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Guerra psicológica

El PSOE y Podemos activan una «guerra cognitiva» en su estrategia de seguridad nacional y reintroducen la censura previa

Es la primera vez desde el franquismo que el Gobierno introduce abiertamente, y de manera legal y oficial, la hipótesis de la «influencia» en la libertad de prensa y el derecho a la información, como forma de «contrarrestar» lo que llama «estrategias de desinformación».

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Guerra psicológica

Facebook admite que una de sus censuras es errónea

Que los inquisidores de Facebook hayan cumplido con función cabalmente no es noticia, pero que el monopolio admita un “error” no es muy común. A pesat de todo, no es exactamente un “mea culpa”.

Robby Soave, editor de la revista Reason, escribe que ha sido el destinatario de una confesión inusual. En este caso, la censura se refería a un artículo que Soave compartió en su cuenta de Facebook, pero que fue calificado como “desinformación”, por los sicarios de la multinacional, esos a los que llaman “verificadores de hechos independientes”.

El artículo se titulaba “El estudio que convenció los CDC para apoyar las mascarillas en las escuelas es ciencia basura”. Se basaba en un artículo de David Zweig en Atlantic, que afirmaba que un estudio concreto en el que se basaban los CDC inflaba los datos sobre los riesgos para los alumnos no enmascarados, hasta tal punto que debía considerarse defectuoso.

Saltó la paradoja: el artículo de Zweig no fue censurado, pero la reseña de Soave sí lo fue. El artículo no discutía que las mascarillas ayudaran a detener la propagación del virus, especialmente en las escuelas.

El estudio realizado por el CDC adolece de una serie de defectos en la forma en que se llevó a cabo y debido a las decisiones cuestionables tomadas por los investigadores. El punto principal es que el CDC se equivocó al basar su política en lo que objetivamente sería un mal ejemplo de investigación científica.

Lo que desencadenó la censura de Facebook fue el intento de Soave de compartir el mensaje. El tema de las mascarillas en la escuela es sin duda la razón de la reacción instintiva de los inquisidores de Facebook.

Esa nueva Inquisición, llamada Science Feedback, consideró que la afirmación de que el estudio del CDC era “ciencia basura” era errónea. Los que luchan contra la desinformación se convirtieron en desinformadores.

Soave se puso en contacto con Facebook y su equipo de censores y es uno de los afortunados que ha obtenido la admisión de que no había ninguna justificación para llevar su artículo al Índice de textos prohibidos.

“La egiqueta ha sido retirada. Pedimos disculpas por este error”, escribió Facebook, antes de lavarse las manos como Pilatos: nosotros no hemos sido; los responsables son nuestros censores subcontratados.

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Opinión

Jaime Richart: «Las Agencias sólo informan con cuentagotas y con mucha más malicia que prudencia»

Tengo el inmenso placer de deciros que MPR21 es la única fuente de información que me interesa de verdad.
Todos los demás soportes digitales o impresos o radiofónicos, y qué decir de los televisivos a los que hace más de un año no presto la más mínima atención, no es que no me inspiren confianza en los asuntos y dominios graves: sanidad, pandemia, vacunas, política, es que los considero autores, cómplices o parte de su artificiosa creación y por consiguiente de la realidad y atmósfera que respiramos.

No sólo en España, sino también en el resto del mundo aunque en éste menos. Porque de fuera las Agencias sólo informan con cuentagotas y con mucha más malicia que prudencia…

Casi desde el principio, por la forma y estructura de que se dota la información, siempre exhaustiva respecto a los datos de hechos, personas, entidades, etc mi lectura de los posts o noticias comienza siempre con la convicción de que MPR21 es absolutamente fiable.

Y, siendo como soy, no sólo por la edad y la experiencia sino también por auto didactismo filosófico, escéptico en tiempos además de un positivismo aniquilador, no encuentro solaz intelectivo más que en MPR21. No sé cómo os las arregláis para compilar tal número de datos que hacen para mí tan convincentes los relatos, pero el caso es que es el único espacio fuera de mi mismidad (nunca estoy menos solo que cuando estoy solo) en el que me encuentro sumamente cómodo leyendo todas vuestras veraces noticias.

