El capitalismo ha transformado la medicina en un negocio sometido a las leyes del mercado, no de la salud

Un sicario de Rockefeller: Abraham Flexner

Juan Manuel Olarieta

Hacia 1900 se rompió la unidad entre la docencia y la investigación científica que había sido tradicional hasta entonces. Los centros de investigación se superpusieron a las universidades. Ocurrió en Gran Bretaña con la cátedra Balfour, en Francia con el Instituto Pasteur y en Estados Unidos con una red de instituciones y fundaciones privadas como Carnegie, Rockefeller, Ford y otras. El gobierno de Estados Unidos sólo financiaba la enseñanza, no la investigación.

En algunos países eso supuso el desdoblamiento de la ciencia en un terreno público, la enseñanza, y otro privado, la investigación. El Estado se encargaba de la primera y el capital privado de la segunda. A partir de entonces la universidad empieza a desempeñar un papel subordinado, retórico. Deja de ser el lugar en el que se crea nuevo saber para adoptar una función reproductora del que se gesta en los centros especializados dedicados a la innovación científica. El laboratorio impone su propio método a la universidad, que deja de ser universal (universitas); comienza la era de los especialistas, los que saben mucho de un poco y nada de lo demás.

La financiación externa de los laboratorios sólo fue la primera fase; la segunda los convirtió en unidades de producción, en empresas capitalistas por sí mismas. El modelo volvió a ser el Instituto Pasteur. Entre 1857 y 1873, Pasteur registró siete patentes de fermentación de vinagre, cerveza y vino, más otra para el filtrado de bacterias por el procedimiento de Chamberland. Pero no pudo patentar la vacuna contra el carbunco (ántrax) porque la ley francesa de propiedad intelectual de 1844 prohibía los registros de remedios farmacéuticos, incluidos los destinados al uso veterinario.

Para rentabilizar la vacuna del carbunco, Pasteur cometió uno de sus típicos fraudes: burló la prohibición mediante un procedimiento monopolista que mantenía en secreto el procedimiento de elaboración. El negocio lo discutió con Gambetta, el presidente del gobierno, a fin de obtener subvenciones del Ministerio de Agricultura y expandir el negocio.

La propaganda sobre el éxito de la vacuna fue tan fulminante que Pasteur tuvo que crear otro laboratorio anexo para fabricarla que ya no era experimental sino industrial, capaz de suministrar 200.000 dosis mensuales mediante un complejo entramado burocrático, que incluía un departamento comercial (1). Con el tiempo, el Instituto Pasteur se transformó en un laboratorio industrial, una de las mayores multinacionales farmacéuticas.

Sólo hubo una excepción al desdoblamiento entre la docencia y la investigación, que fue la medicina, un fenómeno que queda ilustrado en el informe Flexner, que dio un giro completo a la teoría y la práctica de la medicina en Estados Unidos y, a partir de allí, en el mundo entero. Abraham Flexner era un oscuro pedagogo cuando en 1908 el Instituto Carnegie le encargó un informe sobre la capacitación de los médicos en Estados Unidos y Canadá. El encargo le llegó por recomendación de su hermano mayor, Simon, que había sido uno de los pioneros en la creación de la Fundación Rockefeller, director del Instituto Rockefeller de Investigación Médica, además de patólogo en la Universidad Johns Hopkins y en la de Pensilvania.

En 1902 John D. Rockefeller había creado el General Education Board, la primera gran fundación educativa de Estados Unidos. Flexner entró a formar parte de su personal. Su tarea aparente consistía en evaluar el estado de las universidades en norteamérica, y el de la educación médica en particular.

Flexner era una marioneta y su informe un plagio. Es esencialmente el mismo que había elaborado la Asociación Médica Americana dos años antes y que nunca se había publicado. En su tarea Flexner fue guiado por N.P. Colwell, miembro de dicha Asociación, quien quería asegurarse de que Flexner llegaba a las conclusiones previstas. Incluso el pedagogo acabó la redacción de su informe (2) en las oficinas centrales que la Asociación tenía en Chicago.

