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La nueva ‘ruta de la seda’ que une China, Irán y Rusia tiene una carácter estratégico

Los lazos económicos, políticos y militares que se desarrollan entre Irán, China y Rusia, forman lo que yo considero un emergente triángulo de oro en Eurasia, que busca penetrar en regiones aisladas. Esto sucede mientras que parece que la estrategia geopolítica de Estados Unidos bajo la perspectiva de una administración Trump es el alejamiento de Washington de Irán y China, haciendo así resaltar un posible relajamiento del enfrentamiento entre Washington y Moscú.

La geopolítica clásica, al estilo de Halford Mackinder o de Kissinger, buscaba evitar una guerra en dos frentes que estaba a punto de volverse contra un Washington aferrado a su intento de modificar el equilibrio entre las potencias. Por el momento, la dinámica de una cooperación mas estrecha, iniciada en estos últimos años, entre los tres Estados pivotes del corazón euroasiático, entra en una fase de profundización estratégica. La última señal de ello es la visita del ministro chino de Defensa y de altos responsables rusos a Teherán.

El 15 y 16 de noviembre en Teherán, durante el encuentro de alto nivel entre el ministro chino de Defensa, general Chang Wanquan y el presidente iraní Hassan Ruhani, acompañado del ministro iraní de Defensa Hossein Dehghan, los dos principales países euroasiáticos han firmado un acuerdo de refuerzo de su cooperación militar. El acuerdo prevé la intensificación de la formación militar bilateral y una cooperación mas estrecha respecto a lo que Irán considera cuestiones de seguridad regional, con el terrorismo y Siria a la cabeza de la lista. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, general en jefe Mohammad Baqeri, ha declarado que Irán está dispuesto a compartir con China sus experiencias en la lucha contra los grupos terroristas en Irak y en Siria. Dehghan ha añadido que ese acuerdo representa un “refuerzo de la cooperación militar y de defensa a largo plazo con China”.

En estas últimas semanas China se ha comprometido directamente, uniéndose a Rusia, con Irán y a la demanda del gobierno del presidente sirio Bashar Al-Assad, en la guerra contra el Califato Islámico y otros grupos terroristas, incluyendo el Frente Al-Qaeda/Al Nosra y sus numerosos asociados. El acuerdo formal con Teherán, que goza de mucha experiencia práctica en la lucha en Siria, representa una clara profundización en las relaciones bilaterales sirio-iraníes.

Mientras China e Irán se reunían en Teherán, Viktor Ozerov, jefe del comité de Defensa y Seguridad del Consejo de la Federación Rusa, la cámara alta del Parlamento, también estaba en Teherán. Allí declaró a RIA-Novosti que Rusia e Irán estaban en tratos para una venta de armas por un importe de alrededor de 10.000 millones de dólares. Rusia entregaría carros T-90, sistemas de artillería, aviones y helicópteros a Irán.

En resumen, tenemos una intensificación de los lazos de defensa militar entre los tres puntos del triángulo euroasiático emergente. Esto tendrá enormes consecuencias no solamente para la estabilización de la situación en Siria, Irak y Medio Oriente. También dará igualmente un impulso a las relaciones económicas emergentes entre las tres grandes potencias del “Heartland” euroasiático.

El padre de la geopolítica británica Halford J. Makinder ha calificado a menudo a Rusia de potencia del “Heartland” y hacia el fin de su vida, en un artículo de 1943 en Foreign Affairs (publicación del New York Council on Foreign Relations), sugirió que China podría también jugar el mismo papel geográfico y político que Rusia, en tanto que potencia en el corazón de Eurasia.

Hoy, dado el enorme crecimiento desde 1943 de la importancia de los países petrolíferos y gasísticos del Golfo Pérsico para la economía mundial, el acercamiento de Irán a China y Rusia está dando forma a una nueva potencia del “Heartland Power”, empleando el vocabulario de Mackinder.

El elemento nuevo desde 2013 es la iniciativa del presidente chino Xi Jinping de atravesar el conjunto de Eurasia e incluso del sur de Asia por lo que denomina “Un cinturón, una carretera”. Rusia ha aceptado oficialmente colaborar con China en este vasto proyecto de infraestructuras por valor de muchos miles de millones de dólares, para enlazar los mercados emergentes de Asia central a Irán, y potencialmente a Turquía, gracias a una red ferroviaria de trenes de alta velocidad e infraestructuras portuarias conectadas que, de aquí a finales del decenio, comenzarán a transformar el valor económico del conjunto de Eurasia.

El comercio entre Irán y China

A pesar de las duras sanciones europeas y norteamericanas contra Irán el comercio chino-iraní había comenzado a aumentar, antes incluso de que el acuerdo nuclear de 2015 levantara ciertas sanciones. El comercio bilateral ha pasado de 400 millones de dólares en 1989 a cerca de 52.000 millones en 2014. La Cámara de Comercio e Industria China-Irán ha pasado de 65 miembros en 2001 a 6.000 hoy, lo que es prueba de la intensidad de la cooperación económica.

