Categorías
Noticias

No me gusta que a los toros vayas sin vacunarte

Nicolás Bianchi
 
 El título engaña, no va de toros -tal vez en otra ocasión-, sino de vacunas. En los años sesenta del siglo pasado, en plena guerra fría, acojonaban al personal con el empleo de la «bomba atómica» -una parodia genial fue la película de Stanley Kubrick «Teléfono rojo: volamos hacia Moscú» (Dr. Strangelove, 1964)- que podía ser usada por cualquiera de las dos superpotencias (EE. UU. y la URSS) al más mínimo roce o mosqueo geoestratégico entre ellos y/o sus aliados. No era, ciertamente, cosa de tomárselo a broma (el cinematográfico general norteamericano MacCarthur quería arreglar el «peligro rojo» a base de bombas atómicas), igual que, en la época medieval, la gente creía en el infierno y estaba, como Lutero, por ejemplo, aterrorizada. Hoy te ríes, pero entonces…

No hace mucho era el SIDA y no podías ni follar, ahora dan la vara con el cambio climático y recién las epidemias cual plaga bíblica egipcia que, por supuesto, se curan echando mano de la industria farmacéutica o «Farmafia» y de las vacunas. Resultado: todo dios asustado. No hay año que no sea declarado evento anual contra algo que se supone es una enfermedad, igual que el Año de la Madre, el Padre y Cristo que lo fundó (cosas del Cortinglé).

Todos los años, al acercarse las fiestas navideñas, indefectiblemente se «convoca» -esta es la palabra exacta- a la población ya carrocilla que padecen enfermedades crónicas a vacunarse. Y, si no lo haces, parece que vas a morirte pasado mañana (y, si te mueres, dirán que es porque no te has vacunado, o sea, por bobo y la culpa es tuya, que el Estado, la Administración ya te avisó y veló por tu salud). Y como ves que tu círculo se vacuna, pues tú también, por si acaso y no vaya a ser que… Además, no pierdo nada. Es posible, pero hay quien gana siempre.

Tenemos, pues, las vacunas con efectos taumatúrgicos y de efecto placebo: vacunarse tranquiliza. Y no lo negamos. Lo que afirmamos y declaramos es nuestro escepticismo ante la asunción acrítica de las vacunas como remedio y panacea esencial y metafísica -tarro de las esencias- de la salud pública e individual. Al igual que la propiedad privada que parece que ha existido siempre y no tiene origen ni historia ni desaparecerá jamás, lo que ni Adam Smith decía.

No es que se vacune a la gente a la fuerza, pero casi. Para obligar a vacunarse a alguien, primero habría que demostrar que la vacuna se dirige contra una enfermedad infecciosa, y no causada -como así entiende el stablishment- por una bacteria o un virus, sino que se puede propagar de unas personas a otras, por ejemplo, la sífilis, una enfermedad venérea. El cólera, verbigracia, no es una enfermedad infecciosa. Ni la polio. Esto no se combate con vacunas. Las mejoras en las condiciones socioeconómicas y ambientales de las poblaciones fue y es el elemento clave para disminuir la morbilidad y mortalidad infecciosa. Igual que la mortandad del tráfico se aminora incrementando la seguridad vial y no a base de multas. Al menos, eso.

Las vacunas ya nacieron en el siglo XIX con profesionales en contra de esta práctica médica, que no eran precisamente hechiceros (que tampoco eran, por otra parte, o no siempre, los farsantes carapintadas de las pelis de Jolivú). Ocurre que hacen poco ruido. La conclusión principal es que nos prefieren «clientes» permanentes que no «pacientes» eventuales. Y ello porque las vacunas, las pastillas, la yatrogenización, son la columna vertebral del sistema médico y farmacéutico donde las compañías farmacéuticas ganan lo que no está escrito en vacunas.

Categorías
Noticias

Sin novedad en Odessa

 Félix González

Los 46 abrasados en el edificio de Odessa a manos de los fascistas no supone ningún salto cualitativo, ni abre nuevas perspectivas en los acontecimientos, salvo para esa izquierda imbécil y cobarde que aún sueña con revoluciones de colores, a rayas o con indumentaria árabe, según la moda y la época del año. Nada hay nuevo en la matanza sobre todo de mujeres y adolescentes, siempre los mas vulnerables en esas situaciones, mediante el fuego. Ucrania conoció bien estas actuaciones durante la última Guerra Mundial, durante la cual poblaciones y villorrios enteros, visitados por los nacionalistas ucranianos, enrolados o no en las fuerzas invasoras nazis, fueron pasados a cuchillo y luego incendiados. Su culpa era ser polacos, o judíos, o rusos. Daba igual. Ancianos, mujeres y niños eran colgados con alambre de espino de los árboles.

Hoy gobiernan en Ucrania sus sucesores, mediante el golpe financiado por los EEUU y la participación de otros países europeos (como Polonia) que ha entrenado a los grupos armados.

¿Ignora la progresista, ignorante y miserable izquierda española quien fue Stepan Bandera? ¿O es que eso no lo quieren saber? Izquierda engangrenada que, puesta a olvidar, olvida hasta como sus abuelos pedían desesperadamente al mundo ayuda, socorro contra el genocida Ejército español rebelde, recibiendo como respuesta el desprecio y la indiferencia de los denominados países democráticos, que ya colaboraban discreta y eficazmente para la victoria de las fuerzas llamadas nacionales. A esa angustiosa llamada de socorro solamente respondieron algunos miles de hombres y también mujeres, que sintieron el deber de la solidaridad con sus hermanos, y acudieron a nuestro país. Esos miles de hombres y mujeres, y otros que no pudieron acudir a combatir, pero que ayudaron y colaboraron con una pasión que sólo la hermandad de clase puede producir, son los únicos que merecen nuestro recuerdo, junto con los gobiernos de México y la Unión Soviética.

Nada nuevo en Odessa, por tanto. Es lo de siempre. Es el poder del capital, el fascismo en acción, alimentado por esa potencia terrorista denominada EE.UU. y por los intereses ambiguos de la Unión Europea, ambos creadores del monstruo nazi. Ellos han incubado el huevo de la serpiente. Odessa es lo que la putrefacta progresía española quiere ignorar, porque es el espejo ante el que ven su cualidad miserable, su vileza. Hasta puede ser que adivinen el destino que les espera, cuando, andando el tiempo y los acontecimientos, el proletariado español se apropie del poder, y vuelva después de tantos años a tomar el destino del pueblo en sus manos. No es extraño que tengan miedo a la auténtica revolución social. Por eso, hacen como si el asesinato premeditado de 46 antifascistas no fuera con ellos, y prefieren ignorarlo, porque ser conscientes les obligaría a reflexionar y actuar…contra sus propios intereses.

Pero la matanza de Odessa si que ha tenido repercusiones en España, y muchas. ¿Acaso se han producido protestas, denuncias, pésames, solidaridades? ¿Se han expresado deseos de justicia o de venganza? Por desgracia, muy escasamente. La auténtica repercusión está en el tratamiento, en la forma con que los diversos medios han alimentado el conocimiento colectivo de un grave crimen. Esa es la novedad.

