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Matones informáticos al servicio de los grandes monopolios de internet

La empresa de subastas por internet eBay desató una campaña de acoso contra una pareja de cincuenta años por escribir opiniones negativas en su sitio ecommercebytes.com.

Los matones de la empresa han sido procesados por acoso informático y por intentar sobornar a los testigos. El fiscal les pide cinco años de prisión a cada uno de ellos, altos ejecutivos y matones informáticos contratados para llevar a cabo el hostigamiento.

El comunicado de prensa del Departamento de Justicia de Estados Unidos no detalla el nombre del principal responsable, aunque parece tratarse de David Wenig, director general de la empresa.

Wenig ordenó a James Baugh, el director de seguridad, que “disparara” a la pareja de editores debido a sus malas críticas. Luego, supuestamente desarrolló la ola de acoso él mismo durante varias reuniones de la empresa con otros cinco matones.

La campaña comenzó el 7 de agosto y duró dos semanas. El grupo de acosadores utilizó varios canales simultáneamente para hostigar a sus víctimas: envíos anónimos de amenazas y de correo basura, entregas de artículos espeluznantes con amenazas de muerte y la publicación en línea de la información personal de la pareja, incluida su dirección privada.

Entre los artículos enviados a las casas de las víctimas en el espacio de 4 días, la justicia enumera: una máscara de cerdo ensangrentada, un lote de arañas vivas, un lote de cucarachas o un ramo de flores entregado por una funeraria. Las entregas iban acompañadas de numerosos mensajes desde una cuenta anónima de Twitter.

Los sicarios de eBay intentaron varias veces presentarse como caballeros blancos, capaces de ayudar a las víctimas. Por un lado, trataban de silenciar las opiniones negativas amenazando, por otro lado, trataban de generar una opinión positiva de eBay por parte de la pareja de editores.

Tras la primera ola de acoso a distancia los matones decidieron actuar lo más cerca posible. Viajaron a través de Estados Unidos desde California a Boston y luego conducen a Natick, la pequeña ciudad de 36.000 habitantes donde vive la pareja. Instalaron un rastreador GPS en el Toyota de las víctimas, irrumpieron en su garaje.

David Harville, un directivo de la empresa, compró todo lo necesario para cometer el delito. El acoso se prolongó durante bastante tiempo. Enviaron a un fontanero al hogar de las víctimas en medio de la noche, publicaron anuncios de orgías con ellas y organizaron una venta falsa de la vivienda.

Los matones facturaron a la empresa por sus fechorías: desde las pernoctas en el lujoso Hotel Ritz-Carlton de Boston hasta el equipo de vigilancia, los envíos de paquetes y una factura de restaurante de 750 euros por las comidas de tres de los sicarios.

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El colonialismo británico extendió el terror por Kenia a través de una red de campos de concentración

El Mau Mau (un término cuyo origen etimológico es incierto) se marcó como objetivo expulsar a los ingleses de Kenia, pero no por medios constitucionales, como habían intentado hasta entonces Kenyatta y otros políticos, sino de forma violenta.

El movimiento comenzó en las White Highlands, a finales de los años cuarenta, pero en 1950 se había extendido a Nairobi. En aquel año fue prohibido por el Gobierno colonial.

Al Mau Mau pertenecieron no sólo hombres adultos, sino también mujeres y niños. Los miembros del Mau Mau ingresaban en la organización mediante una ceremonia en la que, desnudos, a menudo entraban en trance y prestaban uno o varios juramentos (había siete juramentos en total). Durante el ritual se bebía sangre animal (a veces humana) y se comía carne cruda.

El juramento suponía un contrato moral, para los kĩkũyũ era algo sagrado, y violarlo significaba romper la lealtad al Mau Mau y sufrir la cólera del dios creador, Ngai, que los castigaría con enfermedades o incluso la muerte.

Todavía hoy, muchos antiguos miembros de Mau Mau creen en el poder del juramento y en las fatales consecuencias de divulgar sus secretos.

Para el Gobierno y los colonos, el juramento representó un claro ejemplo del primitivismo y el salvajismo de los kĩkũyũ; para éstos fue la respuesta lógica ante las injusticias políticas y socioeconómicas que sufrían.

Hubo cientos de miles de kĩkũyũ que pasaron a formar parte del Mau Mau; luchaban por ithaka na wiyathi, es decir, “la tierra y la libertad” (de hecho, el auténtico nombre del Mau Mau era Ejército de la Tierra y la Libertad de Kenia). Este concepto era algo ambiguo: para algunos representaba el fin del trabajo forzado, para otros era la esperanza de poder recuperar las tierras que los blancos les habían arrebatado y así alimentar a sus hijos.

En cualquier caso, los enemigos eran los británicos y los nativos que habían medrado en la sociedad colonial; estos últimos, conocidos como loyalists –“leales”–, eran muy poderosos y poseían varias porciones de las reservas kĩkũyũ. Incluso contaban con el estatus especial de senior chief.

Había otro grupo, el de los kĩkũyũ completamente convertidos al cristianismo, que sufrirían la persecución tanto del Mau Mau como de los “leales”.

Para la mayoría de los kĩkũyũ estos “leales” representaban lo más corrupto de la civilización británica y el Mau Mau decidió que debían ser eliminados.

La tarde del 9 de octubre de 1952, el más famoso de los “leales”, el senior chief Waruhiu, fue asesinado a tiros en el interior de su coche en Nairobi por hombres del Mau Mau disfrazados de policías.

Para entonces, el Mau Mau ya contaba en su historial con varios asesinatos (incluido el de un blanco el 3 de octubre) y destrozos en propiedades de los colonos; éstos, presas del pánico, apremiaron al nuevo gobernador de Kenia, Sir Evelyn Baring, para que tomase medidas contra los kĩkũyũ.

Baring decretó el estado de emergencia mientras muchos kĩkũyũ celebraban la muerte de Waruhiu con cantos y bailes que todavía hoy se recuerdan.

El 21 de octubre, Jomo Kenyatta fue detenido (a pesar de que no tenía relación con el Mau Mau y había asistido al funeral de Waruhiu), junto a otros 180 líderes kĩkũyũ. Permanecería preso hasta 1961. Se convirtió así en un mártir. Estas medidas no sólo no acabaron con el Mau Mau sino que lo pusieron en manos de líderes jóvenes y radicales, dispuestos a todo.

