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El Estado de Alarma y el confinamiento han debilitado el sistema inmunológico de la población, según el estudio de seroprevalencia del gobierno

Decodifican por primera vez parte clave del sistema inmunológico ...Los resultados de la primera ronda del Estudio Nacional de Seroprevalencia del Coronavirus ENE-COVID-19 esclarecen que tan sólo el 5% de la población en España ha estado en contacto con la enfermedad y ha generado anticuerpos.
Es decir, estos resultados muestran que la población de nuestro país está lejos de haber adquirido la inmunidad de grupo o de rebaño, una circunstancia que favorecería un menor contagio del coronavirus si hubiera un rebrote de casos o una segunda oleada de la pandemia. Para que esto hubiera ocurrido así, se tendría que haber registrado una seroprevalencia de un 60%.
Esto pone en evidencia que las medidas de aislamiento y distanciamiento social han hecho que la población quede más expuesta no solo al coronavirus, sino que ha debilitado su sistema inmunológico.
Esta primera ronda, además, arroja luz sobre cuáles han sido las provincias en las que ha habido un mayor contacto con el virus. Soria, Cuenca, Albacete, Segovia y Madrid son los territorios en los que existe una seroprevalencia mayor que en ningún caso llega a superar el 20% de sus poblaciones. El estudio también aclara que no existen diferencias de seroprevalencia entre hombres y mujeres ni por segmentos de edades.
La investigación está organizada por el Ministerio de Sanida, el Instituto de Salud Carlos III, las comunidades autónomas y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los investigadores que trabajan en el estudio pretenden monitorizar a una población de 90.000 habitantes repartidos en todo el territorio español en tres fases. No obstante las conclusiones a las que ha llegado el Ministerio con estos datos son que «habrá que esperar a la ansiada vacuna», que todo indica que no llegará nunca.
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El Reino Unido admite que no va a existir nunca una vacuna contra el coronavirus

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El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, advirtió que «un tratamiento o vacuna contra el coronavirus puede estar a más de un año de distancia, y de hecho, puede que nunca llegue» (como ha ocurrido con las otras influenzas), según un documento de 60 páginas titulado Estrategia de recuperación Covid-19 que detalla cómo el Reino Unido planea emerger del encierro.

Según ha publicado The Independent, Johnson
admitió que los protocolos de seguridad aprobados en marzo «no brindan
una solución duradera» debido al alto precio en la vida social y
económica que ha llevado a muchos la «soledad y el miedo».

Johnson hizo una proclama pseudopatriótica apelando al «espíritu indomable de Gran Bretaña» al responder a las
preguntas de los parlamentarios sobre el plan en la Cámara de los
Comunes, pero advirtió que la administración «regulará» la libertad de los
ciudadanos para hacer frente a la pandemia.
 

«Nuestro desafío es encontrar un camino a seguir que conserve nuestras ganancias obtenidas con tanto esfuerzo mientras alivia la carga del
bloqueo y, seré sincero con la Cámara, este es un equilibrio sumamente
difícil de alcanzar», dijo.
 

«Debo pedirle al país que sea paciente con una interrupción continua en
nuestra forma de vida normal, pero que sea implacable en la búsqueda de
nuestra misión de construir los sistemas que necesitamos», agregó
Johnson, señalando que la relajación de las pautas de distanciamiento
social requerirá un importante seguimiento de contactos para monitorear la propagación de la enfermedad , así como el rediseño de espacios públicos para hacerlos «seguros frente al Covid-19».
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No han muerto miles de ancianos en los asilos por coronavirus: los ha matado el capitalismo

El enorme número de ancianos muertos en los asilos se ha incorporado a la actualidad con un fin amarillista. El balance de fallecidos atribuidos al coronavirus les parece poco y deben inflarlo con más carnaza; de lo contrario sus previsiones sobre las víctimas de la pandemia quedarían en ridículo. Un ejemplo es el siguiente titular de El País: “Más de 17.500 muertos por coronavirus o con síntomas compatibles en residencias de servicios sociales” (1).

Si pudieran añadir a los ancianos muertos en los asilos a la contabilidad pandémica, subirían las cifras más de un 50 por ciento.

El titular de El País es el modelo de trampa al que la intoxicación ha recurrido desde que las “previsiones científicas” se desplomaran: “muertos por coronavirus o con síntomas compatibles”, que son síntomas comunes y conocidos desde hace siglos, mucho antes de la paranoia actual.

Uno de los pocos aspectos positivos de esta campaña es que ha puesto patas arriba muchas cosas, la mayor parte de las cuales permanecían ocultas a una amplia mayoría. Entre ellas están los asilos de ancianos, de los que ahora hay consenso en decir que “no funcionan bien” y que deben ser reformados. Esa es la cuestión fundamental: si se siguen tapando las verdaderas causas de las miles de muertes en los asilos, jamás se les podrá poner remedio.

Lo que va a ocurrir tampoco es difícil de adivinar: en la medida en que van a echar la culpa al coronavirus, es decir, en la medida en que van a echar tierra encima, los asilos seguirán como siempre.

Los ancianos no han muerto en los asilos a causa del coronavirus. Han muerto de abandono y de la histeria desatada, que les ha alcanzado a ellos, a los trabajadores de las residencias y también a los familiares.

Vivimos en una sociedad que abandona a los viejos y los abandona más cuando los viejos más ayuda necesitan. La explotación laboral impide a las familias encargarse de ellos, por lo que los entregan a instituciones, que a su vez, también los abandonan. Abandonamos a los viejos y nos importan un bledo los asilos.

Muchos viejos no sólo no pueden tener una vida independiente por motivos físicos, sino que el abandono los lleva a depresiones profundas, agravadas en este caso por la histeria colectiva y el aislamiento de sus allegados, una medida atroz que sólo a los peores degenerados se les puede ocurrir imponer.

Lo mismo que la sanidad, los asilos son una industria privada en manos de la Iglesia católica y los fondos buitre, es decir, que no se organizan para asistir a los viejos sino para ganar dinero; un negocio multimillonario que acaparan los peores tipos de especuladores, que han impuesto draconianas condiciones laborales a los trabajadores, de manera que es uno de los sectores en los que más huelgas se han desatado en los últimos años.

En Madrid la pandemia ha puesto al descubierto 12 asilos que funcionaban clandestinamente, pero el problema viene de antes: el 20 por ciento de ellos (96 en total) ya tenían sanciones previas por incumplimiento de las normas reglamentarias que regulan este tipo de centros, desatención, abandono, suciedad…

La Comunidad de Madrid ocultó el nombre de las empresas sancionadas para no perjudicarles el negocio, para que pagaran la multa y pudieran seguir explotándolo.

