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Represión

La policía nigeriana reprime a tiros las protestas contra el terrorismo policial

El martes por la noche la policía nigeriana reprimió a tiros las protestas contra el terrorismo policial. Desde el inicio de las manifestaciones hace dos semanas, un total de 56 personas han muerto en todo el país.

El miércoles los manifestantes quemaron la sede de la Autoridad de Puertos de Nigeria, donde los bomberos tuvieron que esforzarse para contener las llamas. Varias comisarías, la sede de una cadena de televisión y una terminal de autobuses también han sido incendiadas.

En Lagos, una ciudad con de 20 millones de habitantes, grupos de manifestantes tomaron el control de casi todas las carreteras de acceso. También estallaron enfrentamientos en la capital, Abuya, donde decenas de vehículos y edificios fueron incendiados.

El gobernador de Lagos ha impuesto el toque de queda y el ejército patrulla las calles. En Benin City, la capital del estado de Edo, al sur del país, también han impuesto el toque de queda.

Las manifestaciones se reprodujeron horas después de que el gobernador de Lagos anunciara la imposición del toque de queda. Ante la decisión de los manifestantes de seguir protestando, la policía respondió disparando con munición real contra la multitud.

Las promesas del gobierno de disolver una unidad antirobos no ha frenado las movilizaciones, que suman ya 14 jornadas consecutivas de protestas.

Ayer se escucharon varios disparos y una espesa humareda negra emanaba del techo de la prisión central de Lagos. “Están atacando la prisión” declararon policías ubicados cerca del centro penitenciario.

Más información:
– Gigantesca movilización popular contra los desmanes de la policía en Nigeria

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Memoria Histórica

El toque de queda señala el comienzo del terrorismo de Estado

Los oprimidos no miran desde el mismo ángulo que sus opresores. Los argelinos equiparan el toque de queda impuesto el sábado por Macron con otro toque de queda, el del 5 de octubre de 1961, en medio de la Guerra de Argelia.

El primero se impuso por motivos sanitarios y el otro por motivos militares. Pero no hay más diferencias y las redes sociales se han llenado de mensajes recordando uno y otro porque, además, se cumple un aniversario.

Hasta las fechas coinciden: el 17 de octubre de 1961 los argelinos convocaron una manifestación contra el toque de queda que provocó una terrible masacre en el corazón de la capital francesa.

En aquellos tiempos el prefecto de policía de París era un nazi, Maurice Papon, o como dicen en Francia, un “colaboracionista” que ya participó como jefe de policía bajo el régimen de Vichy.

No son coincidencias. En la historia las cosas no suceden por casualidad. “Se aconseja urgentemente a los trabajadores argelinos musulmanes que se abstengan de circular de noche por las calles de París y los suburbios parisinos, especialmente de las 20.30 a las 5.30 horas”, ordenó Papon y algo parecido ha ordenado ahora Macron.

¿Por qué por la noche? Porque los argelinos eran trabajadores y las reuniones políticas se hacían “después de cenar”, como explicaba recientemente un viejo dirigente del FLN argelino.

La diferencia es que antes había personas conscientes que protestaban, a diferencia de ahora, donde el toque de queda les parece poco y piden a gritos que lleguen los campos de concentración.

En 1961 los antifascistas, los antimperialistas, los revolucionarios y, naturalmente, los argelinos salieron a la calle para protestar contra el toque de queda impuesto durante doce días, primero a los trabajadores argelinos y luego a todos los magrebíes.

Hoy los más sumisos convocan procesiones con bozal, a diferencia de entonces, cuando había un lucha de verdad. En tales casos, si te imponen un toque de queda nocturno, hay que convocar una manifestación por la noche (precisamente).

Aquella lluviosa noche de 1961 miles de revolucionarios salieron a las calles de París para manifestarse y la represión de Papon resultó atroz. Docenas fueron asesinados, algunos de ellos arrojados al Sena, exactamente igual que en Santiago de Chile hace unos días. Hubo más de 12.000 detenidos y más de mil heridos quedaron tirados por las calles, desangrándose y doliéndose.