Desde el levantamiento de las sanciones en enero de 2016, el presidente chino Xi Jinping ha estado presente en Teherán, en donde los dos países han firmado importantes acuerdos económicos. Tras las conversaciones del 23 de enero, el presidente iraní Ruhani ha anunciado que “Irán y China han acordado aumentar sus intercambios comerciales hasta los 600.000 millones de dólares durante los diez próximo años”, añadiendo que los dos países “han convenido establecer relaciones estratégicas como, refleja un completo documento de prospectiva de los próximos 25 años”. Además Irán ha aceptado la cooperación en el campo de la energía nuclear y ha participado oficialmente en la conferencia auspiciada por China “Un cinturón, una carretera”, proyecto al que Rusia y los países de la Unión Económica Euroasiática han aceptado ya formalmente unirse en 2015.

Irán, un nexo clave

El proyecto chino “Un cinturón, una carretera”, a veces también denominado la “Nueva Ruta de la Seda”, es un brillante proyecto geopolítico, económico, militar y cultural. Permitirá a los países miembros estar mucho más protegidos contra el poder naval de los Estados Unidos, que puede bloquear el comercio marítimo de mercancías vitales procedentes de Europa o de Medio Oriente, y que deben atravesar el estrecho de Malaca, patrullado por Estados Unidos. En tanto que Washington y Bruselas imponen sanciones económicas al comercio ruso con Europa, la crisis ucraniana ha obligado a Rusia a un serio “giro hacia el este”, sobre todo hacia China.

Lo que ha surgido después del golpe de Estado ucraniano de 2014 impulsado por Estados Unidos para enfrentarse a Rusia es una cooperación estratégica entre las tres grandes potencias, Irán, China y Rusia; exactamente lo que Zbigniew Brezezinski describía en su libro de 1997 “El gran tablero”, como representación del mayor desafío geopolítico al que deberá enfrentarse la supremacía “excepcionalista” estadounidense, tras la destrucción de la Unión Soviética por parte de Washington entre 1989 y 1991.

Brezezinski declaraba en aquel entonces que “la manera en que Estados Unidos gestione Eurasia es crítica. Una potencia que domine Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente productivas del mundo. Una simple ojeada al mapa sugiere también que el control sobre Eurasia supondría casi automáticamente la subordinación de África, haciendo el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos al continente central del mundo. Cerca del 75% de la población mundial vive en Eurasia, y la mayor parte de la riqueza física mundial está también allí, tanto en sus empresas como bajo su suelo. Eurasia representa alrededor de las tres cuartas partes de los recursos energéticos mundiales conocidos”.

Irán es estratégico para la cohesión euroasiática, en el marco de los avances de la infraestructura “Un cinturón, una carretera” china. No solamente es China un importante comprador de petróleo iraní, su mayor cliente. Irán es igualmente vital para el proyecto chino de crear centros manufactureros y logísticos totalmente nuevos o nudos estratégicos en Asia central y en Europa. Y, como subraya el consultor estratégico indio Debalina Ghoshal, China “tiene un vivo interés por el emplazamiento geoestratégico de Irán, bordeando a la vez el Mar Caspio y el Golfo Pérsico. El emplazamiento permite China realizar su programa ‘Un cinturón, una carretera’”.

Irán está ligado ya en parte a una sección completada recientemente de este proyecto, en China. Desde 2015, el transporte ferroviario ha comenzado a circular por las nuevas vías entre Zhanaozen-Gyzylgaya-Bereket-Kyzyl Atrek a Gorgan, terminado en diciembre de 2014, en un período de apenas cinco años.

La central ferroviaria de Turkmenbashi

Esta línea ferroviaria une Irán con China, mediante la línea férrea que atraviesa el Turkmenistán y Kazajstán, miembro fundador del proyecto desde que Xi Jinping la inauguró, durante una visita en 2013. La nueva unión ferroviaria, conocida bajo el nombre de Transnational Rail Corridor, une Irán al Kazajstán a través del Turkmenistán y a la frontera con China. La nueva línea ferroviaria se extiende sobre 908 kilómetros, arrancando de Uzen en el Kazajstán (120 Km.) pasando por Gyzylgaya-Bereket-Etrek, en el Turkmenistán (700 kilómetros) y finalizando en Goran (Irán), (88 Km.). Gracias a este nuevo enlace ferroviario, el tráfico de mercancías pasa del camión al rail, porque la línea une todos los puertos y terminales claves de toda la región del Mar Caspio.

El ferrocarril entre Uzen y Gorgan, recientemente terminado dentro del marco del proyecto “Un cinturón, una carretera” transforma la importancia económica de una parte entera de Asia central. Transformará toda la importancia económica de esa vasta región. Bereket, en el Turkmenistán, en el centro de la existente línea transcaspiana, que une Turkmenbashi en el Mar Caspio con Uzbekistán, Kazajstán oriental y China, se convertirá en sede un gran centro de mantenimiento de locomotoras, con una terminal ultramoderna que hará de ello un importante centro de tránsito.

