La visita de Trump a China se produce en medio de la guerra económica entre ambas partes, cuando se intensifica lo que el South China Morning Post califica de “carrera armamentista legal” (*).
Las multinacionales están atrapadas en un marco jurídico contradictorio sobre cuestiones que son tanto comerciales, como tecnológicas y de seguridad. Es imposible cumplir con las normas de un país sin violar las del otro.
A principios de mayo China invocó por primera vez sus “normas antibloqueo”, una serie de medidas aprobadas en 2021 para contrarrestar los bloqueos extranjeros. El 7 de mayo, Qiushi, la principal revista teórica del Partido Comunista de China, reafirmó el fortalecimiento de su arsenal antibloqueo. Si en Ormuz hay bloqueos y contrabloqueos, lo mismo ocurre en los demás mercados internacionales.
Ya no es sólo la prohibición de Huawei o cualquier otra empresa. Como ya explicamos, en abril el gobierno de Pekín rompió el contrato que había firmado Meta con Manus para apoderarse del chatbot chino.
No fue un caso aislado. China se prepara para hacer frente a la guerra económica, defender las cadenas de suministro de amenazas exteriores y combatir la extraterritorialidad de las regulaciones imperialistas, lo cual es un redundancia: las regulaciones extraterritoriales son típicamente imperialistas y colonialistas. En palabras corrientes, el gobierno de Pekín trata de impedir que Estados Unidos imponga sus reglas jurídicas en el mundo entero, o por lo menos en China.
En todo el Pacífico, Estados Unidos ha impuesto sanciones a una serie de empresas acusadas de mantener vínculos comerciales con Irán, incluidas cinco refinerías.
El Congreso de Estados Unidos está presentando una batería de proyectos de ley, empezando por la Ley de Alineación Multilateral de Controles Tecnológicos en Equipos (Match), destinados a restringir aún más la exportación de tecnología a China, presionando a los aliados de Estados Unidos para que hagan cumplir los controles estadounidenses.
La proliferación de leyes extraterritoriales coloca a las multinacionales en un callejón sin salida, presionadas por ambos países simultáneamente. Estados Unido bloquea y China trata de romper el bloqueo. Las empresas que están con uno de los bandos, son represaliadas por el otro.
“La pelota ahora está en el tejado de Washington”, dice el South China Morning Post. Debe elegir entre mantener el pulso, comprobar quién puede soportar más presión, o negociar. Ese es el objetivo de la visita de Trump a Pekín y por eso ha llevado como escolta a un elenco de representantes de los grandes monopolios tecnológicos.
Una mayor escalada corre el riesgo de desencadenar una respuesta china más fuerte respaldada por un conjunto de herramientas legales ampliado, mientras que negociar puede debilitar la credibilidad de Estados Unidos y, potencialmente, provocar una reacción política interna.
Hay que ver quién sale más perjudicado. China no sólo está creando problemas a las multinacionales occidentales, sino también a las suyas propias. Los contratos internacionales que firman las empresas se han convertido en armas de guerra.
También hay que ver lo que ocurre finalmente con la Ley Match, si el Congreso la aprueba y si sobrevive a un posible veto de Trump.
La posición dominante de China sobre las cadenas de suministro de tierras raras es una de sus mejores armas. Ha ayudado a China a contrarrestar los controles de Estados Unidos en las tecnologías de alta gama, incluidos semiconductores avanzados.
China también apunta contra Europa
El gobierno de Pekín apunta, además, a la Unión Europea, que sigue el mismo camino de guerra económica contra China, con restricciones comerciales, aranceles, controles de exportación y sanciones económicas.
El reciente tira y afloja con el fabricante neerlandés de chips Nexperia es el mejor ejemplo. Fue incluida en lista negra de Estados Unidos después de que fuera comprada una empresa china, Wingtech Technology. Entonces el gobierno neerlandés rompió el contrato y se apoderó de ella.
Pero la historia dio otro giro después de que China cortara el flujo de chips de las fábricas chinas de Nexperia, lo que provocó negociaciones frenéticas de Bruselas y La Haya con Pekín, que han acabado estancadas en tribunales, pleitos y abogados.
Es probable que la guerra económica acabe como la de Oriente Medio en un punto muerto. El resultado más probable del viaje de Trump a Pekín puede ser la ampliación del alto el fuego que ambas partes acordaron en noviembre. China se comprometería a continuar exportando tierras raras a Estados Unidos a cambio de que Washington pare de subir los aranceles, las sanciones y los controles a la exportación.
(*) https://www.scmp.com/economy/china-economy/article/3353567/us-china-trade-war-entering-worrying-new-phase-legal-arms-race