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No hay campesinos desplazados por la guerra, hay una guerra para desplazar a los campesinos de sus tierras

Hace cuatro años, el 26 de septiembre de 2016, se firmó un acuerdo llamado “de paz” entre el gobierno de Colombia y las FARC que es “letra muerta” porque el terrorismo de Estado ni ha acabado, ni acabará.

Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, a finales del año pasado en Siria había poco más de seis millones de personas desplazadas a causa de la guerra que asola al país desde 2011. En Colombia la cifra es de ocho millones de refugiados internos. El país sudamericano sigue teniendo el mayor número de desplazados internos del mundo.

Desde principios de 2020, más de 16.000 personas han sido desplazadas. Pero si ahora hay “paz”, ¿cuáles son las causas de que continúen los desplazamientos? Porque no hay campesinos desplazadas a causa de una guerra, hay una guerra para desplazar a los campesinos de las tierras que cultivan.

La cuestión, pues, es y siempre ha sido la propiedad de la tierra, no la lucha armada. Una parte del acuerdo “de paz” habla de otro brindis al sol: la reforma agraria integral que, tras cuatro años después de la firma de los acuerdos es letra muerta: de los 6,5 millones de hectáreas despojadas en las décadas anteriores, han sido devueltas a los campesinos menos del 6 por ciento.

En Colombia hay un problema de clase camuflado bajo las vestimentas de los derechos humanos. Por ejemplo, desde 2017 el número de asesinatos de sindicalistas ha vuelto a aumentar.

En casi la mitad de los casos los autores de los asesinatos de sindicalistas no han sido identificados. De los que han sido identificados, la mayoría son paramilitares.

En 2019 fueron asesinados 66 miembros del pueblo nasa, una minoría étnica colombiana.

En 2019 la Fundación para la Libertad de Prensa registró 113 amenazas y 360 agresiones contra periodistas. En 2018 fueron asesinados 34 sindicalistas. Otros 14 murieron entre 2019 y principios de este año.

Colombia es el país donde la vida de un ecologista no vale nada. 212 personas fueron asesinadas en todo el mundo por defender su tierra o por oponerse a la destrucción de la naturaleza en 2019. De ellos, 64 eran colombianos.

El 26 de febrero de 2020 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos presentó su Informe Anual sobre la situación en Colombia el año anterior, que describe un panorama sombrío. 36 ataques, que resultaron en la muerte de 133 personas – el número más alto desde 2014 – se registraron ese año. Además, 108 defensores de los derechos humanos fueron asesinados. La organización colombiana Indepaz, el 21 de agosto de 2020, contabilizó el milésimo dirigente social o defensor de los derechos humanos asesinado desde la firma del acuerdo “de paz” en 2016.

La “paz” ya ha llevado al cementerio a mil personas. A ese precio es preferible la guerra.

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Memoria Histórica

‘La matanza será considerable y prolongada’, predijo la CIA al preparar el Golpe de Estado contra Salvador Allende

El 15 de septiembre de 1970, hace 50 años, Richard Nixon, entonces presidente de Estados Unidos, ordenó una intervención directa y soterrada para evitar que Salvador Allende llegara a La Moneda o, de no ser posible, derrocarlo. Para esto se planearon diversas fórmulas –incluyendo presiones sobre el presidente Frei Montalva–­ que quedaron registradas en documentos secretos.

El 15 de septiembre de 1970, durante una reunión de veinte minutos en la Oficina Oval (en la Casa Blanca) entre las 3:25 pm y las 3:45 pm, el presidente Richard Nixon ordenó a la CIA fomentar un golpe de Estado en Chile. Según notas escritas a mano por el director de la CIA, Richard Helms, Nixon entregó instrucciones explícitas para prevenir que el recién elegido presidente de Chile, Salvador Allende, asumiera su mandato en noviembre. O para crear condiciones para derrocarlo si lo hacía. “Una oportunidad en 10, tal vez, pero salvar a Chile”. “No le preocupan los riesgos que involucre”, anotó Helms en sus notas mientras el presidente exigía un cambio de régimen en la nación sudamericana que se había convertido en la primera en el mundo en elegir libremente a un candidato socialista. “Trabajo de tiempo completo: los mejores hombres que tenemos”. “Hacer que la economía grite”.

Cincuenta años después de escrito, el críptico memo de la conversación de Helms y Nixon sigue siendo el único registro conocido de un presidente de Estados Unidos ordenando el derrocamiento encubierto de un líder extranjero elegido democráticamente. Desde que el documento fue desclasificado por primera vez en 1975 -como parte de una importante investigación del Senado estadounidense sobre las operaciones encubiertas de la CIA en Chile y otros lugares-, las notas de Helms se han convertido en la representación icónica de la intervención de Estados Unidos en Chile, y en un símbolo perdurable de la arrogancia hegemónica de Washington hacia naciones más pequeñas.

Para conmemorar 50 años de la orden de Nixon de derrocar a Allende, exactamente a las 3:25 pm -cuando comenzó la reunión-, el Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicó una selección de documentos previamente desclasificados que rastrea la génesis de esta orden presidencial, que tuvo consecuencias, y las circunstancias históricas en que tuvo lugar. La reunión del 15 de septiembre de 1970, a la que también asistieron el Asesor de Seguridad Nacional estadounidense, Henry Kissinger, y el Fiscal General John Mitchell, es bien conocida en la historia del papel de Estados Unidos en Chile; pero los eventos que llevaron a esa reunión han recibido mucha menos atención. Estos documentos entregan una hoja de ruta de la trama golpista y de cambio de régimen de Estados Unidos. La reunión de la Oficina Oval del 15 de septiembre de 1970 marcó el primer paso importante para socavar la democracia chilena y apoyar el advenimiento de una dictadura militar.

