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Petróleo: Arabia saudí desafía a Estados Unidos

Juan Manuel Olarieta
Desde mediados del año en curso el precio del petróleo ha caído casi a la mitad y, a pesar de ello, el 27 de noviembre la OPEP se negó a reducir la producción, lo que ha empujado la caída aún más.

El hombre más influyente de la OPEP, el todopoderoso ministró saudí de Energía Alí Al-Naimi, dice que está dispuesto a dejar caer los precios aún más: hasta los 20 dólares en barril.

En una entrevista a la Agencia oficial de noticias de Arabia saudí asegura que el precio le da lo mismo y lo que es mucho peor: la opinión de Estados Unidos también le importa un bledo. Su explicación es pura teoría económica para que los estudiantes más neófitos del ramo tomen buena nota: a los productores de petróleo, como a cualquier otro productor, no le interesa reducir la producción sino todo lo contrario, dice el ministro.

A partir de estas declaraciones me asaltan varias conclusiones, todas ellas a contra-corriente de lo que suelen decir los titulares de los medios. La primera es que la teoría del agotamiento del petróleo («peak oil») es una de tantas quimeras seudoecologistas que los imperialistas se han sacado del bolsillo vacío de su imaginación. Al menos los paises productores de petróleo no tienen ningún temor de que se les acabe la gallina de los huevos de oro.

El segundo es para el consumo propiamente político: Arabia saudí pone como primer enemigo a Estados Unidos, lo cual confirma que ambos países han entrado en una fase de muy malas relaciones.

Los que dicen que la caída del precio del crudo es una turbia maniobra de Arabia saudí, que sigue indicaciones de Washington para perjudiciar a Rusia (y a Irán), también se equivocan. Al-Naimi pone a Estados Unidos entre sus enemigos. O al menos entre sus adversarios. O mejor dicho: entre sus competidores.

Un precio reducido del petróleo como el actual no interesa a los grandes monopolios petroleros estadounidenses porque los pozos en los que perforan tienen umbrales de rentabilidad del orden de los 80 dólares algunos de ellos, mientras que los costes saudíes están por debajo de los 20 dólares. La caída de los precios saca del mercado a los competidores de los saudíes.

Dicho de otra manera: la política saudí es abiertamente monopolista. Lo que tratan es de ganar cuota de mercado a costa de los monopolios norteamericanos tradicionales.

En términos marxistas: hay una superproducción de petróleo, el mercado está saturado y si se tiene que reducir la producción no será porque todos pierdan una parte alícuota de la tajada sino porque a algunos los tratan de expulsar del mercado. Los jeques del golfo quieren obligar a que Estados Unidos cierre los pozos que dejen de ser rentables al precio actual: 60 dólares el barril.

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¿Por qué se hunde el rublo?

Juan Manuel Olarieta

No hay una única explicación de la crisis del rublo y, desde luego, es falso que la misma sea consecuencia de las sanciones impuestas a Rusia como consecuencia de la anexión de Crimea. La explicación hay que buscarla en la caída del precio del oro, del petróleo, del yen y del euro que la prensa ha mostrado como fenómenos desconectados unos de otros y, en especial, desconectados de lo que tienen en común: que sus cotizaciones se expresan en dólares.

El hundimiento del rublo vuelve a poner de relieve los pilares financieros que impuso el imperialismo estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial: una hegemonía basada en el dólar.

Si el euro se devalúa también podemos decir correlativamente que el dólar remonta, o bien que la demanda de dólares está creciendo y si eso lo ponemos en relación con el hecho de que a mediados de año la FED, que ejerce de Banco Central estadounidense, redujo su QE («quantitative easing»), las consecuencias son obvias. Es como cerrar el grifo cuando alguien tiene sed y se dispone a beber de la fuente.

Pero en el mundo unos países tienen más sed que otros; sus monedas son más vulnerables y necesitan más dólares que otros para equilibrar sus cotizaciones, con el agravante de que están obligados a recurrir a quien les está cerrando el grifo, es decir, al imperialismo estadounidense.

El Kremlin ha respondido aumentando de golpe los tipos de interés del 10,5 al 17 por ciento, actuando en los mercados internacionales e imponiendo estrictos controles de cambio, entre otras medidas. Pero si hay alguien que sabe que nada de eso será suficiente son ellos precisamente, además de los chinos, que se han apresurado a decir que van a ayudar a sostener la cotización del rublo por aquello de que «cuando las barbas de tu vecino veas pelar…»

Por eso el yuan no es una moneda convertible y no hay ningún «experto» en ninguna facultad de economía del mundo que no se esfuerce en recomendar a los chinos que se pongan la soga -o sea, el dólar- al cuello.

