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Djokovic: un chivo expiatorio

Novak Djokovic, serbio, no es un antivacuna ni ha hecho propaganda antivacuna nunca. También es cristiano ortodoxo; lo decimos para que se vea que es hombre de orden y no un disoluto farrero y calavera.

Djokovic viajó a Melbourne para jugar el Open de Australia de tenis fiado y amparado por una exención médica encontrándose al pisar suelo austral con una detención o retención que le obliga a confinarse en un hotelucho para refugiados. Tras un juicio favorable, el gobierno australiano, le deporta jactándose de cumplir las normas del país que prohíbe la entrada a los no vacunados haciendo creer que es inflexible y no mira el status de la persona afectada cuando, en realidad, se trata de restricciones brutales de fascismo sanitario. Aquí no se privilegia a nadie, quieren decir, buscando la comprensión internacional, cuando la verdad es la persecución y campaña criminal contra el mejor jugador mundial de tenis actual buscando otros intereses (tienen elecciones dentro de poco). No se ha visto cosa igual.

Ocurre que, de cara a los oídos de las masas, se les regala con esta música estridente que esconde una perversión: hacer pasar por el colmo de la igualdad ante la ley lo que no es sino presentar al encausado como chivo expiatorio o cabeza de turco de las frustraciones de la mayoría de la gente que obedece lo que le dicen sin acabar de ver resultados satisfactorios, al contrario, lo único que ve son llamados constantes a la vacunación por tres y hasta cuatro veces. Como para que nos venga ahora un señorito rico tratando de hacer lo que le salga de los cojones saltåndose encima la normativa que tan bien nos cuida y protege, de eso nada, bien por el gobierno, es la demagogia usada que se pretende que se piense.

Es tal la pobreza y bajeza moral de estos instigadores que recurren a los instintos más bajos del personal para que desprecie a quien se resiste en su decisión a sabiendas de los perjuicios, deportivos y económicos, que ello entraña y supone. Y todo por no vacunarse, por cabezonería, por irresponsabilidad y aquí empieza la carrera de insultos hacia Djokovic que impone el discurso y mantra dominante.

Ciertamente, Djokovic adopta su decisión cuando es ya multimillonario (se oculta lo que ha hecho por su pueblo) y puede permitírselo, pero, aunque fuera así, no cambia una coma el fondo de la cuestión dizque la miseria moral con que se le ha tratado cuando, por otro lado e hipócritamente, se habla de la libertad del individuo para vacunarse o no, allá él, ¿o es que los vacunados no están muy seguros de los pinchazos a que se han sometido como reses? Y si lo están, ¿a qué viene la persecución fanática e histérica de un, en principio, «asintomático»?

Como se dice en mi pueblo transponiendo a Djokovic: «joder, si lo sé, no vengo».

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La experiencia desestabilizadora de la CIA durante la Guerra Fría

La desestabilización a través de las redes sociales tiene sus antecedentes en la Guerra Fría, cuando la CIA creó periódicos, revistas, editoriales y radios para intoxicar en la URSS y los países del este de Europa con toda clase de bulos e infundios que llegan hasta hoy.

Desde los primeros años de la posguerra, la CIA se involucró en el mercado de la comunicación de masas. Creó Radio Europa Libre en 1950 y un año después Radio Libertad, con potentes emisoras en Munich, Alemania Occidental, con varios miles de técnicos estadounidenses y tránsfugas procedentes del este de Europa.

Radio Libertad emitía sólo hacia la Unión Soviética y Radio Europa Libre a otros países del este de Europa, excepto Yugoeslavia.

Ambas organizaciones tenían oficinas en Nueva York y afirmaban estar dotadas de fondos privados procedentes exclusivamente de fundaciones, empresas y el público. Sin embargo, durante años la financiación encubierta de las dos emisoras por parte de la CIA siempre fue un secreto a voces. En 1971 el senador Clifford P. Case denunció que en los últimos 20 años la CIA había gastado varios cientos de millones de dólares para mantener en funcionamiento Radio Europa Libre y Radio Libertad (1).

