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La guerra civil rusa (1918-1921): La Campaña Meridional

Mientras Yudenitch atacaba por el norte a Petrogrado, Denikin, ex militar zarista, dirigía su ataque desde el sur. Su ejército que se decía el salvador de Rusia, era conocido como el sádico, por sus métodos de hacer la guerra.

Ucrania era un punto estratégico al igual que el Don en cuanto a recursos se refiere; al establecerse la república soviética ucraniana en diciembre de 1917, el general Simón Petliura, antisoviético, instó a los alemanas a derrocar junto a él el régimen soviético.

Nikolai N. Yudenitch

Las tropas alemanas inundaron Ucrania, las fuerzas soviéticas fueron desalojadas de Kiev y Kharkov, quedando un estado títere, a la cabeza contaba con Petliura, pero dominado por las tropas alemanas de ocupación. Se iniciaron unas medidas punitivas para acabar con obreros y campesinos revolucionarios.A pesar de esto, el movimiento revolucionario seguía en ascenso. Se sustituyó al gobierno de Petliura por una dictadura militar, al mando, Skoropadski. Pero este, a finales de 1918 huyó de Ucrania junto con el ejército alemán de ocupación, que había sido diezmado por el ejército rojo y por los guerrilleros ucranianos.

Pero esto no supuso el fin de los problemas, los aliados también habían apoyado a los antisoviéticos en la Rusia meridional. Un ejército de voluntarios de cosacos del Don al mando de Kaledin, Kornilov y Denikin y otros ex generales zaristas. Al principio, la campaña emprendida por este ejército sufrió fuertes contratiempos, Kaledin y Kornilov no aguantaron, y Denikin tuvo que tomar el ejército, que se batía en retirada, hostigado por los soviéticos.

En este momento oscuro para los blancos, aparecieron los aliados, franceses e ingleses, con armamento y provisiones en su ayuda. Se le repuso su ejército y se armó para iniciar una nueva ofensiva. En las últimas semanas de 1918 Odesa y Sebastopool fueron tomadas por ingleses y franceses. Denikin emprendió una ofensiva contra Moscú. Su más cercano compañero era Wrangel, un despiadado asesino y de repugnantes métodos bélicos. Marchando hacia el norte tomaron Tsaritsyn, la futura Stalingrado.

A unas 120 millas de Moscú, se inició una magnífica contraofensiva trazada por el miembro del Comité Militar Revolucionario, Stalin, el Ejército Rojo respondía. El ejército blanco, sorprendido, iniciaba la retirada hacia el Mar Negro, el ejército terminó por desintegrarse. Los restos de este llegaron a Novorossisk; a su llegada a esta ciudad del Ejército Rojo fue recibido por bombardeos de ingleses y franceses, Denikin huyó en un buque, y la ciudad fue tomada por los soviéticos.

La campaña oriental

Al mismo tiempo que se trazaba el plan de Denikin, el almirante Kolchak debía sitiar la ciudad desde el este. Los periódicos occidentales aclamaban las grandiosas victorias del Almirante, pero a mediados de 1919 emprendió la huida, en vanguardia tenía al Ejército Rojo, en retaguardia a las guerrillas. En noviembre evacuó la capital que había establecido, Omsk. En su retirada llegó a Irkurtsk, cuyo pueblo se le rebeló, estableció un soviet y lo arrestó; en el juicio se justificó con la falta de ayuda extranjera. Fue condenado a morir fusilado.

La cuestión polaca y Wrangel

Piotr Wrangel

Los aliados, ingleses y franceses, lanzaron dos ofensivas más contra Rusia. Los polacos invadieron Ucrania, gracias a la generosa financiación de Estados Unidos, llegando a ocupar Kiev. Allí fueron detenidos y rechazados por el ejército rojo. Este aprovecha y consigue llegar a las puertas de Varsovia. Con motivo del fuerte avance soviético, los aliados fortalecieron las ayudas a los polacos, pero debido a la mala organización militar de Trotsky y Tujachevisky, los soviéticos se vieron obligados a firmar la Paz de Riga, Polonia se quedó con una parte de Bielorrusia y Ucrania.

Esta paz había posibilitado la concentración de las fuerzas soviéticas hacia el barón Wrangel, que reemplazó a Deniki, quien junto con el apoyo francés había marchado hacia el norte desde Crimea hasta Ucrania. Pero en 1920 se le rechazó hasta Crimea, y se vio embotellado por las fuerzas rojas, que asaltaron el Perekop, se extendieron por toda Crimea y lazaron al ejército de Wrangel hacia el mar.

La última resistencia

El último ejército en suelo ruso era el del Japón imperial, en Siberia para ser exactos. Los japoneses, junto con los blancos, iniciaron una última campaña desde Vladivostok contra los soviets. Uno de los barones a cargo de fuerzas blancas y japoneses se creyó la reencarnación de Gengis Khan, sentía la necesidad de recuperar los antiguos territorios del Imperio Mongol.

Pronto emprendió su campaña contra el ejército rojo desde Siberia. Su táctica era más bien el de razias, pasaba a cuchillo a todo aquel judío, comunista o simpatizantes de la democracia. En julio de 1921, el Ejército Rojo emprendió una contraofensiva destinada a terminar con este ejército. Tras varios encontronazos, se alcanzó la victoria soviética con la ayuda de guerrillas. Las tropas del reencarnado huyeron, su guardia personal se le amotinó y lo entregaron a las fuerzas soviéticas.

Fue juzgado y sentenciado a ser fusilado, acto que ocurrió en el mes de septiembre de ese mismo año (1921). Al año siguiente el Ejército Rojo cercó Vladivostok, los japoneses que estaban allí se rindieron, fueron expulsados y la bandera roja ondeó sobre la ciudad. Poniendo fin así al último ejército extranjero en suelo soviético.

Situación posterior a la Guerra Civil

Durante los dos años y medio que duró la sangrienta y cruel guerra civil, unos siete millones de rusos, niños, hombres y mujeres, murieron. Las pérdidas materiales, calculadas por el futuro gobierno soviético, ascendieron a sesenta mil millones de dólares; añadir que ningún invasor pagó reparaciones.

Los gastos aliados ascendieron por parte de Gran Bretaña a casi cien millones de libras esterlinas; Francia entre 30 y 40 millones de la misma moneda, estos dos gastos en tan solo ayudar a Denikin. La campaña inglesa del norte costó otros 18 millones de libras, y los japoneses se gastaron 900 millones de yenes en la manutención de sus tropas en Siberia.Y el porqué de gastar tanto en una guerra no declarada, tan inútil como costosa. Principalmente los aliados querían los recursos que Rusia ofrecía, y vieron la oportunidad de restaurar el sistema anterior a la Revolución si ayudaban a los blancos. Grandes intereses imperialistas por parte de los imperios, como por ejemplo del Británico, que quería cerrar el paso de Rusia hacia la India.Recordar que las primeras medidas que se tomaron en el gobierno soviético fue la nacionalización de los grandes trusts económicos del imperio zarista.

En palabras del propio Lenin: “Al combatir con amplitud en todos los frentes a la contrarrevolución patria, hemos aprovechado un momento difícil para la burguesía internacional y asestado a tiempo un poderoso golpe al cuerpo de la contrarrevolución, hoy aplastada. Puede afirmarse con toda seguridad que la guerra civil se ha acabado en lo fundamental”.

La creación del Ejército Rojo

Hubo una transición entre un ejército imperialista hacia uno revolucionario, la construcción de este último ha de ser desarrollada bajo los principios básicos de los planteamientos de la Revolución de Octubre de 1917. El ejército ha de ser uno de los principales instrumentos en político; el Ejército Rojo es el instrumento de la Revolución Bolchevique, como afirmaba Lenin.

Acerca de cuáles han de ser las condiciones para la creación de una fuerza que defienda al proletariado escribió Lenin: “Tal como han insistido frecuentemente Marx y Engels, el primer precepto para los que quieran llevar a cabo una revolución exitosa es lograr la destrucción y desintegración del viejo ejército y su reemplazo por uno nuevo. Una nueva clase, que por primera vez toma las riendas del gobierno, jamás podrá conquistar el poder y consolidarlo, sin la desintegración (o, como lo llaman los reaccionarios y los cobardes filisteos, la ‘desorganización’) del viejo ejército; sin soportar necesariamente un difícil y doloroso período de transición sin ningún ejército y sin construir, gradualmente, en el curso de una dura guerra civil, una nueva organización militar como fuerza de defensa de la nueva clase”.

Ya antes de la Revolución de Febrero de 1917 el ejército ruso había comenzado un proceso de desintegración. Durante la Gran Guerra fueron 19 millones los hombres llamados a combatir, pero no había el armamento ni el material suficiente ni necesario para cubrir sus necesidades. Los procesos y lo sucedido en el período revolucionario entre febrero y octubre sirvieron para acelerar este proceso de desintegración ya iniciado.

No hubo formación antes de la revolución para la construcción de un futuro ejército. El Partido Bolchevique contaba con sus propias organizaciones militares, clandestinas evidentemente, dentro del ejército zarista, cuyo destino era la extensión de la propaganda y la preparación de la insurrección armada. Pero tras la revolución y su triunfo, su función cambiaría, ahora serían los defensores del país y de la patria socialista, como afirmaba Lenin. Pasaron de ser desorganizadores de un ejército, a tener que configurar uno nuevo. Ahora tenían que evitar la formación de ejércitos contrarrevolucionarios. Petrogrado sería el centro de trabajo militar bolchevique.

Para desintegrar por completo el ejército zarista, cada soldado debía volver a su ocupación civil, y a partir de ahí, de los trabajadores, campesinos y soldados construir un nuevo ejército, popular y revolucionario. Las células bolcheviques serían las cumplidoras de un importantísimo papel a la hora de organizar este nuevo ejército.

El 12 de enero de 1918 el Consejo de Comisarios del Pueblo estableció un decreto concerniente a la “formación del Ejército Socialista” que debía construirse “desde abajo en base a los principios de elección de los oficiales y del mutuo respeto y disciplina entre camaradas”. No fue hasta febrero de 1918 cuando se crearon las primeas formaciones del Ejército Rojo, cuando las fuerzas imperialistas alemanas marcharon sobre Petrogrado.

Entonces sería un ejército de voluntarios, que en mayo sumaba unos 300.000 hombres, a los que se les incorporaron la mayor arte de los guardias rojos. La carestía de armas aún era evidente y marcaba la tendencia; no todos los voluntarios pudieron ser armados debidamente. Esto era debido a la parálisis que sufría la industria armamentística del país debido a la guerra civil, sumada a las consecuencias de la Gran Guerra.

