de Estado. Los voluntarios comunistas lucharon en las trincheras en la línea de fuego, murieron bajo los bombardeos de las formaciones nazis. El Partido Comunista de la Federación Rusa envió 93 convoyes de ayuda humanitaria a la RPD y LPR, de año en año implementó el programa “De los niños de Rusia a los niños del Donbass”.

Entendiendo las razones de la operación especial en Ucrania, el Partido Comunista de la Federación Rusa pide a las autoridades de la Federación Rusa que tomen medidas integrales cuidadosa y persistentemente para proteger a la población civil, incluso de posibles provocaciones de bandas fascistas.

Consideramos extremadamente importante implementar planes para la desmilitarización de Ucrania, evitando bajas entre el ejército ucraniano y brindando todo el apoyo necesario a quienes depusieran las armas.

Hacemos un llamamiento a todas las fuerzas políticas de Rusia para que utilicen los mecanismos de la diplomacia pública en aras del triunfo de las ideas de la amistad centenaria entre rusos y ucranianos. Los pueblos de nuestros dos países deben comprender profundamente que la población de Ucrania se ha convertido en rehén de la expansión de la OTAN y víctima de la propaganda desenfrenada de Bandera.

El PCFR está convencido de que la defensa de los intereses nacionales de Rusia no puede limitarse a medidas diplomáticas y político-militares. Cada vez es más urgente la necesidad de grandes cambios en la vida de nuestro país. La cuestión de la supervivencia histórica de Rusia se convierte en un giro decisivo del poder hacia la protección de los intereses de las amplias masas populares.

Superar la división de clases sociales y unir a la sociedad frente a diversas amenazas requiere un modelo fundamentalmente nuevo de vida económica y social. Debería servir no para enriquecer a los especuladores financieros, sino para promover la industria y la agricultura, desarrollar la ciencia y la educación, apoyar la salud pública y la cultura. En el contexto de las duras sanciones occidentales, se necesita una sustitución real de importaciones, una desdolarización de la economía y frenar la fuga de capitales. El efecto adecuado de estos pasos solo es posible en conjunto con la nacionalización de sectores estratégicos de la economía, el uso de los recursos naturales más ricos en interés de todos los ciudadanos y la planificación estatal de la vida económica. Solo así, recordando la gran experiencia de la Unión Soviética, estudiando la esencia de los éxitos modernos de China y otros países, Rusia garantiza la autosuficiencia.

La mejor manera de llevar el poder a un nuevo rumbo sería un conjunto de medidas inmediatas, incluyendo el regreso de la escala soviética de edad de jubilación, la preservación y el fortalecimiento del gobierno local, el rechazo de la vacunación forzada y el campo de concentración electrónico, y el cese de represión política contra los comunistas y otros representantes de las fuerzas patrióticas de izquierda.

Para que el sistema político ruso sea estable y democrático, es necesario fortalecer la confianza de los ciudadanos en los procedimientos electorales. Con este fin, se requiere de una vez por todas detener los intentos de introducir el voto electrónico remoto y de tres días, para apoyar e implementar la idea de una reparación completa del sistema electoral.

El Partido Comunista de la Federación Rusa espera que frente a las crecientes amenazas externas, los líderes de la Federación Rusa sigan el camino de garantizar una seguridad nacional integral y genuina. En nuestra opinión, solo puede garantizarse mediante un cambio radical en el rumbo socioeconómico y la implementación de las medidas establecidas en la base de nuestro programa “Diez Pasos hacia el Poder del Pueblo”.

La repuesta a la presión externa debe ser un cambio radical en la política interna, declaración del Presidente del Comité Central del Partido Comunista de la Federación Rusa G.A. Ziuganov, 26 de febrero de 2022
https://kprf.ru/party-live/cknews/208856.html https://kprf-ru.translate.goog/party-live/cknews/208856.html

La revolución mexicana llevó a John Reed al comunismo

En 1913, el periodista estadounidense John Reed se unió a una banda de soldados revolucionarios en México. Pocos de ellos llevaban el uniforme completo. Algunos sólo llevaban sandalias de piel de vaca. Acamparon en el norte de Durango, durmiendo en los suelos de baldosas de una hacienda cuyo rico propietario había sido desalojado por las fuerzas revolucionarias.

Pero justo entonces, los colorados contrarrevolucionarios llegaron con la intención de matarlos a todos.

Reed, conocido por sus amigos en casa como Jack y por sus amigos en México como Juan, tenía veintiséis años. Era un joven luchador, ingenioso y generalmente autocontrolado, aunque en ese momento estaba muerto de miedo. Las balas ya volaban, enviando a las mulas y a los hombres a dispersarse por el desierto de Chihuahua. Los campesinos de la hacienda se refugiaron en sus modestas casas de adobe y rezaron. Un soldado, con el rostro ennegrecido por la pólvora, pasó al galope gritando que toda esperanza estaba perdida.

Reed escapó a pie con un pequeño destacamento. Huyeron por un estrecho camino entre el chaparral, con los colorados pisándoles los talones. El combatiente de catorce años que estaba a su lado fue pisoteado y tiroteado. Reed tropezó con una rama de mezquite y cayó a un arroyo, donde se quedó tumbado escuchando a los colorados discutir sobre qué dirección tomar. Permaneció inmóvil mientras sus voces se apagaban y finalmente perdió el conocimiento. Cuando se despertó, todavía podía oír los disparos cerca de la Casa Grande. Según supo más tarde, era el sonido de los colorados disparando a los cadáveres por si acaso.

Se adentró en el arroyo para alejarse de la acción, pero de repente le sorprendió un extraño en su camino. El desconocido tenía un pañuelo ensangrentado alrededor de la cabeza y llevaba un sarape verde en el brazo. Sus piernas estaban cubiertas de sangre de las espadas, los cactus espinosos que cubrían el suelo del desierto. Reed no podía decir de qué lado estaba luchando. El hombre le hizo una señal y Reed no vio otra opción que seguirle.