Comienza la guerra de liberación

Comenzaron a llegar soldados británicos a Kenia. Comenzaba a prepararse la guerra.

En los días siguientes, el Mau Mau se dedicó a asesinar a varios colonos en sus granjas; los cadáveres de hombres y mujeres aparecían terriblemente mutilados por los machetes (pangas) de los asesinos.

El 24 de enero de 1953 tuvo lugar una acción del Mau Mau que provocó un tremendo impacto en Europa: el asesinato de la familia Ruck (Roger, Esme y su hijo de seis años Michael). Los asesinos fueron los sirvientes de la familia. Se publicaron fotos del niño mutilado y rodeado de sangre por todas partes.

Al día siguiente, 1.500 colonos marcharon hacia la sede del Gobierno en Nairobi clamando por medidas radicales. Muchos pedían el exterminio de la población kĩkũyũ.

El 26 de marzo el Mau Mau llevó a cabo dos importantes acciones. Por un lado, unos ochenta de sus hombres asaltaron la central de policía de Naivasha, donde se apoderaron de gran cantidad de armas y municiones y liberaron a cerca de 200 de sus miembros que estaban allí presos. Horas después, el Mau Mau atacó las granjas del senior chief Luka (un importante “leal”), en Lari, cerca de Nairobi. Los guerrilleros quemaron las casas con sus habitantes dentro, y si alguno trataba de escapar era golpeado hasta la muerte. Hombres, mujeres y niños fueron mutilados y asesinados. En total hubo 97 asesinatos.

El Gobierno llevó la prensa a Lari para que informase de todo con detalle. Lo que no se dijo es que después, como represalia, unos 400 miembros del Mau Mau fueron ejecutados por los militares y la policía.

Pero las masacres realizadas por los británicos ya habían comenzado antes. Así, el 23 de noviembre de 1952 varios cientos de kĩkũyũ se congregaron en una plaza de la pequeña población de Kiruara porque querían escuchar las profecías de un hombre joven que estaba proclamando el fin del colonialismo. Aparecieron varios oficiales blancos junto a unas decenas de policías negros y algunos “leales” locales. Éstos exigieron a la multitud que se dispersara. Como no fue así, los oficiales ordenaron abrir fuego sobre los kĩkũyũ.

Cerca de 100 personas desarmadas fueron asesinadas y enterradas en una fosa común cercana, aunque las autoridades sólo reconocieron haber causado 15 muertos y 27 heridos.

El estallido de la guerra en Kenia y la aparición del Mau Mau tuvieron un gran impacto en todo el mundo a comienzos de los años cincuenta. La propaganda británica se esforzó en mostrar la lucha como un enfrentamiento entre la civilización y una secta de bárbaros criminales antieuropeos y anticristianos. Pocas personas en Europa se preocuparon por las demandas de los “salvajes”, como se conocía a los miembros del Mau Mau.

Más de mil keniatas ahorcados públicamente

En mayo de 1953 se encargó al general Sir George “Bobby” Erskine, veterano de la Segunda Guerra Mundial y amigo personal de Winston Churchill (por entonces de nuevo primer ministro), que dirigiese las operaciones militares contra el Mau Mau en las selvas de Kenia. Cerca de 10.000 británicos, apoyados por la Royal Air Force y 25.000 hombres de las fuerzas leales, se enfrentaron a varias decenas de miles de hombres del Mau Mau.

Entre los británicos había un grupo conocido como los “pseudogangsters”, unos jóvenes colonos dirigidos por el criminal Ian Henderson, que se distinguieron por su brutalidad y su afición a las torturas. Henderson consiguió atrapar en 1956 a uno de los líderes del Mau Mau, el mariscal Dedan Kimathi, que fue ahorcado.

Por estas acciones Henderson fue condecorado. Más tarde se haría famoso como jefe de la Seguridad del Estado de Baréin, puesto que ocupó entre 1966 y 1998 y desde el que siguió torturando a la gente de forma sistemática. Henderson murió el 13 de abril de este año.

Hay que decir que más de 1.000 personas fueron ahorcadas públicamente en Kenia acusadas de pertenecer al Mau Mau, a pesar de que en el Reino Unido las ejecuciones públicas estaban prohibidas desde hacía un siglo.

A finales de 1954 el Ejército Británico prácticamente había derrotado al Mau Mau en la selva (aunque hubo grupos que continuaron la lucha algún tiempo más), algo lógico teniendo en cuenta que sus hombres no contaban con apoyo externo y muchas de sus armas eran artesanales. De hecho, resulta de lo más sorprendente que aguantaran tanto frente a un ejército moderno.

Pero otra guerra se estaba librando en el resto de Kenia.

El estado de emergencia se mantuvo en el país hasta 1960, a pesar de que el Mau Mau ya había sido derrotado hacía años. ¿Por qué?

Paralelamente a la guerra librada por Erskine en las selvas, el gobernador Baring llevó a cabo otra en el resto de la colonia contra los kĩkũyũ sospechosos de pertenecer al Mau Mau. Es decir, contra un enemigo civil. El estado de emergencia fue la excusa perfecta para que Baring y el Gobierno colonial británico (con la colaboración de los secretarios para las colonias Oliver Lyttelton y Alan Lennox-Boyd) promulgasen docenas de leyes arbitrarias y opresivas (conocidas como “Emergency Regulations”), extendiesen el terror por Kenia y provocasen uno de los mayores y más desconocidos genocidios del siglo XX.

Las medidas tomadas por los británicos incluían castigos, toques de queda, controles, confiscaciones de propiedades y tierras, censura, ilegalización de organizaciones políticas, detenciones sin juicio, imposición de nuevos impuestos y, finalmente, la creación de una vasta red de campos de concentración denominada Pipeline.

Quemar los documentos para borrar la historia

Entre 1995 y 2005, la historiadora estadounidense Caroline Elkins, de la Universidad de Harvard, se dedicó a investigar lo sucedido en Kenia durante los años cincuenta. Los resultados de su gigantesco trabajo se publicaron en el libro “Imperial Reckoning: The Untold Story of Britain’s Gulag in Kenya”, que en 2006 ganó el premio Pulitzer.

