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El Punto 10 de los acuerdos de Minsk-2

Según el Punto 10 de los nuevos acuerdos de Minsk recientemente firmados, las partes se comprometen a retirar del frente las fuerzas extranjeras y el armamento pesado. Este acuerdo plantea dos problemas. El primero es la supuesta presencia de tropas rusas combatiendo justo a las milicias de Lugansk y Donetsk, que el gobierno de Kiev estima en 10.500 efectivos. El segundo es el anuncio de Estados Unidos del envío de una batallón de 600 instructores de la 173 Brigada Aerotransportada del ejército americano para entrenar a las fuerzas armadas ucranianas.

No cabe duda de que este punto se va a convertir en la manzana de la discordia, a la vista de la persistente propaganda, tanto del gobierno de Kiev como de sus amos en Washington. Durante una conferencia de prensa a Poroshenko se le vio blandiendo en público, tanto pasaportes rusos capturados en el frente, como fotografías que “demostraban” que el gobierno de Ucrania lo que combate es un extraño “expansionismo ruso” al que le debe su existencia como país.

Por lo demás, es casi aburrido insistir en que tanto los pasaportes como las fotos eran falsos, que la OSCE ha reconocido que no hay tropas regulares rusas combatiendo en el Donbás y que el jefe de Estado Mayor ucraniano Viktor Muzenko también lo ha confesado así, lo cual confirma que en esta guerra quien cuenta la verdad es Rusia y quienes mienten son los de siempre y, por consiguiente, las sanciones económicas contra Rusia se fundamentan en una farsa de Estados Unidos y la Unión Europea.

La pregunta es de cajón: si los rusos no tienen tropas en el frente del Donbás, ¿qué es lo que están obligados a retirar? Un asunto apasionante, sin duda.

Pasemos al segundo aspecto de la cuestión, que es peliagudo por una razón obvia: porque el anunció del envío de tropas de Estados Unidos a Ucrania se producía justamente en el momento en el que se firmaban los acuerdos. Desde entonces una serie de dudas nos recorren la cabeza. Las compartimos con Ustedes.

Se nos ocurre que la Casa Blanca estaba al corriente de los térmnos del acuerdo, a pesar de lo cual mantiene su decisión de enviar las tropas como un órdago a la mayor. Para ello puede argumentar que el 173 Batallón Aerotransportado no es una unidad de combate sino de entrenamiento. También puede decir que tiene un acuerdo con un Estado soberano, Ucrania, que así se lo ha pedido, con lo cual transmite la responsabilidad del asunto a uno de los firmantes que desde el principio se va saltar los acuerdos a la torera, o bien cabe otra posibilidad ridícula: que Ucrania pida a Estados Unidos que no necesita al Batallón porque tiene un acuerdo de paz, por lo que debe cancelar su envío. En caso contrario, la presencia de tropas americanas en Ucrania habilita a los rusos para que hagan lo mismo: enviar otro batallón de instructores a las Repúblicas Populares de Donets y Lugansk, cuya existencia consagran los acuerdos como verdaderas autoridades políticas locales con derecho a disponer de milicias armadas.

Supongamos ahora lo contrario, por absurdo que parezca: la Casa Blanca no conocía los términos del acuerdo y se atuvo a compromisos previos de envío de tropas a Ucrania. Sin embargo, el gobierno de Kiev no ha rectificado para decirles a los gringos que ya no las necesita porque ha llegado a un acuerdo.

El caso es que tanto Ucrania como Estados Unidos se han metido en un atolladero y van a tener que elegir entre los acuerdos o las tropas, aunque lo más probable es todo no sea más que otra provocación más del imperialismo y pretendan hacer valer dos cosas incompatibles, los acuerdos y la burla, que es lo más probable.

Conociendo a Victoria Nuland, que es quien mueve los hilos de la guerra en Washington, desde aquí apostamos por la última hipótesis, por lo que sólo nos quieda ver la cara que ponen Merkel y Hollande cuando se enteren de la última jugarreta. ¿No son ellos los garantes de los acuerdos firmados?