Llegaron a la cima de una colina y el desconocido señaló un caballo muerto, con las patas tiesas apuntando hacia arriba. Cerca yacía el cuerpo de su jinete, destripado. Reed se volvió para mirar al hombre del sarape verde y vio que sostenía una daga. El muerto era un colorado. Juntos lo enterraron, cubriendo la tumba poco profunda con piedras y atando una cruz con ramas de mezquite. Cuando terminaron, el hombre del sarape verde condujo a Reed a un lugar seguro.

El año anterior, Reed había estado en Portland, Oregón, vagando por las calles solo de noche, perdido en pensamientos infelices. Volvió a casa para el funeral de su padre y para arreglar los asuntos financieros de su familia. Reed descendía de una familia antaño rica cuya fortuna casi había desaparecido. Atrás quedaba también la alegría de los días de Reed en Harvard y la novedad de la vida de escritor bohemio en Nueva York. Reed estaba a la deriva, inseguro del tipo de vida que llevaría, del tipo de hombre en el que se convertiría.

pancho villa

Menos de una década después, Reed murió en Rusia, como bolchevique, traidor a su país y a su clase. Sus restos descansan ahora en la necrópolis del muro del Kremlin, en Moscú. Su biografía quedó inmortalizada en la aclamada película épica de Warren Beatty, Reds, de 1981. Y aunque la película describe vívidamente muchos episodios importantes de su colorida e histórica vida, descuida uno especialmente importante. A excepción de un breve plano de Beatty atravesando el desierto de Chihuahua, la película no menciona la época en que John Reed vivió la Revolución Mexicana junto a los combatientes, incluido el propio Pancho Villa.

Fue en México donde Reed no sólo dio rienda suelta a su gusto por la acción y la aventura, sino que también fue testigo de la pobreza degradante, la esperanza revolucionaria y todo lo que la clase capitalista internacional podía hacer para impedir una transformación social igualitaria.

En la víspera del asedio a la hacienda, se leyó en voz alta una proclama del gobernador de Durango a los soldados en sus dormitorios. Decía:

Considerando que… las clases rurales no tienen ningún medio de subsistencia en el presente, ni ninguna esperanza para el futuro, excepto servir como peones en las haciendas de los grandes terratenientes, que han monopolizado el suelo del Estado…

Considerando… que los pueblos rurales han sido reducidos a la más profunda miseria, porque las tierras comunes que antes poseían han sido aumentadas a la propiedad de las haciendas, especialmente bajo la dictadura del presidente Porfirio Díaz, bajo la cual los habitantes del Estado perdieron su independencia económica, política y social, pasando del rango de ciudadano al de esclavo, sin que el gobierno pueda elevar el nivel moral a través de la educación, porque la hacienda donde vivían es propiedad privada…

Por lo tanto, el gobierno del estado de Durango declara que es una necesidad pública que los habitantes de las ciudades y pueblos sean dueños de las tierras agrícolas.

Esto, le dijo un soldado a Reed, es la revolución mexicana. Al día siguiente, en lugar de huir, el soldado permaneció en la Casa Grande, donde murió tratando de repeler a los colorados en vano.

El  ‘Niño Tormentas’

John Reed nació en 1887 en Portland, Oregón, entonces dominado por los pioneros capitalistas del este. Mientras los barones de la madera pasaban en elegantes coches, los trabajadores de la ciudad caminaban a duras penas por avenidas embarradas, peligrosamente llenas de tocones y troncos talados del bosque, para realizar trabajos manuales agotadores o para beber y apostar en el vicio de la ciudad.

La aparente laxitud moral de la clase trabajadora de Portland preocupaba mucho a los miembros del Club Arlington, una institución exclusiva fundada veinte años antes para promover la solidaridad social y profesional entre las élites locales. Uno de los fundadores del Arlington Club fue Henry Green, el abuelo materno de John Reed, que había llegado desde el norte del estado de Nueva York, donde había establecido una exitosa empresa comercial. Henry y su esposa, Charlotte, se convirtieron en incondicionales de la alta sociedad de Portland.

Su hija, Margaret Green, se casó con C. J. Reed, otro joven y ambicioso hombre de negocios del norte del estado de Nueva York, y fundaron su familia en la finca Green. John Reed describió posteriormente la casa como una “casa señorial gris” rodeada de un denso bosque de abetos. Sus abuelos vivían en un “lujo a la rusa”, su casa estaba ricamente decorada con elaborados tejidos y objetos exóticos adquiridos durante sus viajes por el mundo. Aunque está enclavada en el esmeralda Valle de Willamette, a mundos de distancia del desierto de Chihuahua, la opulenta finca tenía mucho en común con las haciendas cuya expropiación fue uno de los principales objetivos de la Revolución Mexicana.

John Reed no era un niño especialmente feliz. Una enfermedad renal le mantuvo en casa la mayor parte del tiempo. Al principio estuvo confinado en la finca Green, donde le cuidaban los criados chinos, que le obsequiaban con fascinantes historias sobre su lejana patria. Más tarde, cuando la familia dejó la finca, empezó a leer como un loco. Era tímido con otros niños, y una vez pagó 25 centavos a un matón del barrio para que no le pegara.

El negocio de C. J. Reed nunca había tenido tanto éxito como el de Henry Green, y con Charlotte Green gastando el resto de la fortuna de su difunto marido, los padres de John se vieron incapaces de reponer la antigua fortuna familiar. No eran pobres, pero tampoco podían mantener su antiguo estilo de vida. A pesar de ello, C. J. reunió el dinero para enviar a su hijo a un internado en Morristown, Nueva Jersey, con la intención expresa de que el chico ingresara en Harvard.

En Morristown, John Reed prosperó. Por fin estaba físicamente en forma, y descubrió que una cierta reputación le precedía como occidental. Los otros chicos, todos de sangre azul, esperaban un hombre salvaje de la frontera. Habiendo consumido una gran cantidad de novelas de aventuras a lo largo de su aislada infancia, estaba dispuesto y era capaz de interpretar el papel. De la noche a la mañana, el que fuera un niño huraño se convirtió en un joven popular con la habilidad de desafiar juguetonamente a la autoridad. En algún momento, recibió el apodo de “Niño Tormentas”, que evoca una vitalidad traviesa y una tendencia a portarse mal que estuvieron latentes durante su infancia sumisa y protegida.

