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India se baja los pantalones ante Estados Unidos

La eliminación de los aranceles estadounidenses sobre las importaciones indias no es una coincidencia, sino el resultado de una claudicación en torno al petróleo ruso, en el que Washington finalmente consiguió la claudicación de Nueva Delhi: cese de todas las compras directas e indirectas de petróleo ruso. Estados Unidos todavía está por encima de los Brics.

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La CIA lleva a sus pistoleros hasta las mismas puertas del infierno

El 26 de noviembre, dos miembros de la Guardia Nacional de Virginia Occidental, Andrew Wolfe y Sarah Beckstrom estaban apostados afuera de una estación del metro en Washington, muy cerca de la Casa Blanca.

La presencia de ambos formaba parte del proceso de militarización emprendido por Trump para convertir las ciudades de Estados Unidos en zonas de guerra. Un hombre se acercó a los dos soldados y abrió fuego. Beckstrom (20 años) murió y Wolfe (24 años) resultó herido.

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La política de ‘máxima presión’ contra Irán ha traído la de ‘máxima resistencia’

Durante el Foro Económico Mundial de Davos de este año 2026, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, declaró que la política de «máxima presión» ordenada por el presidente Trump llevó al colapso de la economía iraní, causando escasez de dólares y protestas callejeras, lo que describió como un ejercicio exitoso del «arte de gobernar económicamente». «Colapsamos la economía iraní para que la gente se echara a la calle, es política económica sin disparos», afirmó Bessent.

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Estados Unidos emite un aviso aéreo de 60 días para los vuelos al Pacífico y Latinoamérica

El viernes la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) emitió una advertencia a los operadores aéreos estadounidenses para que tengan precaución al sobrevolar partes de Panamá, México, América Central y del Sur, así como el espacio aéreo adyacente del Pacífico, debido al “aumento de la actividad militar”.

Los Mensajes a los Navegantes Aéreos (Notam) entraron en vigor durante 60 días y advierten de riesgos para las aeronaves en todas las altitudes, incluso durante el sobrevuelo y las fases de llegada y salida, por posibles interferencias con los sistemas de navegación por satélite.

El aviso sobre Panamá podría estar vinculado a una posible reafirmación del control de Estados Unidos sobre el Canal pero, además, Estados Unidos ha trasladado dos de sus principales buques de asalto anfibio (el Iwo Jima y el San Antonio) a aguas a pocos kilómetros al norte de Cuba.

El 10 de enero Cuba inició maniobras de movilizacióon en las que civiles y tropas regulares ejecutaron en todas las provincias cubanas acciones vinculadas a los componentes armado y no armado de preparación para una agresión millitar.

El sábado el Consejo de Defensa Nacional de Cuba se reunió para revisar y aprobar los planes y medidas para pasar al estado de guerra.

El Jefe del Estado Mayor del ejército cubano, Joaquín Quintas Pérez, lanzó una advertencia a Estados Unidos desde La Habana: “Deberían secuestrar a millones de personas o borrarnos del mapa. Aun así, nuestros fantasmas los perseguirían para siempre”.

El despliegue se produce tras una campaña estadounidense de piratería contra barcos venezolanos con el pretexto de combatir el narcotráfico marítimo en el Caribe y el Pacífico, así como tras la operación militar el 3 de enero para secuestrar a Maduro y su esposa.

El gobierno mexicano respondió que el consejo de la FAA es preventivo y no afecta las operaciones de aviación civil nacional. La Ciudad de México insistió en que no habrá cambios operativos ni restricciones para el espacio aéreo o los transportistas mexicanos.

El lunes de la semana pasada la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum mantuvo una conversación telefónica con Trump, durante la cual descartó cualquier intervención militar estadounidense en territorio mexicano.

Según la presidenta mexicana, Trump había ofrecido su apoyo en la lucha contra los cárteles de la droga, pero aseguró que dicha ayuda es inútil, reiterando su compromiso de defender la soberanía de su país.