Elkins comenzó sus investigaciones consultando los archivos oficiales en Londres. Según la historiografía británica, los campos de concentración en Kenia no tenían la misión de castigar a los kĩkũyũ, sino de civilizarlos. Tradicionalmente se ha dado la única versión de que los británicos en realidad se dedicaron a enseñar a los nativos a ser buenos ciudadanos y así poder ser capaces de hacerse con el control del país más tarde. Según dicha versión, a los británicos tan sólo se les podría culpar de paternalistas. Se admitió, eso sí, la existencia de algunos “incidentes” no exentos de brutalidad, aunque no habrían sido sino hechos aislados. Los archivos de Londres corroboraban esta versión. Entonces Elkins decidió ir a Kenia, y una vez allí en seguida comenzó a observar algunos detalles que llamaron su atención: en los Archivos Nacionales de Kenia faltaban documentos referentes a los campos de concentración británicos, o permanecían clasificados como confidenciales casi cincuenta años después de la aparición del Mau Mau.

Oficialmente, 80.000 kĩkũyũ habían sido detenidos por los británicos y sus colaboradores en los años cincuenta, pero Elkins descubrió que el Gobierno colonial había destruido incontables archivos referentes a dichas detenciones en 1963, el año en que los ingleses se marcharon de Kenia. Para que nos hagamos una idea: considerando que existieron en su momento documentos de cada persona detenida, Elkins se dio cuenta de que el número de archivos destruidos era del orden de 240.000. Pero ella no cejó en su empeño y desarrolló una exhaustiva investigación por Kenia. A lo largo de los años consiguió reunir algunos cientos de documentos incriminatorios en Nairobi. Afortunadamente los británicos no lo habían destruido todo, pero Elkins tuvo que realizar una tarea tediosa, durante la cual la mayoría de las veces no encontraba nada. Poco a poco, durante meses y meses, fue reuniendo las piezas de un puzzle, averiguando los nombres y el número de los campos de concentración (no existía ningún listado), juntando cartas de detenidos, consultando documentos privados, archivos de periódicos y de las misiones, y llegando a la conclusión de que los documentos que encontraba invalidaban completamente la famosa cifra de los 80.000 detenidos.

Primero pensó en 160.000, después se dio cuenta de que no pudieron ser menos de 320.000. Entonces Elkins descubrió que los británicos no sólo detuvieron a los hombres, sino también a las mujeres. Y a los niños. Y descubrió igualmente que no sólo se encerró a los kĩkũyũ en campos de concentración tras deportarlos: también se rodeó sus aldeas de alambre de espino, torres de vigilancia y guardias, transformándolas así también en campos. Hubo ciento cincuenta campos por todo el país, aunque Elkins señala que nunca se podrá conocer el número exacto.

Todo el país era un inmenso campo de concentración.

Y esto fue así porque los británicos consideraron durante años que la práctica totalidad de la población kĩkũyũ (excepto los colaboracionistas) era sospechosa de pertenecer al Mau Mau.

De esa forma, encerraron a un millón y medio de personas, hombres, mujeres y niños.

Elkins pensó en entrevistar a supervivientes. Encontró a trescientos. Entrevistarlos no fue fácil, porque se mostraban reticentes a hablar hasta estar seguros de que ella era estadounidense y no británica. Muchos de sus escalofriantes testimonios aparecen en el libro. También consiguió entrevistar a algunos antiguos “leales” (más difícil todavía) e incluso a viejos oficiales y misioneros.

Se encontró con que los culpables admitían los crímenes.

300.000 keniatas fueron asesinados por los colonialistas

Elkins llegó a la conclusión tras sus investigaciones de que efectivamente el Mau Mau fue una organización sangrienta y brutal, como siempre se ha dicho, pero que los británicos fueron muchísimo peores, tanto en proporción como en número de víctimas.

Oficialmente el Mau Mau asesinó a menos de 100 blancos y cerca de 1.800 “leales”. Por su parte los británicos reconocieron haberse llevado por delante a 11.000 miembros de Mau Mau.

Elkins descubrió que en realidad el número de víctimas mortales de los británicos pudo haber llegado a las 300.000 personas.

Las muertes en los campos se producían por agotamiento, enfermedades e inanición. Pero también por malos tratos sistemáticos y torturas que, huelga decir, vulneraban lo acordado en la Convención Europea de Derechos Humanos así como en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, ambas firmadas por el Reino Unido.

Las deportaciones en masa comenzaron a principios de 1953, acompañadas del screening. En teoría, screening era la palabra para designar los interrogatorios de los sospechosos de pertenecer al Mau Mau. En la práctica significó torturar a los detenidos para hacerles hablar. Los kĩkũyũ adoptaron la palabra, ellos no tenían en su idioma ninguna que significase lo mismo.

Screening era sinónimo de terror.

Durante el cribado era habitual que se golpease a los detenidos o se les apagasen cigarrillos en la piel. Se les practicaban electrochoques, se les quemaba, se les cortaba con cuchillos o botellas rotas, se les amenazaba con serpientes o se les introducían objetos por el recto o la vagina. A las mujeres se les aplastaba los pechos, y a los hombres los testículos. Se les mutilaba sólo por ser sospechosos. En el Valle del Rift un hombre conocido como Dr. Bunny dirigía un centro de interrogatorios. Se le apodaba “el Josef Mengele de Kenia”, entre otras cosas porque obligaba a los detenidos a tragarse sus propios testículos.

Todas estas salvajadas (miles) se mantenían en secreto, aunque el gobernador Baring estaba muy al tanto de ellas.

Las deportaciones se recrudecieron a partir de la denominada Operación Anvil, el 24 de abril de 1954, cuando casi todos los kĩkũyũ de Nairobi fueron detenidos y deportados.

‘Abandonad toda esperanza’

En los campos de concentración las torturas y los malos tratos eran habituales. Lo más frecuente eran los golpes. A los detenidos se les golpeaba siempre: cuando llegaban, mientras trabajaban, por la mañana, por la tarde y por la noche. Se les golpeaba hasta que la sangre les chorreaba por los oídos.

Los campos eran dirigidos por oficiales blancos y custodiados por guardias negros, que a veces eran tan bestias como los blancos.

En el campo de Manyani había un oficial blanco cuya madre había sido asesinada por el Mau Mau. Tenía un ayudante negro llamado Wagithundia. Ambos torturaban como si tal cosa. Obligaban a los detenidos a realizar marchas durante las cuales les golpeaban sin parar. En ocasiones les ataban los tobillos y les obligaban a saltar mientras les seguían golpeando hasta que a los desgraciados les colgaban jirones de piel. Despertaban a los prisioneros a cualquier hora de la noche, les obligaban a permanecer de pie indefinidamente, y si hacían amago de sentarse eran golpeados una y otra vez por los guardianes. Los dejaban sin comer durante días, y después les obligaban a tragar grandes cantidades de cereales, lo que les producía dolores insoportables. Entonces Wagithundia se ponía a saltar sobre el estómago de algún detenido mientras hacía que otros le sujetasen. Las víctimas gritaban sin parar y, en ocasiones, morían.