En Harvard, Reed desarrolló una nueva conciencia y una profunda aversión a la riqueza excesiva. Le consternó saber que algunos de sus nuevos compañeros habían recibido un estipendio de 15.000 dólares al año (el equivalente a casi 400.000 dólares anuales en la actualidad). El deseo de Reed de caer bien estaba dominado por su irreprimible desprecio por la cultura y las costumbres de Harvard. “Cuanto más los conocía”, escribió más tarde sobre sus compañeros de Harvard, “más me repugnaba su fría y cruel estupidez”. Empecé a compadecerme de ellos por su falta de imaginación y la estrechez de sus vidas rutilantes: clubes, atletismo, sociedad”.

Reed se burlaba de Harvard siempre que tenía la oportunidad, y a menudo hacía bromas que atraían la ira de las autoridades del campus. El colegio incluso revivió una forma arcaica de castigo sólo para Reed, un tipo de confinamiento obligatorio. El escritor e intelectual Walter Lippmann, que asistió a Harvard con Reed, escribió que “vino de Oregón, mostró sus sentimientos en público y dijo lo que pensaba a los hombres del club a los que no les gustaba oírlo”. Incluso cuando era estudiante, traicionó lo que muchos creían que era la pasión central de su vida, un deseo desmedido de ser arrestado”.

Aunque asistió a algunas reuniones del Club Socialista, la campaña de Reed para socavar el egoísmo de Harvard estaba impulsada más por su odio a las convenciones aristocráticas que por cualquier visión política de una sociedad sin clases. Esto cambió después de que Reed se graduara y se trasladara a Nueva York para intentar escribir, al principio con poco éxito.

En busca de un tema adecuado y de un buen rato, pasaba las tardes en establecimientos de mala reputación, del tipo que el Club Arlington de su abuelo habría desaprobado en Portland, charlando con los clientes y siguiéndolos por la ciudad para averiguar dónde y cómo vivían. Una de las historias que surgió de este proceso fue un retrato sincero y humanizador de una prostituta que Reed conoció en la ciudad. Los editores de la ciudad estuvieron de acuerdo en que era excelente, pero todos consideraron que era demasiado ambiguo desde el punto de vista moral para publicarlo.

Cuando Reed regresó a Portland, de luto por la muerte de su padre y rumiando su estancada vida en Nueva York, se enteró de que una revista socialista, The Masses, había aceptado publicar su historia. Posteriormente, Reed escribió para The Masses, y sus intereses y perspectivas comenzaron a alinearse con el mensaje ideológico de la publicación.

En una fiesta organizada por la artista de vanguardia y miembro de la sociedad Mabel Dodge Luhan, Reed conoció a “Big Bill” Haywood, que había acudido para recabar el apoyo de los progresistas urbanos a una huelga de trabajadores textiles en Paterson, Nueva Jersey. Reed siguió a Haywood a Paterson y entró en una nueva fase de su vida.

La experiencia de Reed allí, en Nueva Jersey, le transformó en dos cosas a la vez: periodista y socialista. No sólo cubrió la huelga de Paterson de 1913 para The Masses, sino que también fue encarcelado junto a los huelguistas, una experiencia que relató de forma colorida y conmovedora en sus informes. Poco después, se unió a la Internacional de los Trabajadores y ayudó a organizar los esfuerzos de solidaridad con los huelguistas.

Al mismo tiempo, Reed demostró ser un escritor convincente y un periodista inusualmente valiente, dispuesto a meterse en medio de las cosas en lugar de hurgar. Cuando los editores de Metropolitan le contrataron para informar sobre la revolución mexicana, lo hicieron porque sospechaban que se encontraría en el centro de la acción como una polilla a la llama. Y tenían razón.

Tierra y libertad

Al principio de la revolución, 15 millones de personas vivían en México. Durante el conflicto, murieron cerca de un millón de personas y unos dos millones más emigraron a Estados Unidos para escapar de la violencia.

John Reed podría haber perdido fácilmente la vida, viajando como lo hizo con los ejércitos asediados en el punto álgido de los problemas en 1913 y 1914. En cambio, sobrevivió y publicó un apasionante libro de reportajes, “México insurgente”, que sirvió de prototipo para “Diez días que estremecieron al mundo”, su famoso relato de la Revolución Rusa. Su experiencia en México consolidó su condición de periodista estadounidense de referencia en la cobertura de conflictos armados en su país y en el extranjero. También le hizo conocer nuevos niveles de privación y explotación, y le hizo comprender la necesidad del socialismo internacional.

La historia de la revolución mexicana comienza con Porfirio Díaz, que a mediados del siglo XIX había sido dirigente de la facción liberal del país, partidaria de la democracia y el capitalismo de libre mercado, en su lucha con los conservadores, que preferían un sistema social jerárquico más tradicional regido por un monarca y la Iglesia católica. Díaz llegó a la presidencia en 1876 y, con el tiempo, abandonó su compromiso liberal con la democracia política. El cambio de siglo llegó y pasó, y él seguía en el poder.

Como dictador, Díaz ejerció un férreo control sobre la política mexicana mientras su ejército nacional de federales y su policía rural mantenían al pueblo mexicano bajo su dominio. Pero mientras renegaba de sus promesas políticas, Díaz se mantenía firme en su compromiso con el capitalismo. El régimen porfirista hizo todo lo posible para satisfacer a los ricos terratenientes de México, los hacendados, así como para abrir el país a los inversores extranjeros, especialmente estadounidenses, pero también británicos y franceses, que estaban excavando minas y pozos de petróleo y requisando vastas plantaciones.

Con el apoyo de Díaz, la élite empresarial nacional y extranjera se benefició enormemente del despojo de los pequeños agricultores de subsistencia y de los terratenientes de sus modestas posesiones individuales y colectivas. Los campesinos mexicanos estaban encadenados de forma semifeudal a las haciendas rurales, o se veían obligados a trabajar en condiciones peligrosas en los campos y las minas por salarios bajos, a menudo como trabajadores informales precarios. Algunos indígenas fueron incluso vendidos como esclavos.