Para quienes sobrevivieron a la masacre, el toque de queda ordenado por Macron les parece una amenaza. Nadie se puede atrever a desafiar un toque de queda nocturno de ningún gobierno, ni por motivos militares ni sanitarios… salvo que quiera repetir la trágica experiencia de hace 59 años en París.

Pero ya quedan pocos que protesten. Cuando alguien alza la voz es para pedir que le pongan los grilletes en las muñecas.

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Represión

El proyecto de ley Chis autoriza a la policía y el espionaje a cometer crímenes y torturas en Gran Bretaña

El proyecto de ley Chis recién aprobado por el Parlamento británico tiene por objeto modificar la ley que regula las facultades de investigación de 2000 para permitir que la policía los espías lleven a cabo determinados actos criminales.

La Parte A1 del proyecto de ley define a las autoridades competentes e incluye entre ellas a la policía, los servicios de inteligencia, las fuerzas armadas, las autoridades fiscales y aduaneras y determinados departamentos gubernamentales.

Se redactó en respuesta a un fallo judicial de diciembre del año pasado que permitió cometer delitos graves a los espías del MI5 y a otros organismos de seguridad.

El Partido Laborista ordenó a sus diputados que se abstuvieran en la votación del proyecto de ley, pero el grupo de campaña se rebeló y votó en contra del proyecto en segunda lectura.

El proyecto fue aprobado en segunda lectura en la Cámara de los Comunes el 5 de este mes por 182 votos contra 20, de los cuales 17 estaban a favor de los laboristas, 2 a favor de Plaid Cymru y 1 para SDLP.

En la tercera lectura del proyecto de ley, 34 diputados laboristas se rebelaron contra la orden de abstención, incluyendo dos ministros en la sombra y cinco secretarios parlamentarios privados.

El diario del Partido Comunista Británico, Morning Star, ha publicado un editorial contra el proyecto de ley, afirmando que “incluso la legislación equivalente en Estados Unidos excluye la tortura y el asesinato, pero nada está excluido en este proyecto de ley”.

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Represión

Mañana se cumple un año del levantamiento popular en Chile

Mañana se cumple un año del levantamiento popular en Chile, la mayor movilización desde la dictadura de Pinochet (1973-1990). Ayer, como todos los viernes, siguieron las protestas con enfrentamientos entre manifestantes y Carabineros. La “zona cero” se llenó de barricadas. En Peñalolén la policía detuvo a 10 personas que atacaron la comisaría.

Un año después, Chile hace un recuento dramático de sus 30 muertos y miles de heridos. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos, 460 personas resultaron con traumas oculares, de las que dos quedaron totalmente ciegas. No es nada diferente de una guerra que la pandemia no ha logrado silenciar. Hay más de 4.600 causas abiertas contra la policía, pero sólo 66 carabineros han sido imputados.

Tras cinco meses en el hospital, Paola Martínez se llevó a su sobrino, Mario Acuña, a su casa malherido. Llegó con una traqueostomía y una gastrostomía. “Cuando le vi abrir su ojito por primera vez lloré de alegría, yo siempre tengo fe de que el Mario va a salir adelante, a veces imagino que me llama”, cuenta con un hilo de voz.

Acuña, de 44 años, recibió una brutal paliza el 23 de octubre, cuando asistía a una manifestación en Buin, a las afueras de Santiago.

Su tía recuerda que eran un puñado de vecinos, incluidos niños, los que salieron a la calle a poner velas por las víctimas, pero apareció una patrulla policial y “se enzarzó” con él. Estuvo en coma algo más de un mes. Hoy apenas es capaz de seguir la mirada con los ojos y hacer un poco fuerza con las manos.

No saben el daño exacto que tiene porque nunca llegaron a hacerle una resonancia. Proveniente de una familia muy humilde y sin padres, Acuña era un trabajador informal, que no cotizaba y que, por tanto, no tiene derecho a sanidad pública.

