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Categoría: Guerra psicológica (página 39 de 45)

Dos años de noticias falsas: se acaba la intoxicación periodística contra el ‘candidato manchú’

Después de una investigación de dos años el Fiscal Especial Robert Mueller concluyó que no hay evidencias de acuerdo o coordinación entre el equipo de campaña de Trump y Moscú durante las elecciones presidenciales de 2016.

“Las investigaciones de la Fiscalía Especial no determinaron que el equipo de la campaña de Trump o cualquier otra persona asociada con ella estuviera de acuerdo o coordinara con Rusia en sus esfuerzos por influir en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos”, dijo el ministro de Justicia Bill Barr en una carta enviada al Congreso.

Es el escueto despacho de la agencia France Press que destapa dos años de falsedades, día tras día, de todas y cada una de las grades cadenas de intoxicación del mundo, una de las mayores campañas desde los tiempos de Watergate (otro caso de espionaje al Partido Demócrata de Estados Unidos que todos han callado).

Pero los farsantes no se pueden quedar de brazos cruzados y siguen a lo suyo. “¿Se ha librado Trump?”, pregunta ElDiario.es (1). No se cansan del montaje que han alimentado pieza a pieza y deslizan que aún quedan flecos. “¿Trump se va de rositas?”, sigue preguntando el repugnante periódico de Ignacio Escolar.

Este tipo de prensa no rectifica, no admiten que han quedado en evidencia. Luego acusan de conspiranoicos a los demás.

Desde el primer momento el objetivo de esta campaña era político. Como en el caso de Nixon, un sujeto tan execrable como Trump, los demócratas trataban de ganar en los despachos lo que habían perdido en las urnas, es decir, el ‘impeachment’, un juicio farsa que le obligara a dimitir.

No hay nada de nada, como ya sabíamos, pero las conclusiones, dice El Mundo, “no exoneran a Trump de obstrucción a la Justicia” (2). Si siguen buscando es posible que también le busquen multas de tráfico porque es evidente que “algo malo” ha hecho para que la campaña siga, aunque sea en voz baja. Cualquier cosa antes de decir que todo ha sido una patraña, una de las mayores de los últimos tiempos.

Pero El Mundo no se puede quedar con el culo al aire, así que sigue a lo suyo: las conclusiones de la investigación mencionan “la conspiración rusa para influir en las elecciones”, algo que el espionaje de Estados Unidos ha confirmado. “Hubo injerencia rusa pero el equipo de Trump no tomó parte en ella”, dice este periódico para no dar su brazo a torcer.

Veamos esta tontería. Primero tenemos que hacer un esfuerzo para imaginar que los espías dicen la verdad, lo cual es mucho pedir en un caso así. Segundo, si eso fuera verdad, el juicio de destitución estaría garantizado porque los espías llevarían sus pruebas ante los estrados del tribunal. Tercero, en este asunto los espías no son peritos imparciales sino parte de la trama para destituir a Trump, es decir, juez y parte.

Este periódico sólo dice la verdad cuando reconoce que el informe “es un golpe a la credibilidad de muchos medios de comunicación de Estados Unidos”. ¿Sólo de Estados Unidos?

Lo que ha quedado en evidencia es la verdadera naturaleza de esos medios, que han dejado de ser “medios” para unirse a la campaña política contra el “candidato manchú”, de la que han formado parte en las filas del Partido Demócrata, exactamente igual que el asunto Watergate hace casi 50 años, por más que en aquella chapuza, a diferencia de ahora, los hechos eran ciertos. Ahora todo ha sido una pura mentira.

Por eso hay quien prefiere otras comparaciones, por ejemplo con el fraude de las armas de destrucción masiva en Irak. “Estamos ante un nuevo desastre de la prensa similar al de las armas de destrucción masiva en 2003”, dice Matt Taibbi, columnista de la revista Rolling Stone.

Esta comparación es peor. En 2003 las cadenas cumplían su papel, que consiste en ser los altavoces de sus amos, o sea, de Bush. Pero ahora la prensa no ha seguido al Presidente sino que se ha enfrentado a él por razones muy turbias.

Ahora la prensa sigue jugando el mismo papel que al principio. Al igual que la ridícula de Nancy Pelosi, Presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, se agarra a un clavo ardiendo. Lee la letra pequeña, busca alguna rendija en el informe, una pizca de esperanza… Aquí diríamos “sostenella y no enmendalla”.

(1) https://www.eldiario.es/trumplandia/Finaliza-investigacion-Trump-Putin-librado-Trump_6_880921900.html
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2019/03/24/5c97e1c7fdddff60698b45d8.html

Más información:

– La ideología dominante es como los zombis: nos persigue por más que se demuestre su falsedad
– Trump, el candidato manchú, y cómo los rojos se han apoderado de la Casa Blanca
– Los hilos que van del Kremlin a Trump pasan por WikiLeaks pero no conducen a ninguna parte
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Capitán Marvel: una película producida por el Pentágono para defender sus guerras de agresión

El Pentágono ha producido la película Capitán Marvel, un éxito de taquilla de Hollywood. Los actores y guionistas de Capitán Marvel trabajaron en estrecha colaboración con el ejército, confiando a sus oficiales el papel de consultores y empleando a docenas de soldados estadounidenses en servicio activo como extras. Varias escenas fueron rodadas en una base militar y, desde su estreno, el Departamento de Defensa ha estado promocionando la película en su sitio web y en las redes sociales.