Una primera protesta contra la dictadura de Díaz, encabezada por los hermanos Flores Magón, fue aplastada en 1906. Pero dejó una impresión duradera, al vincular dos demandas en la mente de los mexicanos: la democracia política, por un lado, y la reforma agraria, por otro. En particular, el fin del sistema represivo de las haciendas y la redistribución de la tierra a las personas que la trabajaban. La revolución que se avecina resumirá estas dos reivindicaciones con el lema tierra y libertad.

La revolución llegó finalmente cuando Francisco Madero, el hijo liberal de una familia adinerada que poseía no sólo tierras y minas sino también fábricas, intentó ser elegido para la presidencia, una traición por la que Díaz lo hizo arrestar y encarcelar. El conflicto fue al principio intra-élite: Madero representaba un segmento emprendedor de la clase capitalista, más moderno que los hacendados de la vieja escuela. Pero los llamamientos de Madero a la democracia tuvieron un amplio atractivo. Ejércitos improvisados de campesinos y trabajadores desesperados por un cambio se unieron a su causa, dirigidos por una nueva generación de dirigentes que parecían salir de la nada.

En el plazo de un año, el régimen de Díaz fue derrocado y Madero llegó al poder. Pero la revolución estaba lejos de terminar. Madero asumió la presidencia pero cambió muy poco, manteniendo la mayoría de las estructuras administrativas e incluso el personal. Sus intentos de apaciguar a los porfiristas descontentos tuvieron poco éxito, ya que de todos modos hubo rebeliones de la derecha. Mientras tanto, la izquierda que había llevado a Madero al poder estaba consternada por su aparente desinterés en llevar a cabo cualquier tipo de programa ambicioso de reformas.

Emiliano Zapata, comandante de un ejército campesino en el sur de México, el más ideológico y radical de todos los nuevos dirigentes, declaró que la revolución seguía en pie mientras la cuestión de la reforma agraria siguiera sin resolverse y la pobreza sin aliviarse. “La tierra es para el que la trabaja”, decía el lema zapatista.

El ejército de mineros, ferroviarios y campesinos de Pascual Orozco en el norte también se volvió contra Madero, haciéndose eco de las peticiones no sólo de expropiación de las haciendas, sino también de mejores condiciones de trabajo y protección para los sindicatos.

La aparente debilidad del gobierno de Madero frente a estas rebeliones obreras y campesinas de izquierda asustó a las élites empresariales nacionales e internacionales y a sus aliados en el gobierno. Para resolver este problema, Henry Lane Wilson, embajador del presidente estadounidense William Howard Taft en México, desempeñó un papel destacado en la orquestación de un golpe de estado en el que Madero fue asesinado y un general traidor, Victoriano Huerta, asumió la presidencia. Este fue el comienzo de un juego que Estados Unidos perfeccionaría a lo largo del siguiente siglo.

Tras el asesinato de Madero en 1913, se desató el infierno. Huerta ofreció con éxito a Orozco concesiones en materia de derechos de los trabajadores a cambio de su lealtad, pero Zapata, inflexible en la cuestión de la reforma agraria, se opuso. También lo hizo Pancho Villa, el dirigente del mayor ejército revolucionario del país, la poderosa División del Norte. Aunque las simpatías personales de Villa estaban con los pobres, trabajó al menos sobre el papel para otro general, Venustiano Carranza, un dirigente menos radical que había tomado la causa maderista contra Huerta.

Fue en este caótico momento, cuando la lista de nombres importantes se hizo demasiado larga para ser clara, cuando John Reed cruzó la frontera desde la ciudad texana de Presidio hasta la mexicana de Ojinaga. Esta última había sido asediada cinco veces desde que comenzó el conflicto tres años antes. De Ojinaga, devastada por la guerra, escribió:

“Las polvorientas calles blancas de la ciudad rebosaban de suciedad y forraje; la vieja iglesia sin ventanas tenía tres enormes campanas españolas colgadas fuera en una estaca, una nube de incienso azul salía de la ennegrecida puerta, donde los combatientes rezaban por la victoria noche y día, encorvados bajo los rayos de un sol incendiario… Pocas de las casas tenían aún tejado, y todas las paredes habían sido arrasadas por los proyectiles.“

Reed comprendió inmediatamente que, aunque la proliferación de ejércitos y el constante cambio de lealtades hacían que el conflicto fuera difícil de seguir, en realidad era sencillo de entender. “Es común hablar de la Revolución de Orozco, la Revolución de Zapata y la Revolución de Carranza”, escribió. “De hecho, sólo hubo y hay una revolución en México. Es una lucha ante todo por la tierra”.

Abrir el puño cerrado

Cuando el país salió de la dictadura burguesa de Díaz, los campesinos y los trabajadores de México carecían de un vehículo político para unirse y promover sus intereses. Lo más parecido a esto fue el ejército de Zapata en el sur, que tenía claros sus objetivos: no sólo la democracia política y la reforma agraria, sino también la escuela pública laica universal, lo que lo ponía en conflicto con la Iglesia católica, que controlaba la educación, y la nacionalización del medio ambiente y los recursos naturales de México, lo que lo ponía en conflicto con los capitalistas nacionales e internacionales.

Pero en el norte no había un ejército con objetivos políticos tan explícitos. Pancho Villa era conocido como el Robin Hood de México por su voluntad de redistribuir la riqueza y las tierras, a menudo adquiridas mediante la expropiación despiadada y el astuto bandolerismo. Pero actuó en coalición con otros cuyas inclinaciones eran notablemente menos redistribucionistas, y además, sean cuales sean sus simpatías de clase, Villa era más un militar que un líder político. Así, los obreros y campesinos del norte injertaron imperfectamente sus propias esperanzas de transformación social radical en la confusa revolución que ya estaba en marcha.

