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El rostro humanitario del imperialismo son las vacunas de Bill Gates para el Tercer Mundo

Bill Gates no sólo ha introducido su sistema operativo Windows en casi todos los ordenadores del mundo, sino que hasta los teclados de esos ordenadores tienen una tecla con el anagrama de Windows, por más que la inmensa mayoría de los usuarios no sepamos su función. Es una proeza de la ingeniería moderna.

Gates es otro de los personajes execrables del mundo en que vivimos. Pasa el tiempo concediendo entrevistas, en las que -como buen tarado- no se cansa de predicar el malthusianismo, el santo y seña de las seudociencias modernas.

Los periodistas nunca le preguntan por su otro monotema, las vacunas, y la contradicción que eso supone con el anterior: si hay población excedente en este mundo, ¿por qué no dejar que se muera en esta pandemia?, ¿por qué gastarse el dinero en vacunas para salvar a toda esa chusma sobrante?, ¿no será mejor aprovechar el momento para acabar con ellos?

Sin embargo, no es así: Gates quiere acabar con el excedente poblacional y, al mismo tiempo, vacunarlos a todos y, mientras no pasen por al aro, lo mejor sería prohibir que se reúnan, como dijo la semana pasada en una entrevista en la CBS: después de esta pandemia nadie debería volver a reunirse ni salir a la calle sin haberle inyectado la vacuna previamente (1).

Gates no sólo impulsa un proyecto de vacuna contra el coronavirus, sino siete (2). No sólo financia equipos sanitarios a lo largo y ancho del mundo, sino que es el verdadero jefe de la OMS. Él es quien ha puesto al etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus al frente de dicho organismo. Por primera vez, de la salud se encarga alguien que no es médico.

Él es el rostro humanitario del imperialismo, como lo calificó Geopolintel hace ya once años (3); es quien pone las pandemias y quien las cura, un pionero que abre nuevos mercados donde antes no los había.

Personalmente Gates tiene el control de la NAB en India, el organismo que impuso un nuevo programa de erradicación de una “epidemia” erradicada: la polio. Antes de llegar a los cinco años, a cada niño indio le administran 50 vacunas, con la consecuencia sabida: en lugar de curar nada, los niños enferman y la “epidemia” se convierte en el cuento de nunca acabar.

En India, Gates llevó la polio a medio a medio millón de niños, hasta que en 2017 el gobierno cerró el programa criminal. Hasta la propia OMS lo tuvo que admitir así: tres cuartas partes de los casos de polio en el mundo tienen su origen en la vacuna de Gates. De no ser por ella, hace tiempo que la polio habría sido completamente erradicada.

En 2014 Gates financió la experimentación de una vacuna de las multinacionales GSK y Merck contra el VPH, Virus del Papiloma Humano, en 23.000 niñas en India. Siete de ellas murieron, unas 1.200 sufrieron graves efectos secundarios, sobre todo problemas de fertilidad.

Una investigación del gobierno indio acusó a los sicarios de Gates de “violaciones éticas generalizadas”, de presionar a las mujeres pobres de las aldeas para que participaran como cobayas, de intimidar a sus padres, de falsificar los formularios de consentimiento y de negar la atención médica a las niñas que enfermos. El caso está ahora en el Tribunal Supremo de India.

Las vacunas de Gates son un medio de esterilización de la población del Tercer Mundo. En 2010 prometió 10.000 millones de dólares a la OMS para reducir la población mundial inyectando nuevas vacunas de forma masiva. En una entrevista con Ted Talk admitió públicamente que las nuevas vacunas “podrían reducir la población”.

En consecuencia, las vacunas de Gates no tienen por objeto promover la salud sino la enfermedad, la muerte y la esterilidad.

(1) https://youtu.be/4X-KkQeMMSQ
(2) https://thenextweb.com/hardfork/2020/04/06/bill-gates-to-fund-7-coronavirus-vaccines-for-quicker-results-likely-wasting-billions/
(3) Bill Gates, apóstol del imperialismo humanitario http://www.geopolintel.fr/article43.html

Más información:
– Las esterilizaciones masivas en Estados Unidos inspiraron al III Reich
– ‘Los indeseables’: la eugenesia esterilizó a 166.000 personas en Suecia
– La UNICEF y la OMS esterilizan masiva y encubiertamente a las mujeres africanas
– La lucha de las mujeres colonizadas contra la esterilización forzosa
– 300.000 mujeres pobres esterilizadas en Perú

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‘Ni un abuso más’, el nombre del grupo de jóvenes de Algeciras que planeaba emboscadas contra la policía

El mapa de los 14 barrios más deprimidos de CádizLa Policía Nacional ha detenido a tres jóvenes en Algeciras (Cádiz), que habían creado dicho grupo con consignas para agredir a los agentes de forma concertada tras varias denuncias de abusos policiales en los controles que los agentes tienen desplegados en la zona.
Se trata de tres jóvenes de 18, 24 y 30 años que han reaccionado así después de que varios usuarios del grupo de WhatsApp «Coronavirus Algeciras» subieran fotos de las lesiones que les habían provocado los agentes en los puestos de control del municipio.
Los detenidos crearon un grupo llamado «Ni un abuso más» en el que los jóvenes estaban organizando a varios usuarios para llevar a cabo conjuntamente emboscadas a la Policía y atentar contra ella «a modo de guerrilla«, según ha afirmado la Subdelegación del Gobierno.
El grupo, al que llegaron a sumarse más de cien usuarios, se discutían aspectos como cuál podía ser la zona más idónea de la ciudad para hacer tales emboscadas, qué material llevar, cuál podía ser el mejor momento del día o qué estrategia adoptar, como esperar una persona con pinchos para así hacer bajar del vehículo a los policías, e incluso sugiriéndose la posibilidad de contar con armas de fuego
«Aquí no vamos a robar más, a eso no nos vamos a
dedicar ahora. Aquí lo que vamos a hacer es dar palos a la policía
¿vale? Ya después buscaremos el pan para comer de lo que nos haga falta.
«
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Eximen de responsabilidad criminal a militares y policías peruanos por matar durante la cuarentena

En Perú los militares y policías que maten o hieran a la población, mientras patrullan las calles para hacer cumplir la cuarentena, quedarán eximidos de responsabilidad penal, de acuerdo a una nueva ley publicada ayer en la Gaceta Oficial del país andino.