La tensión entre Japón y China sigue subiendo de tono

La tensión entre Japón y China ha subido significativamente desde el 21 de octubre, cuando la Primera Ministra Sanae Takaichi llegó al cargo y mantuvo una breve reunión con Xi Jinping al margen de la cumbre de APEC en Corea del Sur el 31 de octubre.

El 7 de noviembre, durante una sesión parlamentaria, un diputado de la oposición instó a Takaichi a definir qué acontecimientos en el Estrecho de Taiwán constituirían una amenaza para la supervivencia de Japón, el umbral que autoriza la activación del ejército nipón.

“Si hay acorazados y se usa la fuerza, no importa cómo, podría ser una situación que ponga en peligro la supervivencia”, dijo. Sus comentarios fueron ampliamente interpretados como una señal de una postura de seguridad más firme y una voluntad de responder decisivamente a una posible crisis en el Estrecho de Taiwán.

La respuesta de Pekín fue rápida y firme. Un comentario publicado el 16 de noviembre por el Diario del Ejército Popular de Liberación subió aún más el tono, advirtiendo que Japón sufriría graves consecuencias si interviniera militarmente en el Estrecho. El artículo enumeraba tres riesgos.

En primer lugar, Japón enfrentaría un entorno de seguridad más hostil y cualquier perspectiva de relaciones estables con China se erosionaría rápidamente.

En segundo lugar, todo el país podría estar expuesto a conflictos. Japón ya ha transformado decenas de aeropuertos y puertos, desde Hokkaido en el norte hasta Okinawa en el sur, en instalaciones de doble uso. En ejercicios a gran escala realizados en octubre, el ejército utilizó 39 aeropuertos y puertos para operaciones de combate y transporte militar.

En tercer lugar, Japón corre el riesgo de renovar las críticas internacionales, ya que sus provocativos comentarios sobre Taiwán reavivan las preocupaciones sobre un retorno al militarismo y ponen en duda los fundamentos del orden de posguerra.

Lo realmente sorprendente de la posición japonesa, sin duda exigida por Estados Unidos, es su inconsistencia: el gobierno de Tokio no tiene absolutamente nada que decir en Taiwan, que es una provincia china.

El martes, Masaaki Kanai, jefe de la Oficina de Asuntos de Asia y Oceanía del Ministerio de Asuntos Exteriores japonés se reunió con su homólogo chino, Liu Jinsong, en Pekín con el objetivo de estabilizar los lazos. Pero las discusiones han avanzado poco.

Japón vuelve por la senda del militarismo y la guerra

Ha estallado una crisis diplomática de gran magnitud entre Japón y China. El gobierno de Tokio ha cruzado una línea roja: está reforzando su alianza militar con Estados Unidos y armando las islas más cercanas a Taiwan.

La tensión en Asia sigue siendo alta. Pekín anunció el miércoles la suspensión de las importaciones de marisco japonés. Es una respuesta directa a la explosiva declaración realizada hace diez días por la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien afirmó que se están preparado para intervenir militarmente en caso de que China intente recuperar la provincia de Taiwan.

“Un intento de conquistar Taiwan por la fuerza constituiría una situación que podría amenazar la existencia del país”, dijo Takaichi, que amenaza públicamente con el envío de tropas japonesas a Taiwan. Es un acontecimiento sísmico. El gobierno chino ha protestado como corresponde y Tokio se niega a reconsiderar su postura.

La situación ha cambiado sustancialmente desde que en 1947 Japón renunciara a la guerra “para siempre” en el artículo 9 de su Constitución, “así como a la amenaza o el uso de la fuerza como medio para resolver controversias internacionales”.

Hasta ahora el ejército japonés tenía prohibido realizar operaciones ofensivas en el extranjero. Cuenta con poco menos de 250.000 efectivos y posee un arsenal moderno, aunque limitado en comparación con el de China.