Reed se unió a un batallón revolucionario bajo el mando del general Tomás Urbina, cuyo círculo íntimo mostraba la variedad de perspectivas en la cima de la jerarquía militar revolucionaria. Un comandante dijo a Reed que la revolución “es una lucha de los pobres contra los ricos. Yo era pobre antes de la revolución y ahora soy muy rico”. Pero un capitán le dijo a Reed: “Cuando ganemos la Revolución, será un gobierno dirigido por los hombres, no por los ricos. Estamos cabalgando sobre las tierras de los hombres. Antes eran de los ricos. Pero ahora me pertenecen a mí y a mis compañeros”.

Más tarde, Reed quedó muy impresionado por el general Toribio Ortega, “con mucho, el soldado más sencillo y abnegado de México”, que le dijo a Reed: “Hemos visto a los rurales y a los soldados de Porfirio Díaz masacrar a nuestros hermanos y padres, y se les ha negado la justicia. Vimos cómo nos quitaban nuestros campos y nos vendían a todos como esclavos, ¿no? Anhelábamos que nuestras casas y nuestras escuelas nos enseñaran, y se reían de nosotros. Todo lo que queríamos era que nos dejaran en paz para vivir y trabajar y hacer grande nuestro país, y estamos cansados, cansados y hartos de que nos engañen”.

A lo largo del norte de México, Reed conoció tanto a soldados rasos como a pacifistas -aquellos que se mantuvieron al margen de la lucha- que articulaban interpretaciones radicales de los objetivos de la revolución. La noche anterior a la batalla de la hacienda, Reed vio a un soldado componer una balada que contenía líneas como “Los ricos con todo su dinero ya han recibido su látigo… La ambición se arruinará y la justicia vencerá”. Reed se encontró con un pacífico, un hombre amable cuyo cuerpo estaba destrozado por la desnutrición, que le dijo: “La Revolución es buena. Cuando esté hecho, nunca pasaremos hambre, nunca, nunca, si Dios quiere”.

En un tramo del camino, Reed se encontró con dos pastores de cabras que compartieron su fuego y le ofrecieron refugio, uno de ellos un anciano encorvado y arrugado y el otro un joven alto y de piel suave. Mientras hablaban de la revolución, la voz del joven se elevó con pasión. “Son los americanos ricos los que quieren robarnos, igual que los mexicanos ricos quieren robarnos”, dijo. “Son los ricos del mundo los que quieren robar a los pobres”.

Se intercambiaron algunas palabras más y luego el joven dijo: “Durante años, para mí, mi padre y mi abuelo, los hombres ricos han cogido el maíz y lo han mantenido en sus puños cerrados delante de nuestras bocas. Y sólo la sangre les hará abrir las manos a sus hermanos”. Conmovido por este encuentro, Reed escribió:

“Alrededor de ellos se extendía el desierto, contenido sólo por nuestro fuego, listo para abalanzarse sobre nosotros cuando se apagara. En lo alto, las grandes estrellas no vacilaron. Los coyotes gimieron en algún lugar más allá de la luz del fuego como demonios en el dolor. De pronto vi a estos dos seres humanos como símbolos de México: corteses, cariñosos, pacientes, pobres, tanto tiempo esclavizados, tan llenos de sueños, tan pronto libres”.

El sueño de Pancho Villa

John Reed quería una audiencia con Emiliano Zapata, por quien sentía una total admiración, llamándolo, en una carta a su editor, “un gran hombre de la Revolución… un radical, absolutamente lógico y perfectamente coherente”. Ese encuentro resultó imposible, pero el periódico Metropolitan se alegró tanto o más cuando Reed pudo conseguir una audiencia con el infame Pancho Villa.

Por supuesto, cabalgar con Villa significaba tentar a la suerte, ya que el general participaba en feroces combates y nunca estaba lejos del frente. Pero Reed aprovechó la oportunidad de jugarse la vida para captar la esencia de Villa, que fue precisamente el motivo por el que el Metropolitan le contrató.

Villa había sido intensamente demonizado por la prensa estadounidense, pero Reed veía las cosas de otra manera, viendo a Villa como un hombre del pueblo y un amigo de los pobres. Villa prometió que no habría “más palacios en México” después de la revolución, y a menudo expresaba su amor por el pueblo con frases como “Las tortillas de los pobres son mejores que el pan de los ricos”. Demostró repetidamente sus lealtades de clase en acción, apoderándose del dinero y las propiedades de los ricos sin remordimientos y entregándolos directamente a los pobres o utilizándolos para la causa revolucionaria. Villa era odiado por la burguesía mexicana, mientras que los campesinos componían baladas sobre él.

Sin embargo, Reed también observó que las fuerzas de Villa no eran políticas. Antes de la revolución había vivido como un forajido y era analfabeto hasta que una temporada en la cárcel por su papel de apoyo a Madero le dio la oportunidad de aprender a leer. Tenía la idea, que expresó vagamente a Reed, de que después de la revolución el Estado establecería grandes empresas que emplearían a todo el mundo y producirían todo lo que el pueblo necesitara. Pero Reed le preguntó una vez qué pensaba del socialismo, a lo que Villa respondió: “¿El socialismo es algo? Sólo lo veo en los libros y no leo mucho”.

El gran talento de Villa era más bien su instintiva destreza militar. Reed comparó su estilo de lucha con el de Napoleón, citando entre sus cualidades “el secreto, la rapidez de movimientos, la adaptación de sus planes al carácter del país y de sus soldados, el valor de las relaciones íntimas con las filas, y la construcción de una creencia entre el enemigo de que su ejército sería invencible y que él mismo sería un mago”. Reed veía a Villa como un genio militar autodidacta, capaz de visualizar toda la revolución en toda su complejidad desde una percha alta y de tomar decisiones rápidas basadas en la intuición que siempre resultaban correctas.

Cuando Reed le preguntó a Villa si quería ser presidente de México, éste respondió con franqueza: “Soy un luchador, no un estadista”. Sabiendo que Metropolitan no se conformaría con la sencillez de la respuesta, Reed se vio obligado a preguntar de nuevo varias veces. Villa, molesto, finalmente le dijo a Reed que si volvía a hacer la pregunta sería “azotado y enviado de vuelta a la frontera”. Sin embargo, Villa apreciaba a Reed lo suficiente como para pasar mucho tiempo con él en privado y darle un pase de acceso para utilizar los ferrocarriles y los teléfonos en todo el estado de Chihuahua de forma gratuita.

