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Se cumplen 70 años del juicio de Nuremberg contra los nazis

Alexei Timofeichev

1. Si no hubiera sido por la URSS, ¿habría existido el juicio de Nuremberg?

La idea de juzgar en los tribunales a los líderes del Tercer Reich no parecía tan obvia en los años de la Segunda Guerra Mundial como lo puede parecer ahora. Al principio, solo Moscú insistía en la necesidad de organizar ese proceso. Los aliados de la URSS en la coalición contra Hitler -Gran Bretaña y Estados Unidos- tenían un enfoque distinto.

En octubre de 1942 el Ministerio soviético de Asuntos Exteriores anunció que Moscú era partidario de “someter a juicio de un tribunal especial internacional y castigar con toda la severidad del código penal” a los cabecillas de la Alemania nazi.

Sin embargo, en noviembre de ese mismo año, el ministro de Exteriores británico Anthony Eden, en sus instrucciones al embajador en Moscú, consideró poco práctica la idea de llevar a un juicio formal a los principales criminales, como Hitler y Mussolini, “ya que sus crímenes y su responsabilidad son tan grandes que no son aptos para ser considerados por el procedimiento judicial”. Eden escribió sobre la necesidad de castigar severamente a los cabecillas nazis sobre la base de una decisión política de las Naciones Unidas. Hasta principios de 1945, Estados Unidos apoyaron la postura de Gran Bretaña. Londres y Washington propusieron consensuar una lista de entre 50 y 100 cabecillas nazis que debían ser fusilados sin juicio.

No obstante, la actitud de los aliados hacia la idea del tribunal militar internacional fue cambiando gradualmente. La decisión final sobre este tribunal fue adoptada en la Conferencia de Potsdam durante el verano de 1945.

En opinión de la historiadora Natalia Lebedeva, Londres y Washington estaban en contra del tribunal porque temían la posibilidad de que “los acusados se justificasen señalando la cuestionable política seguida por las potencias occidentales antes de la guerra, la complicidad de estas en el rearme, las maniobras de Munich, etc.” También podían temer que no hubiera suficiente base jurídica para juzgar a los dirigentes nazis y que el propio proceso pareciese una farsa judicial.

Mientras tanto, la URSS insistía en el formato del tribunal, ya que esto aumentaba su prestigio internacional y también aparecía la oportunidad de actuar en el marco del nuevo derecho internacional, según explicó el historiador Boris Sokolov.

2. ¿Un tribunal de los vencedores?

Los acusados (se presentaron acusaciones contra 24 altos representantes del Reich) pusieron en duda la solvencia jurídica del proceso. Intentaron demostrar que, en lugar de un proceso judicial en condiciones, se estaba produciendo el juicio de los vencedores. Como afirmó en Nuremberg el comandante supremo de la Luftwaffe, Hermann Göring, “el vencedor siempre es el juez, y el vencido, el juzgado”.

Sin embargo, el propio proceso, como señalan los numerosos investigadores, demuestra lo contrario. Todos los acusados tenían defensores: en total se emplearon 27 abogados. El  carácter justo del tribunal también se evidencia por el hecho de que no todos los procesados recibieron penas capitales. Doce cabecillas nazis fueron condenados a pena de muerte. Siete recibieron penas de prisión y tres fueron absueltos.

3. ¿Quedaron satisfechos los países con las decisiones del Tribunal?

La Unión Soviética protestó contra las sentencias absolutorias de Hjalmar Schacht (presidente del Reichsbank y ministro de Economía), Hans Fritzsche (propagandista considerado como la mano derecha de Goebbels) y Franz von Papen (vicecanciller en el gobierno de Hitler). Moscú tampoco estuvo conforme con el hecho de que no se reconociesen como organizaciones criminales el Gabinete Imperial de Ministros de la Alemania nazi, el Estado Mayor y la Comandancia Suprema de la Wehrmacht.

Ya con la perspectiva de nuestra época, el historiador Viacheslav Nikonov, nieto del comisario de Exteriores Viacheslav Mólotov, durante la mesa de trabajo organizada por la Sociedad Histórica Rusa, consideró un error del Tribunal el hecho de que tampoco declarase criminales a organizaciones tales como el Ejército Insurrecto Ucraniano o la División SS Halychyna.

Esto ocurrió a pesar de los vínculos evidentes de estos grupos con el régimen nazi y del reconocimiento de las SS como una organización criminal por parte del Tribunal de Nuremberg. Además de las SS, también fueron declaradas organizaciones criminales la SD, las SA, la Gestapo y la cúpula dirigente del partido nazi.

4. ¿Quién no estuvo en el banquillo de los acusados?

Ante el tribunal no comparecieron Adolf Hitler, Heinrich Himmler y Josef Goebbels, quienes se habían suicidado. Tampoco estuvo presente el jefe del partido, Martin Bormann, quien, según se cree, también se suicidó.

También escapó al juicio el “ángel de la muerte de Auschwitz”, el doctor Josef Mengele, quien realizó experimentos con los presos de los campos de concentración. Sin recibir ningún castigo, falleció de muerte natural en Brasil a finales de los años 70.

El responsable del asesinato en masa de judíos Adolf Eichmann también evitó Nuremberg, pero fue secuestrado por los servicios de inteligencia israelíes en Argentina y ejecutado en Israel.

El saboteador de las SS Otto Skorzeny, quien rescató a Benito Mussolini y preparó un atentado contra el líder yugoslavo Josip Broz Tito, fue detenido en 1945, pero más tarde fue puesto en libertad y vivió en la España franquista.

5. ¿Cuál es el significado histórico del Tribunal?

El Tribunal fijó jurídicamente la derrota del fascismo. Después de Nuremberg, en Alemania y otros países se realizaron procesos judiciales en los que fueron sentenciados unos 70.000 nazis y sus colaboradores.

Como resultado del proceso, las personas que habían iniciado la guerra y cometido crímenes contra la humanidad recibieron castigos en conformidad con las normas internacionales, en un momento en el que juzgarlos según las leyes nacionales habría sido prácticamente imposible. El propio concepto de “crímenes contra la humanidad” fue establecido por primera vez en el estatuto del Tribunal Militar Internacional, que fue aprobado por la ONU. El Tribunal de Nuremberg sentó las bases del derecho penal internacional.

El proceso duró casi un año, se realizaron 403 vistas judiciales públicas y prestaron declaración 101 testigos de la defensa. Se estudiaron más de 300.000 declaraciones escritas y alrededor de 3.000 documentos.

El proceso fue ampliamente cubierto por la prensa mundial: de los 350 asientos en la sala, 250 se cedieron a periodistas.

Las condenas fueron de pena de muerte por ahorcamiento para Hermann Göring, Joachim Ribbentrop, Wilhelm Keitel, Ernst Kaltenbrunner, Alfred Rosenberg, Hans Frank, Wilhelm Frick, Julius Streicher, Fritz Sauckel, Arthur Seyss-Inquart, Martin Bormann (en ausencia), Alfred Jodl (fue absuelto póstumamente durante la revisión de su caso por el tribunal de Múnich en 1953).


Se impuso la cadena perpetua a Rudolf Hess, Walter Funk y Erich Raeder.
20 años de prisión a Baldur Schirach y Albert Speer.
15 años de prisión a Konstantin Neurath.
10 años de prisión a Karl Dönitz.
 
Fueron Absueltos: Hans Fritzsche, Franz von Papen y Hjalmar Schacht mientras Gustav Krupp fue liberado de responsabilidad penal debido a su estado de salud.
Fuente: http://es.rbth.com/cultura/historia/2016/10/01/70-anos-de-los-juicios-de-nuremberg-cinco-preguntas-clave_634679
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El comercio soviético en la época de Stalin

Anatoli V. Gussev

Cuando trabajaba en el libro “La vida cotidiana de los habitantes de Pervouralsk en los años de la Gran Guerra Patriótica”, acumulé una gran cantidad de materiales sobre el país en su conjunto. Todo este material me llevó a pensar: ¿cómo sería la URSS de Stalin si no hubiese sucedido la Gran Guerra Patriótica?