Estamos hablando de una situación anterior a la declaración del estado de histeria: el 5 de marzo el gobierno autonómico, que está en las zarpas del trifachito, ya ordenó el cierre de todos los asilos, después “restringió” las visitas de los familiares, que se anularon completamente a partir del toque de queda. Todavía ayer los familiares de los ancianos recluidos en el asilo Amavir Diagonal, de Barcelona, lamentaban que no hubieran sido aislados desde el primer momento (2), es decir, que las propias víctimas piden poner la soga al cuello de los ancianos.

Todo lo que está ocurriendo es absolutamente inaudito. ¡Los ancianos carecen absolutamente de alicientes en un asilo y piden para ellos aún más aislamiento!

El confinamiento dejó a los ancianos atrapados en una ratonera porque los trabajadores cogieron la baja masivamente y uno de los mejores motivos para ello fue decir que estaban “contagiados”. El consejero de Políticas Sociales de Madrid, Alberto Reyero, dijo que el 40 por ciento de los trabajadores de los centros había quedado “infectada” y causado baja por motivos médicos. En algunos centros los propios médicos contratados cogieron la baja.

Los ancianos volvieron a quedar abandonados. Los centros dejaron de atender el teléfono, por lo que la incomunicación con las familias aumentó y con ellos la angustia de unos y otros. Nadie sabía lo que estaba ocurriendo en su interior. Los familiares no podían acudir a suplir a los trabajadores y tampoco podían llevárselos a casa.

En Madrid la Consejería de Políticas Sociales intervino 14 asilos porque se encontraban “en estado crítico” por un “incremento no esperado de fallecimientos”. En su desesperación el gobierno autonómico tuvo que contratar a 1.521 trabajadores interinos, pero no fue suficiente. Reyero pidió que los médicos del ejército acudieran a los asilos para atender a los viejos.

La Unidad Militar de Emergencias llegó los geriátricos de Madrid el día 3 de abril. En otros casos fue la Guardia Real, los bomberos, la policía o los servicios de emergencias sanitarias. El panorama que encontraron fue espantoso, con los ancianos muertos por las habitaciones.

Por motivos eugenésicos y discriminatorios, muchos hospitales no habían admitido el ingreso de ancianos procedentes de asilos para favorecer otros casos que consideraban más “prometedores”, lo que fue sancionado legalmente: la Dirección regional de Coordinación Sociosanitaria de Madrid envió una circular a las residencias en la que les indicaba que no debían remitir a los hospitales a aquellas personas que, aunque tuvieran una infección respiratoria, no fueran capaces de tener movimiento independiente o tuvieran alguna discapacidad.

La orden trascendió a la prensa y el gobierno autonómico dio marcha atrás, en parte, dejando el traslado al criterio del geriatra del centro, quien debía valorar si los viejos tenían alguna posibilidad de recuperarse o había que darlos por perdidos y dejar que se murieran.

La Fiscalía ha abierto una investigación contra 86 residencias de ancianos, 40 ellas en Madrid, por varios delitos, todos los cuales serían muy interesantes si no se tratara de otro paripé para contener la avalancha de malestar social. El delito clave es el “homicidio por imprudencia”, es decir, que los viejos no han muerto sino que los han matado, que es algo bien distinto y obliga a entrar a discutir el arma del crimen, que es una sociedad que ha convertido a los ancianos en mercancía.

Si el expediente no fuera un farol, obligaría a practicar autopsias a los fallecidos, que es lo que más interesados están en ocultar: que la causa de la muerte de los miles de ancianos no es ningún virus sino el capitalismo.

(1) https://elpais.com/sociedad/2020-05-06/mas-de-17500-muertos-por-coronavirus-o-con-sintomas-compatibles-en-residencias-de-servicios-sociales.html
(2) https://cronicaglobal.elespanol.com/vida/grito-auxilio-familiares-ancianos-residencia-barcelona_346050_102.html

Más información:
– La fiscalía archiva la investigación por las muertes de los ancianos en las residencias
 – Los ancianos son una mercancía y si además tienen coronavirus el negocio es redondo 
–
La Junta de Castilla y León también prohibió el traslado de ancianos
desde las residencias a los hospitales durante el apogeo de la pandemia

–
La Comunidad de Madrid ha destituido al alto cargo que dio la orden de
no trasladar a los hospitales a los ancianos de las residencias

– “A mi padre le sedaron en lugar de llevarle al hospital” desde el asilo, dice el familiar de un anciano fallecido

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Sobornan con 10 millones de dólares a los diputados nigerianos para imponer la vacunación obligatoria

El lunes la CUPP (Coalición de Partidos Políticos Unidos de Nigeria) afirmó que los dirigentes de la Cámara de Representantes del país africano estaban dispuestos a aprobar un proyecto de ley de vacunación obligatoria sin necesidad someterlo a los procedimientos legislativos habituales.

Una “fuente externa”, dice el comunicado en alusión a Bill Gates, ofreció 10 millones de dólares para aprobar por la vía rápida el proyecto de ley sin recurrir al debate público.

“Esta información se une a la de la supuesta recepción, de fuentes externas al país pero muy interesadas en el proyecto de ley, de la suma de 10 millones de dólares de Estados Unidos por parte de los patrocinadores y promotores del proyecto de ley para distribuirlos entre los diputados a fin de garantizar una aprobación sin problemas del proyecto de ley”.

El portavoz de la CUPP, el abogado Ikenga Imo Ugochinyere, envió un comunicado al Daily Post en Abuja instando a los diputados de la cámara baja a levantarse contra la arbitrariedad. La oposición dice que si eso se lleva a cabo, el presidente de la Cámara, Femi Gbajabiamila, debe ser destituido.

El Proyecto de Ley de Control de Enfermedades Infecciosas 2020, también conocido como el Proyecto de Ley de Vacunación Obligatoria, propone la vacunación obligatoria de todos los nigerianos, una auténtica carta blanca.

La CUPP asegura que es absurdo imponer a los nigerianos a la fuerza una vacuna que no existe. “¿Qué pasa si el mundo finalmente no encuentra una vacuna o una cura para el coronavirus como no ha encontrado una cura para el VIH SIDA? ¿Cuál es la prisa en aprobar un proyecto de ley basado en la especulación o hay algo más que los dirigentes de la Cámara de Representantes quieran decir a los nigerianos?”

https://dailypost.ng/2020/05/04/bill-gate-offered-house-of-reps-10m-bribe-for-speedy-passage-of-compulsory-vaccine-bill-cupp-alleges/

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Fracasa un intento de secuestrar a Maduro por una unidad de boinas verdes y mercenarios

Unos 300 mercenarios fuertemente armados iban a infiltrarse en Venezuela desde el extremo norte. Por el camino, atacarían las bases militares del país y comenzarían una rebelión popular que llevaría al secuestro de Maduro.

