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El pleno del Comité Central del Partido Comunista de China está marcado por la corrupción

Ayer inició sus sesiones el VI Pleno del Partido Comunista de China, donde los aproximadamente 400 miembros del Comité Central debatirán, especialmente, sobre la situación interna del Partido y del país. El lema central de la reunión lo dice casi todo: “Gobernar el partido de una manera convincente” porque desde hace muchos años la credibilidad del PCCh es prácticamente nula, dentro y fuera de sus filas, como es lógico en un país capitalista dirigido por un partido que se sigue calificando de “comunista”.

En una reunión tras otra, la corrupción sigue siendo el tema estrella de los dirigentes que, como en España, únicamente alcanzan a hablar sobre ella y de la “lucha” contra ella. Desde la llegada al poder en 2013, la campaña lanzada por Xi Jingping ha llevado a la cárcel a cientos de miles de afiliados, “tigres” y “moscas”, grandes jefes y pequeños cuadros.

La lucha contra la corrupción es de tal envergadura que ha bloqueado cualquier otro debate. El país está paralizado. Ante el temor de ser acusados de corrupción, los funcionarios están paralizados. Las reuniones, los regalos, los gastos, los viajes, los proyectos, las cenas… Todo está bajo sospecha. La dirección quería dar pasos aún más decididos en la misma línea que las demás potencias capitalistas: reconversión, privatización, desregulación, apertura al exterior… No ha podido llevar a cabo nada de eso porque el PCCh está completamente paralizado.

La lucha contra la corrupción es la excusa perfecta para depurar a los viejos y que lleguen los nuevos, los fieles e incondicionales a Xi Jingping, por lo que como en cualquier otro país capitalista, los periodistas hacen quinielas sobre los que salen y los que entran.

Xi ha descrito al Partido Comunista de China como un “arma mágica”. Pronto cumplirá un siglo de historia, tiene casi 90 millones de afiliados, el doble que toda la población española. Sin embargo, su presencia en la sociedad es ínfima en la actualidad. Como en cualquier otro país capitalista, es más bien un aparato del propio Estado, una organización burocrática, que reúne en sus filas a los dirigentes centrales y locales de las instituciones públicas.

La magia de los “comunistas” chinos es muy vieja. No engaña a nadie. Lo mismo que la dirección política en Rusia, el Partido Comunista de China es de ideología nacionalista, muy condicionado desde su misma fundación por el vasallaje colonial impuesto a China desde comienzos del siglo XX y ahora por asegurarse las mejores relaciones posibles con los vecinos, especialmente en la cuenca del Pacífico y Asia central.

A los “comunistas” chinos les retratan acuerdos como el que firmaron solemnemente en 2013 con María Dolores de Cospedal, la secretaria general del PP español, por el que ambas organizaciones iniciaron un diálogo característico: los españoles se comprometían a no intervenir en los “asuntos internos” de China y a cambio los chinos se encargaban de todo lo demás, es decir, de favorecer la cooperación en los ámbitos económico, comercial, científico, tecnológico y cultural.

¿Dónde está la magia? Los chinos sólo quieren que les dejen en paz; los españoles sólo quieren que alguien les saque las castañas del fuego, o sea, del hundimiento económico.
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Los desafíos del eje euroasiático a la hegemonía de Estados Unidos

Fuller, antena de la CIA en Estambul
Graham E. Fuller

Tal vez recuerden el término “Eurasia” de las clases de geografía en Secundaria. El término ya no se emplea mucho en las discusiones políticas de Occidente, pero debiera usarse, porque ahí es en donde la más importante y más profunda acción política se va a desarrollar en el mundo en que entramos en el siglo XXI. Estados Unidos, que pone el acento tan intensamente sobre el “confinamiento” de Rusia, del Califato Islámico y de China, se arriesga a errar en la visión estratégica euroasiática, que es la más importante.

Eurasia es la mayor masa del mundo, y abarca Europa y toda Asia; es decir, los centros más antiguos y grandes de la civilización humana.

¿Qué es, pues, el euroasiatismo? Este término ha significado cosas diferentes en épocas diferentes. Hace un siglo, los Kissinger de la época habían inventado teorías sobre un enfrentamiento estratégico profundo e inevitable entre las potencias navales (Reino Unido/Estados Unidos) y las potencias continentales/terrestres (Alemania, Rusia). La “Eurasia” significaba principalmente Europa y Rusia al oeste. Efectivamente, ¿que necesidad había de hablar de la propia Asia? La mayor parte de lo conocido en Asia era algo subdesarrollado, y estaba bajo el control del Imperio británico (India, China) o de Francia (Indochina) y no tenía ninguna voluntad de independencia. El Japón era la única “potencia asiática” verdadera, y que irónicamente ha desarrollado sus propios destinos imperiales imitando a Occidente, y por consiguiente ha llegado a entrar en conflicto con la potencia imperial norteamericana en el Pacífico.

Está claro que hoy todo ello es diferente. Eurasia significa cada vez más una “Asia”, en la que lo “Euro” hablaría más modestamente. Además, China se ha convertido en el centro de Eurasia, al ser la mayor economía del mundo. Sin sorpresa, China (como el mundo musulmán) manifiesta una tendencia resueltamente “antimperialista” basándose en lo que considera su humillación a manos de Occidente (y de Japón) en el curso de los dos últimos siglos, un eclipse sucedido en el transcurso de una de sus dinastías más declinantes. Pero China está allí de nuevo, y está decidida a aplicar todo su peso y su influencia. India es también ahora una potencia que se desarrolla rápidamente con un alcance regional. Y Japón, adormecido, representa todavía una potencia económica formidable, que tal vez desarrolle una mayor relevancia militar regional.

El significado del término “euroasiático” ha cambiado mucho, pero aún sugiere una rivalidad estratégica. En una época en la que Estados Unidos declara formalmente su intención de dominar militarmente el mundo (“dominación total”, era la doctrina oficial del Pentágono en 2000) el concepto del “euroasiatismo” responde a ello con vigor. Y no solamente en China, sino en la nueva importancia de países como Rusia, Irán, incluso Turquía. Proporciona un sentido al eclipse de la potencia occidental dominante ante la nueva potencia asiática.

Este concepto no se limita a lo militar o a lo económico. Hay también una connotación cultural. La cultura rusa ha mantenido desde hace dos siglos un vivo debate sobre si Rusia formaba parte de Occidente o encarna una cultura diferente euroasiática separada. Los euroasiatistas representan una fuerza importante en el seno del pensamiento estratégico y militar ruso (aunque Putin, de forma curiosa, no adopta plenamente esta visión del mundo).

La idea es vaga, pero culturalmente importante; trata sobre la identidad rusa. Es una cultura eslava, pero con profundas raíces euroasiáticas e incluso un pasado turco y tártaro. Recordemos que por dos veces, históricamente, ha sido el moderno Occidente quien ha incendiado Rusia. De ello dan testimonio las invasiones de Napoleón y Hitler hasta las puertas de Moscú. Hoy la OTAN avanza cada vez más profundamente en torno a la periferia rusa. Los euroasiatistas desconfían, son incluso hostiles a Occidente, considerándolo como una amenaza permanente para la “Santa Madre Rusia”. El “euroasiatismo” aflorará siempre bajo la superficie de la visión estratégica rusa del mundo.

La nueva Unión Económica Euroasiática de Rusia tiene un fin económico, al menos de Bielorusia, de unión con los Estados de Asia central y otros, en un conjunto económico euroasiático. Rico en petróleo, Kazajistán fue de hecho el autor del concepto, buscando el mantenimiento de relaciones con Occidente. Pero basta con mirar su situación en un mapamundi para ver que las opciones reales a largo plazo se encuentran determinadas. Rusia no puede ahora ser la estrella económica a la que ligar su porvenir, pero es uno de los numerosos vehículos euroasiáticos, y no son excluyentes unos de otros, sino opciones que aportarán una mayor seguridad.

China se mueve en direcciones increíblemente ambiciosas con la creación de una nueva banca de inversiones, una infraestructura en Asia que han firmado 57 Estados incluyendo la mayoría de Estados europeos, Canadá y Australia, pero visiblemente sin Japón hasta ahora, ni Estados Unidos. Esto crea un nuevo eje euroasiático, que es el instrumento de la banca central china. China está igualmente proyectando nuevas redes de transportes masivos (el cinturón de la ruta de la seda terrestre y la Ruta de la Seda marítima, “One Belt – One Road”, a través de Eurasia, uniendo China con Europa, Medio Oriente, Asia central y del sur y Extremo oriente por vías ferroviarias, marítimas y carreteras. La “Estrategia Euroasiática” de China es una realidad en pleno auge. Si, existen sospechas y rivalidades entre Rusia y China, y con India y Japón. Pero el fuerte impulso económico y desarrollista de estas propuestas difiere netamente de aquel más orientado a la “seguridad” de las organizaciones americanas con sus implicaciones militares inquietantes.

Washington no solamente ha combatido estas iniciativas chinas y euroasiáticas sin éxito, sino que son las políticas estadounidenses, en especial las políticas que identifican Rusia y China como los presuntos enemigos, las que han acercado en numerosas cuestiones a estos dos países, ahora unidos por una desconfianza común respecto a las ambiciones militares mundiales de Estados Unidos.

Por otra parte, antes de la Segunda Guerra Mundial Japón tenía su propia doctrina sobre el “euroasiatismo”, un intento de agitar pueblos y territorios contra la dominación colonial de Asia. “Gran Asia Oriental, Esfera de prosperidad común”. Esta estrategia hubiera podido ser eficaz si no hubiera estado acompañada por las propias invasiones militares brutales de Japón en los países del Asia Oriental, destruyendo la credibilidad de los japoneses. Hoy, Japón no se ha movido de su posición; deberá hacer frente a la realidad de la potencia china en el Este. ¿Y qué dirigente japonés podría seriamente perseguir una política de largo alcance de hostilidad hacia China, apoyando una estrategia norteamericana del Pacífico, concebida para aislar a China? Y especialmente cuando China y Japón se han convertido en socios gigantescos de comercio y de inversiones.

Irán está muy interesado por lo que suponga equilibrio frente a las presiones geopolíticas de Estados Unidos y busca la adhesión a estas instituciones de desarrollo económico rusas y chinas. Irán es “euroasiático”, y una potencia natural de la “Ruta de la Seda”.

Turquía se ha introducido en el juego euroasiático, una vez más. Desde los inicios del partido, para el AKP (las políticas exteriores de Erdogan con la visión del ministro de Asuntos Exteriores de la época, Davotoglu), Turquía ya no se limita a ser una potencia occidental, sino que también ha proclamado sus intereses geopolíticos (casi cien años después de la caída del Imperio Otomano) en Oriente Medio y Eurasia. Al fin y al cabo, los turcos son originarios de Eurasia, y migraron al oeste del lago Baikal hace mil años. Esto significa que hay serios lazos con Rusia, combinados con lazos étnicos, culturales e históricos profundos con Asia central y con China. Turquía, como Irán y Pakistán busca formar parte de esas redes rusas y chinas. Entre ciertos políticos nacionalistas turcos y oficiales militares, contando con numerosos kemalistas laicos, el euroasiatismo es una tendencia capaz de extender las opciones geopolíticas de Turquía, para explorar los lazos estratégicos y culturales con Eurasia. Refleja igualmente una expresión de desconfianza ante los esfuerzos occidentales y norteamericanos para dominar la región.

Para Turquía no es cuestión de uno u otro. Puede buscar formar parte de Europa (y de la OTAN), pero no renunciará a las grandes opciones alternativas geoestratégicas hacia el Este, con crecimiento de la influencia económica, las carreteras y el ferrocarril para materializarlo.