Phillip Macharia, prisionero del Pipeline, comentó que “es mucho lo que un hombre puede soportar”, aunque él acabó confesando su juramento. Según sus palabras, sintió que su vida no daba más de sí tras ser repetidamente golpeado y ver a sus compañeros torturados y asesinados. Decidió confesar cierto día en que los guardianes le obligaron a él y otros a correr con cubos llenos de mierda encima de las cabezas:

“Teníamos excrementos y orina chorreando por la cara y la espalda; los guardias blancos nos golpeaban con sus porras para hacernos ir más rápido. Unos días después me interrogaron, y entonces confesé mi juramento para salir de ese infierno en que estaba viviendo”.

Existía la posibilidad de rehabilitarse para los que confesaban y repudiaban al Mau Mau. Éstos se convertían en colaboradores de los blancos, denunciaban a sus antiguos compañeros e incluso podían llegar a ser guardias y participar en castigos y torturas. Algunos kĩkũyũ se convirtieron en cristianos fanáticos y conminaban a los presos a “aceptar la sangre de Cristo y vomitar el veneno del Mau Mau”.

En la entrada del campo de concentración de Aguthi se leía: “Quien se ayude a sí mismo será también ayudado”. En la del campo de Fort Hall el cartel de bienvenida decía: “Abandonad la esperanza todos los que entréis aquí”, como si fuese el Infierno de Dante. Y en la del campo de Ngenya se decía: “Trabajo y libertad”. Como señala Elkins, estos eslóganes recuerdan por ejemplo al que figuraba en el campo soviético de las islas Solovky (“¡A través del trabajo – libertad!”), o al de Auschwitz (“El trabajo os hará libres”).

Las torturas sexuales

Las torturas sexuales eran muy frecuentes. Se sodomizaba a los presos con objetos, animales, insectos o directamente se les violaba sin más. Una tortura preferida por Wagithundia era colocar al preso boca abajo y meterle la cabeza en un cubo lleno de agua. Entonces, en esa posición, se le metía arena por el ano empujándola con un palo. Después se le introducía por el mismo sitio agua, y después arena otra vez. De vez en cuando se sacaba del cubo la cabeza del desgraciado para que pudiese respirar.

Las mujeres tampoco escapaban a las torturas: se les golpeaba, azotaba o violaba con botellas o cualquier otro objeto. Sufrían violaciones de forma habitual. Una de las torturas practicadas a las mujeres era la siguiente: después de desnudarlas y golpearlas, se les introducía por la vagina una pasta que contenía pimienta y agua en algunos casos, o pimienta y petróleo en otros. Para que toda la pasta quedase bien dentro los guardias se ayudaban del tacón de las botas. Entonces las desgraciadas sentían que les ardía todo además de la vagina: los oídos, los ojos, la nariz, la boca…

Y se pasaban días vomitando y agonizando.

La mortalidad entre los niños prisioneros era muy elevada, sobre todo a causa de la falta de comida y las enfermedades (como la tuberculosis o el tifus). Cuando los niños caían enfermos eran desatendidos y morían.

Casi todas las atrocidades cometidas por los británicos en Kenia permanecieron en secreto mucho tiempo, aunque algunas fueron denunciadas entonces.

Los primeros que clamaron contra los crímenes fueron misioneros, pero sus voces fueron rápidamente acalladas. No obstante, a finales de 1955 la magnitud de los crímenes británicos era tal que el Partido Laborista, en la oposición, decidió pasar a la carga. Líderes de dicho partido, como Barbara Castle, arremetieron en la Cámara de los Comunes contra el secretario para las colonias, Lennox-Boyd, que condenaba los crímenes que salían a la luz para a continuación afirmar que se trataba de hechos aislados. Castle decidió investigar por su cuenta, se fue a Kenia y cuando regresó al Reino Unido llevaba varios casos de torturas bajo el brazo. Tras nuevos debates en los Comunes, Lennox-Boyd prometió investigar los casos que denunciaba Castle. Pero todo quedó en agua de borrajas.

En el corazón del Imperio Británico hay un estado policial donde el funcionamiento de la ley se ha quebrado, donde los asesinatos y torturas de africanos tienen impunidad y donde las autoridades comprometidas en hacer cumplir la justicia regularmente son cómplices de su violación.

El 12 diciembre de 1963 el Reino Unido tuvo que conceder la independencia a Kenia.

Jomo Kenyatta, puesto en libertad dos años antes y primer ministro desde hacía unos meses, se convirtió en presidente de la nueva república en 1964. Decidió seguir una política conciliadora y, por tanto, no hubo castigos contra los crímenes cometidos por los británicos y sus colaboradores.

Durante medio siglo pareció que nunca se iba a hacer justicia, pero en 2011 salieron a la luz cientos de documentos que probaban los crímenes británicos en Kenia.

El año pasado por fin un juez del Tribunal Supremo británico dio luz verde a las demandas que algunos supervivientes del genocidio vienen pleiteando desde 2009 contra el gobierno.

Y por lo visto, este año el Gobierno británico ha decidido pagarles indemnizaciones, lo que supone el reconocimiento de los crímenes.

Tarde, muy tarde, pero algo es algo.

— https://andaquepaque.blogspot.com/2013/05/kenia-el-gulag-britanico-ii.html

Más información:
— ‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

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El negro asesinado el viernes en Atlanta fue alcanzado por la policía de dos disparos en la espalda

Rayshard Brooks, el afroamericano de 27 años que fue asesinado el viernes en Atlanta por la policía, fue alcanzado de dos disparos por la espalda, según los resultados de la autopsia que se publicaron ayer.

Brooks era padre de cuatro hijos, incluyendo una niña que cumplió 8 años este viernes.

El ayuntamiento dio a conocer los resultados de la autopsia realizada al cuerpo de la víctima. “El Sr. Brooks tenía dos heridas de bala en la espalda, que le causaron daños en los órganos y una gran pérdida de sangre”, dijo la oficina del médico forense en una conferencia de prensa.