“Está exento de responsabilidad penal el personal de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Perú que, en el cumplimiento de su función constitucional y en uso de sus armas u otro medio de defensa, en forma reglamentaria, cause lesiones o muerte”, sostiene la nueva ley. Esta especie de ley marcial fue aprobada por el Congreso de la República con el eufemístico nombre de “Ley de Protección Policial”.

Perú se encuentra bajo toque de queda desde las 8 de la noche hasta la 5 de la mañana y aislamiento domiciliario obligatorio desde el 16 de marzo y supuestamente hasta el 12 de abril, si bien es sabido que las fechas de finalización son mera especulación para mantener más tranquila a la población. Desde ese momento ya fueron detenidas unos 26.000 peruanos por el incumplimiento de salir a las calles.

Las fuerzas de seguridad y militares peruanas cuentan con un oscuro prontuario dado su accionar en el combate a la guerrilla Sendero Luminoso entre 1980 y el año 2000.

Hasta el momento Perú cuenta con solo 671 casos confirmados de coronavirus y 16 fallecidos, pero una estructura poblacional sumida en la pobreza lo que conduce al gobierno a extremar la represión ante posibles saqueos y rebeliones.

En este contexto de pobreza, fuerzas de seguridad y militares quedan exceptuados de responsabilidad al matar pueden ser un remedio mucho peor que la enfermedad. ¿Será este el modelo a aplicar en América Latina?

https://kontrainfo.com/grave-en-peru-ya-eximen-a-militares-y-policias-de-responsabilidad-penal-por-matar-o-herir-por-cuarentena/

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Holanda deberá indemnizar por las masacres cometidas en sus colonias

Sukarno, primer presidente indonesio
Un hombre indonesio obligado a presenciar la ejecución sumaria de su padre por un soldado holandés cuando tenía 10 años ha hablado de su gratitud después de que un tribunal haya ordenado al Estado holandés que pague  una indemnización a las víctimas de las masacres coloniales de la década de los cuarenta.

Andi Monji, de 83 años, que viajó a los Países Bajos para contar su historia al tribunal, recibió 10.000 euros (9.000 libras esterlinas), mientras que ocho viudas y tres hijos de otros hombres ejecutados, principalmente agricultores, recibieron una indemnización de entre 123 y 3.634 euros por la pérdida de ingresos.

Los casos se referían a hombres muertos por soldados en la provincia indonesia de Sulawesi meridional entre diciembre de 1946 y abril de 1947 durante las denominadas “acciones de limpieza” cuando los holandeses trataron de reprimir el avance hacia la independencia.

El tribunal determinó que 11 hombres habían sido asesinados como resultado de la “mala conducta” de los soldados holandeses, en su mayoría por ejecuciones sumarias. A un hombre le dispararon al azar.

El padre de Monji fue ejecutado el 28 de enero de 1947 en el pueblo de Suppa. Se cree que más de 200 hombres fueron ejecutados por los militares holandeses ese día.

Monji, que todavía vive en Suppa, dijo: “Estoy agradecido por el fallo del tribunal. Tenía 10 años cuando fui obligado a presenciar la ejecución de mi padre por los militares holandeses después de haber sido fuertemente golpeado. Lloré”.

“También estoy agradecido de haber tenido la oportunidad de viajar a los Países Bajos para asistir a la audiencia del tribunal y así poder explicar al tribunal lo que sucedió”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón ocupó la entonces colonia holandesa de las Indias Orientales y, después de su capitulación, los dirigentes nacionalistas Sukarno y Hatta proclamaron la República de Indonesia el 17 de agosto de 1945.

Durante los cuatro años siguientes, los Países Bajos lucharon para prolongar sus 350 años de dominio colonial del país, a menudo a través de medios brutales.

El Estado holandés alegó que no se pagaran indemnizaciones por el tiempo transcurrido desde que se cometieron los crímenes.

Liesbeth Zegveld, la abogada de los demandantes, dijo: “Estamos satisfechos con el fallo. No fue fácil; llevó ocho años de procedimientos. Es una lástima que el gobierno holandés no haya sido más comunicativo, ya que muchos de nuestros clientes fallecieron durante el proceso”.

“Sin embargo, para los que aún están vivos y todas las familias, el reconocimiento del tribunal de su sufrimiento y su derecho a la indemnización es importante”.

El tribunal reconoció en su fallo que las sumas concedidas a los familiares de las víctimas eran “desproporcionadas” en relación con el sufrimiento causado. Una verdadera burla.

https://www.theguardian.com/world/2020/mar/27/hague-court-orders-dutch-state-to-pay-out-over-colonial-massacres

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La policía como grupo de riesgo: te hostigan, te roban, te detienen, te torturan y te matan

Beatriz Mechato Flores tenía 73 años. Estaba jubilada, con la mínima, así que para subsistir se dedicaba a la venta ambulante. Su peligrosa mercancía eran las medias. Por proteger su mercadería, por escapar del verdugueo de la policía de Larreta, Argentina, y la patota de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) fue atropellada sobre la Avenida Pueyrredón, a la altura de la calle Sarmiento, y falleció el martes 17 de marzo tras permanecer internada cuatro días en la terapia intensiva del hospital Ramos Mejía.