El ejército estadounidense está en el corazón de la trama Capitán Marvel. La estrella de la película, Carol Danvers, es una antigua piloto de la Fuerza Aérea que se convierte en superheroína gracias a la avanzada tecnología creada por otro científico militar estadounidense.

El científico es miembro de una raza alienígena avanzada conocida como Kree, que decidió realizar una investigación militar revolucionaria y para ello, de todos los lugares posibles del universo, eligió Estados Unidos.

La película bombardea a los espectadores con dos horas de propaganda militarista estadounidense ininterrumpida, aunque no es sutil. En el punto más alto de la trama, el Capitán Marvel cambia los colores de su traje por los de la bandera americana.

Para que no falte de nada, el Pentágono ha comercializado la película  como un éxito de taquilla “feminista”, una rara película de superhéroes protagonizada por una mujer. Como ha dicho la revista Elle, Capitán Marvel es ”la película más rentable con una mujer de estrella”. El “feminismo” de pega se entremezcla con la propaganda militarista de la manera más grosera.

El Capitán Marvel (interpretado por Brie Larson) tiene dos aliados cercanos: Nick Fury (Samuel L. Jackson), un antiguo agente de la CIA que se encuentra sin rumbo en la vida después de derrotar al comunismo durante la Guerra Fría, y Maria Rambeau (Lashana Lynch), otra piloto de la Fuerza Aérea. Los tres se unen en una misión apoyada por el ejército para tratar de salvar a una raza incomprendida de refugiados extranjeros, los skrulls, de la aniquilación de los kree, una superpotencia galáctica beligerante.

Marvel Studios y Walt Disney Studios, que respectivamente han producido y distribuido Captain Marvel, tenían una estrategia comercial similar a la de su película de 2018, “Black Panther”, que han vendido como una obra antirracista con un reparto predominantemente negro y que, por casualidad, contaba con un agente blanco de la CIA que ayudó al héroe T’challa a salvar a su monarquía absoluta de una revolución dirigida por Killmonger, un antimperialista malvado.

Había, pues, buenas razones para que la CIA promoviera “Black Panther” en las redes sociales de manera sostenida.

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— Hollywood: la fábrica de las pesadillas
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El Washington Post sale al rescate de la CIA con una noticia falsa sobre el asalto a la embajada

Tras sentir el dedo acusador, la CIA ha obligado a su servicio de propaganda oficial, el laureado Washington Post, a sacarle la cara con una noticia infame de la que medios como Europa Press, La Vanguardia o El Español se han hecho eco.

Los cazadores de bulos, naturalmente, no incluirán esta mentira entre sus denuncias porque dejan mal a un altavoz del espionaje muy acreditado, por lo que hay que despellejar esta intoxicación.

Según el Washington Post no fue la CIA quien asaltó la embajada de Corea del norte en Madrid sino un grupo de opositor al gobierno de Corea del norte, llamado Cheollima Civil Defense.

La fuente de los intoxicadores son, según confesión propia, quienes “conocen bien la planificación y ejecución de la misión”, es decir, la propia CIA que necesita poner pantallas por todas partes para borrar la pista de sus crímenes.

“Los que están al corriente del incidente dicen que el grupo no actuó en coordinación con los gobiernos”, siguen diciendo los farsantes, que no tienen empacho en calificar un acto de terrorismo como “incidente”. Ni que se hubieran resbalado por la calle… El intento de lavar la cara al “incidente”, independientemente de la autoría del mismo, ya huele a podrido.

El artículo sigue luego hablando de que Cheollima es una organización “oscura” y nos trata de convencer de que da la vuelta al mundo para llegar hasta Madrid. Pero si lo que pretendía era robar los móviles, podía haberlo hecho en Hong-Kong o Bangkok, que están más cerca.

“Este grupo es el primer movimiento de resistencia conocido contra Corea del norte que realiza acciones mediáticas”, sigue el artículo, que a su vez se hace eco de lo que dicen supuestos expertos, analistas y entendidos, a cada cual más estúpido.

“La CIA nunca sería capaz de hacer tal cosa”, dice el periódico a través de una analista. No ha podido ser obra de la CIA porque entonces hubiera frustrado las negociaciones pendientes con el gobierno de Pyongyang. Naturalmente, gilipollas: las conversaciones se frustraron en cuanto Trump hizo el primer ademán de sentarse a la mesa.

El asalto de Madrid fue ordenado por John Bolton, el consejero de seguridad de Trump, porque las negociaciones no les interesan y eso es algo que sabemos porque lo dijo el Washington Post precisamente el 20 de febrero, dos días antes del asalto, en una noticia que calificaba a Bolton como “un halcón” que se oponía “ferozmente” a las conversaciones “etapa por etapa”.

Respecto a Corea del norte, Bolton es partidario, según el Washington Post, de una “presión máxima mediante sanciones económicas” para erosionar la determinación del gobierno de Pyongyang.

Los asaltantes grabaron en vídeo la operación para presionar al antiguo embajador norcoreano en Madrid, Kim Hyok Chol.

Vayamos ahora con Cheollima, que es el nombre del supuesto grupo opositor norcoreano y el de un caballo mítico de los viejos relatos populares coreanos y chinos. A veces firma como Cheollima/Liberación de Joseon. La dinastía Joseon reinó en la península asiática entre 1400 y 1900, cuando se desplomó a causa de la invasión japonesa.