Case señaló que las subvenciones directas de la CIA pagaban “casi todos los costes”. A comienzos de los setenta proporcionó a las emisoras 30 millones de dólares sin la aprobación del Congreso. Todo se ejecutaba bajo diferentes fachadas, especialmente de instituciones, agencias de noticias y empresas de apariencia comercial.

La maquinaria de propaganda de la CIA fue dirigida por primera vez por el periodista Tom Braden y en ella participó durante muchos años Cord Meyer Jr., otro cabecilla. Ambos estaban bajo la férula del dirigente de las operaciones encubiertas desde 1948, el alcohólico Frank Wisner, que fue destituido diez años después de padecer uno de sus brotes sicóticos (2).

Con el MI6, Wisner promovió del derrocamiento de Mossadegh en Irán en 1953 tras haber organizado una campaña de intoxicación propagandística y altercados callejeros que acabaron con el regreso del Sha.

Un año después orquestó el Golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en Guatemala, un plan ejecutado en colaboración con la United Fruit. Wisner no sólo apoyó al general Castillo Arenas para derrocar a Arbenz, sino que envió pilotos y mercenarios para combatir a las fuerzas leales al gobierno legítimo.

Cuando intentaba promover la desestabilización de Hungría en 1956, sufrió un ataque de esquizofrenia y fue ingresado en un hospital. Dos años después, fue relevado de sus responsabilidades y enviado a Londres como jefe de la antena local de la CIA.

En 1963 se retiró y dos años más tarde se suicidó en plena depresión sicótica.

Según sus estatutos, la unidad que dirigía Wisner, la Oficina de Coordinación Política, se encargaba de “la propaganda, la guerra económica; la acción directa preventiva, incluyendo el sabotaje, el antisabotaje, la demolición y las medidas de evacuación; la subversión contra los estados hostiles, incluyendo la asistencia a los grupos de resistencia clandestinos, y el apoyo a los elementos anticomunistas autóctonos en los países amenazados del mundo libre”, asegura Evan Thomas (3).

Por sistema, el gobierno de Estados Unidos rechazaría siempre cualquier responsabilidad por las manipulaciones de la Oficina de Wisner.

“Teníamos al menos un periódico en cada capital extranjera en un momento dado”, reconoció un agente de la CIA al New York Times en 1977 (4). La Agencia creó una formidable maquinaria propagandística que no se agotó con la caída de la URSS y demás países del este de Europa. La Agencia no sólo se creó para capturar información, sino para fabricarla y difundirla. Cuando la Oficina de Wisner se incorporó a la CIA, el 75 por ciento de los fondos estaban dedicados a la intoxicación y la manipulación de los medios de comunicación de todo el mundo.

El mundo lleva 70 años devorando los embustes de la CIA como si fueran noticias de primera calidad. Sin rasgarse las vestiduras lo más mínimo, reporteros, columnistas, analistas, tertulianos, universitarios… No son lo que parecen. No son otra cosa que diferentes disfraces de la CIA.

(1) https://www.nytimes.com/1971/01/24/archives/ban-sought-on-cia-aid-for-radio-free-europe-ban-is-sought-on-cia.html
(2) https://www.archyde.com/the-alcoholic-chief-of-cia-covert-operations-who-became-a-scourge-of-the-iron-curtain/
(3) https://www.amazon.com/Very-Best-Men-Daring-Early/dp/141653797X/ref=sr_1_1
(4) https://www.nytimes.com/1977/12/26/archives/worldwide-propaganda-network-built-by-the-cia-a-worldwide-network.html

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El espionaje polaco intervino en el levantamiento kazajo

El levantamiento kazajo se dirigió desde los países de la OTAN con el apoyo del canal Nexta, que también participó en las protestas de Bielorrusia en agosto de 2020.

Por eso al principio del levantamiento, el gobierno kazajo bloqueó la conexión a internet y China ha enviado a Kazajistán a especialistas en ciberguerra.