El sistema monetario internacional, impuesto en 1945 sobre una Europa en ruinas, deja en evidencia las famosas teorías «neoliberales»: Estados Unidos es el banquero del mundo porque la caja fuerte la custodia el ejército más poderoso del mundo. Aunque el comercio mundial no tenga nada que ver con Estados Unidos, el precio casi siempre se paga en dólares, en una cadena de cuentas bancarias cuyo último eslabón acaba en Wall Street.

Para muchos países, como Rusia, China y otros, romper esa cadena financiera es mucho más que una necesidad. Están obligados a huir de las garras del «banco del mundo» pero, aunque han dado pasos en esa dirección, dentro de los parámetros actuales las alternativas no están tan claras. Tendrán que romper esos parámetros, que es tanto como romper la baraja.

Más información:
El yuan, camino de convertirse en una divisa internacional de referencia
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South Stream: el cuento de la lechera con gas

Proyecto de gasoducto South Stream
Juan Manuel Olarieta
Durante su visita oficial a Sofia, la capital de Bulgaria, la canciller alemana Merkel se mostró partidaria de continuar las conversaciones con Rusia para reanudar la construcción del gasoducto South Stream que, según dijo, la Unión Europea nunca ha rechazado.

La construcción del tramo búlgaro del gasoducto había quedado en manos de un consorcio del que forma parte la empresa rusa Stroytransgaz, uno de los objetivos de las sanciones económicas estadounidenses y europeas impuestas tras la crisis en Crimea y Ucrania. Bulgaria había comenzado a implementar las infraestructuras necesarias para tender el gasoducto, que para el país balcánico supondría la creación de más de 6.000 empleos. La paralización también puede suponer la pérdida de los derechos de tránsito del gas a través de su territorio, estimados en unos 500 millones de dólares anuales.

Tras la anexión de Crimea por Rusia, Estados Unidos obligó a Bulgaria a bloquear los trabajos del gasoducto y presionó a la Unión Europea para que redujera las importaciones de gas y de petróleo rusos. En su plan Washington recibió la ayuda de su colaborador más estrecho, el presidente de la Comisión Europea Durao Barroso, quien abrió un expediente contra Bulgaria por irregularidades en las licitaciones para la construcción de South Stream.

Las presiones ejercidas contra el gobierno de Bulgaria fueron atroces. En junio de este año llegó a Sofia el senador McCain, que se reunió con el primer ministro búlgaro Plamen Orecharski, transmitiéndole las órdenes de Washington. Inmediatamente después, Orecharski anunció el bloqueo del tendido de South Stream, en los que Gazprom ya había invertido 4.500 millones de dólares.

Entonces Putin aprovechó su visita a Turquía el 1 de diciembre para anunciar la suspensión del gasoducto. Según el presidente ruso la decisión se debió “a los obstáculos que ponen a su realización la Comisión Europea y Bulgaria. Tomando en cuenta que hasta el momento no hemos recibido la autorización de Bulgaria, consideramos que en estas condiciones Rusia no puede seguir adelante con el proyecto”.

El lugar que Putin eligió para la declaración no fue casual. Si South Stream se anula, Rusia aumentará los suministros destinados a Turquía a través de otro gasoducto distinto, Blue Stream, una tubería de 1.213 kilómetros bajo el Mar Negro que aprovisiona de gas a Turquía desde 2003. Por el terrotorio turco ya fluyen más de 50.000 millones de metros cúbicos anuales de gas ruso.

Aunque Rusia y Turquía se enfrentan frontalmente en la crisis Siria, el gobierno de Ankara puede ser el gran beneficiario de la paralización de South Stream, por la misma cadena de argumentos del cuento de la lechera. Turquía no aplica las sanciones imperialistas contra Rusia por la anexión de Crimea y ha prometido reforzar Blue Stream llevándolo hasta la frontera con Grecia. En tal caso, no sería ninguna sorpresa que Turquía revendiera el gas ruso a los países de la Unión Europea (y a otros) a precios ventajosos, lo cual supondría un negocio redondo que puede reconducir la diplomacia turca, históricamente ligada al imperialismo estadounidense en contra de la propia estrategia que Washington sigue en Oriente Medio.

Si sucede así, como bien ha escrito Danucci, la paralización puede favorecer a Rusia y no a Estados Unidos. Washinton perdería a Turquía, uno de sus mejores y más fieles peones en Oriente Medio. También puede agravar las contradicciones internas de la Unión Europea, que ha construido un gasoducto por el norte, mientras deja desabastecido el sur. En definitiva el gasoducto turco tiene una capacidad limitada y no puede suplir los 63.000 millones de metros cúbicos de gas que debían llegar a los países del sur y centro de Europa.

En el Viejo Continente hay muchos perjudicados por el cierre que estarán exigiendo ahora mismo algún tipo de compensaciones. Putin está jugando muy bien sus bazas. A comienzos de 2009 le propuso al presidente rumano Traian Basescu llevar el gasoducto por su país, un itinerario terrestre y, además, bastante más corto. Pero Rumanía mira para otro lado, al menos de momento. ¿Espera que el maná le llegue de algún otro sitio?, ¿hasta cuándo?