El plan era simple y queda detallado en un reportaje de la agencia Associated Press (*).

El cabecilla del complot, un ex boina verde, está ahora encarcelado en Estados Unidos por tráfico de drogas. Estados Unidos y Colombia lamentan su papel y, sobre todo, que haya salido a la luz. Docenas de mercenarios desesperados que han acudido en masa a los campos de entrenamiento secretos en Colombia han dicho que se han visto obligados a valerse por sí mismos en medio de un toque queda.

El intento fallido de iniciar un levantamiento se derrumbó bajo el peso colectivo de una planificación deficiente, la rencillas entre los políticos de la oposición y una fuerza mal entrenada que difícilmente podía vencer al ejército venezolano.

“No vas a eliminar a Maduro con 300 hombres hambrientos y sin adiestrar”, dijo Ephraim Mattos, un ex SEAL de la Marina de Estados Unidos que entrenó a algunos de los mercenarios en primeros auxilios.

Esta extraña y no revelada historia de un llamamiento a las armas que murió antes de ser emitido, está extraído de entrevistas con más de 30 opositores a Maduro y aspirantes a golpistas que estuvieron directamente involucrados en su planificación o que están familiarizados con sus detalles. La mayoría habló anónimamente por miedo a las represalias.

Cuando las pruebas de la conspiración salieron a la luz el mes pasado, los medios públicos venezolanos la presentaron como una invasión de la CIA, como el fiasco de Bahía de Cochinos en Cuba en 1961.

(*) https://apnews.com/79346b4e428676424c0e5669c80fc310

Más información:
– El golpista Guaidó firmó un contrato con los mercenarios de la CIA para invadir Venezuela militarmente 

– Estados Unidos y la Unión Europea planearon el secuestro de Maduro 

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La esterilización de mujeres y las criminales politicas eugenésicas de los imperialistas

Darío Herchhoren

En la antigüedad, los espartanos estrellaban
contra la famosa roca tarpeya a los recién nacidos que tenían alguna
deformidad de nacimiento, con lo cual se aseguraban que no habría entre
los de su «raza» seres deformes, o que no sirvieran para la guerra.

Es
el único antecedente de lo que es la eugenesia, es decir la selección
no natural de quienes tienen que vivir y quienes no. Para aquellos que
seguimos la carrera de derecho siempre fue algo sabido que a este tipo
de actividad se le llamaba «homicidio eugenésico», y que debía ser
perseguido como un crimen de lesa humanidad, y contrario a los derechos
humanos. Entre esos derechos está sin duda el derecho a la vida, y para
las mujeres el derecho a ser madres en el momento en que lo decidan
ellas mismas.

Sin embargo desde hace muchos años se viene
aplicando como política de estado, la esterilización forzada de mujeres
con el fin último de exterminar a determinadas «razas», y especialmente a
determinadas clases sociales o etnias consideradas inferiores.

Siempre
se atribuyó a los nazis alemanes el haber esterilizado a personas que
eran consideradas retardadas, o de escasa inteligencia, y que se
consideraban peligrosas por su potencial capacidad para engendrar o
parir hijos que según el estado atentaban contra la pureza de la raza
germánica. En la película Juicio en Nuremberg hay una secuencia donde
aparece un testigo que fue víctima de esas prácticas. Efectivamente el
estado alemán desarrolló instituciones que se dedicaban a conseguir un
tipo humano que respondiera al patrón nazi del hombre perfecto. El
doctor Menguele, famoso criminal practicó todo tipo de experimentos
terribles con prisioneros de campos de concentración, a los cuales
sometía a sesiones con descargas eléctricas, e inyecciones de todo tipo
para probar sus resultados. Esos prisioneros fueron reducidos a la
categoría de ratones de laboratorio.

Los nazis merecen el mayor
de los desprecios por sus crueldades, pero no fueron ni los primeros ni
los únicos en aplicar políticas eugenésicas similares. Ya el gobierno
inglés, aplicó en Australia y Nueva Zelanda políticas eugenésicas contra
la población aborigen  en los albores del siglo XX especialmente contra
los maoríes, a los cuales consideraban inferiores, y sobre todo por el
hecho de que eran de piel no blanca, y si no los hubieran sometido al
exterminio se hubieran convertido en la mayoría de la población, cosa
que el imperio inglés no podía soportar. Esas políticas se aplicaron
hasta no hace muchos años ya que estuvieron vigentes hasta los años 50
del pasado siglo. Hace escasamente 30 años el gobierno inglés pidió
perdón a la población maorí por estos crímenes. Aquí se aplicó en parte
la esterilización en hospitales de las mujeres maoríes, y como
reaseguro de esas políticas se consideraba a la población maorí como
incapaz de entender y aprender, y a las mujeres maoríes que parían se
les quitaban sus hijos. Se sabe que muchos de esos niños fueron
literalmente asesinados, y otros sometidos desde su infancia a trabajos
especialmente penosos, para que murieran pronto.

En la década de
1920, los democráticos Estados Unidos aprobaron leyes eugenésicas contra
la población mejicana en California, con el argumento de que los
mejicanos tenían una tendencia hacia el crimen, la vagancia y la mala
vida, y que era necesario controlar el crecimiento de los chicanos y
sobre todo impedir los matrimonios entre chicanos y anglosajones. Para
eso se llevó a cabo una campaña de esterilización de adolescentes de
entre 14 y 16 años con el objeto de que no trajeran al mundo más
miembros de esa raza inferior.

Pero en realidad donde se aplicó
la esterilización en masa fué en América Latina, donde los gobiernos
obsecuentes hacia los EEUU aplicaron las recetas que la famosa «Alianza
para el Progreso», lanzada por el presidente Kennedy tenía una serie de
propuestas en sanidad que aconsejaba achicar la población indígena para
lo cual se dispusieron caravanas de médicos norteamericanos que
esterilizaban a la fuerza a las indias, para que no pudieran parir.

Se
calcula que de esa manera fueron esterilizadas alrededor de dos
millones de adolescentes, sobre todo en Guatemala, Perú y Bolivia. En
tiempos de la dictadura del general Banzer en Bolivia, fueron
esterilizadas unas 400.000 adolescentes, y en Perú, en tiempos de
Fujimori, otras 400.000. Esas adolescentes, ahora mujeres mayores han
reclamado al estado boliviano indemnizaciones por los graves daños de
todo que sufrieron. El gobierno de Evo Morales comenzó a pagar esas
indemnizaciones, que ahora se han interrumpido, con la llegada de la
«democracia» a Bolivia

Esto demuestra que el imperialismo carece
de sentimientos, que carece de escrúpulos morales, y que no tiene
límites éticos a la hora de imponer sus políticas criminales. Los nazis
no fueron solo alemanes, sino que también fueron británicos y
norteamericanos, que son aquellos que ahora quieren llevar la libertad y
la democracia a Venezuela y a Cuba.

