Para la industria nuclear estadounidense, el tiempo se acaba. A partir de 2028 las centrales eléctricas ya no podrán abastecerse del uranio enriquecido en Rusia. Por lo tanto, Washington trabaja para enriquecer el combustible por sus propios medios. A principios de este año, el Secretario de Energía, Chris Wright, anunció que se habían concedido 2.700 millones de dólares en subvenciones a tres proyectos en territorio estadounidense.