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Se cumplen 25 años de la destrucción de Yugoeslavia por la Unión Europea

El 15 de enero de 1992 Alemania establecía relaciones diplomáticas con dos de los nuevos Estados surgidos de la destrucción de Yugoslavia: Eslovenia y Croacia. Fue el primer país de la Unión Europea en reconocer los restos del descuartizamiento que había provocado en los Balcanes, de donde había salido derrotada en 1945. La Unión Europea hizo lo propio sólo unos días después. Un Estado soberano, la República Federal de Yugoeslavia, desaparecía.

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Cardenal Stepinac: de criminal de guerra fascista a beato del Vaticano

El criminal de guerra croata Alois Stepinac (1898-1960) fue nombrado arzobispo de Zagreb por Pio XII en diciembre de 1937. Fue el máximo dirigente de la Iglesia católica en Croacia durante la II Guerra Mundial y, a la vez, vicario castrense de las Fuerzas Armadas fascistas (ustachis). En un régimen que, como en España, reconocía al catolicismo como el corazón de su identidad nacional, la influencia del arzobispo en los crímenes que ocurrieron durante la guerra fue decisiva.

Para Stepinac la imposición del Estado ustacha independiente por los nazis significaba la realización de las aspiraciones católicas. En una carta pastoral publicada menos de un mes después de la fundación del nuevo Estado, Stepinac lo legitimaba diciendo que tras él estaba la influencia de la mano divina.

Por eso aplaudió el final de la tolerancia religiosa y el establecimiento de la ‘shariá’ católica, los dogmas del Vaticano  como leyes del nuevo Estado fascista y, por lo tanto, la imposición de la pena de muerte por aborto. En su primera entrevista con Pavelic, el arzobispo apoyó la persecución de las demás confesiones religiosas:

“El Arzobispo le dió su bendición [a Pavelic] por su trabajo […] Cuando el Arzobispo había concluido, el poglavnik [caudillo] contestó que deseaba dar todo su apoyo a la Iglesia católica. También dijo que arrancaría de sus raíces a la secta denominada Viejos Católicos que no era más que una organización para el divorcio. Continuó diciendo que no mostraría ningún tipo de tolerancia hacia la Iglesia ortodoxa, porque a su parecer, no era una Iglesia sino una organización política. Todo esto dejó al Arzobispo con la impresión que el poglavnik [caudillo] era un católico sincero y que la Iglesia católica tendría libertad de acción, aunque el Arzobispo no se autoengaña pensando que todos estos planes son fáciles de ejecutar”.

Stepinac se quejó de que los fascistas italianos que ocuparon parte de Croacia durante la guerra permitían una libertad religiosa excesiva que amenazaba la estabilidad del Estado. Los fascistas eran unos blandos. Stepinac le escribe al obispo de Mostar diciendo:

“Los italianos han vuelto y han reimpuesto su autoridad civil y militar. Las iglesias cismáticas revivieron inmediatamente después de su regreso y los sacerdotes ortodoxos hasta ahora escondidos volvieron a reaparecer con libertad. Los italianos parecen favorecer a los serbios y perjudicar a los católicos”.

También envió una queja similar Ministro de Asuntos Italianos en Zagreb: “Ocurre que en los territorios croatas anexionados por Italia se puede observar una caída constante de la vida religiosa y un evidente viraje del catolicismo al cisma. Si la parte más católica de Croacia dejara de serlo en el futuro, la culpa y la responsabilidad ante Dios y la historia sería de la Italia católica. El aspecto religioso de este problema lo transforma en mi obligación y deber hablar en términos simples y abiertos desde el momento que yo personalmente soy el responsable del bienestar religioso de Croacia”.

Al final de la guerra, el 24 de marzo de 1945, Stepinac convocó a la Conferencia Episcopal croata. Los obispos suscribieron una carta pastoral en la que defendían la política que Pavelic y sus ustachis fascistas habían llevado a cabo durante todos aquellos años. En la misma pastoral lanzaban una crítica implacable contra los guerrilleros de Tito, a quienes calificaba de bolcheviques y antirreligiosos.

Cuando los ustachis huyeron precipitadamente de Zagreb ante el avance de la guerrilla, acudieron de nuevo al arzobispo para que intercediera por su causa ante la Santa Sede. Stepinac ayudó a esconder a los criminales de guerra ustachis de alto rango como Mints, Smelled, Skull, Maric y otros. Muchos ministros ustachis como Canki, Balen y Petric dejaron sus bienes bajo el cuidado de la alta curia católica y en el palacio de Stepinac el ministro Alajbegovic enterró los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El secretario de Stepinac, el sacerdote Viktor Salic, mantenía a estos grupos en contacto. En el otoño de 1945 desde su escondite Pavelic envió a Yugoeslavia a uno de sus lugartenientes de máxima confianza, el antiguo jefe de la policía ustacha, el coronel Erik Lisak. Éste entró en Yugoslavia de forma ilegal a través de Trieste, contactó inmediatamente con Salic y así pudo reunirse con Stepinac. En las dependencias del arzobispo recibió información sobre el paradero de los miembros de los grupos fascistas que quedaban en el interior, a quienes ordenó incrementar las acciones terroristas. A raíz de esto los ustachis lanzaron un programa de sabotaje y asesinato de oficiales de la nueva República yugoeslava para impedir su consolidación.

Estos grupos adoptaron desde entonces un glorioso nombre cristiano que los definía a la perfección: los Cruzados, el mismo que habían utilizado para realizar sus actividades legalmente en Yugoslavia antes de la guerra. De nuevo fue la Iglesia católica quien facilitó que llevaran a cabo sus planes. Desde las iglesias y monasterios en los que se ocultaban los refugiados fascistas en Roma, enviaban órdenes a los grupos cruzados que aún quedaban en la nueva Yugoslavia. En la capilla de Stepinac consagraron una bandera para aquellos cruzados.