Creo que no es posible dar una respuesta completa a esta cuestión, pero podemos hacernos una idea de la realidad existente en la Unión Soviética en 1939, 1940 y a principios de 1941.

Veamos, por ejemplo, cómo funcionaba el comercio.

Para la mayoría de los ciudadanos rusos y de los países vecinos, el comercio soviético era aquello que se observó en el período de Gorbachov: estanterías vacías, largas colas, etc. Las generaciones más viejas recuerdan, probablemente, el comercio de los años de gobierno de Leonid Brezhnev: precios bastante bajos, disponibilidad de artículos de primera necesidad, pero penuria permanente de aquello que estaba de moda, de artículos de divulgación, de productos importados…

Esto no sucedía en la época de Stalin. ¿Por qué? Porque el socialismo de Stalin era otro y el comercio también.

Inevitablemente tendremos que empezar por el periodo de la Primera Guerra Mundial y de las guerras civiles. Como es bien sabido, el sistema de vales de racionamiento fue introducido en Rusia en los tiempos del zar. El “sistema de vales”, normalmente, presupone un tipo de comercio distributivo, en el que cada persona puede adquirir una cantidad fija de mercancías al precio establecido.

El “sistema de vales” es, generalmente, una característica del tiempo de guerra. Pero no siempre es así. El comercio distributivo por vales existe en la actualidad, por ejemplo, en los EE.UU. Aquí, el “sistema de vales” se destina a apoyar a los ciudadanos que están en una situación difícil.

Después de la guerra civil, las principales organizaciones, a través de las cuales se realizaba el “comercio por vales”, eran las secciones de abastecimiento de los trabajadores (ORS)(1).

Fue una medida necesaria. La Revolución de Febrero, que derrocó la autocracia, se inició con la revuelta de las “ollas vacías”, en un momento en el que las familias trabajadoras ya no conseguían obtener vales para el pan. Los kúlaks, que habían sido creados por las reformas de Nicolás II, fueron los enterradores del zarismo. Por codicia, liquidaron el régimen que los había creado y así se liquidaron a sí mismos como clase.

El poder soviético enfrentó al problema seriamente, y mientras los kúlaks dominaban el campo, las ORS y el sistema de vales se mantuvieron. Con la liquidación de la explotación agrícola de tipo kúlak y la adhesión de la mayoría de los campesinos a las cooperativas, se crearon las condiciones para la abolición de los vales de racionamiento de los productos alimentarios.

Las cooperativas agrícolas (cuy forma principal era el koljós) estaban obligadas a entregar al Estado parte de la cosecha a precios bajos. Por ejemplo, en el Oblast de Sverdlovsk, en vísperas de la guerra, el estándar promedio por hectárea era de 133,5 kg (99,9 kg de suministros obligatorios y 33,6 kg de pago por el trabajo de las MTS (2)). En 1939, estas reglas eran bastante inferiores. Los suministros obligatorios por parte de los koljoses permitieron al gobierno soviético comercializar los productos agrícolas a precios fijados por el Estado.

Una persona que haya vivido en la época de Brezhnev, difícilmente entenderá lo que estamos diciendo. Esto se debe a que en 1939 había varios tipos de precios en el comercio al por menor en la URSS.

El primer tipo eran los precios estatales. Eran precios muy bajos que inicialmente fueron utilizados en el comercio distributivo, a través de las ORS y de otras estructuras.

En 1939, las ORS ya no existían, y los productos de primera necesidad eran vendidos libremente en los establecimientos comerciales del Estado a precios estatales.

¡Los precios estatales en la URSS de Stalin eran precios sociales! Estaban destinados a garantizar a todos los ciudadanos, independientemente de los ingresos, un consumo mínimo. Cuando la industria comenzaba a producir algún artículo en grandes cantidades, por ejemplo, tejidos de algodón, el gobierno tomaba la decisión de efectuar su comercialización en las tiendas del Estado a precios estatales.

A veces, la falta de un producto en el comercio del Estado era causada, no por factores objetivos, sino por factores subjetivos. En 1939 el periódico local de Pervouralsk escribía:

“En la tienda Nº 41, en la localidad de Dinas, no hay algunos productos a la venta. Esta tienda no es abastecida desde el 2 de agosto porque los productos no salen del almacén. El 11 de agosto había paquetes de cigarrillos en el almacén, pero en la tienda no. El mismo día, el almacén tenía salchichas, pero no podía llevarlos a la tienda por falta de transporte…”

La gran afluencia a la “Feria del Libro Escolar”, realizada en una librería de Pervouralsk en 1939, permite comprender por qué la URSS era el país con los más altos índices de lectura. El periódico local escribió lo siguiente:

“En apenas unos días del mes de agosto, la librería Koguiz vendió 1.200 ejemplares de los ‘Informes de Problemas de Aritmética’, 1.380 ejemplares de la ‘Gramática de la Lengua Rusa’, 1.680 ejemplares de libros de lectura, etc. En total fueron vendidos 10.300 libros”.

¡Esto en una pequeña ciudad de provincia!

Otra información confirma que la gente de Pervouralsk no pensaban sólo en pan. En esta ciudad de provincia, con 44.000 habitantes, un único jardín municipal vendía seis mil flores al día. ¿Es poco?… Alrededor de una flor por cada tres mujeres.

Hay que decir que el principal vendedor de flores en Pervouralsk era la empresa local Gorkom-khoz. En 1940 vendió a la población de la ciudad 210.000 flores. ¡Casi diez flores por mujer!

Los ingresos procedentes de la venta de flores fue de 45.000 rublos, es decir, cada flor era vendida a unos 21 kopeks.

Sin embargo, la gente de aquella época no siempre entendía el significado de los precios sociales de las tiendas del Estado. Naturalmente, querían no sólo productos de primera necesidad, sino también que otros artículos fuesen vendidos a esos precios sociales.

Pero cuando el salario de cada uno permite comprar cualquier cosa a precios subvencionados, la escasez es inevitable.

¡Sin embargo, en 1939 no había verdadera escasez de mercancías!

Esto se debe a que, más allá del comercio con precios estatales, también existía el comercio con precios de mercado. Estas tiendas también eran del Estado, pero los precios aquí eran mucho más altos. En diferentes períodos podrían superar los precios estatales en docenas de veces, y al final de la guerra hasta en cientos de veces. Cuando comenzó la guerra, estas tiendas fueron cerradas y sólo volvieron a abrir en 1944.

El Estado trataba de garantizar precios bajos a los ciudadanos sólo en los productos básicos. Para vivir mejor que los demás, la gente tenía que estar trabajando, y gracias que, en la URSS de Stalin (a diferencia de la época de Brezhnev), los salarios eran pagados por pieza o tarea en casi todas partes.

También existía el comercio cooperativo, que estaba particularmente extendido en las zonas rurales. Se trata de las conocidas cooperativas de consumo urbanas y rurales (RAIPO y SELPO)(3).

En mi juventud pude conocer una y otra. Y por lo que recuerdo, más allá de los nombres, no se distinguían de los restantes establecimientos comerciales.

En 1939 las RAIPO y SELPO eran formas de comercio cooperativo reservadas a sus miembros. En la práctica todo se procesaba de manera muy sencilla: fulano suministraba 500 kg de patatas y recibía un producto al precio estatal; mengano tenía 2,5 toneladas de patatas y podía adquirir un reloj y un gramófono a precios estatales. El comercio en las tiendas cooperativas se realizaba a través de listas.