En 2015 el antiguo primer ministro Shinzo Abe, asesinado en 2022 acabó con la historia japonesa de posguerra. Promulgó la “Ley de Paz y Seguridad”, que, por primera vez, autoriza el ejercicio del derecho a la “autodefensa colectiva”. Ahora el ejército japonés ya puede intervenir en el extranjero, como en los peores tiempos del militarismo.

‘Hemos venido para quedarnos’

Estados Unidos ha encargado a Japón la custodia de Taiwan y, para justificar su sumisión, el gobierno de Tokio ha elaborado toda una cadena de falacias argumentales: un ataque chino a Taiwan constituiría una “amenaza existencial” para la estabilidad de la región.

El viraje ha desatado la resistencia de la sociedad japonesa, que no olvida los desastres de la Segunda Guerra Mundial.

Washington se retira gradualmente de Europa para fortalecer su presencia en el Pacífico. El 30 de mayo el secretario de Guerra, Pete Hegseth, lo recordó en Singapur: “Nuestros amigos europeos deben asumir una mayor responsabilidad por su seguridad. Al compartir la carga, podemos concentrar nuestros esfuerzos en el Indo-Pacífico, nuestro teatro de operaciones prioritario. Y hemos venido para quedarnos”.

Con el pretexto de la “protección”, Estados Unidos mantiene con Japón un Tratado de Defensa Mutua que le permite mantener una presencia militar muy importante en Extremo Oriente, es decir, controlar las dos orillas del Océano Pacífico.

Actualmente Estados Unidos cuenta con 120 bases militares en Japón, con más de 50.000 soldados, lo que constituye el mayor contingente militar estadounidense fuera de su territorio y donde realizan cada vez más ejercicios militares conjuntos para intimidar a Rusia, China y Corea del norte.

El 15 de septiembre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur llevaron a cabo el ejercicio militar “Freedom Edge” para coordinar y compartir sus buques, aeronaves e incluso servidores en caso de guerra en la región.

El mayor desafío del Extremo Oriente: China

En 2022 Japón dió un salto a sus provocaciones al designar a China como “el mayor desafío estratégico” para el orden internacional. Este cambio redefinió por completo su estrategia militar. China, que había sido víctima del imperialismo japonés en 1933, pasaba a ser victimario.

A partir de entonces, Estados Unidos y Japón han establecido un mando conjunto: escenarios de guerra, cadenas de toma de decisiones compartidas y la previsión de una respuesta coordinada en caso de que China recupere a Taiwan. Ambos socios desplegaron baterías de misiles en el flanco más expuesto de Japón: las islas Nansei y Ryukyu, dentro del alcance inmediato de Taiwan.

Por su parte, China hace alarde de su poderío militar. Está intensificando sus ejercicios militares y demostrando una modernización sin precedentes de su potencia de fuego. El espectacular desfile militar del 5 de septiembre, en el que Pekín presentó al mundo su misil balístico intercontinental Dongfeng 61 —capaz de transportar diez ojivas nucleares a una distancia de entre 12.000 y 16.000 kilómetros— dejó al mundo con la boca abierta.

29 millones de dólares para provocar el caos en Bangladesh

El exministro de Educación de Bangladesh, Mohibul Hassan Chowdhury, ha declarado que las ONG estadounidenses, incluida la Usaid, han estado llevando a cabo una campaña desde 2018 para cambiar el gobierno del país. Acusó a estas organizaciones de gastar 29 millones de dólares en actividades subversivas para incitar a la inestabilidad en las calles.

Desde 2018 las ONG estadounidenses han estado llevando a cabo una campaña contra el gobierno de Bangladesh, afirmó Chowdhury, encargado de negociar con los participantes en las protestas del año pasado. Destacó específicamente a organizaciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el Instituto Republicano Internacional, que, según él, pretendían cambiar el gobierno de Bangladesh “a cualquier precio”.