En resumen el nuevo euroasiatismo no se presenta ya a la manera del siglo XIX y de las potencias navales. Es un reconocimiento de que la era de la dominación occidental mundial, y en especial de Estados Unidos está acabada. Washington ya no puede dirigir (o permitir) una oferta a más largo plazo para dominar Eurasia. En términos económicos, ningún Estado de la región, incluyendo a Turquía, estaría tan loco como para dar la espalda a este creciente potencial euroasiático, que ofrece igualmente equilibrio estratégico y opciones económicas.

Existen, desde luego, enormes fallas que recorren Eurasia; étnicas, económicas, estratégicas y un cierto grado de rivalidad. Pero cuanto más intente Washington contener o sabotear el euroasiatismo como una verdadera fuerza ascendente, mayor será la determinación de los Estados de formar parte de ese mundo euroasiático en desarrollo, aunque no se rechace a Occidente.

A todos los países les gusta disponer de soluciones de recambio. No les gusta estar endeudados con una sola potencia mundial que busca la guerra. El relato de unos Estados Unidos de los que depende todo el orden mundial ya no es aceptado por el mundo. Y además ya no es realista. Parece una falta de visión que Washington continúe poniendo el acento en la expansión de las alianzas militares mientras que la mayoría del mundo está a la busca de una mayor prosperidad y busca su propia influencia en la región. Cabe indicar que los gastos militares de China son alrededor de una cuarta parte de los gastos norteamericanos.

Fuente: http://grahamefuller.com
N.del E.: En entradas anteriores hemos informado sobre el papel de Fuller en el Golpe de Estado en Turquía y el atentado de Boston de 2013:

– La CIA dirigió el golpe de Estado fallido en Turquía (1)
– La CIA dirigió el golpe de Estado fallido en Turquía (y 2)
– Gülen reconoce la ‘posible’ participación de los suyos en el golpe de Estado en Turquía
– Los vínculos de los Mateen y los Tsarnaiev con la CIA

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El acuerdo militar entre Siria y China cambia el equilibrio estratégico

Thierry Meyssan

A pesar de haberse producido en el marco de una serie de contactos con el conjunto de los países de la región, la presencia en Siria del almirante Guan Yufei, jefe del nuevo Departamento de Cooperación Militar Internacional de las fuerzas armadas chinas, ha despertado inquietud en Occidente.

Por el momento, según el acuerdo firmado, las fuerzas armadas de la República Popular China se comprometieron solamente a formar en China a miembros de los servicios de salud de las fuerzas armadas de la República Árabe Sirio. Pero todo el mundo intuye que este acuerdo puede ser la parte visible del iceberg dado el hecho que ya hace 4 años que la mitad de los médicos militares sirios se forman en China. Aunque se ignora lo que realmente se decidió durante la visita, la mera existencia de este acuerdo constituye un cambio de naturaleza estratégica.

En efecto, durante los últimos 5 años, la República Popular China se abstuvo de asumir cualquier forma de cooperación que pudiese ser interpretada en Washington como una ayuda de carácter militar. Y no sólo se abstuvo de toda entrega de armamento sino incluso de proveer a Siria algún tipo de equipamiento civil indispensable en el tipo de conflicto que enfrenta este último país, como el equipamiento capaz de detectar la existencia de túneles.

Independientemente de la enorme envergadura económica actual de Pekín, muchos recuerdan probablemente que, a inicios de 2012, Rusia había firmado con Siria un acuerdo similar, documento que ya prefiguraba la asistencia militar rusa iniciada 3 años y medio más tarde. ¿Será que China está preparando su propio despliegue?

Es muy probable que la respuesta dependa de la rapidez del despliegue estadounidense en el Mar de China y de las provocaciones de los aliados de Washington en la región.

En todo caso, el interés de China por Siria data de la Antigüedad y la Edad Media. La célebre Ruta de la Seda atravesaba el Asia Central y pasaba por Palmira y Damasco antes de bifurcar hacia Tiro y Antioquía. Exceptuando la pagoda representada en los mosaicos de la Gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco, poco queda actualmente de aquella lejana cooperación comercial. Pero el presidente chino Xi Jinping ha convertido en principal objetivo de su mandato la recuperación de esa vía de comunicación y la creación de una segunda Ruta de la Seda a través de Siberia y Europa.

El otro gran interés de Pekín es la lucha contra el Partido Islámico de Turquestán, afiliado sucesivamente a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh). Hoy existe un barrio uigur [1] en Raqqa, ciudad siria actualmente bajo control del Emirato Islámico, y este último incluso publica un diario especialmente dirigido a los miembros de ese Partido.

Los miembros de ese grupo se vinculan con la Orden de los Naqchbandis, una congregación sufista en la que fue líder el ex Gran Muftí de Siria, Ahmad Kuftaru. En 1916, varias logias de esa orden se acercaron a la Hermandad Musulmana, bajo influencia de los servicios secretos anglosajones, la CIA y el MI6. Los Naqchbandis participaron así en la creación de la Liga Islámica Mundial, por parte de Arabia Saudita, en 1962.

En Irak, los Naqchbandis se organizaron alrededor de Izzat Ibrahim al-Duri y respaldaron el intento de golpe de Estado organizado en Siria por la Hermandad Musulmana, en 1982. En 2014, proveyeron 80 000 combatientes al Emirato Islámico. En Turquía, los Naqchbandis crearon la Milli Gorus, entre cuyos responsables se hallaba un tal Recep Tayyip Erdogan. Fueron también los Naqchbandis quienes organizaron, en los años 1990, los movimientos islamistas surgidos en el Cáucaso ruso y en la región de Xinjiang, en China.

Incluso más que los rusos, los chinos necesitan datos de inteligencia sobre ese movimiento y sobre la manera cómo Washington y Londres lo controlan. En 2001, los chinos creyeron, erróneamente, que los anglosajones habían cambiado después de los atentados del 11 de septiembre y que colaborarían entonces con la Organización de Cooperación de Shanghai en materia de lucha contra el terrorismo. Hoy en día, 15 años después, ya saben que Siria es un auténtico amigo de la paz.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article193080.html
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Estados Unidos fomenta la guerra en el Mar de China Meridional

Han surgido serias divisiones sobre las diferencias en la Mar de China Meridional durante la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la Asociación de Naciones de Asia del Sudoeste (ASEAN) que se celebra en Laos, lo que aumenta las ya vivas tensiones en estas aguas estratégicas. La cumbre tiene lugar tras la decisión del 12 de julio del Tribunal Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya, apoyado por la ONU, que ha rechazado las pretensiones marítimas chinas en el Mar de China Meridional. Apoyados por Estados Unidos, Filipinas y Vietnam presionan para que el comunicado final incluya una referencia a la decisión del Tribunal, y a la necesidad de respetar el derecho internacional.

Estados Unidos, que no ha ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho Marítimo (UNCLOS), han apoyado y ayudado a Filipinas a presentar su dossier ante el Tribunal de La Haya. China ha rechazado tomar parte en el proceso, insistiendo en decir que el Tribunal no tiene competencia, y ha declarado con insistencia que no prestará atención a la decisión. Aportando su apoyo a China, Camboya ha bloqueado toda atención a la decisión de la CPA en un comunicado de la ASEAN, y ha declarado su preferencia por que los litigios territoriales sean arreglados sobre bases bilaterales, postura adoptada por Pekín. Cuatro de los diuez miembros de la ASEAN, Malasia, Brunei, Filipinas y Vietnam, tienen desacuerdos antiguos sobre cuestiones marítimas con China.

En el transcurso de los últimos cinco años, el gobierno Obama ha intervenido directamente en estos conflictos, declarando que Estados Unidos tiene un “interés nacional” en el Mar de China Meridional, insistiendo en “conversaciones en foros multilaterales” tales como la ASEAN. En 2012, la ASEAN se dividió en torno a la cuestión, entre Filipinas y Vietnam por un lado, y Camboya por el otro.

Por primera vez en los 45 años de historia de la Asociación, la cumbre de aquel año finalizó sin el anuncio de un comunicado final.

Washington ha estado intensificando las tensiones en el curso de los últimos 18 meses, denunciando la creación de zonas de diques por parte de China y supuestas militarizaciones de arrecifes bajo su control en el Mar de China Meridional. Incluso antes de cualquier decisión del Tribunal de La Haya, la Marina norteamericana ha iniciado tres provocadoras operaciones de “libertad de navegación” (FONOPS), enviando destructores al límite territorial de 12 millas marinas que rodean los islotes administrados por China.

El refuerzo de las capacidades militares de los Estados Unidos en el Mar de China Meridional y de los lazos militares con los países vecinos, como Filipinas y Vietnam, forman parte de una cabeza de puente hacia Asia más grande para aislar diplomáticamente a China, cercándola militarmente y preparándose para la guerra.

Tras obtener la decisión del Tribunal de La Haya, Washington tiene la intención de extender su ventaja. El ministro Estadounidenses de Exteriores, John Kerry, es esperado en la capital laosiana de Vientiane, en donde participará en las negociaciones ampliadas de la ASEAN, y tal vez se reúna con su colega chino Wang Yi, para discutir cuestiones marítimas.

Un alto responsable anónimo norteamericano ha declarado a los periodistas que Kerry animaría a los países involucrados a “orientarse de manera constructiva hacia un esfuerzo para encontrar medios diplomáticos para interactuar pacíficamente en el Mar de la China Meridional”. De hecho, Estados Unidos está haciendo todo lo posible para meter una cuña entre China y sus vecinos. Este responsable ha declarado que era importante que los miembros de ASEAN “se pronuncien” y encuentren un terrreno de acuerdo en estas cuestiones.

Mientras que Kerry ha buscado reforzar un frente anti China en la reunión de la ASEAN, el vicepresidente Joe Biden estuvo en Australia y Nueva Zelanda para consolidar las alianzas militares. Australia, en especial, juega un papel central en la expansión militar norteamericana en Asia, abriendo sus bases a las fuerzas americanas, e integrando al ejército australiano con sus homólogos norteamericanos.

Tras la decisión del Tribunal de La Haya, el Pentágono ha reiterado su decisión de que el ejército norteamericano “navegue, vuele y opere” en todo el Mar de China Meridional. Sin duda, Biden ha presionado al gobierno australiano para dar luz verde a sus propias FONOPS navales en las aguas chinas reivindicadas, para dar así un aspecto de legitimidad a las acciones provocadoras de Washington.

La consejera de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Susan Rice, está actualmente en Pekín para realizar entrevistas sobre el Mar de China Meridional, supuestamente para hacer avanzar la cooperación en un período de tensiones incrementadas. Antes de las discusiones, otros funcionarios anónimos han declarado que “no buscamos hacer cosas que agraven la situación. Y al mismo tiempo, procuramos que ellos [los chinos] no hagan cosas inoportunas que puedan degenerar”.

En el período que precedió a la decisión de La Haya, el ejército estadounidense efectuó cierto número de acciones muy provocadoras, como ejercicios navales con dos portaaviones y sus grupos de ataque aeronaval en el mar de Filipinas, cerca de las aguas disputadas. El portaaviones USS Ronald Reagan y su grupo de ataque de destructores y cruceros patrullaban el Mar de China Meridional. La US Navy y los Marines comenzaron los ejercicios anuales de guerra marítima con las Fuerzas Armadas de Singapur, con 700 efectivos y navíos, submarinos y aeronaves de ambos países.