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Memoria Histórica

Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (III)

En su casa de Roma, Ugo Cassini, máximo responsable del secreto Hospital Militar de Celio y de los laboratorios ocultos de Mussolini entre 1939 y 1942, que hemos mencionado confesó que el Ejército italiano había llevado a cabo ese ambicioso y macabro programa de armas químicas y bacteriológicas, y que durante la guerra civil española había lanzado esporas del virus del tétano contra la combatientes y civiles republicanos.

En su declaración, el profesor no facilitaba detalles ni indicaciones precisas de lugar o fecha de las campañas de Franco. Pero su relato señala que las bacterias se “extendieron sobre el terreno para intentar contagiar el tétano al enemigo”, y añade que cree que “los resultados fueron bastante alentadores -encouraging-, pero admite que no tenía “un conocimiento numérico” sobre el tema. No hay cifras, pero los casos eran muy frecuentes.

Sí afirma que había grupos especiales de las tropas italianas expedicionarias encargados de ese tipo de misiones que eran “inmunizados contra el tétano, la difteria y el tifus” antes de salir para España. Y que en España no era normal inyectar a los chicos contra el tétanos hasta bastante después. El tétanos, dice De Feo, fue uno de los primeros virus explotado con fines bélicos en España. Gran parte de los experimentos realizados en esos años partieron de ese microorganismo.

El autor de “Venenos de Estado” apunta que “las ojivas llenas de esporas debieron ser lanzadas por medio de aviones o de artillería ligera”. Y recuerda que en la zona republicana el tétano llegó a representar una verdadera emergencia. “Hubo incluso recogida de fondos por medio de sindicatos, organizaciones humanitarias y religiosas en Irlanda y Francia para comprar sueros protectores y material médico(vacunas) que era muy escaso o inexistente en los parapetos republicanos españoles”.

Aparte de citar el bacilo utilizado, Ugo Cassini aportó otros datos desconocidos hasta ahora. Habló de “esporas mezcladas con glass particle”, partículas de cristal: un método utilizado todavía hoy, señala Gianluca De Feo, “para alargar la vida de gérmenes y vacunas, que es la aproximación ideal para fabricar una bomba bacteriológica experimental”. El testimonio de Ugo Cassini confirma el primer acto de guerra bacteriológica registrado nunca en Europa, y suma puntos tanto a la barbarie insaciable de Mussolini y Franco como al carácter de laboratorio y campo de pruebas del conflicto bélico español.

Según dice De Feo, la idea de los dictadores era “plagar las poblaciones de las ciudades enemigas o en el frente de batalla con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades como la peste bubónica, nebulizando ratas y pájaros, o la brucelosis humana, no mortal pero fácilmente trasmisible por los animales, o el bacilo de Whitmore, de elevada virulencia, fácil de cultivar y altísima mortalidad humana; igualmente varias formas de antivirus difíciles de producir en gran cantidad como la fiebre de los papagayos, el afta epizoótica o el tifus, que es factible de esparcir a través de parásitos lanzándolo desde aviones o extendiendolo con saboteadores como en Abisinia.

Los soldado japoneses de Hiro Hito utilizaron gas mostaza y varios otros en 1938 durante la invasión de China. En Manchuria establecieron un centro de experimentacón con cobayas humanos con inventos bacteriologicos desde 1931.

En 1933 el equipo científico dirigido  por el Dr Shiro Ishi uitlizaba seres humanos, presumiblemente prisineros de guerra hechos por tropas del Emperador Hiro Hito. El grupo de investigacion fue bautizado como Unidad 731 y se calcula que se contabiizaron como víctimas mortales entre 4.000 y 6.000 cobayas humanos no voluntarios. Se dice que se hacían explotar cerca del cuerpo del paciente “bombas de gangrena” que contenían bacilos diversos. Se les protegía la cabeza para evitar que la exlosión misma les matara. La unidad experimentó con prisioneros chinos y aliados sacados de los campos de prisioneros japoneses. Los bacilos tenían en general características que hacían fácil su conservación y el empleo y, además, era mimético: la enfermedad podía ser atribuida a  heridas de guerra que a menudo sufren los combatientes de modo natural y no es fácil detectar lo contrario”, apunta De Feo.

En un artículo de la revista “Monde Diplomatique” de julio 1999, Stephen Endicott y Edward Hagerman nos condujeron sobre la pista de la biología utilizada con fines militares durante la guerra de Corea. Sus autores cuentan que desde octubre de1950, tras la entrada de tropas chinas en ese conflicto, que duró de 1950 a 1953, se temió a la extensión de la lucha a otros continentes. El Secretario de estado norteamericano para la Defensa, Georges Marshall, dio luz verde para un programa de investigación de la ciencia bacteriológica.

Retrocediendo en el relato en 1944, el coronel Morselli —el Dr. Germen— preso de los aliados en Italia, no quería colaborar con ellos y negó rotundamente ante los científicos que le interrogaban que se hubiera usado el tétano en España y consideró todas las afirmaciones de su jefe  Ugo Cassini como “ridículas”. Tenía sus razones, explica De Feo: “El Doctor Germen no era ningún ingenuo; se había separado de los fascistas a finales del 43 y se había sumado a la República de Saló, en el norte de Italia, bajo mando alemán, con los últimos colaboradores de Mussolini. Pensaba después huir a Suiza. Era prisionero “benévolo” de los aliados. Sabía perfectamente que las armas bacteriológicas estaban vetadas por cuatro convenciones internacionales de Ginebra firmadas por más de 130 países: experimentar con ellas podía no ser un crimen, pero haberlas impulsado o intentarlo para contaminar a los republicanos españoles, sí: un motivo necesario para mentir”.

Diversos historiadores italianos y españoles consultados por los medios coinciden en dar verosimilitud tanto al documento inédito como al contexto y la interpretación que trazan Gianluca De Feo y Ugo Cassini. No lo que declaró el Dr Germen Giuseppe Morselli que ocultó todo lo que pudo, aunque terminó por hablar.

