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Al habla con Freddy Krueger

Juan Manuel Olarieta


Si antes de escribir esto me froto las manos no es por entusiasmo sino porque aún no me he sacudido de encima el frío de los calabozos de la Dirección General de la Guardia Civil, que me llevó a acordarme de cuando Cervantes, que también estuvo en la cárcel, dijo aquello de que en tales lugares “toda incomodidad tiene su asiento”. También me acordé de Miguel Hernández preso, de Lorca asesinado, de Machado muerto en el exlio, e incluso de Lope de Vega, también perseguido, de Quevedo… Me pregunté si a lo largo de la historia aquí ha habido alguien a quien no hayan puesto los grilletes por hacer, decir o escribir. ¡Qué asco de país!

Me dejó estupefacto el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, cuando me preguntó con qué intención había yo dicho lo que dije. Después de una noche sin dormir creo que no estuve a la altura de la pregunta, así que lo haré desde aquí: Señor Juez, lo dije con la mejor intención. Cualquier cosa que dijese, porque después de pasar una noche en vela no lograba acordarme de nada. Se lo juro.

Hace ya tiempo que en la Audiencia Nacional vengo escuchando preguntas acerca de la «intención» con la que se hacen o dicen las cosas, lo cual me traslada a las peores pesadillas medievales de la Inquisición, de las que este país no acaba de deshacerse. Nadie puede juzgar la conciencia de nadie. En el Imperio Romano, donde hubo muchos y muy grandes juristas, había una norma que decía «Cogitationes poenam nemo patitur» que ya me habrán escuchado recitar en latín en algún juicio y que ahora les traduzco a mi manera: «Los pensamientos no pueden delinquir».

Las palabras sólo molestan a quien está acostumbrado a escucharse a sí mismo y no quiere oir nada más, lo que en España ocurre con el Estado, el rey, sus instituciones, organismos, autoridades y capataces. En los medios de comunicación sólo se oyen a sí mismos y por eso casi parece normal que cualquier frase que se salga de ahí les suene como el más horrendo de los crímenes.

Pero, ¿saben Ustedes una cosa? Creo que no se han enterado de algo: en este país, a diferencia del resto del mundo, los tribunales se llaman «audiencias» porque están para oir a la gente. Un juicio no es un recital que dan el CSI, los policías o los peritos, sino que a los acusados también les gusta que se les preste un poco de atención.

Cuando el juez me preguntó por unas palabras pronunciadas hace más de un año, me apercibí de que durante todo este tiempo han estado (el juez y el fiscal con la ayuda de la Guardia Civil), fraguando una causa criminal a espaldas de tres acusados, lo cual, aparte de que está muy feo, es ilegal, y no largaré aquí todo el repertorio de violaciones que han cometido porque las deberían conocer lo mismo que yo.

Los acusados no sólo tenemos derecho a decir «la última palabra» cuando nos van a poner la soga en el cuello, sino que tenemos derecho a decirla desde el principio, y me parece muy triste tener que recordar a un juez y a un fiscal que si se empeñan en combatir la ilegalidad, empiecen a dar ejemplo y combatan sus propias ilegalidades. Entonces los demás empezaremos a creer en lo que hacen Ustedes.

Señor Juez: si lo que dijimos los acusados hace un año constituye un horrendo delito, ¿por qué no eliminan de internet aquellos sitios que reproducen nuestras palabras? Puestos a censurar y a tapar la boca… ¿por qué no cerrar los servidores?, ¿por qué no encarcelar también a quien los ha insertado en ellos?

Le repito a Usted que la bandera de la República Popular no es más que eso exactamente, y no la versión tuneada que a Usted le han contado, a saber, que es la bandera de los GRAPO. Para apercibirse de ello, en lugar de escuchar cantos de sirena, no tiene más que pasearse por una manifestción cualquiera y hacerse esta pregunta a sí mismo: todos esos que portan la bandera de la República Popular, ¿son militantes de los GRAPO?, ¿simpatizantes?, ¿del entorno?, ¿estamos rodeados de terroristas por todas partes?

Les digo a Ustedes lo que ya le he puesto por escrito al Tribunal Supremo: la verdadera naturaleza de este Estado viene dada por muchos detalles significativos, como el de que el enaltecimiento del terrorismo y las injurias al rey son un crimen, pero la exaltacion del genocidio nazi no lo es, y no digo más porque a buen entendedor…

Cuando el juez me leyó, una tras otra, las frases entresacadas que yo había pronunciado en la Casa de la Cultura de un Ayuntamiento, es decir, en unos locales oficiales, por un instante me asusté de mí mismo, me vi como una asesino en serie, como Freddy Krueger en la película Pesadilla en Elm Street, hasta que caí en la cuenta de que ese no era yo sino un resumen que hace la Guardia Civil de mis palabras, en donde más dos horas de explicaciones se simplifican en sólo 30 segundos por arte de magia, un verdadero caso de ingeniería judicial, que es igual que la ingeniería contable de algunas empresas.

Por lo tanto, ahora me tengo que dirigir a la Guardia Civil: una frase es la unidad dialéctica del texto y el contexto. Un texto sin contexto no significa nada, o significa cualquier cosa. Ustedes le entregan al juez un CD con la grabación completa del acto, pero tienen que tener en cuenta que el juez no va escuchar una charla que dura varias horas. No puede perder su preciado tiempo en escucharnos a nosotros porque tiene otras cosas más importantes que hacer. El tribunal tampoco va escucharnos a nosotros, ni va a perder el tiempo oyendo una charla de dos horas sobre los presos políticos. Se quedarían dormidos porque es un asunto que no les interesa nada. Por eso, en el futuro, además de hacer un compendio de frases incendiarias, a cada cual más tremenda, es mejor que incuyan también un poco del contexto en el que se pronunciaron para que se entiendan mejor. De esa manera no haría falta que el juez preguntara por las intenciones, sean buenas o malas.