El golpe más duro contra los ustachis fue la detención del arzobispo el 12 de junio de 1946, acusado de colaboración con el régimen derrocado. El 11 de octubre Stepinac fue condenado a 16 años de trabajos forzados y 5 de privación de sus derechos cívicos, siendo enviado a un campo de prisioneros. En 1951 la pena le fue conmutada por la de arresto domiciliario, lo cual, lejos de calmar, acrecentó las provocaciones del Vaticano. Al año siguiente Pío XII anunció su decisión de hacer cardenal a Stepinac y Yugoeslavia tuvo que romper las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. A pesar de todo, el Papa hizo efectivo el nombramiento al año siguiente. Stepinac permaneció recluido en la parroquia de Krasic durante ocho años, hasta su muerte en febrero de 1960.

El 14 de febrero de 1992, el Parlamento de la nueva Croacia independiente decidió rehabilitar la memoria de Stepinac y de todos los demás criminales de guerra ustachis. La Congregación para las Causas de los Santos le declaró mártir en 1997 y fue beatificado el 3 de octubre de 1999 por Juan Pablo II.

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Del partido único fascista a las asociaciones del ‘Movimiento’

El Tribunal Supremo, como podía esperarse, se ha lavado las manos. Con ello se trata de impedir o al menos retrasar aún más la legalización de estos partidos, entre los que está el nuestro. Los franquistas y el Gobierno se frotan las manos. Éste que prometió al rectificar con el decreto-ley de febrero la Ley de Asociación Política, la legalización para todos los partidos, muestra una vez más su posición de obstaculizar al máximo la implantación de la democracia y de llevar a término su reaccionario programa reformista.

Durante los últimos 15 años, los sucesivos Gobiernos fascistas han ido modificando la legislación sobre el derecho de asociación. Concretamente en los últimos tiempos ha habido el Estatuto de Asociaciones Políticas del Movimiento de 1974, la Ley de Asociaciones Políticas de 1976 y el decreto-ley último que modifica algunos aspectos de aquella ley. También está la Ley de Asociaciones de 1964, todavía sin derogar, para las asociaciones culturales y recreativas. Estas modificaciones han ido al compás del deterioro y descomposición del Régimen fascista, jalones en la lucha del pueblo por la libertad.

Inmediatamente de acabada la Guerra Nacional Revolucionaria, las fuerzas fascistas victoriosas imponen el Partido Único, FET y JONS, como única asociación política legal. Expresamente se promulga una Ley por la que serán objeto de represión todos los partidos, organizaciones sindicales y asociaciones que no apoyaron el “glorioso alzamiento” de Franco. No sólo era delito haber apoyado al Gobierno legal republicano, era delito lo que no constituyera apoyo entusiasta y fervoroso al “Movimiento Nacional”. El Partido Único servía de cobijo y amparo a los mayores rufianes y en los tiempos más difíciles del hambre y el estraperlo, los líderes del Partido Único cocinaron las mayores fortunas.

Sólo hay que echar una mirada a los Franco, los Girón, Serrano Súñer, Fernández Cuesta y otros de cuyo nombre no queremos acordarnos. A medida que se restablece y aumenta la lucha popular contra la tiranía del régimen fascista, la dictadura comienza a sentirse herida. Las grandes movilizaciones de metalúrgicos vizcaínos, mineros asturianos y trabajadores madrileños a principios de la década de los 60, va a producir el primer efecto en el terreno que estamos comentando. Las Cortes franquistas aprueban en 1964 una Ley de Asociaciones, que aunque está destinada a aquellas “que no tengan fines políticos”, es presentada como el primer paso hacia la libertad de asociación. Ello con el fin de engañar al pueblo haciéndole creer que el fascismo se va a acabar y por obra de los propios fascistas.

Mas tarde, cuando comienza de forma continuada y efectiva la lucha popular antifascista y se inicia la descomposición del régimen, las movilizaciones en protesta contra el juicio de Burgos de 1970, los fascistas tienen que echar marcha atrás y comienzan a reconocer que el Partido Único del “Movimiento” no les sirve. No reconocen, ni mueven un dedo siquiera para hacerlo, el derecho democrático de asociación, pero a finales de 1974 aprueban el Estatuto de Asociación Política que permite formar asociaciones políticas, pero dentro del “Movimiento”, presentándolo como el no va más para el ejercicio de este derecho elemental. La verdad es que, acogiéndose dicho Estatuto, se formaron asociaciones como las del propio Suárez, Girón, Fernández de la Mora, Cantarero del Castillo, etc., que lo único que hicieron fue llevarse varios miles de millones de pesetas del presupuesto el Estado que sufragamos todos los españoles.

Muerto Franco y coronado Juan Carlos, al iniciar la Reforma, los fascistas ven la necesidad de crear una nueva Ley de Asociaciones para tapar por ese flanco las enormes grietas que va abriendo el pueblo en el régimen. Aunque intentarán retrasarlo lo más posible, las grandes luchas comenzadas con el 11 de diciembre de 1974, continuadas con la de finales de 1975 y principios de 1976, obligan al Gobierno monárquico de Arias a presentar a las Cortes la Ley de Asociaciones Políticas actual, que es aprobada por éstas, cuando ya ha tomado posesión de su cargo el Gobierno de Suárez.

Esta Ley, que se distancia grandemente de la anterior al no obligar a jurar los Principios Fundamentales del “Movimiento”, sigue siendo sin embargo una ley antidemocrática. Deja en manos del Gobierno apreciar quién puede o no ser legalizado. Nada más ser aprobada por las Cortes, ya surgieron las protestas. La Ley de Asociaciones Políticas estaba destinada a que el Gobierno legalizara a quienes no le llevaran la contraria. Al resto se le podían aplicar varios artículos para denegarles la legalización. Tan burdo era el truco que la Ley nació muerta. Sólo se acogieron a ella las “asociaciones del Movimiento” y los “históricos” de Murillo [una escisión del PSOE]. Ningún partido u organización democrática picó el anzuelo. Tan desprestigiada estaba esta ley —y lo sigue estando— que la primera medida del Gobierno tras la Huelga General Política de finales de enero de este año [1977], fue la de su modificación en algunos aspectos. Por medio de un decreto-ley dejaba sin efecto el trámite de “la ventanilla” y para aparecer más democrático el Gobierno dejaría de decidir sobre la legalización de cualquier Partido en última instancia, pasando a la Sala IV del Tribunal Supremo tal decisión.

