En medio de la galopante subida de los precios y el empobrecimiento generalizado, la prensa ha encontrado otra razón por la que la gente podría desmayarse… y todavía no es la vacuna.
En medio de la galopante subida de los precios y el empobrecimiento generalizado, la prensa ha encontrado otra razón por la que la gente podría desmayarse… y todavía no es la vacuna.
Las persistentes tropelías de Facebook comienzan a pasar factura. La pérdida de usuarios demuestra que su mejor momento ya ha pasado. En el último trimestre del año pasado el número de usuarios activos se ha redujo por primera vez en 18 años.
Otras filiales del holding, como Instagram y WhatsApp, siguen la misma senda, con un estancamiento en el número de usuarios, por lo que pronto empezará su caída. Cuando millones de personas han estado enganchadas al teclado como nunca antes por los dos años de confinamiento, son muy malas noticias.
El miércoles su valor en bolsa de Facebook se desplomó, perdiendo un 25 por ciento en una sesión, lo que supone 200.000 millones de dólares que se esfuman.
La recaudación por publicidad ha sido inferior a la prevista, en un momento pandémico en el que los anuncios en las redes sociales se han disparado.
La división Reality Labs, encargada del desarrollo de los negocios de realidad virtual, cuyos resultados específicos se detallaron por primera vez, registró una pérdida neta de 10.200 millones de dólares el año pasado.
Todas las sucursales de Facebook se enfrentan a la competencia de otras plataformas, como Tiktok, mucho más dinámicas.
Todo va mal en el holding de Mark Zuckerberg, que se ha ganado su infamia a pulso. Ahora mismo es sinónimo de censura de textos y espionaje a sus propios usuarios. Está por ver si el cambio de nombre a “Metaverso” engaña a alguien y lava la cara de la red social.
A otros monopolios tecnológicos no les va mejor. Desde principios de año Google, Apple, Amazon, Microsoft y Netflix han perdido cerca de un billón de dólares, una caída sin precedentes.
La movilización de los camioneros de Canadá contra las restricciones sanitarias es la más importante en la historia del transporte de todo el mundo y aclara muchos aspectos de la batalla contra la pandemia, que los medios de comunicación internacionales se empeñan en minimizar y desfigurar.
Una movilización de miles de camioneros y camiones, a los que se añadieron los campesinos con sus tractores, es una proeza sindical gigantesca. Anunciaron de antemano que tenían intención de quedarse en Ottawa, la capital de Canadá, y a la policía no le quedó otro remedio que aceptarlo, aunque pidieron refuerzos a la policía de Toronto.
El Primer Ministro Justin Trudeau tuvo que ser evacuado de la capital por el miedo a que la situación se desbordara.
Un numeroso grupo de personas se instaló en las cabinas de los camiones con una cuidadosa preparación para satisfacer sus necesidades durante semanas o meses. Los camiones que han circulado por la autopistas canadienses no llevaban los remolques vacíos. Estaban cargados de suministros.
Los camioneros pusieron en marcha un protocolo bien coordinado. Por ejemplo, apareció el típico provocador encapuchado que estaban esperando las televisiones: portaba una bandera de la confederación de Estados Unidos y fue apartado discretamente. La intoxicación no pudo aprovechar el montaje.
Los organizadores también han mantenido una estricta disciplina de comunicación, no concediendo entrevistas a las grandes cadenas de comunicación, eligiendo cuidadosamente sus propios medios de difusión alternativos.
La movilización ya ha conseguido su primer triunfo con el anuncio de que la provincia de Quebec se dispone a eliminar un impuesto extraordinario sobre los no vacunados.
Nil Köksal, un presentador de la cadena CBC sugirió el viernes que quien había movilizado a los camioneros candienses era… Rusia, naturalmente (*). El farsante lo aseguró mientras entrevistaba al ministro canadiense de Seguridad Pública, Marco Mendicino, en el momento preciso en que los manifestantes llegaban a Ottawa.