La coalición de esa Asociación con Carnegie y Rockefeller llevó unas determinadas tesis sobre la práctica uniforme de la medicina a todo el mundo. Los médicos pasaron a ser clones unos eran de otros: como los remedios, los médicos también se fabricaban en serie y la medicina se acaba codificando en protocolos de actuación, diagnósticos, definiciones y vademécums compilados en gruesos volúmenes. El canon llegó impuesto por el dictado de una Asociación Médica que ni tenía carácter oficial, ni tampoco representaba al conjunto de la profesión. Por ejemplo, ni las mujeres ni los negros podían formar parte de ella.

Con su informe, Flexner se limitó a dar aire al desembarco del capital monopolista en la medicina y la farmacopea norteamericana, a la creación de la industria de la salud, un sector económico emergente a cuyas normas debía someterse de manera uniforme el ejercicio de la medicina. En 1910 en Estados Unidos ejercían más de 60.000 profesionales dispersos por un vasto territorio, uno de los porcentajes de profesionales por habitante más altos del mundo. Como consecuencia de ello, la atención sanitaria se acercaba al ideal: médicos por todas partes y precios asequibles de la atención sanitaria. Esa abundancia de médicos se debía a que no se necesitaba un permiso oficial del Estado para ejercer, de modo que cualquiera podía poner una consulta, y también a las facilidades de matriculación en las escuelas de medicina, que eran muchas y de propiedad privada.

Estados Unidos pasó de disponer de 166 escuelas de medicina en 1910 a sólo 77 en 1940. Fue un cierre selectivo que afectó a la mayoría de las pequeñas escuelas rurales; sólo permitieron la apertura de dos escuelas para negros. En 1963 Estados Unidos mantenía el mismo porcentaje de médicos por habitante que en 1910, a pesar de un incremento enorme de la demanda. De los 375.000 médicos en activo en 1977, sólo 6.300, el 1,7 por ciento, eran negros.

El plan de 1910 consistía en fomentar el mercado de la enfermedad, la medicina debía convertirse en un negocio y el médico debía modificar su posición en la pirámide social: de un profesional muy cercano al paciente, se conviritió en parte integrante de una élite selecta cuyos honorarios muy pocos podían satisfacer, lo cual abrió un fantástico mercado secundario: el de los seguros médicos. Las relaciones entre ambas partes, médico y paciente, cambiaron radicalmente. Antes el médico visitaba al paciente; ahora el paciente visita al médico.

Para imponer un canon uniforme, el Estado comienza a intervenir: cuál es la auténtica medicina y cuál se debe vilipendiar, quién es médico y quién es sólo un curandero, qué conocimientos médicos se deben impartir, cómo se deben impartir y en dónde se deben impartir. Ni cualquiera puede fundar una facultad de medicina, ni cualquiera puede ejercer la medicina. Para que alguien se pueda llamar médico primero debe disponer de un título académico que sólo el Estado puede otorgar; para que alguien pueda ejercer la medicina primero debe disponer de una autorización que sólo el Estado puede otorgar, todo lo cual va cuidadosamente reglamentado y supervisado, además, por corporaciones profesionales del tipo de la Asociación Médica Americana, al servicio de los intereses de grandes empresas capitalistas de la farmacia, del equipamiento médico, de los seguros médicos, etc.

Los herbolarios también desaparecieron o fueron marginados. La formación médica, como las demás enseñanzas codificadas, son un instrumento de dominio sobre la ciencia sancionado por el Estado, que le proporciona al mecanismo una apariencia de objetividad y neutralidad.

A partir del informe de Flexner los hospitales se vinculan a las facultades de medicina y a la investigación médica. No ha sucedido con ninguna otra profesión. Las facultades de derecho no comparten la misma sede que los tribunales, ni las escuelas de ingeniería están en los talleres, ni la enseñanza de la economía en la bolsa. Había que abandonar la medicina tradicional, el saber empírico y lo que Flexner calificaba como “dogmas históricos” que impiden la “libre búsqueda de la verdad”.