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Los fascistas ucranianos rechazan los nuevos acuerdos de Minsk

Dmytro Iaroch
En su perfil de Facebook el máximo dirigente de Pravy Sektor, Dmytro Iaroch, ha escrito que su organización rechaza los acuerdos «de paz» firmados el jueves en Minsk y amanzó con que sus unidades paramilitares en el este de Ucrania continuarán los combates «según sus propios planes».
En su declaración el fascista Iaroch afirma que todo acuerdo con las milicias de Novorrosia, a las que califica como «terroristas», no tiene fuerza de ley, contradice la constitución ucraniana y, por consiguiente, los ucranianos no están obligados a cumplirlos.
Si el ejército recibe la orden de cesar la actividad armada y retirar las armas pesadas de las regiones orientales, los paramilitares de Pravy Sektor «se reservan el derecho de continuar la guerra», asegura Iaroch.
La organización paramilitar de Pravy Sektor, añade este nazi ucraniano, continúa desplegando sus efectivos y reservando unidades para formar y sostener logísticamente al personal, corrdinando sus actividades con el mando militar el ejército ucraniano, las unidades paramilitares del Ministerio de Defesa y del Ministerio del Interior.
Rechazando en redondo la iniciativa alemana y francesa, el fascista Iaroch declara que el presidente Poroshenko debería acudir a Estados Unidos o a Inglaterra «que llevan una política anti-Kremlin».
A petición de la policía rusa, Dmytro Iaroch tiene una orden internacional de busca y captura de Interpol desde julio del pasado año.
La organización fascista Pravy Sektor que dirige es una coalición que se formó tras las movilizaciones del año pasado en Kiev.
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Sobre los nuevos acuerdos ‘de paz’ firmados en Minsk

Los nuevos acuerdos “de paz” firmados en Minsk, la capital de Bielorrusia, han dado lugar a una ola de pesimismo en ciertos medios, decepcionados por lo que consideran poco menos que como un “abandono” por parte de Putin de los combatientes del Donbás, que sería el segundo tras los anteriores firmados en setiembre.

Los acuerdos también supondrían un balón de oxígeno al gobierno fascista de Kiev, cuando estaba a punto de demoronarse ante el avance de las milicias, que pueden perder en los despachos lo que han ganado en el campo de batalla a costa de tantos sufrimientos.

Francamente, ese punto de vista se cae por su propio peso porque nadie cree, ni siquiera quienes los critican, que dichos acuerdos, lo mismo que los firmados en setiembre, se cumplan. Entonces, ¿dónde está el problema?

El problema es que ese punto de vista pone de manifiesto un error de enfoque, propagado por los medios anglosajones o reactivo frente a ellos. No tienen en cuenta otras fuentes de información de otros países, que expresan el punto de vista de sus burguesías respectivas. Los árboles no dejan ver el bosque. Los medios anglosajones han puesto la guerra de Ucrania bajo el microscopio y descuidan los aspectos fundamentales de la misma, a saber, que no es otra cosa que un capítulo de la guerra imperialista en ciernes.

Los pesimistas no tienen en cuenta que la botella está medio llena: en las conversaciones de Minsk había un gran ausente, Estados Unidos, lo cual debería hacernos reflexionar, porque hay pocos asuntos mundiales en los que no se haya admitido la participación de Estados Unidos, sobre todo si Rusia está por medio.

En un debate en la cadena de televisión alemana ARD, el embajador de Estados Unidos Kornblum, general de la OTAN, por cierto, dijo en referencia a Ucrania: “Nada se puede solucionar sin la intervención de Estados Unidos”. Le responde el presidente del Parlamento Europeo, el alemán Schulz, de la siguiente manera: “Quiero insistir en el hecho de que Estados Unidos no son vecinos de Rusia y esta guerra no tiene lugar a las puertas de Estados Unidos. Quiero insistir en el hecho de que es un problema europeo y creo que Estados Unidos se debería mantener a una distancia respetuosa”.

En la guerra de Ucrania no se tiene en cuenta la política de bloques que está dibujando con bastante claridad. Lo mismo que la mayor parte de los países del antiguo Telón de Acero, Ucrania es una cuña entre Rusia y Alemania que ha introducido Estados Unidos. Pues bien, los acuerdos “de paz” han sacado a Estados Unidos de la resolución de la guerra, si quiera de una manera formal.

El tratamiento de esta guerra está, además, lleno de eufemismos típicamente periodísticos, tales como “conflicto” u “hostilidades”, que eluden mirar los hechos de cara. Sin embargo, la incorporación de Ucrania y demás países del este de Europa a la OTAN no sólo está dirigida directamente contra Rusia sino que es una amenaza inmediata de guerra nuclear. Cuando hablo de guerra imperialista me refiero, pues, a ella, y no a ninguna clase de eufemismos. No puede haber lugar a equívocos. Son los términos que se están imponiendo en Europa. El 11 de febrero Johannes Stern, de WSWS.org, escribió una reflexión sobre un artículo publicado en Der Spiegel el 8 de febrero con un título que no requiere de mayores explicaciones: “Crisis OTAN-Rusia: vuelve el espectro de la guerra nuclear”.