“El gobierno no se ha hecho cargo y el hospital, menos. Me enseñaron a aspirarlo, pero no a limpiarle la traqueo ni la gastro. Fui aprendiendo con las pocas enfermeras que venían al principio”, denuncia.

Sobreviven gracias a la ayuda vecinal y a los fondos que varias organizaciones sociales consiguen recaudar. Todo es donado, desde la cama clínica hasta las sondas por donde le alimentan.

Su caso está bajo investigación, pero hay muy pocos avances a un año de la fatal paliza: “Ya no quiero su ayuda, sólo pido justicia”, clama.

Otro caso es el de Álex Núñez, un electricista de 39 años que no sobrevivió a la paliza que recibió el 20 de octubre en Maipú, otra localidad de la periferia de Santiago de Chile.

Núñez ni siquiera estaba manifestándose. Fue a entregar un equipo en pleno toque de queda cuando le sorprendió un control policial. Antes de perder la consciencia “me dijo que le golpearon como si su cabeza fuera una pelota de fútbol”, indica Natalia Pérez, su expareja y madre de sus tres hijos.

“Hay que encontrarlos y sacarlos de la calle porque esos asesinos siguen trabajando. Sus compañeros que saben lo que pasó son igual de culpables. Si quieren limpiar la institución, deben hablar”, agrega.

El joven es una de las cinco víctimas en las que el Estado chileno reconoció su responsabilidad y se presentó como querellante, pero su causa tampoco progresa.

A Pérez, que no ha recibido “ni las condolencias” por parte del gobierno, le gustaría salir a manifestarse este fin de semana, cuando se cumple un año del estallido social y se espera una multitudinaria concentración, pero cree que lo mejor para sus hijos es irse al campo y desconectar: “Estos tipos no se han dado cuenta del dolor que han provocado”.

Brandon Camus, de 23 años, a veces se siente culpable porque está vivo, conserva el globo ocular y “sólo” ha perdido la vista de su ojo derecho, pero no puede controlar la “rabia” que siente contra los Carabineros. La pintura es lo único que le calma.

Un policía le disparó un balín el 14 de noviembre cuando volvía a casa tras marchar por Valparaíso, a 100 kilómetros de Santiago, y aún se le eriza la piel cuando recuerda el momento en que llegó al hospital. “Era como un recinto de guerra, estaban todos sangrando, con un montón de heridas y perdigones”, apunta el universitario, delante de su mesa de trabajo, llena de rostros heridos y dolientes.

Las imágenes de jóvenes con los ojos ensangrentados tras recibir perdigones y bombas lacrimógenas en la cara dieron la vuelta al mundo y obligaron al gobierno chileno a lanzar un programa de reparación de traumas oculares y a limitar el uso de estas municiones antidisturbios.

Camus, que está a la espera de una nueva operación, no forma parte del programa porque no vive en Santiago y tiene que costearse el tratamiento por su cuenta. “A los manifestantes nos ven como enemigos, como amenazas. Con la revuelta popular quedó en evidencia que Carabineros no funciona, deberían disolverse y crear una nueva institución con otras lógicas”, indica.

https://www.clarin.com/agencias/efe-vidas-rotas-violencia-policial-protestas-chile_0_vcnI1avJW.html

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Economía

279 niños murieron en Brasil en los últimos 12 años mientras trabajaban

Desde 2007 hasta el año pasado 279 niños murieron en Brasil mientras trabajaban, un promedio de 23,2 muertes anuales. Cintia perdió un brazo a los 14 años en un moledor. Gedeao comenzó a trabajar a los 8 y perdió un ojo cuando tenía 10. Ramón comenzó a trabajar a los 17 años y quedó tetrapléjico debido a la explotación.

Brasil es un país clasista y racista. La mayoría de los niños y adolescentes explotados son afrodescendientes, procedentes de familias de ingresos bajos.

Además de las víctimas mortales, de las 46.507 notificaciones de accidentes laborales entre niños de 5 a 17 años, 27.924 fueron considerados graves.