La ex candidata a gobernador demócrata de Georgia, Stacey Abrams, dijo que el asesinato de Brooks demostraba la necesidad de imponer severas restricciones al uso de la fuerza por parte de la policía. ”Dormirse al volante en un aparcamiento no debería terminar en muerte”, dijo a la prensa (1).

De manera inmediata, Atlanta se ha convertido en el nuevo semillero de ira del movimiento contra el racismo.

La jefa de policía de la ciudad dimitió, el oficial que disparó fue inmediatamente despedido y su colega fue asignado a tareas administrativas.

Brooks fue asesinado en el aparcamiento de un restaurante por la policía. Se había quedado dormido en su coche, aparcado cerca del restaurante de comida rápida. Los encargados llamaron a la policía porque su vehículo entorpecía el camino de los clientes del estacionamiento. Pero el intento de detenerlo se convirtió rápidamente en un drama: borracho, el joven forcejeó e intentó huir, después de agarrar la táser de uno de los policías. Para evitar que huyera, el policía abrió fuego y Brooks murió unas horas más tarde en el hospital después de ser operado de urgencia.

Los abogados de su familia, L. Chris Stewart y Justin Miller, creen saber por qué trató de huir de la policía: “Si estás durmiendo en tu coche y los policías están golpeando tu ventana, el clima actual no es el mejor para las interacciones entre los policías y un hombre negro. Así que puede asustarte tarde en la noche. Así que, sí, te levantas y hablas con ellos, te dicen que quieren que hagas algo, que no es lo que tú querrías hacer. Así que, sí, trató de huir, parece que lo hizo. Pero no lo dejaron ir, estaban decididos a detenerlo. Y lo detuvieron”, dijo en una conferencia de prensa (2).

Estados Unidos ya lleva varias semanas bajo tensión. Los activistas han estado denunciando la violencia policial y el racismo desde la muerte de George Floyd, un hombre negro que fue asfixiado por un oficial durante su detención el 25 de mayo.

(1) https://eu.usatoday.com/story/news/nation/2020/06/14/rayshard-brooks-death-atlanta-police-officer-fired-chief-steps-down/3186634001/
(2) https://www.atlantamagazine.com/news-culture-articles/what-we-know-so-far-about-the-killing-of-rayshard-brooks/

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El número de trabajadores fallecidos por accidente laboral ha aumentado un 21 por ciento en lo que va de año

Un total de 231 trabajadores fallecieron en accidente laboral hasta el pasado mes de abril, 40 más que en el mismo periodo de 2019, lo que implica un aumento en valores relativos del 20,9 por ciento, según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social. Sin embargo, el número de accidentes laborales con baja (más de 151.000) ha bajado un 24,7 por ciento.

Trabajo explica, no obstante, que debido a la declaración de estado de alarma por el coronavirus se están produciendo retrasos en la tramitación administrativa de los partes de accidentes de trabajo respecto a los plazos habituales, «lo cual afecta a los resultados estadísticos de esta publicación de avance».

De estos fallecimientos, 184 se produjeron durante la jornada de trabajo, 35 más que en abril de 2019, lo que supone un aumento porcentual del 23,5 por ciento. Los 42 accidentes mortales restantes registrados hasta el cuarto mes del año fueron siniestros in itínere (los que se producen en el trayecto de casa al trabajo y viceversa), cinco más que en igual mes del año pasado (+11,9 por ciento).

En conjunto, hasta abril se contabilizaron 151.087 accidentes laborales con baja, lo que supone un descenso del 24,7 por ciento respecto al número de siniestros del mismo mes de 2019. Del total, 131.897 accidentes laborales se registraron en el lugar de trabajo y 19.190 fueron siniestros in itínere. Los primeros cayeron un 24,1 por ciento, mientras que los segundos lo hicieron en un 28,5 por ciento respecto al mismo mes del año pasado.

Los accidentes leves con baja en el puesto de trabajo de los asalariados sumaron 130.624 hasta abril, un 24,1 por ciento menos, y los graves fueron 1.089, un 20,2 por ciento menos que a un año antes. En el caso de los siniestros in itínere, se registraron 18.920 accidentes de carácter leve (-28,5 por ciento) y 223 de gravedad (-30,7 por ciento).

La estadística distingue entre accidentes laborales de asalariados y de trabajadores por cuenta propia. De los 151.087 siniestros con baja registrados hasta abril, 142.405 los sufrieron asalariados (-25,3 por ciento) y 8.682 correspondieron a trabajadores autónomos (-12,3 por ciento).

De los 8.682 accidentes que sufrieron los trabajadores autónomos el año pasado, 8.130 se produjeron en el puesto de trabajo y 552 fueron siniestros in itínere. En el caso de los primeros, 7.932 (-11,6 por ciento) fueron de carácter leve y 185 graves (-27,7 por ciento). En el caso del total de in itínere, 534 fueron leves (-15,1 por ciento) y 14 graves (-26,3 por ciento).

Desde el 1 de enero de 2019 la cobertura específica de la Seguridad Social por accidente laboral en el caso de trabajadores autónomos pasó a ser obligatoria con carácter general, mientras que en 2018 era mayoritariamente voluntaria y sólo alcanzaba a cerca de un 20 por ciento de los autónomos.

La estadística también revela que se notificaron 162.694 accidentes laborales sin baja, un 28,8 por ciento menos que en igual mes de 2019. La mayor parte de los accidentes laborales se producen por sobreesfuerzos físicos y choques o golpes contra objetos en movimiento o inmóviles.

https://www.20minutos.es/noticia/4291806/0/el-numero-de-personas-fallecidas-por-accidente-laboral-ha-aumentado-casi-un-21-en-lo-que-va-de-ano/

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GAL: los gobiernos del PSOE siempre se encargaron del trabajo más sucio del régimen fascista

La CIA siempre ha estado interesada en aquellos aspectos de nuestra vida política y social que pudieran tener repercusión en el exterior. Al fin y al cabo, por ejemplo en los años ochenta, nuestro país era un valioso aliado. Por eso, no es extraño que en 1984 la Agencia se preocupara por uno de los episodios más oscuros de nuestra historia reciente. Gracias a los archivos desclasificados de la CIA podemos saber que Estados Unidos investigó al GAL.