Por la propia naturaleza de esta guerra, quien se opone a la entrada de Ucrania en la OTAN no es sólo Rusia sino también los países de Europa occidental, empezando por Alemania. En diciembre el representante de Ucrania ante la Unión Europea se puso a chillar histérico por unas declaraciones del ministro alemán de Asuntos Exteriores, Stenmaier, contra la entrada de Ucrania en la OTAN: “¡Nadie puede impedir a Ucrania entrar en la OTAN!”, gritó, a lo que el alemán le respondió con absoluta flema: Sí, Ustedes pueden pedir la entrada, e incluso la Alianza les puede invitar a hacerlo, pero cada uno de los 27 países miembros tenemos un derecho de veto para impedirlo.

La balanza ha empezado a desnivelarse a favor de Rusia, no solamente en Francia (Hollande, la izquierda, Sarkozy, la derecha) sino en toda Europa. Sin ir más lejos, esta misma semana el omnipresente Stenmaier hablaba de imponer sanciones… ¡a Ucrania!, lo que volvió a sacar de quicio al gobierno de Kiev, que llamó al embajador alemán para pedirle explicaciones.

Los acuerdos de Minsk no son más que una tregua en la marcha inexorable hacia la guerra, de la que nadie quiere ni oir hablar, ni siquiera todas esas “vanguardias” de medio pelo que tanto abundan, a pesar de que en Estados Unidos todos y cada uno de los medios político-militares influyentes no hablan de otra cosa.

La marcha inexorable hacia la guerra nuclear se concreta en la petición de armas por parte del gobierno de Kiev y en las presiones de Washington para que se envíen, para lo cual el Pentágono les ha dado prepuesto: 3.000 millones de dólares. Los acuerdos “de paz» que ha firmado el gobierno de Kiev impiden -de momento, sobre el papel- que ese arsenal llegue hasta el suelo europeo.

¿Por qué? Por lo que en tiempos de la guerra fría se llamaba “el desfase” y que hace unos días Paul McAdams, del Ron Paul Institute volvió a recordar: si hay guerra se volverán a carbonizar ciudades como Bruselas, Munich o París, pero no Los Ángeles o Washington. Dudas de este calibre hicieron que en los sesenta Francia abandonara la OTAN y pusiera en marcha sus propios planes nucleares. En caso de guerra nuclear, ¿arriesgaría Estados Unidos una ciudad como Chicago para salvar a otra como Hamburgo? La experiencia de las dos guerras mundial del pasado siglo suscita preguntas de este tipo: si hay una guerra nuclear, ¿quién paga los platos rotos y quién cobra el arreglo?

Por todos los rincones del mundo Estados Unidos se ha lanzado en pos de la guerra porque su experiencia histórica no puede ser más favorable. Para ellos la guerra es otro negocio más. Debe su supremacía mundial a dos guerras, ganó ingentes cantidades de dinero con ellas y ninguna se desenvolvió sobre sus calles.

Ante las cámaras de la televisión alemana el 8 de febrero el embajador Kornblum volvió a repetir la monserga sobre la presencia del ejército ruso en los combates del Donbás. El 13 de febrero el secretario general de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, Lamberto Zannier, le desmentía. Pero lo mejor fue la respuesta del general Kujat, antiguo presidente del Comité Militar de la OTAN, en sus mismas narices: “Si las fuerzas regulares rusas participaran en esta guerra [la de Ucrania], el asunto se acabría en 48 horas [… Si] cometemos la estupidez de entrar en esta guerra, no seríamos capaces de ganarla, perderíamos y eso sería catastrófico”.