Pero no se puede dejar de mencionar los mercados que existían en la URSS de Stalin. Eran, a menudo, llamados mercados de los koljoses, pero allí todos comerciaban, koljoses y koljosianos, comerciantes individuales, ciudadanos y asociaciones cooperativas.

En la URSS de Stalin, los mercados de los koljoses tenían una enorme importancia. El volumen de sus transacciones tenía una magnitud incomparable con el volumen realizado en los mercados de la época de Brezhnev e incluso actualmente.

He aquí algunas cifras del mercado de Pervouralsk: sólo en junio de 1939 fueron vendidas 31 toneladas de patatas, otras tantas toneladas de cebollas, más de cinco toneladas de pepinos, 4.000 pollos, 213 cerdos, 16 toneladas de carne y casi una tonelada de pequeños frutos.

También había muchas críticas a los mercados. En el periódico local de Pervouralsk se pudo leer:

“En los puestos hay verduras sucias y otros productos a la venta, junto a los cuales están personas con ropa sucia que se sientan en bancos sucios. El comercio de congelados es aún peor”.

El que sólo haya conocido la URSS de la época de Brezhnev no puede tener una noción justa del comercio antes de la guerra. Esto es porque era un comercio completamente diferente. En los mercados de la URSS de Brezhnev sólo se vendían productos de huertas particulares, producción agrícola no procesada y trastos viejos. La venta de artículos nuevos era considerada especulación, una vez que la producción industrial se realizaba sólo en las empresas estatales.

En la URSS de antes de la guerra, una parte significativa de los artículos de gran consumo era producida por cooperativas industriales. Estas, tanto como si utilizaban materias primas propias o compradas sobre la base de un contrato con el Estado, podían vender su producción en el mercado a precios libres.

Los impuestos sobre estos comerciantes eran muy pequeños y algunas categorías de productos estaban exentas de impuestos.

Por supuesto, también había especuladores. En el mercado de Pervouralsk era particularmente frecuente la venta especulativa de cigarrillos. Sin embargo, la venta de tabaco producido de forma individual no estaba prohibida. Se suponía que la gente vendía en los mercados sólo sus propios productos, pero, en realidad, ya en ese momento había intermediarios en los alrededores de los mercados.

Por ejemplo, mi madre tenía un cultivo de tabaco en su huerta en la aldea de Verkh-Tissa, en Krasnoufimsk. Como no podía permanecer mucho tiempo en la ciudad, ya que no tenía dónde vivir, vendía a un precio muy bajo sacos enteros de tabaco a un anciano de la tierra, y este los vendía mucho más caros a la población de la ciudad, midiendo el tabaco en tazas.

El comercio de la URSS antes de la guerra es totalmente desconocido por la gente de hoy en día. Por eso muchos consideran que el período soviético fue todo uniforme, ignorando las diferencias entre la URSS de Stalin y la URSS de Jruschov o Brezhnev.

La televisión muestra las estanterías vacías de la época de la perestroika de Gorbachov en programas sobre la época de Brezhnev. Y la gente se lo cree.

Se usan declaraciones de personas mayores que dicen que en la época de Stalin “sólo había pan y cerillas en las tiendas”, para crear la idea de que había pocas cosas en todas las tiendas, y no sólo en las tiendas del Estado, en donde los productos eran vendidos a precios fijados por el Estado.

Notas:

(1) ORS, acrónimo ruso de Otdel Rabotchevo Snabjenia (Sección de Suministros de Trabajadores) (N. Ed.)

(2) MTS, acrónimo ruso de Machínno-Tráktornaia Stántsia (Estación de Máquinas y Tractores). Al parecer, estas cantidades se refieren a los cereales (N. Ed.)

(3) RAIPO y SELPO, acrónimos rusos de Raionoi Potrbitelskoi Obchestvo y Selskoi Potrbitelskoi Obchestvo respectivamente, asociación de consumo de distrito y asociación de consumo rural. (N. Ed.)


Fuente: https://culturaproletaria.wordpress.com/2016/09/14/la-urss-olvidada-el-comercio-en-la-epoca-de-stalin
 
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Memoria Histórica

El islam en la URSS (y 3)

Tras la Revolución de Octubre, el sistema educativo también se desdobló, creándose escuelas musulmanas paralelas a las soviéticas, aunque en este caso favorecido por la penuria económica derivada de la guerra civil, es decir, que mientras las escuelas soviéticas eran de nueva planta, se mantuvieron las musulmanas y se crearon otras nuevas, si no las había.

La mayor parte de los locales y otros bienes expropiados durante la Revolución fueron entregados a las instituciones educativas islámicas, de tal manera que en 1925 en Daguestán había 1.500 escuelas musulmanas que acogían a 45.000 alumnos, mientras que sólo había 183 escuelas públicas soviéticas.

Para desarrollar su trabajo educativo y político, el Partido bolchevique se apoyó en las cofradías religiosas más progresistas y avanzadas, lo que abrió una nueva etapa de florecimiento de culturas hasta entonces silenciadas. Las universidades promovieron cursos de formación, se publicaron monografías, nuevos medios de prensa y radio y se estimularon debates sobre los más variados temas históricos, lingüísticos, sociales y culturales. En especial se promovieron aquellas que corrientes teológicas que defendían un socialismo islámico, que se oponían a la usura o al acaparamiento de riquezas.

Muchos de los grupos más avanzados de las sociedades musulmanas se incorporaron al Partido bolchevique, como el movimiento panislámico kazajo Uch-Zhus, la cofradía Vaisita de los tártaros del Volga, la organización Mili Firqa de los de Crimea o la guerrilla iraní Jengelis que primero combatieron en el Ejército Rojo y luego crearon el Partido Comunista de Irán. En Azerbaián se formaron tanto el Partido Socialista musulmán Hummet y el Partido Comunista persa Adelet.

En las repúblicas de mayoría islámica la Revolución se definió como “korenishacha”, que se puede traducir como “arraigo”, de tal manera de las masas y sus organizaciones típicas no fueran solapadas por una nueva superestructura que, en definitiva, sólo podía ser rusa y, por lo tanto, heredera del colonialismo.

Para ello en 1924 el poder soviético inició la edición de las publicaciones oficiales en 25 idiomas diferentes. Al año siguiente alcanzaron los 34 idiomas y en 1927 el número de idiomas fue ya de 44.

Además concedió prioridad a las poblaciones locales para el acceso a las funciones públicas tanto como para el logro de cualquier trabajo. En muchos casos hubo que destituir o privar de las tierras a los rusos, cosacos muchos de ellos, es decir, antiguas tropas zaristas. En Ingusetia y Chechenia 65.000 colonos cosacos fueron expulsados de sus tierras, que fueron devueltas a los autóctonos.

Así fue como se crearon sobre el terreno los nuevos cuadros dirigentes del Partido Comunista, de los órganos soviéticos de poder, del Ejército Rojo o de las universidades, así como técnicos, ingenieros e intelectuales. La construcción de la URSS no se podía fundamentar en otro desembarco de rusos llegados de cualquier lejana ciudad que ni siquiera eran capaces de hablar el idioma vernáculo sino en la movilización de las masas.

A diario es posible leer a finos intelectuales, sobre todo si son “progres”, contra los prejuicios y el oscurantismo de todas las religiones y, muy especialmente, del islam. Estoy de acuerdo con muchas cosas de las que dicen porque son intemporales; sirven tanto para un roto como un descosido. Pero en muy pocas ocasiones se tiene la oportunidad de conocer algo sobre los prejuicios y el oscurantismo en que nos has sumido varios siglos de colonialismo, por lo que acabaré estas líneas con un incidente que se produjo durante el Congreso de Bakú, cuando todos los oradores despotricaban contra el imperialismo británico que oprimía a los pueblos asiáticos…

… Excepto uno, un turcomano llamado Nabutabekov, que después de tanta paja en el ojo ajeno les hizo ver la viga que los delegados tenían en el propio: “¡Liberadnos de los colonizadores que trabajan bajo la máscara de los comunistas!”, gritó. Pero no lo hizo para renegar de la Revolución de Octubre, sino todo lo contrario, porque no hay nada más infamante que ponerse del lado de los opresores en nombre de la clase obrera, del comunismo o del ateísmo.