La historiografía abreviada del Archivo de las órdenes de Nixon del 15 de septiembre revela la siguiente secuencia de eventos:

Funcionarios estadounidenses comenzaron en secreto a tantear un golpe militar como parte de la planificación de contingencia para una posible victoria de Allende más de un mes antes de que los chilenos acudieran a las urnas, el 4 de septiembre de 1970. La evaluación inicial de los pros y los contras de un potencial golpe ocurrió después de que el presidente Nixon solicitara, a fines de julio, una “revisión urgente” de los intereses y opciones de Estados Unidos en Chile. Completada a mediados de agosto, la revisión -conocida como “Memorando 97 del Estudio de Seguridad Nacional”- contenía un anexo caratulado como secreto titulado “Opción extrema: Derrocar a Allende”, que abordó supuestos, ventajas y desventajas de un golpe militar si Allende era elegido.

Para preparar esa sección de la evaluación, el 5 de agosto de 1970, el subsecretario de Estado, John Crimmins, envió al embajador estadounidense Edward Korry un cable “solo para sus ojos”. En él, le pedía su opinión sobre “las perspectivas de éxito de los militares y la policía que intenten derrocar a Allende o prevenir que asuma” y “la importancia de la actitud de Estados Unidos para el inicio o el éxito de dicha operación”. Korry envió una respuesta de 13 páginas el 11 de agosto de 1970, en la que se identificaban los plazos clave, los líderes potenciales y los obstáculos para un golpe militar exitoso.

Cuatro días después de la estrecha elección de Allende, el 8 de septiembre de 1970, el “Comité 40” -que supervisaba las operaciones encubiertas- se reunió para discutir sobre Chile. Henry Kissinger presidió el comité. Al final de la reunión, Kissinger solicitó una “evaluación a sangre fría” de “los pros y los contras, los problemas y las perspectivas involucradas si se organizara ahora un golpe militar chileno con la ayuda de Estados Unidos”. En respuesta, Korry envió otro telegrama detallado titulado “Respuesta del Embajador a la Solicitud de Análisis de Opción Militar en la Situación Chilena Actual”. El ejército chileno, informó, “no repetirá ni actuará para evitar que asuma Allende, salvo situación poco probable de caos nacional y violencia generalizada”. Korry advirtió que “no existen oportunidades para nuevas acciones de Estados Unidos para presionar al ejército. Ellos ya saben que tienen nuestra bendición para cualquier movimiento serio contra Allende”. El actor clave en cualquier movimiento militar, escribió Korry, no era Estados Unidos, sino el presidente Eduardo Frei, de cuya “voluntad y habilidades” dependía el futuro de Chile.

En las consecuencias iniciales de la elección de Allende, la conspiración golpista se dividió esencialmente en dos enfoques:

  1. La “fórmula Frei”, que contaba con que el presidente Frei “manejara el golpe” al autorizar a altos oficiales militares a actuar contra la Constitución. Uno de los primeros planes exigía a Frei que anulara las elecciones, nombrara un gabinete militar para dirigir el gobierno, a Jorge Alessandri como presidente interino, y que renunciara con la expectativa de postularse para la presidencia en nuevas elecciones. A través de intermediarios y directamente, los funcionarios estadounidenses presionaron a Frei para que implementara esta complicada táctica y autorizara al ejército chileno a poner fin a lo que Korry llamó su “irresolución flácida”. La CIA incluso envió a un agente especial llamado George Donohue a Santiago para “asegurarle a Frei que si fuera necesario tendrá el doble de la cantidad [de fondos encubiertos de la CIA] que tenía para las elecciones de 1964” si orquestaba el plan y se postulaba para la reelección. Si el plan fallaba, se le ordenó a Donohue que le dijera a Frei que la CIA pagaría para que se reasentara fuera de Chile. Pronto, sin embargo, la embajada y la CIA concluyeron que no se podía contar con Frei para traicionar a su país.

  2. La “fórmula del caos”, para crear un “clima golpista” que diera a los militares chilenos el pretexto para tomar el poder. Seis días antes de que Nixon ordenara un golpe militar, William Broe, el jefe de la división del hemisferio occidental de la CIA, instruyó al jefe de la estación de Santiago, Henry Hecksher, que iniciara “la tarea operativa de establecer esos contactos directos con el ejército chileno que… podrían utilizarse para estimular una golpe si y cuando se tome la decisión de hacerlo”. Se había hecho evidente “al explorar vías para evitar que un gobierno de Allende ejerza el poder”, señaló Broe, “que (A) la ruta política/constitucional en cualquier forma no es un comienzo y (B) la única perspectiva con alguna posibilidad de el éxito en absoluto es un golpe militar antes o inmediatamente después de la toma del poder de Allende”. A los pocos días de la orden de Nixon del 15 de septiembre, la sede de la CIA comenzó a transmitir instrucciones para la “creación de un clima golpista” a través de la “guerra económica”, la “guerra política” y la “guerra psicológica”.

Memorando censurado de la conversación de la CIA sobre la conspiración golpista y texto sin censurar (del archivo de la NSA, Agencia Nacional de Seguridad)

El jefe de la estación de la CIA se opuso a estas instrucciones, por considerarlas poco prácticas y poco probable que tuvieran éxito. No estaba solo. Un número significativo de funcionarios de la CIA, la embajada de EEUU y del Departamento de Estado se opusieron a los planes propuestos para la intervención; por ser poco realistas, propensos al fracaso y diplomáticamente peligrosos. También porque los riesgos de exposición superaban con creces las ganancias potenciales para los intereses de EEUU. La oficina del Departamento de Estado para América Latina se opuso formalmente al anexo secreto en el Memorando 97 sobre el derrocamiento de Allende con el argumento de que “la exposición en un golpe fallido implicaría un costo prohibitivamente alto en nuestras relaciones en Chile, en el hemisferio y en otras partes del mundo. Incluso si el golpe tuviera éxito, la exposición implicaría costos solo marginalmente menos graves en todas estas áreas”. En un cable privado a Kissinger, el embajador Korry advirtió que “estoy convencido de que no podemos provocar [un golpe] y que no debemos correr los riesgos simplemente por tener otra Bahía de Cochinos”. Incluso los principales asesores de Kissinger se opusieron a intervenir en los asuntos políticos internos de Chile. El 14 de septiembre, Winston Lord le envió un memorando con el argumento único de que, si se expone, la intervención estadounidense en Chile “podría socavar completamente nuestra política sobre Vietnam”, que se basaba en elecciones libres y “autodeterminación del pueblo de Vietnam del Sur sin interferencia.” El mismo día, otro asesor de Kissinger, Viron Vaky, le advirtió que la intervención de Estados Unidos podría conducir a “violencia generalizada e incluso insurrección” en Chile.

