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El auténtico chiringuito financiero del imperialismo

En Fort Knox, Nueva York, Estados Unidos custodia miles de toneladas de oro, de las que 3.300 pertenecen a Alemania. En enero del año pasado el Bundesbank anunció en una rueda de prensa la reorganización de sus reservas de oro en un largo proceso que se extendería hasta 2020. El porcentaje custodiado en Estados Unidos se reduciría al 37 por ciento.

Al conocer los planes del Bundebank, la Reserva Federal de Estados Unidos puso todo tipo de excusas para oponerse al traslado. La agencia de noticias Russia Tuday publicó que a los alemanes les negaron hasta el permiso para visitar los sótanos de Fort Knox, donde debería estar depositado el oro.

Estados Unidos también prohibió que Alemania auditara las reservas de oro almacenadas. Sin muchos rodeos, lo que Russia Today quería decir es que Estados Unidos se había quedado con el oro alemán: “En general, las instituciones financieras de EE.UU. son conocidas por vender lo que realmente no existe”, escribió Russia Today en su web.

Alemania sólo consiguió recuperar 37 toneladas de las más de 1.200 que tenía guardadas en Fort Knox, hasta que, sin dar muchas explicaciones, en julio de este año renunció a repatriar la montaña de lingotes que debería tener depositados allá, del orden de 70.000 millones de dólares.

Tras publicarse la renuncia de Alemania a recuperar su oro, el antiguo subsecretario del Tesoro del gobierno de Reagan, Paul Craig Roberts, señaló sin tapujos que Estados Unidos no tiene ni un lingote de oro. Para Craig Roberts, esto significa que toda la reserva de oro de Estados Unidos, incluida la de otros países, se ha esfumado. Se han gastado su pasta y la de los demás.

«Estados Unidos no tiene el oro y no puede suministrarlo, por eso ha obligado a Alemania a resignarse y dejar de reclamar su oro, ya que no puede entregárselo. [Estados Unidos] ha ordenado a su estado títere [Alemania] que se calle y emita una declaración diferente», dijo sin rodeos Craig Roberts.

A partir de la desaparición del oro, las especulaciones se disparan. Hay quien dice que Estados Unidos sí tiene el oro, pero que no quiere desprenderse de él para imponer un nuevo sistema monetario, lo mismo que en 1945. Otros dicen que no lo tiene porque ha tenido que vendérselo a Rusia y China.

Por su parte la prensa rusa (1) dice que China y Rusia van a pedir a Estados Unidos que muestre públicamente si les queda algún lingote de oro en los sótanos de Fort Knox. De lo contrario, ambos países anunciarían al mundo el desfalco.

Teóricamente, si los lingotes estuvieran en su sitio, Alemania tendría las segundas mayores reservas de oro del mundo después de Estados Unidos. Ascenderían a 3.386,4 toneladas, superando con creces las 2.452 del tercero, Italia.

La prensa alemana está con la mosca detrás de la oreja porque no sólo les ha ocurrido a su país. Ya ha habido precedentes. Todos los que han reclamado su oro a Estados Unidos se han quedado con las manos vacías.

Por eso en 2011 Venezuela repatrió las 211 toneladas de oro que tenía guardadas fuera del país. Por eso mañana en Suiza se celebrará un referéndum: para repatriar el oro suizo que está en Inglaterra y Canadá, casi una tercera parte de las reservas del país.

Hasta ahora el mercado de oro lo han manejado Estados Unidos y Gran Bretaña a través de cinco grandes bancos. Pero ahora Wall Street se prepara para un cambio a gran escala porque China ha entrado en escena. Sus reservas de oro se han multiplicado por cinco. China tiene una las mayores reservas mundiales de oro del mundo, lo cual es algo a tener en cuenta sobre todo si -como parece- el oro de Estados Unidos se ha esfumado.

Pero ahí no acaba la cosa. El Banco Industrial y Comercial de China ha comprado una división sudafricana del Standard Bank para hacerse con una parte del control del mercado de oro de Londres, en donde los precios suben imparablemente: ya nadie quiere dólares ni euros y el oro vuelve a ser el refugio último -y único- del dinero mundial, como escribió Marx hace 150 años, sobre todo en tiempos de crisis galopante.

Otro factor a tener en cuenta es que, como dice el analista ruso Tsaturian Sarkis, en Estados Unidos se han puesto muy nerviosos porque en diez años los chinos van a desahacerse de los dólares que atesoran (2).

Además, Rusia le sigue los pasos a China. También está comprando oro y este año ha subido a la quinta plaza en cuantía de reservas mundiales, suponiendo que el oro de Fort Knox no haya desaparecido.

Al incrementar la proporción de oro en el volumen total de sus reservas, Rusia y China reducen en la misma medida la proporción de dólares estadounidenses y de euros europeos, en los que han perdido la confianza o, como titulaban los medios rusos hace poco: «Rusia se prepara para la caída del dólar y el euro» (3).

Pero, a diferencia de Alemania y Suiza, Rusia y China tienen su oro a buen recaudo, como en los viejos tiempos: seguramente guardados en el colchón de la cama.

(1) Россия и Китай устроят США золотое линчевание Читать далее, http://ukraina.ru/news/20141126/1011284636.html, http://politikus.ru/events/36719-rossiya-i-kitay-ustroyat-ssha-zolotoe-linchevanie.html
(2) Золотое восхождение Китая, 13 de octubre de 2014, http://www.iarex.ru/articles/51101.html
(3) http://es.rbth.com/noticias/2014/10/09/rusia_se_prepara_para_la_caida_del_dolar_y_el_euro_44193.html
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El capitalismo se hundirá en mayo del año que viene

Así lo ha asegurado Jim Rickards en una entrevista a una cadena de televisión (1), que muestra el estado de ánimo depresivo que ronda por Wall Street y otros ámbitos del mismo nivel. No hay brotes verdes ni de ningún otro color que no sea el negro. Hace tiempo que las noticias económicas son sinónimos el verbo naufragar.

Rickards no es cualquiera. Además de un especulador experimentado de la bolsa de Nueva York por cuenta de los grandes bancos, también es consejero económico del Pentágono y de la CIA. Participó en las negociaciones con Teherán durante la crisis de los rehenes de 1980.

En 1990 colaboró con el Banco de la Reserva Federal para evitar el hundimiento de Wall Street durante la crisis del fondo de inversión Long Term Capital Management.

Tras el 11 de setiembre de 2001 la CIA le puso al frente del «Proyecto Profecía» que utiliza los indicadores bursátiles para predecir eso que en Estados Unidos llaman «amenazas a la seguridad nacional» por parte de los terroristas, de otros países o de quiebras internas.