Bueno, tengo que terminar porque me he enrollado y no he hablado de lo que debería: la lucha armada, la guerrilla, el terrorismo y la violencia revolucionaria. Habrá que dejarlo para la continuación de la saga, que se titulará El retorno de Freddy Krueger (si la Audiencia Nacional no lo impide).

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Andalucía Comunista llama a organizarse contra la represión

Libertad para Suso Cela, Juanma Olarieta y Aitor Cuervo

El pasado 26 de noviembre fueron detenidos el ex preso político Suso Cela Seoane, el abogado de presos, Juan Manuel Olarieta Alberdi y el rapero Aitor Cuervo Taboada.

Según la Guardia Civil, fueron detenidos por las consignas que lanzaron, supuestamente a favor de la lucha armada, en una conferencia llamada “Situación Movimiento Obrero y Presos Políticos” dentro de las “II Jornadas Anticapitalistas” realizadas por la Gazte Asanblada de Laudio (Araba, Euskal Herria), celebradas en noviembre del año pasado.

Estas detenciones no hacen más que mostrarnos que el régimen español nacido de la muerte de Franco y de la Constitución española de 1978 está más desacreditado y podrido que nunca. El recurso a la represión pura y descarada, la criminalización y la proscripción de la libertad de expresión lejos de mostrar fortaleza o seguridad, nos muestran a un régimen que se tambalea, con una base social cada vez más débil y con un consenso que se ha hecho pedazos.

Desde ANDALUCÍA COMUNISTA consideramos que es ya la hora de acabar con un régimen que cada día que pasa se muestra incapaz de garantizar no solo derechos sociales y económicos básicos, sino la más mínima democracia y libertades políticas. Es la hora de los pueblos oprimidos y de la clase obrera, es la hora de una verdadera ruptura democrática con el régimen heredero de Franco. Es la hora de una Andalucía libre, soberana y socialista.

Desde ANDALUCÍA COMUNISTA queremos señalar que para hacer frente a la represión es necesaria mejorar la organización y el compromiso militante con las diferentes organizaciones populares. Hay que fortalecer el movimiento popular, en los centros de trabajo y estudios, en los pueblos y barrios, en cada calle, en cada esquina, día a día. La organización es la clave de la victoria.

¡Por la democracia y la libertad de expresión, libertad YA para Suso, Juanma y Aitor!
Fuente: http://andaluciacomunista.org/libertad-para-suso-cela-juanma-olarieta-y-aitor-cuervo/
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Iniciativa Comunista denuncia la falta de libertades y exige amnistía

Ayer los cuerpos represivos volvían a dejar en evidencia la falta de libertades que se vive en el Estado español deteniendo a Juan Manuel Olarieta, Suso Cela y Aitor Cuervo en sus respectivas localidades acusándoles de “enaltecimiento del terrorismo”, ese viejo mantra que el Estado utiliza para detener a gente solidaria con los presos/as políticos y luchadores y luchadoras del bando de la clase obrera.

De nuevo será la Audiencia Nacional quien juzgue los delitos de opinión de la izquierda revolucionaria, pues es la misión de este Tribunal de excepción, heredero del TOP, la de asegurar  por cualquier medio la hegemonía de las ideas de la clase dominante, condenando y persiguiendo a quienes se atreven a alzar la voz contra este sistema.

Desde Iniciativa Comunista mostramos nuestra repulsa ante estos hechos, como la mostramos ante cualquier acto de represión hacia el pueblo trabajador y exigimos la inmediata liberación sin cargos de estos tres compañeros, así como la amnistía para todas y todos los presos políticos, pues la solidaridad es un principio irrenunciable para cualquier comunista. El único terrorismo que se ejerce aquí es el terrorismo del Estado capitalista.

¡Liberta sin cargos para los detenidos!
¡Libertad presos y presas políticas!
¡Ante su represión nuestra solidaridad!

http://www.iniciativacomunista.org/comunicados/876-iniciativa-comunista-ante-las-detenciones-de-juan-manuel-olarieta-suso-cela-y-aitor-cuervo
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En libertad los 3 detenidos

Los 3 detenidos, Jesús Cela Seoane, Aitor Cuervo Taboada y Juan Manuel Olarieta Alberdi, acusados de presunta apología del terrorismo, han sido puestos en libertad condicional esta misma mañana.

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Red Roja exige la libertad de los tres detenidos por ‘exaltación del terrorismo’

Ante las detenciones del ex-preso político comunista Suso Cela Seoane, del abogado Juan Manuel Olarieta y del poeta antifascista Aitor Cuervo, Red Roja expresa su más firme solidaridad y exige la libertad para todos ellos.

Lo hemos hecho siempre frente a las acciones represivas de este auténtico régimen de contrarrevolución preventiva que padecemos, muy lejano de la supuesta “democracia” garantista que quieren ver algunos y que, como ejemplifican detenciones como estas, brilla por su ausencia. Los tres compañeros han sido detenidos por dar una charla y reivindicar la resistencia popular; y han sido detenidos, cómo no, bajo la eterna acusación comodín de “apología del terrorismo”. Ya se sabe: la mejor máscara de la represión desde 1978.