Como consecuencia de la Guerra Civil y los motivos anteriormente recogidos la creación fehaciente de un verdadero ejército pleno y funcional, bien equipado y con una instrucción no fue hasta 1924. Se construiría a partir de los principios generales definidos por el programa militar del 9 Congreso del Partido Bolchevique.

Primera parte | La intervención de las potencias imperialistas en la guerra civil rusa

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La guerra civil rusa (1918-1921)

Primeramente hay que mencionar el miedo, el terror, que tenían los países capitalistas al poder incipiente de la Revolución Bolchevique y de los ideales que en ella habitaban. Como por ejemplo se tiene constancia de la creación de soviets en países capitalistas como Alemania, en Berlín, Hamburgo y en toda Baviera. También presente en Hungría, y por toda Europa recorre un fantasma que pedía el fin de la guerra con aires revolucionarios.

A pesar del triunfo de la revolución en Rusia, todavía sigue existiendo una serie de generales, la Remanente Zarista, que tienen a su cargo, sus ejércitos correspondientes, liderados por los almirantes Alexandr Kolchak y Denikin. Se configuraban como un estado paralelo al estado soviético.La victoria de los soviéticos liderados por Lenin en la Revolución de Octubre es la principal razón de los acontecimientos que transcurren a posteriori, debido a sus acciones políticas revolucionarias, que iniciaron la nacionalización de los servicios vitales del antiguo estado zarista, para hacerlos del estado.

A la llegada del verano de 1919, ya las fuerzas armadas de catorce estados habían penetrado en territorio ruso, sin previa declaración de guerra. Eran los ejércitos de los siguientes países: Francia, Japón, Alemania, Italia, Estados Unidos, Checoslovaquia, Gran Bretaña, Serbia, China, Finlandia, Grecia, Polonia, Rumanía y Turquía.

La posición de los ejércitos blancos es la siguiente: al norte y al noroeste, en Arkángel, Murmansk y en los estados del Báltico están los británicos y las tropas blancas del general Yudenitch; al sur, en el Cáucaso y en el Mar Negro está el general Denikin con los franceses; al este, está Kolchak acampado a lo largo de los montes Urales, junto con los ingleses; al oeste, están los franceses y los polacos, bajo la dirección del general Pilsudski.

La justificación que plantearon los invasores fue la siguiente: evitar que las provisiones de guerra cayeran en manos de los alemanes, ayudar a los checoslovacos a retirarse de Rusia y ayudar a los rusos a restaurar el poder en agitado país.

El joven gobierno soviético se enfrentaba a una defensa en una situación muy complicada. El país a consecuencia de la I Guerra Mundial había quedado estéril y exhausto, había hambrunas por las que millones morían, fábricas paradas, tierras sin labrar, transportes parados. Daba la impresión que un país en estas condiciones no podía ser capaz de resistir las embestidas imperialistas, de un enemigo dotado de granes y bien equipados ejércitos, de amplios recursos económicos, reservas de alimentos y provisiones.

Sitiado en todas direcciones por los invasores extranjeros, amenazado por las incesantes conspiraciones internas, el Ejército Rojo se retiró lentamente a través del país, pero luchando valientemente a medida que se retiraba. El territorio controlado por Moscú quedó reducido a un dieciseisavo del área total de Rusia.

La evolución de la Guerra Civil

La guerra civil ya estaba presente antes de la Revolución de Octubre en las manifestaciones de Lenin. Cuando la burguesía atropellaba los derechos de los proletarios, de los obreros, estos lo tomaban como una guerra civil. Tras 1917 los términos guerra civil y lucha de clases cobraron un mismo significado, y lo utilizaron dentro del proceso de expropiación de fábricas y fincas agrícolas.

La guerra civil es la forma más enconada de la lucha de clases. Una lucha entre la burguesía y el proletariado. La sublevación de Kornilov, apoyada por los terratenientes y los capitalistas, junto con los kadetes (partido demócrata constitucionalista), condujo al comienzo de la guerra civil. Lenin sostuvo que en abril de 1917 se llegó al acercamiento de la guerra civil.

El partido bolchevique habló alto y claro de la finalidad de la guerra civil proletaria: la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, la paz y la propuesta inmediata de paz y la confiscación de las tierras de los latifundistas.El enemigo exterior de la Rusia Soviética es el imperialismo anglo-francés y el norteamericano-nipón. Atacan, saquean y penetran en suelo ruso, también derriban el poder establecido. Como veremos más adelante con la sustitución de los poderes locales por los imperialistas. Lenin siguió exponiendo: “los capitalistas anglo-nipones quieren restaurar el poder de los terratenientes y los capitalistas en Rusia, para repartirse el botín de guerra, para someter a los obreros y campesinos rusos al capital anglo-francés”. Siguiendo la división que establecieron M. Sayers y A. E. Kahn la Guerra Civil Rusa se compuso de cuatro campañas.

La campaña septentrional

A comienzo de 1918 unos agentes del servicio secreto inglés planeaban un levantamiento armado contra el gobierno soviético local en Arkángel. Trabajando bajo la dirección de G. Ermolaevich Chaplin, ex oficial zarista, a quien los ingleses le habían dado trabajo.

El levantamiento estalló un 2 de agosto. El general Frederick C. Poole, inglés, desembarcó en Arkángel con el apoyo de buques ingleses y franceses. Al mismo tiempo, tropas serbias y rusos blancos al mando del coronel Thornill iniciaron una marcha para atacar a la retaguardia de los bolcheviques en retirada.Tras derrocar al soviet, Poole organizó un gobierno títere encabezado por Nikolai Tchaikovsky. Pero no fue muy duradero este gobierno antisoviético hasta que fue demasiado liberal para las pretensiones del general Poole y de sus aliados zaristas. Decidieron disolver el gobierno y establecer una dictadura militar.Este golpe de estado se hubo perpetrado tal que así: el presidente Tchaikosvky había sido secuestrado junto con todos los miembros de la Administración, y llevados a un apartado monasterio, custodiado por guardias armados.

Estados Unidos no apoyó este golpe de estado, y al día siguiente fueron reinstaurados en sus puestos los miembros del gobierno y el presidente, quedando restablecida la democracia a ojos de Estados Unidos.

En los primeros meses de 1919 las fuerzas británicas en Arkángel y Murmansk eran de 18400 hombres. Que junto a ellos estaban 5100 americanos, 1800 franceses, 1200 italianos, 1000 serbios y unos 20000 rusos blancos.

Los norteamericanos se comenzaron a preguntar por qué combatían contra Rusia, si ya la guerra había acabo. Los oficiales intentaron darles respuestas, pero no llenaron el vacío de sus preguntas. Comenzaron riñas entre soldados franceses, ingleses y rusos blancos, que provocaron motines. Pero amenazados con la ley marcial, se apaciguaron, pero no contuvieron sus preguntas acercas de su misión allí.

En Estados Unidos, a pesar de la propaganda antibolchevique, las madres, padres y familiares de los soldados desplegados en Rusia no paraban de preguntarse qué hacían allí si la guerra ya había concluido. A pesar también de la oposición del pueblo de Francia y Gran Bretaña, la guerra, sin ser declarada, prosiguió.

La campaña en el noroeste

En la firma del armisticio en noviembre de 1918 entre los aliados y las potencias centrales, se estableció que las tropas alemanas que estuvieran en territorio ruso ocupado, permanecerían por todo el tiempo que los aliados vieran necesario. Entendiéndose que estas tropas actuarían contra los bolcheviques. En las provincias del Báltico el ejército del Kaiser se desintegró rápidamente, soldados cansados ya del enfrentamiento, desertaron.

Ante la gran presencia del movimiento soviético en Lituania, Letonia y Estonia, el alto mando inglés concentró su actividad en esta zona, apoyando a los guardias blancos, al mando del general conde Rüdiger von der Goltz. Este emprendió una campaña contra la república finlandesa tras conseguir esta su independencia.

Como jefe de las fuerzas el general conde Rüdiger von der Goltz lanzó una campaña de terror para acabar con el movimiento soviético en Letonia y Lituania. Pueblo de estas dos naciones que no pudo resistir el embiste, el general se estableció como dictador virtual de las dos naciones.

Los aliados vieron que a pesar de que el control de la zona del Báltico había sito controlada, estaba en mano de un general alemán, por lo que veían peligro de que Alemania predominase estos estados. En 1919 los ingleses lo sustituyeron por otro general más cercano a sus directrices.

Yudenitch fue nombrado comandante de las fuerzas blancas reorganizadas; los británicos le facilitaron material bélico para su campaña contra Petrogrado. Los estadounidenses calcularon la cantidad necesaria de alimentos para que los “blancos” tomasen la ciudad de Petrogrado.

Bajo el mando de Yudenitch se lanzó una ofensiva contra Petrogrado, a mediados de octubre de 1919 su caballería se encontraba en los suburbios de la ciudad; los aliados pensaban que en cuestión de días o semanas se conseguiría la victoria. Pero gloriosamente fue detenido en las puertas de la ciudad; contra todo pronóstico, la revolucionaria ciudad asestó un importante golpe e hizo tambalear las tropas de Yudenitch.

Por su parte, Yudenitch huyó con 100 millones de marcos, abandonando a su ejército, el cual pereció, en medio de las hambrunas y enfermedades.

Segunda parte | La intervención de las potencias imperialistas en la guerra civil rusa

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El comunismo de guerra

José Guillén
El comunismo de guerra como expresión económica del estado soviético, hay que encuadrarlo en una situación histórica y determinada por unos factores muy delimitados, los cuales hemos resumido en los siguientes:

– La reestructuración de la economía rusa tras la revolución de 1917. Esto es, el paso de una economía capitalista a la construcción de una economía planificada socialista, la cual además es la primera experiencia histórica de dicha configuración y trajo muchos problemas a la hora de su planteamiento.

– El inicio de la guerra civil contra los ejércitos blancos y las potencias imperialistas dentro de la propia Rusia (1917-1923).

– A pesar de la salida de Rusia del conflicto interimperialista (I guerra mundial), esta seguía produciéndose fuera de sus fronteras, pero obviamente seguía repercutiendo en su economía, por la falta de comercio externo que esta traía consigo.

Tras la revolución de octubre, los días 26 y 27, se establece el “Proyecto de Decreto Sobre el Control Obrero”, en la cual se establecen las siguiente pautas a la hora de tratar como se va a empezar a configurar el control político del proletariado de la economía:

1. Los obreros, pasan a controlar la producción, conservación y compraventa de todos los productos y materias primas en todas las empresas (De más de cinco obreros y empleados en conjunto)

2. Los obreros ejercerán su poder, a través de sus representantes de su propio centro de trabajo, los cuales serán elegidos en una asamblea general.