Por otro lado, el gobierno turkmeno está construyendo un gran puerto en Turkmenbashi, que permitiría nuevos enlaces comerciales potentes con la Federación Rusa, por vía marítima. La unión ferroviaria con Gorgan en Irán está ya conectada con la red ferroviaria nacional iraní y permitirá así el transporte ferroviario entre China, Asia central y el Golfo Pérsico. Se reduce así el itinerario de 400 kilómetros, y reduce el tiempo de transporte más o menos a la mitad, pasando de los actuales 45-60 días a unos 25-30. Es un enorme avance económico.

Del Mar Caspio al Golfo Pérsico

Desde abril de este año, Moscú y Teherán se han comprometido en discusiones sobre la construcción de un canal marítimo que una el Mar Caspio con el Golfo Pérsico a través de Irán. Rusia Azerbaiyán e Irán también han aceptado acelerar las conversaciones sobre un corredor de transporte Norte-Sur, que en parte iría a lo largo de la costa occidental del Mar Caspio desde Rusia hacia Irán, por Azerbaiyán. Ese corredor Norte-Sur, una vez terminado, reducirá el tiempo de transporte desde India a Asia Central y Rusia, unos 40 días para unir Mumbai, en la India hasta Moscú, en 14 días, bordeando el congestionado y costoso Canal de Suez.

Por todos los puntos que recorramos en Eurasia, desde el Golfo Pérsico y el Mar Caspio a Rusia, a Kazajstán, a Turkmenistán y a China, se desarrolla un proceso en curso, por primera vez desde la época de la original Ruta de la Seda, hace mas de dos mil años. Se construye un nuevo espacio económico, el “Heartland” euroasiático. Si el gobierno turco se une sin reservas a este proyecto, el potencial de una transformación euroasiática se haría enorme. Queda por ver lo que los Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, hagan o no hagan para intentar destruir este bello edificio euroasiático.

Si es tan sabio como sus promesas, tendrá que reconocer que este tipo de desarrollo es el único porvenir para los Estados Unidos que no supone quiebra, depresión económica o guerras de destrucción. De cualquier forma, y cada vez, el resto del mundo parece decidido a avanzar sin la “única superpotencia”.

—http://journal-neo.org/2016/11/21/the-iran-russia-china-strategic-triangle/

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Atentado en China contra una sede del Partido Comunista

Una sede del Partido Comunista ha sido objetivo de un atentado terrorista en la región autónoma de Xinjiang, China, provocando la muerte de cinco personas e hiriendo a otras tres. Los atacantes fueron eliminados por la policía.

El atentado parece obra de los yihadistas uigures, un movimiento promovido por el imperialismo que aboga por la independencia del Turkestán chino.

En los últimos años, las provocaciones contra China han aumentado significativamente. Después de la grave situación vivida en Hong Kong con los escándalos de la oposición, que fue aplacada con la intermediación de los servicios de inteligencia chinos, se activó una intensificación de la situación en Taiwán. Sin embargo, sin apoyo externo, Taiwán no representa un factor de desestabilización grave. Tal vez por eso ahora han reactivado a los uigures.

El 29 de agosto se produjo un atentado suicida con coche bomba contra la embajada china en Bishkek, capital de Kirguistán, provocando heridas en al menos tres empleados del complejo y la muerte del propio conductor. El kamikaze embistió las puertas de la embajada china con un vehículo cargado de explosivos.

Xinjiang ha sucedido al Tibet en los planes de desestabilización de China. Desde la celebración de las Olimpiadas, los yihadistas uigures vienen lanzando una serie de ataques contra la población civil, especialmente el estallido de varias bombas en un mercado callejero de Urumqi, capital de la región.

Desde 2014, docenas de personas han muerto y varios cientos han sido detenidos en China acusados de terrorismo. La policía calcula que miles de yihadistas uigures están combatiendo en Siria en las filas del Califato Islámico.

El año pasado Kirguistán también llevó a cabo numerosas operaciones antiterroristas en Bishkek y uno de los tres autores del atentado contra el aeropuerto de Estambul, que dejó 44 muertos y 240 heridos, procedía de Kirguistán.

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China pisa el acelerador en la tecnología aeronaval

En un severo editorial, la semana pasada el diario Global Times advirtió a Trump que China acumula suficiente potencia militar en el estrecho de Formosa como para “tratar” la amenaza americana y que cada cual interprete la palabra “tratar” con la intensidad que tenga por conveniente.

Era la respuesta del gobierno de Pekín a las provocaciones con las que Trump ha iniciado su andadura en Washington. China recuerda que su unidad nacional no es negociable y que no admitirá ninguna forma de compadreo de Estados Unidos en Taiwan.

Como por casualidad, ayer la fuerza aeronaval china comenzó sus primeros ejercicios con munición real. Las fotografías que se tomaron durante las maniobras, especialmente del caza Shenyang J-15, han llegado a los medios para que el Pentágono las eche un vistazo y no necesitan mayores comentarios.