Nos solidarizamos, pues, y nos ponemos a disposición de todas las movilizaciones por la libertad y la amnistía que se produzcan. No podía ser de otra manera. Nuestra organización también sabe lo que es sufrir en sus propias carnes los ataques del Estado. Y ya lo decía el último número de nuestra revista, de reciente aparición, en un artículo titulado “Libertades políticas, represión y solidaridad”: “La crisis nos obligará a movilizarnos para que no nos lo roben absolutamente todo, y esto provocará la reacción de una oligarquía que jamás en la historia entregó sus privilegios por las buenas. Así que ya vamos con retraso en la tarea de crear una cultura de solidaridad antirrepresiva. Hacerlo no es solamente generosidad y altruismo. Es también -lo entendió Niemoyer- lo que necesitamos para estar seguros de que seremos defendidos cuando vengan a por nosotros”.

En situaciones como esta es cuando más obligados estamos a ser solidarios. Efectivamente, Red Roja plantea que la línea de demarcación de la seriedad política de una organización no está en la defensa de causas dignas pero lejanas como las de Palestina o Colombia, aunque, por supuesto, eso también sea necesario. Será la solidaridad con los antifascistas de nuestro propio Estado (que es la que tiene un coste real y va más allá de la mera “frase”) la que distinguirá quiénes están y quiénes no están dispuestos a sumar fuerzas a la causa revolucionaria.

Así pues, emplazamos a todas las organizaciones no ya de izquierdas, sino simplemente antifascistas o mínimamente progresistas, a solidarizarse y sumarse a las campañas por la amnistía. Sí, en situaciones como esta es donde nos jugamos el verdadero crédito político y la credibilidad.

¡Libertad para Suso, Juan Manuel y Aitor!
¡Liberación de los presos políticos antifascistas!
¡No pasarán!
Fuente: http://redroja.net/index.php/comunicados/3097-libertad-para-los-tres-antifascistas-detenidos
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Detenidos Suso Cela, Aitor Cuervo y Juan Manuel Olarieta

Según informan fuentes solidarias, los tres detenidos pasarán a prestar declaración a las 10:00h del día de hoy, 27 de noviembre.

Según ha informado el Ministerio del Interior, en el día de hoy, 26 de noviembre, tres personas han sido detenidas en Galicia, la Rioja y Madrid por un presunto delito de apología del terrorismo, que en este país es como está tipificado el delito de opinión política, el ejercicio de la libertad de expresión.

Los detenidos, como han ido confirmando solidarios a lo largo del día, han sido Suso Cela Seoane, Juan Manuel Olarieta y Aitor Cuervo.

Los motivos explícitos de la detención, relatados por la Guardia Civil:

Los hechos tuvieron lugar en la localidad de Llodio (Álava), entre el 22 y 23 de Noviembre de 2013, con ocasión de la celebración de las “II Jornadas Anti-Capitalistas” organizadas por la “Gazte Asanblada” de esta localidad y anunciadas en diferentes redes sociales.

Durante las más de dos horas y media que duró la conferencia titulada «Situación Movimiento Obrero y Presos Políticos», los hoy detenidos, en su calidad de ponentes, vertieron multitud de consignas a favor de la lucha armada y de los presos de la organización terrorista PCE(r)-GRAPO, animando a los asistentes a participar en este tipo de lucha.


¡Libertad para los detenidos!
¡Organicemos la solidaridad!

¡AMNISTÍA Y LIBERTADES POLÍTICAS!

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Memoria Histórica

Nuevas pruebas de los crímenes del imperialismo japonés en China

A finales de abril los funcionarios de los archivos de la provincia de Jilin, en el noreste de la República Popular de China, hicieron públicos casi 100.000 documentos que datan de la Segunda Guerra Mundial, para demostrar la brutalidad del ejército japonés durante la ocupación del este de China (1937-1945).

Changchun, capital de la provincia de Jilin, donde están los archivos, fue la capital de Manchukuo, el Estado títere del noreste de China creado y controlado por el imperialismo japonés. Cuando en julio de 1945 la derrota era inminente, antes de huir de la ciudad, los imperialistas japoneses trataron de destruir los archivos. Pero, dada su magnitud, no pudieron destruir todos. Los enterraron apresuradamente en las afueras de la ciudad, donde una parte de ellos fueron encontrados en 1950.

Los documentos se componen de cartas, informes y grabaciones de las conversaciones telefónicas entre los soldados y funcionarios del ejército imperial de Japón en China. Muchos documentos revelan nueva información sobre las víctimas de la masacre de Nankín (1937). Los archivos también evidencian la creación por el gobierno japonés de una red de burdeles militares en los territorios ocupados en los que las mujeres chinas eran tratadas como esclavas sexuales de las tropas japonesas.

Un buen número de cartas y documentos oficiales testimonian el grado de crueldad extrema de los japoneses hacia los civiles y los prisioneros. Algunos registros arrojan luz sobre el Unidad 731, cuyos presos, fueron utilizados como conejillos de indias en las investigaciones bacteriológicas del ejército imperial japonés.

”El contenido de estos documentos chocará, sin duda, a más de uno”, estima Zhao Yujie, investigador de los archivos de la provincia de Jilin, que ha participado en la traducción de los documentos del japonés antiguo.

Los datos revelados por los archivos son estremecedores. Durante la masacre de Nankín un soldado japonés escribió en su diario: “Voy a lanzar mi cuchillo sobre este hombre [un civil] y veo que sus miembros están temblando. De hecho, matar a alguien con un cuchillo, es como cortar el tofu”.

En otro documento del cuartel general imperial encabezado ”Sobre el restablecimiento del orden público en la región administrativa de Nankín”, que data de febrero de 1938, las violaciones formaban parte del orden público imperial, para lo cual establecía todo un cálculo logístico y burocrático acerca del número de burdeles que eran necesarios para el desahogo sexual de las hordas ocupantes japonesas. El artículo 10 llevaba el título ”La situación de las estructuras de consuelo en cada región administrativa”. Las ”estructuras de consuelo” eran un eufemismo para referirse a los prostíbulos, estableciendo una proporción de 178 a 200 soldados japoneses en Nanjing por cada mujer china prostituida.