En la industria farmacéutica, la dinastía Rockefeller había comenzado con William Avery Rockefeller, quien acumuló su fortuna engañando a los incautos con elixires compuestos por alcohol, cocaína y opiáceos que embotellaba como pócima milagrosa para cualquier clase imaginable de patología (3). Era un tráfico de drogas en una época en la que cualquier clase de droga era aún de venta legal y libre.

En 1910, junto con algunos conglomerados farmacéuticos, Rockefeller controlaba hospitales, universidades e investigación. La medicina y sus áreas afines se convirtieron en un modelo de control y regulación monopolista, bajo la cobertura oficial de instituciones públicas como la FDA (Food and Drug Administration), un departamento del gobierno de Estados Unidos que hoy dicta la política sanitaria, alimentaria y farmacéutica en el mundo entero.

No obstante, la naturaleza pública de la FDA es engañosa ya que el 75 por ciento de su presupuesto lo cubren las empresas farmacéuticas, es decir, que son éstas las que realmente controlan a un organismo aparentemente público, y no al revés.

Los abigarrados protocolos de la FDA imponen lo que es una droga que hay que prohibir, lo que es un alimento que se puede ingerir y lo que es un fármaco que se debe prescribir. Dicen lo que es sano y lo que es pernicioso; lo que deben hacer y lo que no, tanto los médicos y pacientes como los gobiernos; lo que es salud y lo que es enfermedad, siempre basándose en criterios que sólo son realmente científicos si coinciden con los intereses económicos de las empresas farmacéuticas.

(1) Maurice Cassier: Appropriation and commercialization of the Pasteur anthrax vaccine, Studies in History and Philosophy of Biological and Biomedical Sciences, vol.36, 2005, pgs.722 y stes.; del mismo autor: Producing, controlling and stabilizing Pasteur’s anthrax vaccine. Creating a new industry and a health market, en Science Context, vol.21, 2008, pgs.253 y stes.

(2) Abraham Flexner: Medical education in the United States and Canada. A report to the Carnegie Foundation for the advancement of teaching, en Bulletin num.4, Boston, Massachusetts, 1910 (http://www.carnegiefoundation.org/files/elibrary/flexner_report.pdf).

(3) En 1900 la mayor parte de los fármacos patentados se componían de alcohol y derivados del opio y la cocaína; en otros casos contenían productos tóxicos organofosforados. El fraude fue denunciado por el periodista Samuel Adams en una serie de artículos publicados por la revista Collier’s Weekly entre octubre de 1905 y febrero del año siguiente, luego recopilados en un libro titulado “The great american fraud: Articles on the nostrum evil and quacks”, que sigue siendo una referencia del periodismo de investigación.

Más información:
– Pasteur el impostor

comentarios

  1. Pues nada, como en el capitalismo hay muchos intereses económicos por doquier, la posición revolucionaria es defender que cualquiera pueda ejercer de médico, incluidos Pamies y tú mismo. Venga ya, hombre, deja de soltar estupideces.
    Se te olvida una cosa: la formación de los médicos, en los países capitalistas y en los países socialistas, es coincidente en su mayor parte. Es decir, que los criterios para ser considerado médico en un país socialista y en un país capitalista son prácticamente los mismos. En la OMS están los países capitalistas y está Corea del Norte, Cuba, China o la URSS, en su momento. Un médico cubano puede ejercer en España una vez convalidados sus títulos. Los médicos cubanos van a cualquier país capitalista y ejercen su profesión codo con codo con los médicos "indígenas". De manera que en tu intento de impugnar la medicina capitalista acabas impugnando la medicina en general.
    Tus ideas no hay por dónde cogerlas, por mucho que te empeñes. Deja el monotema ya, si tienes en alguna estima tu propia credibilidad. Da como vergüencita. Y si crees que remontándote un siglo atrás o haciendo alarde de tu "cabeza enciclopédica" le das más fundamento a tu posición, te equivocas. Eres un hombre muy listo y muy culto, pero eso no te impide equivocarte a cada paso que das.