Un cordial saludo para todos los que contribuís a tan seria y trabajado soporte en un país como éste en el que no hay espacio alguno que no imagine uno vendido, comprado, corrupto… y dedicado casi exclusivamente a adulterar todo lo posible la noticia, salvo los avatares dramáticos del volcán. Y eso sólo en la exposición exclusiva del fenómeno natural, pero tampoco fiable en cuanto a los efectos colaterales y sus posibles reparaciones…

Lo dicho. Mi felicitación y con yo mi ánimo para que prosigáis vuestro valioso trabajo. Llegará un momento en que de censurados pasaréis por ser el referente y ejemplo de lo que espera un país serio de un pueblo serio…

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Guerra psicológica

La Premio Nobel de la Paz ataca la desinformación de los monopolios tecnológicos

Este año la concesión del Premio Nobel de la Paz ha pasado desapercibida porque le ha correspondido a la periodista filipina Maria Ressa, de 58 años, que ha lanzado una furibunda crítica en la ceremonia de entrega del galardón ante la familia real en Oslo.

Ressa dirigió su ataque contra los grandes monopolios tecnológicos (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft). Dijo que estaban acabando con la información libre y difundiendo una narrativa tóxica sobre la pandemia.

“Su poder casi divino ha permitido que el virus de la mentira nos infecte a todos, poniéndonos en contra de los demás, sacando a relucir nuestros miedos, nuestra ira, nuestro odio y allanando el camino para el ascenso de líderes autoritarios y dictadores”, añadió Ressa.

Tras una carrera en la que ha cubierto la corrupción y las violaciones de los derechos humanos en su país, la periodista criticó el dominio mundial de los grandes monopolios tecnológicos sobre la opinión pública, así como la negación de hechos e informaciones fiables “esenciales en tiempos de pandemia”.

El Tribunal de Apelaciones de Filipinas autorizó a Ressa, que está en libertad condicional, a viajar a Noruega sólo durante cinco días para la ceremonia de entrega del Premio.

El discurso de Ressa es una aportación valiosa en un momento en que la mayoría de los periodistas se han convertido en meros mercenarios que escriben al dictado.

Para muestra sirve un botón: hace unos días Instagram, o sea Facebook, censuraba una cita de Thomas Paine escrita en 1776. “Quien no se atreve a ofender, no puede ser honesto”. Los “verificadores de hechos” dijeron que Paine era un mentiroso y retiraron la frase de internet.

La presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen, expresó su preocupación: “Llevar la información al público puede por sí mismo prevenir la guerra. El papel de la prensa es levantar el velo de la agresión y el abuso de poder, contribuyendo así a la paz”.

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Guerra psicológica

La verificación de hechos no existe, lo que se censura son opiniones divergentes

Facebook ha admitido, por fin, su verdadero papel censor: eso que presentan como “verificación de hechos” es una caza de brujas de opiniones divergentes (1).

El periodista John Stossel presentó una demanda judicial para demostrar que la supuesta lucha contra la “desinformación” de los monopolios tecnológicos es una farsa (2). Publicó dos vídeos en los que abordaba el cambio climático. Ninguno de los dos cuestionaba la realidad del cambio climático, sino que cada uno de ellos abordaba otras cuestiones conexas, como la gestión forestal y el uso de la tecnología para adaptarse.

Sin embargo, los sicarios de Facebook, llamados Science Feedback, los calificaron de “falsos” o, como dicen ahora, “faltos de contexto” porque no les gustó el “tono”.

Esto demuestra que en asuntos como el cambio climático no basta con repetir sólo una parte; hay que insistir en todo el repertorio clásico de temas ligados a la cuestión central para no dejar lugar a dudas: es la peor catástrofe de la historia de la humanidad, hay que gastar billones para combatirlo…

Sólo por eso, Facebook prohíbe o margina algunos reportajes, privándoles de lectores. Pero cuando le demandan, Facebook se encoge de hombres y dice “¡No hemos sido nosotros!” Ellos subcontratan la censura a sicarios como Science Feedback, que deben cobrar por cada hereje al que llevan a la hoguera.

Facebook califica a este tipo de mercenarios, estilo Newtral y Maldita, de “verificadores independientes” porque venden la burra muy barata. Al mejor postor.

El New York Post se ha encontrado con el mismo problema varias veces. En febrero del año pasado publicaron un artículo preguntando si el coronavirus se había escapado desde el laboratorio de Wuhan. La información fue calificada de falsa por los censores de Facebook.