La demanda de Rice de que China se abstenga de medidas “agravantes” es en realidad un aviso amenazante de que toda acción china en el Mar de China Meridional será condenada y aprovechada para justificar la continuación de la expansión militar de Estados Unidos en esta región estratégicamente sensible. Mientras que Estados Unidos pretende proteger las rutas comerciales, su refuerzo militar es una amenaza implícita a la vez contra las bases chinas adyacentes al Mar de China Meridional y contra las rutas marítimas, de las que China depende para importar materias primas vitales y energéticas de Oriente Medio y de África.

La ofensiva diplomática de Washington sobre el Mar de China Meridional amenaza con romper el grupo de países de la ASEAN. Aunque es posible que se encuentre una fórmula para esconder la miseria de las profundas diferencias en el comunicado final, el “Wall Street Journal” ha informado que en Vientiane los diplomáticos discutían cambios fundamentales sobre la manera en que se toman las decisiones.

“La frustración [por el veto de Camboya] lleva a la discusión de ideas hasta ahora tabúes, sobre modificaciones en las reglas de la ASEAN que permitan una ruptura del consenso necesario y permitir la creación de pequeñas coaliciones que permitirían a la mayoría de la ASEAN avanazar en las «cuestiones en litigio”, explica el periódico.

Esa trayectoria podría llevar a una ruptura de la organización, ya sea en favor del campo proamericano o del campo prochino.

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¿Es inevitable la guerra en el Mar de China Meridional?

El fallo del Tribunal Internacional de la Haya favorable a Filipinas en su disputa marítima contra Pekín en el Mar de China Meridional agudizó este mes las tensiones en la región. Sin embargo, días después 11 países asiáticos decidieron sentarse a la mesa de negociaciones y llegar a un acuerdo.“Al menos en teoría, esto ha sido la demostración gráfica de cómo la negociación del tipo ‘todos ganan’ se hace en Asia”, escribe el periodista Pepe Escobar.

La importancia estratégica del Mar de China Meridional reside en las rutas que lo surcan y por las que cada día pasan la mitad de los buques comerciales del mundo, transportando la tercera parte del petróleo y las dos terceras partes del gas líquido, lo que se traduce en 5 billones de dólares anuales de comercio. Además, para Pekín este mar está fuertemente vinculado con el proyecto apodado “Nueva Ruta de la Seda”.

Esta semana representantes de China y de los 10 países que forman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) -Malasia, Indonesia, Brunei, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia y Filipinas- se reunieron en Laos y concluyeron sus negociaciones con el compromiso de “reducir las tensiones”. Pero para que esto fuera posible, Filipinas se vio obligado a aceptar una condición de Pekín: no mencionar el fallo de La Haya en la declaración final de la reunión.

Según el experto, llegar a un acuerdo, incluso entre los diez países de la ASEAN, ha sido una “tarea de Sísifo”, lo que resulta aún más notable teniendo en cuenta la política de China, que prefiere negociaciones bilaterales y aplica la táctica “divide y vencerás” para imponer sus intereses en la región.

El Pentágono no renunciará a su programa de Libertad de Navegación que, además de los pasos habituales de sus buques de guerra en el Mar de China Meridional, ahora incluye también los vuelos de los bombarderos B-52.

A esto Pekín responde, por ejemplo, presumiendo de sus bombarderos H-6K con capacidades nucleares, que sobrevuelan el Bajo de Masinloc (Scarborough), en disputa con Filipinas, lo que aumenta la “paranoia” del Pentágono, porque “el juego verdadero en el Mar de China Meridional gira principalmente en torno a estrategia militar aérea y submarina de China”, explica Escobar.

Más de la mitad del PIB de China procede del comercio mundial, que depende de su acceso al Mar de China Meridional. Sin embargo, este mar está salpicado de distintos islotes, arrecifes, y atolones con su mar patrimonial que, en caso de pertenecer a otros países, pueden impedirle a Pekín su acceso al mar abierto.

Asegurar su acceso estratégico a los mares abiertos ha sido el objetivo principal de Pekín durante años, según el presidente de Instituto Nacional de China para los Estudios del Mar de China Meridional, Wu Shicun. Occidente prefiere interpretarlo como la intención de China de convertir el mar en un “lago chino”, lo que genera una profunda desconfianza entre ambas partes.

Mientras Pekín tiene claro que su costa debe ser protegida cueste lo que cueste, Washington, fiel a su punto de vista excepcionalista, cree que tiene que tener acceso absoluto a los siete mares como “base para su imperio de bases militares”.

Sin embargo, el poderío militar de China ha traspasado la línea, no solo cuando tiene suficiente fuerza para defender sus intereses estratégicos, como la isla de Hainan, sino también para “proyectar su fuerza con el objetivo de amenazar el libre acceso al Pacífico”.

Washington sigue una estrategia de “denegación de acceso”, pero Pekín ha desarrollado su propia estrategia sofisticada, que incluye ciberataques, submarinos con misiles de crucero y misiles balísticos antibuques que -según Escobar- son “la pesadilla absoluta para los carísimos portaviones estadounidenses, blancos facilísimos para China”.

En respuesta y en el marco de su ultrasecreto programa Pacific Vision, el Pentágono elabora el concepto de batallas aire-mar, para ser capaz de atacar todos los centros del mando y control chinos a través de un cúmulo de “operaciones quirúrgicas”. A esto China responde con el desarrollo de “misiles balísticos de alcance muy largo que suponen una amenaza letal para el ‘imperio de bases’”.

Lo que quiere Estados Unidos es mantener la hegemonía militar sobre todo el Mar de China Meridional, por lo que ve a China como su segunda amenaza principal, justo después de Rusia y su poder nuclear.

China, en cambio, ya se ve en la posición de competir con esta hegemonía. A Pekín no le interesa ninguna intervención militar contra ningún país de ASEAN, ya que será dañino para los negocios, por lo que prefiere soluciones diplomáticas. “Pero no deje engañarse, en algún momento en el futuro habrá una confrontación muy seria entre China y Estados Unidos sobre el ‘acceso’ al Mar de China Meridional”, concluye el experto.

https://actualidad.rt.com/actualidad/214717-inevitable-guerra-mar-china-meridional-

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Las contradicciones imperialistas en el Extremo Oriente (y 3)

Andrew Korybko

Tailandia pudiera intentar acercarse públicamente hacia Estados Unidos tanto tiempo como sea posible, a fin de desviar una parte de la hostilidad que muchos muestran a Washington, desde que el golpe de Estado multipolar expulsara a los dirigentes pronorteamericanos y el país se haya orientado ampliamente hacia China. Es probable que Bangkok no tenga la sincera intención de unirse al TPP, al menos en este estadio. Esto pondría en peligro la asociación estratégica que ha desarrollado rápidamente con Pekín en el transcurso del último año y medio (asunto que se abordará más adelante), pero la situación en Indonesia es mucho más simple. En opinión de la mayoría de los observadores, Occidente ha emprendido un mini encierro de todo tipo contra el país, a fin de presionar a sus dirigentes para tomar decisiones a favor de la unipolaridad en el momento oportuno. Widodo es reconocido como favorable al Oeste, pero es dirigente de una de las mayores economías del mundo y tiene un papel difícil que desempeñar conteniendo a China (tal y como la ve el dirigente indonesio) por una parte, evitando someterse totalmente a la supremacía de Estados Unidos y convertirse en su nuevo Estado títere.

Desgraciadamente, sin embargo, parece que Indonesia está en camino de utilizar su papel de líder económico en la AEC para desviar al resto de la organización, favoreciendo su inclinación en la servidumbre unipolar. Si Yakarta se compromete con el TPP, es previsible que esto será el factor decisivo para saber si el resto del AEC acepta la oferta comercial desfavorable de Estados Unidos en detrimento de la mejora de sus relaciones con la Unión Euroasiática. De hecho, la puesta en marcha del TPP podría incluso llevar a la eventual anulación de los ALE de la ASEAN con China, dando así un doble golpe a la influencia institucional del mundo multipolar en el Asia del sudeste.

Apenas se han conocido detalles sobre el TPP (por la fuga de un texto de alrededor de dos millones de palabras, que lo hace casi imposible de leer por una sola persona para comprenderlo bien) que ha quedado claro que los ajustes jurídicos preferenciales a respetar, recetados a cada parte, no son más que una cortina de humo para permitir a las grandes empresas conseguir derechos políticos decisivos. Una de las controversias sobre esto es que las empresas podrían litigar contra los gobiernos nacionales, si los Estados promulgaran leyes destinadas respetar “el ambiente, la salud u otros objetivos reglamentarios” que perjudicaran los beneficios comerciales legalmente reflejados en dicha organización, o pusieran en peligro sus beneficios (no siendo necesario que se produzca una bajada real, bastando la simple amenaza).

Recordando que Vietnam ya participa en una ALE con la Unión Euroasiática, y que todos los países de la ASEAN tienen un similar acuerdo con China, ciertamente es posible que Estados Unidos encuentren un pretexto en cada uno de esos acuerdos para hacer ver que violan el TPP, y por tanto deben ser modificados o abandonados sin mas. Ni no consiguen resolver el problema en el lapso de tiempo dado, entonces las empresas norteamericanas demandarán a cada uno de los Estados en nombre de Washington, para aplicarles un reglamento punitivo o/y obligarles a realizar los cambios dictados. Japón, aliado de Estados Unidos, puede igualmente llevar a una parte de sus grandes empresas a lo mismo en el marco de un movimiento coordinado para maximizar el daño económico legal causado al Estado víctima.

Los objetivos hegemónicos de Estados Unidos en Asia

Por extremo que parezca este escenario en el momento actual, se corresponde perfectamente con los objetivos estratégicos de Estados Unidos de empujar la influencia de las grandes potencias multipolares fuera de Asia y del sudeste, y atesorar el potencial económico de la región solo para ellos.

Esto tiene también fundamentos geoestratégicos muy específicos, que se describirán en el párrafo siguiente, dando así otra motivación a Estados Unidos para avanzar en esta dirección. Aunque Washington quiera llevar a cabo esta estrategia, no es seguro que se vea coronada con el éxito. Siempre hay una posibilidad muy real de parar este plan, antes incluso de que llegue a madurar.

El mayor obstáculo a los sueños de dominación de Estados Unidos sobre el Asia del sudeste mediante el TPP es el proyecto chino de Ruta de la Seda para la ASEAN, línea ferroviaria de alta velocidad que uniría Kunming con Singapur, atravesando Laos, Tailandia, Malasia y Singapur. Los dos primeros países de tránsito tienen mucho que ganar en este proyecto. Debieran permanecer fieles a la conservación de un ALE de China con la ASEAN, en el caso en que la AEC intente revisarlo (tal vez bajo iniciativa indonesia influenciada por el TPP).

Está también el corredor del oleoducto China-Myanmar lanzado a principios de 2015 para transferir el petróleo de Medio Oriente y su gas hacia la provincia de Yunan, a través de una vía geoestratégica más segura que el estrecho de Malaca, con potencial de evolucionar hacia un corredor comercial a gran escala. Esto da a Naypydaw (la capital de Birmania) interés en preservar el status quo de su ALE institucional con China, aunque esto pudiera variar con el papel acrecentado de Aung San Suu Kyi sobre el Estado. Camboya es también un aliado cercano de China en la actualidad. No está institucionalmente ligado a grandes proyectos de infraestructura, lo que significa que podría venderse al mejor postor y no es fundamentalmente fiable.

Por consiguiente los socios más fiables de que dispone China para defender sus intereses económicos en la AEC son Laos y Tailandia.