Vaky incluso cuestionó si la amenaza de un gobierno de Allende realmente superaba los peligros y riesgos de la cadena de eventos que la intervención de Estados Unidos podría poner en marcha. Aconsejó a Kissinger sobre la respuesta: “Lo que proponemos es evidentemente una violación de nuestros propios principios y valores políticos… Si estos principios tienen algún significado, normalmente nos apartamos de ellos solo para enfrentar la amenaza más grave para nosotros, por ejemplo, para nuestra supervivencia. ¿Es Allende una amenaza mortal para Estados Unidos? Es difícil argumentar esto”.

Henry Kissinger rechazó estos argumentos y los descartó en sus informes al presidente. Kissinger, junto con el director de la CIA Helms, apoyó totalmente el derrocamiento de Allende a cualquier costo. El 12 de septiembre, hablaron por teléfono sobre un golpe preventivo para bloquear a Allende, una conversación que Kissinger registró en su sistema secreto de grabación. “No dejaremos que Chile se vaya por el desagüe”, declaró Kissinger. “Estoy contigo”, respondió Helms.

De todas las influencias en la directiva golpista del 15 de septiembre del presidente Nixon, Kissinger fue el más fuerte por tres razones: su posición como asesor de Seguridad Nacional; su respaldo al profundo desprecio de Nixon por el Departamento de Estado; y su propia preocupación de que la elección libre y justa de Allende se convirtiera en un modelo para otras naciones de América Latina y Europa, amenazando el control y las alianzas de Estados Unidos. Pero Nixon también se vio influido por la lectura de los detallados cables del embajador Korry, que enfatizaban la necesidad de una agitación económica para crear una justificación para el golpe, y especificaban una ventana de oportunidad para un golpe antes de que el Congreso chileno ratificara a Allende el 24 de octubre.

La decisión de Nixon coincidió con la presencia en Washington de Agustín Edwards, el propietario del principal periódico de Chile y un informante destacado de la CIA sobre la posibilidad de un golpe de Estado. El 14 de septiembre, Edwards desayunó con Kissinger y el fiscal general John Mitchell. Luego mantuvo una larga reunión con Richard Helms y proporcionó inteligencia detallada sobre posibles líderes golpistas en el establecimiento militar y político en Chile. Kissinger trató de organizar una reunión secreta en la Oficina Oval entre Edwards y Nixon, tan secreta que no existen registros que confirmen que tuvo lugar. Nixon se reunió el 14 de septiembre con su amigo cercano Donald Kendall, director ejecutivo de Pepsi, con quien se estaba quedando Edwards, y Kendall informó al presidente sobre los argumentos de Edwards. Helms testificaría más tarde que “el presidente convocó esta reunión [el 15 de septiembre] debido a la presencia de Edwards en Washington y lo que escuchó de Kendall sobre lo que Edwards estaba diciendo sobre las condiciones en Chile”.

En realidad, Nixon necesitaba poca persuasión. Pareció tomar la elección de Allende como una afrenta deliberada contra Estados Unidos. “En todo el mundo está demasiado de moda patearnos”, diría Nixon más tarde a sus principales funcionarios de seguridad nacional mientras determinaban una política a largo plazo para socavar al gobierno de Allende. “No podemos dejar de mostrar nuestro disgusto”.

La instrucción que Richard Nixon dio a Helms hace 50 años puso en marcha una serie de los actos más infames en los anales de la política exterior de Estados Unidos. Para instigar un golpe, la CIA pronto se centró en proporcionar armas, fondos e incluso pólizas de seguro de vida para los operativos militares chilenos para destituir al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas chilenas, el general René Schneider, que se oponía a un golpe. El 22 de octubre de 1970, Schneider fue interceptado y baleado cuando se dirigía al trabajo. Murió el día siguiente. Su asesinato, apoyado por la CIA, se convirtió en uno de los casos más legendarios de participación de Estados Unidos en el asesinato de líderes extranjeros. El esfuerzo encubierto a corto plazo de la CIA para bloquear la toma de posesión de Allende se convirtió en un esfuerzo clandestino prolongado por tres años para desestabilizar su capacidad para gobernar, creando el “clima golpista” que condujo directamente al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 dirigida por el general Augusto Pinochet. Un año después, cuando el periodista Seymour Hersh publicó la historia de la intervención de Estados Unidos en Chile en la portada del New York Times, la exposición que temían los ayudantes de Kissinger creó uno de los escándalos de política exterior más grandes en la historia reciente de Estados Unidos.

“La matanza será considerable y prolongada”, predijo un cable clasificado de la CIA desde la estación de Santiago, cuando los agentes comenzaron a implementar activamente las órdenes de Nixon. “Nos ha pedido que provoquemos el caos en Chile… le proporcionamos una fórmula para el caos que es poco probable que sea incruenta. Disimular la participación de Estados Unidos será claramente imposible”.

Colección chilena del Archivo de Seguridad Nacional

En respuesta a la solicitud del presidente Nixon de una revisión para preparar planes de contingencia en caso de una victoria de Allende en Chile; la CIA, el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa preparan un amplio estudio, con este anexo secreto sobre una “opción extrema” para derrocar a Allende. Los redactores advierten que las revelaciones del papel de Estados Unidos en el derrocamiento de Allende podrían tener “graves consecuencias para los intereses de Estados Unidos en Chile, el hemisferio y el mundo”.