En la ocupación militar de China la prostitución tenía como objetivo limitar las protestas sociales causadas por las violaciones y reglamentaba minuciosamente la protección de los soldados japoneses de las enfermedades venéreas y el uso de los medios de control de la natalidad.

Según Su Zhiliang, profesor de la Universidad de Shanghai, que también está a cargo del Centro de investigación sobre la cuestión de las esclavas sexuales bajo la ocupación japonesa, los 100.000 documentos puestos a disposición de los lectores en Jilin son sólo una milésima parte de los documentos de la época ocultos en los archivos. ”Si se hicieran públicos todos estos documentos, los crímenes cometidos por los invasores japoneses parecerían mucho más impactantes”, dijo.

Debido a la destrucción de los documentos, los historiadores tienen hoy en día muy poca información sobre el campamento de prisioneros ingleses y norteamericanos que había cerca de la ciudad de Mukden, ahora llamada Shenyang. Con el sobrenombre de ”Auschwitz oriental” en este campo de prisioneros había unos 2.000 reclusos originarios de Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Austria. Los presos fueron obligados a trabajar casi las 24 horas diarias para construirlo, fueron maltratados y alimentados pésimamente durante su periodo de detención.

Los archivos de Changchun contienen tres documentos sobre este campo, incluyendo la lista de los presos del bombardero americano B29 derribado en 1944 y las actas de las deliberaciones de su tripulación en Mukden.

”Para negar la masacre de Nankín los Japoneses han sostenido durante mucho tiempo que antes de la guerra la población de la ciudad era de 200.000 habitantes”, dice Zhao Yujie. ”Pero en los documentos hemos leído que los japoneses, que hicieron un censo antes de la masacre, calcularon la población de la ciudad en un millón de habitantes”. Según los documentos del archivo, en los seis meses que siguieron a la entrada de las tropas japonesas en la ciudad en 1937, 340.000 civiles fueron asesinados.

Otros documentos demuestran el trato cruel que los japoneses dispensaron a los que calificaban como ”espías soviéticos”, que eran soldados presos del Ejército Rojo. Según una circular interna, la Unidad 731 utilizó a los presos soviéticos como conejillos de indias para realizar experimentos médicos y biológicos con ellos.

Cuando en 1931 Japón invadió China, la Unidad 731 se instaló en Harbin, levantando un campo de concentración que sirvió a los científicos japoneses, bajo la dirección de Shiro Ishii, como laboratorio de experimentación con seres humanos, primero prisioneros chinos y a partir de 1942 soviéticos. Tres mil cautivos sirvieron como conejillos de indias, algunos padecieron operaciones quirúrgicas sin anestesia y otros fueron contaminados deliberadamente y murieron horriblemente a consecuencia del tifus, peste, cólera y sífilis. Se trataba de determinar si la resistencia a ciertas enfermedades mortales dependía de la raza de las personas. Otros fueron fusilados.

Cuando el Ejército Rojo soviético liberó Harbin, los japoneses intentaron borrar las huellas de sus experimentos en el campo 731 y los últimos presos supervivientes del laboratorio fueron gaseados. Shiro Ishii y los demás científicos regresaron a Japón. Los servicios secretos estadounidenses les ofrecieron la impunidad a cambio de que les entregaran los resultados de sus investigaciones. Shiro Ishii murió plácidamente en 1959, sin haber sido nunca molestado por sus crímenes.

Hasta la década de los noventa el gobierno japonés no pidió disculpas oficialmente a las mujeres chinas y coreanas que fueron obligadas a prostituirse durante la ocupación. Pero ambos países, China y Corea del norte, declararon que estas excusas eran insuficientes, requiriendo a Japón una indemnización por el daño sufrido por las esclavas y prisioneras.

En febrero de este año 37 chinos cuyos familiares fueron víctimas de los trabajos forzosos bajo la ocupación japonesa, presentaron una denuncia colectiva, reclamando una indemnización a las multinacionales Mitsubishi Materials y Nippon Cocke & Engeneering de un millón de yuanes chinos (163.000 dólares estadounidenses) para cada demandante.

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Antifascismo

La farsa de la transición ya no da para más

Han estirado el negocio durante algo más de tres décadas gracias a la entrada en la OTAN y la Unión Europea, que creó un flujo de dinero procedente del exterior con el que se han forrado. Tuvieron que repartir algunas migajas para sostener un régimen clientelar, pero la crisis del capitalismo ha acabado con todo, porque el tinglado sólo se sostenía a base de tarjetas negras y ahora lo único que hay son deudas.

A la crisis económica le ha seguido la crisis política. Ya no saben qué inventar para seguir embaucando a la gente. De momento han cambiado los rostros de algunos caciques, más quemados que la fábrica de Campofrío. Han sustituido a un rey por otro, han cambiado a los directores de los principales periódicos, nos traen a los demagogos de Podemos, también van a cambiar a Lacayo Lara por otro igual, dimitió Rubalcaba… Cómo estarán las cosas que hasta el canalla de Alfonso Guerra se ha largado.

Necesitan caras nuevas, que no estén usadas, jóvenes que nos engañen con otras palabras y que arrastren nuestros cansados pies hasta las urnas más cercanas, aunque sea por última vez. Tanto los elegidos como los electores creen que los votos van a solucionar algo, es decir, que la manera de salir de la crisis son los votos. Hay que votar a alguien “diferente”. O mejor: hay que votar contra alguien y si es contra todos ellos, mejor aún.

