Ni chicha ni limoná

Nicolás Bianchi
El llamado -mal llamado- «problema vasco» se está cociendo en su propia salsa. Y sin visos de una solución mínimamente «democrática» en un Estado fascista que entiende el «conflicto vasco» en clave de vencedores y vencidos como proclaman descarnada y desembozadamente sus voceros más fascistas como son las interesadas «víctimas del terrorismo».

Mientras que la Izquierda Abertzale pierde el culo por pasar página y olvidarse de cualquier cosa que huela a «terrorismo» y entrar -por la vía falsa de aceptar la fascista Ley de Partidos- a eso que llaman, o le dicen, «hacer política» -como quien amasa y moldea una pasta para hacer una pizza-, el Gobierno le recuerda constantemente y a machamartillo que no hay ninguna página que pasar hasta que no se arrepientan, reconozcan el daño causado y, hecho esto, cooperen con la «justicia» en casos irresueltos. En otras palabras: que se rindan, aunque ya se verá en qué forma se teatraliza la escena.

Un amago o conato de rendición ya hizo la organización armada ETA a través de un video donde se veía la entrega de un pequeño parque en presencia de miembros de lo que se ha dado en llamar (no tenemos más remedio que usar este criptolenguaje: «se ha dado en llamar», «le dicen», «da en llamarse»…) Comisión de Verificadores. Algo que al Gobierno, era previsible, le pareció insuficiente y la caverna mediática, o sea, casi toda, le pareció poco menos que una burla para lo que se esperaba, esto es, la escenificación de Vercingetóriz entregando armas y bagajes, escudos y diademas, a los pies de Julio César Imperator. No va a ocurrir esto, creemos, al menos mientras no se solucione o «negocie» el tema de los presos políticos vascos (también los hay que no son vascos), pero no por falta de ganas, aunque sea inconscientemente, concedemos, de la actual cúpula de la Izquierda Abertzale. Es tal su deriva reformista y liquidacionista que sería feliz y respiraría aliviada si tal cosa ocurriera (ETA estorba, decía Otegi en el juicio de «Bateragune», y antes que él, un líder del sindicato ELA). Y ello porque se quitarían de encima un pesado «problema» -porque los presos ya no son una «causa» sino un «problema» para esta gente, una «consecuencia» del «conflicto»– que entienden como un lastre.  Pero ocurre que el Gobierno no «colabora», son torpes e ineptos y no «entienden» la buena predisposición de la Izquierda Abertzale a abandonar sus viejos tics y olvidarse del pasado. Y, como decimos, «pasar página». Pero el Gobierno no le deja. Quizá porque eche de menos los tiempos de ETA, tiempos de tensión, pero más cómodos para ocultar otros problemas. Y, sí, ETA era un problema para el Gobierno -no importa el pelaje-, pero ahora es un problema para la Izquierda Abertzale. Para resolverlo nada mejor que promocionar, a la chita callando, la «vía Nanclares», las salidas personales, etc. Y nada de «ongi etorris» (bienvenidas a los presos en sus pueblos ).

Realmente, es increíble cómo en tan poco tiempo se ha hecho dejación de principios y de la lucha por ellos. Pero esto no se va a admitir por mucho que la verdad sea revolucionaria, tal vez porque no estamos en manos de quien nunca fue revolucionario. Cuando se murió Franco, se decía ¿y después de Franco, qué? Y se respondía: «después de Franco las instituciones», o sea, «hacer política».

¿Sugerimos una vuelta al monte? No. ¿Destilan estas líneas pesimismo? Tampoco. Pero no participaremos en esta broma, en esta enésima estafa al pueblo vasco, tenga ocho apellidos o cuatro.

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