Proyecto de desclasificación de documentos chilenos del gobierno de Clinton

Respondiendo a una solicitud para evaluar una opción secreta para un golpe de Estado contra Allende si es elegido, el embajador de Estados Unidos en Chile envía un extenso cable prediciendo que es “muy poco probable que prevalezcan las condiciones o motivaciones para un derrocamiento militar de Allende.”

Proyecto de desclasificación de documentos chilenos del gobierno de Clinton

En un memorando al Subsecretario de Estado U. Alexis Johnson, el jefe de la Oficina de Asuntos de América Latina (ARA), Charles Meyer, solicita que el Departamento de Estado se oponga a los esfuerzos encubiertos para implementar la “opción extrema” de derrocar a Allende con el argumento de que la probabilidad de éxito es baja y los riesgos de exposición son altos.

Proyecto de desclasificación de documentos chilenos del gobierno de Clinton

Cuatro días después de la elección de Allende, Henry Kissinger preside la primera reunión del Comité 40, que realiza operaciones encubiertas en el extranjero. Al final de la reunión, Kissinger solicita que la embajada proporcione de inmediato una “evaluación a sangre fría” de los pros y los contras de un golpe militar para evitar que Allende sea investido presidente.

Proyecto de desclasificación de documentos chilenos del gobierno de Clinton

El jefe de operaciones del hemisferio occidental de la CIA, William Broe, transmite un cable al jefe de la estación de la CIA en Santiago con instrucciones para establecer contactos con militares chilenos, en preparación para apoyar un golpe militar contra Allende.

Proyecto de desclasificación de documentos chilenos del gobierno de Clinton

El embajador Korry responde a la solicitud de Kissinger de una evaluación “a sangre fría” de un potencial golpe de Estado afirmando enérgicamente que el ejército chileno no se moverá a menos que haya “caos nacional y violencia generalizada”.

Archivo de Seguridad Nacional, colección Kissinger Telcon

En una conversación telefónica, Kissinger y Helms discuten la situación. Kissinger deja claro que él y el presidente Nixon no están dispuestos a dejar que Chile “se vaya por el desagüe”. “Estoy contigo”, responde Helms.

Proyecto de desclasificación de la administración de Clinton

En un memorando para preparar a Henry Kissinger para una reunión del Comité 40 sobre Chile, su principal adjunto para América Latina, Viron Vaky, aprovecha la oportunidad para advertir contra los esfuerzos de Estados Unidos para bloquear a Allende. Además de los costos de una posible exposición a la reputación estadounidense en el exterior, presenta un argumento moral audaz: “Lo que proponemos es evidentemente una violación de nuestros propios principios y valores políticos”.

Comité del Senado para estudiar las operaciones gubernamentales con respecto a las actividades de inteligencia, Acción encubierta en Chile, 1963-1973

En estas notas manuscritas, el director de la CIA, Richard Helms, registra las instrucciones del presidente Richard Nixon de fomentar un golpe de Estado en Chile. El presidente le da 48 horas para desarrollar un plan, autoriza un presupuesto mínimo de $10 millones de dólares y le ordena que no le diga a los funcionarios de la embajada de Estados Unidos que la CIA está tramando el derrocamiento de Allende.

Extreme Option: Overthrow Allende, Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington

Documentos desclasificados de EE.UU. registraron la génesis de la instrucción de Nixon para derrocar a Allende

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Represión

Los japoneses diseccionaron vivos a quienes cayeron en su poder en la Segunda Guerra Mundial

Como en España, en Japón también es frecuente que el gobierno rinda homenaje a los criminales de guerra. Pero en Asia las demostraciones fascistas provocan serias tensiones diplomáticas con los países vecinos que fueron sus víctimas, como China y Corea.

La Universidad japonesa de Kyushu descubrió detalles de las torturas infligidas a los enemigos, en particular a los pilotos estadounidenses que cayeron derribados tras las líneas enemigas. Los autores de los crímenes no fueron militares sino médicos, aunque a veces no sea fácil diferenciar a unos de otros.

De la misma manera que los nazis llevaron a cabo atroces experimentos médicos con los presos, los japoneses los trasladaron al centro médico de Fukuoka para diseccionarlos vivos.

En 1995 uno de los médicos, Todoshi Tono, relató al Baltimore Sun el destino de uno de ellos, Teddy Ponczka, a quien le extirparon un pulmón para comprobar su capacidad respiratoria, antes de inyectarle una solución salina que lo llevó a la muerte. Fue precisamente este doctor quien comenzó a levantar el tabú de los crímenes de guerra japoneses (*).

Según los archivos de la Universidad de Kyushu, otro piloto derribado fue sometido a una lobotomía cerebral para comprobar si los ataques epilépticos podían ser controlados mediante cirugía. A otros se les amputó una sección del hígado para saber cuánto tiempo podrían sobrevivir.

Las atrocidades no terminaron ahí. A los colaboradores de la URSS los infectaron con la peste, el tifus o el cólera, cuando no los enviaron directamente al campo de Mukden, en China, apodado el “Auschwitz oriental”. Una vez allí, se les consideraba “marutas”, es decir, “trozos de madera”, por la Unidad 731, donde probaban su resistencia a la muerte de varias maneras, todas igualmente sádicas: quemados con lanzallamas, hervidos en agua…

Uno de los episodios más sorprendentes de las salvajes torturas es el de la tripulación del bombardero estadounidense B-29, derribado el 5 de mayo de 1945 cuando viajaba hacia el aeropuerto de Fukuoka. De la docena de tripulantes, algunos fueron asesinados, pero otros terminaron en las garras de los “científicos” japoneses. Sólo el Capitán Marvin Watkins pudo sobrevivir, escapando del horror y siendo liberado al final de la guerra. Los otros no pudieron soportar el potro de la tortura.

Al final de la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses amnistiaron a los criminales de guerra japoneses a cambio de hacerse con sus servicios.

En la sede de la OMS en Ginebra hay un monumento a la memoria de Ryoichi Sasakawa, dirigente de un partido fascista japonés que creó un ejército privado para explotar Manchuria y Mongolia, donde cometió numerosos crímenes, por los que fue condenado en 1945.