3. Queda prohibido la interrupción del trabajo de una empresa o industria de importancia nacional, sin la autorización de dichos representantes.

4. Todos los documentos sobre finanzas, los almacenes, depósitos u objetos materiales en general, están a total disposición de los representantes para su reparto.

5. Los únicos que pueden revocar la decisión de los representantes, son los congresos de los sindicatos.

6. Los representantes deben responder ante el Estado, del funcionamiento de la empresa, la ocultación de bienes, acumulación privada etc., será castigada.

7. Las empresas de importancia nacional pasan a ser todas las que trabajan para la defensa o subsistencia de las masas (Industrias de primera necesidad).

8. Otras reglas más concretas de cada empresa, pasan a ser decisión de los soviets, comités de fabrica o de obreros de cada una en particular [1].

A grandes rasgos, ésta es la primera ley que se establece para cómo empezar a organizar la producción a nivel de toda Rusia, cómo se va a empezar a ejercer ese control de los obreros, pero claro la situación de guerra civil que veremos más adelante, desencadena que muchas de estás partes se vean contradichas durante este período. Por tanto podemos hablar del comunismo de guerra como la forma de aplicar la economía socialista (con estos postulados como punto de partida) durante la época de la guerra civil rusa. Ahora pasaremos a detallar como se aplica esto en los sectores de mayor importancia dentro de la producción.

Antes de pasar a eso, también es importante hablar del concepto de alianza obrero-campesina que se da en el propio estado soviético, el cual para muchos autores lo tienen más por una consigna que como una práctica real, algo que pretendemos empezar a desmentir con este trabajo, pero para comprender como va a ser la planificación de la economía agraria, hay que entender primero este binomio obrero-campesino que es la base esencial del estado soviético.

Después del II Congreso de los Soviets de toda Rusia, lo que se crea es el conocido como “Gobierno Obrero y Campesino”, como base del nuevo poder que está apareciendo en la zona de Petrogrado, Moscú etc. cuyo nombre que adquiere es el de “Consejo de Comisarios del Pueblo”. Obviamente cuando se refieren a campesinos, se refieren a pequeños campesinos y ciertos sectores del mediano campesinado (aunque estos tienen un tratamiento específico, que ya hablaremos más adelante de el), en cuanto a los jornaleros, no termina de quedar claro si entran dentro del campesinado o de los obreros (Puesto que no poseen tierras, su trabajo es el de un proletario pero su medio de vida es el campo). Con esto lo que se intenta conseguir es muy claro, en aquel entonces la diferencia campo-ciudad era desorbitada y las comunicaciones en Rusia, nefastas, por lo tanto se insta a que los campesinos tomen el poder en sus zonas determinadas y los proletarios en las suyas, y cada uno organizará su economía de acuerdo a sus condiciones concretas, pero claro, esto en un proceso de guerra, hace que las disfunciones entre el medio rural y la ciudad, se puedan ver agudizadas y que la supuesta relación de apoyo, se vea frenada y acelere las contradicciones [2].

Lenin tiene que plantear entonces, una alianza muy concreta con los eseristas de izquierda (socialdemócratas), respecto a la situación campesina, pues ellos eran los que tenían más influencia en el campo, por tanto respeta sus propuestas mientras no interfiera en la construcción del socialismo, aunque como veremos después, llega un punto en que esta alianza no da más de si y se tienen que tomar medidas totalmente distintas (que será la aplicación del comunismo de guerra al campo) [3] [4].

Ahora pasemos a tratar como se tratan las aplicaciones del comunismo de guerra a cada uno de los sectores estratégicos que he considerado como los más importantes (Agrario, Bancario, Militar e Industrial):

– Agrario:

La tarea del reparto de la tierra, fue el punto clave y más complicado de tratar dentro de la implantación del socialismo dentro de ese espacio, debido a que existían distintas tendencias, como la de los ya mencionados eseristas, los cuales defendían que lo que debía existir era un reparto igualitario de la tierra, algo que entraba en contradicción con la línea bolchevique pero que sin embargo aceptaron por los motivos ya explicados anteriormente. Aquí el trabajo obligatorio que ya se había aplicado en las ciudades, no se podía aplicar, porque muchos campesinos aún mantenían sus tierras y resultaba imposible el centralizarlas todas en una misma producción [5].

Los Kulaks, se dedicaban así a acumular el trigo que era un medio de primera necesidad y a usarlo para su propio enriquecimiento vendiéndolo a precios inflados, puesto que no existía una buena reglamentación para acabar con este problema, también se guardaban excedente y esto en una situación de hambre fruto del conflicto bélico, esto hizo la situación insostenible [6]. Aquí es donde se produce la ruptura definitiva con los eseristas en el campo, puesto que estos últimos culpaban a los obreros industriales de robarle el grano a los campesinos y se apoyaban en los kulaks para mantener su influencia, algo que los bolcheviques no admitieron y por ellos impusieron como obligatorio que todo el excedente de trigo pasara a ser de control estatal y no del campesinado, para así poder repartirlo y administrarlo de manera más planificada para acabar con el hambre, esto obviamente no hizo que los campesinos se posicionaran del lado de la revolución y no hizo desaparecer la política de los kulaks, pero fue el problema más grande que tuvo que hacer frente la revolución socialista. Además la política del reparto igualitario de la tierra desaparece finalmente y se expropian muchas tierras a los medianos campesinos (previo pago de una indemnización, lo que le diferencia de la expropiación de los terratenientes). Y por último en el VI congreso de los soviets, se unifican los comités y los comités de campesinos, pasan a ser soviets, con la intención de “proletarizar” a éstos [7].

– Bancario e Industrial:

En cuanto a la situación de los bancos y de las sociedades que aún mantenían cierta organización de carácter privado, las medidas adoptadas son conforme a la situación que dan la guerra y el hambre, haciendo que se recojan las siguientes medidas en el llamado “Proyecto de Decreto sobre la puesta en práctica de la Nacionalización de los Bancos y las medidas indispensables derivadas de ella”. Puntualizar antes que las medidas que aquí se recogen no afectan solamente a la labor de los bancos, si no también se habla de medidas que se aplican al mundo del trabajo:

1. Todas las empresas de sociedades anónimas pasan a pertenecer al Estado.

2. Los miembros de los consejos de administración y directores deben seguir dirigiendo los asuntos de la empresa, cumpliendo la ley de control obrero (de la que hablábamos a principio del trabajo), presentando las acciones en el Banco del Estado y documentos sobre el funcionamiento de la empresa a los soviets.

3. Quedan anulados los empréstitos del Estado (préstamos que el Estado hace a una empresa o sociedad), tanto al extranjero como dentro de las propias fronteras.

4. Se implanta el trabajo general obligatorio tanto para hombres como para mujeres (Entre 16 y 55 años).

5. Las clases acaudaladas están obligadas a rellenar las cartillas de consumo y trabajo y presentarlas ante los soviets.

6. Todos los ciudadanos deben unirse a una sociedad de consumo, para tener controlados el reparto de alimentos y otros productos. Las clases acaudaladas se ven obligadas a realizar los trabajos que les manden los soviets para estas sociedades. Los comités de reparto, transporte y comunicación (ferrocarriles en esencia), cumplirán esta ley bajo el control de los Soviets.

7. Los obreros ferroviarios están obligados a mejorar el transporte y a hacer que los envíos se cumplan conforme a la planificación que hagan los soviets de las necesidades concretas.

8. Las organizaciones obreras, sindicatos de empleados y los soviets locales están obligados a incorporar las empresas que están abandonadas a trabajos útiles para la obtención de productos necesarios, búsqueda de materias primas etc.

9. Las clases acaudaladas están obligadas a guardar todo su dinero en metálico en el Banco del Estado, el cual les proporcionará la suma que ellos necesiten a la semana según decida el soviet local (aunque con un máximo de 100 ó 125 rublos semanales).

10. Se cambiará la moneda en circulación por otra para evitar fraudes al estado, los que defrauden al estado serán juzgados con una pena de confiscación de todos sus bienes.

11. Lo mismo, encarcelamiento, envío al frente o trabajos forzosos, para los saboteadores, especuladores y funcionarios huelguistas.

12. Los sindicatos junto a los soviets locales, crearán grupos de controladores de esta ley, para preservar la cantidad y calidad del trabajo [8].

De todas estas tesis de este decreto, podemos extraer una serie de conclusiones que vamos a intentar explicar a continuación:

a) Se termina de hacer la aceleración y estatalización de las empresas que no habían sido pasadas al control del poder soviético. Esto por tanto trae una aceleración dentro de la construcción del socialismo en Rusia, pero obviamente conlleva un impedimiento a la hora de hacer a las masas partícipes de este logro, puesto que el control a mano de los obreros debido a la situación de guerra ha sido obligado por parte de una instancia superior y no han sido los propios obreros los que con su experiencia han adquirido el poder en la misma. De ahí que se tengan que redirigir muchas de las responsabilidades que en otros casos irían a los comités de fabrica o de empleados a los soviets.

b) El Establecimiento del trabajo obligatorio, el cual puede ser interpretado de manera bastante negativa. Sin embargo, debemos tener claro que nos movemos en un momento donde hacer frente a la guerra es lo principal y se deben tomar estas medidas de extremada urgencia, sin embargo esto no excluye de la educación a la juventud, es más, es en esta época donde los movimientos artísticos y culturales crecen con mayor fuerza (se crea la primera ley de educación obligatoria, sobre regulamiento de bibliotecas etc.)

c) Toda la industria así como los transportes y la comunicación pasan a control de los soviets. Esto hace que absolutamente toda la producción soviética de aquellos momentos se centre en la guerra, el tener bien controlado que los alimentos y productos de primera necesidad, lleguen a los obreros es primordial para los revolucionarios por lo tanto todos los esfuerzos se centran en ese frente y el de desarrollar la industria de guerra para tener bien abastecido al frente. En esto por tanto la libertad para los obreros de controlar su producción de sus fábricas queda obsoleta, pero obviamente las necesidades del momento son primordiales y no se podía correr el riesgo de que los saboteadores pudieran interrumpir la producción y hacer que el hambre se extendiera por todo el estado socialista.

-Militar:

En cuanto a lo que la industria militar se refiere, la producción sufre un receso bastante importante, en términos comparativos respecto al año 1913, desciende de 100 millones de toneladas a 21 millones en el año 1921. Esto es debido a que se contaba con un gran cantidad de armamento acumulado y expropiado durante la revolución a las tropas zaristas que habían incrementado considerablemente su realización debido a la I guerra mundial, por lo tanto, se prefiere el perfeccionamiento en ciertos aspectos como en el armamento pesado, más que la acumulación desenfrenada de un armamento que además de ser caro de producir debido a la pérdida durante la guerra de minas de Hierro en la zona del Volga, suponía poner en segundo plano a la industria de primera necesidad.