“Teniendo en cuenta el apoyo de Canadá a Ucrania en la actual crisis con Rusia, no sé si es exagerado preguntarse si existe la preocupación de que los actores rusos sigan alimentando las cosas a medida que crece esta protesta, quizás incluso instigándola desde el exterior”, preguntó Köksal.
Sin rebatir la afirmación, Mendocino dijo que dejaría la respuesta a sus expertos en seguridad nacional. “Una vez más, lo dejaré en manos de nuestros socios de seguridad pública, los funcionarios capacitados y expertos en este campo”, dijo Mendicino.
Hasta la fecha, ni la policía ni el servicio de inteligencia de Canadá han emitido una advertencia al respecto.
Pero si Rusia y Ucrania fallan, los intoxicadores recurren a otras argucias. La tendencia de los principales medios de comunicación canadienses ha sido la de presentar la movilización como un movimiento “extremista” dispuesto a asaltar la capital, similar al asalto al Capitolio de Washington o la reciente irrupción de los ganaderos en el Ayuntamiento de Lorca.
Cuando no pudieron ocultar por más tiempo la protesta, la minimizaron aludiendo a “cientos” de camioneros. Había que multiplicar las cifras por 20.
(*) https://tnc.news/2022/01/29/cbc-anchor-invents-conspiracy-about-russia-orchestrating-freedom-convoy/
En una entrada de hace cuatro años relatábamos los problemas técnicos del caza F-35 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, fabricado por el gigante estadounidense de la aeronáutica Lockheed Martin. Entonces el Pentágono tuvo que acabar reconociendo que la mayor parte de ellos no habían podido ni siquiera despegar en un test simulado.
El F-35 es un pozo sin fondo para los presupuestos del Pentágono, posiblemente el mayor fracaso de la tecnología militar de Estados Unidos. La semana pasada una de las unidades no pudo aterrizar en el portaaviones Carl Vinson (CVN-70) y se precipitó en el Mar de China Meridional.
El piloto pudo lanzarse al exterior y fue recuperado por un helicóptero militar, pero siete marineros a bordo del portaaviones resultaron heridos. Tres de ellos fueron declarados estables y evacuados a un centro médico en Manila, mientras que los otros cuatro fueron tratados localmente con heridas leves.
La fotografía de portada muestra el F-35C II Lightning II momentos antes de hundirse bajo el agua y la inteligencia militar estadounidense asegura que se trata de “propaganda china”, o sea, que la han fabricado con Photoshop.
Como si eso fuera necesario… Hasta ahora todos los indicios muestran que los F-35 jamás entrarán en combate, a pesar de que es la aeronave más cara de la historia militar. De última (de)generación. En otras palabras, los F-35 son otra muestra más de que la corrupción se ha apoderado del complejo militar-industrial estadounidense.
El caso es que hay un F-35C hundido en el fondo del Mar de China Meridional y el Pentágono trabaja a contrarreloj para recuperar los restos para evitar que lo puedan recuperar los chinos.
El Parlamento de Londres abrirá una investigación sobre las tácticas de pánico utilizadas por los sicólogos al servicio del gobierno de Londres y de los medios de intoxicación.
Durante la pandemia el gobierno británico utilizó la “unidad del empujón” (Nudge Unity) para difundir el miedo entre la población.
40 sicólogos han enviado una carta a la Comisión de Administración Pública y Asuntos Constitucionales del Parlamento, en la que advierten que un equipo de funcionarios dedicados a “empujar” el comportamiento de la población durante la pandemia ni rindió cuentas, ni se comportó de manera ética.
Los firmantes de la carta, encabezados por el doctor Gary Sidley, sicólogo clínico jubilado, aseguran que se oponen al uso de lemas como: ”Si sales puedes contagiarte, la gente morirá”.
También condenan el uso de imágenes de enfermos graves en unidades de cuidados intensivos en los anuncios de vallas publicitarias y de televisión, así como el “macabro enfoque en mostrar el número de muertes por covid-19 sin mencionar la mortalidad por otras causas o el hecho de que, en circunstancias normales, mueren unas 1.600 personas al día en Reino Unido”.