El mismo día que fracasaron las negociaciones de Hanoi, la organización publicó un comunicado que apesta a Guaidó y al golpismo venezolano del momento:

“Hoy declaramos el establecimiento de ‘Joseon Libre’, un gobierno provisional que prepara los fundamentos de una futura nación fundada sobre el respeto a los principios del hombre y del humanitarismo y que acuerda una dignidad manifesta a cada mujer, hombre y niño.

“Declaramos que esta entidad es el único representate legítimo del pueblo de Corea del norte”.

La redacción es tan burda, que no fue redactada en coreano sino en inglés, y luego traducida.

Cheollima es también una cuenta de Youtube que publica vídeos de denuncia que aparentan la existencia de un grupo organizado que se opone al gobierno de Pyongyang pero que no es otra cosa que un montaje de NIS, el espionaje surcoreano, lo cual es lo mismo que decir la CIA. Cuando las cosas se ponen feas en Seúl, el NIS apaña unas elecciones para impedir que salgan electos personajes poco simpáticos hacia Washington.

Lo mismo que en Irán con los Muyaidines, los grupos de la oposición en el norte de Corea no son otra cosa que la CIA. La diferencia es que los Muyaidines tienen una organización fuera de Irán con una trayectoria larga, mientras que en Corea del norte no hay nada de nada, salvo la CIA y el NIS (que son lo mismo).

En cuanto la curiosidad hurga un poco la superficie aparecen coincidencias muy curiosas, una detrás de otra, como la similitud con los Cascos Blancos de Siria. Ni siquiera se preocupan excesivamente en ocultar que el origen es el mismo. Basta comparar el logo o los sitios en internet de ambas organizaciones:

www.syriacivildefense.org
www.cheollimacivildefense.org

En todas partes, Estados Unidos sigue metiendo la pata y el Extremo Oriente no es una excepción. Corea del norte fue a Hanoi porque sus amigos en Pekín y en Moscú le pidieron que lo hiciera. Ya ha cumplido. Ha quedado bien. Ha mostrado su afán conciliador. Ahora los amigos a quien le piden cuentas es a Trump, Bolton, Pence, Pompeo y demás ineptos.

Además, tanto Pekín como Moscú tienen la excusa perfecta para levantar las medidas de presión que habían acordado contra Pyongyang.

Más información:
— La telaraña desinformativa de la CIA
— Los altavoces del imperialismo se quedan con el culo al aire
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— Todos los hombres del candidato Trump
— Watergate: todos los hombres del presidente (y alguno que se quedó olvidado)
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El ‘izquierdismo contrarrevolucionario’ es un viejo diseño de la CIA que sigue de plena actualidad

No nos hubiera debido sorprender tanto la preocupación de la CIA por impulsar a determinados artistas e intelectuales. Los espías de Langley se convirtieron en los mayores mecenas de la cultura que ha conocido la historia. No hubo materia en la que la CIA no metiese la cuchara, como lo prueba el hecho de que se sigan desclasificando documentos, hasta ahora reservados, en los que notorios escritores aparecen generosamente recompensados (*).

El encargado de esta tarea, Thomas W. Braden, lo expresó bastante claramente en 1967: “Me acuerdo de la enorme alegría que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [subvencionada por la CIA] suscitó en París más entusiasmo por Estados Unidos del que John Foster Dulles [secretario de Estado] y Dwight D. Eisenhower [Presidente] hubieran podido lograr con cien discursos”.

La cultura es muy importante para el imperialismo. Por eso la palabra “inteligencia” ha llegado a ser tan dual que lo mismo se refiere a un intelectual que a un espía. Nadie hubiera podido sospechar hasta qué punto en Langley fabrican música, pintura, libros, universidades, becas, bibliotecas, doctrinas, películas y periódicos tanto como Golpes de Estado, tortura y asesinatos en masa. A pesar de ello, tenemos una tendencia “natural” a vincular a la CIA con esto último, pero no tanto con lo anterior.

También tenemos otro vicio más: nos creemos que la CIA sólo genera facherío, reacción, que promociona a escritores de esos a los que se les ve venir desde lejos. ¡Qué error! Los espías son mucho más inteligentes; de ahí viene su nombre. Lo que fabrican son ese tipo de escritores que tanto les gusta leer a los universitarios, como Foucault, por poner un ejemplo de “izquierdista contrarrevolucionario”.

El aparato ideológico de la CIA tenía oficinas en 35 países, publicó docenas de revistas, financió editoriales y libros, organizó conferencias internacionales, exposiciones de arte, espectáculos, conciertos, premios culturales y organizaciones encargadas de dirigir toda esa actividad, como la fundación Farfield. No es cosa del pasado. Toda esa producción cultural sigue pesando en lo que se está escribiendo ahora mismo.

Un informe de 1985 que se ha logrado desclasificar parcialmente pone nombres y apellidos a muchos de los intelectuales subvencionados, entre los que cabe destacar a ilustres personajes como Jacques Lacan o Roland Barthes.

Sobre todo en Europa occidental, la CIA creó esas corrientes que en los sesenta fueron calificadas como “nueva izquierda”, ese tipo de movimientos seudoprogresistas que hoy están tan en boga. Son los que se definen a sí mismos como marxistas, pero no aceptan lo que a la CIA le importaba realmente: la URSS, lo que se llamó el “socialismo real”, algo execrable justamente porque era una realidad, no una utopía.