(*) http://articles.baltimoresun.com/1995-05-28/news/1995148003_1_japan-kyushu-university-fukuoka

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Oriente Medio

Trump reconoce que estudió la ‘eliminación’ del Presidente sirio Bashar Al-Assad en 2017

Ayer Trump reconoció que en 2017 estudió la “eliminación” del Presidente sirio Bashar Al-Assad, pero que el jefe del Pentágono en ese momento, Jim Mattis, se opuso a ello.

Este reconocimiento contradice lo que Trump había dicho hasta ahora.

“Hubiera preferido eliminarlo. Me había asegurado de que estaba planeado” después del ataque químico de abril de 2017 atribuido al gobierno de Bashar Al-Assad, dijo Trump a la cadena Fox.

“Mattis no quería hacerlo. Mattis era un general muy sobrevalorado, y me deshice de él”, añadió.

En septiembre de 2018 Trump dijo todo lo contrario: que nunca había estudiado el posible asesinato de Bashar Al-Assad con el jefe del Pentágono. “Ni siquiera se ha discutido nunca […] Ni siquiera se consideró nunca”, dijo entonces Trump.

Estaba siendo interrogado en el despacho oval sobre un pasaje del libro “Miedo: Trump en la Casa Blanca”, del periodista Bob Woodward, en el que el Presidente llamaba a su secretario de defensa, Jim Mattis, y le decía, en términos muy directos, que quería asesinar al Presidente sirio.

El 20 de diciembre de 2018 Jim Mattis demitió de su puesto al frente del Pentágono, criticando en particular la estrategia diplomática de Trump tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses de Siria.

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Salud

La OMS detecta un nuevo brote de polio en Sudán después de declarar a África libre de la enfermedad

Los antivacunas se frontarán las manos, y no les falta razón: pocos días después de que la OMS declarara a África libre de polio, la ONU detecta un nuevo brote de polio en Sudán y la causa es… una vacuna.

El nuevo brote de Sudán está relacionado con una epidemia causada por las vacunas administradas en Chad, afirmó la OMS apenas una semana después de haber declarado al Continente Negro libre de la polio.

En un comunicado publicado esta semana, la OMS explica que dos niños en Sudán —uno del estado de Darfur del Sur y otro de Gedarif, cerca de la frontera con Etiopía y Eritrea— sufrieron parálisis en marzo y abril. Ambos se habían vacunado recientemente contra la polio.

Según la OMS, las primeras investigaciones indican que la infección está relacionada con una vacuna administrada en Chad, que se detectó por primera vez el año pasado y ahora se está propagando tanto por el país como por Camerún.

“Hay una circulación local en Sudán y un intercambio continuo de transmisión con Chad”, agrega la OMS, señalando que la secuenciación genética confirmó numerosas introducciones del virus en Sudán desde Chad.

La OMS ha detectado otros 11 casos de polio derivados de vacunas en Sudán, y que el virus se había identificado también en muestras ambientales. Normalmente hay varios casos no informados por cada paciente confirmado. La enfermedad, a la que falsamente califican como “altamente infecciosa”, puede propagarse rápidamente en agua contaminada y suele afectar a menores de cinco años.

El virus vivo de la polio presente en la vacuna oral puede mutar a una forma capaz de causar nuevos brotes.

La semana pasada, la OMS declaró a África libre del poliovirus salvaje, calificándolo de un “día increíble y emotivo”.

El lunes se tuvo que tragar sus palabras y advertir que el riesgo de propagación de los casos derivados de vacunas en el centro del continente y en el Cuerno de África es “elevado”.

Más de una docena de naciones africanas están luchando contra brotes de polio causados por el virus, incluyendo a Angola, el Congo, Nigeria y Zambia.

En plena pandemia del coronavirus, muchas de las campañas de vacunación a gran escala necesarias para erradicar la polio se han visto interrumpidas en el continente y en otras partes, dejando a millones de niños a merced de la infección.

https://actualidad.rt.com/actualidad/365255-onu-vacuna-oral-nuevo-brote-polio-sudan
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Oriente Medio

Turquía corta el suministro de agua potable a un millón de sirios desde su zona ocupada militarmente

La ciudad siria de Hasakah es la principal afectada de la decisión de las autoridades turcas de obstruir el suministro de agua a más de 1 millón de personas, en plena ola de calor.

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Noticias

Amnistía Internacional señaló en 2008 a Baltasar Garzón como encubridor de torturas en la prisión de Guantánamo

La sección española del organismo publicó en el 2008 un informe titulado «Destinos inconfesables, obligaciones incumplidas: España en la guerra contra el terror«, donde se detallaba el caso de varios ciudadanos españoles y británicos secuestrados por EEUU en la base naval de Guantánamo y donde la propia policía española que acudió a entrevistarse con ellos le detalló al ex magistrado español las condiciones de reclusión.

Amnesty lo denunció como un hecho flagrante de encubrimiento de hechos de tortura frente a quienes no se había podido demostrar su culpabilidad por medios lícitos. Wikileaks publicó documentos donde detallaba la cabal información que Baltasar Garzón procuraba a la delegación diplomática norteamericana en Madrid, según explica el cable 07MADRID2282.

El organismo de derechos humanos realizó este informe en el año 2008 tras destaparse los primeros indicios de los llamados «Vuelos de la CIA», un operativo liderado por la Administración de EEUU para secuestrar ilegalmente y en cualquier lugar del mundo a ciudadanos «sospechados» de delitos de terrorismo, operativo del que habrían participado varios gobiernos europeos que liberaron su espacio aéreo para el acceso y trabajo de estos grupos de tareas del Ejército de EEUU. Entre ellos se encontraba el gobierno español, según publicó en su momento la organización Wikileaks más adelante, en 2010.