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Memoria Histórica

El islam en la URSS (2)

La burguesía cuenta la historia de la Revolución Rusa haciendo creer que al llegar al poder, los bolcheviques impusieron su propio programa y, por lo tanto, que llevaron el ateísmo al Estado y desde ahí persiguieron a las religiones, cerraron los lugares de culto y encarcelaron a los predicadores.

Nada más lejos de la verdad. Lo había escrito Lenin mucho antes de la Revolución, en 1905, cuando recomendó no caer “en planteamientos abstractos”, “al margen de la lucha de clases”. Los prejuicios religiosos no se pueden disipar “por medio de la pura prédica”. De ahí que “no prohibimos ni debemos prohibir el acercamiento a nuestro Partido a los proletarios que conservan todavía unos u otros vestigios de los viejos prejuicios” (*).

No había transcurrido un mes de la Revolución cuando los bolcheviques promulgaron una proclama dirigida “A todos los obreros musulmanes de Rusia y de Oriente” en el que se declaraban a su lado y denunciaban que las mezquitas y los lugares de culto, así como las costumbres, habían sido destruidos por el zarismo.

La declaración era un compromiso bien claro hacia ellos: “Vuestras creencias y vuestras costumbres, vuestras instituciones nacionales y culturales son para siempre libres e inviolables. Sabed que vuestros derechos, como los de los demás pueblos de Rusia, están bajo la alta protección de la Revolución y de sus órganos, los soviets de obreros, soldados y campesinos”.

La política religiosa es como cualquier otra clase de política: cambia según la lucha de clases y, por lo tanto, según el lugar y el tiempo. La URSS no fue ninguna excepción. La correlación de fuerzas no siempre fue la misma y no siempre fue igual en todas partes. Así, durante la guerra civil Asia central quedó aislada del resto de Rusia y estuvo gobernada por bolcheviques que, en definitiva, eran los viejos colonos rusos o descendientes suyos, generalmente asentados en las ciudades y con pocas conexiones con el mundo rural, islámico y atrasado.

Se produjeron levantamientos contra el poder soviético, como los de los basmachis y otros de tipo panislamista, panturquista o panturanista, en donde las protestas religiosas se mezclaban con las nacionales, apoyadas por los imperialistas británicos y franceses.

A aquellos bolcheviques les ocurría lo del refrán: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”, algo muy frecuente en la lucha de clases. En 1920 Lenin envió una comisión de investigación que, entre otros muchos errores, había cerrado las mezquitas, demolido monumentos o confiscado libros y objetos de culto. El viernes fue declarado día de fiesta en todas las repúblicas soviéticas musulmanas. Se restableció el “paranyah”, un velo islámico parecido al “niqab” que había sido prohibido. Finalmente, llevó a cabo la depuración de quienes, bajo la cobertura de los órganos de poder soviéticos (administración local, escuelas, policía, ejército), seguían manteniendo la dominación colonial rusa en las regiones islámicas.

Las depuraciones fueron muy selectivas, de tal manera que en 1922 en Turkestán fueron expulsados del Partido bolchevique 1.500 rusos, en su mayor parte por su actitud antimusulmana (justificada por el laicismo y el ateísmo), mientras que todos los musulmanes se mantuvieron dentro de las filas.

En 1921 el sistema judicial se desdobló, creándose tribunales islámicos paralelos a los soviéticos que aplicaban la “shariá”, como había prometido Stalin en un mensaje dirigido los pueblos caucásicos. En sus pleitos los musulmanes podía escoger entre unos u otros tribunales.

Desde enero de 1918 los asuntos islámicos se dirigían desde un consejo especial del Comisariado de las Nacionalidades dirigido por Stalin. Además se creó una Comisión de la “shariá” dentro del Ministerio de Justicia. Su tarea fue la de poner el acento de la ley islámica en una interpretación de los principios de perdón y educación, más que sobre la represión, así como en la erradicación de los castigos corporales, el corte de la mano a los ladrones y la lapidación por adulterio (que se aplicaba tanto a las mujeres como a los hombres).

En los años veinte, en las repúblicas islámicas de la URSS entre un 30 y un 50 por ciento aproximadamente de las causas criminales las resolvían los tribunales islámicos, una proporción que el caso de Chechenia alcanzaba el 80 por ciento.

Además, en Asia central el Partido bolchevique creó el departamento Zhendotel de mujeres obreras y campesinas para erradicar la discriminación y el atraso de las mujeres en dichas repúblicas. Las militantes de Zhendotel vestían el “paranyah” para poder realizar su trabajo político.

Con esas medidas y otras parecidas, la URSS no sólo logró la incorporación de los musulmanes, hombres y mujeres, a la revolución sino ser fiel a sus propios principios, que no fueron otros que la federación de repúblicas que en sí mismas eran diferentes unas de otras.

Eso no significa que no se produjeran nuevos problemas, ni aplicaciones retrógradas de la ley que eran de todo punto inaceptables para el nuevo poder soviético. Por eso a finales de 1922 se aprobó un decreto para que toda sentencia injusta pudiera ser de nueva replanteada ante los tribunales soviéticos si una de las partes así lo reclamaba.

El tacto en las relaciones con la población musulmana nunca fue incompatible con la realización de campañas contra el “paranyah” o a favor del divorcio. Con motivo de las celebraciones del Día de la Mujer Trabajadora de 1927, en Tashkent, Samarkanda y otras localidades de Asia central, muchas mujeres empezaron a gritar en contra del “paranyah”, se lo quitaron en público y le prendieron fuego. Bajo la protección de la policía, las mujeres fueron por las calles arrancando el velo a las que lo llevaban y saqueando los almacenes de alimentos.

Los musulmanes lo declararon “kuyum” (ofensa). Se sucedieron varios días de altercados y represalias mutuas que alcanzaron a las familias de unos y otros y provocaron la reacción de los clérigos islámicos. Los antiguos basmachis volvieron a crear una organización contrarrevolucionaria clandestina, llamada Tash Kuran.

El poder soviético no sólo triunfó en las repúblicas islámicas por una acertada política religiosa y nacional sino porque la misma se apoyó en las masas oprimidas que las habitaban, millones de personas que hasta 1917 jamás conocieron ningún tipo de derechos. La URSS no solo les alfabetizó sino que lo hizo en su propio idioma. Para muchos pueblos era la primera vez que su idioma conoció la escritura y, naturalmente, la prensa, la radio y la escuela.

Como consecuencia de ello, ya en los años veinte la mayor parte de las autoridades y funcionarios públicos de dichas repúblicas no eran rusos sino originarios del lugar. Un caso especial y relevante fue el Ejército Rojo, cuyas últimas victorias en la guerra civil se obtuvieron en Asia central. Además de comisarios políticos, los batallones islámicos del Ejército Rojo, integrados por uzbekos, azeríes, kazajos, turcomanos, tayikos, chechenos, tártaros y bashkires, tenían sus propios mullahs y otros dirigentes religiosos.

(*) Lenin, El socialismo y la religión, Obras Completas, tomo 10, pg.81.

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Memoria Histórica

El islam en la URSS (1)

Desde el 11-S, la invasión de Irak y las posteriores agresiones del imperialismo a los países de Oriente Medio y el norte de África, el islam está en el punto de mira, aunque el mirón suele colocar los prismáticos al revés de tal manera que son los imperialistas los que se consideran atacados, lo mismo que los capitalistas se consideran explotados por sus obreros.