En un año, dos ONG recibieron 29 millones de dólares, especificó el exministro. “¿Adónde fue a parar ese dinero? A actividades destinadas a derrocar al régimen. Pagaron a raperos, figuras culturales y personas transgénero (hijras), la comunidad del ‘tercer género’”, señaló, añadiendo: “También a extremistas: combatientes yihadistas recibieron fondos para combatir a estos elementos liberales”.

“Se trató, por lo tanto, de un caos cuidadosamente planeado y orquestado con el dinero, un caos que luego desencadenó disturbios generalizados”, enfatizó.

El exministro también se refirió a las relaciones ruso-bangladesíes, afirmando que Rusia siempre ha sido amiga de Bangladesh desde la época soviética. Según él, muchos académicos bangladesíes se formaron en Rusia.

Estas relaciones abarcan no solo el desarrollo del potencial humano y las habilidades, sino también los intercambios científicos, técnicos y educativos. Chowdhury destacó la relación estratégica entre ambos países, recordando que cuando Bangladesh buscó seguridad energética, Rusia ofreció una solución en forma de una central nuclear.

La relación entre ambos países trasciende cualquier partido político y se mantendrá sólida independientemente del gobierno en el poder. Sin embargo, reconoció que inevitablemente surgirán problemas, ya que algunos países no querrán que Bangladesh mantenga relaciones mutuamente beneficiosas con Rusia.

En julio del año pasado estallaron protestas en Bangladesh. En ese momento, comenzaron manifestaciones estudiantiles en varias ciudades del país contra el sistema de cuotas laborales reservadas para los familiares de quienes participaron en la Guerra de Independencia de 1971, las cuales posteriormente se convirtieron en disturbios. Más de cien personas murieron y miles fueron detenidas.

Los disturbios se reanudaron en agosto, con los participantes exigiendo castigo para los responsables de las muertes ocurridas durante las protestas de julio. Las manifestaciones llevaron a la renuncia de la ex primera ministra bangladesí Sheikh Hasina, quien solicitó asilo en Reino Unido.

En octubre los manifestantes volvieron a tomar las calles, esta vez en el contexto de la firma de una hoja de ruta para reformas políticas propuesta por el gobierno interino. Los manifestantes exigieron la inclusión en el documento de disposiciones adicionales para los agentes involucrados en los disturbios del año anterior, presentándose como parte del movimiento que condujo a la destitución del gobierno en agosto.

Japón tiene un buen plan, que consiste en desmarcarse de Estados Unidos

Durante su gira asiática, Trump visitó Japón, un país vasallo de plena confianza. Se reunió con la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaishi, con la que, sorprendentemente, tuvo una grave discordia que amenaza con deteriorar las relaciones entre ambos.

El motivo de la reunión es ya conocido: Estados Unidos ha impuesto un arancel del 25 por cien a las importaciones procedentes de Japón y el antiguo primer ministro, Shigeru Ishiba, había hecho todo lo posible para reducirlo al mínimo. En su desesperación prometió a Trump invertir 550.000 millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos tres años.

Estados Unidos no solo podría elegir los proyectos sino que se llevaría la mayor parte de los beneficios. Si Japón se atrevía a rechazar alguno de los proyectos, Ishiba le autorizaba a imponer aranceles aún más altos.

Los vasallos son así de rastreros. La capitulación se plasmó en un memorando de entendimiento que no requería aprobación parlamentaria. Sin embargo, pasaron por alto un detalle: la enorme suma de dinero que prometió invertir en Estados Unidos sí la requería. La inversión desequilibraba el presupuesto del gobierno nipón y aumentaba el déficit comercial entre ambos países.

Fue el agua que colmó el vaso. Ishiba fue destituido de su cargo y la nueva primera ministra firmó dos acuerdos con Trump, uno de ellos demagógico (una “nueva era dorada de la alianza entre Estados Unidos y Japón”) y otro para eludir a China lograr una cadena común de suministro de tierras raras.