“El adolescente que trabaja va a tener peor rendimiento escolar, va a tener menos oportunidades de calificación, de escolarización, y con eso, en el futuro, puede se convertirse en un adulto con menos calificación y sujeto a empleos mal remunerados. A partir de ahí, la historia se repite en el ámbito de su familia. Es lo que llamamos de ciclo intergeneracional de pobreza”, asegura Ana María Villa Real, coordinadora de Combate a la Explotación del Trabajo Infantil, del Ministerio brasileño de Trabajo.

En el futuro los efectos de la crisis, el desempleo, la informalidad y, principalmente, el aumento del absentismo escolar, anuncian índices de explotación infantil aún más graves que los actuales. “Tendremos una explosión del trabajo infantil. Para hacerse una idea, estamos con niveles de empleo próximos a 1992, cuando el trabajo infantil era altísimo en Brasil. Es una alerta para la sociedad, pero sobre todo para el Estado, para la adopción de políticas públicas. Estamos en un momento crucial. O tomamos medidas ahora en el sentido de fomentar la protección social, la promoción de derechos, o tendremos un Brasil asolado por el trabajo infantil”, afirma Villa Real.

Son consecuencias que van más allá de la infancia robada, porque son tiempos que no vuelven, traen secuelas irreversibles tanto desde el punto de vista físico como sicológico.

La pobreza es uno de los factores estructurales que llevan a los niños al mundo de la explotación, “pero está vinculada a otros factores como el racismo estructural, La mayoría de los niños y adolescentes que están en situación de trabajo infantil son afrodescendientes, la mayoría de familias de bajos ingresos. Brasil es un país racista, clasista”, afirma Villa Real.

También está la cuestión de la informalidad, que tiende a ubicar al niño en el proceso de trabajo por ser una mano de obra más barata o hasta gratuita, lo que es muy común en algunos núcleos familiares. Eso perpetua también el ciclo intergeneracional de la pobreza y del trabajo infantil.

El presupuesto para asistencia social se está reduciendo desde 2017. Para tener idea, en 2017 la asistencia social tuvo un déficit de presupuesto del 21 por ciento. En 2018 más del 37 por ciento. En 2019 casi 30 por ciento. Este año más de 35 por ciento.

Para 2021 hay un recorte presupuestario de casi el 60 por ciento. De 445 millones de dólares sólo han concedido 178 millones. “Estamos caminando hacia el abismo social”, dice Villa Real.

Cada 15 días muere una niña o niño víctima del trabajo infantil en Brasil

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Opinión

Cisne blanco para el capital, cisne negro para el proletariado

Nassim Nicholas Taleb, avalador de la corriente de Sextus Empiricus (160 – 210), utiliza en su libro “El cisne negro” una metáfora que describe un suceso sorpresivo (para el observador).

El cisne negro (Cygnus atratus) es una especie de ave anseriforme de la familia Anatidae endémica de Australia. A principios del siglo XVIII, los colonos ingleses que volvieron de Australia trajeron consigo, en sus barcos, un cargamento de cisnes negros que son propios de Australia y hasta ese momento, se pensaba que todos los cisnes eran blancos, porque de ese color eran todos los cisnes que se conocían en Europa hasta entonces.

Metáfora relacionada con la percepción de un pavo durante su engorde. Una tarde el pavo tiene que revisar su creencia; su generoso alimentador, en los últimos 999 días, se convierte en verdugo.

“El problema del pavo se puede generalizar a cualquier situación donde la misma mano que te da de comer puede ser la que te retuerza el cuello. Desde el punto de vista del pavo, el hecho de que el día mil uno no le den de comer es un Cisne Negro. Para el carnicero, no, ya que no es algo inesperado. De modo que aquí podemos ver que el Cisne Negro es el problema del imbécil” (*).

Se ha relacionado dicho fenómeno con acontecimientos como la gripe de 1919, el triunfo de Hitler, la crisis de 1983 y del 2008, los atentados a las torres Gemelas en 2001.

