El 26 de septiembre de 2022 algo cambió en la historia. Incluso durante las fases más agudas de la Guerra Fría, los peores enemigos se abstuvieron de atacar la infraestructura energética del adversario. El atentado contra los oleoductos NordStream cambió esa norma, y parece que para siempre.
La voladura del NordStream rompió un tabú. Hoy los ataques a las instalaciones energéticas son objetivos de guerra declarados. Trump ha amenazado con arrasar las plantas de petróleo y gas natural de Irán, dentro de su plan de devolver a Irán de nuevo en la Edad de Piedra y acabar con su civilización.
Otros adversarios también se han dado cuenta de que es preferible atacar objetivos civiles que militares o, dicho de otra manera, que ya no hay diferencias entre ambos. Se puede golpear muy fuerte a un adversario con muy poco esfuerzo. El cierre del Estrecho de Ormuz ha perjudicado gravemente a la economía mundial. Pero eso es solo el comienzo.
El 25 de julio los huthíes atacaron la infraestructura energética en la costa saudí del Mar Rojo. Yahya Saree, el portavoz militar huthí, reivindicó los ataques con drones y misiles a las instalaciones de Aramco en Yanbu y Jazan.
Los sistemas griegos de defensa antimisiles interceptaron el ataque a Yanbu. El de Jazan fue más duro. Las imágenes satelitales confirmaron un incendio en la refinería, ubicada en el sur de la costa saudí cerca de Yemen, que procesa alrededor de 400.000 barriles diarios.
Dos días después, Arabia Saudí acusó a Irak de un ataque a una importante planta petrolera. Los satélites mostraron un incendio en Abqaiq, la planta de procesamiento y estabilización más grande del mundo, que tuvo que cesar sus actividaades. Abqaiq procesa hasta 7 millones de barriles por día, lo que supone más de la mitad de las exportaciones saudíes, que pasan a través del oleoducto este-oeste a Yanbu.
El miércoles, en el puerto de Damietta, en la costa mediterránea de Egipto, al menos un dron alcanzó a un buque estadounidense que transportaba gas enarbolando pabellón de las Islas Marshall.
Además, fueron atacadas dos infraestructuras de gas en ese mismo puerto. Un dron alcanzó el “Energos Winter”, un depósito flotante de gas y luego el incendio posterior se extendió a un barco, el GasLog Salem.
Nadie ha reivindicado el ataque, que es una de las “ventajas” de este nuevo tipo de guerra.
En caso de guerra, las aseguradoras se niegan a pagar las indemnizaciones. Las reparaciones corren a cargo del dinero público. Las empresas capitalistas nunca pierden nada con las guerras. Todo son beneficios.