Los verificadores, dice el New York Post, se basan en un grupo reducido de “expertos” interesados en rechazar ciertas teorías, incluyendo EcoHealth, que financió el funcionamiento del laboratorio de Wuhan. Por lo tanto, si la fuga del virus fuera cierta, serían responsables de los daños causados y estarían obligados a indemnizar.

Cuando Twitter bloqueó los informes del New York Post asegurando que el ordenador de Hunter Biden era un “equipo pirateado”, no se basó en nada. Sólo era una excusa para que la reputación de la familia presidencial, padre e hijo, permaneciera inmaculada y, con ella, el partido demócrata al que Twitter sirve.

La “verificación de hechos” se ha convertido en un negocio, otro más, propicio para trepas y vendidos de todos los pelajes. Está financiada por magnates oscuros, como George Soros, con la apariencia de ONG y al servicio de los monopolios tecnológicos y, por supuesto, del discurso dominante.

(1) https://thefederalist.com/2021/12/13/facebook-quietly-admits-its-third-party-fact-checks-are-opinions/
(2) https://www.hollywoodreporter.com/business/digital/john-stossel-sues-facebook-1235019248/

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Guerra psicológica

Santa Klaus inauguró el estilo de vida (norte)americano

Aunque es un relato común a muchas culturas, fueron los emigranes holandeses los que llevaron a Estados Unidos la leyenda de Sinterklaas en el siglo XVII. El personaje llevaba regalos a los niños el 5 de diciembre.

En 1809 el escritor Washington Irving transformó el nombre del santo holandés en la actual Santa Claus, derivado de San Nicolás. No obstante, su popularidad comenzó con el poema de Clement Moore publicado en Estados Unidos en 1823: “Una visita de San Nicolás”, que apareció como anónimo.

En 1863 el ilustrador estadounidense Thomas Nast lo dibujó por primera vez como un hombre regordete, con barba y vestido de piel, en la revista Harper’s Weekly.

Pero la gloria no llegó hasta que en diciembre de 1930 Coca-Cola asoció su nombre al personaje en una campaña publicitaria diseñada por la agencia D’Arcy. En los dibujos, Santa Klaus ganó estatura humano y dejó de ser un gnomo.

En aquella época, la mayoría de los consumidores asociaban la Coca-Cola con un refresco veraniego. Las chicas en traje de baño eran la imagen de marca más conocida del brebaje. Santa Klaus llevó la bebida a la temporada de invierno.

“La sed no conoce estaciones”, comenzó a decir la publicidad de Coca-Cola para ampliar el mercado. Al final fue el invierno el que acabó simbolizado por Santa Klaus, sobre todo durante las fiestas cristianas.

El mercado de Coca-Cola también se amplió con un nuevo segmento de consumidores, los niños, que debían poner una botella del brebaje en la nevera para que cuando llegara Santa Klaus con los regalos pudiera refrescarse.

Para acercarse a los niños, las ilustraciones comenzaron a presentar a Santa Klaus sin su pipa y para acercarse al resto del mundo, se le cambió el nombre por otros, como Papá Noel.

La leyenda de Santa Klaus no sólo demuestra la capacidad de penetración de la publicidad en el mundo moderno, sino la que procede de Estados Unidos, que es capaz de lograr que veamos lo blanco como si fuera negro y lo negro como si fuera blanco.

Fue el primer ejemplo del “estilo de vida americano” que el mundo debía imitar porque la publicidad no sólo transmite mensajes o pensamientos, sino que es capaz de modificar el comportamiento de millones de personas de culturas muy distintas. Todos debemos hacer lo que hacen los americanos.

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La prensa especializada manipula la información sobre los efectos adversos de las vacunas

En la revista “Redacción Médica” los inquisidores tienen un buen ejemplo de manipulación de una información, cuyo titular dice “España detecta 321 casos de miocarditis en 60,5 millones de vacunados covid” (*).

Los que sólo lean los titulares y lo hagan demasiado rápido quizá no se aperciban de que España no tiene 60,5 millones de habitantes y hasta llegar al contenido de la (des)información el truco no aparece: no se refieren a personas vacunadas sino a dosis administradas.

Por lo tanto, también es falso el porcentaje de riesgo del 0,0005 por ciento porque no se puede dividir por dosis sino por personas vacunadas.

El porcentaje es mentira porque los 321 casos de miocarditis se refieren sólo a los que han llegado a oídos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) que, es una parte del total de casos reales.