De todo ello hay eco en una serie de documentos, entre ellos un informe titulado “España: Terrorismo vasco y respuesta gubernamental” y que se considera como “una evaluación” del tema. Como es habitual en los informes elaborados por la CIA, desconocemos el nombre del autor del mismo, pero sí se nos dice que fue elaborado por la Oficina de Análisis Europeo. Calificado  como “secreto” y con algunos pasajes todavía hoy censurados, el expediente nos permite saber qué es lo que conocía Estados Unidos tanto sobre ETA como sobre el GAL.

“El Gobierno español ha hecho un considerable progreso combatiendo a ETA en los últimos dos años y pronto conseguirá acabar con el núcleo de la organización terrorista vasca. ETA está plagada de líderes ineficaces, fondos inadecuados, bases bajas y escasez de nuevos reclutas”, se apunta desde la CIA. A renglón seguido se recuerda que “el gobierno del primer ministro Felipe González, que muchos pensaban sería blando con el terrorismo, se ha mostrado implacable en la resolución para erradicar ETA a través de una combinación de concesiones políticas a la minoría vasca e intensificando los esfuerzos legales”. En sus más de veinte páginas, encontramos un detallado esfuerzo por adentrarse en las aguas pantanosas de los llamados Grupos Antiterroristas de Liberación.

A este respecto, el documento apunta que los GAL “han sembrado el miedo y la desorganización entre los rangos de los etarras fugitivos” que se encuentran en Francia donde ya habían sido asesinadas al menos nueve personas. Según el documento de la inteligencia estadounidense “las operaciones de los GAL son de procedencia incierta –en comunicados han asegurado ser de diversas nacionalidades–, con conexiones con el hampa, la Organización del Ejército Secreto (OAS), y la Legión Extranjera Francesa, aunque muchos periodistas españoles y observadores públicos sospechan con fuerza que el grupo pudo ser oscurecido por el gobierno español”.

Tras un largo párrafo censurado, el documento sigue con una reflexión: “Si la supuesta participación de Madrid se confirma, las credenciales democráticas del gobierno español y del Partido Socialista estarían seriamente manchadas”. En una nota a pie de página, el dossier no se olvida de que no se trata de la primera vez que se combate a ETA desde la ilegalidad y que ya habían aparecido en el pasado como Anti Terrorismo ETA (ATE), la Alianza Apostólica Anticomunista (Triple A) y el Batallón Vasco Español.

“Los terroristas están todavía más a la defensiva porque saben que salir de España no garantiza la seguridad”. Pese a que desde el GAL se alegaba que sabían cuáles eran los principales miembros de ETA y que esos eran sus objetivos principales, desde la CIA se recordaba que se atacaba a “peces pequeños” y no a los líderes de la banda. “Desde nuestro punto de vista, otros factores –como las actividades de los GAL y la campaña del gobierno francés hacia los fugitivos– influyen en el fuerte aumento de nuevos miembros de ETA”. Un año después, la CIA redactaba un extenso informe sobre el terrorismo internacional dedicando una especialísima atención a los GAL.

Había más información, mucha de ella, como se reconocía desde la Agencia, procedente de lo publicado en las últimas semanas en el semanario “Cambio 16”. Eso es lo que le permite incluir algunos datos sobre mercenarios que habrían trabajado para el Batallón Vasco Español, como los franceses André Pervins y Jean Pierre Cherid, así como el argentino José María Boccardo Román, cuya biografía en la CIA sigue parcialmente censurada. La CIA también se hizo eco de las detenciones de colaboradores de los GAL por parte de las autoridades franceses.

Pero, más importante, recogía las especulaciones sobre quién podría estar detrás del grupo terrorista. Apoyándose en informaciones periodísticas, la Agencia no olvida que, en este sentido, la creencia general es que se señalaba al gobierno del entonces presidente del Gobierno Felipe González, aunque “ha sufrido poco la política doméstica” respecto a estas alegaciones. También se aseguraba que ni el propio Felipe González ni ningún alto cargo había sido directamente apuntado en estas conexiones. En el informe también se incluía una completa cronología de las actividades de los GAL, desde el secuestro de Segundo Marey, a quien no se nombra por su nombre, el 4 de diciembre de 1983, hasta el asesinato el 2 de agosto de 1985 del miembro de ETA Juan María Otegui.

Uno de últimos expedientes en ser desclasificados está fechado en enero de 1984 y habla de la situación del terrorismo internacional. Con algunas páginas y párrafos todavía hoy suprimidos y pese a incluir algunas menciones a sucesos en Líbano o Siria, existe un atención preferente hacia la antigua Yugoslavia y, sobre todo, España. Hacía poco que ETA había secuestrado y asesinado al capitán de farmacia Alberto Martín Barrios, un atentado que había creado un gran impacto en la sociedad de la época. La CIA apuntaba que el crimen también trajo consigo un cambio en la política antiterrorista del gobierno de Felipe González.

En este sentido, hay un párrafo que llama poderosamente la atención en este informe. Según la CIA “el Gobierno, sin embargo, parece determinado a adoptar una estrategia poco ortodoxa en relación con ETA”. Tras una frase censurada, tal vez por indicar el nombre de la fuente, la Agencia escribe que “González ha acordado la formación de un grupo de mercenarios, controlado por el Ejército, para combatir fuera de la ley a los terroristas”.

Tras otra frase censurada, se añade que “los mercenarios no serían necesariamente españoles y tendrían como misión asesinar a los líderes de ETA en España y Francia. El denominado Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL), similar a los escuadrones considerados por el Gobierno, de hecho ha surgido en el sur de Francia. El GAL ha asesinado a dos conocidos activistas de ETA-M en el sur de Francia y ha secuestrado a un hombre de negocios español en Hendaya del que sospechaban que colaboraba con los terroristas”.

https://www.larazon.es/cataluna/20200614/ph5vjbzpvbbfhl3rfyulraf754.html

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A Olof Palme lo asesinó la CIA

A finales de junio [de 1990], Dick Brenneke, que se presentó como un ex agente de la CIA, afirmó en una entrevista con la [cadena italiana de televisión] RAI-Uno que la agencia estadounidense había financiado a Licio Gelli y a la disuelta logia pseudomasónica P2 para crear un contexto favorable a la explosión del terrorismo en Europa con fines de desestabilización. El hombre añadió que esta logia todavía estaría activa bajo el nombre de P7 y que Gelli no era ajeno al asesinato del Primer Ministro sueco Olof Palme.

El Presidente de la República Italiana, el demócrata cristiano Francesco Cossiga, ha sacado el asunto a la luz pidiendo -en una carta que ha circulado públicamente- al Presidente del Consejo, Giulio Andreotti, que haga todo lo posible para que se conozca la verdad sobre estas declaraciones.