Los firmantes afirman que es “muy cuestionable que una sociedad civilizada deba aumentar a sabiendas el malestar emocional de sus ciudadanos como medio para obtener su conformidad”.
La “Unidad del Empujón” se creó en 2010 dentro de la Oficina del Gabinete y está diseñada para aplicar la ciencia del comportamiento a las políticas públicas. Se ha utilizado para animar a los ciudadanos a pagar sus impuestos, acudir a los tribunales y donar sus órganos al morir. Se conoce oficialmente como “equipo de conocimiento del comportamiento”, pero se sabe poco sobre su funcionamiento real.
La Unidad se utilizó también para fomentar el cumplimiento de las restricciones sanitarias durante la pandemia. Un anuncio mostraba una foto en primer plano de un paciente de cuidados intensivos con una mascarilla, con la leyenda: “Mírala a los ojos y dile que nunca te saltas las normas”. Otro decía: “Míralo a los ojos y dile que siempre mantienes la distancia de seguridad”.
La carta llama la atención sobre un memorando del gobierno de marzo de 2020, en el que se sugería que “es necesario aumentar el nivel de percepción de la amenaza personal entre quienes son complacientes” y se pedía que se adifundieran los mensajes más aterradores.
La Comisión de Administración Pública y Asuntos Constitucionales del Parlamento investigará el uso del equipo de análisis del comportamiento como parte de su investigación sobre las actividades del gobierno durante la pandemia. Coincidirá con el segundo aniversario del primer confinamiento.
William Wragg, presidente de la Comisión, dijo: “Creo que la cuestión central es cómo se sitúa el ‘empujon’ dentro de la democracia parlamentaria y la responsabilidad ministerial”.
Los psicólogos también advirten que los “anuncios de miedo” han tenido consecuencias no deseadas. “Avergonzar y convertir en chivos expiatorios ha animado a algunas personas a acosar a quienes no pueden o no quieren llevar el rostro cubierto”, escriben.
“Los niveles de miedo inflados habrán contribuido de forma significativa a los muchos miles de muertes no covídicas que se han producido en los hogares de la gente, ya que la ansiedad estratégicamente aumentada ha desanimado a muchos a buscar ayuda para otras enfermedades”.
—https://www.telegraph.co.uk/politics/2022/01/28/grossly-unethical-downing-street-nudge-unit-accused-scaring/
Resulta irónico que incluso el ex primer ministro israelí de derechas, Benjamin Netanyahu, haya rechazado un proyecto de ley de la Knesset (Parlamento israelí) que proponía dar al gobierno un mayor poder para controlar y suprimir los contenidos en línea. Esto fue en 2016, y el proyecto de ley fue presentado por el rival del partido Likud de Netanyahu, Gideon Sa’ar.
Algunos analistas argumentaron que Netanyahu había temido que una ley destinada a suprimir la libertad de expresión palestina en línea pudiera ser aprovechada por sus enemigos para controlar su propio discurso e incitación. Ahora que Netanyahu ya no está en el panorama, el proyecto de ley ha vuelto, y también Sa’ar.
Gideon Sa’ar es actualmente ministro de Justicia y viceprimer ministro de Israel. Mientras su jefe, Naftali Bennett, avanza rápidamente en la expansión de los asentamientos y en el empeoramiento de las ya horribles realidades de los palestinos sobre el terreno, Sa’ar está ampliando la ocupación militar israelí de los palestinos al ámbito digital. Lo que se conoce como la “Ley de Facebook” va a conceder “a los tribunales israelíes la facultad de exigir la retirada de contenidos generados por los usuarios en las plataformas de contenido de las redes sociales que puedan percibirse como incendiarios o que perjudiquen la seguridad del Estado, o la seguridad de las personas o la seguridad del público”.