Pero con el riesgo podían haber hecho lo mismo que hacen con la famosa “incidencia acumulada”: en lugar de dar porcentajes podían dar cifras por cada cien mil vacunados y obtendrían una “incidencia” de la miocarditis de 500, que asustaría bastante más a los lectores.

Ya lo dijo Mark Twain: hay mentiras, medias verdades y estadísticas, y en cuanto te distraes un poco te la cuelan doblada.

Es una de las grandes enseñanzas que esta pandemia ha mostrado sobre las técnicas de manipulación informativa: cuando suministran datos cuantitativos, disfrazan a una noticia con un rigor y una precisión que no existe.

En cuanto una noticia se llena de cifras, porcentajes y estadísticas, la mayor parte de los lectores dan media vuelta y pasan a otra cosa, pero se creen que han asimilado una conclusión exacta y muy documentada.

(*) https://www.redaccionmedica.com/secciones/ministerio-sanidad/espana-detecta-321-casos-de-miocarditis-en-60-5-millones-de-vacunados-covid-3759

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Hacen desaparecer un documento de la Fundación Rockefeller que anticipó la pandemia hace más de 10 años

En 2010 la Fundación Rockefeller, en colaboración con Global Business Network, publicó el informe “Escenarios para el futuro de la tecnología y el desarrollo internacional”. El estudio recurre a diferentes escenarios para simular las opciones estratégicas ante el futuro.

Rockefeller diseñó cuatro escenarios (Lock Step, Clever Together, Hack Attack y Smart Scramble) que diseñan distintos desastres naturales y otras configuraciones apocalípticas. El primero es un escenario pandémico, sorprendente por su similitud con la pandemia declarada de coronavirus. Nadie antes conocía un confinamiento para toda la población, sana y enferma, sin distinción, con fines preventivos y durante tanto tiempo.

Esta es la descripción de la pandemia en “Lock Step”:

En 2012, por fin llegó la pandemia que el mundo llevaba años esperando. A diferencia del H1N1 de 2009, esta nueva cepa de gripe, traída por patos salvajes, era extremadamente violenta y mortal. Incluso las naciones mejor preparadas para ella se vieron rápidamente desbordadas cuando el virus arrasó el mundo, infectando a cerca del 20 por cien de la población mundial y matando a 8 millones de personas en sólo siete meses, en su mayoría adultos jóvenes sanos. La pandemia también tuvo un efecto letal en las economías: el movimiento internacional tanto de personas como de bienes se detuvo repentinamente, debilitando industrias como el turismo, e interrumpiendo las cadenas de suministro globales. Incluso a nivel local, los comercios y las oficinas, normalmente muy concurridos, quedaron repentinamente vacíos. La pandemia afectó a todo el mundo, pero de forma desproporcionada a África, el sudeste asiático y América Central, donde el virus se propagó con la velocidad del fuego en ausencia de protocolos oficiales para contenerlo. Pero incluso en los países más desarrollados, la contención ha sido un gran problema. La política inicial de Estados Unidos de «desalentar fuertemente» a los ciudadanos a viajar en avión resultó letal en su exceso, y aceleró la propagación del virus, no sólo en Estados Unidos sino también a través de las fronteras. A pesar de todo, algunos países salieron mejor parados, especialmente China: la rápida imposición por parte del gobierno chino de una cuarentena obligatoria para todos sus ciudadanos, acompañada del sellado instantáneo de todas sus fronteras, salvó millones de vidas, deteniendo la propagación del virus mucho antes que en otros países, y permitiendo una recuperación más rápida después.