El canal Nexta es una iniciativa del bielorruso Stepan Putilo, actualmente refugiado en Polonia. Putilo trabaja en el canal de propaganda Belsat, creado especialmente por el ejército polaco para desestabilizar al gobierno bielorruso. Tiene más de cuatro millones de seguidores en las redes sociales, incluyendo más de medio millón en YouTube y más de 2,7 millones en su canal de Telegram. En 2019 recibió el Premio de Derechos Humanos Viktor Ivashkevich.

Nexta ha creado un cúmulo de argumentos para consumo de los políticos polacos, de modo que puedan fundamentar sus declaraciones sobre Kazajistán. La prensa polaca se contenta con retransmitir los comentarios de Nexta, con paralelismos entre Lukashenko y el dirigente kazajo Kassym Zhomart Tokayev. “Las protestas en Kazajistán recuerdan cada vez más a las protestas en Bielorrusia en agosto de 2020”, dijo Polskoe Radio citando a los periodistas de Nexta (1).

Putilo lo tiene claro: “Esto es una guerra de la información”, dijo en una entrevista (2), poco después de las protestas de Bielorrusia del verano de 2020. Los medios polacos publican reportajes con títulos como “Insurgencia en Kazajistán. Las autoridades prorrusas ahogan las protestas en sangre”. La participación de los militares bielorrusos en la operación de mantenimiento de la paz de la OTSC en Kazajistán también se interpreta negativamente. El dictador bielorruso va a reprimir la revuelta popular de los kazajos, utilizando la experiencia de las represalias callejeras contra los manifestantes de 2020.

Detrás de las actividades de Nexta está el equipo central de acciones sicológicas, que forma parte de la Dirección de Inteligencia y Guerra Electrónica del ejército polaco. Es una unidad militar especializada en desinformación e impacto sicológico sobre el enemigo. Tiene su sede en la ciudad de Bydgoszcz y, gracias a su emblema, es conocida como “Arañas Negras”.

Un informe del Centro Militar Polaco de Educación Pública, titulado “Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas”, afirma que los militares utilizan las redes sociales en operaciones sicológicas “para promover cambios sistemáticos de carácter político”.

El antiguo director de Nexta, Roman Protasevich, detenido en Bielorrusia el año pasado, no niega que el canal está supervisado por los servicios especiales. “A menudo, incluso yo, como uno de los principales combatientes en la guerra de la información, no tenía acceso a ciertas reuniones, a los momentos en que se tomaban las decisiones, por quién y cómo se tomaban”, dijo Protasevich, según el cual se limitaba a dar el orden del día para seguir trabajando.

Aunque el golpe de Estado en Bielorrusia no prosperó, la infraestructura de influencia se mantuvo: más de 800.000 personas siguen suscritas a Nexta. Los administradores del canal aseguran que no van a dejar “dormir tranquilo a ningún dictador del espacio postsoviético”. La cadena empezó a emitir información sobre los acontecimientos de Kazajistán, estableciendo un calendarios de actividades.

La organización de levantamientos masivos a través de la redes sociales es una técnica internacional probada. Las actividades de Nexta se inscriben dentro de la labor de los provocadores profesionales.

Nexta se refirió a las personas que saquearon los depósitos de armas del Comité de Seguridad Nacional (KNB) en Kazajistán como manifestantes: “Ayer, los manifestantes confiscaron equipos y armas de las fuerzas de seguridad. Me pregunto si quedará algo en las armerías antes de la llegada de las tropas de la OSTC”.

La cadena divulgó las imágenes de la brutal paliza a un policía con un comentario mordaz: demostraba el “amor del pueblo por las fuerzas de seguridad de Nazarbayev”. Un suscriptor de Nexta en Ucrania aconsejó a los kazajos cómo debían luchar contra el gobierno.