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10 muertos por fuego de la artillería ucraniana

48 horas después de la aprobación del alto el fuego acordado en Minsk por los dirigentes de Ucrania, Rusia, Alemania y Francia, al menos 10 civiles, entre ellos tres niños, han muerto en las últimas veinticuatro horas por el fuego de la artillería ucraniana en el este del país.
Ayer, en la ciudad de Gorlovka, tres niños murieron al impactar un proyectil de artillería, según narró a la prensa local el número dos de las milicias de la República Popular de Donetsk, Eduard Basurin.
En total, cuatro personas murieron en Gorlovka y tres en la ciudad de Donetsk, la principal plaza de las milicias independentistas en el este de Ucrania, agregó Basurin.
Además, otras tres personas murieron anoche en Lugansk, capital de la región homónima fronteriza con Rusia, afirma un comunicado del Centro Informativo de Lugansk.
Según el plan acordado en Minsk, para poner fin al conflicto que se ha saldado con más de 6.000 muertos en el este de Ucrania, el alto el fuego entrará en vigor a las 00.00 horas (hora ucraniana) del 15 de febrero.
El acuerdo contempla la retirada del armamento pesado de la línea de confrontación, la creación de una amplia franja de seguridad y la liberación de prisioneros de ambas partes.
También incluye el restablecimiento del control de Kiev sobre la frontera ucraniano-rusa y el desarme y la salida del país de todos los grupos armados y extranjeros que se combaten en la zona de conflicto.
En su aspecto político, el plan consigna una reforma constitucional para descentralizar Ucrania, la celebración de elecciones locales en las zonas rebeldes bajo la supervisión de la OSCE y un estatus especial de autogobierno para ellas, que podrán decidir sobre el idioma que emplearán.
Queda pendiente que Kiev apruebe una amnistía para todos los participantes en el conflicto en las regiones de Donetsk y Lugansk.
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Antifascismo

Entrenamiento estadounidense para neonazis ucranianos

El apoyo de la CIA y la OTAN a los nazis en el este de Europa no es nada nuevo. Ya en tiempos de la guerra fría, el embajador estadounidense Lev Dobriansky tuvo como misión ayudar a los nazis ucranianos para que sabotearan la infraestructura soviética. Esta vez fue su hija, Paula Dobriansky, subsecretaria de Estado a cargo de la «democratización» de 2001 a 2009, quien preparó el golpe de Estado de Kiev, desde su posición de vicepresidenta de la National Endowment for Democracy.

Durante la primavera, Estados Unidos comenzará a entrenar y armar la Guardia Nacional ucraniana. El EuCom acaba de confirmarlo oficialmente y precisa que se trata de un programa que forma parte de los pasos del Departamento de Estado para ayudar Kiev a garantizar la «defensa interna» de Ucrania.

El financiamiento, ya aprobado por el Congreso de Estados Unidos, proviene de un fondo especial creado en conjunto por el Pentágono y el Departamento de Estado para «garantizar entrenamiento y equipamiento a fuerzas de seguridad extranjeras» con el fin de que «los países asociados pueden enfrentar desafíos importantes para la seguridad nacional de Estados Unidos».

La misión de entrenamiento en Ucrania sirve para «demostrar el compromiso estadounidense a favor de la seguridad del Mar Negro y el valor de las fuerzas estadounidenses desplegadas en posiciones avanzadas».

En el campamento militar de Yovoriv, a unos 50 kilómetros de la frontera polaca, instructores estadounidenses entrenarán en el campamento las unidades de la Guardia Nacional ucraniana, cuyos efectivos se estiman entre 45 y 50.000 voluntarios.

Creada por el régimen de Kiev en marzo de 2004 gracias a un primer financiamiento estadounidense ascendente a 19 millones de dólares, la Guardia Nacional ucraniana incorporó de inmediato las formaciones neonazis, ya entrenadas anteriormente por instructores de la OTAN con vistas al putsch de Kiev, como lo demuestra la documentación fotográfica sobre los militantes neonazis entrenados en 2006 en Estonia.

Los batallones Donbass, Azov, Aidar, Dniepr-1, Dniepr-2 y otros, que constituyen la fuerza de choque de la Guardia Nacional, se componen de neonazis no sólo ucranianos sino también provenientes de otros países europeos. Las atrocidades que ya han cometido en Ucrania contra los civiles de nacionalidad rusa están ampliamente documentadas en videos y testimonios –basta con buscar en Google «atrocidades de los neonazis en Ucrania». Pero, a pesar de que Amnistía Internacional acusó al régimen ucraniano de ser responsable de los crímenes cometidos por esos batallones, Estados Unidos sigue apoyándolos y entregándoles incluso blindados. Y ahora van a fortalecerlos con el programa de entrenamiento y armamento.

Este programa es parte de la «Operación Firmeza Atlántica» iniciado el EuCom para «tranquilizar a nuestros aliados ante la intervención rusa en Ucrania y como medio de disuasión para impedir que Rusia obtenga la hegemonía regional». En el marco del creciente despliegue de fuerzas estadounidenses en el este de Europa, el Pentágono ha enviado «expertos militares para incrementar la capacidad defensiva de Ucrania» y asignó 46 millones de dólares más para entregar a Kiev «material militar, incluyendo vehículos y dispositivos de visión nocturna».