Según una declaración del 30 de diciembre de la Coalición Palestina por los Derechos Digitales (PDRC) y el Consejo de Organizaciones Palestinas de Derechos Humanos (PHROC), la censura israelí de los contenidos palestinos en línea se ha profundizado desde 2016, cuando se presentó por primera vez el proyecto de ley de Sa’ar.
En su declaración, las dos organizaciones destacaron el hecho de que la llamada Unidad Cibernética de Israel había presentado 2.421 solicitudes a las empresas de medios sociales para eliminar el contenido palestino en 2016. Esa cifra ha crecido exponencialmente desde entonces, hasta el punto de que solo la Unidad Cibernética ha solicitado la eliminación de más de 20.000 artículos palestinos. El PDRC y el PHROC sugieren que la nueva legislación, que ya fue aprobada por el Comité Ministerial de Legislación el 27 de diciembre, “sólo reforzaría la relación entre la Unidad Cibernética y las empresas de medios sociales”.
Desgraciadamente, esa relación ya es fuerte, al menos con Facebook, que censura habitualmente contenidos palestinos y ha sido muy criticada por Human Rights Watch y otras organizaciones. Tras examinar las numerosas denuncias de censura de Facebook, Deborah Brown, investigadora principal de derechos digitales y defensora de HRW, concluyó que “Facebook ha suprimido contenidos publicados por palestinos y sus partidarios que hablan de cuestiones de derechos humanos en Israel y Palestina”.
La implicación de Facebook en los esfuerzos de Israel destinados a silenciar las voces palestinas en línea que piden justicia, libertad y el fin de la ocupación, se sitúa a su vez en un acuerdo que la empresa había alcanzado con Israel en septiembre de 2016. Entonces, el gobierno israelí anunció que había firmado un acuerdo con el gigante de las redes sociales “para trabajar juntos y determinar cómo abordar la incitación en la red de medios sociales”. A los pocos días, se informó de que se habían eliminado las cuentas de destacados periodistas y activistas palestinos.
La última “Ley Facebook” de Israel no sólo se refiere al control de los contenidos en las plataformas relacionadas con Facebook, incluyendo Instagram y otras. Según un editorial de Haaretz publicado el 29 de diciembre, el impacto de este proyecto de ley en particular es de gran alcance, ya que otorgará a los jueces de los tribunales de distrito de todo el país el poder de eliminar publicaciones, no sólo de Facebook y otros medios de comunicación social, “sino de cualquier sitio web”.
Como es lógico, la censura israelí de los contenidos palestinos se justifica con el típico pretexto de proteger la “seguridad nacional” de Israel. Todos sabemos cómo interpreta Israel este escurridizo concepto para incluir cualquier cosa, desde un palestino que pide que Israel rinda cuentas por sus crímenes en los territorios ocupados, hasta otro que exige el fin del apartheid israelí o un tercero que escribe un poema. Un ejemplo de ello fue el humillante encarcelamiento del poeta palestino Dareen Tatour. Éste, ciudadano israelí, fue encarcelado en 2015 por orden judicial por escribir un breve poema titulado “Resiste, pueblo mío, resiste a ellos”.
A juzgar por la experiencia pasada, no cabe duda de que la “Ley de Facebook” se dirigiría casi exclusivamente a los palestinos. Además, a juzgar por los éxitos anteriores de Israel, muchas empresas de medios digitales y sociales cumplirían con las exigencias de Israel de censurar a los palestinos en todas partes.
En su informe del 11 de enero, el Centro Árabe para el Avance de los Medios Sociales -7Amleh- detalló algunas de las prácticas que Israel lleva a cabo para vigilar, silenciar y espiar a los palestinos. El informe de 7Amleh, titulado “Hashtag Palestina 2021”, analiza el creciente uso de tecnologías de vigilancia, especialmente en el contexto de una propuesta de ley israelí que ampliaría el uso de cámaras de reconocimiento facial en espacios públicos. Cabe señalar que estas tecnologías ya se han utilizado contra los palestinos en los puestos de control militar israelíes en toda Cisjordania durante al menos dos años.