A modo de conclusión introduciremos este cuadro para entender como fue la transformación de la industria a niveles cuantitativos durante los períodos de 1913 a 1921:

De esto nos sirve para concluir que si bien el crecimiento económico se vio muy frenado, al igual que el de la población que sólo en 1940 pudo recuperar la población que perdió durante la guerra, tampoco podemos separar esta situación de las condiciones materiales que se dieron. El comunismo de guerra fue la solución arriesgada pero necesaria para la confrontación contra el imperialismo y la reacción blanca, prueba de su eficacia fue que se venció y se expulsó a estas fuerzas de dentro de la nueva Rusia Soviética y la revolución se consiguió expandir al resto del territorio.

La centralización de toda la economía no pudo hacerse de otra forma pues era necesaria para que no se pasarán grandes hambrunas (aunque es innegable que se pasaron), pero los efectos de no haber tomado estas medidas pudieron haber sido mucho peores a los que de verdad fueron. La economía Rusa no estaba bien desarrollada en la época capitalista y muchos de sus sectores como el del ferrocarril, no estaban preparados para ser nacionalizados pues no se había acumulado aún el suficiente capital para que pasarán a control obrero y que no se pasarán problemas, pero todos estos errores fueron en cierto modo solucionados con la aplicación de la Nueva Política Económica (NEP) y posteriormente consolidados durante los Planes Quinquenales.

Notas:

[1] Lenin, V.I. (1917), Proyecto de Decreto sobre el Control Obrero, Progeso, Moscú.
[2] Lenin, V.I. (1917), La Alianza de los obreros y de los campesinos trabajadores y explotados, Progeso, Moscú pp. 176-178.
[3] Ibídem.
[4] Lenin, V.I. (1917), Respuestas a las preguntas de los campesinos, Progeso, Moscú p.175.
[5] Lenin, V.I. (1917), La Alianza de los obreros y de los campesinos trabajadores y explotados, Progeso, Moscú pp. 176-178.
[6] Lenin, V.I. (1918), El Hambre, Progeso, Moscú p. 75.
[7] Lenin, V.I. (1918), Discurso en una reunión de delegados de los comités de campesinos pobres de las provincias centrales pp. 174-178.
[8] Lenin, V.I. (1917), Proyecto de Decreto sobre la puesta en práctica de la Nacionalización de los Bancos y las medidas indispensables derivadas de ella pp. 190-192.

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Memoria Histórica

Política y estrategia

No cabe duda de que el general nazi Reinhardt Gehlen es uno de los personajes más fascinantes, no sólo de la Segunda Guerra Mundial sino, sobre todo, de la posguerra. Estuvo a las órdenes del III Reich, luego de Estados Unidos y, finalmente, de la República Federal de Alemania, lo cual, expuesto de esa manera, parece aludir a tres cosas muy distintas…

Es inevitable que un personaje así escribiera sus memorias tras jubilarse en 1968 como director del servicio secreto alemán (*), bastante decepcionantes por cierto porque no cuenta ni la décima parte de lo que sabía.

Cuando las escribió hacia 1970, el nazi quiso dejar bien claro que, antes que nada, era un anticomunista furibundo. Habría que haberle escuchado en 1940, en plena etapa de esplendor del hitlerismo.

Pero con la derrota nazi y el paso del tiempo, el general se presentaba como un “nacionalista alemán”, quizá escorado hacia eso que llaman “extrema derecha” los que nunca llaman a las cosas por su nombre.

Veamos. Durante toda la guerra Gehlen luchó en el frente oriental contra el Ejército Rojo al mando de algo impropio de un “nacionalista alemán”: las unidades “extranjeras” incorporadas a la Wehrmacht.

En cuanto acabó la guerra se puso, con todos sus hombres y sus medios, al servicio de su anterior “enemigo” (pg.125), una potencia también “extranjera”, Estados Unidos, que ocupaba militarmente el suelo alemán, del que nunca se ha marchado. ¿Dónde está el nacionalismo de los fascistas?

Es ocioso insistir en la naturaleza ideológica de Gehlen. Su “nacionalismo” era como el de todos los fascistas, pura retórica, la misma que le impide referirse a su enemigo en el frente como “soviético”. Lo que él vio en las trincheras eran “rusos”.

Como buen oficial de Estado Mayor, Gehlen entendió a la perfección las causas de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial: “Los rusos tenían una inteligencia estratégica y política de formidable calibre y gran astucia”, escribe (pg.81).

Si Gehlen no hubiera estado tan absorbido por su mentalidad chovinista podía haber añadido que en 1941-1945 los verdaderos “alemanes” fueron “los rusos”.

No es, pues, como lo pintan los documentales de la tele. La guerra no la perdieron “los alemanes”, a los que siempre presentan, por su propia naturaleza, como superiores a “los rusos” antes y ahora. Si, como explica Gehlen, la Segunda Guerra Mundial, como cualquier otra guerra, no es más que política (pg.93), la victoria soviética significa que políticamente la URSS estaba por encima del III Reich -faltaba más- y, consiguientemente, por encima de cualquier otro país de aquella época.

Cuenta Gehlen que el proyecto de Hitler era la “destrucción del estado ruso”, la “liberación” del comunismo, lo cual sólo era posible “con la ayuda del propio pueblo ruso” porque las guerras modernas no se entablan entre ejércitos sino entre pueblos (pg.92). “En la política y la guerra modernas no se puede prescindir del factor psico-político”, concluye el general nazi (pg.110) en un capítulo de sus memorias sugerentemente titulado “Cortejando a los rusos”.

Las alusiones de Gehlen ayudan a entender el verdadero proyecto político que los nazis tenían para la URSS tras su rápida victoria militar: ¿a quién cortejar?, ¿a quién poner al frente del nuevo Estado ruso?, ¿quiénes eran sus sicarios en Moscú?, ¿quiénes formaban parte de las redes de Gehlen en la URSS? El general reconoce que en la posguerra uno de sus espías llegó a ministro de la República Democrática Alemania. Pero no dice nada de la etapa anterior a la guerra, ni de sus infiltrados dentro de la URSS.

A la inversa, las redes de Gehlen explican las depuraciones políticas y militares inmediatamente anteriores a la guerra que se llevaron a cabo en el Partido, el Estado, el Ejército Rojo y todas y cada de las instituciones públicas y privadas de la URSS. Los depurados eran esos cómplices rusos que el III Reich pretendía “cortejar” para imponer sus planes de destrucción de la URSS. La conclusión es obvia: en la victoria soviética de 1945 tan importante como los disparos de la artillería fueron las previas depuraciones políticas de finales de los años treinta.

Lo que Gehlen recuerda en sus memorias no sólo es el abecedario de cualquier guerra sino, naturalmente, de cualquier desafío político moderno. Las batallas políticas no sólo las pierden quienes sostienen una estrategia equivocada, sino -sobre todo- quienes no tienen ninguna, quienes la reducen a seguir una táctica tras otra, a eso que ahora llaman “gestión”, a interpretar sondeos electorales y contar votos.

Si en las batallas políticas y militares no sólo triunfan los ejércitos sino las masas, quien se pone incondicionalmente, de verdad, a su servicio tendrá ganada la primera pelea y la más importante.

(*) Servicio secreto. Memorias del jefe del servicio de inteligencia alemán, Barcelona, 1972.

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Los partidarios de la URSS ganaron el referéndum hace 25 años

Mijail Gorbachov
Dimitri Novikov

Llevamos  un cuarto de siglo sin la URSS. Pero la agonía de su destrucción no sale de los ex ciudadanos soviéticos. Por otra parte, se transmite a sus descendientes, los que atrapados, de alguna manera, no tuvieron tiempo de vivirla plenamente. ¿Por qué sucede esto? Porque hoy en día el tema de la unión es algo más que nostalgia. Tiene que ver con el debate y las necesidades del momento político actual.

Por supuesto, los anti-soviéticos gritan con regularidad que están en contra de la reactivación de la Unión Soviética “¡De ninguna manera!”, dicen. Pero el quid de la cuestión es que los intereses de estas personas son extranjeros. ¿Es posible que Koch, Kasyanov Jodorkovski y Bozhenov Rynska sean seriamente considerados como compañeros? Su relación con Rusia no es más que una convención. Ellos mismos por lo general no lo ocultan, sino que con alegría, muestran su “golpeteo” con Occidente. Y no sólo no  van a ninguna parte, sino que intentan vincular su destino con el de la patria.

El número de partidarios de la Unión no disminuye. Por otra parte, en una serie de ex repúblicas soviéticas hay casi más defensores de la URSS que en Rusia. Y ello ocurre en el contexto de una poderosa corriente de propaganda que se nos vierte en la televisión, en los periódicos y a través de nuestros ordenadores y tabletas.

La propaganda celosamente sugiere que las personas no quieren volver al “pasado totalitario oscuro”. Pero, ¿quién no lo quiere, entonces? ¿Los que miran hacia occidente con la boca abierta mientras se alimentan con sus manos? ¿Los que extraordinariamente se han enriquecido con las privatizaciones a escala nacional? ¿Los que siguen exprimiendo al país en su propio beneficio? Sí, son ellos los que no quieren. Algo que incluso se puede entender. Pero, ¿cuál es el deseo de los pueblos de Rusia?

Hoy en día, con la experiencia capitalista de muchos ciudadanos, se comprende más profundamente. Entender que Rusia no va a abandonar su lugar importante en este mundo sin un Estado fuerte y una economía altamente desarrollada. Entienden que “los socios occidentales” fueron tiburones, listos para hacernos pedazos. Entienden que no hay justicia ni igualdad en el capitalismo. Ellos han experimentado que los llamados derechos humanos se aplican de forma directamente proporcional al espesor de los bolsillos.

El hechizo liberal de un Estado de Derecho, donde un oligarca con una banda de matones gobierna fácilmente, sin ningún problema para comprar incluso a un funcionario del gobierno, o a un juez, se opone al hombre que vive de su trabajo.

El 17 de de marzo de 1991 la mayoría votó por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Fue el voto de más de las tres cuartas partes de los votos de los ciudadanos. El estado de ánimo en la sociedad soviética era evidente. La gente, en su mayor parte, sentían la dignidad del sistema socialista y abogaron por su preservación.

Estaban en una pesadilla que no podrían haber imaginado: el capitalismo oligárquico estaba loco por venir. Una oligarquía que pensaba que era hora de cambiar. Pero hacia el rechazo al socialismo y su desarrollo.