Como buenos supersticiosos, la CIA cree en la predestinación y, por lo tanto, en las profecías, incluidas las bursátiles. Es más, creen que el sistema de alerta que han puesto en marcha ya demostró su fiabilidad el 7 de agosto de 2006, al detectar un ataque terrorista inminente.

La CIA cree que la profecía se cumplió en Londres tres días después, cuando lograron abortar un ataque con explosivos contra diez aviones estadounideses de diferentes líneas aéreas por parte de un grupo pakistaní.

Ahora Rickards ha vuelto a sacar su bola de cristal para lanzar otra profecía, aunque esta vez -advierte- el ataque procede del interior de Estados Unidos.

Lo curioso es que no es el único que lo dice. Recientemente se ha publicado un informe consensuado por 16 agencias de espionaje diferentes de Estados Unidos. Los organismos de inteligencia han evaluado conjuntamente el impacto de la caída del dólar como moneda de reserva mundial y comparan el final de la hegemonía estadounidense con la caída del Imperio Británico tras la Segunda Guerra Mundial.

El informe pinta un escenario de pesadilla. Las previsiones son de un hundimiento económico y un largo periodo de caos mundial. Según los espías estamos en vísperas de una gran depresión que durará 26 años y que empezará en mayo del año que viene.

En la entrevista Rickards añade que debemos prepararnos para lo peor y que no podemos hacer nada por impedirlo. Lo dice porque después de tantos años en Wall Street nunca ha oido hablar del socialismo.

Fuente: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=KYW5OGWfqJc
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El Corte Inglés

Nicolás Bianchi

Con motivo de la muerte del último presidente de El Corte Inglés (ECI, en adelante), Isidoro Álvarez, se le ha caracterizado a éste por parte de la prensa venal como el típico selfmademan a la usamericana manera, como un «Juan Nadie» que de botones de un Banco pasa a dirigirlo. No hay nada de esto. Este señor no se hizo a sí mismo, si no que lo hicieron como al hollywwodiense John Doe, película de Frank Capra protagonizada por un risueño e ingenuo Gary Cooper en 1941.

Lo que sí es cierto son sus orígenes humildes igual que sus mentores en lo que llegó a ser ECI y Galerías Preciados, cosa que, por ejemplo, el recién finado banquero Emilio Botín no fue ni tuvo.

El CI no fue la idea originalísima de ningún «genio» del comercio. Lo crearon, eso sí, unos aldeanos asturianos (procedentes, literalmente, de una aldea). El fundador fue César Rodríguez, nacido en una chabola asturiana en 1882. En aquella época no había aldea asturiana que no tuviera al menos un hijo -de los muchos que se tenían para las labores del campo, César fue el octavo- en América. César Rodríguez se fue con 14 años, en 1896, a La Habana desde el puerto de Santander, con los tambores del independentismo cubano de fondo. Trabajó de «cañonero», como le decían allá al chico para todo: limpiar, barrer, fregar… a cambio de comida y cama, que es lo que le ofrecían en una tienda de novedades de no importa qué nombre, es irrelevante. Sí que lo es, relevante, saber el nombre de donde se estableció nuestro héroe y de donde salió la idea de «plagiar», vale decir, el futuro Corte Inglés. En 1900 César -le vamos a tutear porque ya nos cae hasta bien en esta «vida ejemplar» de santo en plena jungla de asfalto capitalista liberal- sucede algo algo definitivo y es que, César, entra a trabajar como dependiente en los almacenes habaneros EL ENCANTO. Allí estará, ascendiendo, 28 años y asimilando lo que luego sería ECI. No sabía ni sumar, no sabemos si leer, pero era bueno para los negocios, instintivo, que se dice.

La importancia de EL ENCANTO (o su rival comercial «Fin de Siglo», también habanero, en los años 30 con Machado) en la idea de ECI es tal que no se entiende éste sin aquél: es un calco. Hasta tal punto que el slogan para las rebajas en EL ENCANTO ¡a principios del siglo XX! era… «ya es primavera en EL ENCANTO», les suena, ¿no es cierto?

Con solo 24 años César -le seguimos tuteando- ya tiene un puesto importante en EL ENCANTO, un gran capital acumulado que va reinvirtiendo en tiendas -como se hará en España con ECI, el de Bilbao, por poner un ejemplo, se inauguró en 1969- y buenos contactos con la alta sociedad de La Habana. Años después, en 1910, llega a la capital cubana su primo, también asturiano y aldeano, José Fernández Rodríguez, más conocido como Pepín Fernández y futuro fundador y presidente de Galerías Preciados (GP). A diferencia de César, Pepín sí pudo ir a la escuela. En 1919 la situación de ambos primos era ya privilegiada. César consolidó su fortuna personal casándose con una criolla de la alta sociedad cubana. Pepín -vamos a tutearle también al bueno de Pepín, que aquí somos como el exrey: muy campechanos-, por su parte, revolucionaba el mundo de la publicidad con sus eslóganes para EL ENCANTO. Una máxima copiada de los almacenes de la época de Estados Unidos y que posteriormente fue santo y seña de ECI y GP fue aquello de «el cliente siempre tiene razón». También el trato exquisito al cliente que podía llegar a ser abrumador y hasta agresivo, pero que resultó novedoso y «revolucionario» en los principios de este emporio. E imperio.

Mientras Pepín es ascendido a gerente y César se codea con la jet-set habanera, Ramón Areces, sobrino de César (ojo, no hemos dicho «del César Imperator»), sale del puerto gijonés de Musel rumbo a la isla. Areces será el sucesor de César Rodríguez, su tío, al frente de ECI y segundo presidente. Nació en 1904 y se crió en una mísera chabola, en un «chigre», como quien dice. Más que irse, huyó a La Habana en 1920, con 16 años. Allí, empieza como los demás, de «cañonero», oficio que ya conocemos, en EL ENCANTO donde llegará a dependiente de la sección de «caballero». Pero a diferencia de su tío, César, y de Pepín, que aquí todo queda en familia, al menos en principio, Ramón no escala más y se vuelve a Spain. Y se vuelve sin traje de seda ni puro habano ni barriga, como los típicos «indianos» triunfadores.

Algo que sí fueron César y Pepín. El primero abandonó EL ENCANTO -prototipo de ECI, insisto- en 1929. En 1933, al término de la dictadura de Machado (que no era un militar, como lo era, por entonces, el sargento Fulgencio Batista), César acumulaba una fortuna cuya cifra hoy no nos dice nada y es baladí decirla, pero un pastón entonces. Pepín, sin tanta presencia social, también engorda sus cuentas corrientes. Y hasta publica columnas de opinión -ya dijimos que fue a la escuela- en algunos periódicos cubanos ignoramos qué cosa. En 1930, igual que Areces, abandona EL ENCANTO y también la isla, a diferencia de César, que permanecerá hasta la revolución castrista.