Además, el programa espía israelí Pegasus, que recientemente ha sido noticia en todo el mundo por su uso contra numerosas personalidades, también se ha utilizado durante mucho tiempo contra activistas palestinos. En otras palabras, Palestina sigue siendo el campo de pruebas de las violaciones de los derechos humanos de todo tipo por parte de Israel, ya sea con nuevo armamento, control de multitudes o vigilancia.
Como es de esperar, lo que se aplica a los palestinos que exigen su libertad en Internet no se aplica a los israelíes que incitan a la violencia y difunden el odio contra esos mismos palestinos. Según el “Índice de Racismo e Incitación” de 7Amleh, publicado el pasado mes de junio, durante la guerra israelí contra la asediada Franja de Gaza y la posterior violencia antipalestina en toda Palestina en mayo de 2021, “la incitación en hebreo contra árabes y palestinos aumentó 15 veces” si se compara con el mismo periodo del año anterior. Mucho de esto ha pasado desapercibido, y apenas es objeto de la propuesta de “Ley Facebook” o de las siniestras actividades de la Unidad Cibernética. Para Gideon Sa’ar y los suyos, la incitación antipalestina, junto con la violencia diaria ejercida contra los palestinos ocupados, no es un problema.
Mientras que a Israel se le permite, gracias al silencio ensordecedor de la comunidad internacional, mantener su ocupación militar de Palestina, cimentar su apartheid y profundizar su control de la vida palestina en todas partes, no se le debería permitir ampliar esta matriz de control también al ámbito digital. Las organizaciones de la sociedad civil, los activistas y los ciudadanos de a pie de todo el mundo deben alzar la voz para poner fin a esta burla.
Además, como nos han enseñado las experiencias de las tecnologías de vigilancia Pegasus y de reconocimiento facial, lo que suele aplicarse primero a los palestinos acaba normalizándose y aplicándose en todos los demás lugares. Por tanto, hay que hacer frente a Israel en sus abusos de los derechos humanos en Palestina, porque estos abusos, si se normalizan, pasarán a formar parte de nuestra vida cotidiana, independientemente del lugar del mundo en el que nos encontremos.
Ramzy Baroud https://www.monitordeoriente.com/20220120-como-la-ley-facebook-de-israel-planea-controlar-todo-el-contenido-palestino-online/
La pandemia se infla y se desinfla de la misma manera fraudulenta. En un caso tuvieron que sumar y ahora toca restar, hacer menos tests y dejar de contar diariamente a los muertos “con covid” y “por covid”. El gobierno de Biden ya no exige a los hospitales que informen del número de personas que mueren de coronavirus cada día (1).
Es el fin del gota a gota. El 6 de enero el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) publicó una nueva guía en la que se informaba a los hospitales de que, a partir del 2 de febrero, ya no tendrían que notificar al gobierno las muertes diarias de coronavirus.
Aunque las nuevas directrices del HHS se publicaron el 6 de enero, no se conocieron hasta que las hizo públicas el doctor Jorge A. Caballero, instructor clínico de la Universidad de Stanford.
El mismo día en que el HHS publicó la guía actualizada, el doctor Ezekiel Emanuel, antiguo asesor del gobierno de Biden sobre la pandemia y defensor de la eugenesia, publicó un artículo en el Journal of the American Medical Association en el que pedía a los gobiernos que eliminaran los informes sobre las muertes “por covid”.
El llamamiento de Emanuel a la “nueva normalidad” fue acogido con satisfacción en un editorial del Washington Post. Hay que “reconvertir” la pandemia en una cosa distinta, una endemia, tenemos que aprender a convivir con el virus… “Tendrá que pasar a ser una amenaza sanitaria manejable sin que se produzcan trastornos masivos y una ansiedad abrumadora”.
Hay que cambiar la manera de llevar la contabilidad, dice el Washington Post, “construir una auténtica infraestructura de datos de salud pública”, porque se acaban de dar cuenta ahora que el sistema es “fragmentario e impreciso” y que tienen que mejorar hasta las mascarillas.