De esa manera, Washington ya está armando a las fuerzas de Kiev puesto que de no recibir armamento pesado de Estados Unidos podrán adquirirlo con los millones de dólares puestos a su disposición.

Alemania, Francia e Italia se dicen favorables a una solución diplomática. Pero al mismo tiempo, en la cumbre de Bruselas, esos mismos países se comprometen, junto a Gran Bretaña, España y Polonia, a encargarse de las misiones más importantes en la formación de la «Fuerza Avanzada» de la OTAN, en el marco de la «Fuerza de Respuesta», que pasa de 13.000 a 30.000 efectivos y cuenta con 6 centros de mando y control en Estonia, Letonia, Polonia, Rumania y Bulgaria.

Mientras tanto, Estados Unidos, preparando la cumbre de Minsk –en la que sin embargo se abstiene de participar–, afirma por boca del secretario de Estado John Kerry que entre los miembros de la alianza atlántica «no existen divisiones, todos estamos de acuerdo en que no puede haber solución militar».

Pero al mismo tiempo, al entrenar y armar a los neonazis ucranianos, Estados Unidos alimenta la llama de la guerra en pleno corazón de Europa.

Manlio Dinucci, Red Voltaire, 12 de febrero, http://www.voltairenet.org/article186719.html

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En Munich la ‘casa común europea’ mostró sus goteras

El sábado se celebró en Munich la 51 Conferencia de Seguridad en la que el conflicto de Ucrania concentró casi toda la atención. La visita de Merkel y Hollande a Moscú fue una muestra previa de la preocupación de Europa ante el recrudecimiento de la guerra.
No sabemos lo que pintaba, pero en Munich estaba el siniestro especulador Georges Soros, que no se pierde ni una. Sin embargo, no estuvieron los  que tenían que estar: los representantes de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk, a pesar de lo cual sus posiciones quedaron reforzadas. Sin novedad, pues, en el frente de Ucrania oriental.
Merkel, Biden, Lavrov y Poroshenko se repitieron a sí mismos: el conflicto de Ucrania no tiene solución militar, solo diplomática. En todas las intervenciones se subrayó la urgencia de detener los combates. Todos apuestan por el statu quo porque bien saben que no hay vuelta atrás, pese a lo que digan los discursos. Cada kilómetro cuadrado de Ucrania conquistado por los rebeldes acrecienta los riesgos para el ucraniano. Se impone así el statu quo. Lo malo es que no es permanente y el paso del tiempo beneficia a las milicias de Donetsk y Lugansk.
La intervención de Poroshenko fue patética, sobre todo cuando se puso a exhibir los pasaportes rusos encontrados en el este de Ucrania y que serían una prueba de la ayuda de Moscú a los separatistas. El presidente ucraniano señaló que los conflictos debían ser resueltos y no quedar “congelados”, que es el futuro del conflicto en Ucrania oriental, no muy diferente de los de Transnistria y Nagorno-Karabaj, con la espada de Damocles de que la situación termine como la de Abjasia y Osetia del sur que se segregaron definitivamente de Georgia en 2008. Las ventajas militares sobre el terreno influyen en las negociaciones.
Poroshenko pidió el envío de «armas defensivas» para su gobierno, aunque la actitud de Merkel es contraria a semejante posibilidad. El presidente ucraniano argumentó: “Cuanto más fuerte sea nuestra defensa, tanto más convincente será nuestra voz diplomática”.
Los argumentos del ministro ruso de asuntos exteriore Serguei Lavrov son conocidos. Expuso los efectos que ha tenido la actitud del imperialismo («occidente») respecto a Rusia tras la guerra fría. Las ilusiones rusas al final de la guerra fría se desvanecieron. Nunca se construiría de la “casa común europea”, aunque el ministro eludió recordar que esta expresión la acuñó Gorbachov en 1989 ante el Consejo de Europa.
El jefe de la diplomacia rusa criticó las actuaciones de EEUU y sus aliados occidentales en la antigua Yugoslavia, Irak y Libia, presentándolas como ejemplos de clara violación de los compromisos de la Carta de las Naciones Unidas y del Acta General de Helsinki, e idénticos reproches merecería el proceso de ampliación de la OTAN. Uno de los principales documentos de la OSCE, la Carta sobre la Seguridad Europa señala, entre otras cosas, en su párrafo 8: “En el seno de la OSCE, ningún Estado, grupo de Estados u organización… podrá considerar parte alguna del área de la OSCE como su área de influencia”.
La situación de Ucrania, dijo Lavrov, es consecuencia de la ambición de los occidentales de hacerse con el espacio geopolítico en Europa. Dicho de otro modo, la arquitectura de seguridad en el Viejo Continente se ha construido sin Rusia. Tampoco faltó la justificación del apoyo a los pro-rusos de Ucrania desde el momento en que desde Kiev se intentaría imponer un nacionalismo étnico de corte neonazi. A Lavrov solo le faltó añadir que ningún dirigente estadounidense toleraría que Canadá o México se unieran a una alianza militar encabezada por otra gran potencia.
La guerra de Ucrania se inició en abril del pasado año tras el golpe de Estado contra el Presidente Viktor Yanukovich, impulsado por sectores neonazis ucranianos con el apoyo diplomático y militar de Estados Unidos y la Unión Europea.
La imposición de un nuevo Gobierno de corte fascista hizo que regiones como Donetsk y Lugansk se proclamaran repúblicas populares que no reconocen al nuevo gobierno. La guerra que se desencadenó inmediatamente ha costado ya más de 5.358 muertos y 12.235 heridos, dijo el pasado 3 de febrero el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, lo cual empieza a llenar a las calles de algunas ciudades europeas.
Paralelamente a la conferencia, sectores obreros y populares convocaron una multitudinaria movilización contra el gobierno golpista y fascista ucraniano dirigido por el empresario Petro Poroshenko, a quien acusaron de atacar a las repúblicas populares de Lugansk y Donetsk. Los asistentes clamaron para que la paz vuelva a Ucrania y se termine la guerra.
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General ucraniano niega combates con unidades rusas en el Donbás