“Agrúpense en torno a personas con experiencia de combate… Estas personas han participado en las hostilidades y tienen el entrenamiento adecuado, sabrán cómo conducir correctamente sus acciones en la lucha contra los invasores. Los grupos deben ser de entre 10 y 20 personas. Sigue la regla de ‘morder y correr’: si el enemigo tiene ventaja sobre ti, intenta infligir el mayor número de bajas y retirarte con el menor daño posible”.

“El mejor vehículo en el campo de batalla es el ligeramente blindado. Busca coches de época o de la policía: casi cualquiera puede conducirlos y la protección contra las armas cortas está garantizada. Intenta atacar al enemigo por la espalda o por el flanco: así tiene menos tiempo para reaccionar, lo que aumenta tus posibilidades. Los ladrillos o adoquines impiden en gran medida el paso de la infantería y de los vehículos ligeros con ruedas”.

“Ármate al máximo. Si no puedes disparar, prepara cócteles y lánzalos por las ventanas mientras abandonas el puesto inmediatamente. Intenta cambiar de posición tan a menudo como sea posible”.

La Unión Europea presenta a Nexta como destacados luchadores por la democracia e incluso les premia por su trabajo, pero si ocurriera en España, el lenguaje cambiaría de forma radical. Alemania quiere censurar a Telegram cuando se trata de las protestas contra las vacunas, pero le encanta que se difundan los textos de Nexta sobre Bielorrusia o Kazajistán.

El 5 de enero, cuando el gobierno de Kazajistán ya había dimitido, Nexta siguió adelante: “Los rumores sobre la dimisión del gobierno se extienden por Internet. Lo más probable es que sea una táctica para engañar a los manifestantes. La protesta no puede detenerse hasta que la dimisión del gobierno y del dictador Nazarbayev sea un hecho. No te equivoques”.

Poco después, Nexta señaló al nuevo enemigo: “Los soldados rusos han volado a Kazajistán. Si creen que serán recibidos allí con las manos vacías, se equivocan. Los kazajos son gente hospitalaria, hay suficiente espacio para todos en la estepa”.

(1) https://vz.ru/world/2022/1/10/1138089.html
(2) https://meduza.io/en/feature/2020/09/18/this-is-an-information-war

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Encuesta: la mayoría de los alemanes no confían en las estadísticas sobre pandemias

Una encuesta en Alemania encargada por el diario Bild puso en evidencia que más de la mitad de la población ya no confía en las estadísticas oficiales de COVID-19.

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‘La Marea’ se suma a la ola inquisidora y propone censurar la red Telegram

La pandemia ha desatado una furia inquisidora como pocas veces se ha visto. Las redes sociales han ido cerrando progresivamente todas las cuentas críticas hacia la represión sanitaria, con el aplauso entusiasta de los grupos y medios de la oposición domesticada, como Público, ElDiario.es o La Marea.

Son muy malos momentos para la libertad de expresión, sobre todo porque la cloaca de sitios web que dicen defenderla, son sus más acérrimos enemigos, para lo cual suministran a cada paso su conocido gazpacho de adjetivos: magufos, conspiranoicos, negacionistas, antivacunas, ultraderechistas…

Ante la marea de movilizaciones en toda Europa contra los pasaportes de vacunas, las webs domesticadas y sus periodistas estelares, como Miquel Ramos, siguen buscando ultraderechistas con lupa. Es el mejor servicio que le prestan a la reacción, tanto dentro como fuera del gobierno.

Ayer La Marea volvía a la carga con un artículo venenoso del plumífero alemán Thilo Schäfer (*) que sugiere, con una sutilieza farisaica, “tomar medidas” contra Telegram, una red social que no ha entrado en la ola censora de otras, como Facebook, Twitter o YouTube.

Malos tiempos para la libertad de expresión y malos tiempos para redes, como Telegram, que no han entrado en el juego inquisidor. El gobierno alemán quiere responsabilizar a Telegram de los contenidos que introduzcan sus usuarios, como se hace con Facebook, Twitter o YouTube, lo que supone una espada de Damocles para que contrate “verificadores de hechos” y empiece a eliminar mensajes e incluso cerrar cuentas completas.