El Pancho Villa del libro “México Insurgente” es muy divertido. Nunca bebía ni fumaba, pero le encantaba bailar. Enviaba a sus propios gallos al foso de las peleas de gallos todas las tardes a las cuatro. Si tenía energía extra para quemar, a veces iba a un matadero cercano para ver si había algún toro que pudiera torear. Era un torero medio, “tan terco y torpe como el toro, lento de pies, pero rápido como un animal con el cuerpo y los brazos”. Si el toro le golpeaba con los cuernos, Villa se abalanzaba sobre él y empezaba a forcejear, lo que provocaba la intervención de sus hombres.

“Las bases lo amaban por su valentía y su humor crudo y brutal”, escribió Reed con admiración. “A menudo le veía desplomado en su catre en la pequeña furgoneta roja en la que siempre viajaba, bromeando familiarmente con veinte soldados harapientos desplomados en el suelo, sillas y mesas”.

La furgoneta era un vagón de tren. Cuando Villa saqueó por primera vez la ciudad de Torreón, tomó el mando de los ferrocarriles en el norte de México, y a partir de entonces su ejército viajaba tanto a caballo como en tren. Además de su furgón de cola, había vagones hospital, vagones de agua, vagones armados con cañones e incluso vagones de reparación cuya finalidad era arreglar motores y segmentos de vía rotos, a veces en el fragor de la batalla.

Los ejércitos revolucionarios empezaron de forma aleatoria, sin comisarios ni medios formales para atender las necesidades diarias de los soldados, desde la cocina y el aprovisionamiento hasta el lavado y el arreglo de la ropa. Así, desde el principio, las mujeres llamadas soldaderas viajaban con el ejército de Villa, cuidando a sus maridos alistados con sus hijos. Familias enteras viajaron con Villa por el desierto, primero a pie y luego en tren. Aquellas mujeres soldado también tomaron las armas, aunque la mayoría de ellas se dedicaron a cocinar tortillas y grandes tazones de chile y a colgar la ropa en improvisados tendederos sobre los vagones. Sin ellos, toda la operación se habría derrumbado.

Reed escribió algunos de sus pasajes más emocionantes en “México insurgente” sobre su estancia en los trenes con los soldados y soldaderas de Villa. El gobierno contrarrevolucionario de Huerta era inestable, sus enemigos eran legión y su gobierno estaba llegando a su fin. Reed estaba con la División del Norte cuando avanzaba sobre Torreón por segunda vez, los espectaculares trenes guerrilleros serpenteaban por el desierto, llevando a cuestas el sueño de una nueva nación.

“Amaneció con un sonido de todas las cornetas del mundo; y al mirar por la puerta del coche, vi el desierto burbujeando a lo largo de kilómetros con hombres armados a caballo… Un centenar de fuegos de desayuno humeaban en los techos de los coches, y las mujeres giraban lentamente sus vestidos al sol, charlando y bromeando. Cientos de pequeños bebés desnudos bailaban alrededor, mientras sus madres levantaban sus pequeñas ropas en el calor. Un millar de alegres jinetes se gritaron unos a otros cuando comenzó el avance…”

Una guerra sin fin

Aunque John Reed estaba encantado con Pancho Villa, su jefe, Venustiano Carranza, tampoco le impresionaba. Reed consideraba que Carranza había contribuido poco a la revolución, escondiéndose en el oeste en el momento álgido de las campañas militares contra las fuerzas de Huerta. Se reunió una vez con Carranza y lo encontró pomposo y vacuo, carente del compromiso ideológico de Zapata y del dinamismo y el sentimiento cálido de Villa por el pueblo mexicano.

En su ausencia, Carranza había dejado que Villa tomara todas las decisiones militares y negociara solo con las potencias extranjeras. Villa, pensando típicamente en términos militares más que políticos, había aceptado la ayuda de los estadounidenses, que ya se habían vuelto contra Huerta, al igual que se habían vuelto contra Madero antes que él. Tras la caída de Huerta, Estados Unidos se volvió rápidamente contra Villa. Esto era de esperar: después de todo, la principal objeción de los estadounidenses a Huerta, al igual que a Madero, era que no podía controlar a las facciones campesinas y obreras comandadas por Villa en el norte y Zapata en el sur.

Con Huerta fuera de la vista -el segundo avance de Villa sobre Torreón había sido decisivo en su caída- Carranza decidió establecer un gobierno provisional. Su primer objetivo era restablecer la confianza de los dirigentes empresariales en el país y en el extranjero. Así comenzó una nueva fase de la revolución: Zapata y Villa contra Carranza, un liberal moderado que desde el principio nunca había estado especialmente interesado en la expropiación y la redistribución. Villa sufrió una devastadora derrota militar en 1915. Zapata fue asesinado en 1919. A finales de la década, las formaciones más radicales de la revolución fueron aniquiladas.

Pero aunque los poderosos ejércitos proletarios y campesinos de la Revolución Mexicana fueron aplastados por sus antiguos aliados, su ideología persistió, incluso en el nuevo gobierno, a pesar de la oposición de Carranza. La pobreza y la explotación no se eliminaron, pero en las décadas siguientes se consiguió abolir el sistema de haciendas, se establecieron escuelas públicas en todo México, se reforzaron las protecciones de los trabajadores y los sindicatos y se nacionalizó la industria petrolera. La revolución fue incompleta, pero no exenta de grandes victorias.

De vuelta a casa, John Reed recibió elogios por los artículos que acabarían siendo la base de su libro “México Insurgente”. Walter Lippmann escribió en una carta a Reed que su reportaje sobre México era “sin duda el mejor reportaje jamás realizado”. Es un poco embarazoso decirle a alguien que conoces que es un genio. Su editor en Metropolitan le dijo que “no se podía escribir nada más bonito”, y la revista presentó sus artículos con enormes fotos suyas como si ya fuera una celebridad. Las revistas de prestigio pedían a gritos la publicación de sus trabajos y las invitaciones a conferencias eran interminables. Reed podría haberse convertido en el periodista más popular del país, si no lo era ya.