Así lo ha hecho con una treintena de partidos y organizaciones, precisamente los que más se han destacado en la lucha por la democracia, entre los que se encuentra la ORT. Una maniobra destinada a impedir o al menos a retrasar la legalización de todos, intentando al mismo tiempo distraer a la gente sobre la “independencia” del Gobierno, como recientemente se vanagloriaba Suárez en las declaraciones al periódico alemán “Der Spiegel”.

El Gobierno, con este nuevo trámite pasa la pelota al Tribunal Supremo, cuando lo que tenía que hacer desde el primer momento era legalizar a todos, sin restricción alguna. Al mismo tiempo, el Tribunal Supremo —nombrados sus componentes por el Gobierno y cúspide de la “justicia” fascista— entra en el juego de éste aparentando un enfrentamiento al no dar el visto bueno al nombramiento del Presidente de la Sala IV y al inhibirse a los 30 días de haber recibido los expedientes. ¡Si el enfrentamiento hubiera sido más real que aparente, podían haberse inhibido el primer día y no retrasar el asunto!

Al mismo tiempo, mientras los trámites estaban en el Tribunal Supremo, el Gobierno ha seguido ordenando que se detenga a militantes y dirigentes de partidos democráticos, llegando al extremo en el caso de nuestro Partido, de procesar a camaradas y a permitir el asalto a la sede central de la ORT. Actitud hacia nuestro Partido que ha motivado una carta de protesta al Presidente del Gobierno firmada por varias personalidades políticas entre las que se encuentran Ruiz Giménez, Gil Robles, Enrique Múgica, Santiago Carrillo, Fernández Ordoñez… Este comportamiento del Gobierno es intolerable. Si persiste en él nos obligará a un enfrentamiento directo con el reformismo para sustituir este Gobierno por un Gobierno Provisional Democrático.

—ORT, En Lucha, núm.145, abril de 1977

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Católicos y fascistas

Desde 1941 el régimen fascista de Franco y el Vaticano pactaron la santificación de los curas-guerreros más significados en la historia española del crimen. En su mayoría esos curas-guerreros eran fascistas destacados en su defensa del nacional-catolicismo y de la Cruzada anti-roja. A pesar de la “democracia”, después las cosas siguieron igual. Juan Pablo II, por ejemplo, celebró varias canonizaciones y santificó a los personajes más reaccionarios y fascistas de la historia española.

Uno de de los 498 sacerdotes fascistas elevados a la santidad eterna por el Vaticano hace diez años fue el beato Gabino Olaso Zabala, un asesino, torturador y chivato reconocido por su propias víctimas. El cura filipino Mariano Dacay, fue una de las personas brutalmente torturadas por dicho criminal. En su libro autobiográfico dice Dacay: “El padre Gabino Olaso Zabala contemplaba mi martirio en las torturas con signos visibles de placer. Llegó a pedir a los guardias que me tratasen con más clueldad. Me propinó una brutal patada en la cabeza, que me dejó sin sentido”.

Lo mismo cabe decir del golpe de Estado de Pinochet en Chile en 1973. Como quedó demostrado en la investigación que realizó el Senado norteamericano 30 años después, el plan golpista fue organizado conjuntamente con agentes de la CIA. Según la documentación desclasificada, Nixon decidió que el régimen de Allende no era aceptable para Estados Unidos y pidió a la CIA que evitara la llegada de Allende al gobierno o que lo derrocara, autorizando la entrega de 10 millones de dólares para este objetivo. La CIA debía llevar a cabo su misión sin el conocimiento de los Departamentos de Estado o Defensa. Edward Korry, embajador estadounidense en Santiago de Chile entre 1967 y 1970, reveló que además Frei, el candidato opositor a Allende, democristiano, consiguió sumas enormes del Vaticano, de los partidos democristianos alemán e italiano y de las casas reales de Holanda y Bélgica.

El papa Pío XII bendijo al franquismo como obra de dios, elevó la Guerra Civil a la categoría de Cruzada y condecoró al general Franco con la Orden Suprema de Cristo, la más alta institución vaticana, condecoración que le impuso el nuncio apostólico Antonicetti, delegado en la zona franquista durante el alzamiento militar. El Vaticano y la Iglesia española participaron directamente en las atrocidades cometidas por el régimen español, del cual la Iglesia española formó parte esencial. La Iglesia católica siempre mantuvo excelentes relaciones con la España del criminal Franco, con la que firmó otro Concordato en 1951.

El cardenal Isidro Gomá desde el primer momento de estallar la Guerra Civil se colocó al lado de los sublevados, reorganizando la Iglesia en la zona franquista para la lucha contra la República y la democracia. Su apasionada defensa del franquismo en las pastorales y en la Carta colectiva del episcopado español, tuvieron gran repercusión internacional. Cuando terminó la guerra, dando un nuevo reconocimiento al franquismo, publicó “El Catolicismo y la Patria”, verdadera apología del terrorismo de Estado.

Cuando estalló la Guerra Civil, el obispo de Salamanca Enrique Pla y Daniel, como todos los jefes católicos, se colocó también en el bando de los sublevados. En septiembre de 1936 apoyó al bando franquista con su pastoral “Las dos ciudades”. En colaboración con la propaganda franquista, en 1939 publicó el documento El triunfo de la ciudad de Dios y la resurrección de España. En 1940, sustituyendo al cardenal Gomá, fue nombrado Arzobispo de Toledo y Primado de España. En 1946 fue nombrado Cardenal. Gobernó la Iglesia española durante más de veinte años, dejando claro su total colaboración con todas y cada una de las brutalidades del régimen franquista contra los demócratas que luchaban contra el fascismo.

Cuando Himmler viajó a España en octubre de 1940 para crear la policía española a imitación de la Gestapo alemana que él dirigía, visitó el monasterio de Montserrat, donde fue recibido por el abad y toda la comunidad monástica en pleno. Durante décadas, cada domingo, en las misas los curas rogaban por su Caudillo; la defensa del franquismo estuvo en cada plegaria, en cada rezo, en cada discurso y en cada púlpito. La Iglesia española controlaba casi la mitad de la prensa de la época y jamás emitieron ni una sola voz crítica hacia los desmanes del régimen.