Sin embargo, no van a solucionar absolutamente nada por una razón muy sencilla: porque la crisis (la económica y la política) no se soluciona con votaciones, y menos dentro de los estrechos parámetros creados en 1977. Va a ocurrir todo lo contrario: se va a generar una etapa de mayor inestabilidad política que la actual.

Un ejemplo: el semanario británico The Economist publicó el viernes (1) un artículo titulado “El tricornio” con muy mala leche en el que pone al PSOE como ejemplo y centro de la crisis política. Según The Economist la bancarrota del PSOE ya no tiene remedio, su época ha pasado y, de ahora en adelante, sólo podrá sobrevivir como partido bisagra, sin política propia. En las próximas elecciones el PSOE tendrá que decidir con quién pacta: con Podemos o con el PP. Lo segundo supondría formar la gran coalición a la alemana que están pidiendo algunos medios de expresión del imperialismo, como el New York Times.

Esa situación se produce a pesar de que los sondeos dicen que el PSOE sube en intención de voto, lo cual hay que interpretar en el sentido de que está un poco menos hundido que en tiempos de Zapatero y Rubalcaba. En cualquier caso la situación del PSOE es irreversible; nunca volverá a ser lo que ha sido: la columna vertebral del Estado creado durante la transición o, dicho con otras palabras, este Estado ya no tiene columna vertebral, salvo que alguien crea que la Guardia Civil puede ser esa columna vertebral, lo cual tampoco sería de extrañar.

The Economist también pone sus ojos en la otra gran esperanza blanca, Alberto Garzón, otro producto mediático creado a imagen y semejanza de Pablo Iglesias, otra criatura de las tertulias televisivas, que es donde se gestan ahora las nuevas caras de la política burguesa. El periódico que sirve de portavoz al imperialismo británico sugiere que ambos, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, formen un dúo, “una gran coalición de izquierdas” en la que el papel del PSOE quedaría aún más difuminado.

Para que vean Ustedes lo que son los programas electorales de la izquierda: el imperialismo quiere hacer exactamente lo mismo que proponen Podemos en España y Syriza en Grecia. Otro portavoz del imperialismo, esta vez Financial Times, apoya la propuesta de Podemos de revisar la deuda pública (2). Es más: Financial Times es mucho más radical que Podemos y quiere extender esa política a toda la Unión Europea. Dice que la deuda española, tanto pública como privada, supone una carga insostenible y que es necesaria una renegociación de los tipos de interés, una reestructuración, la apertura de un periodo de gracia y, además, una quita.

El caso es que “El tricornio” (Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Alberto Garzón) pasa tanto tiempo en la televisión que no han tenido tiempo de redactar sus respectivos programas electorales. Pero no importa porque en cualquier caso los votantes no van a votar a lo que ellos creen, sino una coalición que no saben cuál será.

Ocurre siempre con los votos de castigo, cuando no se vota a alguien sino contra alguien. Por ejemplo, más que votar a Podemos, muchos lo que quieren es votar contra “la casta”, contra los que ya están. Pero la anti-casta forma parte de lo mismo que critica y va a tener que pactar con ella. Por lo tanto, se va a producir todo lo contrario de lo que el voto de castigo pretende: seguir votando a los de siempre. Más de lo mismo.

Por eso el voto de castigo es masoquismo puro. Lo mejor es que se flagelen la espalda… aunque sea con su papeleta electoral.

(1) A three-cornered hat, http://www.economist.com/news/europe/21633855-podemoss-leader-seeks-sustain-its-position-spains-third-party-three-cornered-hat
(2) Radical left is right about Europe’s debt, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/48e6fa76-70bd-11e4-8113-00144feabdc0.html

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Asia

La otra mecha para prenderle fuego a China

En China el imperialismo ha dispuesto tres mechas para prenderle fuego al país de abajo hacia arriba: Hong Kong, Tibet y Xinjiang. Esta última es la menos conocida, por lo que es más fácil que al lector le cuelen cualquier paquete, como le ha ocurrido a “Jeune Afrique”.

Ya sorprende que un medio africano introduzca un artículo sobre Asia, pero hasta que no ha salido del continente negro no ha exhibido sus peores atributos, hablando de “enfrentamiento” y “guerra” entre uigures y chinos en Xinjiang. ¿Por qué no habla de terroristas en lugar de “grupos islamistas radicales”?

El título del artículo dice que los uigures son “una minoría musulmana extranjera” en su propio país, lo que es la declaración de principios por antonomasia del reportero, que no lleva el asunto al terreno de lo nacional sino de lo religioso, como cuando nos dicen que la lucha en Irlanda enfrenta a católicos y protestantes y en Afganistán a los talibanes creyentes con los soviéticos ateos.

Si el asunto es religioso y si los uigures son un minoría “en su país” es porque ese país es confesional y quiere cambiar de confesionalidad, pasar de la actual (que no sabemos cuál es) a la islámica, o sea, crear un Estado islámico, no sabemos si dentro de China o, seguramente, al borde mismo de China, es decir, crear otro polvorín, otro califato.

No podía faltar la muletilla de todo periodista mediocre: en Xinjiang el Partido Comunista controla la lengua, la cultura y las tradiciones. Como comprenderá el lector, se trata de otras tantas tareas de imposible cumplimiento. ¿Cómo controla el Partido Comunista las tradiciones de un país?

Sería interesante que el periodista nos hubiera concretado un poco más lo que entiende por control. No obstante, nos dice que China trata de “disuadir” a las mujeres musulmanas de que lleven velo, algo que parece mucho mejor que lo que ha hecho Francia: prohibirlo.