Nada más falso, la gripe de 1919, mejor dicho, lo que se denominó gripe, ya que se utilizó como cajón de sastre para recoger todas las personas enfermadas a raíz de la guerra iniciada en 1914, ya sea por malnutrición, por pulmonía, por sífilis, por tuberculosis, por cólera, por tifus, por efecto de los gases, por “pie de trinchera” con resultados posteriores de gangrenas, por “fiebre de trinchera” producida por la Bartonella Quintana debido a los piojos que la transmiten, por “boca de trinchera” denominada Gingivitis Ulcerativa Necrotizante, por tétanos y por efecto de las vacunas provenientes de anticuerpos de cerdos que se inocularon a todos los soldados, y una gripe estacional de Influenza H1N1 que encontró unos sistemas inmunitarios totalmente debilitados. No existen datos epidemiológicos contrastados de las causas de las muertes posbélicas, tan solo cifras aleatorias interesadas, como en la actual epidemia, que los manipuladores de noticias hacen oscilar entre 50 y 100 millones de “muertos por la gripe”. Lo que si existió y todavía subsiste es la negación de las consecuencias de la guerra, tanto por parte de los vencedores, como de los vencidos.

No fue un “cisne negro” puesto que la guerra se estaba preparando desde la crisis de 1873 y sus organizadores, los capitales europeos en competencia, sabían de antemano la destrucción y muerte que iba a causar, no por casualidad a esta guerra se la denominó “la gran guerra química”. Pero el conjunto de la población era ignorante de ello. Cisne negro para la población, pobre evidentemente, y cisne blanco para los capitalistas.

Otra falsedad, la del ascenso de Hitler al poder. Fue financiado por la gran banca y las grandes empresas alemanas, las mismas que fabricaban los hornos crematorios y los gases asfixiantes de los campos de concentración. Cisne negro para los que sufrieron las consecuencias, cisne blanco para los que organizaron, financiaron y designaron a Hitler “Fürher”.

El derrumbe de las Torres Gemelas en 2001 fue un cisne negro para la mayoría de la población, pero no para los que organizaron y prepararon metódicamente el derrumbe de las mismas, puesto que ya tenían preparada con anterioridad la invasión de Afganistán y toda la batería de legislación antiterrorista (Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act) aprobada el 26 de octubre, al cabo de un mes y medio del supuesto ataque. Ley que posteriormente se expandió y copió en todos los países del mundo. Todo estaba previsto, era un cisne blanco para el imperialismo corporativo estadounidense y sus aliados.

La crisis del 2008 fue un cisne negro para millones de trabajadores que perdieron su empleo y sus ingresos. Para millones de pequeños ahorradores que perdieron su dinero, para los pensionistas que vieron desaparecer sus fondos de pensiones. Pero un auténtico cisne blanco para los negocios multimillonarios procedentes de las fusiones bancarias y la compra a precio de saldo de miles de centros productivos en una operación de genocidio financiero preparada con mucha antelación.

Hoy, algunas opiniones, no la de Nassim, que defienden la teoría que la declaración de pandemia se puede calificar de “cisne negro”, puesto que algunos dicen, fue algo sorpresivo. Aunque del análisis de las declaraciones de diversos organismos y corporaciones internacionales, tal vez la más emblemática fuera el “Event 201”, podríamos deducir que todo estaba planeado y “atado y bién atado”, como la democracia española post franquista. Ha sido un auténtico cisne blanco para el entramado químico-farmacéutico-industrial-militar y para los capitales a la caza de las empresas de la competencia en una operación de largo alcance para imponer “manu militari” el inicio de un cambio de patrón tecnológico.

Pero ha sido un auténtico “cisne negro” para la clase obrera mundial, para el campesinado de la periferia, para los trabajadores del “mercado informal”. Y una “rara avis” para los escépticos.

El escepticismo promueve dudar de toda la información que no sea bien apoyada por la evidencia, aunque hay diversas lecturas del mismo, una de las cuales es «no afirmar nada», es decir, quedarse en una reflexión permanente dubitativa sin pronunciarse ni aceptando ni negando. Tal vez uno de los ejemplos más característicos de esta última lectura es el de los “ni-ni” utilizado, en política, para designar aquellas personas que de forma pusilánime no se atreven a tomar partido en cualquier conflicto, situándose de esta forma por encima del bién y del mal, mejor dicho, por debajo del bien y del mal, y que en la práctica dan su apoyo tácito a los desmanes de corporaciones económicas y gobiernos de turno.

