El imperialismo organiza un frente de guerra económica contra China: Pax Silica

Noruega se convertirá en el decimoquinto país en unirse a Pax Silica, un frente de países dirigido por Estados Unidos que está tratando de contrarrestar la influencia de China en los mercados de minerales críticos, tecnología e inteligencia artificial.

“Noruega alberga el fondo soberano más grande del mundo, y la profundidad de ese capital institucional combinada con reservas minerales críticas es importante”, dijo Jacob Helberg, subsecretario para Asuntos Económicos de Estados Unidos.

En los próximos días, Helberg visitará un sitio industrial de casi 4.000 metros cuadrados en Filipinas. Manila se unió a Pax Silica en febrero y proporcionó el terreno al Departamento de Estado durante dos años.

Helberg estará acompañado por una delegación de empresarios de tecnología, logística y fabricación que interesados en trabajar con los gobiernos de Estados Unidos y Filipinas en la construcción del centro de fabricación, que busca aprovechar el níquel, el cobre y otros recursos minerales del país para diversificar las cadenas de suministro mundiales al margen de China.

El subsecretario dijo que el Departamento de Estado planea firmar una serie de acuerdos comerciales con media docena de grandes empresas en lo que calificó como un enfoque “basado en productos para el arte de la política económica”.

“Si queremos que nuestras fábricas estadounidenses prosperen y tengan éxito, debemos poner cada parte de la cadena de suministro en manos de países que sean fiables para que las fábricas en Ohio y Arkansas nunca sean rehenes de adversarios extranjeros”, dijo, señalando que “los controles de exportación de China mantienen como rehén a la economía mundial”.

La medida se produce mientras el gobierno de Trump sigue planeando una cumbre comercial en China, donde se espera que el presidente se reúna con Xi Jinping la semana que viene.

China es el ‘hombre del saco’ de las tecnologías modernas

La tecnología china ha triunfado y las potencias occidentales no son capaces de admitirlo. Cuando en Estados Unidos hablan de nuevas tecnologías, de lo que están hablando es de China.

La paranoia ha llegado al punto de que un grupo de empresas del sector tecnológico ha pagado a “influencers” para que elaboren vídeos que presenten a China como una amenaza tecnológica.

El país asiático es el chivo expiatorio capaz de justificar cualquier medida de política económica y los medios de comunicación tienen patente de corso para propagar estupideces.

Por ejemplo, al senador Bernie Sanders le han criticado por organizar una conferencia sobre inteligencia artificial en la que participaron dos académicos chinos.

La última moda es decir que el gobierno de Pekín está detrás del rechazo a la construcción de nuevos centros de datos en Estados Unidos. “Pekín no puede superarnos en infraestructura, así que está intentando convencernos de que nos pongamos trabas”, escribió la semana pasada el director del grupo de defensa tecnológica American Edge Project.

Si la prensa china informa sobre el aumento de los costes energéticos asociados a los centros de datos en Estados Unidos es porque trata de frenar su desarrollo tecnológico.

No obstante, el argumento más manoseado es la sacrosanta “seguridad nacional”. Si todo lo que se refiere a las tecnologías modernas conduce a China, todo lo que conduce a China entra en un terreno sagrado sobre el que no cabe opinar.

Así, el bloqueo y la fragmentación del mercado mundial se justifican siempre a sí mismos de manera automática.

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