Las subvenciones de la CIA crearon el mito del “stalinismo”, para lo cual recurrieron a fabricar renegados, en cuyo nombre escribieron biografías y memorias de desengaño o decepción, personajes que fueron pero dejaron de ser: “yo también fui comunista”, “yo viví en la URSS”, “era muy joven y me engañaron”…

Unos decían que la experiencia práctica del socialismo era mala; los otros que también la teoría lo era. En medio de la caza de brujas en Estados Unidos o de los Golpes de Estado de Irán, Guatemala, Brasil o la República Dominicana, la “nueva izquierda” se obsesionó con la URSS y ahí sigue. No importa que ya no exista: hay que recordar al mundo que existió y que no fue algo bueno para la humanidad, que no se debe repetir.

La “nueva izquierda” es el mensaje que la CIA dejó para que en el futuro los intelectuales siguieran combatiendo, como el Cid Campeador, al socialismo real después de muerto, incluso sin necesidad de subvenciones, por su propio impulso. Los espías dejaron el trabajo hecho en la Guerra Fría; no queda más que repetir la misma monserga.

(*) https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP86S00588R000300380001-5.PDF

Por cierto: casi se me olvida añadir que Braden, el jefe del aparato de propaganda de la CIA, era periodista. Cuando dejó el espionaje pasó a trabajar en la CNN, entre otro medios. La serie de televisión “Con ocho basta”, la más famosa de finales de los setenta, se basaba en una biografía tuneada de Braden, que tenía ocho hijos. La CIA es una familia entrañable.

Corea del norte: las últimas mentiras del New York Times para sabotear la paz

Decir que el New York Times miente es abundar en más de lo mismo; decir que lo hace sobre Corea del norte es tedioso. ¿Hay alguna información sobre el país asiático que no haya sido prefabricada por un cretino consagrado?

Nuestro magnífico detector informático de noticias falsas salta cada vez que uno de los dos, New York Times y Corea del norte, aparece en una noticia y si van juntos se encienden todas las luces rojas, hasta el punto de que acumulamos una amplia colección de imbecilidades escritas sobre aquella península del Pacífico.

El último artículo del New York Times se titula “Las bases de misiles en Corea del norte muestran que el engaño continúa”(*), y no hace falta de decir que quien miente es el gobierno de Pyongyang, no el periódico:

“Corea del norte continúa su programa de misiles balísticos en 16 bases ocultas que han sido identificadas a través de nuevas imágenes satelitales comerciales, una red conocida desde hace mucho tiempo por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, pero no discutida porque el presidente Trump afirma haber neutralizado la amenaza nuclear de Corea del norte”.

“Las imágenes satelitales sugieren que Corea del norte está llevando a cabo un engaño importante: ha propuesto desmantelar un sitio de lanzamiento importante -un paso que ha iniciado y luego ha interrumpido- mientras continúa desarrollando más de una docena de otros sitios de lanzamiento, lo que le permite reforzar sus ataques con ojivas convencionales y nucleares”.

Es un tópico: amenaza y Corea del norte son sinónimos; si aparece uno tiene que aparecer el otro. En cuanto al engaño, no hay tal. No hay más que echarle un vistazo a la Declaración de Singapur firmada por Trump y Kim Jong-un, donde aparece que Pyongyang ha acordado desmantelar un lugar de pruebas de misiles, no un lugar de lanzamiento operativo. Ademas, se ha comprometido a establecer una moratoria sobre los ensayos nucleares y balísticos, no a detener la producción o el despliegue de misiles.

En la Declaración de Singapur Corea del norte no se comprometió a poner fin a su producción de misiles balísticos, del mismo modo que Estados Unidos no se han comprometido a poner fin al fortalecimiento de su capacidad para agredir a terceros países.

Es más, Corea del norte ha declarado abiertamente en varias ocasiones que aumentará su potencia en materia de misiles balísticos. En mayo del año pasado Kim Jong-un ordenó la producción en serie de misiles de mediano alcance Poseidón-2. Poco después, en agosto, dio la orden de aumentar la producción de misiles de combustible sólido. A principios de este año dio de nuevo la orden de aumentar la producción de misiles balísticos.

En julio la ampliación de una conocida fábrica de misiles era visible en imágenes obtenidas vía satélite que son de acceso público.

La revista Foreign Affairs ha señalado que se trata de medidas legítimas y no de engaños:

“Esta actividad no sugiere que Kim sea un mentiroso o que esté ‘engañando’. Nunca prometió dejar de producir armas nucleares o misiles balísticos. De hecho, todo lo contrario. En su discurso de Año Nuevo de 2018, Kim ordenó al sector de investigación de la industria de armas nucleares y cohetes de Corea del norte que produjera en masa ojivas nucleares y misiles balísticos. Ahora está claro que Kim mantiene sus compromisos”.

El artículo del New York Times cita una declaración del Departamento de Estado sin subrayar que es otra mentira obvia:

“Un portavoz del Departamento de Estado respondió a estas afirmaciones con una declaración escrita sugiriendo que el gobierno creía que los sitios debían ser desmantelados: ‘El Presidente Trump dejó claro que si el Presidente Kim cumplía sus compromisos, incluyendo la desnuclearización completa y la eliminación de los programas de misiles balísticos, se abriría un futuro mucho más brillante para Corea del norte y su pueblo’”.

Corea del norte nunca se ha comprometido a nada de eso, por lo que el Departamento de Estado miente y el New York Times también.

En 2002 el New York Times publicó docenas de informes falsos sobre acusaciones de armas de destrucción masiva en Irak. Allá no se encontraron armas de ese tipo y esos informes justificaron el desencadenamiento de una guerra catastrófica.

