En muy poco tiempo el gobierno saudí ha recibido dos negativas a sus peticiones de ayuda militar, lo que expresa su precaria situación internacional. Después de Washington, ahora es Islamabad quien descarta intervenir militarmente contra los huthíes, a pesar de los compromisos del Acuerdo de La Meca, firmado apenas un mes antes.
El príncipe heredero saudí llamó dos veces a Trump en un mismo día para exigir que le ayudara a contrarrestar los ataques huthíes, mientras las fuerzas yemeníes avanzaban hacia Moca y Bab El Mandeb.
Trump rechazó la petición, prefiriendo suministrar inteligencia y datos de ubicación, en lugar de involucrar directamente al ejército estadounidense. La Casa Blanca justificó esta decisión explicando que la prioridad sigue siendo garantizar la libertad de navegación en el Mar Rojo y no abrir un nuevo frente de guerra.
También reconoció que sus reservas de misiles Patriot, muy solicitados en el Golfo y en Jordania, son muy escasas. La negativa estadounidense supone un cambio notable: en julio, Riad afirmaba que podía gestionar por sí sola la amenaza huthí.
Pocos días después, la negativa de auxilio se extendió a su segundo socio militar. El miércoles Arabia Saudí solicitó el apoyo de sus aliados del Acuerdo de La Meca tras los ataques huthíes contra instalaciones petroleras y zonas civiles del reino. El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, insinuó entonces que cabía la posibilidad de una respuesta colectiva, recordando que el texto estipula que una agresión contra uno de los firmantes equivale a una agresión contra todos.
Según el medio Türkiye Today, llegaron incluso a mencionar una operación inminente, dirigida prioritariamente contra la región de Saada. Al día siguiente el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán, Sajjad Haider Khan, lanzó un jarro de agua fría. Declaró que no se está discutiendo nada por el estilo en este momento y precisó que el país actuará conforme al acuerdo cuando llegue el momento oportuno. Asimismo, descartó cualquier ampliación de la alianza a otros países del Golfo.
El acuerdo, firmado el 7 de agosto de 2026 en La Meca por Bin Salmán, Erdoğan y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif, extiende a Turquía un pacto bilateral suscrito un año antes entre Riad e Islamabad. Dicho pacto ya había sido puesto a prueba el 9 de agosto, cuando un dron huthí impactó contra la refinería saudí de Jizán sin provocar una reacción militar por parte de Turquía o Pakistán.
Esta doble negativa, primero de Estados Unidos y luego de Pakistán, aísla a Riad en la Guerra de Yemen, donde Ansarollah controla ya un punto de paso marítimo crucial para el comercio mundial.
Por su parte, Pakistán debe lidiar con múltiples condicionantes: tropas desplegadas en su frontera con India, levantamientos internos y el deseo de mantener sus lazos cordiales con Irán.
En abril Riad inyectó 3.000 millones de dólares en las reservas de divisas pakistaníes, un apoyo financiero que, por el momento, no ha bastado para lograr un compromiso militar recíproco.