En 1934, Pepín Fernández adquirió en la calle Preciados de Madrid una pequeña tienda llamada Sederías Carretas, el germen de Galerías Preciados, el primer centro comercial de España. Esto fue en 1955, 21 años más tarde de lo de Sederías Carretas. En GP participaban con el mismo porcentaje (46%) Pepín y su primo César, futuro fundador de ECI. En 1946 se romperá la sociedad -como en las mejores familias- de los dos primos de manera abrupta y comenzará la rivalidad entre GP y ECI (que acabó comprando al primero en 1993 por dos gordas, como quien dice entre gigantes).

Debajo de Sederías Carretas había una tiendecita, una sastrería, llamada El Corte Inglés, una nada, poca cosa. En 1935 se registra ante notario la escritura de compraventa de esa sastrería ECI a favor de César Rodríguez, quien asume la presidencia y es representado en Madrid (ya que seguía en Cuba) por su primo Pepín Fernández. Al año siguiente, en febrero de 1936, año del triunfo del Frente Popular, por cierto, Pepín -cumpliendo la promesa a su primo- pone al frente del negocio a Ramón Areces que, recordemos, se vino a España sin fortuna. Nació ECI con siete empleados y dos botones a los que Areces prometió el recopón. Pero lo cierto es ni César ni Pepín confiaban en las posibilidades de Areces. Sin embargo, lo hará crecer gracias al dinero de su tío, fundador y propietario de la tienda.

Sederías Carretas supuso un cambio radical en el comercio en España. Pepín Fernández, apoyado económicamente por su primo César, puso patas arriba la manera de entender las ventas en Madrid y el comercio español. ECI adoptaría, años después las mismas técnicas. Acabaría con el mostrador -típico en las tiendas de ultramarinos que algunos hemos conocido- que era una especie de barrera entre el cliente y el vendedor. Pepín puso, en su lugar, mesas de modo que el público tuviese la mercancía a su alcance. Pepín y César institucionalizaron también el precio fijo cuando todavía imperaba el regateo típico del comercio pequeño. También de esos tiempos vienen las campañas de rebajas, que parecen inventadas ayer, el trato al cliente y la posibilidad de que el cliente se desenvuelva con libertad por la tienda sin que tenga que comprar. Estamos ante la concepción del centro comercial moderno.

Todo esto había nacido ya a mediados del siglo XIX en Francia con el Bon Marche en 1859. Luego seguido por los Estados Unidos. Se trata del modelo anglosajón londinense de Harrod’s recopiado por Le Samaritain o Galerías Lafayette.

Este tipo de tiendas y su escaparatismo impulsó eso que se ha dado en llamar «consumismo» y parece el motor de la economía: GP y ECI. Fueron ellos quienes introdujeron en España el «tallaje antropométrico», esto es, el fin de las prendas a medida a cambio de determinar seis tallas universales para toda la población. También la forma de trabajar fue novedosa. Se impuso el sistema de comisión, se prohibieron las propinas, se garantizará por primera vez la devolución del dinero si el cliente no queda satisfecho, publicidad que todavía se oye. En los años 60 vino la tarjeta de compra, «tarjeta de ECI», tarjeta que daba «status».

En el año 1941 es cuando ECI comenzó a sentar las bases del que actualmente es el primer grupo de distribución español. Dieron el «primer gran pelotazo». Ocurrió que los masivos reclutamientos de tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial dejaron tocada su economía por falta de mano de obra. Así que el 8 de febrero de 1941 el gobierno español firmó un acuerdo con el gobierno alemán para suministrar mano de obra. Era una oportunidad para los muchos parados y gente sin apenas recursos que deambulaban por las calles viviendo del trapicheo. En un principio, el acuerdo disponía el envío de 100.000 trabajadores (productores para los alemanes), pero sólo fueron unos 4.000. Los requisitos para poder emigrar eran estar sanos y estar libres de las obligaciones durante dos años (duración del contrato), o sea, nada de novias ni parientas. Y ahora viene el «pelotazo». Cada viajero debía llevar una maleta con: cuatro pares de calcetines, un par de calzoncillos y camisetas, tres camisas, dos pares de pañuelos, dos toallas, un traje, un pantalón, un jersey de lana, un abrigo, un par de botas, una bufanda, un gorro y los útiles de afeitar. Las tortillas de patatas eran voluntarias (sic). Los traperos y El Corte Inglés hicieron su agosto El Corte Inglés ofrecía «el paquete del emigrante».

ECI es el mayor anunciante de España en los mass media, que es una forma de comprar su silencio cuando de relaciones laborales internas se trata. El recién finado, Isidoro Álvarez, no quería saber nada de sindicatos, aparte de abrir los domingos el comercio en perjuicio del pequeño comercio. Se incorporó en 1953, siendo un chaval y como almacenero, luego se licenció en Económicas entrando de consejero en la sociedad, con la recién estrenada condición de ECI como Sociedad Anónima. ECI apenas ha contratado directivos profesionales. La mayoría de los puestos de mando corresponden a empleados que han ido ascendiendo de categoría, como lo vió César Rodríguez en La Habana y exportó a España: «somos como una familia», declaraba Ramón Areces en 1981 (falleció en 1989 con 84 años de edad). Es el llamado «modelo japonés»: una estricta jerarquía, un trato paternalista con el empleado que permite la promoción interna y una implicación total y completa del trabajador con la empresa.

Parece ser que el nuevo director general de ECI, Dimas Rodrigo Jimeno, sobrino de Isidoro Álvarez, que estrena la cuarta generación del gigante de distribución desde la fundación de la sociedad en 1940, ha sido candidato de Falange en tres elecciones. Por Falange Española Independiente en las elecciones generales de 1996 y 2000 y las catalanas de 1999. Suponemos que para hacer «la revolución pendiente» joseantoniana. Pues nada, ¡¡viva España, oiga!!

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El yuan, camino de convertirse en una divisa internacional de referencia

Juan Manuel Olarieta

Más que la exportación de mercancías es la exportación de capitales, decía Lenin, la que constituye una de las señas de identidad más significativas del imperialismo. Lo que a partir de 1945 puso a Estados Unidos a la cabeza del imperialismo fue la transformación del dólar en la divisa internacional por excelencia, lograda gracias a la guerra mundial y a los «acuerdos» de Bretton Woods, o sea, al monopolio nuclear.