Hace tiempo que el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel viene lanzando declaraciones parecidas a las de Merkel en Sofia: «South Stream es un proyecto económico pertinente», ha repetido. «La Unión Europea tiene que tratar de eliminar los obstáculos a la construcción del gasoducto». Es evidente que las decisiones diplomáticas de Alemania en contra de Rusia se adoptan a regañadientes, pero es difícil decir cuánto más puede durar esta situación. El futuro de los países fuertes de la Unión Europea, especialmente Alemania, está alineado con Rusia, aunque no todos tienen cabida en ella, en especial los del sur y centro.

Gasoducto Blue Stream
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Al servicio de dios, del capital y del Estado

Tres personas distintas pero sólo un dios verdadero

Aunque los entendidos discuten la etimología, lo más probable es que la palabra “mamón” proceda del arameo, donde hace referencia a una persona adinerada. En hebreo “matmon” significa dinero o tesoro.Tanto en el Talmud como en el Nuevo Testamento, Mamón personifica la avaricia. Pero no es algo propio sólo de los creyentes. Los anarquistas piensan de la misma manera. En su obra “El Único y su propiedad” el filósofo alemán Max Stirner, a quien Marx llamaba “San Max”, asoció a Mamón con una divinidad ilusoria a la que se consagran los impíos, por oposición al Dios de los piadosos.

No obstante, a veces los creyentes desvarían. Cuando salieron de Egipto los judíos empezaron a adorar al becerro de oro (Éxodo 32:8), al que pusieron en el lugar del mismo Dios. También le sucedió hace algunos años a un reverendo anglicano, Stephen Green, que escribió un libro sobre los principios éticos de la explotación y la especulación que llevaba un título dubitativo: “¿Servir a Dios?, ¿servir a Mamón?”

Para un cristiano no podía caber ninguna clase de dudas: “Nadie puede servir a dos amos porque odiará a uno y amará al otro. No se puede servir a Dios y a Mamón a la vez” (Mateo 6:24). La Biblia no admite un punto intermedio: Mamón es el demonio de la codicia. La banca ética no tiene cabida en la Biblia. Quizá esa sea la causa de que los curas que han dirigido los bancos hayan mostrado una alarmante falta de ética, de cualquier clase de ética.

Durante 30 largos años el presidente de Cajasur fue el sacerdote Miguel Castillejo, alias “Fray Langostino”, que se jubiló en 2005. Cuatro meses antes de su marcha, se aumentó a sí mismo su póliza vitalicia un 34 por ciento, hasta alcanzar los 4,3 millones de euros, mientras que la ruina de Cajasur, un agujero de 600 millones de euros, se ha tenido que tapar con dinero público.

A diferencia del cura Castillejo, el reverendo Green inició su carrera en el Ministerio de Desarrollo de Ultramar, aunque luego se pasó a la empresa privada, trabajando para el consultor internacional McKinsey y a partir de 1982 en el banco HSBC (Hong Kong & Shanghai Banking Corporation) que acumuló su capital con el comercio de opio.

Tras la revolución china de 1949 el banco sufrió un duro golpe. Excepto en Hong Kong, sus sucursales fueron expropiadas y tuvo que trasladar su central a Londres. Como Castillejo, en 2003 el reverendo Green también alcanzó la dirección ejecutiva del banco. Fue una carrera meteórica al servicio de dios, del capital y del Estado: le nombraron Lord y en 2011 ministro de Comercio e Inversiones.

Al HSBC le conocemos en España a través de Hervé Falciani, que se fugó de Suiza con copias de las operaciones de la lavandería criminal. Entre los archivos que capturó había una copia de la cuenta corriente que la familia Botín escondía en la sucursal de Ginebra, con un saldo de 2.000 millones de euros que se taparon pagando al Estado una mordida del 10 por ciento: 200 millones.

En 2012 una comisión del Senado de Estados Unidos publicó un largo informe sobre la gestión de Green al frente de HSBC. De su lectura se desprende que el HSBC blanqueó casi 900.000 millones de dólares procedentes del tráfico de drogas y el crimen organizado.

El reverendo Green había trabajado para cárteles de la droga como director de HSBC en Oriente Medio, en México y en Bermudas. Los procedimientos con los que el banco lavaba el dinero negro eran mucho más que un rumor. En 2005 la agencia financiera Bloomberg le acusó de colaborar con los traficantes de drogas. La policía mexicana también informó a Estados Unidos de las operaciones del banco en las Islas Caimán pero, en lugar de encarcelar, a los ejecutivos del banco les pusieron sobre aviso: “portaos bien”, “no lo volváis a hacer”, les dijeron en 2003, cuando el reverendo Green acababa de llegar a lo más alto.