Porque ni siquiera durante los gobiernos franquistas se dio tal uniformidad y censura en la transmisión de información. Siempre quedaba esa forma de decir las cosas, esa sugerencia, esa metáfora que para el lector avezado indicaba que la realidad era mas grave o radicalmente diferente de lo narrado en el papel. La similitud en la descripción del asesinato de 46 personas en los principales medios de comunicación sin excepciones es un triunfo de coordinación, que demuestra la cohesión que la clase dirigente española ha impuesto en esos citados medios, y el alto nivel de organización de nuestros enemigos en la guerra social que se lleva a cabo en el Estado español. La descripción de la incineración de 46 personas cerradas en un edificio (rematando a palos a los que salían) como el “resultado de choques” y de “enfrentamientos” con los “rebeldes prorrusos” abre nuevas vías al surrealismo informativo, e incluso a la reescritura de acontecimientos históricos. Sin ir mas lejos, un par de ejemplos. Como ustedes saben, el resultado de los choques entre las fuerzas gubernamentales alemanas y los rebeldes judíos (y comunistas, y socialistas, y disidentes en general) se saldaron con 8 millones de muertos. Y también, acercando el foco informativo a España, ustedes también sabrán que el resultado de los choques entre las cabezas de los guardias civiles y las balas procedentes de algunos nacionalistas vascos produjeron en años pasados una abundante cifra de bajas. En esos choques, por lo general, suelen llevar la peor parte las cabezas de los guardias civiles. Y así. Dejo a la imaginación de los lectores la reescritura de otros conocidos acontecimientos y sucesos: la llegada de Colón al Nuevo Continente, la violación, los malos tratos, la invención de la aviación, los accidentes mortales de tráfico…

La prensa y las televisiones españolas han hecho y están haciendo con motivo de los sucesos en Ucrania un ejercicio gigantesco de falsificación informativa e histórica. Cierto es que a ello están acostumbrados, porque es su labor cotidiana y su deber mercenario. Pero, al contrario que el suceso en sí (que, repetimos, es el nazismo en acción), la información sobre la masacre odesita si que supone un salto cualitativo en los medios informativos de la burguesía española. Han declarado abiertamente su apoyo al gobierno golpista de Kiev, pero también, despojándose de inútiles melindres, su satisfacción con los métodos terroristas. Y no les guardamos rencor por ello, sino que expresamos nuestra satisfacción, (aún venciendo nuestra vergüenza, asco y odio, como dice un compañero), porque han tomado partido por la barbarie y el terror. Y siempre es de agradecer que las cosas estén claras. Y vuelvo a poner un ejemplo, sin ánimo de señalar. Cuando el día de mañana, un tal Mañueco, corresponsal de ABC en Kiev, niegue su colaboracionismo con la canalla nazi, alegando su profundo amor a la libertad y su democratitis de toda la vida, el fiscal (popular, por supuesto) verá facilitada su labor mostrando al jurado (si, también popular) los accesos de alegría desatada con la que el citado corresponsal informaba de los avances de los mercenarios de la Plaza Maidan y el triunfo del gobierno golpista ultranacionalista implantado por la CIA. El fiscal mostrará la cobertura y la manipulación de la información, la propaganda que tanto ABC, como EL PAIS, como LA VANGUARDIA; como EL MUNDO, tutti uniti, expandían, a la manera que Goebbels aprendió de los publicistas norteamericanos y que Hitler aplicó con tanto éxito que la propia prensa norteamericana los puso en funcionamiento tras la II Guerra Mundial. Esos futuros fiscales populares no tendrán dificultades en demostrar como los periodistas del régimen español se alinearon de forma militante en las escuadras del nazismo resucitado que aparece en Europa. Como los curas genocidas en la Croacia de los años 40, lo han dejado por escrito. Ellos sabrán lo que hacen.

Y trabajar es nuestra labor. Poco podemos hacer por los muertos de Odessa. Las derrotas de las clases populares se cuentan por miles, y los muertos por millones. Nada podemos hacer, ni siquiera lamentarnos. Nuestros hermanos encerrados en el edificio incendiado de los Sindicatos de Odessa han pasado a formar parte de las masas anónimas que tuvieron la grandeza de luchar por lo que creian. Poco mas podemos hacer que inclinarnos levemente en señal de respeto y recuerdo; y, después, reflexionar, pensar, planificar, conspirar, organizar, actuar, prever, planear el aplastamiento de nuestros enemigos de clase y el triunfo definitivo sobre el terror del capital. Aplastar, otra vez y para siempre, el huevo de la serpiente.

Categorías
Noticias

La unilateralidad o cómo vestir al muñeco

Nicolás Bianchi
El Tribunal Constitucional español ha denegado la libertad del dirigente abertzale Arnaldo Otegi aún habiendo superado las tres cuartas partes de la condena. A Otegi y cuatro más -no sólo él- presos por el «caso Bateragune» donde Otegi declaró, no precisamente un «Gora ETA» como en «El Proceso de Burgos» de 1970, sino que «ETA sobra y estorba» y, sí, probablemente, son otros tiempos, que se dice, otros ciclos. Es decir, se deniega la libertad de quien lideró el «giro estratégico» de la izquierda abertzale que posibilitó la pista de aterrizaje -desde Anoeta en 2004- a la organización armada ETA.

¿Cómo se entiende esto? Podríamos decir que el Gobierno español actúa con la lógica del escorpión, es decir, es consustancial a su naturaleza fascista perseguir y encarcelar -y, si hace falta, asesinar- cualquier disidencia, por decirlo finamente, que cuestione su sistema, por decirlo también finamente y no hablar del capitalismo que muere matando.

¿Lo estaba haciendo Batasuna o Sortu o Bildu? Por cierto que no, justamente lo contrario: lo estaba apuntalando, en plena crisis del régimen, logrando convencer a ETA, o a parte de ella, de que su tiempo ya había pasado porque llegó la hora de «hacer política», o sea, de tocar moqueta y demostrar que también los abertzales saben «gestionar» la administración desde las instituciones. Se ponen manos a la obra, y el Gobierno -esta vez del PSOE, tanto monta- encarcela a toda la dirección reunida en Segura (Gipuzkoa) donde estaban discutiendo el modo de que lo que es una rendición -y hasta una traición desde dentro- parezca otra cosa. O cómo vestir al muñeco.

¿Cuál es la respuesta a la cerrazón obtusa del Gobierno español que no sabe apreciar ese sensible detalle que es el «giro estratégico» de la izquierda abertzale? ¿Acaso decir a sus bases que lo hemos intentado pero con estos fascistas no se puede a no ser que te rindas y te humilles? ¿Diremos esto a nuestra parroquia? No, claro que no, pero ¿Por qué lo poensamos así? No, tampoco. Volver a vestir al muñeco. Y vivir, algunos, de esto. ¿Y qué diremos a nuestra gente, qué moto vender? Una entelequia: la UNILATERALIDAD. Por supuesto, incondicional y sin contraprestaciones. Otros, gente vulgar, le llaman «bajada de pantalones». Jamás se vio cosa parecida en el Derecho Internacional, claro que los de Bilbao somos la ostia.

Decía Oliver Tambo, dirigente del Congreso Nacional Africano (el partido de N. Mandela), en 1968 que no conocemos precedente alguno de cese unilateral (subrayado nuestro) de hostilidades ANTES DE QUE LAS NEGOCIACIONES HAYAN EMPEZADO (mayúsculas también nuestras).