El punto de vista del imperialismo hunde sus raíces en la experiencia propia de la Europa del siglo XVII, las llamadas guerras “de religión” y la paz de Westfalia que dieron identidad religiosa a los Estados absolutistas en base al principio “cuius regio eius religio”. La religión es parte de la dominación, la impone el Estado y es única; al que no le guste que se vaya. Como consecuencia de ello se dice sin sonrojo que Europa es cristiana, España es católica y barbaridades parecidas.

A ese punto de vista se le añade la soberbia derivada del Siglo de las Luces que impuso el relativismo en todos los terrenos ideológicos e incluso, entre las corrientes más progresistas, el laicismo, el agnosticismo y ciertas formas de ateísmo que miran por encima del hombro a los creyentes como personas atrasadas e incultas. Si además alguien es muy creyente, es porque es muy fanático, es decir, mucho más atrasado y, por lo tanto, mucho más despreciable aún.

La mayor parte de los ateos considera que todas las religiones son iguales, o sea, igualmente despreciables. En el caso de los revolucionarios, ese desprecio por la religión se fundamenta también sobre la base de la connivencia de las religiones dominantes con el Estado, con las clases dominantes que, en el caso de las potencias centrales, son cristianas. Cuando pensamos en la religión, en cualquiera de ellas, tenemos al cristianismo como prototipo, es decir, una religión asociada a una dominación económica y política.

Por ejemplo, el Imperio español no sólo impuso la uniformidad religiosa expulsando a los judíos y los musulmanes sino que su colonización latinoamericana estuvo acompañada de la imposición de la religión católica. La espada colgaba de la sotana. Es exactamente lo que el imperialismo pretende hacer hoy en Oriente Medio.

En Europa occidental medimos todos los fenómenos históricos siguiendo nuestra propia experiencia y todo lo juzgamos con ese criterio, que sólo concierne a esta parte del Viejo Continente y a los países herederos de su influencia. En la otra parte de Europa, la oriental, comprendido el Imperio otomano y el Imperio zarista, no existieron las guerras de religión, lo que ofrece una perspectiva diferente de las religiones.

Muchos de los judíos expulsados de España fueron acogidos bajo el Imperio otomano de manera que, en ciudades como Salónica, el castellano fue el idioma dominante hasta 1945. La Carta de Gülhan, aprobada por el sultán Abdul Medjid I en 1839, proclamó la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos del Imperio, sin distinción de religión.

Bajo el Imperio zarista tampoco había una uniformidad confesional, como en España. Sin embargo, a diferencia del Otomano, en el siglo XIX el Imperio ruso estaba en una fase de expansión colonial, que se llevó a cabo en nombre de la Iglesia ortodoxa y en detrimento de otras, como el islam o el budismo. Fue un intento de asimilación política, nacional, cultural, lingüística y religiosa. El Imperio ruso no conoció las guerras religión del oeste de Europa porque una prevaleció sobre las demás y las fue sometiendo implacablemente.

La evolución histórica del islam estuvo, pues, ligada primero al colonialismo y luego al imperialismo y Rusia siempre fue un ejemplo de ambas cosas. El islam era la religión de los colonizados, una condición ligada al atraso histórico, económico, social y cultural.

Ese atraso es relativo; hay que entenderlo en relación con el adelanto, de tal manera que tras la Revolución burguesa de Febrero de 1917 en Rusia las mujeres pudieron votar, algo que en España aún no se conocía.

Se pueden apuntar otros datos para ilustrar esa situación. Por ejemplo, el 1 de mayo de 1917 se celebró en Moscú el Primer Congreso Pan-ruso de musulmanes, en el que los delegados aprobaron la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, algo que en aquella época era poco común, tanto si eran musulmanes como no.

En 1917 en Rusia había unos 16 millones de musulmanes, un 10 por ciento de la población total que, en su mayor parte, habitaban en la periferia, constituyendo sociedades feudales que poco tenían que ver con los musulmanes que en Moscú aprobaban unas resoluciones impecables que eran otros tantos brindis al sol.

Tras la Revolución de Octubre, fueron los bolcheviques quienes se preocuparon de que aquellas resoluciones -que parecían un sueño lejano- se hicieran realidad de forma inmediata. Para ello introdujeron una discriminación positiva entre las religiones, separando a la Iglesia ortodoxa, que había estado vinculada al zarismo, de todas las demás: judíos, musulmanes, católicos, budistas, protestantes…

En Rusia la Iglesia ortodoxa no era sólo una religión sino un poder económico y político, uno de los mayores terratenientes. En octubre de 1917 se produjo una “revolución” en el sentido más literal de la palabra, es decir, se le dio la vuelta a una situación previa. Es justo lo contrario de la Constitución fascista de 1978, que discrimina las religiones para privilegiar a la dominante.

En la URSS, pues, no hubo una política religiosa sino dos políticas opuestas. No se toleró una lucha de religiones, otra más, como en el siglo XVII, ni tampoco una lucha contra las religiones, en general, sino una lucha victoriosa por quebrar el poder de un Estado, y en la medida en que la Iglesia ortodoxa formaba parte del mismo, fue pulverizada: perdió sus tierras y perdió sus privilegios.

Cien años después de la Revolución de Octubre, a eso la burguesía le sigue llamando represión, prohibición, persecución… La realidad fue bien diferente. Sobre todo para las minorías religiosas. A partir de 1917 en Rusia se acabaron los “pogromos”, es decir, las matanzas y linchamientos colectivos de las minorías, por poner un ejemplo, que bajo el zarismo eran habituales.

La Revolución de Octubre inauguró la época de mayor esplendor de la libertad que la humanidad ha conocido jamás y en el terreno religioso no fue una excepción. Si a fecha de hoy la burguesía sigue sin entenderlo es porque la historia le aleja inexorablemente de los principios que ella misma proclamó en 1800.

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Estrategia

Estados Unidos construyó una base militar secreta bajo el hielo de Groenlandia

En 1959 el cuerpo de ingenieros de Estados Unidos construyó una base militar subterránea en Groenlandia. La obra se encubrió con el pretexto de investigar la viabilidad de trabajar bajo hielo. En realidad, Estados Unidos estuvo trabajando de 1960 a 1966 en el Proyecto Iceworm para construir una red de misiles nucleares móviles bajo hielo, que le permitiera atacar a la URSS.

La base que Estados Unidos construyó bajo hielo se conoce hoy en día como Camp Century. Tiene 8 metros de profundidad y recorre 1,6 kilómetros. En ella vivieron cerca de 200 soldados. En ella Estados Unidos almacenó toda clase de elementos biológicos, químicos y radioactivos. Al interrumpir el proyecto, dejaron abandonados los residuos tóxicos.

En la Guerra Fría, Groenlandia se convirtió en un punto estratégico para Estados Unidos, pues era el camino más corto para que los bombarderos y los misiles alcanzaran la URSS.

El Proyecto Iceworm pretendía almacenar 600 misiles balísticos intercontinentales, que eran transportados por un sistema de rieles y túneles bajo la capa de hielo.

Para ocultarlo, el Pentágono engañó a todo el mundo hablando del proyecto Camp Century, que planeaba la construcción de una supuesta ciudad bajo el hielo en la que científicos, ingenieros y militares trabajarían juntos. Ni siquiera al gobierno de Dinamarca, bajo cuya soberanía está Groenlandia, le informaron de los verdaderos planes del Pentágono.

Excavaron 21 túneles de tres kilómetros de largo bajo la capa de hielo. Allí se construyeron laboratorios, una biblioteca, una iglesia, un café, salas de descanso, lavanderías y cuarteles. Gracias al reactor nuclear móvil Alco PM-2A, el primero en su tipo, el campamento contaba con energía, sistemas de filtrado de agua y calefacción para las 200 personas que allí vivían.