En 2010 Estados Unidos volvió a advertir a Green por segunda vez que se estaba pasando de rosca con la lavandería. Tampoco le encarceló, aunque el asunto se estaba poniendo bastante feo. En Inglaterra se volcaron en su apoyo: un mes después de la advertencia le nombraron Lord y la Universidad de Londres le concedió el título de doctor honoris causa de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos. Son cargos que se añaden a otro: el de vicepresidente de la patronal británica y primera figura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Acto seguido David Cameron le asciende a ministro del gobierno.

La “justicia” capitalista funciona de esa manera: en Estados Unidos si te fumas un canuto de marihuana te envían a la cárcel unos cuantos años, pero eso sólo ocurre con los últimos escalones. Los primeros espadas, por el contrario, están por encima del bien y del mal; son ministros de dios, del gobierno y de los bancos. El dinero negro siempre se tapa con más dinero y al HSBC le impusieron otra mordida: una multa de 1.900 millones de dólares por narcotráfico.

Cuando al año siguiente el Senado publica su informe en Estados Unidos, la Cámara de los Lores quiere pedirle explicaciones a Green, pero el portavoz de los conservadores en la Cámara Alta se opone: a un barón, aunque sea de la droga, no se le pueden pedir explicaciones por asuntos ajenos a su ministerio. Aunque sólo hay un único dios verdadero, el Estado, el capital y dios son tres personas distintas.

La teología es un poco complicada, por lo que el año pasado el primer ministro Cameron lo resumió así ante las cámaras de la televisión: el reverendo Green ha hecho “un trabajo soberbio”.

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El banco más sucio de todos los bancos

El BCCI fue un banco con una corta historia de sólo 20 años y según la revista Time (29 de julio de 1991) fue “el banco más sucio del mundo”. Lo fundó Agha Hasan Abedi, un chiíta, en Pakistán en 1972. Abedi había nacido en India y reunió una gran fortuna con la especulación antes de que su primer banco fuera nacionalizado por el presidente pakistaní Alí Bhutto.

Su segundo banco lo creó con un afán político: iba a guardar los depósitos de los chiítas, muchos de los cuales, por razones ideológicas, se niegan a dejar su dinero a las instituciones financieras de los imperialistas occidentales.

Enemigo de Bhutto, Abedi era íntimo amigo del siniestro general Zia ul-Haq que gobernó pakistán después de dar un golpe de Estado en 1977 y ahorcar a Alí Bhutto. Si Abedi quería un banco islámico, el general ul-Haq quería un Estado islámico.

Aunque Abedi tenía mucho dinero, necesitaba mucho más, y como nunca dependió de ningún banco central, cayó pronto en manos de tres grandes familias: los Gokal de Pakistán, los Ben Mahfuz de Arabia saudí y los Geith Pharaon de Abu Dhabi. Ante la permanente falta de liquidez del banco, estos tres jeques del petróleo ponían dinero a cambio de acciones, lo cual alteró un poco la religión del banco: del chiísmo se convirtió al sunismo en su peor versión, la wahabita.

La necesidad de liquidez procedió, en primer lugar, de la ampliación internacional del negocio a países tan exóticos como Luxemburgo o las Islas Caimán, donde se registró como ICIC (International Credit & Investment Company), el mismo nombre con el que abrió una sucursal en Karachi dirigida por el hijo del general ul-Haq.

Cuando un banco necesita liquidez, dinero en efectivo, se convierte en una lavadora: pinta de blanco el dinero negro. Para ello admite depósitos procedentes del tráfico de drogas, del tráfico de armas, de la prostitución y de la delincuencia. Es lo más barato porque es gratis.

Una de las fuentes de blanqueo de los bancos son las gigantescas fortunas, que convierten en depósitos. Ese fue el papel que cumplió el BCCI con los ahorros del general Noriega, un tipo que no era chiíta precisamente, y cuyos dólares procedían, a su vez, del tráfico de drogas.

Como se trata del crimen, del verdadero y auténtico crimen organizado, este tipo de bancos, lo mismo que los paraísos fiscales, son un imán para los espías y policías del mundo entero. No sólo meten las narices en ellos sino que hacen algo más fácil aún: los crean.

Así ocurrió con el BCCI. Cuando en 1979 el ejército soviético se despliega en Afganistán, el dinero de la CIA, de Arabia saudí y de Pakistán con destino a los talibanes y Al-Qaeda pasa por el BCCI y, sobre todo, por su sucursal en Karachi. Es dinero fresco, es mucho y se renueva durante mucho tiempo.

Los jeques no tardaron en darse cuenta de que la CIA les estaba dejando solos, de manera que pidieron un compromiso mayor por parte de los imperialistas, lo que explica la entrada en el accionariado del Bank of America, que obtiene casi una tercera parte del capital del BCCI.