Sucede que, incluso, filosófica y/o dialécticamente, la unilateralidad es una impostura que roza el infantilismo:mamá, Pepito no quiere jugar conmigo a las canicas. O una relación de lo que ya es una sesión de sadomaso: como no te mueves, latígame más, que me encanta.

La unilateralidad no existe. Ni siquiera el suicidio, acto individual donde los haya, es unilateral en cierto modo, siempre hay algo, algún motivo, que te empuja a hacer lo que haces. Hasta Dios se creyó en la necesidad de crear un mundo en una semana -otro Dios, más poderoso, lo hubiera hecho en un fin de semana- para que su vanidad fuera satisfecha con el reconocimiento de lo por Él (respetaremos la mayúscula porque lo contrario es falta de ortografía) creado, o sea, los mortales. Todo es bilateral o multilateral, pura dialéctica de unidad y lucha de los contrarios.


Quien sabe bien de esto es el Gobierno español, el que sea, que ante la «unilateralidad» de uno, él demuestra que hay «otro». Y así como el gesto unilateral del (antiguamente llamado, incluso por el expresidente Aznar) MLNV sí cuenta y vale para el facherío español, aunque siempre insaciable, y siempre que no se pidan contrapartidas y no digamos ya «negociaciones», ocurre que la decisión soberanista unilateral del Parlament catalán ¡ni cuenta ni vale ni cristo que lo fundó! Lo que viene bien en un caso no viene bien en otro: no se hizo la ley para el hombre, sino el hombre para la ley. Y la ley dice que la soberanía reside en el pueblo español (como si les importara algo a estos cínicos), según la Constitución. ¡¡Y a tomar por culo!!

Acabaremos con una perla que es un primor de lo que da de sí la costura de la burguesía enredada en su propia madeja mientras funge de «coherencia democrática». Un editorial del diario El País (13-1-2013) titulado «No al unilateralismo» (referido al catalán; el vasco pues sí, va a ser que sí) decía que «parece increíble que en Europa, y en pleno siglo XXI, haya partidos políticos responsables que se propongan iniciativas unilaterales». Y finaliza el editorial, en un alarde de lógica formal kantiana, diciendo que «las sociedades civilizadas (subrayado nuestro) se distinguen de las que no lo son por privilegiar la negociación, frente a los actos de fuerza«.

En otras palabras: la izquierda abertzale es «civilizada» porque, lejos de negociar nada, ni intentarlo siquiera, se entregan «unilateralmente», mientras que la burguesía catalana, con su «unilateralidad», demuestra hacer un «acto de fuerza». Fantástico, asombroso, prodigioso. Este es el nivel de esta gente.

Categorías
Noticias

¡Camarero: hay un futbolista comunista en la sopa!

Nicolás Bianchi

No es costumbre que los futbolistas, los deportistas en general, se pronuncien políticamente o muestren sus preferencias. Más bien todo lo contrario. Lo suyo es ser ídolos y héroes de la patria simbolizada en los encuentros que juega la selección nacional o combinado estatal. No hay más que ver a la denominada por el difunto y díscolo e irascible de temperamento San Luis Aragonés -ahora que está de moda canonizar a todo lo que se menea y muere- «La Roja» (mote usurpado a su propietario original que es Chile donde su selección es «La Roja» de siempre) cuando suena el himno nacional español (sin letra, lo que acompleja más). Al son del chunda-chunda, Raúl (antes) y el políglota Sergio Ramos, experto en destrozar Copas, amén de fiascos en Leman & Brother’s, elevan la vista al cielo poniendo los ojos en blanco y casi levitando mientras los jugadores del F. C. Barcelona como Puyol, Piqué o Xavi (este menos) no saben qué careto poner para que no se les note mucho que están allí porque no queda otra y que no sienten en absoluto los colores de España. O porque no tienen redaños para renunciar a ella, como hizo el futbolista catalán Oleguer Presas.

Si lo «políticamente correcto» es no decantarse, y no es paradoja, políticamente, oír a un futbolista declararse comunista es ya poco menos que hablar de un extraterrestre o rara avis en el circo futbolero. Pero haberlos, haylos. Es el caso -fue ya que se retiró en 2012 en el Nápoles- de Cristiano Lucarelli, futbolista italiano de élite muchas temporadas y gran «cañonero», como llaman en el Calcio a los goleadores.

Puede decirse que Lucarelli ya vino al mundo marcado. Nació en Livorno en 1975, ciudad industrial portuaria y cuna del Partido Comunista Italiano en 1921 (como escisión del PSI en un proceso muy parecido al PC español). Su padre, estibador, era militante comunista.

El Livorno -el año que viene se cumplirán cien años de su fundación como club- es una de las instituciones deportivas más politizadas del campeonato italiano (como la Lazio donde su jugador Paolo Di Canio, fascista confeso -por lo menos lo dice-, celebra sus goles saludando, nunca mejor dicho, a la romana, o sea, brazo en alto). Es un equipo -el Livorno, ciudad que da al Mediterráneo, no al Adriático, cerca de Pisa- que ha estado tantas veces en la Primera División (allí Serie A) como en la Segunda y hasta en la Tercera (2ª B nuestra). Si tuviéramos que buscar un equivalente suyo en la Liga española, tal vez podría ser el Celta de Vigo, con su puerto y sus luchas obreras incluidas, suben, bajan, descienden, ascienden… Más remoto quedaría el libertario St. Pauli de Hamburgo (bajó el año pasado). También, pero sin puerto pero con Valle del Kas, el Rayo Vallecano con un gran Paco Jémez y su barra brava antifascista «Los Bukaneros». El apodo del Livorno (que este año bajará, lamentablemente, como el Betis) es «Amaranta», o sea, los rojos rojísimos, como esa flor.

Lucarelli, ya consagrado (y que estuvo una temporada -la 1998-99- en el Valencia de Claudio Ranieri), se fue de motu propio a jugar al equipo de su pueblo, el Livorno, estando este ¡en la Serie B (la 2ª División nuestra)! Al año siguiente, 2004, subieron. Máximo goleador, Lucarelli festejaba sus «chicharros» con el puño izquierdo en alto. O exhibiendo camisetas del Che debajo de la oficial como cuando fue internacional Sub-21. Sabía que le traería problemas, pero le dabe igual. De hecho, denunció que equipos que descendieron en su día como el Módena, Empoli, Perugia o Ancona, también identificados con la izquierda, no bajaron por casualidad.

El Livorno no podía pagarle más que un modesto salario que Lucarelli aceptó rechazando ofertas millonarias -como la del Torino, por ejemplo, para que siguiera y donde jugó dos temporadas antes de irse al Livorno por voluntad propia- como quedó reflejado en el libro (que publicó su representante Carlo Pallavicino) «Quédense con sus millones». Y no sólo eso. En junio de 2007 Lucarelli terminó su ciclo en el equipo de sus amores y fichó por el Shajtar Donetsk ucraniano (estuvo un año) no sin antes hacer una promesa: invertir la mitad de su sueldo anual de cuatro millones de euros -¡¡hay que ser idiota para decirse comunista con este sueldazo, pues ya ven!!- en un diario local de su ciudad para la creación de nuevos empleos. Lo cumplió, sobra decirlo.

