La socialdemocracia alemana se ha convertido en un partido residual

El Partido Socialdemócrata alemán (SPD) ha sufrido una pérdida significativa de votos desde su máximo histórico en la década de los setenta. En términos absolutos, el partido ha perdido aproximadamente 9 millones de votos.

Su mejor resultado histórico fue en 1972, cuando obtuvo 17 millones votos en las elecciones, lo que suponía un 45,8 por cien de los votos, casi la mitad del electorado.

En las últimas elecciones celebradas el año pasado, apenas superó los 8 millones, el 16,4 por cien del total. Supuso una caída de 9 millones y una pérdida de la terceera parte de los votos. Se ha convertido en un partido residual.

Los pobres resultados electorales se deben principalmente al hecho de que el SPD ha renunciado a su política de “buena vecindad” de los tiempos de Willy Brandt.

Ahora Pistorius, un socialdemócrata en el gobierno reaccionario de Merz, dice “Prepárate para la guerra en 2029”. Es el Hegseth alemán. Dicen que el político que más les gusta a los votantes de la “derecha” es Pistorius, uno de la “izquierda”.

Como en otros países, los que votan a la “izquierda” no saben a quién votan, mientras que quienes apoyan a la “derecha” siempre lo tienen muy claro.

Naturalmente, el militarismo es sólo uno de los motivos de la crisis de la socialdemocracia. La Agenda 2010 de Gerhard Schröder, el brutal ataque al “estado de bienestar”, fue otro golpe a la tradicional política socialdemócrata.

Si a los socialdemócratas les sumamos los Verdes, el panorama de la “izquierda” alemana es realmente vomitivo. Afortunadamente, también ellos están en la cuerda floja. Los viejos pacifistas son ahora los peores belicistas.

Ya fue una sopresa que después de los crímenes cometidos por el SPD contra los comunistas inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, lograran rehacerse en 1945, por más que tuvieran el apoyo del imperialismo estadunidense.

Ahora el milagro sería que no desaparecieran en las próximas elecciones, dejando su sitio a esa constelación de grupos anodinos, que tejen y destejen plataformas para que el circo electoral no pierda su brillo.

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