Quizá el libro oficial italiano y el rigor del Dr Cassini convencieron a los aliados, incluido Churchill. Les pareció una fuente digna de crédito. “Además de médico y docente, aunque había sido el número uno de las invenciones secretas del Dr Morselli en los laboratorios de Celio, nunca tuvo palabras de crítica hacia Mussolini y no había motivo de sospechar de su fidelidad al Duce. El laboratorio secreto de Celio había dependido de él formalmente ante Mussolini, y no suena probable que alguien le hubiera mentido sobre la guerra química del Duce y Franco en España dando tantos detalles, incluso de su supuesto fracaso global”.

“El equipo médico norteamericano que interrogaba a Ugo Cassini y al Dr. Germen recibía sus órdenes directamente de la inteligencia de Washington, y se coordinaba con sus colegas británicos”, escribe De Feo.

Eran un puñado de oficiales médicos y ex policías al mando del coronel William S. Moore, “con plenos poderes y una lista de nombres a encontrar a toda costa”.

En lo alto del elenco había cinco personas, consideradas artífices del programa de las armas secretas fascistas. Ugo Reitano, el profesor que desde 1932 dirigió la estrategia de guerra bacteriológica llamada Operación Epidemia; el citado coronel Giuseppe Morselli o Doctor Germen, que desde 1934 había guiado además los experimentos sobre el terreno en África; Fausto Vaccaro, el oficial que inventó una maquina para esparcir los virus; el general retirado Loreto Mazzetti, antiguo número uno del hospital del Celio que daba el permiso final a las investigaciones; y el general Ingravalle, cuyo verdadero nombre no se conoce”.

A Giuseppe Morseli se le ha considerado tecnicamente como un genio insuperable. Como era veterinario conocía mejor el organismo animal que el humano y así eran sus ideas; según De Feo, todos temían a esas alturas repercusiones internacionales porque se trataba de armas prohibidas salidas del laboratorio de Celio.

El testimonio de Ugo Cassini parece en todo caso auténtico y útil por distintas razones. Principalmente, porque el autor era médico y fisiólogo por vocación. Antes y después del fascismo, el galeno sentó las bases de la medicina deportiva italiana y fue el impulsor del riguroso método antidopaje que aún hoy utiliza el Comité Olímpico de su país (CONI). Como tantos jóvenes italianos de esa época, Ugo Cassini se alistó al fascio en 1925 después de la Marcha de Mussolini sbre Roma y, escribe de Feo: “Fue un oficial muy bien valorado por los jerarcas hasta 1942, año en que fue apartado del cargo de director del Hospital de Celio por Mussolini porque era testigo de todo aquel horror”, según confesó él mismo a los norteamericanos, “demasiado liberal a la hora de conceder bajas médicas a los atletas destinados al frente como oficiales”. Una forma de resistencia humanitaria que le honra, apunta De Feo, porque suponía salvar las vidas de los que debían ir a morir a las trincheras de África, Grecia o Rusia en vez de entrenarse.

“Sería todo lo que me cuentan una novedad absoluta dijo a los investigadores el profesor Lucio Ceva, pero no hay nada que no sea verdad”, afirma, este prestigioso historiador de la Universidad de Pavía, consultado como posible testigo era un demócrata militante. “Los fascistas eran muy capaces de cualquiera de estas aberraciones impunemente. Era una banda de delincuentes, sólo mitigada por una gran desorganización para esconder sus peores intenciones. Ya habían usado ampliamente antes gases tóxicos contra las tropas desnudas y cubiertas sólo de una sábana, armadas con lanzas, del Negus barridos por los aviones volando a ras de tierra, en Etiopía, por ejemplo”, como recuerdan detalladamente George L. Steer, Junod y Matthews en sus libros.

Julián Casanova, catedrático de la Universidad de Zaragoza, piensa que el hallazgo de documentos secretos en varios archivos es una contribución “importante” y nueva, y debiera completarse con investigaciones que analicen, por ejemplo, la incidencia del tétano en tierras de España, justo en los lugares donde hubo tropas italianas voluntarias, bien vacunadas”.

“Los bombardeos del puerto de Barcelona y de Valencia, partiendo de Mallorca por aviones Caproni y Savoia-Marchetti y cazas Fiat o Arado  y dos submarinos y contratorpederos, según las “memorias” del Conde Ciano, fueron los más feroces de la Guerra Civil y eran la muestra del proyecto de Mussolini de hacer del Mediterraneo, un mar italiano., y se sabe además que Mussolini había enviado también a Franco cantidad de armamento químico, aunque no hay pruebas de como y cuanto lo usó”.

Primera parte, Segunda parte

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Memoria Histórica

Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (II)

“Que este crimen contra la Humanidad no se olvide”

Décadas después hay quien sigue removiendo la historia para que este “crimen impune contra la Humanidad” no caiga en el olvido porque las consecuencias, según dice De Feo, aún se advierten en Africa. Son dos los supervivientes cuyas vivencias recoge el documental ‘Arrash’ (Veneno), dirigido por el español Javier Rada y el marroquí Tarik el Idrissi, los que han revivido esa memoria histórica. Sus obras están agotados.

”Nuestro objetivo es evitar que con la muerte de los pocos que sobrevivieron aquello se esfume y el recuerdo de un crimen que cometimos nosotros y que siempre ha silenciado la historia y los libros de texto se borre. Mientras, por otro lado, nos explayamos en contar otros conflictos en que hubo amplio empleo de supuestas armas químicas tales como la Gran Guerra, Abisinia ¿y las otras?”, se lamentaba Rada.

Desde 2001, el centro bautizado como «Instituto Tecnológico”, sigue desarrollando labores en el campo de las armas químicas, biológicas y nucleares, mientras grupos de veteranos y de pacifistas luchan por su desaparición.

El historiador Juan Pando -que asegura que el uso de la iperita fue muy común y que también se dio en Libia (contra los senusíes) por parte de la aviación italiana y el Rif, gaseado por Francia, España y hasta por Hassan II, que se adueñó del Sahara occidental cuando se retiraron las tropas españolas, esclavizando a su población sin que Naciones Unidas logre arreglar el problema. Argelia ha brindado refugio a parte de la auténtica poblacion sahariana.

Sobre la relación causa-efecto de las armas químicas y el cáncer en el norte de Marruecos no existen demasiados datos fiables, pero se habla. Juan Pando asegura que la iperita no es radioactiva, por lo que sus graves secuelas no pueden transmitirse de padres a hijos. Por el contrario, Sebastián Balfour afirma que, según cifras del único hospital de cáncer infantil en Marruecos, “donde van sólo los niños cuyos padres puede sufragar los gastos del tratamiento”, la incidencia de esta enfermedad en el norte es mucho más alta que en cualquier otra parte del país.

España cometió crímenes contra la humanidad

El problema es que, según la Asociación de Víctimas de Gas Tóxico en el Rif, el estado marroquí impide la recolección de datos. Su presidente, Ilias el Omani, se pregunta si no será porque a su Gobierno “le preocupan más las sardinas que nosotros” en relación con los posibles problemas diplomáticos sin resolver con España.