Lucarelli, ejemplo de lo que bajo el capitalismo se conoce como «triunfador», «ganador», jugando a dar patadas a un balón, ejemplo, digo, que no se desclasa y no olvida su gente ni sus orígenes proletarios. O sea, exactamente igual que los de aquí que pagan religiosamente a Hacienda y no defraudan al Fisco. Ni se chutan.

Categorías
Noticias

San Canuto y tiro porque me toca

Nicolás Bianchi
Luego hablan del marxismo como si de una «religión» se tratara, pero, desde luego, los marxistas no ponemos cirios a «San Marx» ni practicamos el «culto a la personalidad» a quienes lo dan todo por el pueblo, pero les rendimos honor eterno.
Bergoglio, el papa Francisco, acaba de santificar a dos papas no del siglo XIV o XV, que sería lo «normal», sino de ayer como quien dice. No esperan el paso de los siglos, cuando se sentían más seguros y poderosos, y se emplean a fondo -en tiempos de crisis- en hacer de un tonto dos tontos, que decía Alberti, y de la grey un rebaño de borregos. Si a esto se le añade una cobertura televisiva -y televisada- servil y genuflexa, miel sobre hojuelas.

A Bergoglio, papa gestero, con mohínes, que «rompe el protocolo» como quien rompe el velo del templo, y lo mismo acaricia -para pasmo atónito del cencerrismo que bala- a un niño -siempre utilizando a los niños indecentemente estos parásitos cuando se mueren a miles en África y callan como putas de Babilonia- que lava los pies a los menesterosos, un revolucionario, pues, oiga. Además, y esto es importante, se le está quedando cara de papa y andares de papa: inclinación ficticia y porque lo exige el guión de la testa unos pocos grados a proa y latitud sur (hacia adelante y hacia abajo mirándose los mocasines y/o sandalias del pescador) sacando leve chepa, que da veteranía y oficio, y andares lentos y pesados, como quien carga con una cruz camino del Gólgota. Un artista. Y la voz, no nos olvidemos de la voz que ha de ser cansina pero no asmática, queda -si se habla en italiano- y, aunque no es condición sine qua non, atiplada como pífano (como acaban hablando todos los curas desde el púlpito -si todavía existe, que no lo sé- tipo Blázquez, «un tal Blázquez», que decía el ayatolá Arzallus). Tengo para mí que hacen cursillos acelerados en algún sótano del Vaticano, que diría André Gide, para aprender los registros y el «know how» de un papa que se precie a la Stanislavski manera en el Actor`s Studio vaticano. Son artistas, repito. Y para más show, canonizan a dos colegas mientras viven dos papas. Y no hay un tercero porque no estamos en los tiempos de Aviñón y los cismas y cómo se liaban a ostias -nunca mejor dicho- entre ellos.

Es cierto que las causas de canonización estaban en marcha cuando Francisco -el Papa Paco- fue elegido (ya estuvo a punto de serlo cuando salió más votado Ratzinger en 2005). El proceso de canonización de Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II, fue iniciado el 3 de mayo de 2005, apenas un mes después de su muerte, cuando las normas vaticanas indican que ello no debería hacerse sino tras haber transcurrido al menos cinco años del fallecimiento. Nada, ni caso, porque nomenos cierto es que, según el derecho eclesiástico, toda norma cesa ante la autoridad del Papa. Hitler siempre envidió la jerarquía católica. Y Goebbels cuando recordaba, embelesado, cómo una institución como la Iglesia Católica se puede mantener durante dos mil años en base a una trola.

Bergoglio, cuyo posicionamiento durante la dictadura en Argentina cuando era arzobispo y general (sic) de los jesuitas allí, no está nada clara (y si lo está, se tapa), es hombre ladino: nombra dos santos que son, dentro del gremio, contradictorios. Por una parte, Juan XXIII (Angelo Roncalli), el «Papa bueno» de pontificado breve (1958-1963) y promotor, en plena guerra fría, del Concilio Vaticano II y la política que se llamó «aggiornamiento» o modernización de las estructuras eclesiásticas en una especie de equidistancia entre las dos superpotencias que venía a se lo de siempre: una vela a dios y otra al diablo. La cosa estar en el machito.

Y, de otra parte, Juan Pablo II, polaco rabiosamente anticomunista, sin inyección contra esa rabia, actor de teatro de joven -dato sintomático-, papa viajero que acabó sus días protegiendo al sacerdote mejicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, pedófilo y contribuyente generoso a las arcas vaticanas. Si Roncalli fue el artífice, digamos, de la renovación conciliar, Wojtyla fue todo lo contrario y llamarle «conservador» es piropearle.

El destino de Maciel lo selló, curiosamente, Benedicto XVI. En 2004, un año antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano con esa cara beatífica que ponen los «profesionales» de la cosa cuando saben que son protagonistas que les sacan por la tele. Ese mismo año, Ratzinger reabrió las investigaciones contra los Legionarios. En 2004, Josef Ratzinger, sin ser papa todavía, obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI, lo suspendió ‘a divinis’ (pena canónica por la cual un sacerdote queda suspendido en el ejercicio de los oficios divinos, por ejemplo, decir misa). Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades diferentes y manejaba fondos millonarios. ¿Y cómo es que un ultraconservador como Ratzinger, excapo del Santo Oficio, le tiene paquete a un correligionario como Maciel (que anduvo en la Universidad de Comillas en los principios del franquismo)? Sucede que el «dossier» Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II (Wojtyla; uno acaba medio loco entre tanto nombre real y sus apodos) y mantenido invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, exsecretario de Estado (Vaticano), porque el Vaticano es un Estado signado, por cierto, por Mussolini en 1929 en el Tratado de Letrán (en una antiquísima iglesia lateranense romana donde hay más iglesias que conventos en Orihuela o palmeras en Elche). Sodano y Ratzinger se llevaban a matar (a veces en sentido literal) y este, ya papa, le dio una patada en el tafanario de Maciel: intrigas vaticanescas de las que esto que se cuenta no es más que una anécdota o punta del iceberg.

Acabaremos lo que ya va siendo largo diciendo que en 2011, cincuenta destacados teólogos de Alemania -se supone que católicos- firmaron una carta contra la beatificación de Juan Pablo II por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado en marzo de 1980 por un comando paramilitar de extrema derecha mientras decía misa. Juan Pablo II fue electo -en cónclave, no por sus fieles, en lo que es una oligarquía perfecta- en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El papa lo ignoró. Y, más tarde, apostrofó a la Teología de la Liberación latinoamericana. Y es que ya lo decía el arzobispo brasileño Hélder Cámara: «cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista».

Por cierto, para milagros, los que hacen los parados para comer diariamente. Y es que no entienden nada de lo que es la economía.

Categorías
Noticias

El Universo no tiene origen

Nicolás Bianchi
Ni puede tenerlo. Es nuestra percepción de las cosas la que requiere situar un origen y un final para todo, ya que nosotros mismos estamos inscritos en ese esquema y nuestra existencia se desarrolla en el tiempo. Se da por hecho que hubo un Big Bang en el origen del Universo como si de modas se tratara cuando hablamos de ciencia. Esta es la penúltima;mañana el Big Crounch. Se parte de algo que se da por indiscutible y luego, sí, especulemos en simposios y certámenes «científicos». Puede resultar hasta divertido y servir de entretenimiento. Pues nada, oiga, y ese canapé ¿de qué dice que es?