A su regreso a Estados Unidos, Reed no podía pensar más que en la injusticia. Escribió artículos en los que fustigaba la intervención de Estados Unidos en México y criticaba a sus colegas periodistas por su recitación acrítica de la línea del Departamento de Estado. Después viajó a Colorado, donde informó sobre la masacre de Ludlow, en la que murieron veinticinco personas durante una huelga de mineros del carbón, entre ellas once niños. Su reportaje sobre Ludlow demostró una evolución en su escritura, consistente no sólo en observaciones evocadoras, sino en un análisis detallado de las circunstancias que condujeron y siguieron a la masacre, culpando a los capitalistas y a sus aliados políticos.

Después de Ludlow, el Metropolitan envió a Reed a Europa para informar sobre la Primera Guerra Mundial. La revista esperaba un reportaje de capa y espada, pero el reportaje de Reed en Europa tenía un color más oscuro y un filo más duro. La aventura y las travesuras del “Niño Tormentas” habían sido sustituidas por el horror, la pena y una aguda ira contra las élites internacionales que habían orquestado esta guerra sin sentido. Durante su estancia en Alemania, Reed entrevistó al socialista revolucionario Karl Liebknecht sobre su oposición a la guerra, y llegó a coincidir con los socialistas radicales de Estados Unidos y Europa en que la propia guerra era un crimen cometido por la burguesía contra la clase obrera internacional.

De vuelta a Estados Unidos, dejó de escribir para el público en general, y en su lugar escribió artículos antibélicos para The Masses. Cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, los artículos de Reed fueron censurados. Como resultado, The Masses perdió su financiación y pronto se arruinó. En lugar de agachar la cabeza y trabajar para reconstruir su carrera periodística con reportajes más benignos desde el punto de vista político, Reed cruzó el Atlántico para presenciar y participar en la Revolución Rusa. Volvió como comunista, y el resto es historia.

Esta historia es bien conocida, al menos para aquellos a los que les gustan los dramas ganadores del Oscar. Lo que es menos conocido es el papel de la revolución mexicana para convertir a John Reed en el socialista que llegó a ser. “México insurgente” fue su boleto a la fama, pero también fue su puente al radicalismo. Cuando esos dos caminos se separaron, tomó el segundo. Porque cuando John Reed fue a México, fue a la guerra de clases. Y nunca volvió.

Meagan Day https://jacobinmag.com/2021/11/mexican-revolution-john-reed-journalism-pancho-villa

Se cumplen 50 años de la aparición del periódico italiano ‘Il Manifesto’

Se han cumplido 50 años de la aparición del periódico Il Manifesto, que durante los años setenta tuvo mucha acogida en Europa entre los vástagos de Mayo del 68. El periódico del Partido Comunista Italiano, Unità, fundado por Gramsci, desapareció, lo mismo que dicho Partido, mientras Il Manifesto aún languidece tras sucesivas reconversiones ideológicas.

El nacimiento del periódico fue consecuencia de la degeneración revisionista del PCI, un proceso de larga duración que se gesta en la posguerra mundial y que a partir de finales de los sesenta gesta en su mismo seno una colección de organizaciones que aparecen con la misma rapidez con la que desaparecen.

También fue consecuencia de la reconstrucción del Estado italiano en la posguerra, estrechamente sometido al imperalismo estadounidense y, en consecuencia, un campo abonado para los manejos de la CIA, lo que es ostensible en dos fenómenos típicamente italianos, los neofascistas y la mafia, que explican su debilidad interna.

Los fundadores de Il Manifesto fueron saliendo del PCI a partir de finales de los sesenta y jamás lograron soltar el lastre ideológico que arrastraban, que en Italia fue muy fuerte por la personalidad de Gramsci y una cierta interpretación de su obra, cultivada con esmero por el PCI y, en especial por Togliatti, su secretario general, para justificar sus posicionales claudicantes.

Eran los tiempos de la “alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura” que Il Manifesto ejemplificaba muy bien. El periódico representaba a un cierto “marxismo sofisticado”, puramente intelectual, característico de Europa, que tiene la pretensión de exponer la enésima interpretación del capitalismo y sus lacerantes consecuencias. Luigi Pintor, Rossana Rossanda y sus primeros exponentes estuvieron muy lejos del subtítulo de “quotidiano comunista” y, de hecho, al final han acabado en los tópicos de la izquierda domesticada y posmoderna de hoy: ambientalismo, ideología de género…

Una publicación así se presta a soldar los pedazos de quienes se lanzaron a la práctica, por ejemplo armada, y luego se arrepintieron para volver a la enésima interpretación del capitalismo. El papel y la tinta reciclaron a quienes habían participado en la guerrilla urbana y luego necesitaban explicar que nunca debieron emprender aquel camino.

No obstante, hay que señalar uno de los grandes méritos de Il Manifesto al denunciar los juicios farsa contra miembros de las Brigadas Rojas y otras organizaciones armadas, cuando el periódico se separó manifiestamente de la cloaca del PCI, verdadero sostén del Estado italiano en los momentos más duros de los “años de plomo”.

Il Manifesto nunca admitió las acusaciones del PCI contra las Brigadas Rojas y sus supuestas connivencias con los servicios secretos, la CIA o los neofascistas, muy parecidas a las que también se oyeron en España contra ciertas organizaciones armadas, es decir, que ese tipo de acusaciones tienen el mismo origen: el Caballo de Troya reformista.

Tampoco admitió nunca los montajes de jueces, como Pietro Calogero, sostenidos por el PCI (“el partido de los jueces”) y exportados después al “todo es ETA” de la Audiencia Nacional. Allí se llamó “teorema Calogero” y pretendió demostrar que organizaciones como Autonomia Operaia y otras eran lo mismo que las Brigadas Rojas, o uno de sus tentáculos.

En 1984 el montaje del PCI y Calogero se desplomó y el periódico tituló en su primera plana “Sentencia fascista el 7 de abril”. Nada menos que 55 acusados condenados “a siglos de prisión por la palabra de un asesino a sueldo” salieron a la calle cuando un tribunal volvió a revisar el montaje.