Con la típica chulería gringa, propia de matones de barrio, Obama ha dicho que Rusia y China son “pequeños países que no producen gran cosa y no innovan nada”. Seguro que eso es para el consumo interno de la propaganda. El caza chino J-15 es un derivado de la tecnología aeronáutica rusa y en el Pentágono los analistas consideran que es muy inferior al F/A 18 Hornet de su cosecha.

A pesar de todo, en el Pentágono se toman este tipo de avances mucho más en serio y sobre todo no están seguros de que lo que muestran las fotografías en las rampas de lanzamiento del portaviones sean todas las sorpresas que les depara la tecnología militar china.

Es posible que haya más cosas que no saben, que sospechan o que sólo están en los planos. El gobierno de Pekín acaba de aprobar la construcción de cinco nuevos grupos de combate. China ya no tiene defensa posible en su propio continente. Para salir adelante necesita superar el enorme retraso aeronaval en las costas del Pacífico.

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China e Irán se convierten en los próximos objetivos de los ataques del imperialismo estadounidense

Zarif, ministro iraní de Asuntos Exteriores
La política exterior de Estados Unidos en el Pacífico siempre ha sido la clave de bóveda de toda su política exterior y, por lo tanto, sirve para medir la dosis de cambios que Trump va a poner en marcha. Hasta ahora ha anunciado que no ratificará el Tratado Trans-Pacífico que, como ya hemos expuesto, se puede interpretar de varias formas posibles.

En todas esas distintas interpretaciones está presente China y la segunda acción de Trump, su contacto con el gobierno de Taipeh, lo ha vuelto a poner de manifiesto. Es una provocación directamente enfilada contra el gobierno de Pekín, que ya se ha puesto en marcha para contrarestar la política de Trump en Extremo Oriente, que se encamina hacia una desestabilización parecida a la de Oriente Medio.

La primera reacción de China ha sido ratificar el bloque con Rusia e Irán, votando contra la propuesta española en el Consejo de Seguridad de la ONU para imponer un alto el fuego en Alepo que impida la derrota de las fuerzas yihadistas.

La segunda ha sido una decidida declaración de apoyo a Irán en contra de Estados Unidos emitida ayer por el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi: los cambios internos -ha dicho- no deben afectar a los acuerdos externos, en referencia a la discusión en el Senado de Estados Unidos de un nuevo paquete de sanciones contra el gobierno de Teherán.

Como es habitual, Estados Unidos no tiene en cuenta que en el acuerdo nuclear con Irán intervienen otras potencias, auténticos convidados de piedra. Su papel de garantes tenía por objeto -unico y exclusivo- vigilar a Irán, dejando a Estados Unidos con las manos libres.

El homólogo iraní, Mohammad Javad Zarif, estaba presente en Pekín en ese momento, por lo que la indirecta del gobierno chino no lo parecía tanto. Sin embargo, los más retorcidos, como nosotros, leemos entre líneas y sospechamos que es posible que Wang Yi aludiera al propio Tratado Trans-Pacífico para decirles a los vecinos asiáticos que Estados Unidos no es un aliado fiable, que sus decisiones dependen del inquilino de la Casa Blanca.

Por su parte, el iraní habló claro, una vez más porque Estados Unidos no le deja otra opción. Después de afirmar que Irán tiene el mismo punto de vista que China, Zarif aseguró que ellos no pueden admitir una violación unilateral del acuerdo nuclear. “Pero si una parte lo hace, Irán tiene sus propias opciones”, advirtió.

Desde la “revolución verde” de 1979, Irán ha venido manteniendo el mismo planteamiento erróneo que Rusia desde los tiempos de la URSS: siempre han creído que haciendo concesiones a Estados Unidos podían calmar su voracidad. El gobierno de Irán depuso a Ajmadineyad, un “duro”, para lograr el acuerdo nuclear y salir del ostracismo y el bloqueo.

No ha servido para nada; el Senado ha aprobado otro paquete de sanciones que durarán otros 10 años y Trump está dispuesto a ceder en Siria sólo para apretar las clavijas en Irán aún más.

En Teherán los distintos gobiernos han ido tejiendo pacientemente un largo recorrido lleno de concesiones para acabar en el mismo punto en el que habían empezado. Sus esfuerzos no han servido para nada.

Más información:
– Trump no basculará la política exterior de Estados Unidos hacia el Pacífico
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El primer atentado contra Duterte es un aviso para navegantes

Rodrigo Duterte, Presidente de Filipinas
Como ya anunciamos hace ya un mes, el Presidente de Filipinas Rodrigo Duterte es carne de atentado a causa del cambio en el rumbo de la política exterior que ha anunciado. El miércoles se produjo una explosión, la primera, para tratar de acabar con su vida. En la explosión 9 personas resultaron heridas, 7 escoltas de Duterte y 2 soldados. Los primeros indicios apuntan a que los autores forman parte de Maute, un grupo islamista afiliado al Califato Islámico.