Una mujer pobre, de edad avanzada, en tiempos de pandemia, grupo de riesgo, que debe gozar de un ingreso suficiente para subsistir con dignidad, se ve obligada a trabajar como vendedora ambulante. Pero el gobierno de la Ciudad encontró en esta actividad un enemigo dilecto y la brutalidad de su accionar se evidencia en lo que ocurrió con Beatriz.

“Nosotros denunciamos como principal responsable de esto a Matías Lanusse, quien está a cargo de la AGC”, sostiene Nicolás Caropressi, referente del MTE – CTEP en declaraciones a Canal Abierto. “Ellos desarrollaron un aparato parapolicial de rugbiers, patovicas, gente pasada de cocaína, que sale todos los días a recorrer las calles de Once en una actitud directamente policial, acompañados por la Policía detrás. Ellos van en avanzada empujando y secuestrándole la mercadería a los ambulantes, sea una mujer de 70 años, un senegalés de 20, un nene de 15, sea un señor de 80. Cuando los compañeros reaccionan para proteger sus materiales, estos tipos se ponen más violentos y cuando la cosa se caldea más, aparece la policía e interviene a los palos, tirando gases y llevándose detenidos”.

“Montaron una teatralidad que funciona todos los días en la Ciudad que deja tres, cuatro heridos diarios, dos o tres detenidos por día, y así fomentan el miedo a la venta ambulante. El método que utiliza el Gobierno de la Ciudad es controlar el espacio público a través del miedo. Para eso utilizan millonadas de pesos porque los operativos son de 50 policías para arriba, con 20 inspectores o más, para perseguir a gente que vive de vender medias en la calle, una señora de 73 años que terminó muerta”, concluye el referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos.

Es conocida la batalla mediática que pone de un lado a comerciantes con locales a la calle indignados y del otro a trabajadores de la vía pública, y al gobierno de la Ciudad como paladín de los ciudadanos que “pagan impuestos” frente a un enemigo a erradicar: el vendedor ambulante. “Hace tres años nos mandaron a unos galpones, uno en La Rioja e Hipólito Yrigoyen y el otro en Boulogne Sur Mer y Perón, donde no se vende nada. El señor Larreta nos reprime en la vía pública, manda a los funcionarios de espacio público y a la policía a que nos corran y persigan como si fuéramos delincuentes. Nos quitan la mercadería, nos roban, nos golpean, nos insultan, nos humillan y nos discriminan”, narra José Luis Rivas, referente de los Vendedores Ambulantes Independientes de Once.

Discriminación, persecución y muerte

Beatriz llevaba más de 50 años trabajando en la calle para mantener a su familia. Como otras miles de personas en la ciudad, halló en la vía pública y la informalidad la forma de subsistencia, lo que el mercado laboral no le ofrecía ni las políticas estatales le garantizaban.

“Beatriz no es la única muerta por la represión policial. En el mismo lugar, a escasos metros de donde fue atropellada perseguida por la policía, en agosto de 2018 murió María Berrechea en las mismas circunstancias”, sostuvo Omar Guaraz, del Sindicato de Vendedores Ambulantes. “Existen responsables directos, responsables políticos, no vamos a diluir la responsabilidad en la policía o en el Ministerio de Espacio Público. La Policía de la Ciudad es un instrumento de represión, de muerte, de torturas a muchos compañeros en las comisarías por una decisión política de Horacio Rodríguez Larreta. Son miles los detenidos y muchos los heridos de gravedad y los muertos. Larreta carga otra muerte más en sus espaldas”.

“La muerte de la compañera Beatriz Mechato López fue una decisión política. Esa decisión política de Larreta mata, genera heridos de gravedad, genera apremios ilegales en las comisarías como en las épocas más oscuras de nuestra historia. Los vendedores no vamos a dejar de pedir justicia y jamás abandonaremos la calle porque este proyecto de país para pocos de Macri y Larreta, de un país sin oportunidades sigue vigente. Esperamos que la nueva administración genere los puestos de trabajo que generen dignidad en la gente, mientras tanto en la calle seguirá habiendo vendedores”, concluyó Guaraz en un mensaje grabado que envió a medios de comunicación.

Las ‘brigadas de la muerte’

Lo que sostiene Caropressi párrafos más arriba, la existencia de patotas de civiles pagos por el gobierno que hostigan a los vendedores, se repite en el relato de los amigos de Beatriz, compañeros en las calles del Once. “Esta persona no sabemos cómo se llama. Viene a Once y no sabemos para quién trabaja, pero anda con la policía, camina con Espacio Público pero no lo identificamos. Esta es la persona que causó la muerte de Beatriz y va a seguir provocándonos”, sostiene José Luis Rivas, de VAIO, mostrando una foto en la marcha realizada el jueves 19 de marzo en reclamo de justicia que culminó con represión policial y una treintena de detenidos, entre ellos el referente de la CTEP, Juan Grabois.

Las características fisionómicas y sociales de los señalados son evidentes y consecuentes con un patrón: tipos fornidos, con músculos de gimnasio, de tez blanca… chetos. Las imágenes se repiten y los vendedores los tienen identificados, pero nadie responde por ellos.