Dice que Xinjiang es la provincia más vigilada de China, pero tampoco dice los motivos. Para averiguarlos le hubiera bastado saber que Xinjiang es una vasta región que tiene fronteras con 8 Estados (Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán y Afganistán), además de Tibet, o sea, que está en medio del rompecabezas geoestratégico de Asia central. ¿No es como para echarle un vistazo de vez en cuando?

El periodista también podía haber dicho cosas como ésta: al otro lado de la frontera, en Afganistán, la CIA ha entrenado a más de 500 terroristas uigures pertenecientes Al-Qaeda.

O como esta otra: de los presos capturados por la CIA en Afganistán y Pakistán y recluidos en Guantánamo, más de 20 eran uigures.

Incluso podía haber retorcido el tornillo un poco más para decir: el gobierno de Pekín tiene una parte -al menos- de lo que se merece porque fue quien estimuló el desplazamiento de los uigures a Afganistán a fin de que lucharan contra el “socialimperialismo soviético”, al que entonces consideraban como el peor enemigo del mundo, haciendo que los otros imperialistas se frotaran las manos. Miren lo que escribió la revista Jane’s Security News, vinculada al espionaje británico: “La estrategia china en ese frente [Afganistán] produjo retornos negativos para Pekín porque los yihadistas uigures que volvieron de Afganistán atizaron la insurrección en marcha por un Turkestán oriental musulmán independiente en Xinjiang”.

Pues -sin que sirva de precedente- hay que reconocer que es cierto lo que dice el imperialismo: de aquellos polvos estos lodos.

El reportaje también podía haber añadido que al otro lado de la frontera, el valle de Ferganá (entre Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán) es como la cueva de los ladrones, el refugio donde se esconden los takfiristas de Al-Qaeda, del Movimiento Islámico de Uzbekistán y del Hizb ut-Tahrir (Partido de Liberación Islámica), incluido en el listado de organizaciones terroristas, prohibido en los países musulmanes y en casi todo el mundo… menos en Gran Bretaña.

El periodista podía haber explicado que tras la Revolución china de 1949 el imperialismo agrupó en la región de Kumul un ejécito contrarrevolucionario que arrasó la zona durante dos años.

Que con 2.000 mercenarios el imperialismo formó la milicia Kalibek que tras la Revolución cometió toda clase de salvajadas en las montañas próximas a Urumqui, la capital de Xinjiang.

Si, podía haber hecho un poco de historia para recordar que algunas de esas bandas eran los restos de los ejércitos blancos que habían luchado contra el Ejército Rojo durante la guerra civil soviética. Por ejemplo, la del caudillo kazajo Osman Batur, que dirigió una fuerza de 20.000 hombres que combatió a la Revolución, hasta que en 1952 fue capturado y ejecutado.

Si en Europa no tuviéramos la mira perdida nos daríamos cuenta de que en Asia central la revolución china fue una continuación de la Revolución de Octubre de 1917. Por eso en Xinjiang el Ejército Rojo de Mao no tuvo que librar ninguna guerra; se lo sirvió la URSS en bandeja.

Para saber si en Xinjiang hay que estar vigilantes o no, el artículo de “Jeune Afrique” podía haber llevado a cabo un recuento de los asesinatos cometidos por esos “islamistas radicales” que volvieron de Afganistán para hacer lo que la CIA les había enseñado: matar.

Podía haber dicho que entre las víctimas había imanes, como Jorun Joja, de la mezquita de Kashgar, presidente de la asociación islámica de Xinjiang, a quien trataron de asesinar en 1996. ¿Por motivos religiosos? Yo creo más bien que se debe a que es un islamista que defiende a China de los ataques terroristas…

Podía haber dicho lo que dijo la ONU en 2002: el Movimiento Islámico de Liberación del Turkestán Oriental es una organización terrorista relacionada con Al-Qaeda, a lo cual yo añado que desde que la incluyeron en el listado se camufla con el nombre de Partido Islámico de Turkestán.

Son los que ponen las bombas. En julio de este año un atentado ha costado la vida de casi 100 personas, con eso que el periodista califica frívolamente de “armamento rudimentario”.

¿No es como para estar un poco atento a lo que pasa en Xinjiang?, ¿no es como para vigilar?

Como todo reportaje mediocre, también aporta datos a tomar en consideración, como éste: “Los uigures que quieren incorporarse a la yihad, reciben una suma equivalente a 2.000 euros al mes, pagados directamente en yuanes chinos por reclutadores llegados de Pakistán o Afganistán. En Siria han detenido recientemente a varios chinos y otros luchan al lado de los talibanes, en Afganistán, o en la Jemaah Islamiyah, en Indonesia”.

Podía haber empezado por ahí, porque eso es lo que aclara el problema: si alguien cobra la friolera de 2.000 euros al mes por pegar tiros, un sueldo muy elevado, sobre todo en China, no deberíamos hablar de nigún problema religioso, ni étnico sino de algo diferente, mucho más sencillo. De mercenarios.

Luego podía haber continuado de esta otra manera: en Xinjiang en 1949 la esperanza de vida era de menos de 30 años, mientras que en 2000 se ha disparado a los 67 años (más del doble). Sin duda esas -y otras parecidas- son las consecuencias que trae aparejadas la “opresión” de China.

Resulta que el reportaje también reconoce que China “discrimina positivamente” a los uigures, es decir, que tienen más y mejores derechos que los demás, como el acceso a la educación. No entiendo nada: ¿los oprimidos son unos privilegiados?, ¿los privilegiados están oprimidos?