La explosión se produjo en el sur del país, cuando pasaba por las cercanías un camión portando a la escolta del Presidente que preparaba la visita del nuevo dirigente del país. El equipo de seguridad aconsejó al Duterte que no se acercara al lugar de la explosión, pero el Presidente no quiso posponer su viaje.

La región sur es el campo de operaciones de la guerrilla Maute, contra la que la policia desató una redada deteniendo a 300 personas en la ciudad de Butig, en Lanao del sur. El lugar fue liberado en febrero por el ejército, después de haber caído en poder del movimiento islamista.

Otras fuentes aseguraron que tras el atentado el ejército había dado muerte entre 19 y 35 miembros de dicha organización.

El lunes se produjo otra explosisión en pleno centro de Manila, a unos 200 metros de la embajada de Estados Unidos, lo que ha conducido a Duterte a declarar el estado de urgencia en todo el país.

El grupo Maute es uno de los que se han alzado en armas en la isla de Mindanao y el sur de Filipinas donde la mayor parte de la población es islamista.

Recién elegido Presidente, Duterte ha anunciado que Filipinas ha dejado de ser un vasallo fiel de Estados Unidos y ha iniciado un acercamiento a China.

Más información:
– Filipinas revisa su alianza con Estados Unidos y bascula hacia China

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China toma el relevo de Estados Unidos en el comercio mundial

Ariel Noyola Rodríguez

La batalla por el dominio del comercio mundial se está inclinando a favor China. Frente a las amenazas de Donald Trump de imponer barreras arancelarias y desechar los acuerdos de libre comercio como el TPP, Pekín está tejiendo alianzas con varios de los principales socios comerciales de Washington. Durante la XXIV cumbre del APEC se puso en evidencia que la muerte inminente del TPP se ha convertido en una excelente oportunidad para China que, de manera sorpresiva, propuso a los países que firmaron el TPP en febrero de este año la construcción de un gran acuerdo de libre comercio pero sin Estados Unidos.

La influencia de Estados Unidos en el comercio mundial está diluyéndose. Horas después de la victoria electoral de Donald Trump sobre Hillary Clinton, el equipo del presidente Barack Obama sorprendió a propios y extraños al abandonar, de forma súbita, la intensa campaña de cabildeo que venía realizando en el Congreso para conseguir la ratificación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

La muerte del TPP es inminente. Según sus cláusulas, para entrar en vigor es necesaria la aprobación legislativa de por lo menos seis países y, en paralelo, estos deben sumar el 85 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de los 12 integrantes. La economía estadounidense por sí sola representa más del 60 por ciento. Por lo tanto, una vez que Obama ha dejado el TPP a disposición de Trump, es prácticamente un hecho que será sepultado por el próximo Congreso estadounidense.

Michael Froman, representante de Comercio de Estados Unidos, ya había advertido en julio de este año que si los legisladores de su país no lograban ratificar el TPP, entonces las “llaves del castillo” de la globalización comercial pasarían a manos de China. Fueron las palabras de un profeta. Las aspiraciones imperiales de Obama han fracasado. Estados Unidos ya no seguirá dictando las reglas del juego.

En la actualidad, el grueso de los intercambios comerciales está concentrado en el Continente asiático, con China a la cabeza. Los líderes de Pekín vienen trabajando desde hace tiempo en diversas iniciativas de libre comercio de carácter multilateral con vistas a consolidar su influencia en los ámbitos regional y mundial: la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) y el Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico (FTAAP, por sus siglas en inglés).

Durante la XXIV cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), llevada a cabo en Lima (Perú), el presidente de China, Xi Jinping, propuso a los países firmantes del TPP, tanto de América Latina (Chile, México y Perú) como de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), sumarse a los acuerdos de libre comercio impulsados por su Gobierno y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean, por sus siglas en inglés). Pero, ¿cuál de las dos iniciativas de libre comercio promovidas por China tiene realmente posibilidades de suplantar al TPP?

Para Pekín será muy complicado poner en funcionamiento el FTAAP, que incluye a Estados Unidos; pues si hasta la fecha Donald Trump se ha opuesto tajantemente al TPP, es evidente que jamás brindará su apoyo a una iniciativa de libre comercio liderada por China. Recordemos además que la globalización del comercio encabezada por Pekín seguirá su curso, con o sin el respaldo de WashingtonTrump ha prometido a sus electores abandonar y, en el mejor de los casos, renegociar, los acuerdos de libre comercio que Estados Unidos ha firmado durante las últimas décadas. En su opinión, acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) son un desastre.

Bajo este escenario, China busca sumar a su causa a los principales socios comerciales de Estados Unidos bajo el compromiso de que seguirá incentivando la libre circulación de mercancías. Desde mi punto de vista, la RCEP es la iniciativa de libre comercio que brinda a China la oportunidad de llenar el vacío que Washington dejó en el TPP. “China debe establecer un nuevo acuerdo que responda a las expectativas de la industria y mantenga el impulso para el establecimiento de una zona de libre comercio”, sentenció a principios de noviembre Li Baodong, viceministro de Relaciones Exteriores del gigante asiático.