A principios del siglo XX, la Liga Patriótica, bajo el lema “Patria y Orden” se encargaba de perseguir y castigar a judíos, rojillos de toda índole y ácratas sin patria. Su aparición estelar en la historia argentina data de los hechos en torno a la conocida como Semana Trágica o Semana de Insurrección Popular de 1918, la gran huelga desatada tras la represión a los trabajadores de los Talleres Vasena. Siguiendo el mismo patrón, niños bien de la sociedad porteña se paseaban por la ciudad armados junto a la policía, castigando y asesinando a los huelguistas o quien oliera o se viera como tal. A diferencia de la patota de Lanusse, lo hacían ad honorem, se cree.

Entre sus honorable lista encontramos nombres como Manuel Carlés, Joaquín Anchorena, Dardo Rocha, Jorge Mitre (claro), Carlos Tornquist, Miguel Martínez de Hoz (sí, sí), Félix Bunge, Saturnino Unzué y, broche de oro -aunque la lista continúa-, Antonio Lanusse… todo queda en familia.

Entre sus principios fundantes afirmaban que “la civilización nacional engendró la Liga Patriótica Argentina, que nació para reunir a todos los hombres sanos y enérgicos con el fin de colaborar con la autoridad para mantener el orden y vigorizar los sentimientos esenciales del alma nacional”. Estas patotas de Larreta, más modestas, menos principistas, sólo quieren sembrar miedo y liberar las veredas de pobres manteros, dándole rienda suelta a una violencia que, pareciera, es herencia de sus ancestros.

https://canalabierto.com.ar/2020/03/26/morir-por-vender-medias-en-la-ciudad-de-larreta/

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‘Esta pandemia está haciendo ganar miles de millones de euros a la industria farmacéutica’

Javier Aymat

Wolfgang Wodarg, reputado epidemiólogo y expresidente de la Comisión de la Salud del Consejo de Europa, Manuel Elkin, descubridor de la vacuna contra la malaria y Pablo Goldsmith, prestigioso virólogo, entre otros muchos científicos, cuestionan la ola de pánico creada en torno al coronavirus y las medidas desproporcionadas y contraproducentes que se están tomando en países como España. Mientras, los medios siguen ignorando por completo estas voces, demasiado preocupados en el conteo de personas enfermas y fallecidas por un virus que parece ser el enemigo perfecto.

A estas alturas supongo que ya más de uno se habrá hecho la siguiente pregunta: ¿cómo pudimos sobrevivir el año pasado a 525.300 enfermos de gripe frente a 25.000 de coronavirus y 6.300 muertes (de gripe) frente a 1.350 muertes (de coronavirus) sin paralizar el país? ¿Y cómo lo sobrellevamos en 2018 que hubo 800.000 casos de gripe y 15.000 muertes?

La media viene a ser 17 muertos al día el año pasado (41 muertos al día en 2018). Aunque realmente dividir y enfrentar ambos virus no es realmente correcto, ya que, tal y como ha manifestado el epidemiólogo Wolfgang Wodarg, el coronavirus siempre ha formado parte de la gripe.

Lo que ocurre es que esta vez se aisló una variante de coronavirus concreta para luego hacer un conteo de sus efectos, las personas enfermas y las muertas.

Así que la pregunta sería: ¿cómo podemos hablar de un virus más mortífero y contagioso que la gripe si el año pasado llevábamos más casos y más muertes debido a la gripe estacional?

Pero claro, como el año pasado no hubo este conteo ni hubo ningún seguimiento de un coronavirus concreto, tampoco se tuvo en cuenta si mucha gente la padeció de forma asintomática y luego la transmitió.

Este nuevo virus parece tener una tendencia a provocar neumonía y ser más contagioso. Sin embargo, en enero de 2018 aumentó la mortalidad de la gripe en un 77 por ciento registrando, del 15 al 21 de enero, 121 fallecidos en una sola semana. ¿Fue un colapso mundial? ¿o simplemente se habló en 2018 de una gripe con mayor virulencia?

El problema que tiene la Organización Mundial de la Salud (OMS) con Wodarg es que es considerado un experto mundial en la materia y, además, ha formado parte del Bundestag. De hecho, el epidemiólogo ya ha solicitado un comité de investigación en el parlamento, ya que, según él, está ocurriendo lo mismo que con la gripe A. Un caso que él mismo denunció en 2009 y que terminó con una investigación en el Consejo de Europa.

El parlamentario socialista británico Paul Flynn, autor del informe sobre la denuncia que Wodarg hizo en 2009 sobre la gripe A, concluyó que “la declaración de pandemia ha sido irracional y ha hecho ganar miles de millones de euros a la industria farmacéutica”.

En esa misma línea se manifiesta el argentino afincado en París Pablo Goldsmtih, virólogo, bioquímico, farmacéutico, psicólogo y una infinidad de especialidades más, aparte de voluntario de la OMS para un gran número de misiones humanitarias.

“Nuestro planeta es víctima de un nuevo fenómeno sociológico, el acoso científico-mediático”, ha denunciado con vehemencia el virólogo. Goldsmith también denuncia que el pánico que se está generando en torno a la cepa de coronavirus identificado en China (COVID-19) es tan injustificado como el que se creó en 2003 con el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) o en 2009 con el virus de la gripe A.

Manuel Elkin, inmunólogo creador de la vacuna de la malaria, apunta que “estamos entrando en un juego mediático sin sentido”. Advierte también que hay que tener los ojos bien abiertos pero sin entrar en pánico ni en medidas extremas y contraproducentes.

Elkin ha declarado que lo lógico es aislar exclusivamente los casos de contagio y hacer un estudio de los allegados al infectado. Con eso es suficiente, declara, y considera un enorme error el aislamiento de personas y ciudades: “Muchos científicos en el mundo no lo vemos lógico. Hay muchas voces de protesta que manifiestan que hay que tener cuidado con el virus, no se puede ignorar, pero no instalar un sistema de histeria colectiva como el que hay”.