Hasta ahora de los datos cuantitativos no se podía ni hablar, pero ya no se sostienen ni ellos, como hemos venido denunciando aquí desde hace dos años. “Es necesario reconstruir la confianza en las instituciones sanitarias públicas”, propone el periódico (2).
Los CDC han mantenido conversaciones con el Consejo de Epidemiólogos Estatales y Territoriales sobre una directiva que “exigiría a los estados limitar la notificación diaria de casos”, según un el New York Times.
Algunos estados ya han dejado de notificar diariamente los casos, pasando a un sistema de notificación de pruebas una vez a la semana. El director general de salud de Florida, Joseph Ladapo, dijo el mes pasado que el estado tiene la intención de acabar con pruebas.
Incluso más estados están planeando poner fin a la notificación diaria de casos. Muchos de ellos están dispuestos a hacer el cambio en los próximos meses, dijo Marcelle Layton, jefa médica del Consejo de Epidemiólogos Estatales y Territoriales, al New York Times.
(1) https://www.hhs.gov/sites/default/files/covid-19-faqs-hospitals-hospital-laboratory-acute-care-facility-data-reporting.pdf
(2) https://www.washingtonpost.com/opinions/2022/01/09/us-experts-offer-sensible-strategy-living-with-covid-biden-should-listen/
En entradas anteriores ha quedado explicada la creación dentro del gobierno británico de unidades especializadas en guerra sicológica para orientar el comportamiento de la población durante la pandemia, evitar la oposición a las restricciones sanitarias y aceptar el confinamiento de forma pasiva.
Las unidades de cambio de comportamiento del gobierno británico las formaron especialistas en diversos campos académicos, fundamentalmente sicólogos, que pusieron en práctica la teoría del empujón (“nudge”), una doctrina en boga desde que la promocionara Cass Sunstein, cuya foto aparece en la portada. Dicha teoría ha pasado de ser una propuesta académica a una técnica de dominación política, es decir, forma parte de los órganos de gobierno y ha llegado para quedarse, más allá de la pandemia.
El “empujón” altera el comportamiento de las personas para hacerlo predecible, es decir, para acomodarlo a las necesidades de la dominación política de masas.
Sunstein no es sólo un teórico, ni un escritor de libros. Fue miembro del equipo de gobierno de Obama y actualmente lo es del de Biden. Más exactamente, trabaja en el Departamento de Seguridad Nacional del gobierno de Washigton.
La teoría del empujón no es ningún secreto. Junto con Richard Thaler, Sunstein la expuso por primera vez en un libro de 2008 titulado “Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth and Happiness” (1). El año pasado publicaron una nueva edición con lo que aprendieron durante la pandemia.
Un pieza maestra de la política gubernamental de Sunstein es la vieja “teoría de la conspiración” que había elaborado la CIA en los sesenta, recuperada para las nuevas necesidades de los tiempos y, en especial, para la “lucha antiterrorista”. De hecho el papel de Sunstein dentro del gobierno de Obama fue el de denostar las “teorías de la conspiración” y a los que las promueven: magufos, terraplanistas…
La teoría del empujón tiene, pues, un claro origen policial y represivo. En un artículo de 2008, Sunstein escribió: “La existencia de teorías de la conspiración, tanto nacionales como extranjeras, no es, en nuestra opinión, un asunto trivial, ya que plantea riesgos reales para las políticas antiterroristas del gobierno de cualquier tipo” (2). Las propuestas prácticas de Sunstein no dejan lugar a dudas sobre la necesidad de eliminar cualquier alternativa a la ideología dominante, que es la que marcan los gobieros de turno, como por ejemplo, “ilegalizar cualquier teoría de la conspiración”.