Cuando los economistas burgueses se refieren a las «fuerzas» de los mercados se olvidan de la Economía Política, es decir, de otras fuerzas que son tan importantes, o más, que los mercados, como los tanques y la amenaza de usarlos.

Que los billetes de un país sean aceptados como dinero por el resto del mundo es el timo de la estampita a gran escala… pero sólo mientras los invitados pagan las facturas del dueño de la casa o, por decirlo con las palabras de Lenin, el imperialismo no es la hegemonía sino la lucha por la hegemonía. Pues bien, uno de los indicadores más relevantes de esa hegemonía son las divisas, que rivalizan entre sí en los mercados financieros internacionales de la misma manera que las potencias imperialistas que las emiten.

También decía Lenin que mientras los acuerdos entre los imperialistas son temporales, los desacuerdos son permanentes. En efecto, los de Bretton Woods, y con ellos la hegemonía financiera de Estados Unidos, se mantuvieron hasta 1970, cuando Nixon rompió la paridad del dólar con el oro. Desde entonces la existencia de un bloque de países socialistas obligó a seguir manteniendo la ficción de Bretton Woods que se acabó en 1999 con el euro, cuyo propósito principal fue competir con el dólar, es decir, un primer intento de Alemania de romper la hegemonía financiera de Estados Unidos, que tuvo éxitos tan espectaculares como el de noviembre de 2000, cuando de Saddam Hussein anunció que sustituía el dólar por el euro en el pago de sus exportaciones petrolíferas, lo cual le costó una guerra que aún no ha terminado, además de su vida. Actualmente una cuarta parte de los países miembros del Fondo Monetario Internacional tiene sus reservas en euros.

La verdadera ofensiva financiera internacional contra Estados Unidos procede del yuan, que este año ha lanzado dos embestidas fuertes. La primera en mayo, cuando procedió a la venta masiva de activos públicos de Estados Unidos en cantidades desconocidas hasta la fecha, por lo que no se ha tratado sólo de un movimiento especulativo por parte de los chinos. Junto con Japón, China es el acreedor más importante de Estados Unidos, es decir, quien le está pagando sus deudas, pero desde 2004 el porcentaje de inversiones chinas -y japonesas- en activos estadounidenses está disminuyendo.

La segunda se produjo en agosto, cuando en Frankfurt se instaló un centro de liquidación de pagos en yuanes que se sumará al de Londres. Aunque China es el primer país comercial del mundo, hasta la fecha los precios seguían nominados en dólares. Ahora ya se puede pagar en yuanes, lo cual va aún más allá de constituir las reservas internacionales de los países en la moneda china. El Deutsche Bank anunció de manera inmediata que se dispone a utilizar este servicio de compensación en yuanes.

A lo largo de todo el año se han sucedido noticias similares. El colosal contrato de suministro de gas firmado el 21 de mayo entre Putin y Xi Jinping por un importe de 400.000 millones dólares para abastecer de gas ruso al coloso chino a partir de 2018 y durante 30 años se pagará en yuanes.

Un significado parecido tiene el auncio de los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en julio de constituir un nuevo banco internacional de desarrollo, con sede en Shanghai, así como un fondo común de reservas de divisas para responder ante futuras crisis financieras. Los nuevos instrumentos financieros ofrecerán a Pekín más vías para canalizar el comercio y las inversiones chinas, favoreciendo el uso del yuan en las transacciones financieras y comerciales con los países emergentes.

Para valorar en sus justos términos la importancia de este fenómeno hay que tener bien presente que los únicos países del mundo que crecen económicamente son los Brics, mientras las viejas potencias se hunden, lo cual confirma por enésima vez otra de las tesis leninistas acerca del desarrollo desigual del imperialismo y desmiente la versión llorona del subdesarrollo, que opone el «norte» contra el «sur» propia de las ONG y los foros sin fronteras. La crisis del capitalismo se manifiesta en la descomposición de los países más fuertes y el ascenso imparable de nuevas potencias, como China, que se enfrentan a los anteriores y les disputan la hegemonía, hasta el punto de imponer divisas diferentes.

Los Brics y los hoy llamados países emergentes demuestran que el epicentro de las contradicciones del imperialismo se sigue desplazando rápidamente, que Europa occidental ha dejado de tener relevancia estratégica y que los intentos desesperados de Estados Unidos por preservar su hegemonía están condenados al fracaso. Este cambio en la correlación de fuerzas conduce a una guerra imperialista que será de proporciones aún más vastas que las dos anteriores.

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Altruismos rentables

Nicolás Bianchi

Para una vez que una alta funcionaria dice cosas de sentido común van y le enmiendan la plana y la acusan poco menos que de cruel e inhumana. Nos referimos a la directora general de Salud Pública, Mercedes Vinuesa, que comentó (el 7 de agosto pasado) que iniciaría gestiones con la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios -a la que pertenecía, entonces vivo, el sacerdote Miguel Pajares- por los costes de la repatriación.

Un día después, el Gobierno asumiría los gastos del traslado del religioso afectado por el virus del ébola. El presidente Rajoy dijo que «esto lo va a pagar el Gobierno español», lo cual, por otra parte, es de puro «sentido común» (cursiva nuestra, NB).

Minutos antes de anunciar el Gobierno esta medida, la ONG Juan Ciudad (nombre del fundador portugués en el siglo XVI de esta Orden), aseguraba que se haría cargo de los costes, aunque Sanidad, al menos todavía, no le había hecho «ningún requerimiento económico». Y es que fondos tienen. Y no pocos.

Esta Orden tiene presencia en más de 50 países de cuatro continentes (informa El País). Gestiona más de 350 centros, de los que 80 son hospitales, 48 otro tipo de instalaciones sanitarias y el resto servicios sociales para enfermos mentales, discapacitados o ancianos. El país en el que más operan es España donde tienen convenios con todos los Gobiernos autonómicos. Está formada por 1.200 hermanos, más de 40.000 colaboradores entre profesionales y voluntarios. En España, el país con más infraestructura, disponen de 65 centros, de los que la mayoría son hospitales. Cerca de la mitad de sus fondos mundiales provienen de las administraciones. Como curiosidad diremos que el primer centro de la orden en África se abrió en Mozambique en el siglo XVIII.