También Vageesh Jain, profesor de Salud Pública en el University College de Londres, se plantea muy seriamente la conveniencia de “un escenario de apocalipsis zombi que no ayuda en la coordinación operativa de actividades complejas de salud pública”.

Y también añade que un bloqueo de estas características “no solo es superfluo, sino que también introduce nuevos problemas. La primera semana de cuarentena ha conducido a hospitales abarrotados, escasez de alimentos y economías estancadas”.

Estas voces, junto a otras crecientes del mundo de la ciencia y la medicina, siguen poniendo en duda la validez del pánico que provocan estas medidas extremas contra la libertad de la ciudadanía.

A mí, personalmente, no me deja de sorprender de qué manera nos hemos dejado quitar las libertades básicas de un plumazo. Esos derechos constitucionales que tanto nos han costado y con los que muchos de nuestros políticos se han llenado, hasta ahora, falsamente la boca.

http://diariodetierra.com/la-histeria-interminable/

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Estados Unidos realizó más de 239 pruebas con armas biológicas en ciudades densamente pobladas entre 1949 y 1969

Arthur González

Para quienes se declaren incrédulos ante las evidencias de que Estados Unidos puede ser responsable de la epidemia de la Neumonía de Wuhan o Coronavirus, con la malsana intensión de afectar la economía e imagen de China, es necesario exponerles algunos antecedentes sobre ese tema.

Según lo publicado por la revista estadounidense Whiteout Press y otras, en 1931 el Rockefeller Institute for Medical Investigations, usó como “conejillos de laboratorio” a ciudadanos norteamericanos, al ser infectados con células cancerosas, sin ellos saberlo.

En la misma fecha, el Pentágono abrió un Centro de Guerra Biológica en Panamá para realizar trabajos de laboratorio con gérmenes patógenos.

La doble moral de los yanquis es tal que después de la Segunda Guerra Mundial, otorgaron total inmunidad a alemanes y japoneses especialistas en guerra biológica, incorporándolos en el centro ubicado en Fort Detrick, para estudiar y desarrollar armas biológicas.

A inicios de los años 50 del siglo XX, el Departamento de Defensa realizó pruebas al aire libre, utilizando bacterias y virus generadores de enfermedades.

En esa fecha un buque de guerra yanqui empleó una enorme manguera, para rociar el aire con la bacteria Serratia Marcescens, causante de Neumonía entre los habitantes de la zona costera de San Francisco, California, según alegó el estudioso Leonard Cole, en su libro “Clouds of Secrecy: The Army’s Germ Warfare Tests Over Population Areas”.

En dicho material se describe que entre 1949 y 1969, se ejecutaron más de 239 pruebas de armas biológicas al aire libre en Washington, Nueva York, Key West y otras ciudades densamente pobladas.

No fue hasta 1970, que los ciudadanos se enteraron que fueron utilizados como animales de laboratorio, en los experimentos realizados por varias agencias y departamentos gubernamentales, principalmente el Pentágono.

Al divulgarse la “Operation Whitecoat”, ejecutada entre 1954 y 1973, la población conoció los detalles de aquel estudio del Departamento de Defensa, donde utilizaron creyentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y a más de 2 mil 300 soldados, quienes ignoraban que fueron infestados con la fiebre Q, la fiebre amarilla, peste bubónica, tularemia y encefalitis equina venezolana, todo documentado en el libro “Anthrax: The Investigation of a Deadly Outbreak”,(1999), del escritor Jeanne Guillemin.

En los años 90 se probaron nuevos virus biológicos con prisioneros del Departamento Correccional de Texas, que posteriormente se usaron durante la invasión a Irak, acción relatada por el bioquímico estadounidense Garth L. Nicolson, en testimonio por escrito para el Congreso, donde afirmó: “Miles de veteranos norteamericanos de la Guerra del Golfo sufren de las consecuencias de haber estado expuestos a las armas radiológicas, químicas y biológicas”, (Written Testimony of Dr. Garth L. Nicolson, Committee on Veterans Affairs, United States House of Representatives, enero 2002).

Francis Boyle, profesor de derecho internacional de la Universidad de Illinois, afirma que el actual virus Zika, es un arma biológica patentada en 1947 por la Fundación Rockefeller.

Terroristas cubanos fueron entrenados por la CIA y el Pentágono en la base militar de Fort Gulick, en Panamá, para introducir en Cuba, en 1971, el virus de la Fiebre Porcina Africana.

El investigador William H. Schaap, asegura que el Dengue y otros arbovirus, son armas biológicas ideales.  El Dengue Hemorrágico es altamente incapacitante y lo trasmite el mosquito Aedes Aegyiptis, virus introducido en Cuba en 1981, publicado en “The 1981 Cuba Dengue Epidemic, Covert Action, Summer 1982”.

Se sabe que en 1981 biólogos militares norteamericanos realizaron pruebas con el Aedes Aegyiptis, en el laboratorio de Fort Detrick, Maryland, para introducir el Dengue Hemorrágico.

Ese laboratorio, denominado oficialmente “Instituto de Investigaciones Médicas en enfermedades infecciosas del Ejército de los Estados Unidos”, produce agentes biológicos como parte de las investigaciones de “armas de defensa”.

Estados Unidos tiene un programa ofensivo de armas biológicas, aprobado en octubre de 1941 por el presidente Franklin Roosevelt y el Secretario de Guerra.

Para eso construyeron inicialmente una planta de producción en Terre Haute, Indiana, pero al no tener las condiciones de seguridad, fue trasladada en 1954 a Pine Bluff, Arkansas, que comenzó a producir agentes biológicos.