Además del mensaje, las nuevas políticas represivas de Sunstein imponen el lenguaje. Como la pandemia ha vuelto a poner de manifiesto, el lenguaje tiene un carácter hipnótico. Las nuevas expresiones embriagan y modelan una nueva percepción subjetiva de la realidad. Los que no emplean el nuevo vocabulario ni siquiera pueden intervenir en ningún debate social. Es como si estuvieran hablando de realidades distintas. El interlocutor cree que se mueve por sí mismo, pero en realidad le están empujando.
En 2010 las políticas de dominación de Sunstein llegaron al otro lado del Atlántico de la mano del Instituto Británico para la Gobernación, que se describe a sí mismo como “un grupo de reflexión cabecero que trabaja para que el gobierno sea más eficaz”. A su vez, el Instituto creó el Equipo Behavioural Insights que, según su sitio web, “ha pasado de ser una unidad de siete personas en el corazón del gobierno de Reino Unido a una empresa de propósito social global con oficinas en todo el mundo” (3).
El Instituto encargó la redacción del informe MindSpace (4), que debía convertirse en la piedra angular de las nuevas técnicas de guerra sicológica. Hoy es la principal institución que da forma a los mensajes públicos en el mundo occidental.
Un documento de 2018 titulado “Behavioural Government” expresó claramente su objetivo: “El Equipo Behavioural Insights se creó en el número 10 de Downing Street en 2010. Es la primera institución gubernamental del mundo dedicada a aplicar la ciencia del comportamiento a la política” (5).
(1) https://www.researchgate.net/publication/257178709_Nudge_Improving_Decisions_About_Health_Wealth_and_Happiness_RH_Thaler_CR_Sunstein_Yale_University_Press_New_Haven_2008_293_pp
(2) https://ia800304.us.archive.org/22/items/CassSunstein/cass_sunstein_infiltration.pdf
(3) https://www.bi.team/about-us/who-we-are/
(4) https://www.instituteforgovernment.org.uk/publications/mindspace
(5) https://www.bi.team/wp-content/uploads/2018/08/BIT-Behavioural-Government-Report-2018.pdf
Más información
— Una red de instituciones públicas y privadas está participando en el lavado de cerebro
— Los expertos que sembraron el miedo miedo durante la pandemia lo lamentan ahora
— La manipulación de la población por los ‘expertos’ en instrumentalizar el miedo
— El miedo ha arrojado a millones de personas en brazos de sus gobiernos respectivos
Mientras los medios de comunicación internacionales siguen intoxicando desaforadamente sobre los más de 100.000 soldados rusos que están listos para invadir Ucrania ”en cualquier momento”, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, afirma lo contrario.
El miércoles pronunció un discurso en el que calificó sin rodeos el actual enfrentamiento entre Rusia y Ucrania de “exageración mediática”, al tiempo que hizo un llamamiento a los ucranianos para que mantuvieran la calma. “Los riesgos no han existido sólo un día, y no han aumentado. Lo único que se ha vuelto más importante es el revuelo mediático que les rodea”, dijo Zelensky.
Luego Biden matizó un poco sutilmente: hay que diferenciar entre una “incursión menor” de las tropas rusas en Ucrania y una “invasión” a gran escala. Zelensky le volvió a desmentir abiertamente: “No hay incursiones menores”.
Por su parte, el Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken estuvo en Kiev el miércoles y reiteró las declaraciones anteriores de la portavoz Jen Psaki de que Rusia estaba preparada para lanzar un ataque en “muy poco tiempo”.
Las declaraciones alarmistas de la Casa Blanca, repetidas hasta el hartazgo por los medios de todo el mundo, desencadenaron un pánico innecesario. En Ucrania las tiendas de comestibles estaban siendo vaciadas y que los ucranianos retiraban sus ahorros de los bancos.
Zelensky no cree que Putin tenga una “invasión planificada” en marcha, como ha dicho Biden y han repetido los medios durante los últimos dos meses. Por eso se vio obligado a tranquilizar a sus compatriotas: “Ahora no es nuestro país el que está siendo atacado activamente, sino vuestros nervios, por lo que tenéis una constante sensación de pánico”.