La RCEP está integrada por todos los países miembros del TPP, a excepción de Canadá, Chile, México, Perú y, por supuesto, Estados Unidos. Con un total de más de 3.000 millones de habitantes, la RCEP incluye además a otros países asiáticos con gran dinamismo económico: Camboya, China, Corea del Sur, India, Indonesia, Filipinas, Laos, Myanmar y Tailandia. Surge entonces la interrogante de si la RCEP sería una especie de TPP ampliado, y con China reemplazando a Estados Unidos. No precisamente.

Los alcances de la RCEP no son los mismos que los del TPP. Hasta el momento, los objetivos de la RCEP están limitados a la eliminación de barreras arancelarias. El TPP, en cambio, es mucho más que un acuerdo de libre comercio, pues entre otras cosas, pone a disposición de las grandes corporaciones los derechos sobre la propiedad intelectual, amenaza la protección del medio ambiente, atenta contra los derechos de los trabajadores y, por si fuera poco, deja en manos de tribunales internacionales la solución de controversias entre Gobiernos y empresas.

Por eso varios mandatarios ven con buenos ojos el ‘plan B’ sugerido por los chinos. Entre ellos, el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quien considera que un acuerdo de libre comercio alternativo al TPP es por demás necesario. Aunque los países de la Alianza del Pacífico (integrada por los tres miembros del TPP de origen latinoamericano, más Colombia) están interesados en seguir manteniendo excelentes relaciones con Estados Unidos, al mismo tiempo varios de ellos quieren construir acuerdos con China y Rusia.

Sin lugar a dudas, la incertidumbre política que aqueja a Estados Unidos desde las elecciones celebradas el pasado 8 de noviembre está siendo aprovechada magistralmente por el dragón chino. Frente a las amenazas de Trump de inaugurar una nueva era de proteccionismo, la respuesta de Xi está cargada de contundencia: la globalización del comercio encabezada por Pekín seguirá su curso, con o sin el respaldo de Washington.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/china-toma-el-relevo-de-ee-uu-ante-la-muerte-inminente-del-tpp/5558564
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Trump no basculará la política exterior de Estados Unidos hacia el Pacífico

Todo se acelera. En una declaración de tres minutos emitida por vídeo el 21 de noviembre, Trump ha anunciado que renunciaba a la firma del Tratado Trans Pacífico redactado el año pasado con 12 países de Extremo Oriente (Japón, Vietnam, Malasia, Singapur, Brunei, Australia, Nueva Zelandia, Canadá, México, Perú y Chile, además de Estados Unidos), del que China estaba expresamente excluida.

Aunque ya lo advirtió durante su campaña electoral, es difícil adivinar el alcance de esta declaración de Trump. Caben varias interpretaciones posibles. La primera es la de quienes ven el final de eso que han venido llamando “globalización” y “neoliberalismo” en favor de nuevas políticas económicas “nacionalistas” o incluso “proteccionistas”, el retorno de los aranceles, los déficits públicos y otras medidas características de la posguerra.

La segunda es muy poco más amplia y supone que Trump hará extensiva a China la nueva política de entendimiento de quiere poner en práctica con Rusia, lo cual sería una buena sopresa porque, según los términos de lo que hemos escuchado durante la campaña electoral, la oferta iba dirigida sólo a Moscú, dejando al margen tanto a los chinos como a los iraníes, quizá con la pretensión implícita de romper al bloque que estos tres países han formado.

La tercera es más amplia todavía y asegura que Trump liquidará el intento de de Obama, Clinton y ciertos sectores del partido demócrata de volcar la política exterior de Estados Unidos en el Pacífico. Además de impulsar las exportaciones de Estados Unidos, el Tratado debía fortalecer la hegemonía de Washington en Asia y el Pacífico. La agencia oficial de noticas china Xinhua lo describió como el “brazo económico de la estrategia geopolítica de la administración Obama para garantizar el dominio de Washington en la región”. Más claro, agua.

En cualquier caso, también aquí Obama va a salir de la Casa Blanca con el rabo entre las piernas como uno de los presidentes más torpes de Estados Unidos que se recuerdan.

Hay que poner de manifiesto que, cualquiera que sea el alcance de la declaración de Trump, su política no es exclusiva, ya que el demócrata Bernie Sanders, la “extrema izquierda” de la campaña electoral, proponía lo mismo. Es otra muestra de las profundas fallas que muestra el imperialismo estadounidense, metido en un verdadero atolladero al que no encuentra salida, como muestran las deserciones de algunos aliados tradicionales, como Filipinas y Malasia.

Frente al plan estadounidense, China ha impulsado un acuerdo de asociación económica integral más amplia de 16 países que incluye a India. Con Estados Unidos al margen, es el momento de arrojarse en los brazos de China. Tanto la CNN como la BBC se muerden las uñas. “China gana si Trump saca a Estados Unidos del Tratado”, titulan los unos. “No hay duda del regocijo del gobierno chino ante los planes del presidente electo”, dicen los otros.