Telegram ha crecido porque se ha convertido en un refugio para quienes han tenido que huir de la censura de otras redes. En los medios digitales el tamaño importa mucho. Hasta ahora la red rusa se ha librado de la furia de los inquisidores, como La Marea, sólo porque era marginal. Albergaba pocos usuarios que, además, están ubicados en Europa oriental y en países de Oriente Medio.

La ola censora ya ha comenzado como comienzan estas novedades: con un “debate sobre si se debe actuar contra Telegram”. Por su parte, el gobierno alemán ya ha lanzado dos advertencias contra Telegram, pero los responsables “no hacen caso”. La nueva ministra de Interior, Nancy Faeser, tomará medidas para “forzar a Telegram a cooperar”, lo que se traduce así: deberán empezar a censurar lo mismo que censuran las demás redes sociales.

El pretexto del plumífero tampoco es nuevo, los contenidos violentos, por lo que —siguiendo ese mismo criterio— deberíamos cesurar también el cine de terror, o “La naranja mecánica”, o “Reservoir dogs”, o “Asesinos natos”, o “El club de la lucha”, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no se permite en una red social lo que aparece con tanta abundancia gráfica en el cine o la televisión?

En una red social no se pueden contar mentiras, sobre todo contra las vacunas, mientras que en el cine todo es mentira por definición. ¿Por que no cerrar los cines?, ¿por qué no emitir documentales exclusivamente en las televisiones?

El caradura de Schäfer acaba con un requiebro torero: si el gobierno alemán interviene en los contenidos de las redes sociales, Putin también lo podría aprovechar “para sofocar cualquier crítica u oposición”. Lo que es bueno para Alemania no lo es para Rusia.

Este es el tipo de basura que difunden medios como La Marea.

(*) https://www.lamarea.com/2022/01/04/telegram-el-refugio-de-la-ultraderecha-y-los-antivacunas-en-alemania/

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El PSOE y Podemos activan una «guerra cognitiva» en su estrategia de seguridad nacional y reintroducen la censura previa

Es la primera vez desde el franquismo que el Gobierno introduce abiertamente, y de manera legal y oficial, la hipótesis de la «influencia» en la libertad de prensa y el derecho a la información, como forma de «contrarrestar» lo que llama «estrategias de desinformación».

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Facebook admite que una de sus censuras es errónea

Que los inquisidores de Facebook hayan cumplido con función cabalmente no es noticia, pero que el monopolio admita un “error” no es muy común. A pesat de todo, no es exactamente un “mea culpa”.

Robby Soave, editor de la revista Reason, escribe que ha sido el destinatario de una confesión inusual. En este caso, la censura se refería a un artículo que Soave compartió en su cuenta de Facebook, pero que fue calificado como “desinformación”, por los sicarios de la multinacional, esos a los que llaman “verificadores de hechos independientes”.

El artículo se titulaba “El estudio que convenció los CDC para apoyar las mascarillas en las escuelas es ciencia basura”. Se basaba en un artículo de David Zweig en Atlantic, que afirmaba que un estudio concreto en el que se basaban los CDC inflaba los datos sobre los riesgos para los alumnos no enmascarados, hasta tal punto que debía considerarse defectuoso.

Saltó la paradoja: el artículo de Zweig no fue censurado, pero la reseña de Soave sí lo fue. El artículo no discutía que las mascarillas ayudaran a detener la propagación del virus, especialmente en las escuelas.

El estudio realizado por el CDC adolece de una serie de defectos en la forma en que se llevó a cabo y debido a las decisiones cuestionables tomadas por los investigadores. El punto principal es que el CDC se equivocó al basar su política en lo que objetivamente sería un mal ejemplo de investigación científica.

Lo que desencadenó la censura de Facebook fue el intento de Soave de compartir el mensaje. El tema de las mascarillas en la escuela es sin duda la razón de la reacción instintiva de los inquisidores de Facebook.