Es previsible que los principales dirigentes de estos dos Estados ya han decidido de forma consciente unirse económicamente de manera más estrecha a China, participando en el proyecto de la Ruta de la Seda hacia la ASEAN. Por este motivo tienen interés en asegurar que sus homólogos de la AEC, adheridos al TPP, no impongan las condiciones comerciales unipolares al resto del bloque y/o no obliguen a los demás a restringir sus lazos económicos con China (desde luego que a instancias de Estados Unidos). Una escisión en el seno de la organización podría fácilmente producirse, al oponerse los Estados afiliados al TPP a los no alineados, ya que la AEC lucha por racionalizar sus compromisos económicos institucionales en su búsqueda de una coordinación y de una integración mayor entre sus miembros.

Los previsibles roces llevarían a un impasse que bloquearía toda revisión institucional política (o expansión con el TPP) en el seno de la AEC, impidiendo de esa forma a Estados Unidos alcanzar totalmente sus objetivos unipolares en este escenario. Por consiguiente, en razón de la posición de Laos, Tailandia y, en cierta medida, de Myanmar, las relaciones económicas de alto valor estratégico con China (formando parte los dos primeros de la Ruta de la Seda de la ASEAN, y el último albergue del Corredor del Oleoducto China-Myanmar) se encuentran en el camino de Estados Unidos y su dominación unipolar en todos los aspectos sobre la ASEAN, estos tres Estados son objetivos válidos para una guerra híbrida en el futuro.

La guerra económica


La guerra económica llevada a cabo por partes interpuestas entre el campo unipolar y el multipolar respecto a la ASEAN tiene una inmensa importancia en términos de impacto global. Para apreciar realmente como está relacionada con el resto del mundo, es esencial recordar al lector algunos elementos de la gran estrategia estadounidense contemporánea.

Estados Unidos han acumulado ganancias desde el fin de la guerra fría, exportando sus prácticas económicas neoliberales al resto del mundo, con la intención última de encerrar a Rusia, China y en una menor medida (siempre relevante en la actualidad) Irán, en una red de instituciones controladas por Washington, fuera de la cual no hay posibilidad de escapatoria. Han necesitado cierto tiempo para avanzar, pero en este momento los Estados Unidos no cesan de marchar a toda velocidad hacia delante, uniendo las cuatro esquinas de Eurasia en su matriz de control, encerrando en la práctica a estas tres grandes potencias a fin de hacerles, de una manera desproporcionada, dependientes de un centro de gravedad económica estratégica común.

Si el TTIP/TAFTA entrara en vigor, colocaría las relaciones económicas exteriores de la Unión Europea bajo el control de Estados Unidos, lo que significa que Bruselas se vería impotente para firmar un ALE o similar acuerdo privilegiado con otros países sin la bendición explícita de Estados Unidos. Respecto a Medio Oriente, Estados Unidos y el CCG trabajan en la intensificación de sus relaciones económicas para preparar un eventual ALE.

Esto no es muy importante en estos momento, debido a la dependencia desequilibrada de las economías del Golfo respecto a la venta de energía; pero un deberán hacer una transición hacia una economía más normal, basada en el comercio de mercancías. En ese momento, su situación financiera y las enormes reservas de sus ahorros serán orientadas a la compra de productos estadounidenses y de cualquier otro país susceptible de formar parte de un ALE con ellos en ese momento. El siguiente objetivo sobre el que se concentrarán Estados Unidos es la ASEAN, que se ha descrito en detalle. La última parte de la estrategia supra continental es Corea del Sur y Japón. Estados Unidos ya tienen un ALE con Corea, y tienen intención de utilizar el TPP para crear el mismo acuerdo con Japón.

Puesto todo en conjunto, se puede ver claramente que la mayoría de los puntos clave en Eurasia están cubiertos por los planes de ALE de Estados Unidos. Si consideramos los planes de Estados Unidos en esta perspectiva, la Unión Europea representaría la Eurasia del Oeste, el CCG es la Eurasia del Sudoeste, la ASEAN sería la Eurasia del Sudeste, y Corea del Sur y Japón, la Eurasia del Norte. El único enlace que falta es Eurasia del Sur, principalmente India, que se ve cortejada por Estados Unidos, aunque estén lejos de llegar a alcanzar un ALE. Sin embargo, si los TTIP/TAFTA y TPP tienen que entrar en vigor, es solo cuestión de tiempo antes de que se haga una oferta irresistible a Nueva Delhi para acariciar a India, integrándola en ese tejido económico unipolar. Aun sin una incorporación formal en el régimen neoliberal global de Estados Unidos, ya se ha dicho que India quedaría probablemente fuera del GEFTA por motivos de las preocupaciones por su soberanía estratégica respecto a sus vecinos y a su rivalidad con China. En ese caso, China e Irán deberían compartir el mismo espacio económico estratégico en Asia central, una de las últimas zonas del continente que quedan fuera del control institucional formal de Estados Unidos. Esto haría de Asia central el centro de gravedad multipolar incontestable entre estas tres grandes potencias, pero, a la inversa, la haría especialmente vulnerable a las guerras híbridas prefabricadas estadounidenses.

A fin de evitar una superdependencia de “3 a 1” en Asia central, es imperativo y urgente que el mundo multipolar mantenga y defienda sus logros en la AEC. De ahí la importancia de la lucha contra el TPP y los esfuerzos de China a través de la Ruta de la Seda de la ASEAN y el oleoducto China-Myanmar. Una retirada de estos frentes y la cesión del Asia del Sudeste a los zarpazos unipolares de Estados Unidos crearían una situación estratégica peligrosa para China y, por extensión, para las otras grandes potencias multipolares, teniendo como resultado la progresión de las agendas yanquis en el anclaje de sus intereses económicos en Asia central.

China también ha definido muy claramente sus intereses geoestratégicos en el mantenimiento de su influencia en la ASEAN (al menos en su componente continental), a fin de poner final a la política de confinamiento chino por Estados Unidos. (CCC) y mantener accesos al Océano Indico no controlados por los americanos, permitiéndole acceder con toda seguridad a los mercados africanos en pleno apogeo, del que depende su futuro crecimiento.

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Las contradicciones imperialistas en el Extremo Oriente (2)

Andrew Korybko

Por positiva que sea la imagen descrita más arriba, no se concretará como mínimo hasta la próxima década, cuando se vea como Estados Unidos mantienen firme esa rivalidad de Nueva Guerra Fría. Bien a través de mecanismos institucionales del TTIP o bien fuera de éste mediante medidas sin escrúpulos si dicho acuerdo no está preparado a tiempo, Estados Unidos harán todo lo que esté en su mano para impedir a la Unión Europea desarrollar relaciones económicas independientes con la Unión Euroasiática, China y la ASEAN.

Eventualmente, la Unión Europea podría ser autorizada a profundizar sus relaciones con Japón e India (mediante la gran estrategia unipolar antes descrita), pero incluso esto es discutible, a menos que Estados Unidos no tenga la seguridad de mantener suficiente control sobre el bloque, tras la obtención de estos acuerdos potenciales. Sin duda no tendrán la confianza para dejar hacer, a menos que controlen formalmente a la Unión Europea a través del TTIP, convirtiendo a estas zonas de libre comercio en algo poco probable, al menos a corto y medio plazo; salvo, naturalmente, modificaciones geopolíticas inesperadas. En gran medida, la Unión Europea puede por tanto ser descartada con toda seguridad de discusiones serias sobre zonas de libre comercio intraeuroasiáticas, pero ello no significa que estos sueños puedan ser olvidados simplemente porque el bloque no pueda tomar parte en ellas durante cierto tiempo.

RCEP y FTAAP

Para compensar esa esperada ausencia de la Unión Euroasiática de los marcos económicos multipolares que se consideran, se han hecho algunas propuestas modificadas. Dos de las más relevantes son la Asociación Regional Global Económica (RCEP) y la Zona de Librecambio de Asia-Pacífico (FTAAP), ambas apoyadas activamente por China. La RCEP es la formalización de un ALE multilateral entre la ASEAN y cada uno de sus socios comerciales ya existentes (Australia, China, India, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur).

La FTAAP, por su parte, lleva las cosas mucho más lejos y propone una grandiosa zona de librecambio entre todos los países que constituyen el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), lo que incluye por tanto a Rusia, Estados Unidos y algunos otros países del hemisferio occidental, pero en detrimento de un acuerdo completo de libre comercio con la ASEAN en su conjunto (Myanmar, Laos y Camboya, que no son miembros de la APEC).

Es significativo sin embargo que la mayoría de los países en el seno del bloque participarían en este marco, lo que subraya hasta que punto las economías de la ASEAN son favorables a estas ofertas de librecambio interregionales de la actualidad. AL mismo tiempo, sin embargo, la inclusión de Estados Unidos podría socavar enormemente la flexibilidad multipolar de agrupamiento futuro, y transformarlo más bien en una organización económica apolítica que podría ser empleada de ninguna forma para debilitar la visión unipolar de Estados Unidos. Es probable que Rusia y China no apoyen esta idea más que a los efectos de marcar puntos políticos que se opongan a los planes exclusivistas del TPP de Estados Unidos, que amenazan minar las conexiones comerciales existentes de dos grandes potencias y las posibilidades futuras con otros Estados involucrados.

La visión de Rusia respecto a la GEFTA

La última propuesta de creación de un bloque comercial trans regional ha llegado de Rusia, y fue anunciada en el discurso del presidente Putin en la Asamblea Federal el 4 de diciembre de 2015. El dirigente ruso dio a conocer la intención de su país de formar una asociación económica entre la Unión Euroasiática, los Estados de la ASEAN y de la OCS (incluyendo los miembros sondeados previamente, India y Pakistán), destacando que la nueva organización “constituye un tercio de la economía mundial en términos de igualdad de poder de compra”. Es la más realista de las tres sugerencias y la más susceptible de convertirse en realidad. China tiene ya un ALE con Pakistán (cierre de la integración euroasiática) y la Unión Euroasiática estudia la posibilidad de sellar acuerdos similares con India y el candidato oficial a la OCS, Irán. Destaquemos que Rusia y China están igualmente comprometidas en un acuerdo trilateral con Mongolia, que podría convertirse de forma previsible e una zona de libre comercio en el porvenir.

Suponiendo que Moscú consiguiera alcanzar estos objetivos (y no hay razón para dudarlo por el momento), uniendo a la Unión Euroasiática y a la OCS en un acuerdo económico que sería un ajuste natural, la ASEAN ofrecería un toque complementario perfecto que podría estimular económicamente a todos los miembros. Además, la inclusión de India y Pakistán en el marco arrastraría probablemente al resto de la Asociación Sudasiática de Cooperación Regional (SAARC), que tiene su propia zona de librecambio interno de comercio) a unirse, lo que favorecería la integración de socios de esta organización, como Afganistán, Bangladesh, Bután, las Maldivas, Nepal y Sri Lanka. Tomada en conjunto, la visión de Rusia se orienta a formar la Gran Región euroasiática de Librecambio (GEFTA), que englobaría la gran mayoría de Asia y que puede fusionarse un día con la Unión Euroasiática, excluyendo de momento, evidentemente, las economías europeas (tanto de la Unión Europea como de Estados no miembros de la Unión Europea), Medio Oriente (salvo tal vez Siria e Israel) [extraña combinación, desde luego, pero perseguida por razones claramente distintas], las dos Coreas y Japón.