  2. Sabes una cosa? Los ordenadores, las calderas, todo lo habido y por haber está sometido a las leyes de mercado. Y a mí no se me ocurre comprarme una caldera no homologada por un organismo oficial. Me gusta que las calderas no me exploten. Si es que soy un borrego. Debería fabricarme yo mismo la caldera, como si fuera McGyver.

    1. Tu comparación de la salud con un caldera es genial.
      Pero lo de que sea Estados Unidos quien tenga que homologar las calderas de todo e mundo es aún mejor.

    2. La homologación de las calderas se hace según el RITE. Es una norma española y europea. Las normas que regulan el ejercicio de la medicina y los productos farmacéuticos son también españolas o europeas. En EEUU se ponen hasta las cejas de opiáceos. Aquí está prohibida su distribución generalizada. Así que, no, EEUU no determina estás cuestiones. Ya le gustaría a la menguante potencia yanqui.

  3. Estimado J.M.Olarieta, desearía plantearle dos cuestiones que me están poco menos que atormentando desde hace tiempo:

    1)Cuando calculamos el área de una circunferencia de radio 1, entonces dicho área sera 2pi. Pero pi es un número irracional, por lo tanto ese cálculo es impreciso o, por lo menos, no "refleja" toda la realidad. Evidente pi es una relación que existe en todas las partes de la naturaleza, pues es una cantidad que aparece en multitud de campos. Obviamente nosotros usamos el sistema decimal: se podrían crear otros sistemas en los que las áreas queden en números enteros, a consta de que lo que hoy medimos como entero -"exacto"- pase a ser "no tan exacto", entonces la pregunta que me surge es: ¿Qué significa precisión en matemáticas?, ¿depende del sistema que utilizemos?, ¿las expresiones de Gauss, Taylor, etc. están subordinadas al sistema decimal?, ¿con los procedimientos que ellos usarón en su día podrían desarrollarse teorías del error semejantes en otros sistemas?
    Por otro lado y en relación con lo anterior, cuando somos capaces de calcular una longitud exactamente, de medir con precisión absoluta ¿estamos ante un caso de conversión completa de la "cosa en sí" en "cosa para nosotros"? ¿No rompería esto con lo que Lenin enuncia en "Materialismo y empiriocriticismo" acerca de que el "criterio de la práctica" no puede nunca, en el fondo, confirmar al 100% la veracidad de nuestros pensamientos (cito de memoria)?

    2)En el tema de los infinitésimos e infinitos entiendo que existe un "salto de cualidad", que el infiniteo y el infinitésimos dejan de ser comparables con las demás magnitudes que "despreciamos" al calcular límites, y por eso funciona el cálculo diferencial y el integral. Leyendo la "Dialéctica de la naturaleza" de Engels, me doy cuenta de que cuando Engels trata esta cuestión (apartado matemáticas) pone como ejemplo las dimensiones del radio de la Tierra en relación a otras mucho más pequeñas, pero aquí no veo claro el "salto" de cualidad, más bien veo lo contrario: la continuidad existente entre los miles de kilómetros que mide el radio de la Tierra y los pocos metros que mide el ancho de la acera. Sin embargo, cuando queremos obtener la ecuación de una recta a partir de la de una circunferencia -en física, por ejemplo- consideramos a la circunferencia de radio infinito -salto de cualidad- y, efectivamente, se llega a la de la recta. Realizar este límite ¿es legítimo?, supongo que sí, pero no entiendo por qué funciona más allá de los "cálculos". No veo nada claro el paso del terreno de la teoría al de la práctica y creo que me estoy embrollando yo sola.

    Supongo que a un gigante como Engels no se le escaparía esto y no estoy entendiendo algo…

    1. Es una cuestión que se trató en la censurada web Antorcha, en un artículo que se titulaba algo así como “Infinito, infinitesimal”. Mira a ver si lo encuentras ahí, en algún espejo.