Esa nueva Inquisición, llamada Science Feedback, consideró que la afirmación de que el estudio del CDC era “ciencia basura” era errónea. Los que luchan contra la desinformación se convirtieron en desinformadores.

Soave se puso en contacto con Facebook y su equipo de censores y es uno de los afortunados que ha obtenido la admisión de que no había ninguna justificación para llevar su artículo al Índice de textos prohibidos.

“La egiqueta ha sido retirada. Pedimos disculpas por este error”, escribió Facebook, antes de lavarse las manos como Pilatos: nosotros no hemos sido; los responsables son nuestros censores subcontratados.

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La Premio Nobel de la Paz ataca la desinformación de los monopolios tecnológicos

Este año la concesión del Premio Nobel de la Paz ha pasado desapercibida porque le ha correspondido a la periodista filipina Maria Ressa, de 58 años, que ha lanzado una furibunda crítica en la ceremonia de entrega del galardón ante la familia real en Oslo.

Ressa dirigió su ataque contra los grandes monopolios tecnológicos (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft). Dijo que estaban acabando con la información libre y difundiendo una narrativa tóxica sobre la pandemia.

“Su poder casi divino ha permitido que el virus de la mentira nos infecte a todos, poniéndonos en contra de los demás, sacando a relucir nuestros miedos, nuestra ira, nuestro odio y allanando el camino para el ascenso de líderes autoritarios y dictadores”, añadió Ressa.

Tras una carrera en la que ha cubierto la corrupción y las violaciones de los derechos humanos en su país, la periodista criticó el dominio mundial de los grandes monopolios tecnológicos sobre la opinión pública, así como la negación de hechos e informaciones fiables “esenciales en tiempos de pandemia”.

El Tribunal de Apelaciones de Filipinas autorizó a Ressa, que está en libertad condicional, a viajar a Noruega sólo durante cinco días para la ceremonia de entrega del Premio.

El discurso de Ressa es una aportación valiosa en un momento en que la mayoría de los periodistas se han convertido en meros mercenarios que escriben al dictado.

Para muestra sirve un botón: hace unos días Instagram, o sea Facebook, censuraba una cita de Thomas Paine escrita en 1776. “Quien no se atreve a ofender, no puede ser honesto”. Los “verificadores de hechos” dijeron que Paine era un mentiroso y retiraron la frase de internet.

La presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen, expresó su preocupación: “Llevar la información al público puede por sí mismo prevenir la guerra. El papel de la prensa es levantar el velo de la agresión y el abuso de poder, contribuyendo así a la paz”.

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La verificación de hechos no existe, lo que se censura son opiniones divergentes

Facebook ha admitido, por fin, su verdadero papel censor: eso que presentan como “verificación de hechos” es una caza de brujas de opiniones divergentes (1).

El periodista John Stossel presentó una demanda judicial para demostrar que la supuesta lucha contra la “desinformación” de los monopolios tecnológicos es una farsa (2). Publicó dos vídeos en los que abordaba el cambio climático. Ninguno de los dos cuestionaba la realidad del cambio climático, sino que cada uno de ellos abordaba otras cuestiones conexas, como la gestión forestal y el uso de la tecnología para adaptarse.

Sin embargo, los sicarios de Facebook, llamados Science Feedback, los calificaron de “falsos” o, como dicen ahora, “faltos de contexto” porque no les gustó el “tono”.

Esto demuestra que en asuntos como el cambio climático no basta con repetir sólo una parte; hay que insistir en todo el repertorio clásico de temas ligados a la cuestión central para no dejar lugar a dudas: es la peor catástrofe de la historia de la humanidad, hay que gastar billones para combatirlo…

Sólo por eso, Facebook prohíbe o margina algunos reportajes, privándoles de lectores. Pero cuando le demandan, Facebook se encoge de hombres y dice “¡No hemos sido nosotros!” Ellos subcontratan la censura a sicarios como Science Feedback, que deben cobrar por cada hereje al que llevan a la hoguera.