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Rusia y China han llegado a Siria para quedarse

La Armada rusa en Tartus
La semana pasada el viceprimer ministro ruso Dimitri Rogozin y el viceministro de Defensa, Anatoli Antonov, se entrevistaron en Damasco con el Presidente sirio Bashar Al-Assad para reforzar el apoyo económico ruso a la guerra con la apertura de un fondo de 5.000 millones de dólares, de los que la mitad se consagrarán a la modernización del puerto de Tartus.

Desde 1977 Rusia tiene una base naval en aquel puerto del Mediterráneo oriental dedicada al mantenimiento técnico de los buques de su Armada. Hasta ahora era su único punto de apoyo logístico fuera de sus fronteras. El servicio naval lo mantiene personal que, casi en su integridad, es civil.

Al tiempo que los ministros rusos viajaban a Damasco, la Duma aprobó un acuerdo con Siria para el despliegue de las fuerzas aéreas rusas en la base aérea de Hmeimim, en la provincial de Lataquia. Además, Rusia ha desplegado sistemás antiaéreos de defensa SS-300 para garantizar la defensa de sus tropas en Tartus frente a posibles ataques en la toda la franja costera de Siria.

El acuerdo permitirá también la instalación de una zona portuaria militar para la Armada china. Los primeros trabajos comenzaron el octubre del año pasado. El gobierno de Pekín está empeñado en un ambicioso proyecto para salir al mar. En Grecia ya administra el puerto de El Pireo, uno de los más importantes del mundo, y tiene la vista puesta en crear grandes infraestructuras portuarias en Argelia.

En resumen: Rusia y China han llegado a Oriente Medio para quedarse y las potencias imperialistas se lo han servido en bandeja. Obama, Cameron y Hollande no lo podían haber hecho peor. El Mediterráneo vuelve a formar parte de la milenaria Ruta de la Seda, pero ya no necesitamos viajar a oriente en incómodas caravanas: ellos se acercan hasta nosotros.

Pero no todo es geoestrategia. Uno de sus objetivos son los 3.500 yihadistas uigures que combaten en Alepo, Idlib y Jir El-Chujur con falsos pasaportes… turcos, vía Tailandia y Malasia (*). Otras fuentes elevan la cifra de uigures chinos hasta los 50.000 porque cuentan también a los familiares de los combatientes. En efecto, a diferencia de otros mercenarios extranjeros, los uigures chinos se han desplazado hasta los frentes de Siria con todos sus familiares, incluidos niños y ancianos, por lo que no pueden vivir en campamentos.

El llamado “Partido Islámico de Turkestán” que agrupa a estos uigures es desde 2001 una filial de Al-Qaeda. En sus vídeos de propaganda muestran la destrucción de iglesias cristianas en Idlib, en las que han colocado las banderas de su partido como símbolo del triunfo de su lucha. La mayor parte de ellos se ha instalado en Az-Zanbaqi, en la provincia de Idlib, de la que algunos yihadistas burlan llamándola “Chinatown”. De donde han desplazado a la población local para ocupar sus viviendas y sus escuelas. Las únicas asignaturas que en ellas imparten a los niños son el Corán y el adiestramiento militar.

Cada mes llega puntualmente el dinero a cada una de esas familias uigures procedente de Arabia saudí y Qatar.

(*) http://chinamatters.blogspot.com/2015/07/turkey-plays-uyghur-card.html
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‘China sustituirá a Rusia como principal enemigo de Estados Unidos’

A pesar de que queden dos meses para el cambio oficial de administración en Washington, las capitales de todo el mundo ya han comenzado a prepararse para la llegada del nuevo dirigente estadounidense. Uno de los primeros en felicitar a Donald Trump fue Vladimir Putin. Los políticos de Moscú no han ocultado su satisfacción con el próximo cambio de gobierno en la Casa Blanca.

La reacción de Pekín ha sido bastante más contenida. Lu Kang, representante oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular, expresó su deseo de que el nuevo gobierno de Estados Unidos “contemple de forma objetiva las relaciones económicas y comerciales” entre los dos países.

Las declaraciones del diplomático eran la respuesta a la solicitud de unos periodistas de que Pekín aclarara su postura respecto a las duras declaraciones de Trump durante su campaña electoral. Según el nuevo presidente estadounidense, Pekín se beneficia mucho más de las relaciones comerciales que Washington. Trump ha dado a entender en numerosas ocasiones que en caso de ser elegido presidente planeaba cambiar esta situación de forma radical para defender los intereses de las empresas estadounidenses.

“Si las relaciones no fueran favorables para los pueblos de ambos países, sería imposible haber alcanzado un nivel semejante de desarrollo comercial. Por esta razón, la cooperación económica y comercial entre China y Estados Unidos es mutuamente beneficiosa”, comenta Kang desmintiendo estas acusaciones.

El diplomático chino recordaba que el volumen del intercambio comercial el año pasado superó la astronómica cifra de los 560.000 millones de dólares.