Hoy Fort Detrick es el centro de investigación y producción de armas biológicas antipersonales y contra los cultivos, para infestar objetivos seleccionados, mediante tanques de aspersión aérea, latas de aerosol, granadas, cohetes y bombas de racimo.

Posterior a la construcción de cuatro laboratorios biológicos del Pentágono en Georgia, ex república de la URRS, se detectó un brote de neumonía atípica en el país.

A respecto, la revista estadounidense Veterans Today (06-10-2013), publicó que el Pentágono invirtió 300 millones de dólares en un programa secreto de guerra biológica, en el Central Reference Laboratory, de Tiflis, Georgia, donde los militares yanquis controlan las vacunas para animales, reemplazando a los veterinarios.

En Georgia también opera el “Walter Reed US Army Medical Research Institute”, y en Kazajstán, otra ex república soviética, funcionan dos laboratorios biológicos del Pentágono.

Gerald Colby y Charlotte Dennet, describieron en su libro, “They Will Be Done. The Conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil” (1996), de los experimentos yanquis de armas biológicas en Latinoamérica, empleando científicos y religiosos estadounidenses al servicio de Instituto Lingüístico de Verano (ISL), creado por la Fundación Rockefeller.

En los años 1960-1970 la CIA asesinó a miembros de tribus nativas de la Amazonía, mediante la propagación de diferentes virus para apoderarse de sus tierras ricas en yacimientos de petróleo.

Las técnicas aplicadas en Brasil y Perú fue el envenenamiento del agua, la comida y regalarle a los nativos ropas, sábanas y frazadas, infectadas con el virus de la viruela.

Con ese crimen las corporaciones de Rockefeller obtuvieron el acceso al oro, petróleo, diamantes y metales raros, porque los indígenas se negaban a abandonar sus ricas tierras; el método empleado fue el “uso de la fuerza”, según escribió uno de los misioneros estadounidenses, conocido como “el padre Smith”.

Sobran elementos para señalar a los verdaderos responsables del Coronavirus y sus muertos, y como aseguró José Martí: “Callar un crimen es cometer otro”.

https://heraldocubano.wordpress.com/2020/02/06/estados-unidos-y-las-armas-biologicas/

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Memoria Histórica

La Armada de Estados Unidos utilizó a sus propios marinos como conejillos de Indias en experimentos con gases tóxicos

El proyecto SHAD (Project Shipboard Hazard and Defense) formó parte de un plan mucho más amplio denominado Proyecto 112, que se inició en 1962, durante el gobierno de Kennedy. Fue desarrollado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Aunque el proyecto SHAD no fue firmado directamente por Kennedy, sí lo fue por su Secretario de Defensa, Robert McNamara.

La explicación oficial del Proyecto SHAD fue que se llevó a cabo “para identificar las vulnerabilidades de los buques de guerra estadounidenses a posibles ataques con agentes de guerra biológica o química y para desarrollar procedimientos para responder a tales ataques, manteniendo la capacidad bélica”.

Inicialmente, se proyectaron 134 pruebas, pero sólo se completaron 46. En estas pruebas, se rociaron agentes químicos y biológicos, sobre el personal militar de la marina estadounidense, que durante todo el tiempo que estuvieron sometidos a este experimento, no tuvieron conocimiento del mismo.

En el experimento se incluyeron agentes nerviosos como el gas VX, el gas Tabún, Sarín, Soman, y agentes químicos como el sulfuro de cinc, sulfuro de cadmio y QNB. Los agentes biológicos utilizados fueron globigii Bacillus, Coxiella burnetii (causante de la fiebre Q), y Francisella tularensis (que causa la tularemia o “fiebre de los conejos”).

Las primeras revelaciones sobre Proyecto SHAD las llevó a cabo el periodista Eric Longabardi y fueron difundidas por la CBS en mayo de 2000. Después de la emisión de estos reportajes, el Pentágono y las asociaciones de veteranos abrieron sus propias investigaciones.

Hasta hoy el Pentágono admite que probó el gas Sarin, conocido como VX, y toxinas biológicas en el personal militar americano. Hasta el presente, 12 de las operaciones han sido parcialmente desclasificadas, pero la información entregada es muy limitada. Se ha notificado sólo a aproximadamente unos 600 veteranos, de las decenas de miles que fueron expuestos a los tóxicos, que podrían estar padeciendo efectos nocivos relacionados con los experimentos.

El estudio de los veteranos se completó en 2001, pero no se ha publicado nunca; ni siquiera han informado a los propios afectados. No obstante, se sabe que quienes participaron como cobayas padecen el riesgo de sufrir enfermedades cerebro vasculares y respiratorias y que tendrían tres veces más probabilidades de morir de enfermedades del cerebro, respiratorias y vasculares que la población en general.

Steve Robinson, el director ejecutivo del National Gulf War Resorse Center, dijo: “Estos veteranos podrían estar muriendo en una proporción tres veces mayor que la población general por enfermedades que podrían relacionarse a su servicio militar”.

Si no les importa en absoluto la salud de sus propios mercenarios, ¿les interesará la de los demás?, ¿la salud de la población mundial acaso?