La idea de que -el Universo- tiene un origen es antigua y puesto que todo lo que conocemos lo tiene se especulaba con la posibilidad de un acto divino, o una fuente primordial. Incluso ahora las galaxias en expansión nos llevan a pensar en el momento en que estuvieron más juntas y esto, a su vez, en el momento en que surgió todo. Todo parece apuntar a un inicio, un origen, la expansión del Universo (siempre ponemos «Universo» con mayúsculas, panteísticamente hablando, spinozianamente parlando, al igual que la religión cristiana pone «Dios» con mayúscula y así hay que escribirlo pues, ponerlo en minúscula, es falta de ortografía, según la RAE) tuvo que comenzar en algún instante, pero la clave de esto no está, que también, en el principio de la materia o la energía, que no son cosas distintas, como se quiere hacer ver, a veces, sino en el tiempo.

Podemos, de forma imaginaria, retrotraernos al primer instante y comprobaremos que no existe instante anterior, que no hay causa para ese efecto de aparición temporal, dicho de otra forma: no hay tiempo antes del tiempo. Yo puedo señalar mi fecha de nacimiento, el jurásico o el big bang, pero no puedo ubicar algo fuera del tiempo. Ni siquiera antes de inventarse los relojes mecánicos que tanto asombraran -e inquietaran- a Góngora (prefería algo más poético como una clépsidra). Por lo tanto, entonces, hablaremos del origen de la materia o de determinadas realidades pero no del Universo en su conjunto como tal.  Podemos plantearnos que materia y tiempo y todo cuanto conocemos «aparece» en el mismo momento, algo que, en ese caso, lo hace en una situación de «no-tiempo» y, por tanto, no hay origen puesto que no hay punto temporal en el que situarlo. Lo atemporal simplemente no existe -salvo en el «realismo mágico» novelístico- para nosotros. No existe un origen para todo lo que conocemos ya que el tiempo es sólo una parte de la totalidad de la realidad, eso sí: una parte que nos determina absolutamente. Y relativamente, según Einstein.

El Universo no tiene origen, no puede tenerlo, decíamos. El Sol, las estrellas, sí;el Cosmos, no.  Asimismo, se puede afirmar que no tiene final, no puede tenerlo. Esto puede llevarnos a pensar en algo que sea eterno, pero lo eterno supone la existencia constante e infinita de algo, lo eterno -no confundir con lo «eviterno»: algo que tuvo un origen, no importa cuándo, pero que no tendrá jamás un final- es un atributo aplicable a algo que ya está inscrito en el tiempo, no al propio tiempo en sí. Es decir, la cualidad de eterno requiere una situación de «sí-tiempo».  Y no un espacio-tiempo a priori kantiano.

Podemos estudiar nuestro mundo, investigar hasta el origen de la  materia, hasta el momento mismo del Big Bang o el «bosón de Higgs» y tratar de reproducirlo en un laboratorio, algo imposible, imaginable pero imposible, haremos modelos y descubrimientos, pero lo que no podremos hacer es llegar, ni aún dándose de cabezadas en la pared, al momento «antes» del Big Bang, teoría Estándar, y la aparición del tiempo. Y no podremos porque no existe ese «antes».

Preguntar qué había antes del Big Bang (la Gran Explosión, vamos a traducirlo ya) es equivalente a preguntar qué hay más allá del borde del Universo.  No hay tal «borde». Si, llegado a ese «borde» o límite, y sacas la mano a ver qué pasa, no pasará nada ni será sajada como si estuvieras en la «Boca de la Verdad» en Roma. No existe un «espacio» que contenga el espacio en expansión.  Entonces, ¿qué? La materia y nosotros para pensarla de manera idealista o materialista.

Un proverbio judío decía así: Dios dijo a Abraham: «si no fuera por mí, tú no estarías aquí». «Lo sé, Señor -contestó Abraham-, pero si yo no estuviera aquí, no habría nadie para pensarte».

El autor de estas líneas es consciente de lo discutible que pueda ser lo aquí dicho y, por lo tanto, admite y asume lo que se le pueda criticar siempre y cuando sea dentro del materialismo dialéctico e histórico, esto es, de la ciencia.

Categorías
Noticias

Ni chicha ni limoná

Nicolás Bianchi
El llamado -mal llamado- «problema vasco» se está cociendo en su propia salsa. Y sin visos de una solución mínimamente «democrática» en un Estado fascista que entiende el «conflicto vasco» en clave de vencedores y vencidos como proclaman descarnada y desembozadamente sus voceros más fascistas como son las interesadas «víctimas del terrorismo».

Mientras que la Izquierda Abertzale pierde el culo por pasar página y olvidarse de cualquier cosa que huela a «terrorismo» y entrar -por la vía falsa de aceptar la fascista Ley de Partidos- a eso que llaman, o le dicen, «hacer política» -como quien amasa y moldea una pasta para hacer una pizza-, el Gobierno le recuerda constantemente y a machamartillo que no hay ninguna página que pasar hasta que no se arrepientan, reconozcan el daño causado y, hecho esto, cooperen con la «justicia» en casos irresueltos. En otras palabras: que se rindan, aunque ya se verá en qué forma se teatraliza la escena.

Un amago o conato de rendición ya hizo la organización armada ETA a través de un video donde se veía la entrega de un pequeño parque en presencia de miembros de lo que se ha dado en llamar (no tenemos más remedio que usar este criptolenguaje: «se ha dado en llamar», «le dicen», «da en llamarse»…) Comisión de Verificadores. Algo que al Gobierno, era previsible, le pareció insuficiente y la caverna mediática, o sea, casi toda, le pareció poco menos que una burla para lo que se esperaba, esto es, la escenificación de Vercingetóriz entregando armas y bagajes, escudos y diademas, a los pies de Julio César Imperator. No va a ocurrir esto, creemos, al menos mientras no se solucione o «negocie» el tema de los presos políticos vascos (también los hay que no son vascos), pero no por falta de ganas, aunque sea inconscientemente, concedemos, de la actual cúpula de la Izquierda Abertzale. Es tal su deriva reformista y liquidacionista que sería feliz y respiraría aliviada si tal cosa ocurriera (ETA estorba, decía Otegi en el juicio de «Bateragune», y antes que él, un líder del sindicato ELA). Y ello porque se quitarían de encima un pesado «problema» -porque los presos ya no son una «causa» sino un «problema» para esta gente, una «consecuencia» del «conflicto»– que entienden como un lastre.  Pero ocurre que el Gobierno no «colabora», son torpes e ineptos y no «entienden» la buena predisposición de la Izquierda Abertzale a abandonar sus viejos tics y olvidarse del pasado. Y, como decimos, «pasar página». Pero el Gobierno no le deja. Quizá porque eche de menos los tiempos de ETA, tiempos de tensión, pero más cómodos para ocultar otros problemas. Y, sí, ETA era un problema para el Gobierno -no importa el pelaje-, pero ahora es un problema para la Izquierda Abertzale. Para resolverlo nada mejor que promocionar, a la chita callando, la «vía Nanclares», las salidas personales, etc. Y nada de «ongi etorris» (bienvenidas a los presos en sus pueblos ).