  4. Yo no tengo ni puta idea de cálculo infinitesimal. Pero la fórmula para medir el área de una circunferencia es Pi x r². Si tu radio es de 1, la operación no puede ser 2 x Pi, sino 1² x Pi, es decir, 1 x Pi. Empieza por ahí.

  5. youtube.com/watch?v=KZirJFHFQFY

    Vivir aislados o con un cubrebocas es aceptar el gran fracaso de la ciencia: Avelina Lésper

    La enfermedad es el negocio de la industria farmacéutica, no la salud. Los científicos han abandonado en primer lugar a los médicos y personal sanitario, los han dejado sin armas para pelear contra el COVID 19, y nos han dejado a las sociedades y ciudadanos en la incertidumbre y el miedo. Se suponía que esta cuarentena feroz era para dar tiempo a que la ciencia encontrara una solución y para no saturar a la salud pública, y mientras los hospitales no se dan abasto, las farmacéuticas se han dedicado a especular y ganar fortunas con esta enfermedad.

    La crisis económica se ensaña con los más pobres, y basta que un laboratorio declare que “ya casi tiene la cura” y sus acciones en Wall Street se disparan al alza, por mencionar uno, Moderna Pharmaceutical, subió 30% en bolsa, ganando millones de dólares sin tener la medicina, sin vender una sola dosis, con sólo las pruebas y declaraciones, sus propios científicos y ejecutivos especularon con las acciones.

    El desfile de científicos compitiendo en aparecer en los titulares internacionales, con información cada vez más confusa, persiguiendo el premio Nobel, versión ideologizada e intelectual de Miss Universo. ¿En dónde quedó la ética científica? La falta de rigor en la información científica, declarando sin ningún cuidado que tenemos que vivir para siempre con un cubre bocas y que al día de hoy desconocen el origen del virus.

    Dilatar la invención de la medicina y la vacuna, incrementa la necesidad y aumenta las ganancias de las farmacéuticas y los especuladores financieros, que son los grandes beneficiados de este caos. Gojo Industries, fabricantes de sanitzadores, han ganado billones de dólares, “ante la histeria de la pandemia” según Forbes.

    La pandemia no sólo ha dejado contagios y muertes, ha dejado pobreza, precariedad laboral, depresiones, violencia, y las farmacéuticas y los especuladores jugando a la ruleta.
    La “nueva normalidad” es un deterioro general de la cotidianeidad, que nos tomó millones de años construir. Han instituido el miedo y aislamiento como forma de control y “prevención”, es un proceso involutivo y represivo que no convivamos, que no nos toquemos, las consecuencias psicológicas y físicas son impredecibles. ¿Ya no vamos a volver a ir al teatro, las universidades, los conciertos masivos, museos, restaurantes?

    Vivir aislados o con cubre boca es aceptar el gran fracaso de la ciencia, los investigadores y laboratorios.

    No tienen derecho a jugar con nuestra salud física y mental, las farmacéuticas son un monopolio ultra millonario, global, todos los medicamentos los realizan las mismas firmas en todos los países, y en China se fabrican las materias primas o sales, es evidente la especulación económica y la oportunidad única de enriquecerse. Si ese es el objetivo, perfecto que sean más ricos, qué más da, pero que ya solucionen esto, trabajen en una cura y no en hacer negocio, es escalofriante pensar el dinero que están ganando y van a ganar con nuestro sufrimiento.

    Avelina Lésper

    Blog de Avelina Lésper

    avelinalesper.com/2020/06/sin-distancia.html

  6. Esto demuestra el fracaso de la mente, de un mundo adorando a la mente, dejando a un lado el mayor bien y sabiduria con la que venimos equipados, El Corazon, y la capacidad de guiarnos con Amor. El resto de explicaciones es mas basura, de lo mismo. Un Ser, Humano, con su Corazon vigente, no teme, no es parte de engaño alguno, y vive sin sombras de dudas, iluminando las tinieblas de la ignorancia, ayudando a otros a cambio de nada. Y ese potencial lo tenemos todos.

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