Si las acusaciones resultan ser ciertas -lo que la CIA negó categóricamente el lunes por la noche- el Estado italiano se enfrentaría, según el Sr. Cossiga, a un caso de extrema gravedad, ya que Italia siempre ha sido uno de los pilares de la [cadena italiana de televisión] RAI. El Sr. Cossiga ha sugerido una investigación administrativa.

En este caso, las acusaciones de Dick Brenneke se olvidaron rápidamente, mientras que el Presidente reaccionó inmediatamente. Esto fue poco después de la apelación de Bolonia, donde Licio Gelli, condenado en primera instancia a 10 años de prisión por el atentado de la estación de trenes de Bolonia, fue esta vez absuelto.

¿Quién está manipulando a quién? Esta pregunta obviamente permanece sin respuesta. Sólo indica que Italia no quiere ser condenada a la amnesia. Está harto del juego de investigaciones que lo prueban todo o, por el contrario, duran décadas. ¿Qué era la Logia P2, qué poderes tenía Licio Gelli? No hay una respuesta fiable. ¿Quién es el responsable de los ataques asesinos en Milán, Bolonia, Brescia, el tren “Italicus” o el Expreso 904? Desde 1969, todavía no hay culpables.

Ya no se puede decir del Presidente Cossiga que sólo inauguró los crisantemos. Está definitivamente decidido a afirmar su magistratura moral. Como recordatorio, fue él, por ejemplo, quien convocó al alcalde de Palermo, Leolucca Orlando, para explicar sus acusaciones contra la magistratura. Según este último, algunos expedientes que demostraban los vínculos entre la mafia y la administración en la gestión de las licitaciones públicas se habían enterrado en el fondo de los cajones.

En un momento en que el personal político se agita en torno a una posible reforma de la constitución, el papel y el modo de nombramiento del presidente de la república, el Sr. Cossiga parece estar expresando su punto de vista.

https://www.lesoir.be/art/la-cia-a-t-elle-finance-la-loge-p2-et-commandite-l-assa_t-19900724-Z02XJ2.html

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Este artículo fue publicado el 24 de julio de 1990 por el periódico belga Le Soir cuando los crímenes de la Red Gladio empezaban a salir a la luz.


La reapertura de la investigación por parte de la fiscalía sueca ha sido el segundo funeral de Olof Palme.

Más información:
– Dos fiscales investigan las redes terroristas de la OTAN en Europa
– El lado oscuro de la periodista española secuestrada en Colombia (2)
– La fiscalía sueca reabre la causa por el asesinato del antiguo Primer Ministro Olof Palme

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Estados Unidos sigue amenazando al Tribunal Penal Internacional para encubrir los crímenes de guerra

Ayer Trump volvió a subir el tono contra el Tribunal Penal Internacional, anunciando sanciones económicas para disuadir a sus magistrados de acusar a los militares de Estados Unidos por los crímenes cometidos en la Guerra de Afganistán.

“El presidente ha autorizado sanciones económicas contra los funcionarios del Tribunal Penal Internacional que participen directamente en cualquier esfuerzo de investigación o enjuiciamiento de personal militar estadounidense sin el consentimiento de Estados Unidos”, dijo la Casa Blanca en un comunicado.

“No podemos quedarnos quietos mientras nuestros chicos son amenazados por un Tribunal falso, y no lo haremos”, añadió Mike Pompeo, que apareció ante la prensa junto con sus colegas de defensa y justicia y el asesor presidencial de seguridad nacional, en una demostración de fuerza ante los medios.

Fue una respuesta directa a la decisión de apelación de marzo de un tribunal de La Haya (Países Bajos) de permitir una investigación de los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad en el Afganistán, a pesar de la oposición de Estados Unidos.

En su momento Pompeo denunció la decisión como “poco meditada”, sobre todo porque se produjo sólo unos días después de la firma de un acuerdo histórico entre Estados Unidos y los talibanes afganos.

La investigación solicitada por la fiscal del Tribunal, Fatou Bensouda, se centra, entre otras cosas, en las atrocidades presuntamente cometidas por soldados estadounidenses en el país asiático, donde Estados Unidos ha librado la guerra más larga de su historia desde 2001. También se han hecho alegaciones de tortura contra la CIA.

“Este ataque contra el Tribunal Penal Internacional tiene como objetivo negar la justicia a las víctimas de graves crímenes en Afganistán, Israel y Palestina”, dijo Andrea Prasow de Human Rights Watch. “Los países que apoyan la justicia internacional deberían oponerse públicamente a este flagrante intento de obstruirla”.

Los jueces del Tribunal Penal Internacional se negaron inicialmente a comenzar la investigación tras unas amenazas sin precedentes de sanciones por parte de Washington, que no es miembro de esta jurisdicción, a diferencia de Kabul.

Trump también autorizó el jueves la extensión de las restricciones de visado contra sus funcionarios y sus familiares. El visado de la fiscal Bensouda ya había sido revocado tras las primeras amenazas de sanciones estadounidenses.

El Tribunal Penal Internacional, encargada de juzgar los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad, aseguró que estaba “comprometido con el ejercicio independiente e imparcial de su mandato” y que “actuaba estrictamente dentro del marco jurídico definido por el Estatuto de Roma”.

Este tratado entró en vigor en 2002 y desde entonces ha sido ratificado por más de 120 países.

La Casa Blanca recordó que ha rechazado repetidamente los intentos del Tribunal de extender su jurisdicción a los militares estadounidenses.

“Las acciones del Tribunal Penal Internacional constituyen un ataque a los derechos del pueblo estadounidense y amenazan con invadir nuestra soberanía nacional”, dijo la Casa Blanca, denunciando la “corrupción” en los “niveles más altos” del Tribunal, incluso dentro de la oficina del fiscal.

La feroz oposición de Washington también se refiere a las investigaciones contra Israel, que podrían ser objeto de investigaciones por crímenes de guerra en la Ribera Occidental y la Franja de Gaza.

El Ministro de Justicia Bill Barr acusó a “potencias extranjeras como Rusia” de “manipular” al Tribunal “para servir a sus propios intereses”. Según el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Robert O’Brien, estas “manipulaciones” extranjeras tienen como objetivo específico “alentar” el enjuiciamiento de los militares estadounidenses en Afganistán.