A raíz de la ocupación alemana de Bohemia y Moravia -la actual República Checa-, Eslovaquia se independizó, convirtiéndose en un satélite de la Alemania nazi. Gobernaba el país -de mayoría católica- un partido nazi cuya cabeza era el primer ministro, Bela Tuka, pero el presidente de la República era un sacerdote católico, Josef Tiso, un reaccionario antisemita. En 1942 empezaron las deportaciones de los 80.000 judíos que había en Eslovaquia. En el verano de 1944 hubo una sublevación popular y, para sofocarla, entraron las tropas alemanas en el país. El Vaticano envió al sacerdote Tiso un telegrama en nombre de Pío XII en la que pedía que ajustara sus sentimientos y sus decisiones a las exigencias de su dignidad y de su condición sacerdotal. En su contestación Tiso minimizó la gravedad de lo que sucedía, dando a entender que las deportaciones tenían como destino las fábricas alemanas, e incluso se deslizaba alguna expresión antisemita. En 1947 el cura Tiso fue capturado por el Ejército Rojo y fusilado.

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Orwell: homenaje al delator

El escritor George Orwell aúna en su persona la condición de soplón del espionaje británico (IRD) con la de trotskista que estuvo en la guerra civil española, naturalmente en las filas del POUM de Andrés Nin y Maurín. Es una criatura encumbrada por la guerra fría, un vulgar alcahuete de la policía británica, un vil delator de los intelectuales progesistas.Su importancia deriva del detalle siguiente: no sólo desfigura la historia sino que trata de silenciar y encarcelar a quienes luchan por un mundo mejor, por la revolución. Para que él pueda mentir los demás deben ser acallados. Una cosa conduce a la otra.

Hace años que la apertura de los archivos del Foreign Office puso al descubierto su personalidad fraudulenta. La ausencia de escrúpulos del escritor británico sólo fue equiparable con la de los más despreciables protagonistas de sus propias novelas. La recuperación del material secreto de la época demuestra que Orwell denunció hasta 125 escritores y artistas como compañeros de viaje, testaferros del comunismo o simpatizantes. Haciendo uso de las lecciones aprendidas en la policía colonial del Imperio Británico, Orwell se dedicó a anotar escrupulosamente sus impresiones acerca de los intelectuales con los que mantenía relación en una libreta de tapas azules. La mayoría de ellos ni siquiera eran comunistas, sino intelectuales progresistas o, simplemente, liberales. Del poeta inglés Tom Driberg, por ejemplo, decía: “Se cree que es miembro clandestino del PC, judío inglés, homosexual”. Del músico de color Paul Robeson: “muy antiblanco”. Definió a Kingsley Martin, director del semanario laborista de izquierdas, New Statesman, como “un liberal degenerado, muy deshonesto”. Calificaba a Malcolm Nurse, uno de los padres de la liberación africana, de “negro, antiblanco”. Insertó a John Steinbeck en su cuaderno delator por ser, según su opinión, un escritor espurio y pseudoingenuo. Ni Charles Chaplin ni Bernard Shaw ni Orson Welles ni E.H.Carr, se libraron del lápiz acusador de George Orwell.Sobre las milicianas del PCE que combatían al fascismo en el frente en primera línea, Orwell escribió: “Las pocas mujeres que están en el frente, son simplemente una fuente de celos”. Pese a ello, una editorial que alardea de libertaria como Virus reeditó en 2000 -por enésima vez- la obra (Homenaje a Cataluña) de un trotskista como Orwell que parece alejado de su línea, no por trotskista sino por imperialista, racista, misógino, homófobo y reaccionario. Eso sólo se explica por el pragmatismo sin principios que caracteriza a determinados libertarios de hoy día que, como los de Virus, dan por bueno todo aquello que sea la difamación más grosera del comunismo, sin siquiera alertar a sus lectores de la conexiones del libro que publican con el imperialismo. Algunos anarquistas alardean de su lucha contra el Estado, contra todo Estado, para convertirse en altavoces de sus más inmundas cloacas, editando los libros que El País luego reseña. ¿Tienen repartidas las tareas entre ellos?

Orwell escribió en 1945 “Rebelión en la granja” a la estela ideológica del agente de la CIA Burnham, a quien veneraba. La narración tuvo una pobre acogida en Inglaterra donde Orwell sólo logró vender 23.000 ejemplares. Sin embargo, al año siguiente la novela cruzó el Atlántico y en Estados Unidos los servicios de inteligencia se encargaron de convertirla en un éxito de ventas. La obra se vendió por centenares de miles, aunque su calidad literaria fuera algo más que dudosa. No en vano, la CIA disponía de la influencia necesaria en los medios de comunicación para convertir lo mediocre en excelente. Los elogios fueron casi unánimes en la prensa norteamericana. El periódico New Yorker, por ejemplo, calificaba a “Rebelión en la granja” como un libro “absolutamente magistral” y sostenía que había que empezar a considerar a Orwell como un escritor de primera línea, comparable con Voltaire.

Como no podía ser menos, la infraestructura de la CIA en Hollywood se hizo cargo también de financiar la versión cinematográfica de “Rebelión en la granja”. No se escatimaron dólares a la hora de invertir. Un ejército de ochenta dibujantes asumió la tarea de construir las 750 escenas con los 300.000 dibujos a color que requería la producción de la película en dibujos animados. El guión fue asesorado por el Consejo de Estrategia Psicológica, que procuró que el mensaje fuera nítido y favorable a los planes de la CIA. La película contó con una enorme cobertura publicitaria y pudo verse hasta en el último confín del mundo capitalista.En 1949, unos meses antes de su muerte, Orwell publicó la novela 1984. Animado por el inesperado éxito de su granja, el escritor británico rescató el anticomunismo como tema central del nuevo libro. No fue tampoco original. Su novela es un plagio de la obra Nosotros, escrita por Evgeni Zamiatin, un narrador ruso de principios del siglo XX.

Esta novela también encajaba en la ofensiva ideológica de la CIA. Isaac Deutscher describía así el impacto que el libro había provocado en la opinión pública norteamericana: “¿Ha leído usted ese libro? Tiene que leerlo, señor. ¡Entonces sabrá usted por qué tenemos que lanzar la bomba atómica sobre los bolcheviques!” Con esas palabras -decía Deutscher- un ciego, vendedor de periódicos, le recomendó en Nueva York 1984, pocas semanas antes de la muerte de su autor.