No hay otro tema en las tertulias mediáticas acerca del virus ébola -de cuyo invento en algún siniestro laboratorio para acojonar al personal no nos ocuparemos a la espera de lo que diga Olarieta que de pandemias «fabricadas» sabe un rato- y la «repatriación» de un patriota «que da la vida por los demás, por el prójimo, desinteresadamente». Vergüenza debería dar a quienes meramente discuten el soporte y reparto del coste de tal repatriación, por no hablar -como así se ha denunciado- del disparate que supone traer al enfermo de donde contrajo el virus a miles de kilómetros de ahí. Gente inicua, sin duda. Como la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública que critica que mientras millones de españoles están sufriendo por los recortes sanitarios (que hasta Tomás Gómez ha tenido que reconocer poniéndole a caldo el búnker mediático), se costea el traslado solicitado por una congregación religiosa «que ingresa millones de euros gracias a conciertos con las administraciones sanitarias españolas». Un traslado en un avión del Ejército medicalizado y cuyo coste la Orden, ya se ha dicho, se avino a sufragar antes de que el Gobierno, que todavía no ha dicho oficialmente a cuánto asciende la operación de traslado, se sintiera aludido por la patria afligida ante uno de los suyos, un misionero cual caballero español haciendo el bien por doquiera tu vayas.

La Orden Hospitalaria San Juan de Dios cuenta con una SICAV llamada «Finanzas Querqus». Las SICAV son Sociedades de Inversión Colectiva de Capital Variable que pretenden conseguir beneficios a través de sus inversiones en los mercados de capitales, mediante la compra de bonos, obligaciones, acciones o cualquier otro tipo de activo financiero. A su vez, estas sociedades se pueden recapitalizar cuando vuelven a reinvertir sus beneficios en la misma sociedad. Respecto a la fiscalidad de las SICAV, acabáramos, es mucho más favorable para estas sociedades que para el resto de sociedades que operan en el Estado español. Las mayores fortunas de España están incluidas en este tipo de sociedades (SICAV) fundamentalmente por razones fiscales, al tributar muchísmo menos que las personas físicas o que el resto de sociedades. Por ejemplo, Pedro Almodóvar, Ana Rosa Quintana, la familia Polanco, Amancio Ortega, etc., cuentan con una o más SICAV.

Para constituir una SICAV se necesita un capital mínimo de 2.400.000 euros y 100 socios. En sus inicios, estas sociedades se crearon para agrupar los ahorros de las familias y así canalizarlos hacia los mercados de inversión -algo parecido a los «preferentistas» o fórum filatélico o Bankia, pero en otro nivel-, pero hoy en día, la mayor parte de las SICAV están formadas por una única persona o familia que es la propietaria de la mayor parte del capital.

«Finanzas Querqus SICAV SA» es una SICAV cuyos dueños son los Hermanos de la OHSD. Tiene su sede en Boadilla del Monte (Madrid) y está gestionada por el Banco Santander. En el último ejercicio contaba -esta SICAV- con un patrimonio de 14.990.000 euros y consiguió una rentabilidad superior al 7%.

Esta SICAV invirtió en renta variable parte de su capital en grupos como PRISA (El País, Cadena SER, etc.) o Mediaset (La Sexta), no precisamente proclives a la Iglesia Católica, pero ya lo dijo el emperador romano Vespasiano al imponer una tasa a las letrinas romanas: el dinero «non olet» (no huele).

La propia Orden, en su web, se autocalifica como mendicante, movida por el espíritu misionero y por la caridad, valores que contrastan por completo con el hecho de que hay capital que la Orden va consiguiendo a través de sus actividades que, sin duda, va dirigido a incrementar el capital de su SICAV (Finanzas Querqus, creada en el año 2000) cuyo objetivo no es construir nuevos hospitales (prefiere «gestionar» los ya construidos) ni ayudar a los que más lo necesitan, sino que es un dinero que se dirige hacia los mercados financieros para conseguir el máximo de rentabilidad económica. La OHSJD recibe dinero público, lo desplaza a una SICAV para pagar los menos impuestos posibles y finalmente invierte en renta pública soberana de España, para seguir recapitalizándose. También invierten en Bolsa. Y en el extranjero lo hacen cotizando en dos gigantes del acero, Kloeckner y Arcelor Mittal.

Las SICAV, ya se insinuó, son instrumentos especialmente creados para proteger a los grandes capitales. Dicen que todo es legal, y lo será, pero si bien ahí invierten gente amoral como Elena Valenciano o un eurodiputado de IU, en el caso de una Orden Religiosa va a ser que chirría pelín, pero, qué oxtias, viva la virgen (nunca mejor dicho, ¿no es cierto?).

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Tinto de verano

Nicolás Bianchi

En una sociedad dividida en clases, al margen de la mayor o menor agudización de lucha de clases que haya entre ellas, lo que existe, objetivamente, son los intereses distintos y contrapuestos y su expresión político-ideológica traducida en principios políticos. Podrá haber diferentes niveles de lucha de clases en su desarrollo, pero jamás desaparecerá la misma (ni siquiera bajo el socialismo, véase China) justamente porque lo que hay es lucha entre contrarios y no armonía, como quería el socialismo utópico bienintencionado. No se trata, por supuesto, de que el obrero, cuando acude al tajo, le ladre al patrón y le recuerde su condición de explotador y vampiro de la sangre trabajadora. No haremos caricatura. Normalmente ocurre lo contrario, es decir, el asalariado, sabedor de que no es dueño más que de su fuerza de trabajo pero no de los medios de producción que son propiedad del empresario capitalista, se humilla y calla hasta que la situación se le hace insostenible y busca la unidad de la clase obrera y trabajadora tratando de organizarse como mejor modo de enfrentar el modo de producción capitalista que se defenderá pagando a esbirros uniformados y aristócratas con overol (buzo). Porque no es cierto que el empresario sea un “trabajador”. Éste, sea pequeño o grande, invierte un capital con la única idea de obtener una ganancia, un beneficio, lo que parece lógico, sí, pero a costa del sudor de sus empleados que son los que realmente trabajan y son productivos. Sin mano de obra no hay capital que valga. Y es porque las relaciones sociales de producción son capitalistas que existe explotación de las clases trabajadoras y la extracción de plusvalía, independientemente, pero no sin influjo, del desarrollo de las fuerzas productivas. No se me escapa que este “sermón” ya no está de moda y suena jurásico, pero todavía es hoy el minuto en que nadie, en lo fundamental, puede refutármelo. Nadie salvo los monos que se vistan de seda.

Como ven, me puse conferenciante, homilético, impertinente. Y esto en estío, en tiempo de verano, de relax. Lo siento, pero me importuna oír decir –cambio ahora de registro- de alguien que, si sale elegido en unos comicios, gobernará para todos, ”los que me votaron y los que no”. Esto es falso, mendaz. En un régimen de partidos políticos se es partidista. Si, por ejemplo, Bildu decide allá donde ganó por mayoría, quitar la bandera española y colocar sólo la ikurriña, eso es un acto partidista que no busca, ni siquiera aunque lo pretendiese, contentar a todos, precisamente porque… es imposible. Y no tanto por la decisiva lucha de clases, que no siempre está en primer plano en según qué tipo de sociedades, como por la defensa de unos principios políticos que responden a clamores populares. El rival –el enemigo si nos ponemos schmittianos- haría exactamente lo mismo en sentido contrario.