“Estados Unidos seguirá utilizando todos los medios necesarios para proteger a sus ciudadanos y a nuestros aliados de acusaciones injustas”, advirtió la Casa Blanca.

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El capitalismo solapa la esclavitud con el racismo

Durante las protestas contra el racismo, los manifestantes derribaron la estatua de un negrero en una calle de Bristol, en Gran Bretaña, y la arrojaron al río.

El suceso ha destapado un acontecimiento poco conocido: hasta 2015 los vecinos de Bristol han estado pagado un impuesto especial para indemnizar a los negreros por la prohibición del comercio de personas en 1833.

En Gran Bretaña no se abolió la esclavitud sino que la Hacienda Pública compensó a los esclavistas por impedir la trata de personas. Como se trató de un préstamo, los contribuyentes han estado devolviendo el dinero desde entonces y han tardado 182 años en hacerlo porque las indemnizaciones aprobadas en su momento, 20 millones de libras esterlinas, fueron astronómicas.

En pocas palabras: a quien compensó el gobierno de Londres no fue a los esclavos sino a los esclavistas. La Hacienda británica lo admitió en un mensaje difundido a través de Twitter y la reacción de los vecinos fue tan violenta que tuvieron que suprimirlo rápidamente.

La indemnización pagada por el gobierno en 1833 fue gigantesca. Representaba el 40 por ciento de los presupuestos del Estado de aquel año, equivalente a más de 300.000 millones de libras esterlinas en la actualidad.

La deuda necesitó un largo período de reembolso y se emitieron bonos del Estado (“gilts”) que se acabaron de pagar el 1 de febrero de 2015: hace sólo tres años.

Los que pagaban impuestos antes del 1 de febrero de 2015, estaban reembolsando la deuda creada a partir de las indemnizaciones a los dueños de esclavos. Entre los deudores estaban los esclavos, sus hijos, sus nietos y sus descendientes

En 1833 Bristol tenía la mayor concentración de personas en Gran Bretaña que poseían esclavos fuera de Londres. Muchas de las mayores plantaciones que mantuvieron el mayor número de esclavos eran propiedad de algunos de los hombres de negocios más ricos de Bristol, y recibieron el equivalente a millones de libras esterlinas en plata de hoy.

Los esclavos se transformaron en proletarios y tuvieron que seguir trabajando para sus amos igual que siempre; incluso bajo la sombra del mismo látigo. De ahí que en las sociedades capitalistas la esclavitud se haya solapado con el racismo y es imposible acabar con ninguno de ellos sin acabar con el mismo capitalismo.

https://www.bristolpost.co.uk/news/bristol-news/taxpayers-bristol-were-still-paying-1205049

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No se han conservado muestras biológicas de los fallecidos que el Ministerio de Sanidad dice que murieron por coronavirus

«Es absolutamente imposible conocer el número total de fallecidos ya que no se han recogido muestras biológicas«, afirma el Decano del Colegio de Químicos de Madrid, Ricardo Díaz, en una entrevista concedida ayer en Cuatro TV.

El ingeniero no salía de su asombro por esta noticia, llegando a afirmar que «si después de tres meses estamos ahora eliminando duplicados, me pregunto si son fiables el resto de datos«, reprochando que no exista muestra alguna que permita corregir los supuestos «desfases» en la contabilidad de los fallecidos.

Dicho de otra manera: se han contabilizado como muertos por coronavirus casos sin comprobar y que no se podrán comprobar nunca. «Así es imposible hacer un estudio medianamente serio. Si estoy en un tribunal de tesis y me presentan algo así en una tesis doctoral, ¡le suspendo hasta el bachillerato!”.

Esto nos lleva a la conclusión de que las cifras facilitadas por el Ministerio de Sanidad, nunca se podrán cotejar ni comprobar.
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Operación Bastón: el ejército colombiano es una mafia de narcotraficantes

Caracol Radio habló en exclusiva con uno de los investigadores militares que participó en la llamada Operación Bastón, que buscaba, según este uniformado, hacerle una trazabilidad al capital económico de los generales.

Y aunque el Ministerio de Defensa indicó que inició en el 2017, la fuente aseguró que se puso en marcha en el 2018 bajo ordenes directas del general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares.

“La operación, de acuerdo a la misionalidad, es para establecer e identificar que generales estaban relacionados o tenían nexos con narcotráfico, mirar sus activos económicos y revisar que estuvieran acordes a lo normal que ha ganado un general en sus mas de 30 años de servicio”, dijo la fuente, quien pidió mantener su rango y situación actual dentro de la fuerza en el anonimato por seguridad.

Agregó que en los últimos años han sido sacados del Ejército por corrupción y actuaciones al margen de la ley más de 3.000 uniformados, entre ellos más de 30 generales, a los que se les ha descubierto presuntas actuaciones ilegales, como fue el caso del general Jorge Romero, que le vendía, supuestamente, salvoconductos a las bandas criminales de Medellín.

“Lo que hoy está pasando en el Ejército no es como se ha querido vender a los medios, de que se trata de los generales de Santos (Juan Manuel) contra los generales de Uribe (Álvaro Uribe), el problema es el mecanismo mafioso que hay dentro del Ejército, todos los que han sido sacados tenían sus negocios ilegales y pensaron que no se los iban a descubrir”, aseguró el investigador militar.

Agregó “lo que se debe entender es que esta operación atacó un sistema mafioso, un sistema que está completamente organizado, que cuenta con apoyo político, de militares de alto rango retirados y en servicio, que designan funciones y entregan reportes. Con la operación (Bastón) quedó en evidencia también lo politizado que en la está el Ejército”.

“Una de las cosas que deben mirar el gobierno, es el sistema de elección de generales. No llegan por méritos, llegan por favores y con guardados, llegan a generales oficiales con procesos activos por falsos positivos, con procesos por corrupción y siempre se amparan en la presunción de inocencia y cuando son ascendidos hacen múltiples maniobras para que les engaveten las investigaciones, los procesos no avanzan en la Procuraduría y la Fiscalía”, señaló el uniformado.

Este investigador indicó que hay mucha tela para cortar dentro del informe. Incluso dijo que el gobierno debería revisar a los generales que envía como agregados a otros países.

“Hay uno que reposa en los informes como posible colaborador, es más hay información que documenta que estaba en la nómina del Cartel del Norte del Valle”.

https://caracol.com.co/radio/2020/05/17/nacional/1589735764_561876.html