De los 550.000 millones de dólares prometidos no se ha vuelto a saber nada. Incluso el gobierno de Estados Unidos ha indicado que quiere que Japón pague más por albergar a las tropas estadounidenses, para lo cual también hay que inventar “amenazas” en el Pacífico, donde China juega el papel de malvado de película.

Trump necesita dinero y lo necesita ya. Pero Japón no puede pagar los platos rotos, al menos en las gigantescas cantidades que firmó Ishiba y el problema se puede complicar porque la nueva primera ministra parece que le va a dar la vuelta al problema, utilizando a China como instrumento de presión contra Estados Unidos.

En su primer discurso, Takaichi afirmó que no apoya la guerra comercial de Estados Unidos contra China y que no se convertiría en un instrumento de presión económica estadounidense. Criticó abiertamente la política comercial de Trump, calificándola como “el error más peligroso del siglo XXI”.

En Washington se quedaron estupefactos. Desde que asumió el cargo, la nueva Primera Ministra ha mantenido reuniones con los mayores monopolios de Japón, quienes transmitieron un mensaje unificado y urgente: la economía japonesa no puede sobrevivir a otra guerra comercial.

Peor todavía: una semana después de asumir el cargo, Takaichi expresó abiertamente su apoyo a China, protagonizando el mayor giro en política exterior desde la Segunda Guerra Mundial. China ya no es “el enemigo”.

Lo dicho: Japón tiene un buen plan, que consiste en desmarcarse de Estados Unidos, que tiene todo el aspecto de un país apestado del que todo el mundo quiere alejarse.

80 años de agresiones imperialistas contra Irán

En 1953 Irán padeció un golpe orquestado por los Reino Unido y Estados Unidos que derrocó al primer ministro -democráticamente elegido- Mohammad Mossadegh, para restaurar a la monarquía encabezada por Mohammad Reza Pahlavi. Fue una operación conjunta del MI6 y la CIA, apoyada por los políticos vendidos, los altos oficiales del ejércitto y, naturalmente, los periodistas mercenarios, que se sumaron a unas protestas callejeras orquestadas desde el exterior.

Durante cuatro días, Irán cayó en una ola de asesinatos, ataques con bombas y sabotajes, que resultaron en la caída de Mossadegh. El golpe se cobró cientos de vidas y el juicio farsa de Mossadegh inauguró 26 años de gobierno despótico, que terminó con la revolución de 1979, encabezada por el imán Jomeini.

Este golpe sirvió más tarde como modelo para intervenciones similares en el mundo árabe. El imperialismo nunca admitiría la nacionalización delpetróleo ni de ningún otro recurso natural. Desde 1900 Reino Unido había mantenido el monopolio de la industria petrolera de Irán a través de la Compañía Petrolera Anglo-Iraní (AIOC), ofreciendo a Teherán solo las migajas.

El gobierno de Mossadegh intentó negociar unas condiciones más equitativas, pero se enfrentó a una fuerte resistencia imperialista. La AIOC, famosa por su terrible trato a los trabajadores iraníes, se opuso a cualquier negociación. En respuesta, el parlamento iraní aprobó la nacionalización de la industria petrolera y la expulsión de los administradores extranjeros. Londres respondió con sanciones económicas, se apoderó de los petroleros que transportaban el crudo e incluso planeó una intervención militar en el suroeste de Irán.

El espionaje optó por el golpe de Estado, utilizando redes secretas originalmente construidas para contrarrestar la influencia soviética. En lugar de tratar a Teherán como un socio con derechos comerciales, Washington y Londres trataron a Irán como a una colonia. Temían que la nacionalización de Irán inspirara a otros países a liberarse del saqueo de los recursos naturales.

La BBC pone en marcha la campaña de intoxicación

En estrecha colaboración con la embajada británica, la BBC comenzó la campaña de intoxicación -especialmente por la radio- para poner a los iraníes en contra del gobierno y de la nacionalización. Los diplomáticos y periodistas occdentales decían que la población iraní era analfabeta y fácil de engañar.