El gobierno chino no fue el único que tomó medidas extremas para proteger a sus ciudadanos del riesgo de contagio. Durante la pandemia, varios dirigentes nacionales hicieron valer su autoridad e impusieron normas y restricciones estrictas, que iban desde la obligación de llevar mascarillas hasta el control de la temperatura corporal al entrar en espacios públicos como estaciones de tren o supermercados. Incluso cuando la pandemia terminó, este control autoritario sobre los ciudadanos y sus actividades continuó, e incluso se intensificó. Para protegerse de la propagación de los crecientes problemas globales -desde las pandemias hasta el terrorismo transnacional, pasando por las crisis medioambientales y el aumento de la pobreza-, diversos líderes de todo el mundo han reforzado su control del poder. Al principio, el concepto de un mundo más controlado tuvo una gran aceptación y aprobación. Los ciudadanos estaban dispuestos a ceder parte de su independencia y privacidad a gobiernos más paternalistas a cambio de una mayor seguridad y estabilidad. Los ciudadanos eran más tolerantes e incluso estaban deseosos de recibir la dirección y el control desde arriba, y los líderes nacionales tenían vía libre para imponer el orden de la forma que quisieran. En los países más desarrollados, esta mayor forma de control adoptó diversas formas: identidad biométrica para todos los ciudadanos, por ejemplo, combinada con regulaciones más estrictas para las industrias consideradas vitales para el interés nacional. En muchos países desarrollados, esta cooperación forzada, junto con las nuevas normativas y acuerdos, condujo lentamente al restablecimiento del orden y, lo que es muy importante, al crecimiento económico. En el mundo en desarrollo, sin embargo, las cosas han sido muy diferentes. La autoridad descendente ha adoptado diferentes formas en los distintos países, en función del calibre, las capacidades y las intenciones de sus dirigentes.

El escenario “Lock Step” continúa describiendo que la brecha tecnológica entre los países avanzados y los que están en vías de desarrollo se amplía, así como el confinamiento nacionalista y las represalias entre países. El final de la simulación, que marca el epílogo de la deriva reaccionaria y represiva de los gobiernos a escala mundial, es sorprendente:

Alrededor de 2025 la gente empezaba a resentirse de este control verticalista, en el que siempre eran los dirigentes los que tomaban las decisiones por todos. Cuando los intereses nacionales chocan con los intereses individuales, surgen los conflictos. Las protestas esporádicas se volvieron cada vez más organizadas y coordinadas, a medida que los jóvenes, desanimados al ver que sus oportunidades se desvanecían en el aire -especialmente en los países en desarrollo-, planteaban la desobediencia civil.

En 2026, una protesta popular en Nigeria hizo caer al gobierno, acusado de nepotismo y corrupción. Incluso aquellos que apreciaban la mayor estabilidad y previsibilidad de este mundo empezaron a sentirse incómodos, atenazados por la gran cantidad de normas y restringidos por las fronteras nacionales. Había una sensación en el aire de que, tarde o temprano, algo iba a alterar inevitablemente el estricto orden que los gobiernos del mundo se habían esforzado tanto en establecer.

El estudio, que estaba disponible en el sitio web de la Fundación Rockefeller, empezó a circular. El hecho de que el público en general, se diera cuenta de una coincidencia tan singular -además de toda una serie de «profecías autocumplidas», como el Evento 201- perturbó la sensibilidad de los más sensibles.

El 27 de mayo de 2021 la Fundación Rockefeller retiró el documento de internet porque ellos son así: escriben la historia y luego la borran. Es posible descargar el informe del siguiente enlace:

*https://web.archive.org/web/20211007004912/http://www.nommeraadio.ee/meedia/pdf/RRS/Rockefeller%20Foundation.pdf

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Los correos internos destapan la campaña de Fauci para desacreditar a los científicos opuestos al confinamiento

Aparecen las primeras filtraciones de los correos internos del padrino Fauci con Francis Collins, director saliente de los Institutos Nacionales de Salud. Los mensajes están fechados en octubre del año pasado, cuando el Instituto Americano de Investigación Económica convocó una conferencia científica para debatir sobre el confinamiento.

Cuatro días después de la reunión, Collins se refirió a tres de ellos como “epidemiólogos marginales” en una directiva que envió a Fauci y a otros altos cargos de su organismo. Se trata de Martin Kulldorff, de la Universidad de Harvard, Sunetra Gupta, de la de Oxford, y Jay Bhattacharya, de la de Stanford.

Eran “marginales” porque preguntaron si el confinamiento eran eficaz. Fueron quienes redactaron la Declaración de Great Barrington, que ya fue objeto de un entrada anterior.

En un correo electrónico obtenido tras una demanda judicial, Collins le dice a Fauci que quería “una publicación rápida y devastadora” de las premisas de dicha Declaración. Fauci le responde esa misma noche diciendo que ya había un artículo demoledor en Wired, y le envía una copia (1).

En el artículo, el divulgador científico Matt Reynolds decía que la ciencia no estaba dividida sobre la inmunidad de rebaño, pero que, en cualquier caso no había que preocuparse porque el confinamiento era cosa del pasado. “El problema [de la Declaración de Great Barrington] es que no estamos en confinamiento”, escribía Reynolds. “Es difícil encontrar personas que aboguen por volver al confinamiento que teníamos en marzo. Cuando los autores de la Declaración de Great Barrington muestran su oposición al confinamiento, están literalmente discutiendo con el pasado”.