En la sociedad de clases siempre se gobierna contra alguien igual que nunca llueve a gusto de todos. La cuestión es saber quienes son la mayoría y, por supuesto, quién detenta el poder. Quién oprime y quién está oprimido. Y quién se deja oprimir para conservar la piscina.

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Los puntos sobre las íes

Nicolás Bianchi

Hay veces en que, no por sabido, se olvidan los glacis o meollos. Por ejemplo, el paro laboral. Y su obscena utilización como arma arrojadiza puramente electoral. El PP usa la alta cifra de desempleo contra el gobierno del PSOE como si éste fuera el culpable del mismo. Y no el modo de producción capitalista. Un capitalismo en crisis estructural y no coyuntural. Los tiempos de bonanza –como la “industria del ladrillo”– son la excepción y no la norma. En los años 80 tuvo que ser el PSOE quienes gestionaran las brutales reconversiones industriales pues que con un gobierno del PP hubieran sido imposibles y poco menos que se hubiera tomado el Palacio de Invierno. Para el trabajo sucio, mejor la “izquierda”, el PSOE. Hoy ocurre algo similar sólo que el PSOE también está desacreditado. La crisis actual no sería mejor “gestionada” –un término impúdicamente mercantil como si fuéramos grey en manos de oficinistas- por el PP que por el PSOE: el problema es el capitalismo siendo estos partidos parte del problema. Y ello porque están en el mismo barco y viven del mismo cuento.

Como también es una falacia decir que el paro es un “problema” y no una solución para el capitalismo. Es cierto que preferirían un 10% de paro permanente al 20% que sufren, pero no tanto por esa cifra en sí sino por las repercusiones desestabilizadoras para el sistema que pudiera haber. El ”ejército de reserva” de los parados siempre fue un exutorio, un alivio, para el Capital, como decía Marx. Eso frena los salarios.

Marx también decía que, hablando del trabajo enajenado, el obrero es más pobre cuanto más riqueza produce. Un trabajador que es tratado como una mercancía –una “cosa”– que vende lo único que tiene: su fuerza de trabajo a quien es propietario –y toda propiedad es un robo- de los medios de producción en contradicción con el carácter social de la producción, lo pinten como lo pinten. Igual que en la religión: cuanto más pone el hombre de lo mejor de sus virtudes más nobles en un Dios imaginario, fantástico y ensoñado, más vacío y menoscabado se siente: ¡un producto de su mente! Alienación religiosa. El trabajo –dice Marx, lo siento, pero es que con Marx soy muy palizas- es externo al trabajador, no pertenece a su ser. No es feliz, salvo que gane el Athletic. Sólo está contento fuera del trabajo –un domingo comiendo rabas con la compañera, hijos y amigos- y enajenado dentro de él. Su trabajo no es voluntario, sino enajenado. ¿Me pongo apocalíptico? Tal vez. Un animal come pero no “trabaja” (si no eres un buey). Un humano trabaja –“fuerzatrabaja”– para comer. El trabajo no es un fin en sí mismo, sino un medio para satisfacer sus necesidades ¡fuera del trabajo! Si se fijan, el obrero, en horas de asueto, casi nunca habla de su trabajo, si lo tiene, claro, o que le pregunten qué tal le va, es algo “extraño” para él –y hasta “siniestro”-. Por eso juega a la lotería o al cupón pro-ciegos, confiando en la suerte para salir de la maldición bíblica del trabajo… enajenado bajo el capitalismo (los ricos nunca juegan a la lotería).

Un capitalismo cruel y sanguinario que enajena todavía más: solicitarle un trabajo (precario) para recordarnos lo que somos: esclavos modernos. Pero, bueno, en peores imaginarias hemos estado…

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Sobre el cooperativismo

Nicolás Bianchi

El cooperativismo ya fue ensayado por socialistas utópicos en el siglo XIX como Owen y Fourier y sus falansterios o el mismísimo Lenin aprobando, en un momento dado y bajo la construcción del socialismo, la colectivización agraria como reorganización de pequeñas economías campesinas individuales transformándolas en grandes haciendas colectivas mecanizadas. Una colectivización que empezó, ya fallecido Lenin, en 1929, con los koljoses, es decir, aplicada a los grandes propietarios campesinos.

Sharryn Kasmir, autora del libro titulado «El mito de Mondragón», sobre el movimiento cooperativista en esa localidad guipuzcoana, se fija, no tanto en lo que acabamos de decir arriba, sino en la identificación entre el cooperativismo y la ideología fascista -mussoliniana, en concreto- en la negación de la lucha de clases. Las cooperativas italianas -dice esta autora- fueron beneficiosas para la propaganda fascista. Mussolini las ponía como ejemplo de los ideales del corporativismo donde habrían unas relaciones no conflictivas entre empleados y dirección.

El Estado español nunca fue hostil a las cooperativas de Mondragón-Arrasate en pleno franquismo. Y eso que en España, la primera ley de cooperativas, se aprobó durante la II República, en 1931. Esta ley fue sustituida en 1942 por otra que integraba más a las cooperativas en la órbita fascista obligando a sus socios a afiliarse al Sindicato Vertical.

El nacionalismo vasco de Sabino Arana pretendía -a la defensiva- refugiarse en un pasado mítico en el que, según imaginaba él, no existía el antagonismo entre clases (sociales). Arana y sus seguidores veían la lucha de clases como un concepto «extranjero» al igual que el socialismo. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) imaginaba que el igualitarismo era patrimonio de los vascos. Un igualitarismo que, supuestamente, cumpliría dos funciones: diferenciar al País Vasco de España y, en segundo lugar, desacreditar el socialismo moderno como innecesario para los vascos, igualitarios por naturaleza. Un igualitarismo, pues, comunal y precapitalista orientado más al Antiguo Régimen de corte carlista que al comunismo de una sociedad sin clases.