Realmente, es increíble cómo en tan poco tiempo se ha hecho dejación de principios y de la lucha por ellos. Pero esto no se va a admitir por mucho que la verdad sea revolucionaria, tal vez porque no estamos en manos de quien nunca fue revolucionario. Cuando se murió Franco, se decía ¿y después de Franco, qué? Y se respondía: «después de Franco las instituciones», o sea, «hacer política».

¿Sugerimos una vuelta al monte? No. ¿Destilan estas líneas pesimismo? Tampoco. Pero no participaremos en esta broma, en esta enésima estafa al pueblo vasco, tenga ocho apellidos o cuatro.

Categorías
Ecología

Los stalinistas que sacaban petróleo de las piedras

Casi cada párrafo de la última bufonada de Luis Felip López-Espinosa, publicado recientemente por Rebelión (1), me ha divertido, sobre todo cuando enuncia su pretensión de no redactar “el típico manual de marxismo”. Que no se preocupe: su manual no tiene nada que ver con el marxismo. Es una colección de tópicos revisionistas entre los que no podía faltar una alusión al “periodo stalinista” y al caso Lysenko “que entorpecieron el trabajo científico de numerosos intelectuales comunistas” (pg.55). Si en la URSS los intelectuales “comunistas” hubieran sido de la catadura de López-Espinosa no hubieran necesitado ni a Stalin ni a Lysenko: son tan torpes que se entorpecen ellos mismos.

No quiero ni imaginar lo que López-Espinosa entiende por “trabajo científico”, pero es posible que sea ese alpiste indigesto que nos sirven procedente de las universidades anglosajonas, lo mismo que si fuera comida rápida aderezada con tragos Pepsi-Cola light. Según él la ciencia se mantiene “como referente de toda la comunidad científica durante un periodo largo de tiempo” (pg.14). Por eso me siento aliviado cuando López-Espinosa asegura que “el marxismo no es una ciencia, afortunadamente”. Es más, si a eso le llaman ciencia, el marxismo no sólo no es una ciencia sino que está en contra de esa “ciencia” y de “toda la comunidad científica” que López-Espinosa utiliza como “referente”.

También es normal que afirmen que en la URSS no hubo tal chapuza de “ciencia” y que se lancen a largar, como López-Espinosa, lo primero que les viene a la cabeza sobre Lysenko, sin tener ni la más remota idea del asunto. Ni falta que les hace; parece ser que ellos llaman “ciencia” a ese estilo insustancial de escribir. Por eso no puede extrañar que en los países capitalistas la “ciencia” siga degenerando a pasos agigantados y a un desvarío le siga otro, como si se tratara de un concurso de alucinados.

Como cualquier otro movimiento, la ciencia avanza en forma de contradicciones, de polémicas y de debates. Por eso algunas de las obras científicas de Galileo llevan el título de “diálogo” precisamente. Se trata de discusiones que teatralizan un debate, preguntas que exigen respuestas y respuestas que suscitan nuevas preguntas. A lo largo de la historia del pensamiento humano nunca ha existido nada parecido a esa “comunidad científica” que López-Espinosa convierte en “referente” de no se sabe qué. Quizá de que a Giordano Bruno le quemaran en la hoguera, una buena muestra de que junto a esa “comunidad científica” que ejerce de tribunal de la inquisición, están los herejes y las brujas.

Donde no hay una pugna abierta de tesis contrapuestas no hay ciencia. A lo largo del siglo XX donde más progresó (y más rápidamente) la ciencia fue en la URSS, gracias -entre otras cosas- a los debates que se entablaron entre los científicos, algo a lo que no estamos acostumbrados en los países capitalistas, donde la ciencia es un trágala perro cuyo altavoz son esas revistas especializadas tan “prestigiosas” que se editan en Estados Unidos y Gran Bretaña y que sólo en raras ocasiones publicaron los artículos de los científicos soviéticos. En realidad, antes y ahora, no publican más que lo suyo.

Los debates científicos que se entablaron en la URSS fueron censurados porque el mensaje que tienen que inculcar acerca de aquella época es que nadie se atrevía a debatir porque era una dictadura en la que Stalin lo daba ya todo prefabricado. Pero hay algo aún peor que el silencio, la manipulación, y donde los imperialistas no pueden imponer el silencio, sus secuaces revisionistas imponen la manipulación. El ejemplo más evidente es lo que López-Espinosa califica como “caso Lysenko”, que él a su vez tergiversa sin pudor para ocultar lo más básico del “caso”: que el imperialismo orquestó toda una campaña mundial de descrédito en torno a un debate en el que participaron más de 700 científicos (2).

Lo mismo sucedió con la geología. Tres años después del congreso sobre biología se convocó otro sobre geología del petróleo en el que a Nikolai A. Kudriavtsev le tocó el papel de Lysenko para enunciar otra tesis a contrapelo del alpiste anglosajón: el origen abiótico y profundo del petróleo, que choca con las tesis dominantes acerca de su origen fósil. Buscar un artículo de Kudriavtsev que haya sido traducido y publicado por alguna de esas revistas “científicas” es como buscar una aguja en un pajar. No merece la pena esforzarse.

Las tesis de Kudriavtsev no eran tan novedosas. Ya fueron anticipadas a mediados del siglo XIX por el francés Berthelot y el ruso Mendeleiev. Resurgen en la URSS tras la II Guerra Mundial, como cualquier otro avance del pensamiento humano, por una necesidad acuciante: porque el petróleo es una materia prima que, como ya explicó Lenin, tiene un carácter estratégico. Los yacimientos de Bakú presentaban síntomas de agotamiento y los imperialistas pretendieron seguir asfixiando a la URSS, impidiéndole el acceso al petróleo de Oriente Medio.

Como era característico, la URSS movilizó a miles de científicos, no sólo para buscar nuevos pozos sino para replantear todas y cada una de las tesis admitidas en la ciencia acerca de la geología del petróleo. Todo se puso patas arriba: universidades, laboratorios, centros de investigación, expediciones científicas… Fue el proyecto científico más ambicioso de la URSS desde los tiempos del Goelro, el plan leninista de electrificación aprobado en 1920. En poco tiempo se publicaron unos 4.000 artículos, además de libros científicos sobre el petróleo, una campaña de expansión científica que no conoce ninguna clase de precedentes, la mayor y más rapida concentración bibliográfica sobre ciencia… a la que las caciquiles universidades occidentales siguen abolutamente ajenas. Naturalmente. Les basta el trágala perro.

Como en el caso Lysenko, si se examina -aunque sea superficialmente- toda esa gigantesca producción científica, por encima de la cantidad lo que destaca es la diversidad de tesis enfrentadas, las críticas y autocríticas y, en definitiva, la libertad de creación científica. A lo largo de un debate que se prolongó durante 20 años, algunos geólogos admitieron que nunca había habido ninguna revisión crítica similar de la hipótesis dominante sobre el origen fósil del petróleo.

El geólogo comunista I.M.Gubkin, precursor de la minería del petróleo en la URSS, había demostrado que la teoría lleva a la práctica y la práctica a la teoría (3). Las tesis de Kudriavtsev no sólo eran científicamente correctas sino que además dieron los frutos esperados. Hoy en Rusia las prospecciones aciertan en un 60 por ciento de los pozos que perforan, mientras que en Estados Unidos el porcentaje baja a sólo un 10 por ciento. La URSS puso a Rusia a la cabeza de la geología del petróleo. Aún sigue viviendo de los réditos científicos de la época soviética, que la han convertido en la mayor productora mundial de hidrocarburos.