—https://www.va.gov/disability/eligibility/hazardous-materials-exposure/project-112-shad/
—https://www.geisinger.org/-/media/onegeisinger/pdfs/ghs/research/find-an-investigator/pdfs/find-an-investigator/boscarino/iom-shad-ii-final-report
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Memoria Histórica

En Alabama los médicos emplearon a los negros como cobayas humanas en un experimento sobre la sífilis

Entre 1932 y 1972, es decir, durante cuarenta años, en el hospital público de Tuskegee, una localidad de Alabama, los médicos experimentaron con negros pobres y analfabetos enfermos de sífilis a los que no dieron tratamiento médico para poder estudiar la evolución de la enfermedad hasta su muerte, así como el contagio de sus familias y descendientes.En 1932 la sífilis se había convertido en una epidemia en la población rural del sur de Estados Unidos y los médicos decidieron crear un programa especial de no-tratamiento en el Hospital de Tuskegee, el único para negros que existía entonces en aquella localidad. Ocurrió muy poco después de la crisis económica de 1929.

Los matarifes, o sea, los médicos y científicos, seleccionaron a unos 400 varones negros sifilíticos y otro grupo similar de 200 no sifilíticos sirvió de control. Su objetivo era comparar la salud y longevidad de la población sifilítica no tratada en comparación con el grupo control. A las personas seleccionadas no se les informó de la naturaleza de su enfermedad y les dijeron que tenían “mala sangre”. Además, les ofrecieron algunas ventajas materiales, incluso sanitarias, que en ningún caso incluían el tratamiento de su enfermedad.

En 1936 comprobaron que las complicaciones eran mucho más frecuentes en los infectados que en el grupo control, y diez años después resultó claro que el número de muertes era dos veces superior en los sifilíticos. A pesar de que la penicilina estuvo disponible desde los años cuarenta, en ningún momento recibieron tratamiento; a los médicos nunca les importó que sin el antibiótico su esperanza de vida se redujera en un 20 por ciento.

En este caso la ideología anticolectivista imperante en Estados Unidos no fue obstáculo para que los derechos individuales de las personas fueran sacrificados en aras de un supuesto bien “común”, aunque en realidad los pobres debían sacrificarse en interés de una investigación cuyos beneficiarios serían los más privilegiados de la sociedad. En 1947 se aprobó el código de Nuremberg y en 1964 la Declaración de Helsinki que, además del consentimiento informado del paciente, dispone que en toda investigación con seres humanos el bienestar de la persona prevalezca siempre sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad. El médico, antes que investigador, es el protector de la vida y la salud de su paciente, y la persona que participe en una investigación debe recibir el mejor tratamiento disponible.

A pesar de la promulgación de la normativa, la investigación continuó, publicándose 13 artículos en revistas médicas. Ningún científico protestó, hasta que en 1972 la prensa denunció los hechos. Para entonces 74 de los pacientes del estudio seguían vivos, 28 habían muerto directamente de sífilis, 100 habían muerto por complicaciones relacionadas, 40 de sus esposas se habían infectado y 19 de sus hijos habían nacido con sífilis congénita.

En 1997, en presencia de cinco de los ocho supervivientes presentes en la Casa Blanca, Bill Clinton pidió disculpas formalmente a las víctimas del experimento: “No se puede deshacer lo que ya está hecho, pero podemos acabar con el silencio […] Podemos dejar de mirar hacia otro lado. Podemos miraros a los ojos y finalmente decir de parte del pueblo americano, que lo que hizo el gobierno americano fue vergonzoso y que lo siento”. Las buenas palabras sustituyeron a los juicios y las cárceles. Aquellos médicos que utilizaron a los pobres como cobayas humanas, así como sus cómplices y colaboradores no resultaron sancionados por el crimen que habían cometido.

¿Por qué nos empeñamos en suponer que nuestra salud les importa algo a ellos?

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‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

La “Operation Legacy” (Operación Legado), fue un programa de destrucción sistemática de archivos aplicado desde finales de la Segunda Guerra Mundial (o posiblemente antes) hasta los primeros años de la década de los 60 en 37 territorios ocupados por los ingleses.

Países como Belice, la Guayana Británica, Jamaica, Kenia, Malasia, Singapur, Uganda y muchos otros, vieron cómo fueron incineradas las pruebas sobre asesinatos, abusos y torturas que los británicos habían ejercido sobre sus pueblos durante su dominación.

El historiador Tony Badger, persona que ha recuperado la mayoría de la documentación relacionada con la “Operación Legado”, puso al Ministerio de Relaciones Exteriores actual en una posición “vergonzosa y escandalosa”.

El hallazgo se produjo en enero de 2011, al descubrir la existencia de 307 cajas con documentación “superviviente” de aquella limpieza. Al parecer quedaron olvidadas, por más de 50 años, en un archivo de máxima seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores Británico, en Hanslope Park, Buckinghamshire (Reino Unido); lejos de los ojos de los historiadores, investigadores y del público en general.

Ocultar aquel material durante tanto tiempo representó una violación de la legislación sobre la desclasificación de documentos, por lo que una vez descubiertos tuvieron que hacerse públicos a corto plazo. Estos papeles representan una verdadera mina de oro para los historiadores, pero pasará algún tiempo antes de que todos se hagan públicos.

Entre la documentación recuperada, se conserva un telegrama fechado el 3 de mayo de 1961, firmado por Iain Macleod, Jefe de la Oficina Colonial del Reino Unido, con destino a todas las embajadas británicas. En el telegrama se daban instrucciones sobre cómo “rescatar” documentos oficiales de países recientemente independizados —o en vías de independizarse— con instrucciones sobre cómo deshacerse de ellos.

A los diplomáticos se les insistía en la necesidad de deshacerse de los archivos, haciendo hincapié en que podrían “avergonzar […], comprometer, o ser utilizados de forma incorrecta por las nuevas autoridades nacionales”. También ordenaron la destrucción de cualquier prueba que pudiera sugerir o pudiera interpretarse como actos de racismo.