Pekín espera que Trump también manifieste una postura clara sobre algunos problemas más sensibles de las relaciones bilaterales que afectan a cuestiones de seguridad, según Kang. Entre ellos figura el despliegue del sistema THAAD del escudo antimisiles estadounidense en Corea del Sur o las disputas territoriales en el mar de la China Meridional.

Según los expertos, la elección de Donald Trump para Rusia significa una oportunidad para dejar de ser considerada en Estados Unidos como el principal enemigo en potencia.

“En China existe realmente el temor de que las relaciones entre Washington y Pekín empeoren con Donald Trump, y esta teoría está completamente justificada, aunque por ahora no se puede decir que este escenario sea inevitable”, declara el jefe de investigación del Instituto del Extremo Oriente de la Academia Rusa de Ciencias, Alexander Lomanov.

Según el experto, ya durante el gobierno de Barack Obama en las relaciones entre ambos países han surgido numerosas diferencias políticas, sobre todo en relación a la  situación en el mar de la China Meridional y con la tensa situación que se vive en Hong Kong, entre otros factores.

El experto del Consejo Ruso para los Asuntos Internacionales Maksim Suchkov asegura que Moscú está interesada en que tras el cambio de administración en la Casa Blanca en Estados Unidos se forme “un nuevo sistema de prioridades en el ámbito de la seguridad nacional en el que Rusia no sea la principal amenaza”.

Esta idea la comparte el director del centro Rusia-Oriente-Occidente, Vladimir Sotnikov. “Recuerden que según Barack Obama, la lista de los principales enemigos de Estados Unidos estaba formada por Rusia, el Estado Islámico y la fiebre del ébola. El presidente Trump no utilizará este enfoque. Es un hombre más pragmático, no un ideólogo, y es consciente de que Rusia no supone una amenaza para los intereses de vital importancia de Estados Unidos. Y estos intereses de vital importancia no se encuentran en el espacio postsoviético, no están en Ucrania, sino en otras regiones del planeta. Esto significa que se abrirá una vía para el diálogo con Moscú y para determinados cambios en materia geopolítica que una administración demócrata en la Casa Blanca nunca aceptaría”, comenta Sotnikov.

Fuente: http://www.kommersant.ru/doc/3138284
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También Malasia abandona a Estados Unidos y bascula hacia China

Najib Razak, Primer Ministro de Malasia
No sólo Filipinas; también Malasia se decanta por una alianza estratégica con China, abandonando a sus tradicionales padrinos de Washington, que pierde posiciones alarmantemente en una región clave para el comercio marítimo en el Extremo Oriente. Los imperialistas van de fracaso en fracaso, poniéndose en una situación extraordinariamente difícil que no son capaces de reconducir por las vías diplomáticas.

Lo mismo que Filipinas, también Malasia tiene pretensiones jurisdiccionales sobre determinadas islas del Mar de China Meridional que chocan con las de Pekín, por lo que su decisión es igualmente significativa de la deriva que están tomando los acontecimientos, hasta el punto de que recientemente adquirió submarinos Scorpen para defender sus reivindicaciones territoriales.

Con ocasiones de una visita a Pekín, el Primer Ministro malasio, Najib Razak, ha firmado un acuerdo de cooperación naval con el gobierno chino por el que comprará cuatro buques de patrulla costera. “A esto le llamo una decisión histórica”, dijo Razak a la prensa, y no excluyó la firma de otros contratos militares de características parecidas en el futuro.

Es la primera vez que el gobierno de Kuala Lumpur se inclina hacia China para equipar a sus fuerzas armadas, aunque el ministro malasio de Defensa, Hishammuddin Hussein, la justificó por razones económicas, por su precio.

En cuanto a los litigios territoriales, Razak dijo en Pekín que se deben resolver con el diálogo, por lo que reconoció que el gobierno chino estaba dispuesto a discutir la soberanía sobre las aguas jurisdiccionales.

No obstante, hay algo aún peor que el acuerdo con China: las pésimas relaciones de Malasia con Washington causadas por el escándalo financiero con el fondo soberano 1Malaysia Developement Berhars, creado en 2009.

En julio el Departamento estadounidense de Justicia se apoderó de 1.000 millones de dólares propiedad de dicho fondo que, según los tribunales estadounidenses, habían sido distraídos por personas próximas al Primer Ministro malasio Razak.

Al mismo tiempo, la China General Nuclear Power Corporation compró activos del fondo malasio en el sector de la energía por valor de 2.300 millones de dólares, por lo que la cosa está bastante clara: mientras China comercia, en Washington te roban después de acusarte de… robo.

Para entender algo de lo que está pasando con el famoso “neoliberalismo” que han inventado, algún día habrá que hablar de la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses, por medio de las cuales no sólo son los gendarmes del mundo sino los jueces, que imponen confiscaciones, multas y sanciones gigantescas a los grandes monopolios, como Volkswagen o el banco BNP Paribas recientemente.