Siguiendo las teorías de Kudriavtsev, en 1981 los soviéticos encontraron petróleo en los sitios más insospechados, a grandes profundidades, como el pozo del Tigre Blanco (Bach Ho), en las costas de Vietnam, a 5 kilómetros de profundidad, donde la Exxon se había quedado con las manos vacías. Aún hoy la empresa que explota el yacimiento utiliza una marca comercial, Vietsovpetro, que con la hoz y el martillo no deja lugar a dudas sobre su origen histórico. Como dice su página web, excavado en roca basal, el Tigre Blanco se ha convertido en un foco de atención para los científicos de todo el mundo (4).

Los mandarines actuales que manejan la “ciencia” y sus circuitos intelectuales van a tener que cambiar a marchas forzadas sus viejos y ridículos prejuicios. Les ha costado medio siglo mantener a la geología con la boca cerrada y ya se empiezan a tirar de los pelos. Por fin en 2003 la Asociación Americana de Geólogos del Petróleo convocó una Conferencia en Londres para discutir la teoría de Kudriavtsev. Lograron aplazar el debate para el año siguiente en Viena y luego lo trasladaron a Calgary (Australia)… En este asunto la “comunidad científica” de López-Espinosa sólo lleva 60 años de retraso respecto a la soviética. El investigador estadounidense F. William Engdahl los ha calificado como “intelectuales fósiles”, y se ha quedado muy corto.

Las tesis de Kudriavtsev no sólo cambiaron la fisonomía de la URSS sino que, teniendo en cuenta el peso del petróleo en las estrategias del imperialismo, pueden cambiar muchas otras cosas en el futuro. Si se mantienen en el silencio quizá sea porque no interesa que esas cosas cambien, que todo siga igual.

Mientras tanto la CNN califica de “disidentes” a los científicos que siguen las tesis de Kudriavtsev, al más puro estilo de la guerra fría en un artículo cuya lectura no tiene desperdicio (5). En fin, seguimos como en los más tenebrosos momentos de la Edad Media. A un lado está “toda la comunidad científica” y en el opuesto los herejes, los disidentes y todos los demás que -como Stalin, Lysenko y Kudriavtsev- dedican sus esfuerzos a entorpecer a los anteriores. Pero gracias a esta brujería petroquímica en Vietnam extraen 280.000 barriles diarios de petróleo, literalmente de las piedras. Un verdadero akelarre.

(1) Ser social y conciencia política, Rebelión, 25 de marzo de 2014, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182448
(2) Lysenko. La teoría materialista de la evolución, http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/trip/lysenko.html
(3) S.I.Mironov: I.M.Gubkin. An example of the close association of the scientific creative with the practical, en Petroleum Geology: A digest of russian literature on Petroleum Geology, 1959, vol. 3, núm. 4A. pgs. 209 y stes.
(4) Vietsovpetro, http://www.vietsov.com.vn/Pages/introduction_en.aspx
(5) Oil Without End? Revisionists say oil isn’t a fossil fuel. That could mean there’s lots more of it, 17 de febrero de 2003, http://money.cnn.com/magazines/fortune/fortune_archive/2003/02/17/337289/

Categorías
Noticias

Ruth First, una comunista en la vanguardia de la lucha contra el racismo

Juan Manuel Olarieta

La comunista Ruth First fue mucho más que un ejemplo de abnegación en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. No es fácil resumir su trayectoria. Cuando algunos acaban de descubrir el racismo hace unos minutos, sobre las espaldas de los comunistas sudafricanos pesaban décadas de cárcel, tortura y brutalidad cuyo recuerdo amarga la memoria, porque se escribió con sangre.

Desde la década de los cuarenta, cuando Sudáfrica era el baluarte del imperialismo en África, Heloise Ruth First ya militaba en las filas del Partido Comunista desde que era una joven estudiante. «Me considero africana y para mí no hay ninguna causa más apreciada», escribió unos años antes de morir.

Había nacido en 1925, en Johannesburgo, descendiente de inmigrantes que llegaron procedentes de Lituania en 1906. Sus padres, Julius y Mathilda, fundaron en 1921 el Partido Comunista Sudafricano con los más explotados y humillados del criminal régimen del apartheid.

Aunque siempre le apasionó la antropología, estudió ciencias sociales en la Universidad de Witwatersrand, donde trabajó junto con Nelson Mandela, con Eduardo Mondlane, el futuro dirigente del Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique), con hindúes como J.N.Singh e Ismail Meer y con el futuro secretario general del Partido Comunista de Sudáfrica, el abogado Joe Slovo, otro comunista originario del Báltico.

Ambos fundaron la Federación de Estudiantes Progresistas y luego First se convirtió en dirigente de la Liga de la Juventud Comunista. Al acabar en la Universidad trabajó durante un tiempo en los servicios sociales del ayuntamiento de Johannesburgo, que pronto abandonó por desacuerdos políticos.

Entonces se lanzó en cuerpo y alma a la tarea militante, convirtiéndose en uno de los pilares del Partido Comunista. Uno de los primeros frutos de su trabajo fue la organización de un poderoso movimiento de solidaridad con los mineros en huelga. Pero en 1946 cambió de rumbo para seguir los pasos de John Reed, haciendo del periodismo militante un arma de combate. Se convirtió en editora de The Guardian, un semanario progresista.

Aún hoy su escritura es inigualable y, a pesar del tiempo transcurrido, nadie ha sido capaz de superar sus análisis del apartheid. A ella le corresponden las páginas más crudas del periodismo social sudáfricano. Cada historia vivida y narrada destila sufrimiento, explotación, marginación. First nunca necesitó recurrir a grandes frases sino que siempre buscó transmitir a sus lectores las terribles vidas de los negros, los indios, los trabajadores… En una época de confusión, ambigüedad y medias tintas, First sacude la conciencia con la peor de las ternuras, la que lleva nombre y apellidos, gentes de los barrios más pobres. «Les golpean, les encierran con llave por la noche, confiscan sus ropas y les ponen bajo la custodia de feroces perros para que se les quiten las ganas de huir. Se levantan a las 3 de la madrugada y se van a la cama por la noche», escribió en un artículo sobre las condiciones laborales de los trabajadores agrícolas de Bethal. Era la esclavitud en pleno siglo XX.

Ruth First informa de las primeras acciones de boicot a los transportes públicos, de las protestas de la comunidad indígena, de las luchas de los trabajadores sin techo que arrastran sus pies por los poblados barrios de Johannesburgo o El Cabo.

Tras la Segunda Guerra Mundial denuncia implacablemente el asilo que Sudáfrica presta a los nazis huídos de Europa. En 1947 protesta por la censura de una representación de Otelo en la Universidad de Witwatersrand, porque el personaje principal era interpretado por un negro.

El internacionalismo está muy presente en sus artículos. Defiende el derecho a la independencia de los pueblos coloniales: «El derecho a la libertad de los pueblos coloniales debe ser plenamente reconocido por las Naciones Unidas», escribe el 19 de junio de 1947, en The Passive Resister. Uno tras otro, el régimen racista cierra los periódicos en los que trabaja.