El obstáculo indio abre una posibilidad para la ASEAN

Aún suponiendo un mínimo de interferencias (norteamericanas) externas que intentan compensar la visión de Rusia, es previsible que India presentará un importante desafío para la puesta en marcha del GEFTA. India y China están inmersas en una dilema de seguridad muy intenso, que ninguna de ellas quiere reconocer públicamente. En estas circunstancias, es poco probable que alguna de ellas pretenda alcanzar un ALE con la otra. Desde el punto de vista de Nueva Delhi, India no tiene ninguna razón para sacrificar lo que ve como sus intereses económicos nacionales alcanzando un ALE con China, importando poco que sea el RCEP i la GEFTA.

Respecto al RCEP, India ha alcanzado ya algunos acuerdos ALE con Japón y Corea del Sur, y no cree que la inclusión de Australia y Nueva Zelanda en el marco multilateral propuesto compense el desequilibrio económico que prevé sufrir por el librecambio tarifario con China, que debería aceptar en el marco de esta transacción. Por lo que concierne a la GEFTA, las preocupaciones son muy similares. India está actualmente en una relación de librecambio con la ASEAN y podría concluir otro con Irán, tras una propuesta de éste último en la primavera de 2015. Con los progresos claramente positivos para alcanzar un acuerdo comercio con la Unión Euroasiática, un día cercano, India no tiene necesidad de saltar a la GEFTA, en tanto que no tiene ninguna seguridad en obtener ventajas de ello, y a la vista de las complicaciones previsibles si el acuerdo incluyera también a China (por lo que no ve ninguna ventaja en su liderazgo).

La esperada ausencia de India en la GEFTA no significa el fracaso del proyecto, pero pone en evidencia su dependencia respecto a la inclusión de la ASEAN a efectos de tener la suficiente extensión para ser un punto determinante en la economía mundial. La Unión Euroasiática y sus acuerdos bilaterales de libre comercio son avances positivos por sí mismos, especialmente si desembocan en una perspectiva de acuerdos entre la Euroasiática y China, e integra de forma multilateral acuerdos ya alcanzados (como con Irán). En cualquier caso, la multipolaridad será infinitamente más fuerte gracias a la incorporación de la ASEAN a este acuerdo. Vietnam está ya en preparativos para dicho acuerdo con la Unión Euroasiática, y aun siendo un robusto componente en la cartera de esta asociación, su potencial palidece en comparación con los dos grupos económicos que tienen su propio pacto inclusivo entre bloques. Una de las etapas para impulsar esta posibilidad sería para Rusia hacer un uso eficaz de las Zonas Especiales Económicas (SEZ) de la ASEAN, con Myanmar, Laos y Camboya, con el fin de alcanzar ALE individuales con otros miembros de la parte continental de la organización (incluyendo Tailandia, a la que Medvedev ha ofrecido esta posibilidad en la primavera de 2015). Podrían entonces hacer presión de forma colectiva sobre sus homólogos insulares para marchar en esa dirección.

El TPP contraataca

La mayor amenaza para las relaciones económicas de un mundo multipolar con la ASEAN viene directamente del TPP. Estados Unidos presionan con este acuerdo comercial exclusivo, a fin de obstaculizar las asociaciones comerciales existentes que los países no aliados (Rusia y China) planean reforzar con cada miembro del bloque. En cierto sentido, el tratado puede considerarse como una declaración previa de guerra económica, porque los Estados Unidos toman activas medidas para dar forma a un mercado restringido que estaría en su mayoría bajo su control. Washington es plenamente consciente de que Moscú planea una cabeza de puente en Asia, y que comprende que debe diversificarse e integrar a China si quiere alcanzar su pleno potencial económico. Por lo que concierne a Pekín, Estados Unidos reconoce hasta qué punto las obstrucciones a las relaciones económicas bilaterales China-ASEAN podrían perturbar la Nueva Ruta de la Seda que China espera instalar en años próximos. A Estados Unidos le gustaría disponer de la hegemonía económica que adquiriría de cada uno de los miembros de la ASEAN a través del TPP para intimidarlos, alejarlos de los centros multipolares y anclarlos firmemente en el campo unipolar. Hay motivos concretos para tomar esta amenaza estratégica en serio.

La AEC

La ASEAN ha cumplido una etapa histórica con ocasión de su 27 encuentro, a finales de noviembre de 2015 en Kula Lumpur, al aceptar formar la Comunidad Económica de la ASEAN (AEC), con el fin de coordinar las relaciones económicas del bloque con el mundo exterior, reforzando la cooperación social, cultural y de seguridad entre sus miembros. Se prevé que la AEC busque adoptar acuerdos comerciales en bloque a partir de ese momento, buscando eventualmente agrandar el TPP para incluir en el mismo, con el tiempo, al resto de la organización. El razonamiento es bastante simple. La ASEAN desea normalizar los acuerdos comerciales que sus miembros mantienen con los países y bloques exteriores, con el fin de no crear un desequilibro estructural interno entre sus economías. Si Malasia entra en el TPP, pero Vietnam tiene un ALE con la Unión Euroasiática, es fácil imaginar que esto crearía una desventaja para Filipinas, que no disponen de lazos institucionalizados con uno u otro de los bloques. La mezcolanza de diferentes actores externos, que interactúan con la ASEAN en condiciones de uno a uno en vez de tratar con todo el grupo, crea una situación interna inútilmente compleja, y que hace a los distintos miembros de la AEC una integración económica entre sí.

Aunque no sea esta la comparación más precisa, en este caso es poco apropiado acoplar la AEC con la Unión Euroasiática, en tanto que los dos bloques quieran controlar las relaciones económicas institucionalizadas de sus miembros con otros Estados y organizaciones. Incluso si este objetivo no ha sido oficialmente proclamado por la AEC de momento, es funcionalmente inevitable que marche en esa dirección, antes o después, una vez que sus miembros hayan definido seriamente sus objetivos de integración compartida.


Esto significa que la AEC tendrá que definir un día con que acuerdos bilaterales que no incluyen al bloque quiere entenderse para cubrir al conjunto de la organización, y cuales sus respectivos miembros se verán obligados a abandonar. A este nivel es importante que la mayoría de los miembros del AEC parecen ir en la misma dirección que el TPP, a juzgar por las declaraciones de dos buenas economías del grupo, Indonesia y Tailandia.

El presidente Joko Widodo dijo a Obama, con ocasión de una reunión en la Casa Blanca a finales de octubre que “Indonesia tiene intención de unirse al TPP”, mientras que un viceprimer ministro tailandés declaró a finales de noviembre que su país “está muy interesado en unirse al TPP […] hay muchas probabilidades de que Tailandia busque unirse al TPP”.
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Las contradicciones imperialistas en el Extremo Oriente (1)

Andrew Korybko

China es la única gran potencia que dispone de los medios económicos para desafiar a Estados Unidos en todo el mundo. Estas disposiciones se completan a la perfección con las capacidades militares de Rusia ayudando a los dos polos de civilización a forjar conjuntamente un orden mundial multipolar. La manifestación de su visión global común y el marco en el que cooperan es la asociación estratégica ruso-china, y, a causa de la estrecha cercanía entre Pekín y Moscú, es también el blanco de las desestabilizaciones llevadas a cabo por Estados Unidos por todos los medios, o mediante pantallas. La estrategia de Washington no se limita sólo a dificultar proyectos conjuntos transnacionales multipolares (por ambicioso que sea este fin), sino también a contener a China en su propia región de origen, de manera similar a lo que se ha intentado contra Rusia desde el fin de la guerra fría.

Estas dos estrategias se cruzan en buena medida, y tienen un punto en común importante entre ellas, en el sentido en que las dos pueden verse favorecidas por las guerras híbridas instrumentalizadas por los norteamericanos. Esta parte explora la aplicabilidad de este método para la ASEAN, corazón estratégico y vientre bajo de China. Desde muchos aspectos, la ASEAN es a China los que Asia central es para Rusia, pero puede defenderse que ASEAN tiene una importancia económica mucho más crítica para China de lo que Asia central tendrá nunca para Rusia, aunque las dos regiones tengan un valor estratégico igual con relación a cada gran potencia respectivamente.

La primera parte cartografiará los tres países de la ASEAN más vulnerables a las guerras híbridas (Myanmar, Laos y Tailandia), pero su importancia geopolítica y el atractivo que los Estados tendrían por dirigirse específicamente contra estos Estados no pueden comprenderse totalmente explicándolo fuera del marco de esa región más amplia que supone la ASEAN. Por ello, integraré en las primeras partes de este estudio geopolítico un enfoque sobre la ASEAN en su conjunto, explicando su estrategia relevante en general, y después describiendo la forma en que Estados Unidos prevée militarizar mediante intermediarios el bloque de las rivalidades macro regionales contra China.

En el mismo orden de ideas, es también pertinente detallar los grandes proyectos estratégicos de China para responder a este rodeo agresivo y a la militarización unipolar de las rutas navegables en aguas internacionales, de las que dependen una gran parte de su crecimiento económico.

Esto lleva naturalmente a reflexionar de manera profunda sobre los motivos por los que China ha escogido Myanmar, Laos y Tailandia como países de acogida para sus proyectos multipolares conjuntos transnacionales, y cómo son estos contemplados a manera de contramedidas apropias para eludir la jaula que Estados Unidos han instalado en el Mar de China Meridional. Las debilidades sociopolíticas de todos los países de la ASEAN serán abordadas a continuación, antes de que la investigación caiga en profundidades sobre el estudio del caso tailandés y de Myanmar. Luego, estos dos escenarios serán comparados entre sí, para poner en evidencia la diferencia entre sus posibilidades y su impacto estratégico global respectivo.

Encrucijada de caminos en la economía mundial

El sólido crecimiento de la ASEAN durante las últimas décadas ha hecho de ella una favorable asociación para muchos, y el bloque económico ha alcanzado numerosos acuerdos de librecambio (ALE) de alto nivel en los dos últimos años. A finales de 2015, se consiguieron ALE bilaterales con Australia y Nueva Zelanda, China, India, Japón y Corea del Sur, esencialmente, lo que ha constituido un mercado formal entre estas grandes economías mundiales. Por otro lado, están en marcha negociaciones de intercambios con la Unión Europea y la Unión Euroasiática que de llegar a bien fin darían a la ASEAN derechos de libre comercio con la casi totalidad del supercontinente, con excepción de Oriente Medio y un puñado de otros países. Con la convergencia de tantos intereses económicos en torno a la ASEAN solamente es una cuestión de tiempo que se aumente esta serie de acuerdos bilaterales, en un marco multilateral que integraría progresivamente a cada una de las partes.

Tal acuerdo representaría una gran victoria para Eurasia y el mundo multipolar, porque ligaría a cada una de las grandes potencias entre sí, y les haría progresivamente más interdependientes unas de otras de lo que cada una de ellas de forma individual lo seria con Estados Unidos. Es, evidentemente, una visión a largo plazo, y no son cosas que se puedan realizar en algunos años; pero el camino estará un poco más despejado si la ASEAN consigue establecer acuerdos comerciales con la Unión Europea y la Unión Euroasiática. Los acuerdos ALE cada vez más entrelazados que estos socios económicos firman serán inevitablemente más cercanos con el tiempo, pese a las diferencias políticas y estructurales entre algunos de ellos, como puede ser el enfriamiento impuesto actualmente por los norteamericanos en las relaciones entre la Unión Europea y la Unión Euroasiática.