En seis repúblicas soviéticas -Lituania, Letonia, Estonia, Moldavia, Georgia y Armenia- las autoridades negaron a los ciudadanos el derecho a participar en el referéndum. Los que gritaban exigiendo la democracia, fueron tan “democráticos” que privaron a las personas de la oportunidad de hablar.

Sólo que aquí la ausencia de un voto a diferencia del resto de las repúblicas estaba encaminada a la secesión de la Unión. En realidad, sus gobernantes los últimos días tuvieron la oportunidad de votar, recibir el resultado deseado y utilizarlo en sus juegos políticos.

Sin embargo, se negaron a realizar un referéndum. Y por lo tanto, hay muchas razones para creer que tenían miedo a su posible resultado. Y de hecho, si los resultados hubiesen mostrado que el pueblo no quería el fin de la República, ¿qué hubiese hecho esa banda de sinvergüenzas con ganas de separación?

Al negarse a celebrar un referéndum, las direcciones nacionalistas burguesas de las seis repúblicas violaron directamente la Constitución y otras leyes de la Unión Soviética. De hecho, en la práctica de aquella arbitrariedad cometieron un acto de traición. El Presidente de la URSS se vio obligado a detener todos los requisitos de las autoridades estatales por no haberse cumplido las directrices de las autoridades centrales, para no actuar.

Fue aquí cuando el propio Gorbachov, que más tarde lo admitió, había urdido planes de sustitución de la Unión por alguna forma nueva. Por lo tanto estuvo inactivo y rehuyó el ejercicio de sus funciones políticas y penales necesarias a aplicar en plena conformidad con la ley.

Sin embargo, se llevó a cabo un referéndum sobre la preservación de la Unión. Los resultados fueron más que convincentes. Esto, sin embargo, no impidió que se aplastara  la voluntad del pueblo e ir a la colusión. Lo mismo Yeltsin, en 1991, que nunca pensó en cumplir la voluntad de los participantes del referéndum.

Los miembros del Comité de Emergencia fueron engañados por Gorbachov y desanimados no se atrevieron a usar la fuerza. Por lo tanto, por desgracia, no sólo han perdido la oportunidad política, sino que destruyeron la perspectiva histórica de trescientos millones de ciudadanos soviéticos que vivían en un país unido, próspero y poderoso.

A veces oímos la pregunta: ¿por qué la gente se resistió a la caída de la Unión Soviética? Y aquí vale la pena hacer una parada, porque el pueblo no ha perdido toda la memoria. Sí, la sucesión de Gorbachov está llena de traiciones -Karabaj a partir de Vilnius- desmoralizando a su paso a la gente.

Lenin no recordó accidentalmente que en momentos así, de protestas de masas, es esencial la organización. En el interior del partido se habían producido procesos que permitieron contar con su recuperación. Y de hecho es por eso que las actividades del Partido Comunista el 29 de de agosto de de 1991 provocaron respuestas contundentes. Pero luego lo prohibieron, el 6 de noviembre, con el ilegal decreto de Yeltsin. El país fue privado de una fuerza política importante, potencialmente capaz de dirigir la protesta.

Y sin embargo, a pesar de todos los destructores de la resistencia el partido fue creciendo con cada mes que pasaba. La primera demostración de la protesta roja se llevó a cabo en el mismo año de 1991, el 7 noviembre. Y en el primer aniversario del referéndum -el 17 de marzo de 1992-, en el centro de Moscú se llevó a cabo una asamblea en una enorme Cámara de alcance nacional. El mar de gente llenó la plaza Manege por completo. Y fue una protesta contra los protagonistas de la destrucción ilegal de la URSS, de su país, y contra la restauración del capitalismo.

Al haber usurpado el poder el yeltsinismo respondió con terror. En contraste con el “golpe de Estado”, no dudó en utilizar la fuerza. Acciones de masas de la oposición de izquierda patriótica fueron dispersadas ​​violentamente. Fue el 23 de febrero y el 22 de junio de 1992. Y el estrangulamiento pico de la indignación popular se produjo el 1 de mayo de 1993, y luego  contra la “revolución” antisoviética de septiembre-octubre de 1993. Los patriotas que protestaban a favor de la patria soviética fueron aplastados con tanques. Así que la palabra protesta no suena lo bastante ofensiva para las víctimas y los afectados por los trágicos sucesos.

Durante un cuarto de siglo, la actitud de la gente hacia la Unión Soviética ha cambiado. Numerosos sociólogos confirman en encuestas que la mayoría de los ciudadanos lamentan la destrucción de la Unión Soviética y lo consideran una gran tragedia.

Una desviación de los principios del socialismo se convirtió en la principal causa de la destrucción de la URSS. El anti-sovietismo se reanimó en los primeros años de la perestroika notoriamente. Hasta entonces se había disfrazado como condena de la “represión estalinista”. Ideológicamente, se convirtió en el principal instrumento de la desmembración de un gran país.

La más reciente encuesta de opinión muestra que el 81 por ciento de los encuestados no fueron capaces de decir nada bueno acerca de las actividades de Gorbachov. El 24 por ciento, al mismo tiempo lo considera un criminal. Y las principales quejas hacia este personaje consisten precisamente en el hecho de que “destruyó la URSS”.

Esto fue mencionado por un 36 por ciento. Todas las demás reclamaciones han sido menos significativas. Incluso el hecho de que Gorbachov “haya llevado a una disminución del país” indicado sólo por el 10 por ciento de los encuestados. Resulta que la pérdida del gran hogar de nuestros conciudadanos, la URSS, es considerada más relevante que una caída muy dolorosa en el nivel de vida del país.

Veinticinco años de capitalismo nos han enseñado a todos nosotros los ejemplos más brillantes de la injusticia en términos de estratificación de clases.

¿Lo que impidió la preservación de la Unión Soviética, fue su renovación sobre la base del socialismo? Las causas internas y externas fueron muchas. Aquí destacamos sólo una importante: en los principales órganos del partido había un gran número de gente hostil a las ideas comunistas.

Eso fue sólo un colapso ideológico centrado del equipo de trabajo de Yakovlev.  La traición de Gorbachov no permitió un partido estrictamente centralizado para organizar y luchar contra la venganza burguesa.

Y así, un cuarto de siglo más tarde, mirando los intentos de la política de los patriotas en la sociedad capitalista, es bien visible: después del colapso de la Rusia zarista no había otra forma de independencia nacional, sino la socialista. Entre los llamados “socios” extranjeros son demasiados los motivos para desear la destrucción del territorio del país, con su riqueza mineral, su carácter multinacional. Y  pretenden combinar estas decenas de millones de personas sobre la base de un nacionalismo burgués imposible. Su lógica siempre representará una amenaza para el colapso de la Federación de Rusia, así como contribuyó a la destrucción de la URSS.

Millones de personas sueñan con el restablecimiento de la Unión. Y, por supuesto, sólo puede ser socialista. Después de todo, la historia de nuestro país ya ha demostrado que para resistir la embestida del imperialismo hostil sólo se puede desde una sociedad basada en los principios de justicia social, trabajo libre, patriotismo soviético, internacionalismo proletario y solidaridad.

Fueron los burgueses en armas y con agrupaciones nacionalistas como tomaron el poder en muchas de las repúblicas de la Unión. En sangrientas disputas interétnicas comenzaron la demolición de nuestro país. Hoy en día los pueblos de la URSS se dividen en fracciones nacionales desestructuradas. Robaron, humillaron y se ventilaron el uno al otro.

Las chaquetas acolchadas y la guerra de “eneldo” en Donbass se hace por los ex soviéticos y sus hijos. Ahora, entre los aplausos de occidente, se matan entre sí con la ayuda de herramientas creadas por armeros soviéticos. Estamos pagando un precio terrible por haber fallado en proteger la voluntad popular expresada en marzo de 1991.

Sin embargo, el referéndum sólo en el hecho de la historia no se activa el 17 de marzo. Su importancia política no se agota en la actualidad. Nadie legítimamente pudo refutar los resultados de la consulta en toda la Unión.

El destino de Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur, Crimea y Sebastopol están directamente relacionados con la aplicación de la posición que la gente expresó hace un cuarto de siglo. Por lo que la voluntad de los pueblos de la Unión Soviética es un factor esencial de la política real. Y en algún momento, su efecto puede ser aún más poderoso.

Por lo que la sagrada memoria de los tiempos de la Unión Soviética se convierte, cada vez más,  en nuestra memoria del futuro, el punto de referencia en el que la gente de Rusia está comprometida.

¿Quién lo está haciendo en secreto? Alguien conscientemente. Y las ideas que capturaron las mentes de millones de personas, tienden a tomar carne de nuevo.

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Serguei A. Lebedev, pionero de la informática soviética

 Pierre Vandeginste
Cuando participaba en los años treinta en el esfuerzo emprendido para la electrificación de la Unión Soviética, Serguei Alexeievitch Lebedev quiso automatizar la resolución de sistemas de ecuaciones que permitiesen estudiar centrales y redes eléctricas. Ello le conduciría a concebir, en la arruinada Ucrania de la posguerra, la Malaia Elektronnaia Schetnaia Machina, el primer ordenador socialista soviético.

Serguei Alexeievitch Lebedev es uno de esos oscuros héroes de la informática al que llevará largo tiempo ser acogido el panteón de la disciplina, junto a Charles Babbage, John Ven Neumann y Alan Turing. El papel de pionero de este desconocido ingeniero ruso es sin embargo indiscutible. No porque pueda reivindicar una auténtica primicia mundial en materia de creación de un ordenador. Más modestamente, Lebedev, padre de la informática soviética, concibió el primer ordenador digital, electrónico y con un programa grabado… en Europa continental. Su aislamiento en la Ucrania y Rusia de las postguerra, y las penosas condiciones materiales en las cual concibió este ordenador soviético ex nihilo, le convierten sin embargo en un romántico aventurero de la tecnología.

A 400 kilómetros al este de Moscú, Nijni Novgorod, rebautizada como Gorki entre 1932 y 1990, es hoy la tercera ciudad de Rusia, con cerca de dos millones de habitantes. Fue allí en donde Lebedev nació el 2 de noviembre de 1902, en una familia de enseñantes. Poco se sabe de su infancia. Lebedev hizo sus estudios en la Escuela Superior técnica de Moscú, donde se licenció en 1928. Su especialidad fue la electricidad de alta tensión. No era cualquier cosa. En la época, “la electrificación de la Unión Soviética” es la prioridad. ¿No había definido Lenin el comunismo como “el poder de los soviets más la electrificación de todo el país”? Para los ingenieros se trata de llevar la luz al pueblo, propulsarlo a la modernidad. La tesis de Lebedev, dirigida por el profesor K.A. Krug trata sobre la estabilidad de las redes eléctricas que conectan varias centrales entre sí.