A partir de las informaciones provistas por el Gobierno de EEUU al Gobierno español, el ex juez Baltasar Garzón formuló imputación en el año 2003 de pertenencia a Al Qaeda a cuatro ciudadanos de origen árabe que se encontraban secuestrados en la base naval de Guantánamo (Cuba). Sus nombres eran Hamed Abderramán Ahmed Hmido, Lahcen Ikassrien, Jamiel Abdul Latif Al Banna, Abu Anas, y Omar Deghayes.

Según detalla Amnesty, varios funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía español acudieron a Guantánamo a interrogar a los imputados por Garzón. Dichos interrogatorios estuvieron llevados a cabo por personal de la Unidad Central de Información Exterior, pero lo más llamativo es que fueron los propios policías españoles quienes explicaron a Garzón las condiciones de reclusión y los mecanismos de tortura empleados.

Si Garzón hubiera tenido en cuenta estos elementos, su imputación hubiera sido archivada, a tenor de la expresa nulidad que tienen en el proceso penal las declaraciones obtenidas bajo tortura o en condiciones de detención ilegal, sobradamente acreditadas en el caso de Guantánamo, incluso por la propia policía actuante y en un ámbito fuera de lo común.

Según la policía española, los secuestrados se encontraban «sin ningún tipo de derechos«. Los agentes vieron el reducido tamaño de las celdas; todas ellas separadas por rejas y una especie de malla metálica. Pudieron, además, comprobar que las camas estaban suspendidas en el aire y que los detenidos podían salir a un patio interior cada tres días durante un cuarto de hora.

Según el testimonio del policía ante el juez, los interrogatorios a los detenidos tenían lugar en una especie de vagones que, según insinuó el policía al juez, eran propicios para la tortura u otros malos tratos: «…están habilitados una especie de vagones también donde se llevan a estos hombres a los que se quiere interrogar, y bueno, el sitio sí es propicio para…”, según declaró el agente con TIP 14620 que declaró el 23 de septiembre de 2003 ante Garzón.

“Aún tengo miedo de la luz artificial y no duermo bien, uno no se recupera de esos trastornos fácilmente. Nunca volveremos a ser los mismos. Algunas personas que no han estado allí imaginan celdas oscuras y agujeros, pero aquello era un infierno muy luminoso”, declaró Omar Deghayes en una entrevista realizada con el periodista vasco Daniel Burgui.

A pesar de estos hechos, el ex magistrado continuó la imputación contra estos cuatro ciudadanos, uno de ellos español, a sabiendas de la ilegalidad de las pruebas obtenidas. Esto supuso la reclusión de un total de seis años para los imputados, tres en Guantánamo, y tres en España en libertad vigilada en el caso del español, y seis en el caso de los británicos, cuyas condenas fueron declaradas radicalmente nulas por el Tribunal Supremo.

Sin embargo, Baltasar Garzón prosiguió con su implacable persecución. Un día antes de reunirse con el Embajador de EEUU en Madrid, Eduardo Aguirre, el 20 de diciembre de 2007 dictó una Euroorden de detención contra los tres británicos que mantuvo recluídos en Guantánamo y que EEUU había decidido extraditarlos a Reino Unido por razones humanitarias.

Al día siguiente, Garzón departía junto al Embajador Aguirre sobre estas y todas las cuestiones de interés para la política exterior de EEUU que estaban radicadas en la Audiencia Nacional española, aportando ideas para la mejora de las relaciones bilaterales e incluso proponiendo la creación de la figura de un «agregado judicial» para la Embajada de España en Washington, según publica el cable filtrado por Wikileaks.

Pero la veleta viró a otro lado. Después de todo esto, y en otra de sus resoluciones mediáticas, Baltasar Garzón se declaró competente en enero de ese año para investigar las torturas y malos tratos contra personas detenidas en la base naval de Guantánamo, torturas que como evidencia Amnesty, conocía desde hacía algunos años antes.

El cable de la Embajada de EEUU en Madrid 09MADRID440 filtrado por Wikileaks describe la preocupación de la diplomacia norteamericana por este movimiento judicial de Garzón. No obstante hay que aclarar en determinados casos que los análisis de la política española que hacen los diplomáticos norteamericanos es muy alejada de la realidad; en el cable 04MADRID613 llega a calificar una posible coalición de gobierno del PSOE junto a Izquierda Unida como «coalición de extrema izquierda».

Sin embargo, el todavía fiscal jefe de la Audiencia Nacional española Javier Zaragoza tranquilizó a los diplomáticos de EEUU, dando por sentado que tras el boom mediático de Garzón por abrir semejante procedimiento, lo dejaría morir, y así fue. Nada se ha vuelto a hablar de la famosa investigación de Garzón sobre Guantánamo. Si un usuario de Google teclea las palabras «Garzón» y «Guantánamo» seguidas, aparecerán numerosas referencias informativas a la decisión del ex magistrado de llevar adelante una presunta «investigación», pero para tranquilidad de EEUU, todo quedó en palabras y la información que manejaba Zaragoza (fiscal que durante muchos años trabajó junto a Garzón en la lucha antiterrorista) era cierta.

Las fuentes de referencia sobre estos hechos parten de dos orígenes: el propio documento de la sección española de Amnesty, pero también de Wikileaks, organización que ha contratado al propio Garzón como abogado de su redactor jefe Julian Assange. Llama la atención que la organización liderada por el australiano recabe los servicios de quien hasta hace poco tiempo acudía a la Embajada de EEUU en Madrid a proporcionar información y dar recomendaciones sobre cómo proceder en hechos que han sido calificados por numerosos organismos internacionales como crímenes contra la humanidad.

Omar Deghayes, secuestrado en Guantánamo, opinaba sobre Garzón: “Primero nos dice que somos terroristas, que somos mala gente y de pronto un día cambia de parecer y nos pide autorización para encausar a Dick Cheney y George Bush. Me lo pidió a mí y otros como Jamil Abdul, los dos que supuestamente debíamos ser juzgados en España por él. Toda una locura”.