El TTIP lo aplasta todo

Si se le hubiera dado la oportunidad de comportarse libremente, la Unión Europea probablemente hubiera intensificado sus relaciones bilaterales con la Unión Euroasiática, como lo atestigua a finales de noviembre de 2015 la sensibilidad de Junker respecto a su bloque. Pero la gran estrategia de Estados Unidos siempre se ha basado en el mantenimiento de dos entidades divididas, de donde procede la fabricación de la crisis ucraniana y luego la nueva guerra fría. Si se produjera una apertura en las relaciones bilaterales, tal vez con motivo de cambios estructurales que el Balkan Stream y la Ruta de la Seda de los Balcanes generasen en el interior de la Unión Europea si uno de ellos fuera terminado con éxito, es probable que el encabalgamiento de sus intereses económicos en la ASEAN (negociado de forma independiente hasta ahora) podría representar el catalizador ideal para reagruparse y formalizar un marco económico más amplio y más inclusivo entre todos los actores. El razonamiento que subyace a esto es que el deterioro actual de las relaciones Unión Europea-Unión Euroasiática atribuida a los estadounidenses es el único obstáculo estructural no natural que impide a todos los bloques comerciales del supercontinente cooperar a la escala sugerida más arriba.

Desde el punto de vista estratégico de Estados Unidos, sin embargo, esto representaría el fracaso final de su política de división para reinar en Eurasia, y por ello Estados Unidos está tan decidido a continuar la asociación comercial e inversora transatlántica (TTIP) con la Unión Europea. En el caso en que esta propuesta neo imperialista entrara en vigor, Estados Unidos tendrían el papel dominante para decidir si su nuevo socio, la Unión Europea, estaría autorizado a continuar sus negociaciones de intercambio en curso con Japón e India. Más que probablemente, estas negociaciones, ahora en punto muerto, se congelarían indefinidamente, con el fin de consolidar el control económico de Estados Unidos sobre el bloque. Solamente tras el ejercicio de un control indiscutible sobre la Unión Europea permitiría Washington a los negociadores avanzar. En aquel momento, el objetivo será unir el TTIP y el TPP (que será aumentado próximamente, pero cuya componente asiática será dirigida por Japón), para hacer de Estados Unidos el protagonista institucional esencial entre ellos, completando después la dominación unipolar que englobe económicamente a Eurasia, e incorporando a la India a la mezcla en un determinado momento.

Esta estrategia está organizada por Estados Unidos, que utiliza la fanfarria en torno a la nueva guerra fría que ellos mismos han creado para asustar a su socios, llevándoles a aceptar el TTIP y el TPP basándose en el montaje de que necesitan contener a Rusia y a China. En este escenario, si Estados Unidos no consigue hacer avanzar el TTIP, la Unión Europea se alineará de forma independiente con una de las grandes economías asiáticas (en la seguridad de que emprendería negociaciones de libre comercio con China), y Estados Unidos podría perder velozmente su preeminencia actual en la economía de la Unión Europea. En muy poco tiempo Bruselas podría finalmente llegar a la conclusión de que ha llegado a todo el mundo, y darse cuenta de que el porvenir de la economía mundial se encuentra en el este y no en Occidente. Emprenderían entonces relaciones comerciales más amplias y más libres con sus otros potenciales socios. Y esto incluiría a Rusia y la Unión Euroasiática. Es previsible que estas dos economías, ya convergentes entre sí, (recordemos que solamente obstáculos políticos atribuidos a los norteamericanos lo retrasan) coordinen sus respectivos ALE con la ASEAN, como última etapa de conclusión de acuerdos similares entre ellas.

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Revolución y contrarrevolución en Tíbet

Tíbet es uno de los lugares más remotos del planeta. Es una meseta en el corazón de Asia, separado del sur del continente por las más altas montañas del mundo, el Himalaya. Seis cordilleras dividen la región en valles aislados. El Tíbet había pertenecido a China desde hacía 700 años, pero la falta de comunicaciones le había aislado de China y del mundo.

El budismo penetró en Tíbet en el siglo VII de nuestra era. El príncipe Strong-tsan-gampo, artífice de la unidad del Tíbet, empleó la religión para unificar el país. Durante mucho el tiempo el budismo fue la religión de la cúpula feudal, mientras el pueblo practicaba los ritos chamanistas y de clan (religión bon o bon-po).

A partir del siglo IX el budismo se extendió en el pueblo bajo la forma mahayana. A comienzos del siglo X el partido antibudista apoyado en la vieja aristocracia feudal lanzó persecuciones contra los budistas, pero éstos asesinaron al rey Lang-darma. En el siglo XI el budismo venció definitivamente bajo la forma de una nueva corriente llamada tantrismo. Durante los siglos XI y XII se construyeron en Tíbet numerosos monasterios budistas con multitud de monjes llamados lamas. En 1271 Kublai Khan, fundador de la dinastía mongol de los Yuan (1270-1370), nombró al jefe de la secta budista más importante ministro de asuntos civiles y religiosos de Tíbet. La dinastía china de los Ming, que reinó de 1368 a 1644, protegió también la religión budista pero aplicó una política de fragmentación del país que la debilitaba. Surgió una corriente reformadora que impuso una severa disciplina monacal y la obligación de llevar ropa y gorros amarillos. Todo el poder se concentró en manos de dos jerarcas supremos: el Panchem-rimpoche y el Dalai-rimpoche (futuro Dalai Lama). Ambos fueron declarados encarnaciones de las deidades budistas mas veneradas.

Nominalmente la máxima autoridad eran los emperadores chinos que cobraban impuestos y nombraban funcionarios encargados de cobrarlos pero los jerarcas budistas ejercían mucha influencia. En 1639-1640 el khan mongol Gushi asesinó al príncipe local y transfirió todo el poder secular al Dalai Lama. Al comienzo de la dinastía manchú China restableció su soberanía sobre el Tíbet pero el poder real permaneció en manos del Dalai Lama y, sobre todo, de los lamas supremos que le rodeaban. En Tíbet se estableció una forma peculiar de régimen feudal en que los grandes señores (monjes y seglares) dominaban una masa de campesinos privados de derechos y el poder político era acaparado por los jerarcas budistas. En lo más alto de la jerarquía estaba el Panchem-Lama considerado padre espiritual del Dalai Lama que era quien tenía el poder temporal. Una autora china escribió que sólo 626 personas poseían el 93 por ciento de la tierra y la riqueza nacional y el 70 por ciento de los yakes en Tíbet. Entre ellos estaban los 333 cabezas de monasterios y autoridades religiosas y las 287 autoridades seculares (contando la nobleza y el ejército) y seis ministros del gabinete. La clase alta la formaban cerca del 2 por ciento de la población y el 3 por ciento eran sus agentes: capataces, administradores de sus fincas y comandantes de sus ejércitos privados. El 80 por ciento eran siervos, el 5 por ciento esclavos y 10 por ciento eran monjes pobres que trabajaban como peones para los abades y rezaban. A pesar de la supuesta regla lamaísta de no violencia, estos monjes eran azotados continuamente.

Hoy el actual Dalai Lama se presenta ante el mundo como un hombre sagrado a quien no le interesan las cosas materiales. La realidad es que fue el principal dueño de siervos del Tíbet. Según la ley era dueño de todo el país y de sus habitantes. En la práctica su familia disponía de 27 fincas, 36 prados, 6170 siervos y 102 esclavos domésticos.

Condiciones de vidas de las masas populares

La vida de los siervos tibetanos antes de 1949 era breve y durísima. Tanto los hombres como las mujeres trabajaban en las faenas más duras y en trabajos forzados, llamados “ulag” durante 16 ó 18 horas al día. Debían entregar a los dueños que no trabajaban el 70 por ciento de la cosecha. No podían usar los mismos asientos, palabras ni utensilios que los dueños. Los castigaban con latigazos si tocaban alguna cosa del propietario. No podían casarse ni salir de una finca sin permiso del amo. Los siervos y las mujeres eran considerados animales parlantes que no tenían derecho a mirar a la cara a los amos. El experto en Tíbet A. Tom Grunfeld relata que una hija de los dueños hacía que sus siervos la alzaran para subir y bajar las escaleras (4). A los esclavos los golpeaban, no les daban comida y los mataban a trabajar. En la capital Lasha se compraban y vendían niños.

La palabra mujer, “kimen”, significaba nacido inferior. Las mujeres tenían que rezar Que abandone este cuerpo femenino y renazca como varón. El budismo les impedía levantar los ojos más allá de la rodilla de un hombre. Era común quemar a las mujeres por ser brujas, a menudo porque practicaban los rituales de la religión “bon”. Dar a luz gemelos era prueba de que una mujer había copulado con un espíritu maligno y en las zonas rurales era frecuente que quemasen a la madre y a los gemelos recién nacidos. Un hombre adinerado podía tener muchas esposas y un noble con poca tierra tenía que compartir una mujer con sus hermanos.

El pueblo sufría constantemente de frío y hambre. Antes de la liberación no había en Tíbet ni electricidad, ni carreteras, ni hospitales ni casi escuelas. Muchos siervos enfermaban a causa de la desnutrición mientras algunos monasterios atesoraban riquezas y quemaban grandes cantidades de alimentos como ofrendas. La mayoría de los recién nacidos morían antes de cumplir un año. La mortalidad infantil era en 1950 del 43 por ciento. La viruela afectaba a una tercera parte de la población y en 1925 exterminó a 7.000 habitantes de Lasha. La lepra, la tuberculosis, el bocio, el tétanos, la ceguera, las enfermedades venéreas y las úlceras causaban gran mortalidad. La esperanza de vida en 1950 era de 35 años.

Las supersticiones extendidas por los monjes les hacían oponerse a los antibióticos. Les decían a los siervos que las enfermedades y la muerte se debían a los pecados y que la única manera de prevenir las enfermedades era rezar y pagar dinero a los monjes.

Los feudales mantenían al pueblo en la incultura más completa para mejor someterlo y lavarle el cerebro. En 1951 el 95 por ciento de la población era analfabeta. El lenguaje escrito solo servía para el culto religioso.

El sistema feudal impedía el desarrollo de las fuerzas productivas. No permitía el uso de arados de hierro, extraer carbón, pescar, cazar, ni hacer innovaciones sanitarias de ningún tipo. No había ni comunicaciones ni comercio ni ninguna industria por elemental que fuera. Mil años atrás, cuando se introdujo el budismo, se calcula que en Tíbet vivían diez millones de personas pero en 1950 sólo quedaban dos o tres millones.

¿Cómo llegó el socialismo a Tibet?

El Partido Comunista de China se planteó un problema en relación al Tíbet: el tremendo atraso y la dominación feudal hacía imposible el surgimiento de una rebelión de los siervos sin ayuda exterior. Pero era necesario intervenir en Tíbet antes de que se convirtiese en una plaza fuerte de la contrarrevolución desde la que las clases dominantes derrocadas de China, los feudales locales y el imperialismo pusiesen en peligro la joven República Popular. Los feudales lamaístas se habían mostrado complacientes con los colonialistas británicos que entraron en Lasha en 1904 desde la India y con el intento norteamericano de reconocer un Tíbet independiente en 1949 con un asiento en la ONU. La práctica confirmaría que al igual que en otros lugares, la clase dominante local se aliaría con las fuerzas imperialistas para combatir al enemigo común, la revolución socialista triunfante.

Los comunistas sabían que la revolución no se puede exportar a otro país con las bayonetas de un ejército ocupante y por eso actuaron con tacto y prudencia hasta crear las condiciones de un movimiento revolucionario bien arraigado en el seno de las masas populares tibetanas. El Ejército Popular de Liberación, ejército de obreros y campesinos revolucionarios forjado en 20 años de combates y dirigido por el Partido Comunista de China, avanzó hacia las llanuras tibetanas en octubre de 1950. En Chambo derrotó fácilmente al ejército enviado por los feudales tibetanos pero allí paró y les mandó un mensaje con una propuesta: si Tíbet se integraba en la República Popular de China, el gobierno de propietarios de siervos (llamado “kashag”) podría seguir gobernando durante un tiempo bajo la dirección del gobierno central popular. Los comunistas no abolirían las prácticas feudales ni tomarían medidas contra la religión hasta que el pueblo no apoyase los cambios revolucionarios. El Ejército Popular de Liberación protegería las fronteras para evitar una intervención imperialista. El gobierno feudal aceptó la propuesta y firmó el Acuerdo de 17 puntos que reconocía la soberanía china y se aplicaba en las zonas sometidas al “kashag” y no en otras zonas tibetanas donde vivía la mitad de la población. El 26 de octubre de 1951 el Ejército Popular de Liberación entró pacíficamente en Lasha bajo el mando del general Zhang Guojua.