“España cometió un crimen en el Rif. Nos colonizó, nos lanzó gas, y después reclutó a nuestro pueblo para su guerra civil”, se lamenta Abdelsalam Bouteyeb, del Foro Hispano Marroquí para la Memoria Común y el Porvenir. Según sus datos, “la mayoría de marroquíes que padecen cáncer de pulmón proceden del Rif”.

Hace unos años, durante la presentación del libro ‘Abrazo mortal’, de Balfour, el ex ministro español de la Defensa, Narcís Serra, dijo que “el Gobierno español (durante la guerra del Rif) creó una idea sintética de un Marruecos demonizando al enemigo y esto nos da claves para entender la situación actual”.

“Venenos de Estado” de Giancana de Feo es casi providencial porque permite seguir los primeros rastros documentales y testimonios que prueban que el régimen fascista (1922-1942) experimentó y produjo además armas todavía más infames y monstruosas: las bacteriológicas.

Virus y bacterias transformadas en bombas

Un grupo selecto de científicos fascistas, dirigidos por un veterinario famoso llamado Giuseppe Morselli y apodado El Doctor Germen, incubó decenas de virus raros y de altísima eficacia en un laboratorio militar romano secreto. Un horror concebido con una única misión, explica De Feo: “Diezmar las poblaciones de las ciudades enemigas con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades que todavía hoy siguen en el centro de los secretos inconfesables de las grandes potencias”.

Morten Heiberg ha reconstruído con detalle la tentativas del empleo de armas químicas italianas usadas por el bando franquista y los fascistas, durante la guerra civil española. Los italianos y los españoles las conocían de sobra por haberlas empleado profusamente en sus guerras coloniales de Libia y Abisinia y Marruecos que Franco y Mussolini, respectivamente, usaron, más de diez años antes. Ellos valoraron seriamente a fines de 1936, al terminar el Duce el 4 de julio de ese año su victoriosa la campaña de Abisinia, y aliarse para una próxima guerra contra el bolchevismo en tierras de España y la posibilidad de usarlas contra la República española.

Entre los documentos hallados por Gianluca De Feo, hay varios muy novedosos que se refieren a España. Se trata de varios escritos a máquina fechados el 3 de agosto de 1944, que muestran que Mussolini durante la guerra civil española no se conformó con hacer experimentos teóricos, sino que probó sus armas bacteriológicas en varios frentes de la Guerra Civil en ayuda de sus 50.000 voluntarios y ejército regular que luchaban al lado de Franco junto a cientos de aviones Fiat, Arado, Savoia, tanques ligeros, ametralladoras y morteros, bajo el mando del general Mancini.

En la guerra civil española, en la zona republicana, el tétanos llegó a representar una verdadera emergencia, tambien hubo difteria. Los documentos hallados apuntan a lo que podría ser único sobre la guerra bacteriológica registrado en Europa después de la guerra europea- 1914-18.

Guerra química contra los antifascistas

Ya en marzo de 1934, Antonio Goicoechea y Emilio Barrera, se habían entrevistado con Mussolini e Italo Balbo en Roma. El comunicado de la entrevista decía: “Después de recibir detallada informacion de la triste situacion politica en España y los deseos del Ejército y la Marina, así como de los monárquicos, Mussolini declara estar dispuesto a ayudar por todos les medios para hacer caer el régimen bolchevique actual español y sustituirlo por una regencia que prepare el camino para la restauración de la monarquia”.

Esta declaración fue ratificada solemnemente dos veces por Mussolini y fue recibida con signos de gratitud por los que preparaban un complot contra la república española. Como demostración practica de sus intenciones, el Duce afirmó estar preparado para mandarles de inmediato 25.000 fusiles, 20.000 granadas de mano, 250 ametralladoras y millón y medio de pesetas en papel moneda.

Esto -dijo- sería solo un acto preliminar, seguido de envíos más importantes si el trabajo llevado a cabo y la circunstancias lo requieren. Las personas presentes se pusieron de acuerdo en la forma de pago y la distribución del material entre diversas organizaciones de derecha. Agradecido Franco después de los envíos, se dirigió a Mussolini por medio de los jefes monárquicos para decirle si sería posible “el envío de algo más contundente contra esa barbarie”.

“Franco y su patrocinador de Roma concebían la guerra química como la solución más barata y factible para sus ambiciosos planes inmediatos”, dice Morten Heiberg. Y desde el principio de la guerra civil civil Franco la incluyó en una estrategia en todo lo que pudo. Así para responder a un supuesto ataque químico republicano en la lucha por la posesión de Zaragoza en octubre de 1936, Franco le pidió al Duce “algo”, para animarle a dar el primer paso antes que Mussolini.

A las 5 de a mañana del 18 de julio de 1936, el general Franco que se encontraba en las Palmas, lanzó un manifesto radiado por todas las radios canarias y del protectorado marroqui, dirigido al “honrado pueblo” español en que que proclamaba el triunfo seguro de su alzamiento y saludaba al gorioso Ejército de Africa que él encabezaba por muerte accidental del general Sanjurjo que era el jefe nato del complot. Franco decía que “la sublevación estaba en marcha y hacía referencia al lema de “la fraternidad, la libertad y la igualdad” que él venía a preservar.

Al mismo tiempo remitía un telegrama a los cuarteles generales de la ocho Divisiones y centros militares de la península bajo los términos ”Gloria al Ejército salvador, España por encima de todo. Fe ciega en nuestro triunfo.!Viva España con honor¡”.

Al enterarse del comienzo de la sublevación, el dictador italiano envió de urgencia gas tóxico a España, pero este se quedó custodiado por el general Mario Roatta, jefe del SIM. Su falta de uso inmediato obedeció a varias razones, ninguna humanitaria, esencialmente la falta de datos sobre las reservas republicanas por si había represalias rojas y, además, la repentina y eventual escalada bélica de Franco, que vulneraba los protocolos de Ginebra que prohibían el uso de armas químicas y hubieran disgustado al Comité de Control de la No-Intervencion. Además había la complejidad de cómo hacer la entrega y el control del gas tóxico de Mussolini a Franco.