Posteriormente el director ejecutivo del Bank of America, Roy P. M. Carlson, se unió a Safeer, una empresa de consultoría de Teherán fundada por el antiguo director de la CIA y embajador de Estados Unidos en Irán, Richard Helms.

Carlson también se convirtió en presidente del Banco Nacional de Georgia, que tenía problemas y que fue comprado en secreto por el BCCI con la ayuda de Ghaith Pharaon que, a su vez, en 1976, recompró la participación del Bank of America en el BCCI. Todo volvió a quedar en casa, muy cerca del Golfo.

El Banco Nacional de Georgia era cliente de Kissinger Associates que, a su vez, también era consejero de la Banca Nazionale di Lavoro a través de la cual se financiaban las armas destinadas a Saddam Hussein durante la guerra con Irak. El socio de Helms en Safeer, el magnate iraní de negocios Rahim Irvani, controlaba el Melli Group del que Carlson era presidente. Irvani fundó una empresa off-shore para  ocultar que el BCCI recompró el banco de Clark Clifford, que había sido jefe del Pentágono: el First American Bank.

El BCCI no fue más que una de tantas burbujas de los ochenta, santo y seña de la Escuela de Chicago, de esos que en las Facultades de Economía de todo el mundo predican “más mercado y menos Estado”. Lenin diría que se trataba de un ejemplo de la descomposición del capitalismo financiero. Todo era de papel. No había préstamos, no había economía productiva. El banco vivía de apuntes contables. Las armas se cambiaban por drogas, por lo que ambas cosas eran imprescindibles: muchas drogas y muchas guerras. Era el modelo económico Afganistán, el no va más del “neoliberalismo” de los ochenta. Dependía de que la guerra no se acabara nunca, no sólo la de Afganistán sino otras, como la que enfrentó a Irán con Irak, a los sandinistas con la contra…

Los banqueros eran mitad contables, mitad espías, mitad de traficantes. Dos directores de la CIA, Richard Helms y William Casey, “trabajaron” en el banco, lo mismo que Adnan Khashoggi, traficante de armas y vecino de Marbella, lo mismo que Manucher Ghobanifar, uno de los nombres del Irangate…

La lista se puede alargar tanto como uno quiera, sobre todo si ponemos a la filial del BCCI en las Islas Caimán (ICIC), en relación con el Banco de América Central, creado por Wells Fargo. Todo les fue muy bien hasta que llega el Estado, o mejor aún, el cambio de Estado: hasta que en 1979 la revolución nicaragüense les estropeó el negocio los banqueros estuvieron estrechamente relacionados con los Somoza, con la exportación de azúcar de caña y con el cártel de Medellín.

Aquel fatídico 1979 fue un mal año para los negocios del imperialismo: sandinistas en Managua, chiítas en Teherán y soviéticos en Kabul.

Uno de los consejeros de las operaciones americanas del BCCI era Jack Stephens que, simultáneamente, era consejero y accionista de Harken, la empresa petrolera de la familia Bush, primero director de la CIA y luego primer presidente con dinastía propia en la Casa Blanca.

Todo se empezó a desmoronar como un castillo de naipes cuando en 1989 los soviéticos abandonaron Afganistán, que es tanto como decir que el diluvio de dinero se detuvo, la policía encarceló a dos miembros de la filial del BCCI en Tampa (Florida) acusados de tráfico de drogas y, finalmente, Estados Unidos invadió Panamá para detener a Noriega.

Una vez cumplida su función, en 1991 Estado Unidos clausuró el banco más sucio de una manera sucia que es típica del capitalismo financiero: atrapando los depósitos pertenecientes a pequeños y grandes depositantes como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y varios bancos centrales del Tercer Mundo, como los de Pakistán, Zambia, Senegal y Nigeria. Si el banco fue un fraude, su cierre fue otro aún mayor, posiblemente el más gigantesco de la historia. Lo había escrito Marx en un lenguaje bíblico: “Los expropiadores serán expropiados”.

El fiscal de Manhattan que investigó las actividades del BCCI dijo a la revista Time: “Desde el inicio de nuestra investigación, en marzo de 1990 no recibimos ninguna ayuda del Ministerio de Justicia. En realidad, interfieren con nuestra investigación y aleccionan a los testigos para que no cooperen con nosotros”. También ahí había mucho que tapar.

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La crisis deja a más de medio millón de personas desahuciadas de sus viviendas

Entre julio y septiembre de este año el número total de desahucios fue de 13.341, lo que supone un 7,3 por ciento más que en el mismo periodo de 2013, según la estadística presentada hoy por el Consejo General del Poder Judicial sobre los efectos de la crisis en los órganos judiciales.