La transmisión de un mensaje construido por los diseñadores de la guerra fría le permitió a Orwell el éxito fácil y la notoriedad rápida. Era un farsante. Su vida acabó donde había empezado: al servicio de la policía imperial británica. No criticaba una sociedad burocratizada de vigilancia total sino que estaba contribuyendo a crearla y fomentarla.

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Nada se pierde, todo se transforma

Eso decía el químico francés Lavoisier. Nada se pierde; todo se transforma. Según parece. Lavoisier era un dialéctico sin saberlo. Otro dialéctico sin saberlo fue Francisco Franco, cuando dijo que todo estaba atado y bien atado. Y no se equivocó para nada. En España se dio una de las mayores operaciones de transformación de la historia reciente que dio lugar a los “ejemplares” Pactos de La Moncloa que a su vez fueron el acta de nacimiento de la “democracia” española.

Para comenzar hay que caracterizar al Estado español como un vasallo del imperio USA, lo cual hace comprensible todo el accionar de la política española de los últimos 50 años. La llegada del general Eisenhower a Barajas, marca la fecha de entrega de la soberanía española al imperio USA, que muestra en una foto memorable el abrazo que se dan Paco Franco y Eisenhoer, entre los cuales está el sonriente general Vernon Walters, que fuera jefe de la CIA, y que hablaba perfectamente castellano y servía de lenguaraz en esa lamentable ocasión.

La muerte de Franco significó un punto de inflexión en la historia de España, porque a partir de ese momento comienzan a entrar en escena otros operadores, que ya habían planificado el próximo futuro del país.

Hay que señalar que en el diseño de ese futuro cumplieron un servicio importantísimo los servicios de seguridad del Estado, que desde mucho antes de la muerte del dictador ya habían comenzado a dibujar lo que sería la España sin Franco. Hacía falta hacer creer que el franquismo; o sea el fascismo español había colapsado, y que nunca más se iba a repetir una situación como esa. Y todo ello de la mano de un “demócrata” como Adolfo Suárez, y otro más “demócrata” que era Juan Carlos de Borbón.

Para ello los servicios se encargaron de liquidar las cortes franquistas, que “voluntariamente” decidieron autoinmolarse por el bien de España. No fue así. Las Cortes franquistas se disolvieron por las presiones de los servicios de seguridad que visitaron uno a uno a los procuradores en cortes amenazándolos con las informaciones que tenían los propios servicios sobre ellos. El que no tenía una querida estaba inmerso en sucios negocios inmobiliarios, o en colusiones dolosos con bancos o con operaciones inmobiliarias dudosas. Los únicos resistentes fueron los que se llamaron el “búnker”, que fueron aquellos que los servicios nunca pudieron probarles ninguna felonía.

De esa manera “limpia”, las cortes franquistas se autodisuelven y dan paso al segundo acto de este teatro. Había que formar partidos políticos desde el estado, y para ello contaron con dos siniestros personajes que se prestaron “por la patria” a representar el papel que les dieron. Uno de ellos fue Felipe González, que es sabido que viaja a Suresnes a refundar el PSOE con un capitán de la guardia civil, que lo lleva y lo trae de vuelta; todo ello diseñado por los servicios de seguridad del estado; y el otro es Santiago Carrillo, al cual la Trilateral Comission y Adolfo Suárez le encargan la liquidación del PCE.

Está claro que toda la política española está dictada por los servicios de seguridad del Estado, por delegación del gran poder, que no reside en España, sino en los USA. Es decir, que los partidos políticos están creados desde el Estado, o más bien desde el sistema, el cual utiliza al Estado para llevar a cabo su política.

Los últimos acontecimientos ocurridos en torno al PSOE, vienen a abonar esta tesis. Pedro Sánchez dimite como consecuencia de las presiones del “aparato”. Era necesario que como ocurrió con las cortes franquistas el PSOE se “sacrificara”, absteniéndose para permitir “por el bien de España” que haya un gobierno. Y ese gobierno tenía que ser necesariamente el de Mariano Rajoy.

Esa operación estaba necesariamente apañada por el Estado. Era necesario un gobierno del partido podrido (PP), para que termine su labor de demolición, y para que la figura de Pedro Sánchez se agigante hasta la celebración del próximo congreso del PSOE, donde seguramente será ungido secretario general, y en las próximas elecciones, gane el cargo de primer ministro. El próximo gobierno español será de “izquierdas”, con Pedro Sánchez a la cabeza, y con el apoyo de Podemos, que se convertirá en la otra pata de la mesa. Lo veremos; y suma y sigue. Me comenta mi hijo, que según este plan, Pedro Sánchez será el Alexis Tsipras que hará falta para completar la obra. Estoy de acuerdo con él.

Todo seguirá atado y bien atado, hasta que la clase obrera; aquella que nada tiene que perder, corte ese nudo gordiano, y comience una nueva andadura libre ya de ataduras.

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La pequeña burguesía se pasa a la clandestinidad

Aprovechando la fiesta del colonialismo, hemos dedicado varias horas de esta madrugada a tratar de entender el artículo de Joseph A. Todd sobre “Ocupaciones, asambleas y acción directa” que publica la revista Diagonal (*) y que es una traducción del original aparecido en Red Pepper.

Como el artículo es crítico, autocrítico diríamos, hemos de empezar por una crítica de las faltas de ortografía: el verbo rebelarse se escribe con b, mientras que aparece varias veces escrito con v, por lo que cuando se pretende tratar las “tácticas del siglo XXI” hay que empezar por leerse el manual de los programas informáticos de edición de textos que, sin necesidad de saber gramática, realizan un buen trabajo.

De ello hemos sacado la impresión de que el artículo no representa a la “generación de activistas del siglo XXI” sino a la del siglo XIX.

Es muy mala señal que un artículo que va sobre las diversas formas de protesta utilice expresiones (activismo, hacktivismo y clicactivismo) que denotan el origen ideológico del artículo, que no es otro que las múltiples policías estadounidenses y sus equipos de sociólogos y sicólogos expertos en contrarrestar el “activismo del siglo XXI” que Todd propone.