Ahora el periódico trata de hacer lo mismo para sabotear la única iniciativa de Trump que podría conducir a la distensión en alguna parte del mundo. Lograr la paz en Corea ya es bastante complicado. Los obstáculos adicionales que plantea la presentación de información falsa no hacen más que dificultarla.

En la actualidad las conversaciones entre Estados Unidos y Corea del norte se han vuelto a suspender. Estados Unidos exige que se empiece por el punto 4 de la Declaración de Singapur (desnuclearización) antes de concluir los puntos 1, 2 y 3: levantamiento de las sanciones y firma de un acuerdo de paz.

(*) https://www.nytimes.com/2018/11/12/us/politics/north-korea-missile-bases.html

Negocio + Ideología = Hollywood

No abundan los estudios sobre el poder ideológico de Hollywood, sobre todo en las películas que tratan -más o menos explícitamente- de la política exterior de Estados Unidos. Por eso es conveniente publicitar el libro publicado en 2010 por el académico británico Matthew Alford sobre la relación entre la industria cinematográfica y la hegemonía estadounidense.

Alford revisa docenas de obras estrenadas desde principios de la década de 1990, desde éxitos de taquilla hasta películas independientes. Descubre la manera en que reflejan la acción estadounidense en todo el mundo y su influencia civil y militar. “La propaganda de Hollywood” analiza el funcionamiento interno de una industria politizada, muy sensible a las preocupaciones de Washington, el Pentágono y Wall Street.

Cada año en la ceremonia de los Óscar, Hollywood invita al mundo a compartir la ilusión de que la industria trabaja por el bien de la humanidad, ofreciendo un entretenimiento magnífico y conmovedor que lleva alegría, ternura, tristeza, películas ricas tanto en impresionantes escenas de acción como en promesas reconfortantes. Ante la autocelebración festiva, olvidamos que el mundo del cine es una industria con ánimo de lucro que, como todas las grandes industrias, está firmemente centralizada y mucho más preocupada por llenar el bolsillo que por crear un arte que alimente nuestros sueños.

Hollywood opera dentro de parámetros ideológicos bien definidos. La industria cinematográfica busca constantemente la gloria y el dinero pero, sin embargo, es una industria cultural. Las mercancías que comercializa se componen de personajes, imágenes, historias, experiencias y, a su manera, ideas, elementos que afectan directamente a la conciencia pública. Si el objetivo principal de los grandes estudios es obtener beneficios sustanciales, tienen otro, se asuma o no explícitamente: el control ideológico. Hollywood nunca se aventura más allá del marco del sistema de creencias dominante, que representa como si fuera una representación natural y auténtica de la vida. Por lo tanto, podría ser más apropiado describir a la industria cinematográfica no sólo como dedicada al control ideológico, sino también al autocontrol ideológico.

Los jefes de la industria argumentarían que nuestra sociedad es una democracia cultural cuyos productos finales no están determinados por la ideología, sino que son generados por muchas elecciones libres dentro de un mercado libre. A sus ojos, es la mano invisible de Adam Smith la que va desde el corazón de Hollywood hasta el centro de las ciudades. Para hacer dinero para sus accionistas, la industria debe llegar a los mercados más extensos posibles, es decir, debe dar a las personas lo que quieren.

Según los magnates de Hollywood, la cultura popular es producto de la demanda popular. Si el negocio del cine ofrece películas nulas, dicen, es porque eso es lo que el público aprecia; eso es lo que vende. Las personas prefieren que las entretengan y las distraigan en lugar de que las informen y las detengan.

Pero, como decía Marx, la producción engendra la demanda, y no al revés. Más que el gusto del público, lo que determina el tamaño de su audiencia es la fuerza de la publicidad y las distribuidoras de las películas. Millones de personas han visto las secuelas de “Rambo”, producciones extravagantes que glorifican los actos más militaristas y sangrientos. Cada uno de los episodios de “Rambo” se estrenó en más de 2.000 salas de cine en Estados Unidos tras campañas publicitarias multimillonarias.

En 2001, a pesar de unas críticas merecidas, Disney decidió extender la explotación de “Pearl Harbor” a siete meses en lugar de los usuales dos o cuatro, lo que significó que un éxito de taquilla para el verano se proyectó finalmente hasta diciembre. Con una distribución tan invasiva, era imposible que una película tan floja como “Pearl Harbor” no llegara a un gran número de personas.

Sólo unos pocos miles de personas han visto alguna vez “La sal de la tierra”, una película de bajo presupuesto de 1954 sobre las luchas de los obreros mexicanos en Estados Unidos. Esa vibrante y llamativa película, conservada décadas más tarde por la Biblioteca del Congreso y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, estuvo sometida a todo tipo de restricciones durante su producción y distribución, y tuvo que contentarse con una corta vida en la pantalla, con sólo once pequeños exhibidores.

Si las películas disidentes como “La sal de la tierra” no llegan a un público amplio, ¿no será porque se las mantiene alejadas debido a la distribución mínima y la publicidad limitada que reciben? Sin fondos suficientes, deben confiar en el boca a boca y en las críticas que, a menudo, son políticamente hostiles. Eso contrasta con las campañas publicitarias multimillonarias que promueven la creación de mercados masivos para películas supuestamente más famosas. Si “Rambo” o una película como “Pearl Harbor” tienen una audiencia de millones de espectadores, entonces ¿por qué es necesario gastar una fortuna en publicidad con el único objetivo de construir una audiencia masiva?