Algo de esto bullía en la cabeza del padre José María Arizmendiarrieta, sacerdote a quien se le atribuye la fundación del movimiento cooperativista y a quien se le supone como una figura apolítica y no ideológica. Nada más ser ordenado, el padre Arizmendiarrieta llegó a Mondragón en 1941 (él nació en Markina en 1915 y murió en 1976 en Mondragón asistiendo a su funeral Antonio Tejero, entonces gobernador militar de Gipuzkoa) y se encontró con que las organizaciones de trabajadores todavía estaban en activo. La Iglesia Católica, en su «doctrina social», también ha defendido el cooperativismo como un medio para «dignificar» a los trabajadores y, al mismo tiempo, alejarles del comunismo y de la lucha de clases. Arizmendiarrieta se propuso convertir a la clase trabajadora de Arrasate en pequeños propietarios como modo de atenuar -y eliminar- la lucha de clases.

Ha habido sectores de la izquierda -y también en ETA y sus escisiones- que han visto el cooperativismo vasco como si fueran una especie de «islas» de socialismo, una visión idílica del movimiento cooperativista. Lo cierto es que se encuentra sometido a las leyes del mercado capitalista y que, para sobrevivir, necesitan competir con otras empresas. Bajo el capitalismo -dice Santi Ramírez-, las cooperativas tienden a alejarse cada vez más de sus iniciales principios democráticos y asamblearios; a requerir del trabajo de «expertos» que se superpone al conjunto de trabajadores-cooperativistas. Es decir, que las cooperativas, lejos de ser esas idílicas «islas» de socialismo, tienden a reproducir las relaciones de producción capitalistas.

Arizmendiarrieta fundó, junto a cinco jóvenes procedentes de la Escuela Profesional de Mondragón, la primera cooperativa en 1956: ULGOR, inicio de lo que con los años sería el Grupo Cooperativo Mondragón. En 1974 se produjo la primera y última huelga o protesta masiva de trabajadores cooperativistas en Mondragón. Había huelguistas que veían el nuevo sistema de evaluación como un esfuerzo para «profesionalizar» las cooperativas mediante «la valoración del trabajo intelectual por encima del manual». Algo así como la «reválida» que quiere reimplantar el ministro Wert de Educación.

La huelga sólo duró un día y no llegó a paralizar la producción por completo. Desde 1971, los estatutos de las cooperativas prohibían las huelgas internas de forma que el Consejo Rector tuvo total libertad para sancionar a los huelguistas. Muerto Franco y con la amnistía laboral (readmisión de los que estaban en las «listas negras»), Ulgor no lo hizo porque tenía propia normativa y no readmitió a los trabajadores. Los huelguistas hicieron prevalecer la solidaridad de clase frente a la solidaridad entre vascos de todas las clases sociales.

Se fue extendiendo la idea -que llega hasta hoy- de que cuando hay una huelga, los trabajadores de las cooperativas no quieren salir porque ellos no tienen problemas. Es el intento de Arizmendiarrieta de crear una «clase media» en el seno proletario de Mondragón. Y es que, se supone, el cooperativismo eliminaría la contradicción entre el capital y el trabajo. El ejemplo de Fagor parece desmentirlo.

Frases significativas que se atribuyen a Arizmendiarrieta fueron: «la política hay que dejarla en la taquilla, junto a la txapela. Aquí peleamos todos juntos por el proyecto». O esta otra: «siempre hay que llevarse bien con el que manda». Y otra más: «no os metáis en política. Las necesidades unen; las ideologías separan».

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Crítica del socialismo piojoso

Aviso: el adjetivo piojoso deriva de pijo tanto como de piojo.

Sin contar los prólogos, la edición que yo consulto del “Manifiesto Comunista” tiene exactamente 30 páginas, de las cuales Marx y Engels dedican nada menos que 10, es decir, una tercera parte, a criticar de manera furibunda las distintas variedades de socialismo de aquella época: el socialismo verdadero, el socialismo de cátedra, el socialismo feudal, el socialismo pequeño burgués, etc. Es la parte menos leída de la obra porque todas esas corrientes desaparecieron y ya nadie se acuerda de ellas. Visto desde el momento actual es la parte que parece más anticuada. Parece difícil de entender los motivos por los que Marx y Engels dedicaron una parte tan importante de ese documento a corrientes tan extrañas del socialismo. Pero no cabe duda de que si Marx le dedicaron una atención tan preferentes es porque en su época eran movimientos muy extendidos e influyentes entre amplios sectores proletarios. Era importante desenmascararlos y Marx y Engels lo lograron ampliamente. Hoy ya nadie se presenta diciendo: “yo defiendo el socialismo feudal”.

Es una enseñanza general del marxismo que Lenin también mantuvo, de manera que hoy nadie se presenta tampoco diciendo: “yo soy menchevique”. Por lo tanto, hay que mantener una guerra sin cuartel contra las corrientes que se presentan como proletarias, revolucionarias y socialistas. A causa de esta lucha, en su momento, tanto Marx, como Engels y como Lenin fueron calificados de sectarios, dogmáticos y enemigos de la unidad que todos los proletarios deben mantener “por encima” de las diferencias ideológicas y, seguramente, por encima de todo. Es la consigna de los oportunistas: la unidad es lo más importante. Si Marx y Engels se hubieran unido con los socialistas feudales ¿se hubiera desarrollado más rápidamente el movimiento obrero? Si Lenin se hubiera unido con los mecheviques, ¿hubiera llegado antes la Revolución de 1917?

Pero que hoy nadie defienda el socialismo feudal no significa que no haya socialistas feudales; se llaman de otra manera pero siguen existiendo; que no exista un partido menchevique no significa que no haya mencheviques por doquier. Es más: están hasta en la sopa, diciendo las mismas teorías, lo que pasa es que ahora lo dicen en nombre de Marx, Engels y Lenin porque los oportunistas son como los piojos, las chinches y garrapatas, o sea, parásitos del movimiento obrero desde el mismo nacimiento de éste como fuerza social organizada; se han pegado a su piel y necesitan una fumigación periódica… aunque sea por medios ecológicos respetuosos con el medio ambiente.

Para que el lector no se enfade conmigo voy a confesar algo que nunca he reconocido en público porque me da vergüenza: a mí el socialismo utópico siempre me gustó mucho más que el socialismo científico. Por varias razones; la principal de ellas es que me gustan las cosas imposibles: ¿acaso hay algo mejor que lo imposible? Cuando algo que no puede existir existe, me resulta algo fascinante. Por eso me entusiasman los sueños, la ficción, la imaginación, el guiñol, los cuentos de hadas y los videojuegos; cuanto más imposibles y fantásticos, mejor.

Tengo que aclarar que no es que el socialismo científico no me guste sino que me gusta más el otro; si pudiera elegir preferiría el socialismo utópico sin ninguna duda, e insisto otra vez en que cuanto más utópico es el socialismo de algunos, más me gusta.