Los “expertos” habían vuelto a hacer el ridículo: menos de un mes después, los confinamientos volvieron con fuerza en la segunda oleada del invierno del año pasado.

Fauci volvió a escribir a Collins al día siguiente, esta vez refiriéndose a un artículo de Gregg Gonsalves, profesor de salud pública de la Universidad Yale (2). No era una crítica a la Declaración. A quien atacaba Gonsalves era a Kulldorff, que en una entrevista con la revista Jacobin, exponía que los confinamientos perjudican a los pobres más de lo que la mayoría de los tertulianos querían admitir.

La queja de Gonsalves era que al entrevistar a Kulldorff, la revista Jacobin había roto con otros sitios seudoprogres, como The Nation y The Boston Review.

El 10 de octubre Collins le envió otro correo electrónico a Fauci en el que se jactaba de haber llamado “marginales” en el Washington Post a Kulldorff, Gupta y Bhattacharya, al tiempo que le decía a Fauci que su campaña para acabar con la Declaración de Great Barrington “no será apreciada en la Casa Blanca”.

La Casa Blanca, replicó Fauci, estaba “demasiado ocupada con otras cosas como para preocuparse” por la Declaración de Great Barrington. Al fin y al cabo, tenían que presentarse a las elecciones.

Gonsalves escribió directamente a Collins para agradecerle su poco diplomático acercamiento y se volvió cada vez más hostil y profano en sus comentarios sobre la Declaración de Great Barrington. “La puta Declaración de Great Barrington es como un mal sarpullido que no se va”, escribió Gonsalves. Un día antes, el profesor de Yale también había comenzado a despotricar sobre la Declaración y el Instituto Americano de Investigación Económica.

Collins y Fauci estaban buscando una manera de atacar la Declaración de Great Barrington si surgía en la reunión del Grupo de Trabajo Covid de la Casa Blanca. El 16 de octubre Fauci envió un correo electrónico a Deborah Birx, la coordinadora de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, insistiendo en la necesidad de que se oponga a la Declaración de Great Barrington y prepare el terreno para atacar a Scott Altas, que era el defensor más amistoso de la Declaración en el Grupo de Trabajo.

Dos días después Collins le informó por correo electrónico de que Atlas no había asistió a la reunión del Grupo de Trabajo y de que Declaración de Great Barrington no se había discutido.

Otro correo electrónico sugiere que Fauci celebró el resultado. La oposición de Atlas a la facción partidaria del confinamiento en el grupo de trabajo vuelve loca a Birx, confiesa Collins.

Sin embargo, Fauci y Collins no terminaron ahí con su campaña para derribar a los científicos que habían promovido la Declaración.

En noviembre Fauci pidió a Greg Folkers, su jefe de gabinete, una lista de fuentes que le permitiera argumentar eficazmente contra la Declaración.

Un reciente relato publicado por Scott Atlas sobre su participación en el Grupo de Trabajo de la Casa Blanca (3), señala que Fauci suele recurrir a sus asistentes para recopilar listas de fuentes antes de sus apariciones en los medios de comunicación. Rara vez lee él mismo la literatura científica sobre el coronavirus. Llega a las reuniones con argumentos preparados por su personal. Parece que el correo electrónico de Folker era una respuesta a dicha solicitud de temas de conversación para atacar a los científicos promotores de la Declaración.

A menudo, Fauci se presenta como un defensor de la ciencia por encima de las divisiones políticas y se mantiene al margen de los debates. Pero no es así. Lo que Folkers le envía es una lista de siete editoriales y artículos políticos de los medios de comunicación generalistas que se oponen a la Declaración, es decir, que la información que maneja Fauci procede de las cadenas de televisión.

(1) https://www.wired.co.uk/article/great-barrington-declaration-herd-immunity-scientific-divide
(2) https://www.thenation.com/article/society/covid-jacobin-herd-immunity/
(3) https://www.amazon.com/Plague-Upon-Our-House-Destroying/dp/163758220X

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Salud

La Sexta arremete contra Kennedy para lavar los trapos sucios de Fauci

El jueves La Sexta lanzó una diatriba en el noticiario de mediodía contra Robert Kennedy. Helena Resano dijo que había creado un “imperio antivacunas” y que incluso disponía de una cadena de televisión para difundir noticias falsas. Quizá ella se cree que es la única con derecho a tener una cadena de telvisión para difundir sus falsedades.