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Memoria Histórica

1945: Estados Unidos impone un régimen de terror contra Japón con asesinatos y violaciones masivas

El 28 de agosto de 1945, pocos días después de la rendición del Japón, las tropas aliadas compuestas por soldados estadounidenses y australianos desembarcaron en el archipiélago. Lo que siguió fue un infierno para los civiles japoneses, detallado por A.B. Abrams en un libro que publicó a finales del año pasado (*).

Los ejércitos de ocupación reclutaron mujeres para trabajar a los burdeles, pero eso no impidió horribles violaciones y asesinatos en masa de las japonesas, además de otros crímenes, como los robos, en vandalismo, los asaltos e incendios.

Los primeros crímenes comenzaron a las pocas horas de que las unidades de avanzada desembarcaron. Cuando la prensa aún no estaba sometida a la censurada del gobierno militar de Estados Unidos los crímenes fueron ampliamente difundidos.

Cuando los paracaidistas estadounidenses aterrizaron en Sapporo, se produjo una orgía de saqueos, violencia sexual y peleas de borrachos. Las violaciones en grupo y otras atrocidades sexuales no eran infrecuentes. Los tribunales militares detuvieron a relativamente pocos soldados por sus delitos y condenaron a un número aún menor, y la restitución para las víctimas de saqueo fue poco frecuente.

Por el contrario, los intentos japoneses de defenderse fueron severamente castigados. En sus memorias el general Eichberger registra uno de esos casos, cuando los vecinos formaron un grupo de autodefensa y tomaron represalias contra los soldados fuera de servicio. El Octavo Ejército ordenó el despliegue de vehículos blindados en las calles y detuvo a los dirigentes del grupo, que fueron condenados a largas penas de prisión.

En abril de 1946 soldados estadounidenses llegaron en tres camiones e invadieron el hospital de Nakamura en el distrito de Omori. Los soldados violaron a más de 40 pacientes y 37 mujeres del personal. Una mujer que había dado a luz sólo dos días antes vio a su hijo arrojado al suelo y asesinado, y luego también fue violada. Los pacientes varones, tratando de proteger a las mujeres, fueron asesinados.

La semana siguiente, docenas de militares estadounidenses cortaron las líneas telefónicas de un edificio en Nagoya y violaron a todas las mujeres que pudieron capturar allí, incluyendo niñas de diez años y mujeres de cincuenta y cinco.

Tan pronto como las tropas australianas llegaron a Kure a principios de 1946, los soldados arrastraron a las jóvenes en sus jeeps, las llevaron a la montaña y las violaron durante días enteros. Ese comportamiento era común, pero los informes sobre actividades delictivas de las fuerzas de ocupación se censuraron rápidamente.

El oficial australiano Allan Clifton testificó sobre un caso de violación: “Estaba de pie junto a una cama en el hospital. Allí yacía una chica, inconsciente, con su largo pelo negro en un salvaje tumulto sobre la almohada. Un médico y dos enfermeras luchaban por revivirla. Una hora antes, había sido violada por veinte soldados. La encontramos donde la habían dejado, en un terreno baldío. El hospital estaba en Hiroshima. La chica era japonesa. Los soldados eran australianos. Los gritos y los gemidos habían cesado y ahora estaba tranquila. La tensión torturada de su cara había desaparecido y la suave piel marrón era lisa y no arrugada, manchada de lágrimas como la cara de un niño que se durmió llorando”.

Cuando fueron descubiertos, los soldados australianos que cometieron esos delitos en Japón fueron condenados a penas muy leves. Incluso éstas fueron reducidas o anuladas con mayor frecuencia por los tribunales australianos. El propio Clifton relató un hecho de este tipo, cuando un tribunal australiano anuló una condena dictada por un consejo de guerra militar por “insuficiencia de pruebas”, a pesar de que el incidente contó con varios testigos.

Al igual que durante la guerra, el hecho de que no se denunciaran las violaciones en tiempos de paz debido a la vergüenza asociada a ellas en una sociedad tradicional y a la inacción de las autoridades, redujo significativamente las cifras. Para evitar que se intensifique el malestar hacia la ocupación militar, el mando de Estados Unidos implementó una estricta censura sobre los medios de comunicación. La mención de los crímenes cometidos por personal militar occidental contra civiles japoneses estaba estrictamente prohibida. Las fuerzas de ocupación emitieron códigos de prensa que prohibían la publicación de todos los informes contrarios “a los objetivos de la ocupación”.

Cuando, unas semanas después del comienzo de la ocupación, la prensa japonesa informó sobre la violación y el saqueo generalizados de los soldados estadounidenses, las fuerzas de ocupación reaccionaron rápidamente censurando todos los medios de comunicación e imponiendo una política de tolerancia cero contra la denuncia de esos delitos. No sólo la denuncia de los crímenes cometidos por las fuerzas occidentales, sino también cualquier crítica a las potencias aliadas occidentales estaba estrictamente prohibida durante el período de ocupación que duró más de seis años. Esto dejó al gobierno militar de Estados Unidos, la autoridad suprema del país, fuera de toda responsabilidad.

Lo que es particularmente notable sobre la censura impuesta bajo la ocupación es que se pretendía ocultar su propia existencia. Esto significaba que no sólo se prohibían estrictamente ciertos temas, sino que también se prohibía la mención de la censura. La censura de la ocupación era aún más exasperante que la censura militar japonesa porque insistía en que se ocultaran todos los rastros de la censura. La libertad de prensa era de hecho más restringida de lo que había sido en tiempos de guerra bajo el régimen imperial.

Si bien la brutalidad de los militares estadounidenses y australianos contra los civiles japoneses fue evidente durante la guerra e inmediatamente después de ella, no terminó con la ocupación. Desde entonces, Estados Unidos ha mantenido una importante presencia militar en el Japón y siguen cometiendo delitos, incluidas violaciones y asesinatos contra civiles japoneses.

A.B. Abrams, Power and Primacy: The History of Western Intervention in the Asia-Pacific, Lang AG International Academic Publishers, 2019, pgs.66 a 69
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Noticias

El confinamiento (y no el virus) mata a 10.000 niños cada mes en todo el mundo según un estudio científico

El confinamiento impuesto por los gobiernos está teniendo un efecto devastador en la salud y el bienestar de cientos de millones de niños en todo el mundo.