El promedio ronda los 5.000 desahucios mensuales, es decir, unos de 60.000 cada año. Desde enero de 2008 hasta septiembre de este año se contabilizaron en España 360.125 desahucios, según dichas cifras. A un promedio de dos personas por vivienda se puede decir que en España el capitalismo ha dejado a más de medio de millón de personas, como mínimo, sin hogar.

El informe correspondiente a los nueve primeros meses de este año indica que del total de lanzamientos (que incluyen todo tipo de inmuebles, no solo viviendas), el 43,4 por ciento se derivó de ejecuciones hipotecarias y algo más de la mitad, un 51,3 por ciento, se produjo por impagos del alquiler y el 5,2 por ciento restante obedeció a otras causas.

La estadística pone de manifiesto que los lanzamientos derivados de ejecuciones hipotecarias aumentaron un 22,1 por ciento, mientras que los acordados en procedimientos regulados en la Ley de Arrendamientos Urbanos disminuyeron un 4,2 por ciento.

Este nuevo incremento se suma a una lista de cifras sobre desahucios que no siempre coinciden. Es dato todavía es difícil de calcular ya que los organismos que miden este aspecto, como el CGPJ, el Banco de España y ahora el INE, no toman la misma la vara de medir.

Por comunidades autónomas, los nuevos datos del CGPJ recogen que en Cataluña se produjeron el 22,2 por ciento del total, seguida de la Comunidad Valenciana, con el 16,4 por ciento; Andalucía, con el 15,8 por ciento, y Madrid, con el 11,6 por ciento.

En cuanto a las ejecuciones hipotecarias iniciadas en este tercer trimestre, la cantidad ascendió a 16.767, lo que supone el 1,4 por ciento menos que en el mismo periodo del año anterior.

No obstante, atendiendo a la evolución interanual, destacan los datos de Extremadura y Baleares, con un aumento respecto al tercer trimestre de 2013 del 46,6 por ciento y del 45,2 por ciento, respectivamente, además de Aragón (31,3 por ciento), Murcia (21 por ciento) y Asturias (17 por ciento).

El informe incluye también el número de lanzamientos solicitados a los servicios comunes de notificaciones y embargos, aunque el órgano de gobierno de los jueces advierte de que éstos no existen en todos los partidos judiciales, por lo que el dato permite medir la evolución, pero no indica valores absolutos.

Bajo la premisa de que un lanzamiento solicitado a un servicio común no supone que éste lo haya ejecutado, los datos arrojan que el número de lanzamientos pedidos a los servicios comunes fue de 13.342 (un 6,1 por ciento menos), de los que 8.851 terminaron con cumplimiento positivo, un 23,1 por ciento más.

Los procedimientos monitorios por los que se reclaman deudas personales presentados en los juzgados de Primera Instancia fueron 144.262, lo que se traduce en un incremento de 14,5 por ciento.

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Llévate tu dinero a otro sitio

En Estados Unidos los grandes bancos no quieren clientes. Ahora mismo se están reuniendo con los más importantes de ellos para informales de las nuevas normas bancarias, que son insólitas: no sólo no les van a pagar un céntimo por sus depósitos, por grandes que sean, sino que les van a cobrar. Se llaman tipos de interés negativos.

Se trata de los bancos estadounidenses más grandes, esos que tienen tales dimensiones que los Estados no les pueden dejar que quiebren. Su nueva norma está importada de los bancos europeos: llévate tu dinero a otro sitio. Según el Wall Street Journal (*) entre ellos están JP Morgan, City Group, HSBC, Deutsche Bank y el Bank of America.

Los clientes son preferentes: multinacionales, fondos de invesiones, aseguradoras y bancos menores. A partir del día 1 de enero deberán pagar por dejar enormes cantidades de dinero en cuentas corrientes o depósitos a la vista. En tiempos de crisis este tipo de ingresos son un riesgo adicional para los bancos: son los primeros que desaparecen en cuanto los rumores empiezan a circular.

Se trata de que el dinero que duerme en los bancos vaya a parar a los mercados, a la bolsa, o bien se transforme en capital productivo.

¿Por qué se está produciendo este fenómeno? Porque la crisis del capitalismo, como dijo Marx, es una crisis de superproducción, de excedentes que no encuentran salida, lo cual no sólo ocurre con las mercancías sino también con los propios capitales.

Ellen Brown dice que la burbuja de derivados, que alcanza cifras astronómicas que se sitúan entre los 800 billones y los 2 cuatrillones, está a punto de explotar y se llevará por delante a los bancos más pequeños, dejando sólo a aquellos a los que los gobiernos no pueden dejar quebrar a causa de su tamaño. La bancarrota de los bancos más pequeños se sustanciará capturando los ahorros de los incautos que aún guardan sus ahorros en libretas, cuentas corrientes y depósitos parecidos.