El apoyo italiano

La investigación de periodistas italianos revela que el fascismo tenía la experiencia reciente de guerra química a base de gases letales no sólo de Abisinia. Los periodistas antifascistas tenían que guardar silencio o escribirlo desde fuera de Italia, cosa que ya habían hecho tanto el escritor sudafricano George L.Steer como el Dr Junod, de la Cruz Roja. Al primero en su documentada “Caesar in Abissinia”, se le calificaba en Roma como “un vulgar criminal inglés”, era corresponsal en la guerra de Etiopía del The Times de Londres y estaba condenado en Roma por el fascismo italiano por “haber difamado a los supervivientes y a los caídos en Africa Oriental” y el periódico ” Il Reduce d´Africa” (El Veterano de Africa) le dedicó un editorial con el título “Vientos locos de Antipatria” condenando juntos a Steer y Junod.

Ya antes el periodista Herbert L. Matthews, del New York Times, había pronosticado lo que le podía pasar a Italia si se metía en la Guerra Civil al lado de Franco. Eran los tres autores muy amigos de los vascos y los tres compartieron sus simpatías por la guerra desesperada de los gudaris en los montes de Euskadi y en Asturias como antes Steer lo había hecho en Abisinia y Etiopía.

Jon Melly, conductor de ambulancia en Etiopía, les había servido de testigo, en cuanto a las heridas de armas químicas y gases de los bombardeos de la aviación legionaria italiana. Llevaba un detallado récord de las víctimas, la cura dispensada, el número de muertos, y su testimonio fue útil para periodistas e historiadores de aquella guerra.

El secreto de la existencia de documentos publicados por Gianluca Feo fue revelado mucho después por un célebre médico y científico, Dr Ugo Cassini, a un pequeño grupo de investigadores norteamericanos enviados a Roma en 1944 para interrogar a médicos militares italianos que presuntamente habían colaborado con el III Reich alemán en la invención de armas letales de Hitler, en el curso de la guerra total. Los virus para el frente se probaban antes sobre cobayas humanos- prisioneros rojos- en la guerra de España o gitanos y judíos en Alemania, Polonia y Austria.

El hombre moderno necesita vacunarse contra las locuras de nuevas armas toadas de libros de química de ayer y de mañana.

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Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (I)

Italianos y españoles conocían las armas químicas por haberlas empleado en sus guerras coloniales (Abisinia y Marruecos). Franco y Mussolini consideraron seriamente a fines de 1936 la posibilidad de usarlas contra los republicanos españoles como una gran solución para sus ambiciosos planes militares porque la República estorbaba y había que terminar con ella.

En su libro “Veleni di Stato” (Los venenos de Estado) de Gianluca de Feo recuerda que por varias generaciones de políticos, historiadores y militares de las grandes potencias, esos venenos han sido olvidados o casi. Entre 1935 y 1945, el laboratorio microbiológico romano de Celio, situado en unos sótanos amplios de apariencia inocente a dos pasos del Coliseo, se experimentó y produjo a gran escala armas químicas y bacteriológicas de efectos letales. De Feo revela que Benito Mussolini puso en marcha un plan para construir 46 plantas químicas capaces de destilar hasta 30.000 toneladas de gas anuales.

Cotejando decenas de documentos casi todos inéditos hallados en el National Archive de Londres -informes de inteligencia, papeles diplomáticos, actas de reuniones de gobiernos, intervenciones privadas de Winston Churchill en los Comunes, e incluso cartas nostálgicas de Mussolini-, el escritor ha calculado que el régimen fascista produjo anualmente entre 12.500 y 23.500 toneladas de gas letal desde la década de los 30 hasta la II Guerra Mundial

Italia en Abisinia y España en el Rif utilizaron armas químicas como el fosgeno y difosgeno, la clorociprina y, sobre todo, el gas mostaz a, contra la población civil en el norte de Marruecos en la llamada Guerra del Rif (1921-1927) e Italia en Abisinia contra Haile Selassie.

Lo afirman numerosos historiadores, nietos de actores de aquellas guerras y los sucesivos gobiernos nunca lo han negado, aunque tampoco han incluido esas armas como las usadas en sus hazañas bélicas.

Las bombas cargadas con gases tóxicos “que habían sido prohibidas en el Tratado de Versalles de 1919” y luego en sucesivas convenciones de Ginebra estaban identificadas con la letra ‘C’. Eran el recuerdo de la primera guerra de gases de la guerra europea (1914-1918).

La inasumible derrota y la lucha contra los bárbaros

En 1912, España estableció un Protectorado en el norte de Marruecos, con capital en Tetuán, gracias a un acuerdo con Francia, que meses antes había conseguido la soberanía de su zona del país de manos del sultán Abdelhafid.

La reacción rifeña, encabezada por Abdelkrim el Jattabi, creció a partir de 1919, y tras el “desastre de Annual” en julio de 1921, las tropas españolas sufrieron una grave derrota militar a manos de los rifeños. El Rey Alfonso XIII necesitaba medios para aplacar rápido al enemigo y tranquilizar a la población. A los rifeños los consideraban salvajes y contra ellos España puso en linea hasta 50.000 soldados no voluntarios.

En la segunda mitad de los años 20, Mussolini, con la nostalgia de la Marcha sobre Roma, comenzó a imaginar la creación de un imperio africano que otorgase a Italia el papel de gran potencia colonial. La propaganda fascista alentaba el deseo de dominio total del Mediterráneo a la manera en que lo había hecho la Antigua Roma.

Italia ya había conquistado parte de Libia, Eritrea y Somalia, pero lo que hacía especialmente apetecible era Abisinia (Etiopía), por no estar cubierta por zonas desérticas y era susceptible de una intensa explotación económica con grandes asentamientos humanos y de material.

El papel de Alemania

El 3 de octubre de 1935, sin previa declaración de guerra, el ejército italiano penetró en Abisinia, contando con la total oposición del Reino Unido, la tibieza de Francia y el apoyo incondicional de Alemania. El emperador Haile Selassie intentó infructuosamente oponerse a los invasores sin más armas que lanzas, sin víveres, agua, ni medicinas y hombres cubiertos por una débil túnica blanca.

La Sociedad de Naciones impuso sanciones a Italia en noviembre 1935. Mussolini respondió con la salida de la delegación italiana de dicho organismo. Las sanciones, sin embargo, no llegaron a tener efecto y, de hecho, fueron retiradas el 4 de julio de 1936.

La débil reacción de las potencias democráticas y el apoyo de Alemania animaron al dictador italiano a consumar la conquista del territorio. El moderno ejército motorizado del general Pietro Badoglio destruyó completamente al ejército abisinio. Haile Selassie se vio obligado a abandonar la capital Addis Abeba, que cayó en manos italianas el 5 de mayo de 1936. Londres dio asilo al Negus, el emperador.