La demanda no crea, pues, la oferta. La primera condición necesaria para cualquier consumo es la disponibilidad del producto. Ya se trate de películas, programas de televisión o refrescos, el consumo dependerá en gran medida de la distribución y la visibilidad del producto. Una película que se estrena en todos los multicines de Estados Unidos llega a un público amplio no porque haya una ola espontánea de demanda desde abajo, sino porque se está comercializando con una explosión desde arriba.

Con el tiempo, al público se le condiciona a aceptar películas fáciles, superficiales, mediocres y políticamente sesgadas. Con un embalaje suficiente, los consumidores ven incluso lo que no les entusiasma. Rara vez expuestos a otra cosa, están más inclinados a buscar distracción en lo que se les ofrece.

Pero este argumento no debe ser exagerado. El público no es maleable a voluntad. La oferta no siempre crea demanda. Algunas ofertas de Hollywood son un fracaso abyecto, a pesar de la abundante publicidad y de una distribución agresiva. A pesar de sus declaraciones sobre la importancia de dar a la audiencia lo que quieren, los directores de los estudios a menudo se equivocan. Las preferencias del público pueden ser difíciles de predecir, especialmente cuando la percepción que uno tiene de ellas está influenciada por sus propias inclinaciones ideológicas.

Durante más de dos décadas, incluyendo todos los años setenta y ochenta, expertos de los principales medios de comunicación repitieron que el público norteamericano se ganaba con un estado de ánimo reaccionario. Los jefes de las estaciones de televisión y de los principales estudios se unieron rápidamente al coro, en lo que finalmente se convirtió en uno de los intentos más largos de profecía autocumplida de la historia. Como habían decidido que la nación se dejaba abrumar por un estado de ánimo reaccionario, se lanzaron a promover ese estado de ánimo. Las emisoras de televisión produjeron series como Walking Tall, Strike Force y Today’s FBI (1981-1982) que tuvieron audiencias lamentables y se interrumpieron rápidamente. Volvió a ocurrir en la década de 2000 con series como Agence Matrix (2003-2004), Las chicas espías (2002-2004) y Espías de Estado (2001-2003), esta última apoyada por la CIA.

Lo mismo ocurrió con la industria cinematográfica. “Elegidos para la gloria” (The Right Stuff, 1983), una película sobre las aventuras espaciales estadounidenses, fracasó en la taquilla. Películas de acción como Cobra (1986), Rambo III (1988) y “The Dead Pool” (La lista negra, 1988), la quinta y última película de la saga “Harry El Sucio”, también fracasaron. Gracias a campañas publicitarias multimillonarias, tuvieron un buen comienzo en su primer fin de semana, pero luego colapsaron rápidamente.

Inchon (1982), otra película bélica reaccionaria, con un presupuesto de 48 millones de dólares y entre 10 y 20 millones de dólares en publicidad, tenía todo lo que se supone que el público quiere: un reparto prestigioso, una producción espectacular, una historia de amor, escenas sangrientas de batallas, un patrioterismo exacerbado, una reescritura simplista de la historia política y una trama alucinante sobre agresores comunistas listos para matar que están siendo liberados por un héroe de guerra reaccionario… Sin embargo, fue otro desastre en la taquilla. Incluso los espectadores más condicionados se cansan a veces de consumir la misma tontería una y otra vez.

Decir que la industria cinematográfica ofrece a la gente lo que la gente quiere es una explicación demasiado simple. Los grandes estudios nos imponen lo que creen que queremos, y a menudo promocionan películas que nunca hemos pedido y que no nos gustan especialmente. Pero con suficiente publicidad y distribución, incluso estas películas están destinadas a llegar a mucha más gente que las películas disidentes con financiación escasa, a las que no se les da una distribución adecuada o publicidad masiva.

Los fantasmas de Publico.es juegan a los cazafantasmas con fastasmadas

En un artículo firmado por Pablo Romero, los fantasmas de Publico.es juegan a los cazafantasmas en su guerra contra los bulos y, además, hacen fantasmadas: dicen que no sólo hay que luchar contra los bulos sino prevenirlos. Es el nuevo estilo “Minority Report” que otros cazafantasmas, los policiales, quieren poner de moda, como ya apuntamos aquí en entradas anteriores.

El nuevo periodismo se nutre, pues, de fantasmas, fantasmadas y cazafantasmas, que vienen a ser lo mismo. Si, tienen razón los fantasmas de Publico.es: el periodismo está totalmente desacreditado, pero no sólo por los bulos y fantasmadas que difunden. No tienen más que mirarse el ombligo y explicarnos la siguiente bazofia que publicaron el 4 de enero de 2014: Kim Jong Un ajustició a su tío con una jauría de perros de presa (*).

Con ese nivel, es lógico que Publico.es y gacetilleros parecidos, como Maldita, estén desacreditados. Es imposible diferenciarlos de un vertedero de basura y no van a cambar por más algoritmos que utilicen en su ridícula cacería de bulos; podrían acabar pegándose un tiro en la oreja.

Lo de la prevención de las noticias falsas ya lo hizo el franquismo en 1939; se llama censura y ahora se practica con la mayor naturalidad en redes sociales, como Facebook, entre otras, que cierran todas aquellas páginas que no gustan en Washington o en Tel Aviv.