En una primera etapa, Lebedev enseña en la misma escuela en que se forma, dando sus primeros pasos de investigador en el Instituto de Ingeniería Eléctrica, también dirigido por Krug. Sus trabajos relativos a la concepción de centrales y redes eléctricas exigen la solución de sistemas complejos de ecuaciones, y Lebedev comienza a interesarse por la automatización de estos cálculos. Se ve atraído en un primer momento por el cálculo analógico.

El analizador diferencial de Vannevar Bush, una máquina capaz de resolver de forma mecánica sistemas de ecuaciones diferenciales, operativa desde 1931 en el Massachusetts Institute of Technology, impresionó incluso en Moscú. En el entorno de Lebedev, dos colegas, I.S. Bruk y luego L.I. Gutenmahker, trabajan en este tipo de máquinas, y finalmente construyen una.

Llega la guerra, obligando al laboratorio de Lebedev a un repliegue de dos años en Sverdlovsk, 100 kilómetros más al este. Poco después de esta prueba, mientras la Unión Soviética cura sus heridas, Lebedev es nombrado en mayo de 1946 director del Instituto de Energía de la Academia de Ciencias de Kiev, capital de Ucrania. Su interés por el cálculo analógico sigue intacto y al principio, él y su equipo continúan realizando aparatos de este tipo.

A principios de 1947, Lebedev comienza sin embargo a apasionarse con el cálculo digital, denominación de la informática primigenia. Los historiadores de la informática Gregory Crowe y Seymour Goodman destacan que un baile de matemáticos, físicos e ingenieros llegados de las cuatro esquinas de Rusia transforman los seminarios de su laboratorio en la sala de partos de la informática soviética. Allí se habla de álgebra de Boole, de biestables, de impulsos, de registros magnéticos, de representaciones de dígitos en “coma flotante”, etc. Es a partir de 1947 cuando Lebedev toma la trayectoria que le llevará en cuatro años al 6 de noviembre de 1950, una fecha memorable. Ese día, en efecto, el MESM, Malaia Elektronnaia Schetnaia Machina o “pequeña máquina electrónica de cálculo”, primer ordenador soviético, produce sus primeros balbuceos.

Durante todo ese período, Lebedev prepara progresivamente el terreno, pone los cimientos, une los ladrillos teóricos y prácticos que le permiten formar su rompecabezas. Las condiciones materiales son rudas: Kiev es una ciudad devastada en donde todo es un problema, comenzando por la vivienda. Lebedev estará mucho tiempo viviendo con su esposa es una única habitación. Como apreciado profesional, el ingeniero debe en primer lugar reunir habilidades, e inventarlas si es  necesario. Luego, encontrar ingenieros eléctricos que hayan sobrevivido a la guerra no es una cosa sencilla. Y queda aún iniciarlos en los arcanos del cálculo digital, que se está inventando.

¿Y la influencia extranjera? Los historiadores de la informática han podido mal que bien evaluar lo que Lebedev y su equipo podrían conocer sobre los progresos realizados en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. Seymour Goodman considera que algunas publicaciones occidentales presentando máquinas precoces como el ENIAC, en la Universidad de Pensilvania, primer ordenador electrónico que se programó mediante cableado, o bien otros que describieran de forma sucinta los proyectos de auténticos ordenadores con programa grabado, como el EDSAC de la Universidad de Cambridge, pudieran haber sido accesibles en Kiev. Pero destaca también que, para obtener lo que necesitaba, Lebedev tendría que pelear continuamente con su jerarquía, a la que llevó tiempo entrever la superioridad de su costoso enfoque del cálculo analógico. Eso nos hace pensar que no debía de estar respaldado por una red de espionaje científico. Hay una certeza: la MESM no se parece a ningún ordenador occidental.

Harán falta dos años y medio de trabajos preparatorios para que Lebedev determine la arquitectura de su criatura, conciba y haga realidad decenas de piezas separadas y subconjuntos. En el verano de 1949 llega el momento del ensamblado. Lebedev obtiene un nuevo local en absoluto adaptado, pero que tiene la virtud de existir y de ser bastante espacioso. Su equipo se instala en los 500 metros cuadrados de un dormitorio en el antiguo monasterio de Feofania, a 15 kilómetros de Kiev. Allí también las condiciones son rudas. Feofania carece de todo. Afortunadamente, el equipo ha conseguido un camión para transportar el material y efectuar la recogida del personal desde Kiev, mañana y tarde. Cuando llueve, las carreteras no asfaltadas se convierten en auténticos barrizales, y los ingenieros se reúnen para empujar el camión y salir del atolladero. En el monasterio la jornada comienza con una recogida de leña cuando el rigor del clima hace vital el calor de las estufas.

A trancas y barrancas el trabajo avanza. A finales de 1949, se define la forma general de la máquina. Sus impresionantes contenedores ocupan una habitación de 50 metros cuadrados con una altura de dos pisos. Se comienza a instalar sus innumerables módulos y a tejer su inextricable red de interconexiones. Llegan los primeros ensayos. Como es normal, nada marcha según lo previsto y hay que improvisar, reinventar, utilizar sin cesar todo tipo de “chapuzas”. De esa forma, cuenta Anne Fitzpatrick, del laboratorio de Los Álamos, se acaba por hacer un agujero en el techo para facilitar la evacuación de la formidable cantidad de calor producido por este ingenio que alberga 6.000 lámparas de vacío y que consume hasta 25 kilowatios.

Sin embargo, Lebedev se ve adelantado en la línea de llegada.

¿Cuándo se entera el ruso de que el 21 de junio de 1948 en Manchester, Freddie Williams y su equipo han tenido la alegría de ver a su “Baby” balbucear su primer programa de factorización? No se sabe. Es cierto que esta máquina rudimentaria, también llamada Manchester Mark 1, sólo efectúa 7 instrucciones, entre ellas la sustracción y la negación. Pero no la adición, que tiene que realizar combinando las dos operaciones mencionadas. Sin embargo se trata, aunque en sus inicios, de un verdadero ordenador con programa grabado, conforme al esquema propuesto por John Von Neumann en junio de 1945 en su famoso “Primer borrador de informe sobre el Edvac”. El mismo Williams ha optado, como recomienda Von Neumann, por una memoria común a datos e instrucciones, 32 palabras de 32 bits.

En comparación con la “Baby” de Manchester, la MESM que prepara Lebedev mira más allá. La adicción y la sustracción son ejecutadas por circuitos “paralelos”, mientras la “Baby” trabaja en serie y más lentamente. Además, la multiplicación y la división están, desde el principio, en el menú. Una doble memoria de lámparas permite almacenar 31 números de 17 bits, y 63 instrucciones de 20 bits.

Por fin el 6 de noviembre de 1950 la MESM ejecuta con éxito su primer programa al ritmo de 50 instrucciones por segundo. Dos meses más tarde, se efectúa una demostración ante una deslumbrada delegación de la Academia de Ciencia de Ucrania. Lebedev no se para a gozar de sus laureles. Vuelve al trabajo y, perfeccionando su primera máquina, se implica en la consecución de la BESM, Bistrodeistvuiushchaia Elektronnaia Schetnaia Machina, la “máquina electrónica de calcular rápida”. Obtiene ahora un apoyo más importante por parte de la Academia, en donde cuenta con un aliado en la persona de Mijail Alexeievitch Lavrentiev, vicepresidente de la Academia de Ciencias de Ucrania. Lavrentiev batalla desde 1947 para convencer a su institución, así como a la Academia de Ciencias de la URSS de que la naciente informática está llamada a tener un gran porvenir, haciéndoles declarar esta disciplina una prioridad nacional. Argumento de peso: el desfile de científicos que se presentan ahora en Feofania para ejecutar allí sus primeros programas destinados a “calcular” trayectorias balísticas o explosiones nucleares.

Esta vez Lebedev tiene un competidor oficial, el equipo dirigido por Yuri Bazilevski, que trabaja en Moscú con una máquina denominada Strela [Flecha, en ruso]. Pero la BESM de Lebedev demostrará rápidamente su superioridad. Destinada al cálculo de alta precisión, esta nueva máquina representa los números en “coma flotante”, es decir, bajo la forma de una mantisa de 32 bits mas un bit de signo y un exponente de 5 bits mas un bit de signo. La memoria principal, única, dispone esta vez de 1024 palabras de 39 bits, susceptibles de almacenar un número o una instrucción. Un tambor de 5.120 palabras y cuatro bandas magnéticas de 30.000 palabras cada una completan el cuadro. Cuando es declarada adecuada para el servicio en abril de 1953 la BESM ejecuta unas 1000 instrucciones por segundo. Se la dotará con una nueva memoria, más rápida, a principios de 1955, que le permitirá alcanzar la velocidad de crucero de 8.000 instrucciones por segundo.

Hasta su muerte el 3 de julio de 1974, Serguei Alexeievitch Lebedev no cesará de inventar nuevas máquinas; ¡15 ordenadores en total! La BESM-2, en 1958, será la primera en ser producida de forma industrial. En la BESM-4 hace su aparición el transistor. ¿El canto de cisne de Lebedev? Fue la BESM-6, una máquina legendaria, capaz de conseguir un millón de instrucciones por segundo. Estuvo operativa en 1965, y después se fabricaron 350 ejemplares, que acompañaron a la conquista espacial soviética.

Fuente: http://www.larecherche.fr/savoirs/figure-du-passe/sergei-a-lebedev-pere-ordinateur-sovietique-01-05-2004-81488

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Mao la cagó durante su visita a Stalin en 1949

Juan Manuel Olarieta

Tim Spector es profesor de una disciplina a la que llaman “Epidemiología Genética” en el King’s College de Londres y ha escrito un artículo (1) que, como cabe esperar, está a la altura de las seudociencias británicas más afamadas y quizá por ese mismo motivo ha sido traducido al castellano (2) para que no perdamos detalle. El profesor británico plantea el famoso dilema que -seguro- tanto atormenta a nuestros lectores desde que tienen uso de razón:

¿Pueden los excrementos revelar los secretos de nuestra personalidad?

Para profundizar en tan apasionante quebradero de cabeza, el profesor Spector empieza contando un famoso cuento chino que se remonta a la visita que Mao le hizo a Stalin en 1949, poco después de la revolución china.

Las seudociencias a las que Spector es tan aficionado relatan que para demostrarle quién era el verdadero jefe, Stalin le hizo esperar a Mao varios días antes de dignarse a recibirle.

Sin embargo, las últimas revelaciones más fehacientes de la historia dicen que ese no fue el verdadero motivo de la espera. El avieso Stalin estaba cebando a Mao para recoger sus cagadas en un retrete especial y poder analizarlas luego atentamente.