El Pentágono convirtió a Camp Century en parte de su propaganda acerca de la superioridad tecnológica de Estados Unidos. Pero fue un fracaso rotundo, tanto científico como militar, sobre todo teniendo en cuenta los millones de dólares invertidos. Los soldados debían retirar más de 120 toneladas de nieve y hielo para evitar que las paredes y el techo de la construcción se vinieran abajo.

En 1962 la estación de energía atómica se vio amenazada por la caída del techo y en 1964 por la deformación de los túneles, por lo que ese año fue desmontada. La estación trabajó un año más con generadores diésel, pero en 1965 fue totalmente evacuada.

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Noticias

La masacre de los fascistas ucranianos en Lvov en 1941

El salvaje ataque del III Reich contra la URSS fue una operación militar meditada a la que los nazis llamaron “Operación Barbarroja” porque no tenían costumbre de dejar nada a la improvisación.

Del ataque se conocen, sobre todo, las batallas en el frente, pero se habla poco de la retaguardia, de lo que ocurrió con las poblaciones que quedaron en manos de los nazis, no sólo de los que fueron masacrados, golpeados, violados y detenidos, sino de los cómplices.

Imputar los numerosos crímenes de la Segunda Guerra Mundial a los nazis ha exonerado de cualquier clase de responsabilidad a otras poblaciones, como los ucranianos occidentales, y otras organizaciones, como la OUN-UPA, el movimiento “nacionalista” ucraniano que ahora venera el gobierno de Kiev.

Pero no sólo ellos. La foto de Bush estrechando la mano de uno de los criminales de la OUN muestra la continuidad de la historia, dónde están las raíces de cada cual. Ahora lo llaman “memoria histórica”. Los imperialistas tienen claras sus raíces, pero no estamos seguros de que los antimperialistas conozcan las suyas.

¿Realmente sabemos a quiénes nos enfrentamos?, ¿quiénes son nuestros enemigos?, ¿qué son capaces de hacer?, ¿qué podemos esperar de ellos?, ¿cuál es su naturaleza de clase?, ¿qué debemos hacer para derrotarlos?, ¿de quiénes debemos aprender?

Mientras meditamos sobre estas preguntas, echemos un vistazo a estas fotos… antes de desayunar porque pueden revolver las tripas de los lectores.

Bush estrecha la mano de Yaroslav Stetsko, criminal de guerra ucraniano de la OUN
Más fotos:
http://oun-b.livejournal.com/tag/%D0%A3%D1%87%D0%B0%D1%81%D1%82%D0%B8%D0%B5%20%D0%9E%D0%A3%D0%9D%20%D0%B2%20%D1%85%D0%BE%D0%BB%D0%BE%D0%BA%D0%BE%D1%81%D1%82%D0%B5

http://oun-b.livejournal.com/14552.html
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Noticias

El desmantelamiento de la educación soviética en la Rusia actual

El sociólogo y periodista Stanislav Chinkov publica (*) una interesante reflexión sobre el desmantelamiento del sistema educativo soviético a partir de 1990 y la emergencia de una “nueva” ideología, adaptada a las necesidades del capitalismo ruso.

Cuando alguien pretende analizar la ideología dominante, escribe Chinkov, debe comenzar por la enseñanza. En tiempos de la Perestroika (1985-1990) lo primero que cambió fue el sistema educativo. Gorbachov inició una “reforma educativa” con el pretexto de que la heredada de los tiempos soviéticos estaba “ideologizada”.

Los máximos responsables de propaganda del PCUS comenzaron a sostener que el sistema educativo soviético se había quedado anticuado y que la educación debía limitarse a impartir conocimientos científicos.

Cuando una sociedad se organiza para satisfacer necesidades colectivas, necesita una determinada ideología; por el contrario, cuando su objetivo es obtener el máximo lucro, como en la actualidad, la ideología es bien diferente, afirma Chinkov.

Lo mismo que otras repúblicas ex-soviéticas, en 1990 Rusia llega al capitalismo con una determinada correlación de fuerzas internacionales y un reparto de los mercados mundiales, por lo que sectores completos de la producción se liquidan para concentrarse en la exportación de materias primas.

El desmantelamiento de la enseñanza soviética no se impuso con rapidez y, en muchos aspectos, aún subsiste. Se trataba de una educación de masas y, al mismo tiempo, de calidad cuya erradicación era costosa y Rusia padecía una escasez de recursos o, por decirlo de otra manera, Rusia tenía dinero, pero no se lo podía gastar en educación. Aparecieron otras prioridades.

Por falta de presupuesto, durante muchos años se conservaron los viejos programas y los viejos manuales de la época soviética, hasta que llegaron los mecenas occidentales, como Soros, para que los libros soviéticos ardieran en la hoguera y se introdujeran otro tipo de materiales didácticos, “modernos” y “occidentales”. Lo llamaron “renovación de la enseñanza humanista en Rusia” y uno de sus primeros objetivos fue estimular la espiritualidad, el nacionalismo eslavo, así como ese positivismo estúpido que impera en las universidades occidentales.

Para hacerse una idea de la campaña de idiotización, en unas declaraciones públicas el alcalde de Kazan dijo que estaba escandalizado porque en las escuelas rusas aún se siguiera enseñando la teoría de la evolución, como  en los tiempos soviéticos, cuando los estudiantes deberían leer el Génesis, o el alcalde Kaliningrado, para quien un coche arde porque dios así lo ha querido, como consecuencia de los pecados cometidos por su propietario.

Ahora el Estado financia las fiestas religiosas y los políticos van a la iglesia para que los ciudadanos hagan lo propio, lo cual ha sido un rotundo fracaso: sólo el 3 por ciento acude a la iglesias durante las fiestas religiosas.

Pero el Estado se empeña en imponer el oscurantismo en el terreno de la educación y la ciencia. Recientemente en la cadena “científica” 2.0, una emisión hablaba de las singulares propiedades de las velas eclesiásticas. Descubrieron que la cera, el material con el que se fabrican las velas, es un aislante dieléctrico y que los curas lo hacen con la composición exacta. Cuando la cera se ablanda se produce un “electreto” que crea un campo eléctrico gélido. Tras la combustión se desprenden electrones, por lo que los creyentes comprueban entonces el bienestar y la bondad, porque se trata de un proceso terapéutico.

En una sociedad acostumbrada a la divulgación científica, la emisión causó un enorme escándalo, y la dirección de la cadena tuvo que disculparse: la emisión de había producido “por accidente”.

Otro “accidente” lo causó Rusatom, la agencia rusa de energía atómica, con el título “El programa nuclear de la URSS”, uno de cuyos capítulos se titulaba “Serafín El Bienhechor y el arma nuclear” y decía que si Serafín, el nombre de un ángel del paraíso, no hubiera permitido la fabricación de la bomba atómica, jamás se hubiera fabricado.

Son las consecuencias de la “desideologización” y el renacimiento de la espiritualidad para que los rusos vuelvan a caer en las zarpas de los obispos ortodoxos. En palabras del antiguo ministro Furcenko, el objetivo de la reforma educativa es crear “consumidores competentes”, para lo cual hay que simplificar el programa, evitar la creatividad e impedir que las personas puedan desempañar tareas distintas. Cada persona debe cumplir una función bien definida y no pretender ir más allá.

En el terreno social, el viceprimer ministro Chuvalov preguntó lo siguiente: “¿Estamos dispuestos a cerrar bruscamente, brutalmente, como se ha hecho en ciertos países de la CEI, centros de salud, dispensarios, hospitales de distrito en los rincones más remotos del país?, ¿estamos dispuestos a cerrar totalmente las escuelas? Seguro que no. Ni el presidente, ni la Duma lo permitirán porque la gente no está dispuesta a eso. Pero resultaría eficaz desde el punto de vista económico, desde el punto de vista del buen sentido”.