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Memoria Histórica

Talidomida: un veneno que empezó en los campos de concentración y acabó en la farmacia de la esquina

El mes pasado un tribunal de Madrid anuló la condena al laboratorio alemán Grünenthal por las malformaciones causadas por la ingesta de talidomida, un medicamento que causó graves secuelas en los fetos de las mujeres embarazadas que lo tomaron. La cifra de víctimas puede alcanzar a las 3.000 personas nacidas en torno a 1960. En todo el mundo el número sube hasta unos 12.000 perjudicados.

La talidomida es un fármaco que fue comercializado en 50 países del mundo bajo 80 etiquetas distintas entre los años 1958 y 1963. Los médidos lo prescribían como sedante y calmante para tratar la ansiedad y el insomnio. En aquella época los tranquilizantes más efectivos eran los barbitúricos, que se vendían con gran éxito en todo el mundo y tenían un mercado multimillonario. Pero eran muy tóxicos y cada vez más gente los usaba para suicidarse. También eran frecuentes las muertes por sobredosis accidentales. La empresa que encontrara un tranquilizante poco tóxico se enriquecería de inmediato.

Con una composición química parecida a la de los barbitúricos, la talidomida se promocionó por la supuesta ausencia de efectos secundarios. En una sociedad narcotizada, la talidomida era el narcótico perfecto; se la calificó como “la píldora durmiente del siglo”. A mediados del pasado siglo era la tercera droga más vendida y los alemanes consumían un promedio de 15 millones de píldoras al año.

También empezaron a recetar talidomida para las mujeres embarazadas, según decían los médicos, para prevenir las náuseas. Pero era un poderoso abortivo: cerca del 40 por ciento de los embriones expuestos al medicamento moría antes o poco tiempo después del parto. Además provocaba malformaciones congénitas en el feto, denominadas focomelias, es decir, recién nacidos con las extremidades (brazos y piernas) como las focas. La droga afectaba también a la concepción si lo tomaba el padre, ya que incidía sobre el esperma.

El último crimen de guerra de los nazis

Las Facultades de Medicina siguen afirmando que la talidomida la fabricó la farmacéutica alemana “Chemie Grünenthal” a mediados de la década de los cincuenta, pero es falso. En febrero de 2009 aparecieron los primeros indicios de que el medicamento fue una droga creada por los nazis y probada con los presos recluidos en los campos de concentración del III Reich durante la II Guerra Mundial. Trabajando por separado, dos investigadores encontraron una serie de documentos que muestran que no fue Grünenthal quien descubrió el fármaco.

La empresa alemana siempre sostuvo que la talidomida había sido descubierta por casualidad en 1953 por científicos que habían tratado de producir un antialérgeno pero, según informó “The Sunday Times” el 8 de febrero de 2009 el Dr. Martin Johnson, director de una asociación de ayuda a las víctimas de la talidomida en el Reino Unido, encontró documentos que sugieren que la droga fue descubierta antes de que Grünenthal la patentara en 1954.

Johnson afirmó que ya se había experimentado previamente sobre seres humanos, que probablemente la talidomida fue uno de un número indeterminado de productos químcos desarrollados en Dyhernfurth (un laboratorio químico) o Auschwitz-Monowitz bajo la dirección de Otto Ambros (1901-1990), el máximo experto nazi en guerra química, que trabajaba al servicio de la multinacional francesa Rhône-Poulenc, que estuvo bajo control nazi durante los años de la II Guerra Mundial. Por encargo de Rhône-Poulenc, Ambros buscaba un antídoto contra el gas sarín y tras la guerra se incorporó al laboratorio de Grünenthal.

En la posguerra esta empresa se limitó a registrar en la oficina de patentes los ensayos que se habían llevado a cabo en los campos de concentración, poniendo a la droga el rótulo de Contergan, nombre comercial de la talidomida en Alemania. Johnson califica a esta droga como el último crimen de guerra de los nazis.

Por su parte, el argentino Carlos De Napoli, que ha investigado a los nazis que huyeron a Sudamérica, también sostiene en su libro “Los laboratorios de Hitler” idéntica conclusión: que la talidomida tiene su orígen en los campos de concentración nazis y en la experimentación allá con seres humanos.

De Napoli ha descubierto un informe enviado el 13 de noviembre de 1944 por Fritz Meer, un ejecutivo de IG Farben, a Karl Brandt, un general de las SS que fue médico personal de Hitler y jefe de su programa eugenésico. El informe establece que la droga fue sometida a pruebas y que estaba lista para su uso. Meer era el superior jerárquico del Dr.Mengele en el escalafón jerárquico del partido nazi.

IG Farben fue el monopolio alemán que fabricó el gas Zyklon B, utilizado para el exterminio de los presos en los campos de concentración nazis. Se trataba de una poderosa empresa química de procesamiento de petróleo y caucho que utilizaba mano de obra proveniente de los campos de exterminio. En Nuremberg fueron condenados 24 directivos de I.G. Farben por cometer crímenes contra la humanidad, entre ellos Otto Ambros y Fritz Meer. Pero después de ser condenado, Meer fue liberado en 1952 y cuatro años después le nombraron director de la Bayer, una de las multinacionales herederas de IG Farben.

Cuando la prensa británica destapó el origen histórico del fármaco, Grünenthal rechazó cualquier relación con los nazis o con Rhône-Poulenc para el desarrollo de la talidomida. Insistió en que fueron tres de sus empleados los que descubrieron la droga. Posteriormente el laboratorio informó de que había perdido gran parte de los archivos con las pruebas. Por su parte, Sanofi-Aventis, que adquirió Rhône-Poulenc, precisó que también iba a “revisar sus archivos».