La mayoría de la población ha estado representando un papel similar a la metáfora del pavo antes de Navidad, pensando que el capitalismo le daría migajas a perpetuidad, pero de golpe degüella.

No seamos pavos.

(*) Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro, pág.103.

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Represión

‘Primero disparar y luego preguntar’ (el terrorismo policial está fuera de control en América Latina)

Causa indignación el caso de un joven manifestante que fue arrojado desde un puente por un policía el pasado 2 de octubre en Santiago de Chile. Además, durante las protestas masivas por mejoras en la calidad de vida y un cambio constitucional de fines del año pasado, la policía chilena fue acusada de torturas, de disparos indiscriminados que dejaron decenas de lesionados con pérdida total o parcial de la vista y de uso indiscriminado de la fuerza, en algunos casos con consecuencias fatales.

En Colombia murió, a principios de septiembre, el estudiante Javier Ordóñez debido a golpes propinados por policías en una comisaría. Los agentes de seguridad llevaron detenido a Ordóñez porque éste no se atuvo a las normas contra el coronavirus, ya que habría bebido alcohol en la calle. En las protestas contra la violencia policial que siguieron a la muerte de Ordóñez resultaron muertos, según los medios, 13 civiles. A finales de septiembre, el caso de una mujer trans que fue tiroteada en Colombia por un soldado durante un control policial también provocó disturbios.

En junio de 2020, miles de personas salieron a la calle en México para protestar contra el terror policial, después de que un hombre de 30 años, Giovanni López, muriera cuando estaba detenido. López había sido detenido por no llevar una mascarilla contra el coronavirus. Los policías mexicanos son casi tan temidos como los de los cárteles del narcotráfico.

“El nivel de violencia y de ejecuciones sumarias está en muchos lugares de Latinoamérica totalmente fuera de control”, según Fernanda Doz Costa, de Amnistía Internacional. Muchos países ni siquiera registran ese tipo de estadísticas, por lo cual es casi imposible obtener informaciones confiables al respecto.

La historiadora Agustina Carrizo de Reimann investiga sobre la policía en América Latina. La excesiva brutalidad de la policía es un problema estructural desde hace mucho tiempo que puede, en parte, ser explicado por el rol que tuvieron durante las dictaduras y los regímenes fascistas en las décadas de los años 70, 80 y 90.

Muchos policías conservan una forma de pensar similar a la de esa época y casi no se han llevado a cabo reformas en las fuerzas de seguridad desde entonces en la región. «Eso se ve muy bien en los carabineros, la policía chilena. Todavía actúan, en parte, como durante la dictadura de Pinochet, desde 1973 hasta 1990. Los manifestantes son, para ellos, un peligro para el Estado. No son personas que ejercen su derecho a protestar pacíficamente y a quienes deben proteger», subraya Doz Costa. El mismo presidente Sebastián Piñera animó en 2019 a la policía chilena a reprimir duramente a los manifestantes. Piñera describió a los jóvenes que salían a las calles para exigir mejoras de “enemigo implacable” que estaba “en guerra” con Chile.

Durante la dictadura militar, los carabineros estaban bajo el mando del Ministerio de Defensa y en 2011 pasaron a recibir órdenes del Ministerio del Interior. En otros países de América Latina, la policía sigue dependiendo del Ministerio de Defensa, y en algunos los jefes del Ejército son, al mismo tiempo, jefes de la Policía. Sus métodos de entrenamiento son similares a los de los militares.

Otro gran problema es la impunidad de los policías. “En caso de cometer faltas, se los lleva ante un tribunal militar en lugar de ante un tribunal civil. La Corte Interamericana de Derechos Humanos denunció repetidas veces que eso es inaceptable”, asegura Doz Costa.