Iain Macleod, de esta forma, exigió a sus subordinados que los gobiernos de los países que ganarían la independencia no obtuvieran ningún material que pudiera “perturbar el gobierno de Su Majestad”, ese sería su “Legado”: NADA.

Las instrucciones decían claramente que “ningún nativo podía participar de esta operación depuratoria, excepto miembros del gobierno sujetos a descendencia británica en Europa”.

Uno de los principales centros de destrucción de la zona Oriental, estaba ubicado en la base de la Royal Navy en Singapur, donde se construyó una instalación especial para la quema de miles de documentos que llegaban en camiones.

Se conserva un documento, en los legajos encontrados en Haslope Park, que reseña un viaje de 5 de esos camiones, cargados de documentación desde Kuala Lumpur en 1957.

Los archivos destruidos en este viaje contenían información sobre un caso de asesinato masivo, ocurrido en 1948, en Batang Kali, donde los soldados británicos fueron responsables de la masacre de 24 trabajadores de las plantaciones de caucho.

La existencia de un expediente con el asunto “Batang Kali” da fe de la realidad de lo que se llevaba años denunciando.

Un caso bien documentado a día de hoy, a base de testigos y que cuenta con documental propio. Según los autores del documental, en su día trataron de ocultar bajo la muerte de “28 ladrones” en la prensa, ejecutando posiblemente a 4 delincuentes comunes para ocultar el suceso.

Gran Bretaña destruyó toda la documentación relacionada con la presencia británica en la India durante los años 40, justo antes de que India proclamara su independencia. La prensa local publicó entonces docenas de titulares acusando a los funcionarios británicos de quemar cientos de documentos en Delhi

Los agentes involucrados en la “Operación Legado” recibieron instrucciones estrictas sobre cómo y dónde enviar los archivos.

Sin embargo, como algunos documentos no pudieron incinerarse en el crematorio de Singapur, todo el proceso se realizó en los diferentes archivos, donde, según las instrucciones; “se quemarían o arrojarían al mar a la distancia máxima posible de la costa”.

Con la India no habían tenido mucha suerte en tiempos anteriores, muchas de sus matanzas ya habían sido recogidas por la prensa internacional como la de Amritsar (1919).

Los documentos también revelan la destrucción de los archivos de inteligencia sobre Kenia que mencionaron el abuso y la tortura que sufrieron cientos de civiles durante el intento del grupo guerrillero “Mau Mau” de derrocar al gobierno colonial británico entre 1952 y 1960.

Aunque lograron deshacerse de una tonelada de pruebas en la década de 1950, la salida a la luz de aquel archivo en 2011, derivó en un derecho de demanda y juicio contra el gobierno de Gran Bretaña.

Además, derivó en una sentencia (en 2013) por cual tuvieron que indemnizar con 23 millones de dólares a más de 5.200 kenianos, como compensación por abusos y torturas que tuvieron que soportar durante la sublevación guerrillera de Mau Mau.

Durante el juicio se aportaron pruebas de que el servicio de inteligencia británico mantenía en Adén un centro secreto de tortura donde llevaban a los sujetos más incómodos de sus colonias africanas, allí muchos eran ejecutados o castrados.

También demostraron que los miembros del gobierno de Londres estaban al tanto de la tortura y ejecución de insurgentes kenianos —o sospechosos de serlo.

Lo único que se ha podido saber es que la documentación incinerada sobre esta isla fue seleccionada cuidadosamente, ya que se trata de una posesión que aún mantienen los británicos.

Se especula que se podrían haber destruido los planes de “depuración” solicitados por Estados Unidos en torno a los años 60, para alquilar la isla como base militar.

Según se dice, EE.UU. exigió que las islas estuvieran libres de su población nativa y fauna, es decir, los británicos deberían expulsar a los nativos y destruir su fauna. Cosa que se hizo, desalojando a la fuerza a 1800 nativos de sus hogares en dirección a las Mauricio y Seychelles, mientras se construían las instalaciones militares norteamericanas.

Actualmente, pese al aviso de descolonización, sigue siendo territorio británico arrendado a los EE.UU hasta 2036.

Se conserva el parte de un oficial, firmado en las navidades de 1960 en Uganda, que afirmaba que “en Tanganica el trabajo se dejó hasta casi el último minuto, con el resultado de que se hizo demasiado apresuradamente”.

Esto implica que, al menos en la zona de Uganda y Tanganica antes de 1961, ya se venía realizando la destrucción de la documentación.

En otro registro, encontrado por el investigador japonés Shoei Sato, pudo localizar un acta fechada el 21 de abril de 1960, en la que se discutía sobre la selección de documentos a destruir con el propósito de prevenir la “vergüenza” del Imperio en Uganda.

Sobre Uganda han aparecido otros legajos pertenecientes a trabajadores del gobierno colonial que decidieron guardar algún que otro documento, debido al valor histórico que pudieran tener en el futuro.

Aunque todavía no se conoce su contenido se especula que pudiera tratar sobre la utilización de nativos tanganicos en las minas de oro sudafricanas, hasta bien entrados los años 60.

La Guayana Británica (Hoy Guayana, Sudamérica) fue una colonia que, hacia mediados del siglo XIX, entró en la órbita de interés de Estados Unidos.

Se conservaron únicamente los archivos relacionados con el acceso al gobierno de Forbes Burham, según parece orquestado por la CIA en 1964, para, según conclusiones de los investigadores, guardarse ese as en la manga por si sucediese de nuevo una demanda contra Gran Bretaña como la de “Mau Mau”.

— https://elretohistorico.com/operation-legacy-como-se-destruyeron-los-documentos-que-prueban-los-crimenes-del-imperio-britanico/