Pero la represión ya había cumplido su función intimidatoria. Los acusados habían pasado varios años en la cárcel y el castigo sirvió de escarmiento: nada de lucha armada y nada de contemplaciones hacia quienes empuñan las armas.

En España la transición no hubiera sido posible sin el PCE y en Italia estaba ocurriendo algo parecido. En los momentos difíciles la burguesía siempre recurre a los reformistas y no duda en romper su propia legalidad: estado de emergencia, montajes judiciales, intoxicación mediática…

La gran matanza de comunistas en Indonesia fue promovida por los colonialistas británicos

Documentos recientemente desclasificados muestran el papel del colonialismo británico en los asesinatos masivos de comunistas en Indonesia en 1965. En plena Guerra Fría los espías británicos desplegaron en secreto propaganda negra para instar a destacados dirigentes indonesios a eliminar el “cáncer comunista”, según revela el periódico The Guardian (*).

Se calcula que al menos 500.000 personas -algunos estiman que hasta tres millones- vinculadas al Partido Comunista Indonesio (PKI) fueron eliminadas entre 1965 y 1966, aunque en la la Guerra Fría eran calificados como “comunistas” todos los que planteaban reivindicaciones de cualquier clase.

El gobierno británico encargó al servicio secreto el asesinato de Sukarno, calificado como “comunista”, porque impedía la formación de una federación malaya manipulada por los británicos. El PKI fue un firme defensor del presidente y del movimiento de los países “no alineados”. Era entonces el mayor partido comunista del mundo, fuera del bloque de países socialistas.

La campaña de intoxicación mediática orquestada por los británicos desempeñó un papel crucial en una de las masacres más brutales de la posguerra del siglo XX, según las nuevas revelaciones. Los imperialistas desplegaron en secreto propaganda negra en la década de los sesenta para instar a la matanza a destacados dirigentes políticos, sindicales y sociales indonesios.

Los documentos del Foreign Office recientemente desclasificados muestran que el gobierno británico instó en secreto a los generales del ejército, a eliminar al Partido Comunista. La campaña de asesinatos en masa aparentemente espontánea, que ahora se sabe que fue orquestada por el ejército indonesio, fue descrita posteriormente por la CIA como uno de los peores asesinatos en masa del siglo pasado.

Cuando comenzaron las masacres en octubre de 1965, el gobierno británico pidió la eliminación del PKI y de todas las organizaciones progresistas, sindicalistas y revolucionarias.

Gran Bretaña lanzó su ofensiva propagandística contra Indonesia en respuesta a la hostilidad del presidente Sukarno a la formación de sus antiguas colonias en la federación malaya, lo que a partir de 1963 provocó un conflicto de baja intensidad e incursiones armadas del ejército indonesio a través de la frontera. En 1965 se enviaron a Singapur propagandistas especializados del Departamento de Investigación de la Información (IRD) del Foreign Office para producir propaganda negra destinada a socavar al gobierno de Sukarno.

Un pequeño equipo elaboró un boletín informativo que decía ser producido por emigrantes indonesios y dirigido a personas prominentes e influyentes, incluidos generales del ejército. También proporcionó una emisora de radio de propaganda sucia que emitía en Indonesia y estaba dirigida por malasios.

A mediados de 1965, la operación estaba en pleno apogeo, pero un intento de golpe de estado por parte de oficiales progresistas del ejército y apoyada por el PKI, en el que fueron asesinados siete generales, proporcionó la oportunidad de tener un impacto real en los acontecimientos.

El golpe fue rápidamente aplastado por el general Suharto, futuro presidente indonesio, que procedió entonces a tomar gradualmente el poder de Sukarno y a eliminar a los dirigentes y militantes del PKI.

Los equipos de propagandistas pidieron que el PKI y todo lo que representa fuera “eliminado para siempre”. Durante las semanas siguientes se produjeron en todo el archipiélago masacres de presuntos miembros del PKI, poco o nada implicados en el intento de golpe, y de otros miembros de organizaciones sindicales y sociales.

Los diplomáticos británicos estaban al tanto de lo que ocurría. El servicio secreto no sólo podía interceptar y leer las comunicaciones del gobierno indonesio, sino que su estación de vigilancia de Chai Keng, en Singapur, permitía a los británicos seguir el progreso de las unidades del ejército que participaban en las matanzas.

Según Duncan Campbell, que ha estudiado el servicio secreto británico, disponían de una tecnología que permitía a los oyentes localizar las posiciones de los comandantes y unidades militares indonesios que enviaban, retransmitían y recibían órdenes para la redada y el asesinato de quienes se creía que estaban vinculados a los comunistas.

Una carta al embajador británico en Yakarta del coordinador político de la guerra, un especialista en propaganda negra del Foreign Office llamado Norman Reddaway, que llegó a Singapur tras el intento de golpe, revela que trataron de “ocultar el hecho de que la carnicería se estaba llevando a cabo con el estímulo de los generales”.

Reddaway consideraba la caída de Sukarno como una de las mayores victorias propagandísticas de Gran Bretaña. En una carta escrita años más tarde, dijo que “el descrédito de Sukarno tuvo un rápido éxito. Su partido nos costaba unos 250.000.000 de libras al año. Fue contrarrestado y abolido con un coste mínimo por las técnicas del IRD en seis meses”.

Según el profesor Scott Lucas, los documentos desclasificados “demuestran hasta qué punto el IRD y la propaganda sucia siguieron siendo fundamentales” para la política colonial británica de la Guerra Fría y las operaciones en el extranjero. “Era una forma relativamente barata de que Gran Bretaña proyectara su influencia, aunque esa influencia no pudiera admitirse abiertamente”.

(*) https://www.theguardian.com/world/2021/oct/17/slaughter-in-indonesia-britains-secret-propaganda-war

Más información:
— 50 años del golpe de Estado que masacró a un millón de comunistas en Indonesia
— 500.000 comunistas fueron masacrados en Indonesia en 1965

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