Esta crisis no se caracteriza tanto por la escasez como por lo que Marx llamaba «plétora», por la exhuberancia y el derroche. La opulencia de unos pocos choca con la miseria de la mayoría. Los bancos, decía Marx, son «uno de los vehículos más eficaces de las crisis y la especulación»(2).

(1) Banks Urge Clients to Take Cash Elsewhere, Wall Street Journal, http://www.wsj.com/articles/banks-urge-big-customers-to-take-cash-elsewhere-or-be-slapped-with-fees-1418003852?mod=WSJ_LatestHeadlines
(2) El Capital, Fondo de Cultura Económica, tomo III, pg.567.
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Casi un millón de pobres recurre a los bancos de alimentos en Gran Bretaña

Según un informe parlamentario financiado por la Iglesia, en Reino Unido los recortes de las ayudas públicas está empujando a los británicos a una situación de hambre y miseria extremas (1).

Las crudas políticas de austeridad fuerzan a los pobres a acudir a los bancos privados de alimentos, según The Guardian (2). Entre 2013 y 2014 casi un millón de personas, de las que un tercio son niños, han tenido que recurrir a los bancos de alimentos durante al menos tres días, una cifra que en 2011 y 2012 era de 346.000, tres veces menor.

El informe parlamentario, que se titula «Alimentar a Gran Bretaña», reconoce que el país está sacudido por el hambre, causada por los bajos salarios, las crecientes desigualdades sociales, un régimen implacable impuesto a los beneficiarios de las ayudas públicas que no reúnen las condiciones exigidas, así como la desintegración del tejido social.

La primera reacción del Partido Conservador ha sido hostil al informe que, según The Guardian, amenaza con cavar la fosa más importante que durante decenios se haya interpuesto entre la Iglesía y el Partido Conservador. Uno de los ministros del gobierno, Matthew Hancock, ha declarado que el recurso creciente a los bancos de alimentos se debe a su «mayor visibilidad».

Los autores del informe, miembros de todos los partidos políticos, llaman al gobierno para que amplie el sistema de ayudas públicas, ponga en marcha una red más extensa de bancos de alimentos y cree un nuevo organismo público dirigido por ocho ministros para combatir el hambre y la pobreza extremas.

Además, también llaman a incrementar el salario mínimo y ampliar el programa de alimentación gratuita a los niños en los colegios, incluso durante las vacaciones. Finalmente, apelan a que los supermercados no arrojen más comida a la basura.

Las restricciones impuestas al régimen de ayudas públicas es el principal motivo por el cual los pobres se ven obligados a acudir a los bancos alimentarios, según The Guardian. Por ejemplo, una persona que no se presenta a una entrevista de trabajo se arriesga a perder su pensión. Por ello The Times pide que las oficinas de desempleo expliquen más claramente a las personas más humildes el régimen de ayudas.

(1) https://foodpovertyinquiry.files.wordpress.com/2014/12/food-poverty-feeding-britain-final.pdf
(2) Tories seek to avert rift with Church of England over food bank report, 8 de diciembre, http://www.theguardian.com/uk-news/2014/dec/08/tories-avert-rift-church-food-bank-report
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Los bancos europeos siguen en la UVI

La versión oficial, o sea, la teoría, es que todo va bien en las finanzas europeas. No obstante, reaparecen los brotes negros: tres agencias de calificación han puesto de manifiesto cuatro factores de riesgo en la banca del Viejo Continente para la primavera del año que viene, lo que alienta la probabilidad de una crisis dentro de la crisis.

Según las agencias de calificación, la solvencia y credibilidad de los bancios europeos está por encima de cualquier tipo de sospechas. Todos han pasado con éxito las «pruebas de estrés». Han reestructurado sus fondos propios. Los porcentajes de liquidez y solvencia son sólidos.

¿Cuál es, pues, el problema?

El problema no son las respuestas sino las preguntas. Las «pruebas de estrés» están diseñadas para unas condiciones económicas ligeramente críticas y, desde luego, temporales. Las crisis no existen en las recetas económicas burguesas, y cuando la realidad muestra algo diferente, no tienen nada previsto van más allá de lo que consideran como un mal ciclo, algo pasajero.

Por ejemplo, las «pruebas de estrés» de la banca europea no tienen en cuenta una caída del precio de los inmuebles más allá del 30 por ciento actual. Tampoco han previsto una caída fuerte de los índices bursátiles.

Tres de las principales agencias de calificación, Standard and Poor’s, Fitch y Moody’s, han empezado a valorar el entorno económico europeo para el año que viene según cuatro factores de riesgo nuevos que el Banco Central Europeo no tiene en cuenta.

El primer factor son las condiciones económicas generales en Europa, que el año que viene va a continuar muy deprimida. No habrá crecimiento, no habrá actividad ni tampoco márgenes de beneficio y, por consiguiente, aumentarán las quiebras por insolvencia.