La caza de bulos es el oficio más viejo del mundo y nunca ha necesitado algoritmos; basta con enviar a la Inquisición o a la Guardia Civil y cerrar un periódico, como ya hicieron con Egunkaria en 2003. El quemar vivos a los periodistas o despellejarlos es optativo.

Quien crea, como el autor del artículo que comentamos, que una máquina puede ayudar a prevenir la difusión de la desinformación, debe hacérselo mirar. De lo que se trata es de disimular la censura con uno de esos programas informáticos asépticos y neutrales, “made in MIT”, que encandilan a los “geeks”.

Naturalmente que los inquisidores, como Clara Jiménez, de Maldita, no quieren limitar su furia a las publicaciones sino también a las conversaciones privadas, de tal manera que a través de chats, como WhatsApp, sólo se expresen afirmaciones verídicas, contrastadas y fiables.

No vamos a aburrirles con más chorradas. Les dejamos con la frase de Preslav Nakov, uno de esos cretinos que elaboran los algoritmos para detectar noticias falsas: “La dicotomía izquierda-derecha no es una división universal”, afirma. “Por ejemplo, estas nociones aparecen invertidas en Europa del Este, donde la izquierda es conservadora y la derecha es liberal”.

Hace falta ser rematadamente tonto para decir tal cosa; imagínense ahora qué tipo de algoritmos fabrican esos descerebrados.

(*) https://www.publico.es/actualidad/kim-jong-ajusticio-tio-jauria.html

Los ejércitos controlan las redes sociales a través de empresas privadas de tecnología

Durante los últimos cuatro años el ejército de Australia ha pagado a empresas privadas de minería de datos más de un millón de dólares para acceder y analizar lo que publican los usuarios en las redes sociales.

Un portavoz del Ministerio de Defensa le dijo a News Corp Australia que el departamento “tuvo en cuenta muchas fuentes de información al planificar y llevar a cabo operaciones, incluidas las redes sociales”.

Desde 2015 la división de la División de Sistemas Conjuntos del departamento, que cuenta con la vigilancia entre sus responsabilidades, ha pagado 356.252 dólares a la empresa minera de Twitter Gnip (1).

El Ministerio de Defensa ha pagado otros 839.207 dólares a la empresa de análisis DataSift desde 2014, así como otros 105.052 a Geofeedia, una empresa que promete un “acceso especial” a los datos privados de los usuarios de Facebook, Instagram y Twitter.

En Brasil la Policía Militar del Estado de Río de Janeiro está aumentando su presencia en las redes sociales. En febrero del año pasado, aprobó un plan para convertir a los vecinos y comerciantes de los barrios en confidentes gratuitos, una prolongación de sus ojos y oídos.

Con más de 45.000 efectivos, la Policía Militar ya presenta números impactantes en las plataformas sociales: su página de Facebook tiene más de 540.000 seguidores, y sus perfiles de Twitter, Instagram y Youtube, en total, poseen 144.000 seguidores.

Las ONG locales y los movimientos vecinales son claves para la Policía Militar. El 12 Batallón del barrio de Niteroi, junto con la ONG local Viver Bem, creó una estrategia de vigilancia preventiva, que consiste en instalar cámaras de seguridad en algunas de las escuelas de Niteroi y comunicarse a través de Telegram. Whatsapp se ha convertido en el principal canal de comunicación entre la población del barrio y el 18 Batallón.

La asociación entre el Batallón de la Policía Militar de Barra da Tijuca y la población del área condujo a la creación de la aplicación “Linha Direta” (Línea Recta), que permite que la unidad reciba información de las viviendas y comercios en tiempo real.

“Los resultados son realmente positivos. La información es más rápida, lo que nos permite actuar de inmediato. Hemos estado reduciendo las tasas de criminalidad en el área desde los últimos dos años”, dice el coronel Figueiredo, comandante del 18 Batallón de Jacarepaguá.

La estrategia de rastreo de la Policía Militar incluye a efectivos que vigilan constantemente las redes sociales. Si hay alguna situación que requiera más investigación, el caso se envía a la inteligencia de policial. Si la situación consiste en un informe policial, se envía a la sala de operaciones, que envía inmediatamente un automóvil de la policía al lugar.

(1) http://support.gnip.com/sources/twitter/
(2) http://riotimesonline.com/brazil-news/rio-politics/rios-military-police-invests-in-social-media-for-security-purposes/

La Gran Fábrica de Mentiras: el ‘prestigioso’ New York Times

El New York Times sigue destacando por la fabricación de noticias falsas, para las que no hay fuente más fiable que la CIA, que regularmente alimenta a sus sicarios periodistas con historietas sensacionales, que son tan inverificables como sus fuentes anónimas.

Un ejemplo es el anuncio el 24 de agosto de que los servicios secretos estadounidenses no sabían nada sobre los planes de Rusia de arruinar las elecciones del próximo noviembre, porque sus “informantes cercanos a… Putin y al Kremlin” no les estaban diciendo nada.

Pero en el periodismo más convencional, no saber nada sobre algo que no existe o para lo que no hay pruebas, es la nada; no puede ser ni noticia ni primicia.

Este tipo de “informaciones” en torno a la nada persiguen un objetivo: asegurar la presencia constante del mantra “Rusia sabotea la democracia occidental” en primera plana.

El 5 de septiembre el New York Times volvía a la carga, sustityendo a Putin por Trump en un artículo sin firma titulado “Formo parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump”. Es otra pequeña obra maestra del arte de la estafa periodística. El anónimo autor se presenta como un reaccionario indignado por la “amoralidad” de Trump, o sea, un traidor (otro) dentro de un gobierno que se permite pontificar sobre “moralidad” (así es el New York Times).