La policía no goza de la confianza de los ciudadanos en Argentina. “Primero disparar y luego preguntar”: ese parece ser el concepto de la policía latinoamericana. También en el caso de cuatro adolescentes argentinos que sufrieron un accidente de automóvil que les costó la vida cuando la policía los perseguía, después de que les dispararan sin motivo, en la ciudad de San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. El caso es conocido como la “Masacre de San Miguel del Monte”.

La historiadora argentina Carrizo cuenta cómo un policía le disparó a un carterista en plena calle: “Simplemente le apuntó a la cabeza”. La relación de los argentinos con la policía está quebrantada por la falta de confianza en esa institución. “La desconfianza hacia la policía se ve en todas las capas sociales”, indica.

El terror policial afecta, la mayoría de las veces, a los más pobres y a las minorías, sean indígenas, como los mapuches, en Chile y Argentina, o personas negras, como en las favelas de Brasil. Dado que la policía no se ve a sí misma como una fuerza cuyo objetivo es proteger a la población civil, mucho menos se considera protectora de esos grupos, que están en desventaja en la sociedad.

http://laopcion.com.mx/noticia/290134/fuera-de-control-violencia-policial-en-america-latina

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Estrategia Salud

Los militares han convertido el mundo en un laboratorio para realizar experimentos de todo tipo con seres humanos

Uno de los aspectos que han salido a la luz con la pandemia (en casi todos los países, excepto en España) es la conexión del Pentágono con la salud. El ejército de Estados Unidos no sólo destina ingentes cantidades de dinero a fabricar armas biológicas, sino también a vacunas, es decir, que lo mismo fabrica la enfermedad que el remedio.

Los casos de Fort Detrick y Porton Down ponen de manifiesto que un laboratorio no es diferente de un cuartel militar. Como cualquier otro armamento, los virus y las vacunas se almacenan en silos especiales. También se llevan a cabo maniobras y ejercicios con su propio “campo de batalla”. Finalmente, se manipulan, se modifican mediante ingeniería genética.

Hoy es cada vez es más difícil diferenciar entre la realidad y el laboratorio. Hay quien cree que la letalidad del coronavirus es consecuencia de su manipulación genética. También hay quien supone que la pandemia es un ensayo de laboratorio y que los seres humanos desempeñamos el papel de cobayas.

Otros recurren a los atentados de “bandera falsa”, donde los desencadenantes son las propias víctimas. A los gobiernos de las grandes potencias nunca les ha importado nada que dichas víctimas formen parte de su propia población.

A nadie debería extrañarle que estuviera ocurriendo nada de eso porque los antecedentes son muy claros. Las armas biológicas están prohibidas pero una parte creciente de la experimentación científica se basa en ellas.

Cuando esos científicos reconvertidos en mercenarios convierten al mundo en un laboratorio, experimentan con él y con los seres vivos que lo pueblan, incluido el ser humano.

El ántrax salió de un laboratorio militar del Pentágono. En 2001 se llevó a cabo un ensayo con ántrax dentro de la Operación Dark Winter y tres meses después se utilizó durante los atentados a las Torres Gemelas.

Desde entonces el ejército ha seguido realizando ensayos de pandemia, con ántrax o sin él. En 2005 organizaron el simulacro “Tormenta Atlántica”, una pandemia que afectaba a los países de la OTAN.

Ahora todos miran para otro lado, hasta que dentro de unos años alguien escriba un guión para una serie de Netflix con el que poder lavar su mala conciencia y ganar mucho dinero.

La Operación Dark Winter fue obra de Tara O’Toole y Thomas Inglesby que dos años después pasaron a formar parte de UPMC. También son los mismos que el año pasado llevaron a cabo otro simulacro parecido: el Evento 201 que ensayaba una pandemia de coronavirus.

En este tipo de experimentos biopolíticos participan siempre los mismos perros con otros collares. Inglesby que, además de su cargo en el UPMC, también dirige el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, fue el moderador de aquel “evento”.