Los cálculos de la Universidad Johns Hopkins estiman que el hambre resultante del confinamiento mata a 10.000 niños al mes y perjudica el crecimiento de millones más.

El estudio lo ha publicado la revista médica The Lancet (1) y la Unicef opina de forma parecida. “Han pasado siete meses desde que se notificaron los primeros casos de Covid-19, y cada vez hay más pruebas de que las repercusiones de la pandemia están causando más daño a los niños que la propia enfermedad”, ha dicho la Directora Ejecutiva del UNICEF, Henrietta Fore (2). “Las tasas de pobreza e inseguridad alimentaria de los hogares han aumentado”.

“Al cerrar las escuelas, interrumpir los servicios de atención primaria de la salud y hacer que los programas de nutrición sean disfuncionales, también estamos causando daños”, dijo Víctor Aguayo, director de Programas de Nutrición de UNICEF (3).

La interrupción de las cadenas alimentarias ha subido los precios, lo que hace aún más difícil para muchas zonas que ya luchaban por obtener alimentos antes de la pandemia. El doctor Francesco Branca, de la Organización Mundial de la Salud, dice que esa interrupción será más evidente en los próximos años. “Los efectos de la crisis del Covid en la seguridad alimentaria se dejarán sentirán durante muchos años”, dijo Branca. “Habrá un efecto en la sociedad”.

Un “aumento de la malnutrición infantil” provocará “fuertes descensos en los ingresos familiares, cambios en la disponibilidad y accesibilidad de alimentos nutritivos y alteraciones en los servicios de salud, nutrición y bienestar social”, según el estudio. “Las estimaciones del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias sugieren que, como resultado del confinamiento, otros 140 millones de personas se verán abocadas a la pobreza extrema con menos de 1,90 dólares diarios este mismo año.

Cada vez es más evidente que el remedio es peor que la enfermedad. Según el Programa Mundial de Alimentos, el número de personas de países de ingresos bajos y medios que se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda casi se duplicará hasta alcanzar los 265 millones a finales de este año.

Las advertencias sobre los desastrosos efectos del confinamiento se han multiplicado. Un estudio publicado en mayo sugirió que el confinamiento destruirá siete veces más años de vida de los que podría salvar (4).

Las sobredosis de medicamentos se han disparado en Estados Unidos desde que se impuso el confinamiento. Subieron el 18 por ciento en marzo, el 29 por ciento en abril y el 42 por ciento en mayo, según el Washington Post (5).

Los suicidios también están aumentando en todo el mundo. En Lille, al norte de Francia, los hospitales atienden un 30 por ciento más de perturbaciones síquicas causadas por el confinamiento y la ola histérica. “Los intentos de suicidio han explotado en grandes proporciones”, asegura Radio Horizon (6).

(1) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31647-0/fulltext
(2) https://www.foxnews.com/world/coronavirus-leads-to-mass-hunger-killing-10000-children-a-month-un-warns
(3) https://fox17.com/news/local/virus-linked-hunger-tied-to-10000-child-deaths-each-month
(4) https://www.justfacts.com/news_covid-19_anxiety_lockdowns_life_destroyed_saved
(5) https://www.washingtonpost.com/health/2020/07/01/coronavirus-drug-overdose/
(6) https://www.horizonradio.fr/article-23343-vague-de-depressions-et-tentatives-de-suicide-en-metropole-lilloise.html

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A pesar del parón los accidentes laborales mortales crecieron en Pontevedra por un ‘efecto coronavirus’

La estadística sobre siniestralidad laboral en Galicia deja un panorama negro por el repunte significativo de los accidentes con resultado mortal. Preocupa especialmente el repunte en el periodo que abarca el estado de alarma -desde mediados de marzo hasta mediados de junio- con el siguiente resultado: 12 muertes en la comunidad, un 50 por ciento más que un año antes.

En el caso de la provincia de Pontevedra la Consellería de Emprego contabiliza dos en ese período, pero habría que sumar varios más ocurridos en las últimas semanas en Vigo y su área y que dejan un total de cuatro accidentes mortales sólo entre junio y julio. Galicia ya partía de una situación muy negativa, finalizó 2019 como cabecera absoluta en España en accidentes graves, que son la antesala de los mortales.

Los sindicatos apuntan a la incertidumbre generada por la pandemia como un factor desencadenante de accidentes en el puesto de trabajo que pueden causar despistes, ansiedad y estrés, así como el desánimo que acusan muchos trabajadores por la crisis sanitaria y económica. “No podemos despistarnos de los riesgos psicológicos que está causando el Covid, pero la siniestralidad laboral es un problema muy grave que ya teníamos y ahora aflora”, apunta Roi Fernández, secretario de salud laboral de CC OO.

En los cinco primeros meses del año la siniestralidad laboral en Galicia descendió un 26,8 por ciento con un total de 8.682 accidentes, y una  bajada de los leves y los graves, mientras que los mortales se mantuvieron igual que en el mismo periodo del año pasado, 19 casos, la gran mayoría en el sector servicios y la industria. En la provincia de Pontevedra los accidentes con resultado mortal aumentaron pasando de 4 a 6 hasta mayo. Los de junio y julio de la comarca de Vigo fueron en la industria naval, automoción y transporte.

El primer trimestre del año ya arrojaba muy malos datos con un repunte de accidente mortales en la provincia de Pontevedra pasando de 2 el año pasado a 5 éste y también los graves que crecieron en la industria, pesca y construcción. Entre las causas de los fallecimientos en el trabajo, la estadística revela que infartos y patologías no traumáticas están detrás de la mayor parte de los episodios mortales, junto con choques o golpes con objetos en movimiento, aplastamiento o amputación y ahogamiento y sepultamiento.

https://www.atlantico.net/articulo/economia/accidentes-laborales-mortales-crecen-provincia-pese-paron/20200802011745788195.html