La fuente de tan asombroso descubrimiento es el antiguo espía soviético Ivor Atamanenko. Por fin se ha hecho la luz sobre la demora que tanto llegó a enfadar a Mao con su “jefe” Stalin.

Es evidente que a los universitarios británicos les gusta hurgar en las cloacas y utilizan la ciencia soviética según les conviene. La mayor parte de las veces es para hablar sobre el atraso, el desastre y la represión contra los científicos, pero en este caso no es así, sino todo lo contrario. La ciencia soviética estaba tan avanzada que era capaz de determinar el intelecto de cualquier persona, incluido Mao, buscando los componentes químicos de su mierda.

Según tiene uno la cabeza así caga. La composición química de nuestras deposiciones depende de nuestra manera de ser. Si el lector es un tipo tranquilo no cagará lo mismo que un tipo colérico porque tiene el triptófano alto.

Si en las cacas de Mao los científicos soviéticos detectaban una falta de potasio era señal de que estaba nervioso y sufría de insomnio, que para Stalin era un dato fundamental que debía conocer antes de enfrentarse a una entrevista con el dirigente chino.

Pero la pregunta del millón es: ¿cuál era la composición química de las heces de Mao? El profesor Spector no responde a la pregunta, que es la decisiva. Me ha dejado en un sinvivir y desde ahora mismo me comprometo a buscar en los archivos soviéticos los resultados de los análisis de las cacas de Mao, porque ahí está el secreto de todo. Seguro.

El resto del artículo del profesor Spector está a la altura de su diarrea intelectual. Es posible que el repertorio de sus cacas le suene al lector, una detrás de otra. Por ejemplo, esa de que “Stalin prohibió la genética clásica”.


Spector, no seas cagalera: si Stalin lo prohibió todo, ¿cómo no iba a prohibir también la genética “clásica”?

Sin embargo, las diarreas del universitario británico le llevan al típico atolladero en que se meten todos los que padecen colitis severas: en 1949 no se conocían medios lo suficientemente precisos como para medir diferenciales de triptófano de ninguna muestra, ni de mierda ni de nada.

Las cacas, lo mismo que las meadas, son un buen indicador del estado de salud de una persona, pero nada dice acerca de la personalidad del que se sienta encima del orinal.

Cuando uno llega al final de muchos artículos, esa parte que no se lee por puro aburrimiento, se encuentra con sorpresas. También el profesor británico acaba al revés de como empieza: “Puede que el experimento de Stalin no fuese algo tan demencial al fin y al cabo”.

¿En qué quedamos?, ¿los experimentos de Stalin eran o no eran cagadas?

Pues yo me quedo con el principio de su artículo: si Stalin se hubiera dedicado a analizar la composición química de la mierda de Mao, hubiera dado la razón a los cretinos como Spector y tantos otros profesores universitario que escriben sin ningún conocimiento de causa.

(1) https://theconversation.com/science-and-stalins-crap-grab-can-excrement-reveal-the-secrets-of-our-personalities-53946
(2) http://m.magnet.xataka.com/preguntas-no-tan-frecuentes/el-experimento-de-stalin-pueden-los-excrementos-revelar-secretos-de-nuestra-personalidad
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Un tesoro religioso bajo las zarpas del bolchevismo

Jossef Schneersohn fue un rabino ruso que creó una variedad del judaísmo. Acumuló una biblioteca fastuosa que, tras la revolución de 1917, fue expropiada y cuidada por el gobierno soviético, que la puso a disposición del público lector e investigador.

No obstante, los seguidores del rabino huyeron a Estados Unidos y, como todos los demás burgueses, siempre consideraron que la biblioteca no era algo público sino privado. Diríamos más: para los creyentes esos libros son tan sagrados que no pueden quedar en manos de “cualquiera”, y menos de un gobierno ateo que, si no los destruía, nunca sería capaz de hacer un buen uso de ellos.

Tras el colapso de la URSS en 1990 los judíos litigaron en un juzgado de Nueva York para apoderarse del fondo bibliográfico y documental. Como estaba previsto, el juez les dio la razón y sólo quedaba ir a Rusia para traerse los libros en un contenedor… si podían.

La respuesta del gobierno ruso al juez de Nueva York le informaba de lo más elemental: que la Biblioteca Schneersohn es una parte inalienable de la herencia cultural rusa que se había salvado gracias a la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

A partir de esa declaración, el enredo histórico y cultural se puede llenar de reflexiones, a cada cual más interesante, no sólo sobre la Biblioteca, sino sobre toda la historia de Rusia, pasando por los tiempos soviéticos.

No deja de ser curioso que un gobierno nacionalista, como el ruso, califique a un archivo judío como parte integrante de su cultura. España es un ejemplo de que no todos los países lo han declarado así porque los judíos siempre han sido considerados como un “cuerpo extraño” en cualquier sitio.

Una declaración de ese alcance era más lógica en la época soviética, cuando las decisiones se tomaban por otro tipo de motivos, que no eran predominantemente de tipo nacional. Sin embargo, Putin le buscó tres pies al gato. Trató de dar una explicación singular a algo que era más lógico en la extinta URSS que en la Rusia actual.

El hecho es que desde el primer minuto el gobierno soviético asumió la plena responsabilidad sobre la Biblioteca como sobre cualquier otro legado cultural, cualquiera que fuera su naturaleza, y Putin se vio en la necesidad de explicar eso de una manera rocambolesca, de tal manera que cuadrara con sus propias necesidades argumentativas.

Los gobiernos soviéticos de Lenin no sólo eran ateos, dijo Putin, sino que, además, reprimieron todas las religiones, tanto el cristianismo, como el islamismo, como el judaísmo a causa de lo que calificó como “anteojeras” y “falsas convicciones ideológicas” por parte de los bolcheviques.

Como es corriente en la mayor parte de las personas, en lugar de atenerse a los hechos, a la historia, Putin se enredó en una nebulosa, viendo una “ideología” en aquel primer gobierno soviético que, un siglo después, sólo estaba en su propia cabeza.

Si los bolcheviques reprimieron las religiones, con la Biblioteca Schneersohn tuvieron una oportunidad de prenderle fuego, cerrarla, silenciarla o meter los libros en un desván para que nadie los leyera nunca. ¿No es esa acaso la mejor manera de promover el ateísmo?

Es el cuento infantil que los cretinos repiten sobre la URSS una y otra vez: como era un gobierno materialista, censuraron los libros idealistas; como no les gustaba el arte abstracto, lo prohibieron; como el marxismo se opone a la genética, encarcelaron a los científicos… La cabeza de los cretinos no da para más.

¿Por qué los bolcheviques no acabaron con la Bibioteca Schneersohn? La explicación de Putin es fantástica: porque entre un 80 y un 85 por ciento de los miembros del primer gobierno bolchevique eran judíos.

Lo de “ser” judío es como la maldición del pecado original, una mancha que no se limpia nunca. Nadie deja de “ser” judío, ni siquiera aunque sea ateo. Spinoza nunca dejará de “ser” judío y Marx tampoco. Del mismo modo, el gobierno de Lenin no era en realidad tan ateo como parecía, sino judío, al menos en buena parte. Así los cretinos pueden manejarse a su gusto. Cuando les interesa pueden decir que los bolcheviques eran ateos; en caso contrario, siempre se puede decir que eran judíos.

En la explicación de Putin la impostura refuerza la falsedad de la tesis de partida que, sin embargo, es necesaria para nutrir a los cretinos en su universo de censuras, prohibiciones y persecuciones, siempre motivadas por el mismo punto de partida: por razones ideológicas, porque los bolcheviques no aceptaban la religión ni ninguna otra clase de ideas que no fueran las suyas.

Las explicaciones ideológicas de la historia son siempre así. Hablan de las ideas de unos y otros, de lo que pensaban o dejaban de pensar, de lo que creían o no creían, de lo que suponían, de lo que soñaban, de lo que se imaginaban…
Los idealistas no quieren que nadie les saque de su universo de ideas y de explicaciones ideológicas, creencias y convicciones de todo tipo. Para ellos la realidad es siempre lo menos importante.
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Ciencia

Los catedráticos de in-cultura científica exhiben sus desvergüenzas

El blog de la cátedra de “Cultura Científica” de la Universidad del País Vasco ilustra un artículo titulado “La ciencia bajo el totalitarismo” con un montaje que asocia en la misma foto a Stalin con Hitler (1), lo cual es indicativo del infame estilo intelectual de esos catedráticos.

Ya es toda una aberración iniciar un artículo en nombre de la ciencia (y la cultura científica) con un montaje fotográfico, es decir, con una falsificación. Quizá es porque dichos catedráticos asocian estrechamente la ciencia a la mentira, por lo que sus alumnos deberían estar sobre aviso respecto al tipo de enseñanzas que imparten, dentro y fuera de las aulas.

Pero junto al engaño está la tendenciosidad, que posiblemente esos universitarios también asocien a la ciencia. Quizá sea esa su manera de entenderla. Los catedráticos muestran bajo un mismo rótulo ideológico (“totalitarismo”) lo que la historia no sólo presenta separado sino brutalmente enfrentado en la Segunda Guerra Mundial: el III Reich y la URSS.

Naturalmente que sus comentarios nada tienen que ver con la ciencia, por más que ellos la vistan como tal. Es otra de sus muchas tergiversaciones. La ciencia es otra cosa distinta. Quizá la ciencia no nos pueda ofrecer “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”, pero no cabe duda que se esfuerza por buscarla. Lo que nunca se puede tomar por ciencia es la chabacanería, la falta de rigor y de probidad.

Lo de los catedráticos es, pues, ideología, la típica manera de proceder de la burguesía, que ellos proyectan sobre sus adversarios, los comunistas. Como ellos son así de cutres, creen que los demás nos queremos poner a su misma altura, o sea, a ras de suelo.

Pero una ideología, incluida la burguesa, la suya, puede ser como cualquier otra. En su caso el problema añadido es lo que un idealista calificaría como falta de “conciencia de sí”. Estos catedráticos son como Monsieur Jourdain: ni siquiera saben que hablan en prosa, ni siquiera saben que lo suyo es sólo ideología, ni siquiera saben lo que es una ideología, como el “totalitarismo”. Hablan sin saber lo que dicen.

En cualquier comentario tan difícil es acertar siempre como fallar siempre, pero estos catedráticos lo han logrado: no aciertan nunca. Hay que felicitarles por ello. Para muestra sirve un botón. Dicen que para nosotros, los comunistas, “la ciencia sería la criada de la teología secular del marxismo” (2), por lo que de nuevo ponen los opuestos uno (el marxismo, que es una ideología atea) al lado del otro (teología, el estudio de dios), mientras que la ciencia, la pobrecilla ciencia, queda plenamente subordinada, como una humilde sirvienta.