Se buscan enfermos para un nuevo fármaco

Es mentira. En 1954 el jefe del laboratorio de investigación de Grünenthal no era otro que Heinrich Mückter, antiguo médico del ejército alemán durante el III Reich. Mückter hizo lo que había aprendido con Hitler: decidió probar la talidomida en seres humanos. No lo hizo personalmente, sino que mandó distribuir la droga en forma gratuita entre los médicos alemanes, para que se la recomendaran a sus pacientes. ¿Por qué?

Porque inicialmente la talidomida se comercializó como un tratamiento para las convulsiones epilépticas. Más tarde se demostró que no era efectivo. Después se utilizó en unos ensayos clínicos como un nuevo antihistamínico como tratamiento de la alergia. Tras un tiempo, comprobaron que tampoco tenía efecto alguno. Tenían una medicina y necesitaban buscar una enfermedad para rentabilizar la inversión.

La explicación es, pues, la cuadratura del círculo en materia de salud, la medicina inversa: primero inventamos el fármaco y luego inventamos al enfermo que necesita comprarlo para curarse. De lo contrario, el dinero gastado se perdería.

Después de recomendar el fármaco a los médicos, Mückter recibió las respuestas que tanto esperaba. Los informes médicos describían a la talidomida como un poderoso sedante. Habían encontrado un remedio para el insomnio. Mückter falseó las pruebas y Alemania aprobó la talidomida para su administración a seres humanos. Unos meses más tarde, una gran campaña publicitaria anunciaba la aparición de una píldora totalmente inofensiva para dormir plácidamente.

En agosto de 1958 la empresa envió a más de 40.000 médicos alemanes una carta en la que recomendaba el Contergan para combatir las náuseas que la mayoría de las mujeres sufre en los primeros meses del embarazo: “No daña a la madre ni al hijo”, proclamaba la carta.

La campaña publicitaria giraba alrededor de su bajísima toxicidad y en algunos países el consumo masivo se vio favorecido al declarar libre su venta. Rápidamente los médicos de todo el mundo empezaron a intoxicar a sus pacientes. Recomendaban la talildomida para el resfriado, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y el insomnio. Incluso la promocionaban para tranquilizar a los niños en los propios consultorios médicos. En 1957 se convirtió en un medicamento para ayudar a las mujeres embarazadas.

Los primeros avisos

Un año después de comercializar su droga, Grünenthal recibió informes inquietantes: en 1956 nació el primer niño con las consecuencias de la talidomida. Un obstetra australiano, William McBride, se dio cuenta de que algo iba mal. Envió sus observaciones a la revista de medicina Lancet, pero su publicación se retrasó unos meses “por falta de espacio”.

Algunos de los pacientes que consumían la talidomida en forma crónica sufrían temblores, disminución de la presión sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían casos de pérdida del tacto en los píes, los tobillos, las pantorrillas y las manos. Pero los capitalistas de Grünenthal descalificaron estas advertencias. Cuando algún médico les preguntaba si habían recibido quejas sobre efectos secundarios, le mentían.

En febrero de 1961 la columna de cartas a la redacción del “British Medical Journal” publicaba una nota en la que un lector advertía que estaban llegando informes sobre “el posible peligro tóxico de esa droga sedante” y que había “síntomas negativos de neuritis periférica en pacientes tratados con talidomida por períodos de seis meses o más”.

Sin embargo, en octubre de aquel año, después de experimentar con animales, la empresa británica Distillers Co., puso a la venta otra variante de la talidomida bajo el nombre de Distaval, con la siguiente etiqueta de presentación: “Distaval se puede dar con completa seguridad a las mujeres y a las madres embarazadas, sin efecto nocivo alguno sobre el feto”.

En diciembre, los derechos para la comercialización de la droga fueron vendidos a la empresa sueca Astra para comercializarla en aquel país bajo el nombre de Neurosedyn y, muy poco después, la misma empresa advertía que el nuevo fármaco “podía ser peligroso para el feto”, pues ya se sospechaba de su relación con el nacimiento de 90 niños con malformaciones congénitas en Suecia.

Antes de que se hicieran públicos los terribles efectos de la talidomida y sin autorización de la FDA, en Estados Unidos la empresa Richardson-Merrill repartió dos millones y medio de tabletas entre 1.000 médicos estadounidenses. De esa manera, la droga llegó hasta unas 20.000 personas, incluidas cientos de mujeres embarazadas que dieron a luz hijos deformes.

Todo se encubre con dinero

En Alemania el juicio contra Grünenthal se prolongó durante más de tres años en los que la empresa farmacéutica expuso argumentos insostenibles: que las malformaciones se debían al efecto de aditivos alimentarios, detergentes o a los rayos emitidos por las pantallas de los televisores; que los fetos no tenían derechos legales; que las malformaciones eran la consecuencia de intentos de aborto entonces la responsabilidad, por lo tanto, era de las madres.

Finalmente todo se tapó con dinero. Nadie fue declarado culpable. Grünenthal ofreció 31 millones de dólares a los 2.866 damnificados que residían en Alemania y declaró que si el juicio continuaba, no podría cubrir los gastos y se tendría que declarar en quiebra porque le resultaba imposible pagar las indemnizaciones a los afectados. La asociación que agrupaba a las familias afectadas aceptó la oferta y el juicio terminó.

Hasta la fecha Alemania sólo ha indemnizado a las víctimas en el interior del país, aunque la droga se distribuyó en 46 países repartidos por todo el mundo. Hay otros países en los que los estragos de la talidomida siguen ocultos. Los médicos y las famarcéuticas son sagrados, los hechiceros modernos que deciden impunemente sobre la vida y la muerte de sus semejantes.