Hace 40 años que Kennedy pregona a los cuatro vientos que es partidario de las vacunas, que se ha vacunado, que también ha vacunado a cada uno de sus hijos y que las vacunas han salvado millones de vidas en el último siglo. Pero no sirve de neda porque son inquisidores, como Resano, quienes ponen el sambenito a los demás y creen estar exentos de etiquetas propias. Kennedy es uno de esos detestables antivacunas y no hay nada más que decir.

Kennedy preside una asociación, Children’s Health Defense, que realiza una encomiable labor de denuncia de la continua intoxicación de los niños con toda suerte de sustancias químicas desde que nacen, en nombre de la salud y el bienestar de la humanidad.

La campaña de intoxicación de La Sexta contra Kennedy es una defensa a ultranza de uno de los sectores económicos que resultan intocables para las cadenas de televisión mundiales: los monopolios farmacéuticos. El reguero de cadáveres que sus medicamentos van dejando por el camino no les parece suficiente motivo para comentar, siquiera de vez en cuando, alguna de sus muchas tropelías.

Además, para atacar a Kennedy, La Sexta tiene un motivo de actualidad que Resano se cuidó de silenciar: su reciente y demoledor libro contra Fauci (1), de quien ya hemos dicho que es el verdadero patrón de esta pandemia, por encima de otros benefactores de la humanidad, como Gates o la propia OMS.

En algunas entradas ya hemos referido el papel de Fauci, con una carrera dilatada al frente de los organismos sanitarios de Estados Unidos, que son los que marcan la pauta de los demás países. Da igual que ganen los demócratas o los republicanos; Fauci siempre está en la Casa Blanca moviendo los hilos y, como es natural, el dinero. Ha asesorado a seis presidentes de Estados Unidos, al Pentágono, a las centrales de inteligencia, a los gobiernos extranjeros y a la OMS.

Desde 1968 Fauci ha ocupado diversos cargos en el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (Niaid), una delegación de los NIH, el servicio de salud estadounidense, de los que se convirtió en director en 1984, para inaugurar la pandemia de sida. Su trabajo ha consistido en imponer un modelo en todo el mundo: convertir los organismos públicos sanitarios en apendices de las multinacionales farmacéuticas.

Fauci maneja un presupuesto anual de 6.000 millones de dólares que destina a promocionar las políticas privatizadoras de la sanidad. En época de crisis y recortes, no es necesario gastar el dinero público cuando las empresas, las aseguradores o los fondos buitre pueden hacerlo mejor. No es necesario insistir en que, en realidad, no es Fauci: es el sistema, o sea, el capitalismo, que ha encontrado en la sanidad un mercado muy rentable.

Cualquiera de los aspectos que Kennedy aborda en su libro pondrá los pelos de punta al más sereno de los lectores. Por ejemplo, el cambio en los fljos de ayuda internacional a los países más pobres del mundo, antes volcados en la nutrición, el agua potable, el saneamiento y el desarrollo económico. Ahora los programas de salud pública de la OMS están volcados en vender remedios farmacéuticos y vacunas (2).

Como también hemos explicado aquí, la Fundación Rockefeller tuvo un papel pionero, recuerda Kennedy. En 1922 aportó casi la mitad del presupuesto inicial de la Organización Sanitaria de la Sociedad de Naciones (LNHO) y puso en marcha una asociación público-privada con las empresas farmacéuticas, la Comisión Internacional de la Salud, que comenzó inoculando la vacuna de la fiebre amarilla a las desventuradas poblaciones de los trópicos.

Cuando Rockefeller la disolvió en 1951, la Comisión Internacional de la Salud había gastado miles de millones de dólares en campañas contra las enfermedades tropicales en casi 100 países, que entonces estaban en una situación colonial. La salud pública permitió a Rockefeller abrir los mercados de los países en desarrollo al petróleo, la minería, la banca y otros negocios rentables, incluidos los beneficios farmacéuticos.

(1) https://childrenshealthdefense.org/fauci_info/
(2) https://www.globalpolicy.org/en/article/us-philanthrocapitalism-and-global-health-agenda-rockefeller-and-gates-foundations-past-and