Ese es el estilo de los catedráticos. A ellos la ciencia les importa un bledo. No se refieren a ella, ni tampoco a su progreso real en la URSS, algo que ignoran por completo; la manipulan, se aprovechan de ella, hablan en su nombre para atacar al marxismo, a Stalin y a cualquier cosa, real o imaginaria, que tenga relación con ello. Su tarea es exclusivamente política. Son ellos, y sólo ellos, los que instrumentalizan la ciencia de mala manera, con una habilidad muy escasa porque no dan para más.

Son tan torpes que sostienen que la URSS “rechazaba la física cuántica porque negaba la lucha de clases y la materialidad de la naturaleza”. Entonces deberían explicar algunos hechos elementales, como los motivos por los cuales buena parte de los primeros físicos especializados en dicha disciplina eran soviéticos, por qué en 1957 construyeron el acelerador de partículas más potente, por qué publicaron los primeros manuales sobre la materia, abrieron las primeras cátedras… ¿A eso le llaman rechazo?

Estos catedráticos de la Universidad del País Vasco son penosos. Se dedican a proyectar sobre los demás lo que no son más que sus propias miserias intelectuales.

(1) http://culturacientifica.com/2014/09/04/la-ciencia-bajo-el-totalitarismo/
(2) http://culturacientifica.com/2015/12/29/anticiencia-ii-nazismo-y-comunismo/

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El Pacto Ribbentrop Molotov

Molotov y Von Ribbentrop
Rodolfo Bueno

Como resultado de la Gran Crisis del capitalismo, que comenzó en 1929 y afectó al mundo de la postguerra como ningún otro fenómeno económico, se inició la lucha por el nuevo reparto colonial del mundo. Japón atacó a China, Alemania a Austria y Checosloaquia e Italia a Etiopía. A la sazón, se podía dividir al mundo en potencias imperialistas agresoras y potencias imperialistas agredidas, tal como lo analiza Stalin. Las primeras, que nada tenían y lo exigían todo, atacaban a las segundas, que lo poseían todo; para ello, Alemania, Italia y Japón abandonaron la Liga de Naciones, conformaron el bando beligerante del Eje y firmaron el Pacto Anticomintern.

Las potencias agredidas, pese a que eran económica y militarmente mucho más fuertes que las agresoras, cedían y cedían posiciones. La razón de esta conducta tan extraña era darle aire a la agresión hasta que se transformase en un conflicto mundial. Incitaban a las naciones del Eje a atacar a la URSS con la esperanza de que la guerra agotase mutuamente a ambos bandos. Entonces les ofrecerían sus soluciones y les dictarían sus condiciones. Los países beligerantes, cuyas fortalezas se encontrarían destruidas como consecuencia de un largo batallar entre ellos, no tendrían más opción que aceptarlas. Una forma fácil y barata de conseguir sus fines.

Los políticos burgueses de las potencias agredidas esperaban que Hitler cumpliese con su promesa de liquidar el comunismo, presionaban a los alemanes para que vayan cada vez más lejos en dirección al Este, le abrían a Hitler la posibilidad de atacar a la Unión Soviética a través de los países del Báltico, para, al mismo tiempo, quedar ellos al margen de un eventual conflicto germano-soviético, y le daban largas al asunto de emprender la creación de un sistema de seguridad colectiva ante la agresión nazi-fascista. Con este propósito comenzaron una campaña calumniosa de descrédito contra el Ejército Rojo, la Fuerza Aérea Soviética y, en general, contra la URSS.

Este juego peligroso terminaría muy mal para los que propugnaban el anticomunismo como política de Estado. Es que los gobiernos de Londres y París, ofuscados por el odio acérrimo al comunismo, no podían y no querían ver el peligro que el nazi-fascismo representaba para ellos mismos.

Inmediatamente después de que en Munich, Inglaterra y Francia entregaran Checoslovaquia a Alemania, Hitler le exigió a Polonia la devolución del Corredor Polaco, la entrega del puerto de Danzig, Gdansk en polaco, y que le cediera facultades extraterritoriales para construir autopistas y líneas férreas por territorio polaco. Después, Alemania anuló el pacto de no agresión firmado con Polonia, luego renunció al convenio naval anglo-alemán, posteriormente comenzó a reclamar las colonias que le fueron arrebatadas por Francia e Inglaterra luego de la Primera Guerra Mundial, finalmente, Italia se apoderó de Albania.

El 23 de julio de 1939, Molotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, con el propósito de lograr un acuerdo que impidiera la agresión alemana a Polonia, propuso a Gran Bretaña y Francia el envío de una comisión militar a Moscú. Sin el mínimo apresuramiento, pese a que la guerra estaba al borde de estallar, el 11 de agosto, diecinueve días después, la misión arribó a Moscú. Estaba encabezada por personajes poco conocidos, que no tenían ni las atribuciones ni los poderes para discutir nada ni firmar ningún convenio militar concreto.

La delegación nunca contestó a la inquietud fundamental de Moscú: para poder enfrentarse con Alemania, las tropas soviéticas tenían que pasar por el territorio polaco o el rumano, sin esta condición se hacía imposible la participación de la Unión Soviética en una alianza militar con Inglaterra y Francia.

El 14 de agosto, el Almirante Drax, Jefe la Misión, debió reconocer: “Creo que nuestra misión ha terminado”; sin embargo, las conversaciones se prolongaron para ver si era posible obtener la aprobación polaca al paso de las tropas soviéticas. Por último, Drax informó no tener noticias de Londres y propuso una nueva reunión para después de tres o cuatro días. El 23 de agosto, Voroshilov, Ministro de Defensa de la URSS, advirtió a la comisión: “Nosotros no podemos espera a que Alemania derrote a Polonia para que después se lance contra nosotros. Mientras tanto ustedes estarían en sus fronteras reteniendo a lo mucho diez divisiones alemanas. Necesitamos un trampolín desde el cual atacar los alemanes, sin él no podemos ayudarlos a ustedes”.

Ante el comprometedor silencio de los delegados añadió: “No hemos hecho nada en once días. El año pasado, al encontrase Checoslovaquia al borde del abismo, no obtuvimos una sola señal de Francia. El Ejército Rojo estuvo listo para atacar, pero esa señal nunca llegó. Nuestro gobierno y todo nuestro pueblo estuvieron ansiosos de ayudar a los checos y por cumplir con nuestras obligaciones dimanantes de los tratados. Ahora los gobiernos de Francia e Inglaterra han prolongado inútilmente y durante demasiado tiempo estas conversaciones político militares. Por ello no se debe excluir otros acontecimientos de índole político. Fue necesario obtener una clara respuesta de Polonia y Rumania sobre el paso de nuestras tropas a través de sus territorios. Si los polacos hubiesen querido responder positivamente a esta pregunta, es lógico pensar que hubiesen participado en estas negociaciones”.

Poco después se iniciarían unas negociaciones -que son criticadas por quienes desconocen o pretenden desconocer el preámbulo anterior-, que condujeron a la firma del Pacto de no agresión entre la Unión Soviética y Alemania.

A partir del fracaso de las conversaciones con Inglaterra y Francia, el gobierno soviético aceptó la propuesta alemana de concluir un acuerdo de no agresión que, desde mayo de 1939, Alemania le había propuesto en reiteradas ocasiones. El 23 de agosto de 1939, la URSS firmó el Pacto de no Agresión con Alemania, aunque esto no estuvo previsto en los planes de la diplomacia soviética antes de que Inglaterra y Francia frustraran las negociaciones de Moscú. La URSS actuaba con mucha cautela para evitar verse arrastrada a un conflicto que no buscaba ni deseaba. La conducta de Francia e Inglaterra en las fracasadas negociaciones le daban a entender que estos países procuraban involucrarla en un enfrentamiento armado con Alemania. Conocía además que las potencias europeas sostenía simultáneamente conversaciones secretas con Alemania con la finalidad de concluir un acuerdo dirigido en contra de la Unión Soviética.

Al firmar el pacto de no agresión, el gobierno soviético no se hacía ilusiones. El Mariscal Zhukov sostiene que se partía del supuesto de que el mismo no libraba a la URSS de ser agredida y añade: “En ningún momento escuché a Stalin palabras tranquilizadoras en relación al Pacto de no Agresión”. Después del 23 de agosto, la URSS estaba dispuesta a seguir las negociaciones con Gran Bretaña y Francia, pero estos países se negaron a ello.

Las críticas al pacto Ribbentrop-Molotov tienen la finalidad de absolver a los verdaderos culpables del estallido de la guerra. Posteriormente, cuando EEUU, Inglaterra y la URSS conformaron la coalición antinazi, muchos políticos relevantes de Occidente valoraron de manera positiva la firma del mismo. Quien en 1944 fuera Subsecretario de Estado de EEUU, Sumner Welles, escribe: “Desde el punto de vista práctico, cabe la posibilidad de lograr ventajas que -dos años más tarde, al producirse la agresión alemana, desde hacía mucho tiempo esperada-, tuvieron mucha importancia para la Unión Soviética”.

La coalición antifascista se hizo sólo posible luego de que Alemania Nazi derrotara y ocupara Austria, Checoslovaquia, Polonia, Dinamarca, Noruega, Belgica, Holanda y Francia. Por fin, estás derrotas hicieron ver a EEUU e Inglaterra la amenaza que el nazi-fascismo representaba para ellos y se sentaron las premisas que posibilitaron la formación de esta coalición. Pero incluso durante toda la guerra, tanto en los planes que se forjaron durante la contienda como en los que se forjaron para la posguerra, se sintió una actitud ambigua hacía la URSS de parte de los países aliados.

En los medios gubernamentales de Gran Bretaña y EEUU, con más virulencia a partir del fallecimiento del Presidente Franklin D. Roosevelt, se buscó siempre debilitar a la Unión Soviética. Por eso dilataron la apertura del Segundo Frente en Europa, por eso demoraron los suministros de material de guerra a la URSS, por eso se negaron a mandar tropas al frente soviético-alemán, porque procuraban preservar y acumular fuerzas con el fin de imponer a Moscú, cuando terminara la guerra, las condiciones de paz y las reglas de comportamiento en la arena internacional. Dichos planes se vieron alentados por el desarrollo de los trabajos tendientes a la fabricación de la bomba atómica, que los círculos gobernantes de EEUU pensaban utilizar como instrumento de imposición y hegemonía para el resto del globo terráqueo.

Fuente: http://calpu.nuevaradio.org/?p=152