“Los ucranianos deben abstenerse de almacenar y retirar dinero apresuradamente”, aconsejó el jefe del Estado ucraniano. A los periodistas les recomendó que “sean métodos de información masiva y no de histeria masiva”.
“Todos nuestros ciudadanos, especialmente las personas mayores, tienen que entenderlo. Respira profundamente. Cálmate. No corras a por el trigo sarraceno y las cerillas. A todos los medios de comunicación: sigan siendo medios de comunicación de masas, no fuentes de histeria de masas. En la búsqueda del bombo mediático, no ayudes al enemigo informando a diario de que la guerra puede empezar mañana. Esto, sin duda, no lo detendrá”, dijo el dirigente ucraniano.
Durante dos años la propaganda obsesiva acerca de la pandemia ha ocultado de manera sistemática la existencia de tratamientos contra el “covid” distintos de las vacunas. El objetivo es, naturalmente, poner a las vacunas en el primer plano del fin de la pandemia. Una epidemia sólo se puede acabar con vacunas.
No obstante, recientemente la agencia Reuters deslizaba un noticia muy sorprendente: Pakistán había recurrido a la medicina tradicional china con un notable éxito de tratamiento. La hidroxicloroquina y la ivermectina también han sido ampliamente utilizadas por médicos, como Didier Raoult, del Hospital de Marsella, denostado y preseguido desde hace dos años por sus posturas críticas sobre la pandemia.
El Ministerio de Sanidad de India aprobó la ivermerctina como tratamiento precoz contra el “covid”. Recientemente un estado brasileño ha seguido ese mismo camino, al tiempo que ha aprobado el tratamiento con hidroxicloroquina.
Hace un año la Clínica Universidad de Navarra y el Instituto de Salud Global de Barcelona publicaron un estudio en la revista científica EClinicalMedicine demostrando que la administración temprana de ivermectina disminuía la carga viral y la duración de los síntomas moderados del “covid”, por lo que podría reducir la transmisión del virus.
Sin embargo, en numerosos medios las alternativas a las vacunas sufrieron intolerables ataques, a tono con el resto de la repugnante propaganda pandémica, que ha puesto a la ciencia en el punto más oscuro de su historia, a la altura del medievo.
El 12 de junio el gobierno de Indonesia prohibió la ivermectina y lo mismo cabe decir de instituciones, como la OMS, cuya naturaleza corrupta y venal es amplamente conocida.
La FDA (Agencia para la Administración de Medicamentos y Drogas de Estados Unidos) no autoriza este antiviral para tratar el “covid”, ni ninguna otra enfermedad. “No eres un caballo, no eres una vaca”, dijo en agosto en un mensaje de gloriosa imbecilidad que pasará a los anales de la estulticia. “Medicina no probada”, concluían también los expertos de la cadena de intoxicación CNN.
En marzo la Agencia Europea del Medicamento tampoco apoyó su uso para la prevención y el tratamiento del “covid”, llegando a decir que en dosis elevadas puede ser tóxica, es decir, igual que cualquier otra sustancia.
Hace un año, Andrew Hill defendió en los NIH (Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos), que la ivermectina podría salvar al mundo del “covid”. Los primeros resultados que publicó aseguraban que el tratamiento con ivermectina reducía la mortalidad del “covid” en un 75 por cien.
Se esperaba que en marzo del año pasado Hill llevara su informe a la OMS para que pudiera anunciar el principio del fin de la pandemia, antes de hubiera ninguna clase de vacunas.
Sin embargo, sorprendentemente, unas semanas después, Hill cambió de opinión y se retractó: la ivermectina no puede considerarse un tratamiento fiable para el “covid”, es necesario realizar más estudios… Una cantinela seudocientífica muy socorrida.
Hill es profesor de farmacología de la Universidad de Liverpool y trabaja a sueldo de Unitaid, una institución que había caído bajo las zarpas de la Fundación de Bill Gates, de la que también es asesor. El que paga manda y eso también le da derecho a amonestar a sus lacayos…