¿A qué llama “buen sentido” el viceprimer ministro? Es evidente que a la política económica de recortes que implementa el gobierno.

Ahora en las escuelas rusas hay materias que se imparten gratuitamente y otras que son de pago. Es un primer paso para que la gente se vaya acostumbrando a pagar por lo que antes era completamente gratuito y también para que se acostumbren a la discriminación, a que unos tienen más prestaciones que otros. Al final todo acabará siendo “de calidad”, es decir, de pago y el que no pueda pagarlo se quedará sin nada.

Habrá un horario reducido de materias tales como física, química o literatura, al tiempo que aumentará el número de horas dedicadas a la gimnasia o a esa nueva asignatura que llaman “patriotismo” desde hace un tiempo. En algunos centros experimentales ya sólo hay un horario reducido para materias como matemáticas o ruso.

El gobierno ruso está empeñado en reducir la calidad de la enseñanza. En 1990 la clasificación de la UNESCO ponía a la URSS en el tercer puesto de países por su nivel educativo; en 2012 ya ha descendido hasta el puesto 35 y sigue cuesta abajo porque aún no ha tocado fondo.

La educación ya no se mide por su calidad intrínseca sino por la productividad del docente. Es eficaz aquel que puede impartir varias materias diferentes al mismo tiempo en aulas sobrecargadas (cuantos más alumnos mejor), a fin de suprimir aquellos institutos que son “ineficaces”, lo cual ha empezado por las regiones rurales, donde se ha reducido el número de docentes y de cursos, obligando a impartir varias clases simultáneamente.

Rusia está cerrando escuelas masivamente mientras abre iglesias también de forma masiva. Como consecuencia del “renacimiento de la espiritualidad” en 15 años se han abierto más de 20.000 iglesias ortodoxas y se han cerrado 23.000 centros escolares.

En las escuelas pretende introducir abiertamente la religión, a pesar de la prohibición expresa de la ley. Se han creado cursos llamados de “cultura ortodoxa” que, como muestran los vídeos, no son otra cosa que propaganda religiosa dirigida por el sacerdote Kuraev.

Pero como Rusia es un país multinacional y multireligioso se ha producido un hecho significativo al permitir que los alumnos pudieran optar: la mayoría no tomó la decisión que el gobierno esperaba, por lo que los problemas se acumularon y al final eliminaron la posibilidad de elegir.

La jerarquía ortodoxa actúa como un grupo de presión para imponer la propaganda religiosa en las escuelas, sin ningún tipo de posibilidad de elegir algo diferente. Por lo demás, la religión se está imponiendo en otro tipo de disciplinas como literatura, historia o educación para la ciudadanía. Un ejemplo es el manual de educación para la ciudadanía de Gurevich aprobado en 2014, donde se puede leer lo siguiente:

“Nosotros somos mortales. Pero la historia conoce excepciones a esa regla. La fecha de la muerte de Cristo se borró por el milagro de la Resurrección. Esta vida extraordinaria se sale de los límites impuestos al hombre, refutando a lo que estamos acostumbrados a considerar como una de las leyes más indiscutibles de la naturaleza”.

Gurevich es el mismo cretino que en la época soviética redactaba los manuales contra la religión y el oscurantismo. Es un tipo de persona de los que aún se conservan varios en la Rusia actual, sumisos con la autoridad como perritos falderos de quien tenga la sartén por el mango, “comunistas” que en 1990 hicieron su propia perestroika, primero como apóstoles de los soviets, luego del neoliberalismo, después de la religión y finalmente de lo que venga por delante. Son capaces de redactar manuales de esto y de lo otro, varios al mismo tiempo, diciendo una cosa y luego la contraria, verdaderos camaleones de la “pedagogía”.

En sus incendiarias “Pequeñas historias de una cotilla del Kremlin” la periodista Elena Tregubova afirma que los funcionarios rusos han acabado por considerar que la “idea nacional” de la que tanto se hablaba en los tiempos de Yeltsin era el capitalismo “popular” y la “igualdad de oportunidades”.

Ahora esos mismos funcionarios hablan de “patriotismo”, un tipo de propaganda que ya circula pero de la que ahora se pretende extraer toda su fuerza gracias a la popularidad creciente de Putin, convertido en verdadero icono de los patriotas.

La recomendación es que la enseñanza de la historia se sustente en las Sagradas Escrituras, en la Revelación, en el amor a la patria y a su lengua. La historia es la ejecución de la voluntad de dios para el mundo y la humanidad. Según los manuales, la creación, la expulsión del paraíso y la resurrección de Jesucristo son los hechos fundadores de la historia y la vida de Jesucristo fue un viraje en la historia de la humanidad.

De las Sagradas Escrituras, los manuales pasan al patriotismo, según el cual Dios creó las naciones por separado para el desempeño de objetivos que son propios de cada una de ellas. Además de la enseñanza de la lengua materna, la única manera de que los rusos se amen los unos a los otros es la enseñanza patriótica de la historia nacional.

Por eso, se ha erradicado de la historia de Rusia el socialismo y la URSS, reconvertido en un periodo totalitario, estigmatizado como misántropo, enemigo de la humanidad y del que sólo se rescatan la carrera espacial y la Gran Guerra Patriótica, realizaciones que fueron posibles “a pesar del comunismo” y no gracias a él.

Por el contrario, el zar Alejandro II fue un “libertador” y Nicolás II un “mártir”. La etapa de la vieja Rusia imperial fue una época dorada en la que la población vivía felizmente, hasta que llegaron los bolcheviques, causando una revolución sanguinaria.

Naturalmente que en Rusia son muchos los que se oponen a este tipo de relatos fantásticos. Pero los científicos son allá tan simplones como acá y dicen que el problema es siempre la falta de medios y de presupuestos, como si el dinero y la contabilidad no tuvieran nada que ver con la política, con el Estado y con el poder.

El núcleo de la cuestión, según Chinkov, es que se ha desmantelado la organización científica de la sociedad, lo cual es lógico si quiere “optimizarla”. Se ha eliminado la organización científica del trabajo, la del ocio e incluso la de las enfermedades graves. Hoy la ciencia se organiza en torno al interés estricto de un determinado grupo, que es la clase dirigente, cuyo objetivo principal es el beneficio puro y simple. Del mismo modo, el interés de los científicos también es el beneficio.

En la Rusia actual, incluso cuando se produce un progreso real para la humanidad, no se pone al alcance de todos sino de los que más dinero tienen. Cuando se mantienen las relaciones mercantiles y la ciencia depende de una financiación que privilegia proyectos rentables, es muy poco probable que la sociedad apoye a la Academia de Ciencias de Rusia o a cualquier otra institución parecida. Es necesario que la ciencia no sea dirigida por el beneficio sino por las necesidades de la sociedad, concluye Chinkov.

(*) http://rabkor.ru/columns/debates/2016/06/09/ideology-and-education/
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Guerra psicológica

Ucrania no se liberó de los nazis en 1945

En la lucha de clases hay que hilar muy fino; las palabras no son inocentes sino auténticas cargas de profundidad que penetran hasta lo más íntimo del cerebelo de quienes las escuchan.

Además, el habla no siempre es espontánea, como creen los lingüistas, sino que se impone. Alguien lo impone y alguien impone determinadas palabras y expresiones. “El lenguaje forma parte del Imperio”, dijo Nebrija cuando en 1492 escribió la primera gramática del castellano y por eso en gran parte de América siguen hablando castellano.

Del mismo modo, dentro de poco el mundo hablará en fascista, que es el Imperio de hoy. Así se explica que tras el golpe de Estado de la Plaza Maidan en 2014, el Comité Público ucraniano de Radio y la Televisión “recomendara” no utilizar la palabra “liberación” para hablar del fin de la ocupación nazi de su país en 1945.