La conspiración de la nobleza lamaísta

Lógicamente los feudales no acogieron con los brazos abiertos a los comunistas sino que empezaron a conspirar para intentar perpetuar su sistema de dominación. Hicieron lo posible por enemistar a sus siervos con el Ejército Popular de Liberación: difundieron rumores de que usaban sangre de niños tibetanos como combustible para sus camiones, les acusaban de matar perros por eliminar los perros rabiosos que aterrorizaban a la gente,… Ciertos monasterios se convirtieron en centros de la actividad secreta contrarrevolucionaria y en almacenes de armas que la CIA norteamericana enviaba desde la India. La CIA estableció un centro de entrenamiento de agentes tibetanos en el campo Hale de Montanas Rocosas en Colorado, por su gran altitud. También fueron entrenados mercenarios tibetanos en las bases estadounidenses de Guam y Okinawa. En total Estados Unidos entrenaron militarmente a 1.700 tibetanos en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

El Ejército Popular de Liberación tenía ordenes estrictas de respetar a la población, su cultura y sus creencias, incluso sus temores supersticiosos que no podían ser erradicados rápidamente. Los siervos se sorprendieron cuando fueron contratados por un sueldo para construir un camino que conectase Tíbet con las provincias centrales de China. Varios siervos jóvenes fueron animados para educarse en los Institutos para las Minorías Nacionales en las ciudades del este de China y aprender lectura, escritura y contabilidad. Empezaron a llegar mercancías que mejoraron la vida de la población como té y fósforos, se instalaron los primeros teléfonos, telégrafos, emisoras e imprentas y las primeras escuelas. En 1957 6.000 alumnos acudían a 79 escuelas primarias. Los equipos médicos empezaron a tratar y curar a la población, incluidos los nobles; la mentalidad empezó a cambiar.

Los terratenientes feudales vieron en peligro su poder y organizaron las primeras rebeliones armadas en 1956. En las zonas en las que no regía el acuerdo de 17 puntos, los comunistas animaban a los siervos a dejar de pagar alquiler a los monasterios y a los nobles, lo que exasperaba a éstos. En marzo de 1959 se produjo una rebelión en gran escala apoyada por la CIA, que envió sus agentes entrenados y lanzó cargamentos de municiones y subametralladoras desde aviones C-130 de la fuerza aérea norteamericana. Los monjes y sus agentes armados atacaron la guarnición del Ejército Popular de Liberación en Lasha. Los comunistas respondieron no sólo militarmente sino sobre todo políticamente: 1.000 estudiantes tibetanos volvieron rápidamente de los Institutos para las Minorías Nacionales para participar en una gran campaña de cambios revolucionarios.
La derrota del feudalismo en Tíbet

El gobierno del “kashag”, que había apoyado la rebelión, fue disuelto. En todas las regiones se crearon órganos de poder llamados Oficinas para reprimir la revuelta. El nuevo gobierno se llamo comité preparatorio para la región autónoma de Tíbet. Se abolió el “ulag”, el trabajo forzoso y la servidumbre. Los esclavos de los nobles fueron liberados. Los principales conspiradores fueron detenidos. La mujer fue liberada de la poligamia. Los siervos dejaron de pagar alquiler a los monasterios y la mitad de los mismos tuvieron que cerrar. Los nómadas de un aislado campamento llamado Pala se levantaron en armas con los partidarios del Dalai Lama. La periodista británica Sara Flounders escribe que millones de campesinos pobres se movilizaron a para expulsar a los antiguos terratenientes. Los antiguos siervos recibieron 20.000 escrituras de tierras y ganado, decoradas con banderas rojas y el retrato del presidente Mao.

Tras la derrota de la rebelión, el Dalai Lama número 14, llamado Tenzin Gyatso, huyó al exilio acompañado por 13.000 personas integrantes de la nobleza y el alto clero lamaísta, con muchos de sus esclavos, guardias armados y caravanas de mulas cargadas de riquezas. La CIA lo convirtió en un símbolo de la guerra contra la revolución socialista y el Partido Comunista. El Dalai Lama instaló en la ciudad india de Dharamsala un gobierno en el exilio. A partir de 1964 figura en la lista de los asalariados de la CIA, que le asignó una cantidad anual de 180.000 dólares en el cuadro de un programa para derribar los regímenes comunistas. Su gobierno recibió anualmente 1,7 millones de dólares. En los años noventa seguía recibiendo dinero de la CIA.

Desde entonces este reaccionario sigue teniendo un gran apoyo del lobby antichino norteamericano, de la industria de Hollywood, que produce películas de propaganda a su favor, de la Fundación Nacional para la Democracia (pantalla de la CIA), que financia el Fondo Tíbet, la radio Voz del Tíbet y la campaña internacional por el Tíbet. En 1987 fue recibido en la comisión de derechos humanos del Senado norteamericano. En agosto de 1999 el Departamento de Estado norteamericano organizó su visita a Nueva York.

Los sectores anticomunistas occidentales, como el juez español Garzón, denuncian públicamente a China por el supuesto genocidio cometido en Tíbet desde 1959. Este genocidio aparece en la propaganda antichina pero nadie ha ofrecido la menor prueba. Tales sectores son los que contribuyen a que le sea concedido en 1989 el premio Nóbel de la paz, que ya poseen conocidos criminales de guerra como Henry Kissinger, Menahem Beguin y Simon Peres.

Aunque el budismo prohíbe matar y toda forma de violencia, el actual Dalai Lama ha apoyado con entusiasmo la guerra de la OTAN contra Yugoslavia de 1999. En ese año se declaró en Santiago de Chile a favor de no perseguir al criminal Augusto Pinochet.

Está perfectamente ubicado en un campo: el de los explotadores y enemigos del pueblo. Aunque goza de una aureola de santidad y es considerado un dios, no es más que un instrumento eficaz de la contrarrevolución y el imperialismo. Para ser aceptado por sus aliados ha reformado algunas de las tradiciones más horribles y ha adoptado el discurso cínico de los derechos humanos, las autoridades títeres irakíes y otros lacayos de los norteamericanos. Pero el sistema político que representa es una dictadura religiosa en la que no existen derechos políticos para las mujeres ni para nadie que cuestione su autoridad. Por ejemplo, la secta tíbetana de los “shugden” formada por cien mil personas exiliadas en la India que no reconocen dicha autoridad, son sistemáticamente marginadas y perseguidas. Muchos occidentales angustiados y desestabilizados por la sociedad burguesa se sienten ilusamente atraídos por el misticismo lamaísta, lo que redunda en beneficio de los buenos negocios de los tibetanos.

Las autoridades chinas le ofrecen abrir el diálogo a cambio de que él reconozca la pertenencia de Tíbet a la República Popular de China.

Tíbet hoy

En 1980 el secretario general del Partido Comunista de China Hu Yaobang visitó Lasha. En septiembre de 1987 se produjo una insurrección de monjes nacionalistas en la capital tibetana, que asaltaron una comisaría de policía. En 1988 hubo otros estallidos. En la primavera de 1989, en el contexto de un movimiento contrarrevolucionario en toda China apoyado por los imperialistas, se produjo una nueva rebelión en Lasha que condujo a detenciones y a la proclamación de la ley marcial. En 1996 y 1997 estallaron bombas en Lasha. La tragedia que han conocido los pueblos de la antigua URSS, a los que la contrarrevolución capitalista arrebató todas sus conquistas y que han sufrido devastadoras guerras civiles (recordemos las guerras de Chechenia, Moldavia, Georgia, Nagorno-Karabaj…), se pudo evitar en China.

La acusación de que la República Popular de China obliga a la población a restringir su crecimiento demográfico es negada por los dos antropólogos norteamericanos que hemos citado y que realizaron investigaciones en Tíbet en 1985 y 1988 bajo los auspicios de National Geographic. Las mujeres tibetanas no están limitadas a tener un único hijo, como es el caso para la mayoría del pueblo chino.

Tíbet es hoy una Región autónoma del Oeste de la República Popular de China que, como toda la parte occidental del país, tiene un menor desarrollo económico y social en comparación con las provincias de la costa este. El 15 por ciento de la población es pobre pero sólo tres comarcas de la región pertenecen a las 63 más pobres de la República Popular de China. Un Fondo para el Alivio de la Pobreza en Tíbet desarrolla programas anti-pobreza. El gobierno está impulsando el desarrollo capitalista también en dicha región. En 1967 funcionaban en todo Tíbet 67 fábricas y en 1975 250 empresas que producían bienes de consumo básicos: ollas a presión, herramientas, pequeñas plantas eléctricas… En 1993 había 41.830 pequeños negocios. En Lasha funcionan hoy varias fabricas (de cerámica, cemento y cerveza) y numerosos talleres (textiles, muebles, alfombras…). Ahora mismo se construye la vía férrea más alta del mundo que permitirá terminar con el tradicional aislamiento. Hasta el 2020 se prevé incrementar la producción eléctrica tres veces y la industrial 14 veces. Internet permite conectar con el mundo a los habitantes de los valles más apartados, ubicados a 4.500 metros de altura. Los militantes tibetanos del Partido Comunista son promocionados. El 80 por ciento de los cuadros dirigentes son tibetanos y la lengua y cultura tibetana disfruta de protección especial. También se ha impulsado el turismo como fuente de ingresos. Los campesinos tibetanos, liberados de la servidumbre feudal, desarrollan en régimen de contrato familiar, las parcelas de terreno donde explotan agricultura y ganadería.

El Partido Comunista considera, con razón evidente, que el poder religioso debe someterse al poder político y no ser un ariete de la contrarrevolución y la guerra civil, como ha ocurrido en los antiguos países socialistas de los Balcanes, Polonia, el Cáucaso, Afganistán y el centro de Asia. Es por eso que la religión lamaísta es autorizada y respetada, siempre que no se convierta en un foco organizado de lucha contra el sistema político.

En 1999 había 2.632 médicos, 95 hospitales municipales y 770 clínicas. La mortalidad infantil era en 1998 del tres por ciento. La esperanza de vida es de 65 años. Hay un trabajador sanitario por cada 200 habitantes. En 1997 se inauguró un hospital moderno en Lasha. La escolarización de los niños llega al 82 por ciento, y se hace en chino y tibetano. Ciudadanos chinos de la nacionalidad mayoritaria se han instalado en las ciudades de Tíbet y tibetanos emigran a las zonas más desarrolladas en búsqueda de un mayor bienestar económico. Pero el Tíbet no está invadido por dos millones de colonos “han”, como dice la propaganda. Según un censo de octubre de 1995, Tíbet tenía 2.389.000 habitantes de los que sólo el 3,3 por ciento era de origen “han”, menos que en 1990, que era el 3,7 por ciento. En 1949 había un 1 por ciento de “han”. Según un informe del servicio de investigación del Congreso norteamericano la población “han” en Tíbet era en 1989 del 5 por ciento.