Aunque nadie se atreva a mirar de frente, los objetivos de esos experimentos son siempre políticos y en ellos aparece la ley marcial para conducir al ejército a participar en los asuntos del propio país, lo cual interesa sobremanera al Pentágono.

En 2018 se llevó a cabo otro ejercicio en el que también participaron O’Toole e Inglesby: un ataque con patógenos genéticamente modificados planteaba la continuidad del gobierno y se imponía la ley marcial.

Con las elecciones de este año el asunto vuelve a la actualidad. En medio de la pandemia, si pierde, Trump ha amenazado con negarse a reconocer los resultados electorales y las centrales de inteligencia pronostican la imposición de la ley marcial. A principios de este año un alto funcionario del gobierno ha hablado de la llegada del “invierno más oscuro de la historia moderna”.

Estados Unidos va de un invierno oscuro a otro. En 2007 la Operación Dark Winter cristalizó cuando Bush aprobó la Directiva Ejecutiva 51 que actualizaba los planes de “continuidad del gobierno”. Obama siguió aprobando decretos sobre el mismo asunto que otorgan un control casi total de las infraestructuras de Estados Unidos al Departamento de Seguridad Interior.

En el momento de la firma de aquellos decretos, O’Toole era la Subsecretaria de Ciencia y Tecnología del Departamento de Seguridad Interior. Actualmente es Vicepresidenta Ejecutiva de In-Q-tel, el brazo científico de la CIA. Es la mujer que aparece en la imagen de portada.

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Ciencia Salud

Entra en vigor en España la inmunidad a los fabricantes de la vacuna contra el coronavirus

«Me complace confirmar que España ha llevado a cabo los procedimientos nacionales necesarios para concluir el Acuerdo, que entrará en vigor para nuestro país en la fecha indicada en la presente carta«, reza por carta el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, a la Comisaria de Sanidad y Seguridad Alimentaria Stella Kyriakides.

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Represión

Las esterilizaciones forzosas aún no han acabado en Estados Unidos

Las revelaciones sobre esterilizaciones forzosas realizadas en un centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Georgia rompen con una larga historia de silencio sobre las castraciones en Estados Unidos, en particular a los negros, pobres y discapacitados, y su continuidad en cárceles y prisiones hasta el día de hoy.

Kelli Dillon, una mujer que fue esterilizada en el Centro de Detención para Mujeres de California Central en Chowchilla en 2001, aparece en el documental “Belly of the Beast” (El vientre de la bestia) que narra la historia de las presas que fueron sometidas a esterilizaciones no deseadas en cárceles de California. Dillon afirma que las mujeres que están en la cárcel son “castigadas” solo por solicitar su historial clínico.

“Si comenzamos a presionar […] nos regañan y, a veces, nos ponen en aislamiento”, dice Dillon que en 2006 se convirtió en la primera sobreviviente de una esterilización forzada que inició una demanda judicial contra el Departamento Correccional de California por daños y perjuicios.

Aunque la eugenesia se vincula al III Reich, Indiana se convirtió en 1907 en el primer estado en aprobar una ley de eugenesia, que permitía la esterilización obligatoria. Entre 1907 y 1914 otros 11 estados más aprobaron una norma similar y, para 1925, el número alcanzó los 28 estados.

Al principio las leyes ponían el foco en personas ingresadas en instituciones siquiátricas. Sin embargo, con el paso del tiempo, su radio de acción se fue expandiendo a los alcohólicos, ciegos, sordomudos, epilépticos, e incluso a los criminales.

Una comisión de médicos examinaba el historial de cada persona y determinaba si debía ser castrada o no. Uno de los casos más espeluznantes fue el Carrie Buck, que ya relatamos en otra entrada.

Entre 2006 y 2010 el Departamento Penitenciario de California esterilizó a casi 150 mujeres sin autorización.

“La esterilización forzada es un genocidio”, señala la cineasta Erika Cohn, directora de la película “El vientre de la bestia”, cuya realización llevó casi una década. La película se estrena en las salas de cine el 16 de octubre y en el programa “Independent Lens” de PBS el 23 de noviembre.