En 1949 se casó con Joe Slovo. El año anterior el Partido Nacional había ganado las elecciones y el país se sumió en la peor pesadilla del apartheid. El Partido Comunista tiene que pasar a la clandestinidad y la casa de los Slovo alberga reuniones políticas con negros, blancos, mestizos o hindúes.

El acoso de la policía llega hasta sus hijas Shawn, Gillian y Robyn: persecución, detenciones, registros… El testimonio de Shawn en la película «A World Apart» (Un mundo aparte), dirigida en 1988 por Chris Menges, es desgarrador. La clandestinidad no le impide a First dejar de escribir ni de organizar campañas. En 1956 la detuvieron junto a su marido Slovo, a quienes acusaron, junto a otros ​​156 militantes comunistas, de traición a la patria. Tras un juicio que se prolongó durante cuatro largos años, fue finalmente absuelta. Cuando en 1960, tras la masacre de Sharpeville, la losa del estado de excepción cayó sobre el país, First tuvo que huir a Suazilandia con sus hijas.

Pero seis meses más tarde regresó a Johannesburgo para incorporarse a la redacción del Johannesburg New Age, heredero del The Guardian. Además, puso en marcha Radio Liberty con una emisora móvil. Fue el momento en el que bajo la dirección del Partido Comunista el Congreso Nacional Africano desencadenó la lucha armada.

En 1963 la detienen de nuevo junto a otros dirigentes del Partido Comunista y el Congreso Nacional Africano. En el juicio condenaron a cadena perpetua a Nelson Mandela, Walter Sisulu y Govan Mbeki. First permaneció detenida en aislamiento durante 117 días, una experiencia estremecedora que relató en su libro «Hundred Seventeen Days».

Huyó al exilio, primero a Inglaterra, donde se unió a su familia. En 1972 escribió una obra fundamental sobre sobre el poder militar en África, «The barrel of a Gun». Nostálgica por África, se trasladó después a Libia, Tanzania y Maputo (Mozambique), donde murió en 1982, asesinada tras la explosión de una carta bomba que le enviaron los servicios secretos de Pretoria. Desde 1977 First dirigía una investigación sobre los niños emigrantes en Sudáfrica.

Categorías
Noticias

Cohn-Bendit, uno de tantos degenerados del parlamento europeo

Como política y personalmente Cohn-Bendit no es más un degenerado al que nunca logré encontrar ningún punto atractivo, mi duda versa sobre lo que más repulsa me causa. Eludiré su adscripción política a Los Verdes, pero no puedo olvidar que siempre se prestó a presentarse como lo que nunca fue: uno de los fantoches del famoso Mayo del 68 en París, aquel fasto celebrado por la burguesía hasta el hartazgo… después de tergiversarlo y manipularlo para aupar a sujetos como éste, con la aureola de «anarquista» y el sobrenombre de «Dany el Rojo» con el que ha sobrevivido hasta hoy.

Pero no sólo la burguesía. Así le llama también otro degenerado a su altura, Pepe Gutiérrez-Álvarez, cuyo estúpido artículo (*) sigue siempre el canon burgués establecido: estamos en contra del culto a la personalidad de Stalin pero a favor del culto a degenerados de baja estofa como «Dany el Rojo»…

Ahora a cualquier mequetrefe le califican de rojo. «Dany» es tan «rojo» que siempre se ha pronunciado a favor de todas y cada una de las masacres del imperialismo estadounidense. Primero en Afganistán, luego en los Balcanes y finalmente en las dos Guerras del Golfo. Los bombardeos indiscriminados y las masacres siempre le supieron a poco. Era uno de esos pacifistas peligrosos a los que les va la sangre. Sus recientes declaraciones contra Maduro producen un verdadero asco renovado.

En 1975 Cohn-Bendit publicó su libro de memorias, titulado «El gran bazar». Es otra estupidez que no tiene una explicación fácil porque entonces «Dani El Rojo» tenía sólo 30 años y las memorias se suelen escribir cuando queda poco para ir al agujero… Por lo menos antiguamente.

En él cuenta que antes de ser eurodiputado trabajó en Frankfurt en una guardería, reconociendo su pedofilia: “Algunos niños me abrieron la bragueta varias veces. Reaccioné de diferentes maneras, según las circunstancias, pero el deseo de aquellos niños me planteaba un problema. Yo les preguntaba: ¿por qué no jugáis juntos, por qué me elegís a mí y no a otros niños? Pero si insistían de todos modos, los acariciaba”. El eurodiputado acababa añadiendo: “Podía sentir perfectamente cómo las niñas de cinco años habían aprendido a excitarme”.

En aquellos tiempos no había vídeos pedófilos, pero sí literatura de la misma índole, en la que «Dani El Rojo» confesó abiertamente sus inclinaciones sexuales hacia los niños. Cuando era director de la revista «Pflasterstrand» (Arena de playa bajo los adoquines) publicó varios artículos de contenido pedófilo, como el que vio la luz en 1978 bajo el título Recuerdos de un dinosaurio: “El último año me sedujo una niña de seis años. Fue una de las experiencia más hermosas que haya tenido y con esto no quiero escribir un tratado ni a favor ni en contra de la pedofilia”.

En 1982 participó en un programa de la televisión francesa en el que reconoció: “La sexualidad de un niño es algo fantástico”, admitió. “Es divino ver como se desnuda una niña de cinco años, porque es un juego. Un gran juego erótico”.

«Dani el Rojo» tenía 13 años cuando sus padres le internaron en una escuela que, según reconoció, al quedarse huérfano fue el único hogar que conoció. En el internado se destapó en 2010 un escándalo de violaciones de niños cuyos detalles Cohn Bendit negó haber conocido, a pesar de que permaneció en él hasta 1965, aunque reconoció que en su interior reinaba «una atmósfera sexualmente promiscua». El periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung afirmó que en el internado más de 100 alumnos habían sido víctimas de los pederastas.

Los periódicos británicos The Observer y The Independent, el italiano La Repubblica y el alemán Bild denunciaron sus reconocidas violaciones de niños, pero a nadie pareció importarle, y a Los Verdes menos que a nadie. Por eso la censura ha eliminado de internet un vídeo que reproducía esas confesiones que a todos les gustaría poder olvidar:

Cohn-Bendit y el lobby pedófilo verde:
http://www.dailymotion.com/video/x1a4vjy_cohn-bendit-et-le-lobby-pedophile-vert-humilie-par-la-tele-russe_news

Pero el círculo de impunidad se fue cerrando. El 20 de abril del año pasado «Dany el Rojo» recibió en la ciudad de Stuttgart el premio Theodor-Heuss. El principal orador en el acto debía ser Andreas Vosskuhle, presidente del Tribunal Constitucional alemán, que días antes de la ceremonia informó de que no asistiría para evitar que el buen nombre del Tribunal quedara asociado al de un pedófilo.

Naturalmente que no es sólo un problema de Los Verdes sino del conjunto del Parlamento Europeo, podrido hasta el tuétano. Así que en las próximas elecciones vota a ese sonriente diputado que con el primer sueldo que le paguen viajará a Camboya para que un niño le meta la mano en la bragueta. Y luego vendrán Pepe Gutiérrez-Álvarez, Revolta Global y otros parecidos para que riamos sus aventuras.

(*) Daniel Cohn-Bendit o la revolución que enterramos tan pronto, Revolta Global, 1 de julio de 2010, http://revoltaglobal.cat/spip.php?article2965