Los chinos han empezado a sustituir la carne de cerdo por la de pollo. Los precios del cerdo se desploman y, a pesar de ello, la crisis ha llegado a las granjas porque cada vez venden menos. Ha aparecido la sobreproducción. Los productores tienen que almacenarlos en granjas de sesis pisos de altura.
Eata primavera los precios de la carne de cerdo han alcanzado un mínimo histórico, lastrados por una crisis de sobreproducción. Las inmensas granjas contrastan fuertemente con la débil demanda.
La cría de cerdos ya no es rentable. Los precios han caído tan drásticamente en los últimos meses que las ventas se realizan con pérdidas.
En abril, el precio por kilo cayó a su nivel más bajo en 16 años. El consumo de carne de cerdo es generalizado y tiene un peso considerable en el cálculo del índice de precios, a pesar de que su participación se redujo a principios de año (1,9 del total frente al 2,9 pr cien hasta 2020).
El gobierno lleva meses intentando frenar la tendencia general a la baja de los precios, que afecta al país desde 2023.
La industria porcina no es un caso aislado en China, donde el consumo doméstico es insuficiente para absorber la producción de la enorme capacidad industrial de la segunda economía más grande del mundo. Impulsadas por el gobierno central a producir masivamente, las empresas se encuentran inmersas en una intensa competencia, lo que está reduciendo los márgenes y los precios. El precio de la carne de cerdo es un claro ejemplo.
Granjas porcinas de seis pisos
Tras afectar a Europa y Rusia, en 2018 la peste porcina africana comenzó a propagarse con fuerza en pequeñas granjas del norte de China y el gobierno sacrificó al 40 por cien de la población porcina en tan solo unos meses, lo que obligó al principal productor y consumidor mundial a importar de otros países. Como resultado, los precios mundiales se dispararon.
Tras la crisis, el gobierno de Pekín realizó importantes esfuerzos para reactivar la producción. Introdujo subsidios para los intereses de los préstamos a las granjas porcinas, garantizó el acceso a terrenos para nuevas instalaciones y amplió el seguro porcino subvencionado por el Estado. Para 2021 la población porcina había recuperado su nivel anterior a la crisis.
Al mismo tiempo, las grandes granjas desplazaron a las pequeñas, que históricamente constituían la mayor parte del sector. Veintiocho millones de pequeñas granjas desaparecieron entre 2014 y 2020. En consecuencia, han surgido grandes empresas, comenzando con Muyuan Foods, una empresa que se ha enriquecido considerablemente debido a las tensiones causadas por la peste. En 2019 sus ganancias se multiplicaron por diez. Su fundador, Qin Yinglin, de 61 años, abrió el negocio en 1992 con tan solo 22 cerdos. Ahora Forbes estima su fortuna en 16.000 millones de dólares.
Tras la peste, Muyuan Foods emprendió la construcción de nuevas instalaciones. Construyó edificios para albergar sus granjas, a las que algunos llaman “rascacielos porcinos”. En Ezhou (Hubei), por ejemplo, Qin Yinglin mandó construir 21 edificios de seis pisos que integran la producción de piensos, la cría y el sacrificio. En 2024 la empresa declaró una capacidad de producción anual de 81 millones de animales, mientras que en España toda la industria, la mayor de la Unión Europea, apenas alcanza los 54 millones.
Cadenas de montaje porcinas
El sector ha evolucionado gradualmente hacia la sobreproducción. Tradicionalmente, los precios de la carne de cerdo en China seguían ciclos. Cuando los precios eran altos, los ganaderos aumentaban la producción, lo que provocaba una bajada de precios. Cuando los precios eran bajos, los ganaderos abandonaban el sector, lo que hacía que los precios volvieran a subir.
El auge de las grandes explotaciones ha cambiado la situación. Cuando los precios son bajos, las explotaciones no desaparecen, pueden endeudarse o emitir acciones para seguir operando y aumentar su cuota de mercado. Esto ha provocado el exceso de capacidad observado en los últimos años.
El consumo no ha seguido el mismo ritmo. En el caso de la carne de cerdo, el consumo muestra una tendencia a la baja. Esto se debe en parte a la débil demanda interna en China desde el final de la pandemia de “covid”. El gasto en restaurantes, en particular, se ha desplomado, lo que ha afectado negativamente al consumo de carne de cerdo. Por ejemplo, Haidilao, una cadena de restaurantes de alta gama especializada en la “olla mongola” (*), experimentó una caída en el gasto por cliente, pasando de 14 euros en 2020 a 12 euros en 2024.
Los chinos salen menos a comer a los restaurantes
El gasto per cápita por comida ha disminuido un 24 por cien en comparación con 2023. Al reducir la frecuencia de las salidas a restaurantes, el ahorro es de varios cientos de yuanes al mes para tiempos difíciles. Muchos consumidores de ingresos medios temen perder sus empleos cuando los capitalistas les informan de pérdidas o de una desaceleración del crecimiento de sus beneficios.
Sin embargo, ésta no es la única razón. Los hábitos de los consumidores chinos también están cambiando. La proporción de carne de cerdo en el consumo total de carne está disminuyendo, mientras que antes era muy dominante en la dieta.
Los platos son más diversos y las opciones más numerosas a medida que China se ha desarrollado y se ha abierto al exterior. Los jóvenes consideran que las aves de corral son más sanas, menos grasas y una buena fuente de proteínas. Al igual que en Europa, el pollo también está siendo impulsado en China por una mayor demanda de productos procesados, particularmente en la comida rápida.
Ante la caída de los precios, a principios de abril, el gobierno indicó que aumentaría sus reservas de carne congelada para sostener los precios. También intenta reducir la pfroducción.
(*) La “olla mongola” es una comida colectiva típica de las poblaciones del norte de China, que antes eran nómadas. Se trata de un recipiente grande de metal, generalmente con forma de chimenea en el centro de la mesa, que contiene un caldo hirviendo aromatizado con especias, hierbas y, a veces, un toque de vino de arroz o aceite de sésamo. Los comensales se sientan alrededor, charlan, comparten y van cocinando ellos mismos diferentes ingredientes en el caldo.