Los estudiantes, como Todd, son aficionados a este tipo de tediosos artículos psicoanalíticos más que políticos. Nosotros no tenemos ni noción de psicoanálisis, por lo que no podemos competir con gente tan leída y tan estudiosa, del estilo Todd y Monedero. No sabemos quiénes son ninguno de los autores que cita, como Nick Srnicek o Fredric Jameson, no sabemos lo que significa “mapeo cognitivo” pero debe ser algo terrible.

En lo que hemos alcanzado a comprender, Todd tiene bastante razón en lo que dice. No sólo en Gran Bretaña los estudiantes están hasta la coronilla de todo ese desfile de comedias que padecemos desde hace décadas y que, como bien dice, se han agotado: las “performances” callejeras, los teatrillos “light” y los “shows” que con la excusa de la protesta y la “lucha” imitan a los carnavales de Cádiz, como los occupys, el Día del Orgullo Gay y otros espectáculos lúdicos, festivos y divertidos.

Nosotros siempre estuvimos en contra de ese tipo de farsas y nos gusta comprobar que ahora también la pequeña burguesía se ha cansado de ellas porque tienen muy poco que ver con el cabreo monumental que muestra otra clase social, como la que pertenecen aquellos que son despedidos de su trabajo o desahuciados de sus viviendas.

Si no hemos entendido mal, lo que Todd propone es algo mucho más “heavy” y está bien argumentado: hacer el payaso en la calle no le evita a nadie la posibilidad de ser golpeado, detenido, juzgado y encarcelado. Por el mismo o similar precio existe la posibilidad de pasarse a la clandestinidad, aunque para no caer en las zarpas de Scotland Yard matiza un poco su propuesta. No pretende animar “a los activistas a realizar acciones más ‘radicales’, que puedan ser violentas, ilegales, peligrosas o perturbadoras”.

Es un pasito, pero tampoco se crea el lector que la pequeña burguesía va mucho más allá. Se trata exactamente de lo que el autor dice: molestar e incordiar. Es lo propio de los adolescentes díscolos.

(*) https://www.diagonalperiodico.net/global/31833-ocupaciones-asambleas-y-accion-directa-critica-la-politica-poner-cuerpo.html

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La Comunidad Autónoma de Madrid crea la asignatura de ‘historia del terrorismo’

La Comunidad Autónoma de Madrid creará la asignatura “historia del terrorismo” como materia curricular, ha afirmado el consejero de Presidencia y Justicia, Ángel Garrido, en un Desayuno Informativo del Executive Forum España.

El portavoz del Ejecutivo autonómico ha explicado que uno de los objetivos de la nueva asignatura es la de garantizar la conservación de la memoria histórica y su difusión a las diferentes generaciones mediante el estudio de la “historia del terrorismo”, entendiendo por “terrorismo” cualquier forma de “terrorismo”, como es obvio, es decir, el de uno y otro bando (o tres, si los hubiera).

Con tal motivo, para mostrar nuestra cooperación con las autoridades académicas autonómicas de Madrid, nos ofertamos como catedráticos de tal asignatura para poder impartir lecciones en primera persona, dada nuestra condición de víctimas del terrorismo.

Además hemos elaborado un proyecto de las materias que en tal asignatura se podían impartir:

Lección 1: Para impedir la independencia de Cuba, el Estado español inaugura en 1898 los primeros campos de concentración y desencadena una guerra atroz contra la población

Lección 2: En 1909 el Estado español asesina al pedagogo Francisco Ferrer y Guardia después de un juicio farsa en el que le condenaron por terrorismo

Lección 3: En 1923 la aviación española lanza por primera vez en la historia gases tóxicos de forma indiscriminada contra la población civil marroquí

Lección 4: En 1936 los militares fascistas dan un golpe de Estado contra un gobierno democráticamente elegido, inician una guerra en la que matan a medio millón de personas más otras 200.000 en la posguerra

Lección 5: En 1963 el Estado fascista español asesina a los anarquistas Delgado y Granados y al comunista Grimau por motivos ideológicos

Lección 6: El preso político asturiano Mario Diego Capote murió desangrado en 1969 tras sufrir una paliza en la prisión de Segovia

Lección 7: Tres obreros, Antonio Huertas Remigio, Cristóbal Ibáñez y Manuel Sánchez Mesa, mueren en 1970 tiroteados por la policía durante una huelga de la construcción en Granada

Lección 8: En 1975 las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado español fusilan a cinco antifascistas (Baena, Sánchez Bravo, García Sanz, Txiki y Otaegi) apara aterrorizar masivamente a la población y evitar las movilizaciones de la transición

Lección 9: Entre 1975 y 1985 el Estado español asesinó a 600 personas a lo largo de las protestas y luchas obreras en la calle y en las comisarías

Lección 10: Cinco trabajadores (Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo y Bienvenido Pereda) mueren durante las huelgas de Gasteiz por disparos de la policía mientras celebraban un reunión sindical

Lección 11: En 1977 un grupo de pistoleros al servicio del gobierno de Adolfo Suárez asesina a cinco abogados que defendían a los trabajadores

Lección 12: En 1978 es apaleado hasta la muerte en la cárcel de Carabanchel el preso político Agustín Rueda Sierra por sus carceleros

Lección 13: Durante una huelga del transporte, en 1979 la Guardia Civil dispara indiscriminadamente contra un piquete y mata en Oviedo al camionero Valeriano Martínez Pérez

Lección 14: En 1980 los fascistas asesinan en plena Gran Vía de Madrid a Jorge Caballero, afiliado al sindicato de la construcción de CNT. Algunos de los fascistas fueron juzgados por “desordenes públicos” y no por asesinato.

Lección 15: En 1981 la policía torturó hasta la muerte al detenido Joxe Arregi Izagirre y luego condecoró y ascendió a los asesinos

Lección 16: En 1982 la policía mata en una emboscada a Juan Martín Luna, dirigente de los GRAPO, que habían decretado una tregua tras la llegada al gobierno del PSOE.