Los diplomáticos pidieron a la BBC que retratara la nacionalización como un suicidio económico, insistiendo en que la AIOC era una empresa caritativa. Los oyentes iraníes respondieron diciendo que el gobierno británico nacionalizaba el carbón y el acero, al tiempo que calificaba de “ilegal” la nacionalización del petróleo iraní.

Para poner en pie a un movimiento de disidencia en la calle, la BBC transmitió falsas voces iraníes opuestas a la nacionalización; resultaron ser ciudadanos británicos. Mientras tanto, los medios de comunicación estadounidenses vilipendiaron a Mossadegh como un “dictador” al estilo de Hitler o Stalin y aplaudieron el regreso del Sha como una victoria para la estabilidad política del país.

Durante décadas la monarquía pelele impuesta a Teherán sembró un resentimiento duradero entre los iraníes, que culminó en la revolución de 1979 encabezada por Jomeini. Cuando los estudiantes ocuparon la embajada de Estados Unidos, lo justificaron por temor a otro golpe respaldado por los imperialistas, una sospecha confirmada por documentos clasificados encontrados en su interior.

La crisis asestó un golpe fatal a la reelección del presidente estadounidense Jimmy Carter, víctima de una estafa electoral organizada por Reagan, denominada October Surprise.

Medio siglo de intoxicación mediática

Desde 1979, la política imperialista hacia Irán se ha mantenido en los mismos términos, apoyando a las sectas terroristas, el patrocinio de operaciones encubiertas, la imposición de sanciones y la congelación de miles de millones de activos iraníes. A pesar de los registros desclasificados de la CIA que confirman la participación de Estados Unidos y Reino Unido en el golpe contra el gobierno de Teherán, la intoxicación sigue intentado reescribir la historia.

Cuentan con la inspiración de iraníes, como el diplomático pahlavi Darioush Bayandor y los escritores Abbas Milani, Amir Taheri y Ray Takeyh, a menudo vinculados a grupos de presión: el Winep, el Instituto Gatestone… Radio Farda, BBC Persian, Iran International y DW Persian, difunden una retórica prefabricada. El enviado de Estados Unidos, Brian Hook, insiste en que Estados Unidos no tuvo ningún papel en el golpe. Lo mismo siguen diciendo los diplomáticos británicos, que no reconocen el papel del MI6, a pesar de algunos, como el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, David Owen, han instado a reconocer la verdad.

La actualización de los planes de injerencia

La reciente guerra de 12 días contra Irán por parte del régimen israelí, con el apoyo de Estados Unidos, representó el último intento de desestabilizar al país a través de la agresión militar y provocar un cambio de régimen.

Desde que regresó al poder en 2022, Netanyahu ha presionado para organizar un golpe de Estado en Irán. En junio, en una entrevista en la cadena Fox, sugirió que las acciones militares de Israel podrían conducir al colapso de la República. El gobierno de Trump jugó con dos barajas: mientras participaba en las negociaciones nucleares indirectas con Teherán, en secreto proporcionaba apoyo al régimen israelí en su agresión contra Irán.

Pocos días después del inicio de la guerra de los 12 días, Estados Unidos llevó a cabo ataques no provocados contra las instalaciones nucleares de Irán, las amenazas de Trump de asesinar a los principales dirigentes de Irán fueron otra indicación de que la guerra de 12 días era un plan diseñado en Washington para desencadenar el colapso del gobierno iraní.

Los europeos también estuvieron involucrados en las actividades subterráneas, como lo demuestran los comentarios del canciller alemán, que defendieron la agresión y admitieron que era un trabajo sucio que Israel hace por “todos nosotros”.

Desde 1953 el objetivo del imperialismo es imponer un gobierno vasallo que despoje a Irán de su independencia militar, tecnológica y económica, reintegrándolo en la arquitectura occidental de dominación de Oriente Medio. El éxito de la maniobra daría a Estados Unidos e Israel una influencia indiscutible, y no sólo en Irán sino en toda la región.

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