Facebook califica a este tipo de mercenarios, estilo Newtral y Maldita, de “verificadores independientes” porque venden la burra muy barata. Al mejor postor.

El New York Post se ha encontrado con el mismo problema varias veces. En febrero del año pasado publicaron un artículo preguntando si el coronavirus se había escapado desde el laboratorio de Wuhan. La información fue calificada de falsa por los censores de Facebook.

Los verificadores, dice el New York Post, se basan en un grupo reducido de “expertos” interesados en rechazar ciertas teorías, incluyendo EcoHealth, que financió el funcionamiento del laboratorio de Wuhan. Por lo tanto, si la fuga del virus fuera cierta, serían responsables de los daños causados y estarían obligados a indemnizar.

Cuando Twitter bloqueó los informes del New York Post asegurando que el ordenador de Hunter Biden era un “equipo pirateado”, no se basó en nada. Sólo era una excusa para que la reputación de la familia presidencial, padre e hijo, permaneciera inmaculada y, con ella, el partido demócrata al que Twitter sirve.

La “verificación de hechos” se ha convertido en un negocio, otro más, propicio para trepas y vendidos de todos los pelajes. Está financiada por magnates oscuros, como George Soros, con la apariencia de ONG y al servicio de los monopolios tecnológicos y, por supuesto, del discurso dominante.

(1) https://thefederalist.com/2021/12/13/facebook-quietly-admits-its-third-party-fact-checks-are-opinions/
(2) https://www.hollywoodreporter.com/business/digital/john-stossel-sues-facebook-1235019248/

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Santa Klaus inauguró el estilo de vida (norte)americano

Aunque es un relato común a muchas culturas, fueron los emigranes holandeses los que llevaron a Estados Unidos la leyenda de Sinterklaas en el siglo XVII. El personaje llevaba regalos a los niños el 5 de diciembre.

En 1809 el escritor Washington Irving transformó el nombre del santo holandés en la actual Santa Claus, derivado de San Nicolás. No obstante, su popularidad comenzó con el poema de Clement Moore publicado en Estados Unidos en 1823: “Una visita de San Nicolás”, que apareció como anónimo.

En 1863 el ilustrador estadounidense Thomas Nast lo dibujó por primera vez como un hombre regordete, con barba y vestido de piel, en la revista Harper’s Weekly.

Pero la gloria no llegó hasta que en diciembre de 1930 Coca-Cola asoció su nombre al personaje en una campaña publicitaria diseñada por la agencia D’Arcy. En los dibujos, Santa Klaus ganó estatura humano y dejó de ser un gnomo.

En aquella época, la mayoría de los consumidores asociaban la Coca-Cola con un refresco veraniego. Las chicas en traje de baño eran la imagen de marca más conocida del brebaje. Santa Klaus llevó la bebida a la temporada de invierno.

“La sed no conoce estaciones”, comenzó a decir la publicidad de Coca-Cola para ampliar el mercado. Al final fue el invierno el que acabó simbolizado por Santa Klaus, sobre todo durante las fiestas cristianas.

El mercado de Coca-Cola también se amplió con un nuevo segmento de consumidores, los niños, que debían poner una botella del brebaje en la nevera para que cuando llegara Santa Klaus con los regalos pudiera refrescarse.

Para acercarse a los niños, las ilustraciones comenzaron a presentar a Santa Klaus sin su pipa y para acercarse al resto del mundo, se le cambió el nombre por otros, como Papá Noel.

La leyenda de Santa Klaus no sólo demuestra la capacidad de penetración de la publicidad en el mundo moderno, sino la que procede de Estados Unidos, que es capaz de lograr que veamos lo blanco como si fuera negro y lo negro como si fuera blanco.

Fue el primer ejemplo del “estilo de vida americano” que el mundo debía imitar porque la publicidad no sólo transmite mensajes o pensamientos, sino que es capaz de modificar el comportamiento de millones de personas de culturas muy distintas. Todos debemos hacer lo que hacen los americanos.