El segundo factor de riesgo concierne a una reglamentación y supervisión muy estrictas que, si bien incrementan la confianza, restringen la actividad bancaria, lo que somete a uno de los motores a un principio de precaución que frena el flujo de crédito.

El tercero procede de los Estados, que cada vez tienen menos mecanismos para intervenir en la economía y apagar los incendios.

El cuarto es la dificultad de gestionar una economía con una tasa de interés cero, o incluso negativa. Si los precios y los márgenes de beneficio son casi nulos, no hay aliciente para prestar dinero y, además, se corren demasiados riesgos. Los bancos no quieren arriesgar tanto por tan poco.

Esa es la paradoja actual: el Banco Central Europeo baja los tipos de interés para estimular una inversión muy mal remunerada.

La agencias de calificación no prevén un bancarrota para el año siguiente. Lo que dicen es que la economía europea sigue con respiración asistida. La más leve complicación llevará a más de uno a la tumba.

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El oro de Ucrania también se ha esfumado

En febrero de este año, cuando Euromaidan estaba en su apogeo, el FMI evaluó que las reservas de oro de Ucrania estaban en su punto máximo: 42,3 toneladas, o sea, un 8 por ciento del total. Al detestado presidente Viktor Ianukovich el golpe de Estado fascista le echó con la caja fuerte llena. Ucrania nunca había tenido tanto oro en su hucha.

Según informó el diario Iskra (1), la misma noche del golpe las reservas de oro se introdujeron en un avión de transporte sin matrícula con destino a Estados Unidos. El avión despegó del aeropuerto de Boryspil al cual, según los trabajadores del mismo, llegaron cargados de madrugada cuatro camiones y dos autobuses, todos ellos sin placas de matrícula. De ellos descendieron 15 uniformados de negro, enmascarados y con chalecos antibalas. Algunos llevaban ametralladoras. Fueron ellos los que cargaron más de 40 cajas pesadas en el avión por la parte delantera.

Después llegaron varias personas más, que se subieron al avión. Finalmente, los vehículos que habían llegado al aeropuerto con el cargamento desaparecieron del lugar y el avión despegó. Cuando los responsables del aeropuerto informaron a las nuevas autoridades golpistas de Kiev, les recomendaron no entrometerse en asuntos que no les corresponden.

Al publicar esta noticia, un alto funcionario del antiguo Ministerio de Hacienda llamó a los editores de Iskra y les dijo que esa noche uno de los nuevos dirigentes de Ucrania había ordenado trasladar las reservas de oro a Estados Unidos.

Ninguna declaración oficial confirmó nunca la noticia. Tampoco la desmintió. El traslado de las reservas se producía en un momento en el que ya era sabido que Alemania no había logrado repatriar su oro de Estados Unidos.

En una entrevista a la cadena de televisión Ukraina, la dirección del Banco Central confesó (2) que en sus cajas fuertes casi no había oro. Quedaba una pequeña cantidad de lingotes, apenas el uno por ciento de las reservas: ocho veces menos de lo que debería.

¿Qué ha ocurrido? No se ha vendido porque la hryvnia, la divisa ucraniana, se hubiera ido devaluando a lo largo del año. El nuevo gobierno no ha vendido oro para sostener su precio. Si hubiera querido hacerlo podría haberse desprendido de otras divisas para mantener las reservas de oro, cuyo precio ha subido.

Con Ucrania ha sucedido lo mismo que en los tiempos de Gorbachov, lo cual demuestra una ley de la historia, dice Rusila, a saber, que la reducción de las reservas de oro en el contexto de un país en crisis supone el hundimiento del mismo (3). El oro se ha sacado de Ucrania por la incertidumbre política que envuelve al país.

Decir que el oro de Ucrania salió con un destino desconocido es un eufemismo ridículo cuando sabemos que el golpe de Estado fascista fue financiado por Estados Unidos. Si esta historia y la anterior que también hemos relatado aquí (4), son ciertas, comprenderemos que, en realidad, Estados Unidos no regala nada y que, como siempre, todo sale de la explotación de las masas.

Ya sólo queda saber si el oro ucraniano está en Fort Knox o le ha ocurrido lo mismo que al alemán.

(1) http://iskra-news.info/news/segodnja_nochju_iz_borispolja_v_ssha_strartoval_samoljot_s_zolotym_zapasom_ukrainy/2014-03-07-9122
(2) В Украине больше нет золотовалютного резерва, http://www.youtube.com/watch?v=NUrPwhSXwVk
(3) ЗОЛОТОЙ ЗАПАС УКРАИНЫ ИСЧЕЗ, http://rusila.su/2014/11/16/zolotoj-zapas-ukrainy-ischez/
(4) El auténtico chiringuito financiero del imperialismo, https://mpr21.info/2014/11/el-autentico-chiringuito-financiero-del.html