‘He venido a vender un producto llamado fútbol’

Hubo un tiempo en que el fútbol fue un deporte pero, a partir de 1974, cuando el brasileño Joao Havelange llegó a la cumbre de la FIFA, se convirtió en uno de los negocios más importantes del mundo. “He venido a vender un producto llamado fútbol”, dijo el jerifalte brasileño. Llegó en el momento justo, cuando la tecnología vía satelite, llevó el espectáculo a todos los rincones del planeta, ampliando así hasta límites insospechados el mercado de consumidores.

El primer campeonato mundial organizado por Havelange fue el de Argentina en 1978. “Argentina está ahora más apta que nunca para ser sede del torneo”, dijo para encubrir que el torneo buscaba tapar los crímenes de la brutal dictadura de Jorge Rafael Videla.

En 1994 Joao Havelange habló en Nueva York ante los grandes capitalistas: “Puedo afirmar que el movimiento financiero del fútbol en el mundo alcanza anualmente la suma de 225.000 millones de dólares. Es casi el doble de los 136.000 millones de dólares facturados en este año por la General Motors”. Entonces, la empresa automotriz figuraba a la cabeza de las mayores multinacionales.

“Allí donde iba Havelange no se hablaba de fútbol, sino de negocios, sobornos, de pagos ilegales para conseguir sus objetivos”, dijo Diego Armando Maradona. “Es la organización más corrupta y deplorable sobre la Tierra”, señaló Gary Lineker, antiguo futbolista del Barcelona y de la selección inglesa en los años ochenta.

Que la FIFA tenga su sede en Zurich no es ninguna casualidad, porque Suiza no es más que la lavadora que blanquea el dinero negro mejor que nadie.

La FIFA, tiene 211 federaciones adscritas, es decir, más miembros que la ONU (193), la Cruz Roja (164) o la UNESCO (150). Durante el período 2019-2022, registró ingresos por 6.400 millones de dólares. Sus activos aumentaron un 21 por cien en 2022, alcanzando los 5.500 millones de dólares.

El fútbol le importa en bledo. Lo importante son los derechos televisivos, los patrocinadores y la publicidad. Por eso los campeonnatos del mundo tienen cada vez más equipos. Pasó de 16 a 24 en el Mundial de España 1982 y luego de 24 a 32 en el Mundial de Francia 1998. Ahora las 48 selecciones van a diputar 104 partidos.

El último Mundial de fútbol, celebrado en Qatar, fue uno de los mayores escándalos de corrupción, convenientemente ocultado. Estalló en 2015 y la fiscalía estadounidense acusó a un total de 45 personas y a varias empresas deportivas de más de 90 delitos y de pagar más de 200 millones de dólares en sobornos.

Es una cantidad muy pequeña. Qatar estaba muy mal posicionada para ser designada como sede del Mundial 2022. Para convencer a los jerifaltes de la FIFA, la cadena Al Jazira (ahora BeIN Sports) tuvo que poner 400 millones en sus bolsillos. El negocio se fraguó durante una cena en el Palacio de Elíseo en la que participaron el presidente francés Sarkozy, el emir de Qatar, el presidente de la FIFA (el suizo Sepp Blatter) y al de la UEFA (el francés Michel Platini).

Naturalmente, en 2022 los tribunales suizos absolvieron a Blatter y a Platini) de las acusaciones que pesaban sobre ellos. Seis meses después de la cena, el fondo Qatar Sports Investments (QSI) compró el club de fútbol Paris Saint-Germain y el hijo de Platini fue contratado por una filial de QSI.

Todo quedó en familia. No hay que olvidar que, según la ley suiza, la FIFA es una organización sin fines de lucro.

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