Si eso es así, entonces, ¿por qué critico a los utópicos del socialismo? Pues porque creo que engañan a los trabajadores diciéndoles que el socialismo utópico no es utópico sino que es factible: «otro mundo es posible», es decir, que hay varios mundos y podemos elegir el que más nos guste. Si dijeran: el socialismo que yo propugno es utópico, nunca tendrá lugar, entonces no tendría ningún problema con ellos, les defendería apasionadamente. Pero no es así y, por lo tanto, engañan, a los trabajadores. Lo que diferencia al socialismo utópico del científico es que el primero no existe ni va a existir nunca, aunque nos gustara que existiera. Por eso también es el socialismo que le gusta a la burguesía: porque nunca va a acabar con su dominación de clase.

Ahora bien, ¿por qué es científico el socialismo científico? Por algo que se encierra en una sola frase que Marx escribió en El Capital: “El único camino histórico por el cual pueden destruirse y transformarse las contradicciones de una forma histórica de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones”. ¿Estaba equivocado Marx? ¿Hay otros caminos históricos diferentes que los que él reconoció? ¿Ha dejado de ser científico el socialismo científico? La respuesta es: no.

Hay dos maneras de demostrarlo: una es seguir el recorrido de todas las corrientes que han ido en busca de otros caminos diferentes y comprobar hasta dónde han llegado; otra es explicar en qué consiste el camino que Marx indicó y por qué es científico, es decir, por qué conduce al socialismo y cómo conduce al socialismo de manera inexorable (nos guste o nos guste, nos guste más o nos guste menos). Esas dos explicaciones forman una sola.

El socialismo utópico es el socialismo teórico, el que sólo existe en los libros, en las aulas, en los programas que se hacen y deshacen en interminables reuniones que duran hasta las tantas de la madrugada. Por ejemplo, a mi no me gustan los supermercados, esas grandes superficies a las que tengo que ir los sábados por la tarde a hacer la compra para la semana; los congelados no me saben a nada, prefiero la pescadería del barrio, e incluso pescar con caña en el malecón, es decir, la autarquía, la mayonesa casera y el pan recién salido del horno.

Las grandes superficies y sus estanterías repletas son como esos escaparates pornográficos de Amsterdam, donde siempre hay más mirones que clientes. La opulencia y el despilfarro han creado el espejismo del superconsumo, una teoría reciente del socialismo piojoso. Sus defensores son una casta aristocrática que tiene la conciencia separada de las tripas. Sus tripas llenas les conducen a la mala conciencia. Al famélico no se le ocurre hablar de superconsumo, no va nunca a los supermercados y hurga furtivamente en los contendores de basura.

En España uno de cada cinco niños padece hambre. Acuden a los colegios de barrio sin desayunar y desfallecen a media mañana. Aunque es cierto que la crisis no ha tocado fondo, es difícil que algunos puedan decrecer más. Desde luego a ellos no se les puede decir que viven por encima de sus posibilidades. Pero a los demás tampoco.

La teoría del decrecimiento hace de la necesidad virtud; con ella la burguesía se adapta a la crisis y fuerza la adaptación de los demás. El capitalismo ya está decreciendo, una etapa que dará lugar a otra, la destrucción, no sólo de mercancías sino -sobre todo- de personas. En todo el mundo lo que las masas necesitan no es menos sino más: más alimentos, más cuidados médicos, más escuelas, más viviendas y más de todo.

El socialismo piojoso y el decrecimiento no son diferentes del capitalismo actual. Para crear algo distinto, una sociedad nueva, no basta con redactar su programa; hay que criticar a los que quieren sostener la espantosa miseria actual barnizándola con nuevos adornos. No hay nada peor que proponer la unidad con los que defienden ese tipo de programas.

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La renta básica o cómo crear una sociedad de parásitos

El 31 de enero ha empezado en San Sebastián el XIII Simposio Mundial sobre la Renta Básica, una de las propuestas más absurdas que se vienen debatiendo desde que la Constitución de Cádiz dijo en 1812 que los españoles debían ser justos y benéficos.

Esa obligación se impuso por decreto, y lo mismo ocurre con la renta básica, que también se aprueba por decreto, para lo cual hay un acuerdo institucional casi unánime. En mayo del año pasado el Parlamento de Extremadura aprobó el proyecto de ley de Renta Básica por consenso: votaron a favor 63 de los 65 diputados autonómicos, incluidos los del PP.

El 9 de noviembre de 2011 el diario «El País», siempre atento a las causas justas, hizo de portavoz del 15-M y tituló: “Una renta básica universal nos sacará de la crisis”.

Es la pócima mágica para el capitalismo en crisis. Según el economista Daniel Raventós, “eliminaría casi de golpe la pobreza”. Sus posibilidades son insospechadas. Es posible que la renta básica acabe con el cáncer, los maremotos y los accidentes de aviación. Puede acabar con todo. Si sigue el ejemplo de Extremadura y aprueba un decreto parecido en Madrid, el PP puede acabar con el capitalismo de un plumazo.

La burguesía no da un palo al agua; sólo mira su cuenta corriente y sus beneficios, que se imagina que le llueven del cielo. Especialmente desde la entrada del capitalismo en su fase imperialista, la burguesía se ha convertido en una clase rentista, parásita y algunos quieren crear una sociedad a la imagen y semejanza de esa clase social: rentista y parasitaria.

El movimiento obrero, por el contrario, siempre ha luchado contra el paro, que es una de las lacras del capitalismo. Precisamente por ello, pone el énfasis en el trabajo, en las condiciones de trabajo, en la remuneración del trabajo. Además el proletariado juzga a las personas en función del trabajo: quien no quiere trabajar es un holgazán que vive a costa de los demás.

Por más que insistan en decir lo contrario, la crisis no tiene culpables. Lo que tiene son causas. Para acabar con los efectos, con la crisis y la pobreza, antes hay que acabar con la causa, el capitalismo, de manera que si el capitalismo se reproduce, si no se acaba con él, la crisis será cada vez más profunda y la pobreza cada vez más severa.

La renta básica no puede acabar ni con la crisis, ni con la pobreza, porque no acaba con las causas de ambos: el capitalismo.

«El Estado-rentista, decía Lenin, es el Estado del capitalismo parasitario y en descomposición, y esta circunstancia no puede dejar de reflejarse tanto en las condiciones político-sociales de los países correspondientes en general como en las dos tendencias del movimiento obrero en particular» (El imperialismo, fase superior del capitalismo).

No es posible luchar contra la burguesía rentista sin luchar al mismo tiempo contra el rentismo y el parasitismo. Las consignas están, pues, donde siempre: el movimiento obrero se manifiesta contra el paro, exige el pleno empleo y unas condiciones dignas de trabajo que sólo son posibles en el socialismo.