Tanto en Washigton como en Moscú, el prototipo del New York Times es el mismo que el de Shakespeare: Yago, el traidor en la tragedia “Otelo, el moro de Venecia”, al que destruye al empujarlo a desconfiar de su mujer y de sus amigos más cercanos. Es el mito de un personaje que gobierna en un lugar (Venecia) que no es el suyo: Otelo es de la otra ribera del Mediterráneo, africano, un moro o quizá peor: un negro.

El Yago del New York Times pone como ejemplo a seguir al difunto senador John McCain y dice aprobar las medidas reaccionarias de Trump, que considera como positivas: desregulación, reforma fiscal, un ejército más robusto y otras en las que (hábilmente) se olvida de mencionar la política de inmigración.

De Trump el traidor apoya todo excepto una única cosa: la política exterior de Trump y, en especial, la tentativa de mantener buenas relaciones con Rusia y Corea del norte.

Los cazadores de fraudes y falsedades bien podrían incluir este tipo de montajes dentro de su elenco de basura, como han hecho el Boston Globe y algunos medios belgas (Le Soir, RTBF) que se preguntan por la identidad del nuevo “garganta profunda”. Ya se lo decimos nosotros: los anónimos de esa prensa tan “prestigiosa” no pueden engañar a nadie; apestan a CIA allá por donde van.

Las nuevas tecnologías encubren las campañas de intoxicación de la CIA: el Caso Genbeta

Un blog sobre tecnología, informática y tendencias digitales, Genbeta (1), ha iniciado una cruzada santa contra las noticias falsas, a las que llaman “fakes” porque no se molestan en acudir a un diccionario. “Díme de qué presumes y te diré de qué careces” es un refrán conocido que casa como anillo al dedo a Genbeta.

Los modernos inquisidores son aún peores, mucho peores, cuando visten ropajes asépticos, neutrales, imparciales, arropados por el disfraz de las ciencias de la naturaleza, exactas y puramente técnicas; nada que ver con las ciencias sociales, las ideologías, las religiones o el chamanismo.

Su desfachatez es la que les permite difundir a los cuatro vientos titulares amañados como “Descubren una enorme red de desinformación iraní en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube”. Entonces caemos en la cuenta de que, a diferencia de la BBC, por ejemplo, lo que la la República Islámica difunde no es información, sino todo lo contrario: desinformación.

También nos sorprendemos de que las redes que maneja Irán no son insignificantes, como suponíamos, sino todo lo contrario. Son un peligro porque son “enormes” y amenazan con embaucar al resto del mundo con sus (des)informaciones porque nosotros -ignorantes- no somos capaces de diferenciar una cosa, la información, de otra, la desinformación.

Estamos en peligro. Antes estábamos bien informados gracias a cadenas como la BBC, pero ahora a las “enormes” redes rusas se le suman las iraníes y dentro de poco los de Corea del norte harán lo propio y acabaremos todos engañados y confundidos.

Menos mal que tenemos a expertos, como los de Genbeta, que disponen de un elenco de “cazadores de fakes” capaces de diferenciar las verdades de las mentiras y prevenirnos de Rusia, Irán y otros países del Eje del Mal que no hacen más que contar fabulaciones.

La noticia de Genbeta tiene como fuente a FireEye, a la que presentan como si fuera una “empresa de seguridad”, cuando se trata de una de tantas pantallas de la CIA, como cabía sospechar sólo con tener una mínima capacidad de crítica.

Por lo tanto, como tantos otros, Genbeta se convierte en un altavoz de la CIA y de sus campaña de intoxicación permanente que, a diferencia de otras, sí es realmente “enorme”, como vemos entre quienes hacen gala de un seguidismo gregario.

Basta con ser capaz de analizar un poco para saber que FireEye es una de tantas empresas de tecnología de vanguardia creadas por la CIA, como dijo hace seis años Business Insider (2). A través de In-Q-Tel, la CIA ha invertido en FireEye desde 2009, pero Genbeta se preocupa de encubrir le naturaleza imperialista, terrorista y criminal de sus fuentes.

El trasfondo militarista de empresas tecnológicas como FireEye es tan descarado que en 2014 la agencia Bloomberg volvió a denunciarlo (3): los clientes internacionales de FireEye estaban “planteando preguntas” sobre sus vínculos evidentes y conocidos con el espionaje.

Es normal que para la intoxicación Genbeta necesite utilizar una pantalla, como FireEye, porque convertirse en un portavoz directo de la intoxicación de la CIA no es propio de quienes alardean de neutralidad, imparcialdad y lucha contra las mentiras en nombre de las “nuevas tecnologías”.

(1) https://www.genbeta.com/actualidad/no-solo-rusia-descubren-enorme-red-desinformacion-irani-facebook-twitter-instagram-youtube
(2) https://www.businessinsider.com/25-cutting-edge-companies-funded-by-the-central-intelligence-agency-2012-8
(3) https://www.bloomberg.com/news/articles/2014-05-08/fireeye-cybersecurity-leader-with-cia-ties-tries-to-expand-abroad

Más información:
— La CIA quiere manipular las redes sociales
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— El Pentágono apuesta por internet para la guerra imperialista
— El espionaje imperialista controla al mayor fabricante mundial de tarjetas SIM

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