Cisne blanco para el capital, cisne negro para el proletariado

Nassim Nicholas Taleb, avalador de la corriente de Sextus Empiricus (160 – 210), utiliza en su libro “El cisne negro” una metáfora que describe un suceso sorpresivo (para el observador).

El cisne negro (Cygnus atratus) es una especie de ave anseriforme de la familia Anatidae endémica de Australia. A principios del siglo XVIII, los colonos ingleses que volvieron de Australia trajeron consigo, en sus barcos, un cargamento de cisnes negros que son propios de Australia y hasta ese momento, se pensaba que todos los cisnes eran blancos, porque de ese color eran todos los cisnes que se conocían en Europa hasta entonces.

Metáfora relacionada con la percepción de un pavo durante su engorde. Una tarde el pavo tiene que revisar su creencia; su generoso alimentador, en los últimos 999 días, se convierte en verdugo.

“El problema del pavo se puede generalizar a cualquier situación donde la misma mano que te da de comer puede ser la que te retuerza el cuello. Desde el punto de vista del pavo, el hecho de que el día mil uno no le den de comer es un Cisne Negro. Para el carnicero, no, ya que no es algo inesperado. De modo que aquí podemos ver que el Cisne Negro es el problema del imbécil” (*).

Se ha relacionado dicho fenómeno con acontecimientos como la gripe de 1919, el triunfo de Hitler, la crisis de 1983 y del 2008, los atentados a las torres Gemelas en 2001.

Nada más falso, la gripe de 1919, mejor dicho, lo que se denominó gripe, ya que se utilizó como cajón de sastre para recoger todas las personas enfermadas a raíz de la guerra iniciada en 1914, ya sea por malnutrición, por pulmonía, por sífilis, por tuberculosis, por cólera, por tifus, por efecto de los gases, por “pie de trinchera” con resultados posteriores de gangrenas, por “fiebre de trinchera” producida por la Bartonella Quintana debido a los piojos que la transmiten, por “boca de trinchera” denominada Gingivitis Ulcerativa Necrotizante, por tétanos y por efecto de las vacunas provenientes de anticuerpos de cerdos que se inocularon a todos los soldados, y una gripe estacional de Influenza H1N1 que encontró unos sistemas inmunitarios totalmente debilitados. No existen datos epidemiológicos contrastados de las causas de las muertes posbélicas, tan solo cifras aleatorias interesadas, como en la actual epidemia, que los manipuladores de noticias hacen oscilar entre 50 y 100 millones de “muertos por la gripe”. Lo que si existió y todavía subsiste es la negación de las consecuencias de la guerra, tanto por parte de los vencedores, como de los vencidos.

No fue un “cisne negro” puesto que la guerra se estaba preparando desde la crisis de 1873 y sus organizadores, los capitales europeos en competencia, sabían de antemano la destrucción y muerte que iba a causar, no por casualidad a esta guerra se la denominó “la gran guerra química”. Pero el conjunto de la población era ignorante de ello. Cisne negro para la población, pobre evidentemente, y cisne blanco para los capitalistas.

Otra falsedad, la del ascenso de Hitler al poder. Fue financiado por la gran banca y las grandes empresas alemanas, las mismas que fabricaban los hornos crematorios y los gases asfixiantes de los campos de concentración. Cisne negro para los que sufrieron las consecuencias, cisne blanco para los que organizaron, financiaron y designaron a Hitler “Fürher”.

El derrumbe de las Torres Gemelas en 2001 fue un cisne negro para la mayoría de la población, pero no para los que organizaron y prepararon metódicamente el derrumbe de las mismas, puesto que ya tenían preparada con anterioridad la invasión de Afganistán y toda la batería de legislación antiterrorista (Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act) aprobada el 26 de octubre, al cabo de un mes y medio del supuesto ataque. Ley que posteriormente se expandió y copió en todos los países del mundo. Todo estaba previsto, era un cisne blanco para el imperialismo corporativo estadounidense y sus aliados.

La crisis del 2008 fue un cisne negro para millones de trabajadores que perdieron su empleo y sus ingresos. Para millones de pequeños ahorradores que perdieron su dinero, para los pensionistas que vieron desaparecer sus fondos de pensiones. Pero un auténtico cisne blanco para los negocios multimillonarios procedentes de las fusiones bancarias y la compra a precio de saldo de miles de centros productivos en una operación de genocidio financiero preparada con mucha antelación.

Hoy, algunas opiniones, no la de Nassim, que defienden la teoría que la declaración de pandemia se puede calificar de “cisne negro”, puesto que algunos dicen, fue algo sorpresivo. Aunque del análisis de las declaraciones de diversos organismos y corporaciones internacionales, tal vez la más emblemática fuera el “Event 201”, podríamos deducir que todo estaba planeado y “atado y bién atado”, como la democracia española post franquista. Ha sido un auténtico cisne blanco para el entramado químico-farmacéutico-industrial-militar y para los capitales a la caza de las empresas de la competencia en una operación de largo alcance para imponer “manu militari” el inicio de un cambio de patrón tecnológico.

Pero ha sido un auténtico “cisne negro” para la clase obrera mundial, para el campesinado de la periferia, para los trabajadores del “mercado informal”. Y una “rara avis” para los escépticos.

El escepticismo promueve dudar de toda la información que no sea bien apoyada por la evidencia, aunque hay diversas lecturas del mismo, una de las cuales es «no afirmar nada», es decir, quedarse en una reflexión permanente dubitativa sin pronunciarse ni aceptando ni negando. Tal vez uno de los ejemplos más característicos de esta última lectura es el de los “ni-ni” utilizado, en política, para designar aquellas personas que de forma pusilánime no se atreven a tomar partido en cualquier conflicto, situándose de esta forma por encima del bién y del mal, mejor dicho, por debajo del bien y del mal, y que en la práctica dan su apoyo tácito a los desmanes de corporaciones económicas y gobiernos de turno.

La mayoría de la población ha estado representando un papel similar a la metáfora del pavo antes de Navidad, pensando que el capitalismo le daría migajas a perpetuidad, pero de golpe degüella.

No seamos pavos.

(*) Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro, pág.103.

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