Los alemanes aconsejaron a las autoridades italianas y españolas utilizar gas mostaza para bombardear los enclaves, las casas, los mercados de Addis Abeba y poblados del Rif que sustentaban la guerrilla de Hale Selassie y Abdelkrim. El Duce tenía la expericia de Etiopia. Según los investigadores Rudibert Kunz y Rolf Dieter Müller, Berlín primero vendió municiones al rey Alfonso XIII y luego le asesoró sobre cómo hacerlas, labor que asumió la fábrica de La Marañosa.

Veleni di Stato (Venenos de Estado), del periodista Gianluca de Feo, redactor jefe de la revista italiana L’Espresso, siempre consideró una obligacion moral contar esa historia terrible y sistemáticamente silenciada.

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El lugar más cercano al infierno: Fort Detrick

Fort Detrick es una base del ejército estadounidense situada a menos de 100 kilómetros de Washington. Se creó en 1942, en plena guerra mundial, para ser el centro de la guerra biológica y desde entonces no ha hecho más que crecer, completando unos 600 edificios que ocupan 5.000 hectáreas de terreno.

El ejército puso a un bioquímico de la Universidad de Wisconsin, Ira Baldwin, al frente. Al principio Fort Detrick no fue gran cosa porque el imperialismo lo apostó todo a su monopolio del arma nuclear.

En la primavera de 1949 el ejército creó un pequeño equipo de químicos, al que llamó División de Operaciones Especiales. Su misión era encontrar usos militares para las bacterias tóxicas, un campo totalmente nuevo para la guerra.

Paralelamente, la CIA empezó a capturar espías del otro lado del Telón de Acero a los que trataba de interrogar bajo el efecto de drogas o, como se decía entonces, del “suero de la verdad”. Le ocurría lo mismo con los tránsfugas, de los que no tenía certeza de si realmente habían cambiado de bando o si se trataba de maniobras de intoxicación.

Allen Dulles, que dirigía las operaciones encubiertas de la CIA y que luego sería ascendido a jefe de la central de espionaje, aprobó los primeros planes MK (control mental), que inicialmente se llamaron Bluebird (Pájaro Azul), luego Artichoke (Alcachofa) y finalmente MK-ULTRA.

En 1951 Dulles puso al frente de la división al químico Sidney Gottlieb, del que ya hemos hablado en otra entrada.  Gottlieb era un tipo muy extraño que podría haber encabezado una película de terror. Era un inmigrante deforme que vivía en una cabaña aislada sin agua corriente y se levantaba antes del amanecer para ordeñar sus cabras.

Gottlieb le propuso a Dulles que negociara un acuerdo entre la CIA y el ejército, con un reparto de funciones: el ejército era la fábrica y la CIA el destinatario de las nuevas armas químicas y biológicas.

Así es como la CIA creó un laboratorios químico dentro de Fort Detrick para obligar a las cobayas y a los detenidos a “confesar la verdad”. El equipo de Gottlieb probó una asombrosa variedad de combinaciones de drogas, a menudo en conjunción con torturas como las descargas eléctricas o la privación sensorial.

Las cobayas las sacaban a la fuerza de prisiones y hospitales, incluida una prisión federal en Atlanta y un centro de investigación de adicciones en Lexington, Kentucky.

Al principio llevaban las cobayas a Fort Detrick, pero luego la CIA extendió Fort Detrick por Europa y Asia central, siguiendo un modelo que desde 2001 se haría famoso en Guantánamo y otros centros de tortura habilitados en bases militares del ejército estadounidense en todo el mundo.

Es posible que la primera prisión secreta de la CIA estuviera en el sótano de un chalet en la ciudad alemana de Kronberg, donde los científicos de la CIA trabajaban con antiguos verdugos nazis, también expertos en interrogatorios.

En uno de los experimentos administraron múltiples dosis de LSD a siete prisioneros en Lexington, Kentucky, durante 77 días seguidos. En otro, a los norcoreanos capturados les administraron drogas depresivas seguidas de potentes dosis de estimulantes. Luego les exponían a la privación de sueño, calor intenso y corrientes eléctricas.

Los experimentos causaron un número desconocido de muertes y muchas cobayas humanas acabaron recluidos en siquiátrico.

Una de las víctimas más conocidas de los experimentos fue Frank Olson, del que también hemos hablado aquí. Olson era uno de los espías de la CIA que siempre trabajó en Fort Detrick. Cuando abandonar la CIA, Gottlieb le convirtió en otra cobaya a la fuerza, drogándole con LSD. Una semana después, Olson murió tras caer de la ventana de un hotel en Nueva York, una muerte atribuida al suicidio por la CIA. La familia de Olson cree que lo tiraron por la ventana para mantener en secreto los experimentos que se llevaban a cabo en Fort Detrick.

La química no cumplió las expectativas de Gottlieb y los fármacos pasaron a formar parte del arsenal de venenos de la CIA. Una parte los integraban agentes patógenos que podían causar enfermedades como la viruela, la tuberculosis y el ántrax, así como varias toxinas orgánicas, entre ellas el veneno de serpiente y una molécula paralizante extraída de los moluscos. También desarrolló un veneno para matar a Fidel Castro y al dirigente congoleño Patrice Lumumba. Otro tipo de sustancias y gases estaban dirigidas a destruir los cultivos agrícolas mediante la difusión de plagas.

Cuando en 1959 se empezaron a conocer los secretos que guardaba Fort Detrick, los manifestantes tomaron por costumbre reunirse allá una vez a la semana. En un manifiesto decían que “ninguna justificación racional de la ‘defensa’ puede justificar los estragos de la destrucción masiva de la agricultura y las enfermedades que resultan de ella”.

En 1970 Nixon ordenó la destrucción las reservas existentes de toxinas biológicas, lo que se llevó a cabo en buena parte. Se salvó un lote de un tóxico extraído de los moluscos, conocido por el nombre de saxitoxina, una cianotoxina de tipo alcaloide con efectos neurotóxicos.

Dos botes que contenían cerca de 11 gramos de saxitoxina, suficiente para matar a 55.000 personas, estaban en el depósito de Gottlieb en Fort Detrick. Antes de que los técnicos del ejército pudieran retirarlos, dos oficiales de la división de operaciones especiales los metieron en el maletero de un coche y los llevaron a la Oficina de Medicina y Cirugía de Washington, donde la CIA mantenía un pequeño almacén de productos químicos.

Uno de los asistentes de Gottlieb testificó más tarde que ordenó esta operación sin informar a su jefe. Cuando se descubrió y destruyó la saxitoxina en 1975, Gottlieb se había retirado.

https://www.politico.com/magazine/story/2019/09/15/cia-fort-detrick-stephen-kinzer-228109

Más información:
– El científico que puso las nuevas formas de tortura a disposición de la CIA: Sidney Gottlieb
– Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
– Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
– Guía práctica del perfecto criminal
– Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá
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