La “recomendación” fue enviada a todas las cadenas de radio y televisión sobre los 70 años de la liberación del territorio ucraniano por el Ejército Rojo.

Los nazis tampoco son considerados ya como los “invasores” de Ucrania al comienzo de la apertura del frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial.

El golpe de Estado de Kiev también debía cambiar la historia y los diccionarios con los que la misma se escribe.

La liberación de Ucrania, la única, no se produjo en 1945 sino el 24 de agosto de 1991, cuando la Unión Soviética se colapsó. Por lo tanto, los enemigos de los ucranianos no fueron los nazis sino los soviéticos.A partir de ahí, la historia se (des)coloca otra vez de una determinada manera, como las piezas del Tetris. El Comité Público advierte a los medios que cuando hablen del asunto no se deben olvidar de mencionar a las organizaciones fascistas (o sea, “nacionalistas”) OUN y UPA porque también participaron en las “hostilidades” (o sea, en la Segunda Guerra Mundial).La liberación, pues, fue consecuencia de una lucha “común” anti-hitleriana de los “movimientos de liberación”, entre los que el Ejército Rojo no tiene cabida.

La UPA es el Ejército Insurreccional Ucraniano que, a pesar de su nombre, no tiene nada de ucraniano, ya que lo crearon los nazis inmediatamente después de la ocupación de Polonia en 1939.

Como nazis que eran, durante la guerra la UPA cometió toda clase de crímenes en Ucrania y Bielorrusia, integrando la división “Galitchina” de las SS.

Este tipo de “nacionalistas” resultan siempre tan patrióticos que se venden al mejor postor: tras la derrota en la batalla de Stalingrado, la división “Galitchina” se puso al servicio de los estadounidenses, hasta 1953.

Como no espabilemos, dentro de poco todos acabaremos hablando en fascista.

—http://timer.od.ua/news/smi_prosyat_otkazat_sya_ot_termina_281.html

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Memoria Histórica Noticias

La ‘deportación’ de los tártaros de la Unión Soviética

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, los tártaros que vivían en Crimea fueron trasladados por el gobierno soviético a Asia central de forma masiva.La sucia propaganda imperialista califica el traslado como una “deportación”, es decir, como un castigo colectivo y habla de los sufrimientos causados a la población, pero no dice nada acerca de los motivos del mismo, salvo las rituales menciones a la brutalidad de Stalin (¡siempre Stalin!) que son de mención obligatoria y ya aburren.

Los tártaros son los antiguos turcos o turcomanos, una población de origen asiático, que antiguamente ocupaba todas las riveras del Mar Negro. Aunque Turquía no se decidió a participar en la Segunda Guerra Mundial, mantuvo relaciones muy estrechas con el III Reich, por varios motivos, entre ellos la afinidad ideológica entre el pangermanismo y el panturquismo, que pretendían la expansión de la República de Turquía más allá de sus fronteras hacia las poblaciones que tenían el mismo origen étnico.

El III Reich logró penetrar entre la población tártara, una parte de la cual se convirtió en autora y cómplice de las grandes matanzas cometidas por los nazis en Crimea. Una vez que los nazis se retiraron, el resto de la población se aprestó a la venganza y empezaron a producirse importantes represalias contra los tártaros.

Si no llegan a ser traslados, muchos de ellos hubieran perecido a manos de los antifascistas. Aunque fueron varias las poblaciones que colaboraron con los nazis en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético sólo ordenó el traslado de las más pequeñas, como los tártaros, dejando que las más grandes, como los ucranianos del oeste, siguieran en sus lugares de origen, lo cual explica la historia reciente de Ucrania y el resurgimiento allá del nazismo.

El traslado fue muy duro para los tártaros, e incluso se puede calificar de “inhumano”. Algunos murieron durante el mismo, pero entonces la URSS aún estaba en medio de la guerra y la destrucción. Toda la población soviética vivía en condiciones inhumanas.

El blog de Pavel Shipilin (1) comenta que el gobierno soviético era internacionalista y no podía admitir, bajo ninguna excusa, los enfrentamientos de unos pueblos contra otros, como había ocurrido durante el zarismo.

Para proteger a los pueblos autóctonos, como los tártaros o los ucranianos del oeste, los crímenes de guerra cometidos por ellos fueron imputados de manera sistemática a los nazis o a las SS, mientras que los documentos sobre su complicidad se archivaron bajo secreto militar, donde permanecieron siempre.

Los papeles pueden callar, pero las personas no, y a los habitantes de Crimea y Polonia jamás se les olvidó quiénes fueron los que llevaron a cabo las matanzas durante la guerra mundial. Aunque la frontera entre Polonia y Ucrania se podía volver a dibujar sobre un mapa, la de Crimea no existe desde los tiempos de la guerra entre Rusia y Turquía a mediados del siglo XIX, es decir, 100 años antes.

En 1939 apenas el 20 de la población de Crimea eran tártaros. Al comienzo de la guerra, los tártaros fueron llamados a filas para cumplir el servicio militar, como las demás poblaciones soviéticas, produciéndose deserciones masivas, casi en su totalidad. Cuando Crimea fue ocupada, los tártaros no tuvieron ningún escrúpulo en alistarse, tanto en la Wehrmacht como en la Waffen SS.

Shipilin documenta el artículo de su blog con enlaces externos y fotografías de los tártaros que sirvieron en las filas nazis (2). Tras la guerra el mariscal de campo nazi Von Manstein escribió que cuando Crimea fue ocupada por los nazis, el resto de la población formó una poderoso movimiento guerrillero, uno de cuyos objetivos militares, además de los nazis, fueron los colaboracionistas tártaros que, a su vez, formaron contraguerrillas para defender la ocupación nazi.

Uno de los crímenes de guerra cometidos por los tártaros nazis fue la destrucción de la ciudad de Laki, cuyo  origen histórico se remontaba al siglo VI y que desde entonces ni siquiera está ya en los mapas porque fue absolutamente incendiada y arrasada junto con toda su población (3).

Tras la guerra se descubrieron las cenizas de la ciudad y junto a ellas, una gran fosa común con restos de cadáveres carbonizados, que aún tenían un agujero de bala en la nuca.

Se pueden poner más ejemplos de ciudades destruidas, viviendas incendiadas, cadáveres descuartizados, torturados, quemados y asesinados, incluidos niños y ancianos. Pero, ¿para qué? Lo que debe preocuparnos es el terror… stalinista, que es de lo que nos habla la canción que ha ganado Eurovisión.

A pesar del horror de los crímenes tártaros, al final de la guerra el gobierno soviético se preocupó de protegerlos enviándolos a Asia central. Los tártaros que combatieron en el Ejército Rojo fueron condecorados, como cualquier otro combatiente antifascista de cualquier otro pueblo. Pero como tártaros, los héroes de guerra también fueron deportados a Asia central.

Hay algo que la burguesía no entiende: la igualdad. Tras la anexión de Crimea, en 20014 Putin aprobó un decreto por el cual “rehabilitaba” a los tártaros de Crimea para echar tierra encima y cicatrizar viejas heridas. Tuvo que ser duro para los hijos y nietos de los antifascistas masacrados en la guerra.

La vida es así de dura, y la muerte mucho más. En Asia central coincidieron todos los deportados tártaros; los héroes tuvieron que convivir con los criminales de guerra durante muchos años. Eso también tuvo que ser realmente duro.

(1) http://pavel-shipilin.livejournal.com/571128.html
(2) http://www.stena.ee/blog/kak-krymskie-tatary-sluzhili-fashistam
(3) http://palom.info/?page_id=1109

Los oficiales nazis pasan revista a sus tropas tártaras de Crimea