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La alianza de la CIA con el Dalai Lama contra China

Sara Flounders

El 14 de agosto de 1999, el Dalai Lama, un figurón religioso del budismo tibetano, se presentó en el Parque Central de Nueva York. Mientras estuvo en esa ciudad, hizo tres presentaciones en el Teatro Beacon y otros eventos en los cuales la gente rica llegó a pagar hasta mil dolares para oírlo hablar. Recibió apoyo oficial, incluyendo importantes artículos de prensa en cada uno de los tres principales diarios y afiches en el Metro con indicaciones para asistir al parque, cortesía de la Jefatura de Tráfico de la Ciudad de Nueva York.

Según el New York Times, cada movimiento del Dalai Lama fue planeado por el Departamento de Estado de Estados Unidos. La policía local bloqueó varias calles. Equipos de televisión de todo el mundo lo siguieron. Y en cada artículo o nota de televisión se planteó el asunto de la independencia de Tíbet de China Popular.

Puerto Rico tiene casi la misma población de Tíbet, y ha sido una colonia gringa desde hace más de cien años. Ha contado con muchos líderes importantes y dinámicos. ¿Por qué no hay películas, afiches y conciertos similares que financien a los líderes independentistas, sólo para dar un ejemplo?

Bandas de rock, estrellas de cine y políticos honran al Dalai Lama y alzan su voz por un Tíbet libre. Esta campaña del Departamento de Estado ha confundido a mucha gente que está profundamente interesada en la libertad para los prisioneros políticos o en asuntos ambientales. Pero bajo una cubierta brillante, esta campaña esconde un tenaz ataque contra la República Popular China y los logros de la revolución china.

El Dalai Lama, con ayuda considerable de los principales medios de comunicación multinacionales, se ha convertido en una figura de culto. Basta preguntarle a cualquier persona informada. Incluso sin saber casi nada de política, dirá que el Dalai Lama es una persona buena, un santo, una fuerza espiritual. Su libro “El Arte de la Felicidad”, escrito junto a Howard C. Cutler, fue promovido hasta llegar a la lista de más vendidos durante 29 semanas.

¿Pero el Dalai Lama es realmente apolítico? Si es así, ¿por qué este santo, que supuestamente no mataría ni a un insecto, apoyó el bombardeo de la OTAN a Yugoeslavia?

La gente interesada por los asuntos sociales debe saber que, al igual que el Papa Wojtyla (alias Juan Pablo II) y otros líderes religiosos conservadores, el Dalai Lama se opone al aborto, a toda forma de control de la natalidad y a la homosexualidad.

El imperialismo gringo tiene mucha experiencia en el uso del sentimiento religioso de millones de personas. La CIA se alió con el Papa, a quien obedecen cientos de millones de católicos romanos, para derrocar el socialismo en Polonia. No debería sorprendernos que el Dalai Lama también sea utilizado por la CIA.

Por otro lado, las figuras religiosas que se oponen a la política de Estados Unidos son satanizadas o se convierten en blanco de asesinatos, desde el Obispo Romero de El Salvador hasta los musulmanes en Líbano y Palestina.

En 1998, Hollywood hizo dos películas importantes sobre el Tíbet. Los estudios de Hollywood aman al Dalai Lama, de quien se nos dice, personifica el espíritu y las aspiraciones del pueblo tibetano. Los ricos conglomerados que ahora controlan Hollywood (Disney y TriStar) apoyan a la organización Tíbet Libre.

Hollywood glorifica a la minúscula clase dominante tibetana y su presunto pasado idílico de la misma forma en que la película Lo que el viento se llevó glorificaba la esclavitud y la clase dominante racista en el antiguo sur de Estados Unidos.

Una de esas películas, Siete Años en el Tíbet, estaba basada en un libro escrito por un nazi austríaco, Heinrich Harrer, quien estuvo involucrado en algunos de los crímenes más brutales de los fascistas en Austria. Harrer llegó al Tíbet durante la Segunda Guerra Mundial en una misión secreta para el imperialismo alemán, que trataba de competir con el imperialismo británico en Asia. Fue aceptado en el círculo de la corte entre la nobleza tibetana.

El imperialismo contra las culturas indígenas

Las sociedades indígenas de Norteamérica, Latinoamérica, África y Australia han sido diezmadas. La rica variedad de sus culturas, música y creencias religiosas ha sido rota, pisoteada y ridiculizada. Los pueblos nativos han sido aplastados por las mismas fuerzas que hoy parecen ser tan respetuosas y reverentes frente a la cultura tibetana.

Tíbet y el budismo tibetano serían de poco interés para el imperialismo gringo o británico si no hubiera sido por la gran revolución china, que barrió con la vieja y corrupta sociedad feudal.

Fue una revolución que incluyó movimientos de masas de millones de campesinos pobres organizados para distribuir la tierra y expulsar a los antiguos terratenientes. Este gran levantamiento social desencadenó la energía creativa y la participación de una cuarta parte de la humanidad. Pero los medios de comunicación occidentales glorifican en cambio al viejo Tíbet.


Para vencer a Chinaa hay que dividirla

Durante más de cien años, las potencias imperialistas de Europa Occidental y Japón se repartieron China en esferas de influencia, así como Europa dividió África en colonias. Washington se opuso a esas áreas especiales de concesión sólo porque quería el acceso a toda China sin restricciones para el comercio gringo.

En el siglo XIX, Gran Bretaña, la potencia dominante, luchó en dos guerras contra la Dinastía Manchú por el derecho a imponer la venta del opio en China. En 1904, Gran Bretaña hizo una invasión militar de gran escala en Tíbet. En el tratado de Lhasa, China fue obligada a garantizarle dos áreas de comercio a Gran Bretaña y a pagar grandes reparaciones militares para cubrir el costo de la guerra británica.

En 1949 el Ejército Rojo estaba acercándose a la derrota final del ejército del Kuomintang, apoyado por Estados Unidos y dirigido por el general Chiang Kai-shek. Entonces Washington maquinó para que Tíbet se uniera a las nuevas Naciones Unidas como país independiente. El esfuerzo fracasó porque el Tíbet había sido considerado como una provincia china por más de 700 años, e incluso el Kuomintang reconoció que China siempre había incluido al Tíbet y la isla de Taiwán.

Hoy día, mientras el imperialismo gringo se vuelve aún más agresivo, se mueve en varios frentes para presionar por la separación del Tíbet, Taiwán y la provincia occidental de Xinjiang de China.

Así como en los Balcanes y en las repúblicas de la antigua Unión Soviética, las fuerzas de las corporaciones gringas apoyan y animan a los movimientos separatistas para dividir y controlar grandes áreas del mundo que antes se habían liberado de la dominación imperialista.

La vida en el viejo Tibet

El Tíbet prerrevolucionario era una región completamente subdesarrollada. No tenía ningún sistema de carreteras. Las únicas ruedas eran las de la oración. Era una teocracia feudal agrícola basada en la servidumbre y la esclavitud.

Más del 90 por ciento de la población eran siervos sin tierra. Estaban atados a la tierra pero no poseían nada. Sus hijos eran registrados en los libros de propiedad del terrateniente.

No había escuelas, aparte de los monasterios feudales donde un puñado de jóvenes estudiaban cantos. La matrícula total en las escuelas privadas antiguas era de 600 estudiantes. No se oyó nunca hablar de educación para las mujeres. No había servicio de salud. No había ni un solo hospital en todo el Tíbet.

Cien familias nobles y los superiores de 100 monasterios grandes, también de las familias gobernantes, eran dueños de todo. El Dalai Lama vivía en el Palacio Potala, de mil habitaciones y 14 pisos. Tradicionalmente era escogido en su juventud de fuera de los círculos gobernantes. Seguía siendo un peón bajo el control de los consejeros de la nobleza.

Para el campesino común, la vida era corta y miserable. Tíbet tenía una de las más altas tasas de tuberculosis y mortalidad infantil en el mundo.

Hoy Tíbet tiene 2.380 escuelas primarias, junto a varias escuelas profesionales, donde la educación se dicta en lenguaje tibetano. Tíbet tiene ahora 2.623 médicos, 95 hospitales municipales y 770 clínicas.

Lucha de clases en el Tíbet

En 1949 la revolución china estableció por primera vez al Tíbet como una región autónoma con muchos más derechos que los que tuvo bajo cualquier gobierno chino anterior. La política del Partido Comunista Chino era esperar a que las condiciones de las clases oprimidas de la población tibetana se desarrollaran para levantarse y derrocar la servidumbre.

La servidumbre sólo fue prohibida en 1959, diez años después de la revolución china. Esto pasó tras un movimiento de masas que aisló a todo el entorno del Dalai Lama.

Es verdad, sin embargo, que los comunistas chinos se opusieron a las costumbres ancestrales del Tíbet.

En primer lugar, el gobierno chino le pagaba sueldos a los tibetanos que trabajaban en un gran programa nacional de construcción de carreteras. Esto desbarató completamente la costumbre de la servidumbre. Antes de eso, un siervo sólo podía sobrevivir trabajando para un terrateniente, no por un sueldo sino por comida.

Incluso aún más revolucionaria fue la política del PCCh de pagar sueldos a los hijos de los siervos y de los antiguos esclavos para que asistieran a la escuela y entregarles libros, comida y vivienda. En las familias desesperadamente pobres, aún los niños pequeños habían tenido que trabajar para la supervivencia de sus familias. Esta política revolucionaria dio ventajas económicas por primera vez a las capas oprimidas de esta sociedad de clases en decadencia.

La CIA moviliza la resistencia de la clase dominante

A comienzos de 1955 la CIA empezó a construir un ejército contrarrevolucionario en el Tíbet, muy parecido a los contras en Nicaragua y, más recientemente, la financiación y entrenamiento del UÇK en Kosovo.

Un artículo de la revista Newsweek del 16 de agosto de 1999, titulado La guerra secreta en el techo del mundo. Fantasmas, monjes y el juego secreto de la CIA en el Tíbet describe detalles de la operación de la CIA entre 1957 y 1965.

De forma parecida, un artículo importante del Chicago Tribune el 25 de enero de 1997 describía el entrenamiento especial de los mercenarios tibetanos en el Campo Hale en las Montañas Rocosas en Colorado en los años 50.

Estos mercenarios eran entonces enviados en paracaídas al Tíbet. Según los famosos Papeles del Pentágono, hubo al menos 700 de esos vuelos en los años 50. Aviones C-130 de la Fuerza Aerea eran usados para enviar municiones y subametralladoras, como ocurrió después en Vietnam. También hubo bases especiales en Guam y Okinawa para entrenar soldados tibetanos.

Gyalo Thundup, el hermano del Dalai Lama, dirigía la operación. Esto difícilmente era un secreto, pues así se hizo famoso.

El artículo del Chicago Tribune se titula “La guerra secreta de la CIA en el Tíbet”. Pero, como el artículo dice, poco acerca de las artimañas de la CIA en los Himalayas es realmente secreto, excepto quizás para los contribuyentes de Estados Unidos que la financiaron.

La CIA le dio una asignación especial al Dalai Lama en los años 60 de 180.000 dólares anuales, una pequeña fortuna en Nepal, donde había organizado un ejército y su gobierno virtual en el exilio. Washington también montó emisoras especiales dirigidas al Tíbet y presentando al Dalai Lama como un dios-rey.

Ralph McGehee, que ha escrito varios informes sobre las operaciones de la CIA y tiene un sitio web, describió con algún detalle como la compañía promovió al Dalai Lama. La Fundación Nacional para la Democracia, de la CIA, aportó dinero para el Fondo Tíbet, Voz del Tíbet y la Campaña Internacional por el Tíbet.