Lección 17: El gobierno del PSOE organiza un grupo terrorista que entre 1982 y 1987 asesina a 30 personas en España y Francia

Lección 18: Para encubrir el asesinato de Lucía Urigoitia cuando estaba detenida, en 1987 el CNI allanó la casa del juez y el laboratorio de balística para falsificar las pruebas, sustituyendo un proyectil y un cañón por otros diferentes

Lección 19: En 1990 murió en huelga de hambre Jose Manuel Sevillano, protestando contra el régimen carcelario de aislamiento

Lección 20: El antifascista Carlos Palomino fue apuñalado en 2007 por un militar neonazi en el metro de Madrid

Lección 21: En 2010 un hombre desahuciado de la vivienda que ocupaba con su mujer y su hija se ahorcó en plena calle de L’Hospitalet de Llobregat. El hombre había pedido al Ayuntamiento que retrasara el desahucio porque hacía mucho frío para vivir con su familia en la calle

Lección 22: En 2012 la Ertzaintza mata a Iñigo Cabacas en una carga policial en Bilbao disparándole una pelota de goma contra la cabeza

Lección 23: Al menos 14 personas murieron en 2014 en una playa de Ceuta por disparos de la Guardia Civil con pelotas de goma, siendo rociados con gas lacrimógeno los que lograron alcanzar la playa

Ya sabemos lo que el lector está pensando en este momento: el cursillo podría tener más horas lectivas. Incluso se podría inventar una nueva carrera dedicada sólo a esta disciplina académica y, si añadimos el terrorismo propagado desde 1945 por Estados Unidos a lo largo y ancho del mundo, podríamos inventar una nueva ciencia.

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El islam en la URSS (y 3)

Tras la Revolución de Octubre, el sistema educativo también se desdobló, creándose escuelas musulmanas paralelas a las soviéticas, aunque en este caso favorecido por la penuria económica derivada de la guerra civil, es decir, que mientras las escuelas soviéticas eran de nueva planta, se mantuvieron las musulmanas y se crearon otras nuevas, si no las había.

La mayor parte de los locales y otros bienes expropiados durante la Revolución fueron entregados a las instituciones educativas islámicas, de tal manera que en 1925 en Daguestán había 1.500 escuelas musulmanas que acogían a 45.000 alumnos, mientras que sólo había 183 escuelas públicas soviéticas.

Para desarrollar su trabajo educativo y político, el Partido bolchevique se apoyó en las cofradías religiosas más progresistas y avanzadas, lo que abrió una nueva etapa de florecimiento de culturas hasta entonces silenciadas. Las universidades promovieron cursos de formación, se publicaron monografías, nuevos medios de prensa y radio y se estimularon debates sobre los más variados temas históricos, lingüísticos, sociales y culturales. En especial se promovieron aquellas que corrientes teológicas que defendían un socialismo islámico, que se oponían a la usura o al acaparamiento de riquezas.

Muchos de los grupos más avanzados de las sociedades musulmanas se incorporaron al Partido bolchevique, como el movimiento panislámico kazajo Uch-Zhus, la cofradía Vaisita de los tártaros del Volga, la organización Mili Firqa de los de Crimea o la guerrilla iraní Jengelis que primero combatieron en el Ejército Rojo y luego crearon el Partido Comunista de Irán. En Azerbaián se formaron tanto el Partido Socialista musulmán Hummet y el Partido Comunista persa Adelet.

En las repúblicas de mayoría islámica la Revolución se definió como “korenishacha”, que se puede traducir como “arraigo”, de tal manera de las masas y sus organizaciones típicas no fueran solapadas por una nueva superestructura que, en definitiva, sólo podía ser rusa y, por lo tanto, heredera del colonialismo.

Para ello en 1924 el poder soviético inició la edición de las publicaciones oficiales en 25 idiomas diferentes. Al año siguiente alcanzaron los 34 idiomas y en 1927 el número de idiomas fue ya de 44.

Además concedió prioridad a las poblaciones locales para el acceso a las funciones públicas tanto como para el logro de cualquier trabajo. En muchos casos hubo que destituir o privar de las tierras a los rusos, cosacos muchos de ellos, es decir, antiguas tropas zaristas. En Ingusetia y Chechenia 65.000 colonos cosacos fueron expulsados de sus tierras, que fueron devueltas a los autóctonos.

Así fue como se crearon sobre el terreno los nuevos cuadros dirigentes del Partido Comunista, de los órganos soviéticos de poder, del Ejército Rojo o de las universidades, así como técnicos, ingenieros e intelectuales. La construcción de la URSS no se podía fundamentar en otro desembarco de rusos llegados de cualquier lejana ciudad que ni siquiera eran capaces de hablar el idioma vernáculo sino en la movilización de las masas.

A diario es posible leer a finos intelectuales, sobre todo si son “progres”, contra los prejuicios y el oscurantismo de todas las religiones y, muy especialmente, del islam. Estoy de acuerdo con muchas cosas de las que dicen porque son intemporales; sirven tanto para un roto como un descosido. Pero en muy pocas ocasiones se tiene la oportunidad de conocer algo sobre los prejuicios y el oscurantismo en que nos has sumido varios siglos de colonialismo, por lo que acabaré estas líneas con un incidente que se produjo durante el Congreso de Bakú, cuando todos los oradores despotricaban contra el imperialismo británico que oprimía a los pueblos asiáticos…

… Excepto uno, un turcomano llamado Nabutabekov, que después de tanta paja en el ojo ajeno les hizo ver la viga que los delegados tenían en el propio: “¡Liberadnos de los colonizadores que trabajan bajo la máscara de los comunistas!”, gritó. Pero no lo hizo para renegar de la Revolución de Octubre, sino todo lo contrario, porque no hay nada más infamante que ponerse del lado de los opresores en nombre de la clase obrera, del comunismo o del ateísmo.

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El islam en la URSS (2)

La burguesía cuenta la historia de la Revolución Rusa haciendo creer que al llegar al poder, los bolcheviques impusieron su propio programa y, por lo tanto, que llevaron el ateísmo al Estado y desde ahí persiguieron a las religiones, cerraron los lugares de culto y encarcelaron a los predicadores.

Nada más lejos de la verdad. Lo había escrito Lenin mucho antes de la Revolución, en 1905, cuando recomendó no caer “en planteamientos abstractos”, “al margen de la lucha de clases”. Los prejuicios religiosos no se pueden disipar “por medio de la pura prédica”. De ahí que “no prohibimos ni debemos prohibir el acercamiento a nuestro Partido a los proletarios que conservan todavía unos u otros vestigios de los viejos prejuicios” (*).

No había transcurrido un mes de la Revolución cuando los bolcheviques promulgaron una proclama dirigida “A todos los obreros musulmanes de Rusia y de Oriente” en el que se declaraban a su lado y denunciaban que las mezquitas y los lugares de culto, así como las costumbres, habían sido destruidos por el zarismo.

La declaración era un compromiso bien claro hacia ellos: “Vuestras creencias y vuestras costumbres, vuestras instituciones nacionales y culturales son para siempre libres e inviolables. Sabed que vuestros derechos, como los de los demás pueblos de Rusia, están bajo la alta protección de la Revolución y de sus órganos, los soviets de obreros, soldados y campesinos”.

La política religiosa es como cualquier otra clase de política: cambia según la lucha de clases y, por lo tanto, según el lugar y el tiempo. La URSS no fue ninguna excepción. La correlación de fuerzas no siempre fue la misma y no siempre fue igual en todas partes. Así, durante la guerra civil Asia central quedó aislada del resto de Rusia y estuvo gobernada por bolcheviques que, en definitiva, eran los viejos colonos rusos o descendientes suyos, generalmente asentados en las ciudades y con pocas conexiones con el mundo rural, islámico y atrasado.

Se produjeron levantamientos contra el poder soviético, como los de los basmachis y otros de tipo panislamista, panturquista o panturanista, en donde las protestas religiosas se mezclaban con las nacionales, apoyadas por los imperialistas británicos y franceses.

A aquellos bolcheviques les ocurría lo del refrán: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”, algo muy frecuente en la lucha de clases. En 1920 Lenin envió una comisión de investigación que, entre otros muchos errores, había cerrado las mezquitas, demolido monumentos o confiscado libros y objetos de culto. El viernes fue declarado día de fiesta en todas las repúblicas soviéticas musulmanas. Se restableció el “paranyah”, un velo islámico parecido al “niqab” que había sido prohibido. Finalmente, llevó a cabo la depuración de quienes, bajo la cobertura de los órganos de poder soviéticos (administración local, escuelas, policía, ejército), seguían manteniendo la dominación colonial rusa en las regiones islámicas.

Las depuraciones fueron muy selectivas, de tal manera que en 1922 en Turkestán fueron expulsados del Partido bolchevique 1.500 rusos, en su mayor parte por su actitud antimusulmana (justificada por el laicismo y el ateísmo), mientras que todos los musulmanes se mantuvieron dentro de las filas.

En 1921 el sistema judicial se desdobló, creándose tribunales islámicos paralelos a los soviéticos que aplicaban la “shariá”, como había prometido Stalin en un mensaje dirigido los pueblos caucásicos. En sus pleitos los musulmanes podía escoger entre unos u otros tribunales.

Desde enero de 1918 los asuntos islámicos se dirigían desde un consejo especial del Comisariado de las Nacionalidades dirigido por Stalin. Además se creó una Comisión de la “shariá” dentro del Ministerio de Justicia. Su tarea fue la de poner el acento de la ley islámica en una interpretación de los principios de perdón y educación, más que sobre la represión, así como en la erradicación de los castigos corporales, el corte de la mano a los ladrones y la lapidación por adulterio (que se aplicaba tanto a las mujeres como a los hombres).

En los años veinte, en las repúblicas islámicas de la URSS entre un 30 y un 50 por ciento aproximadamente de las causas criminales las resolvían los tribunales islámicos, una proporción que el caso de Chechenia alcanzaba el 80 por ciento.

Además, en Asia central el Partido bolchevique creó el departamento Zhendotel de mujeres obreras y campesinas para erradicar la discriminación y el atraso de las mujeres en dichas repúblicas. Las militantes de Zhendotel vestían el “paranyah” para poder realizar su trabajo político.

Con esas medidas y otras parecidas, la URSS no sólo logró la incorporación de los musulmanes, hombres y mujeres, a la revolución sino ser fiel a sus propios principios, que no fueron otros que la federación de repúblicas que en sí mismas eran diferentes unas de otras.

Eso no significa que no se produjeran nuevos problemas, ni aplicaciones retrógradas de la ley que eran de todo punto inaceptables para el nuevo poder soviético. Por eso a finales de 1922 se aprobó un decreto para que toda sentencia injusta pudiera ser de nueva replanteada ante los tribunales soviéticos si una de las partes así lo reclamaba.

El tacto en las relaciones con la población musulmana nunca fue incompatible con la realización de campañas contra el “paranyah” o a favor del divorcio. Con motivo de las celebraciones del Día de la Mujer Trabajadora de 1927, en Tashkent, Samarkanda y otras localidades de Asia central, muchas mujeres empezaron a gritar en contra del “paranyah”, se lo quitaron en público y le prendieron fuego. Bajo la protección de la policía, las mujeres fueron por las calles arrancando el velo a las que lo llevaban y saqueando los almacenes de alimentos.

Los musulmanes lo declararon “kuyum” (ofensa). Se sucedieron varios días de altercados y represalias mutuas que alcanzaron a las familias de unos y otros y provocaron la reacción de los clérigos islámicos. Los antiguos basmachis volvieron a crear una organización contrarrevolucionaria clandestina, llamada Tash Kuran.

El poder soviético no sólo triunfó en las repúblicas islámicas por una acertada política religiosa y nacional sino porque la misma se apoyó en las masas oprimidas que las habitaban, millones de personas que hasta 1917 jamás conocieron ningún tipo de derechos. La URSS no solo les alfabetizó sino que lo hizo en su propio idioma. Para muchos pueblos era la primera vez que su idioma conoció la escritura y, naturalmente, la prensa, la radio y la escuela.

Como consecuencia de ello, ya en los años veinte la mayor parte de las autoridades y funcionarios públicos de dichas repúblicas no eran rusos sino originarios del lugar. Un caso especial y relevante fue el Ejército Rojo, cuyas últimas victorias en la guerra civil se obtuvieron en Asia central. Además de comisarios políticos, los batallones islámicos del Ejército Rojo, integrados por uzbekos, azeríes, kazajos, turcomanos, tayikos, chechenos, tártaros y bashkires, tenían sus propios mullahs y otros dirigentes religiosos.

(*) Lenin, El socialismo y la religión, Obras Completas, tomo 10, pg.81.

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