Viktor Muzhenko
En un encuentro que mantuvo con la prensa el 29 de enero, el general ucraniano Viktor Muzhenko, nombrado Jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas ucranianas por Poroshenko, reconoció que no hay unidades regulares del ejército ruso combatiendo en el Donbás junto a las milicias de autodefensa. «Ninguna tropa rusa combate contra nosotros», afirmó a los periodistas.
El general ucraniano desmintió así las alegaciones de Estados Unidos y el gobierno de Kiev, por lo que las sanciones impuestas contra Rusia se basan en falsedades. Los únicos rusos que combaten con las milicias de autodefensa del Donbás, afirmó, son «residentes locales».
Eso no contradice la presencia potencial de otros combatientes extranjeros. Hay otros ciudadanos rusos, miembros de lo que Muzhenko calificó como «grupos ilegales armados», a los que no paga ningún gobierno sino que combaten «a título personal». También han sido vistos mercenarios estadounidenses que combaten en unidades del ejército de Kiev.
Muzhenko ha desautorizado a su propio gobierno y al de Estados Unidos al indicar que el ejército ucraniano no combate contra unidades regulares del ejército ruso y que Putin «ha invadido Ucrania» para dividirla y anexionarse el Donbás. La infamante campaña de prensa de los imperialistas en el mundo entero ha quedado también en evidencia.
Es muy probable que con sus palabras el general Muzhenko haya puesto fin a su carrera al frente de las fuerzas armadas ucranianas y que dentro de poco tengamos que contar las represalias que emprende su gobierno contra él. Es el precio de decir la verdad.
http://www.globalresearch.ca/ukrainian-government-no-russian-troops-are-fighting-against-us-sanctions-against-russia-based-on-falshoods/542852
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En Ucrania la OTAN lleva a cabo el mayor despliegue militar desde la Guerra Fría

La OTAN está llevando a cabo en Ucrania el mayor despliegue militar desde la Guerra Fría. Lo mismo que en Afganistán, el objetivo es presionar a Rusia, lo que la intoxicación propagandística presenta justamente al revés, como un intento de hacer frente a un supuesto «expansionismo» ruso.
Como consecuencia de los continuos reveses del gobierno de Kiev en el Donbás, la OTAN se ha visto obligada a duplicar sus efectivos de reacción rápida, 30.000 mercenarios frente a los 12.000 que había hasta ahora, a los que hay que añadir una «punta de lanza» de otros 5.000 soldados capaces de desplegarse «en pocos días» en el este de Ucrania.
El anuncio del despliegue militar pretende transmitir la impresión de que la OTAN aún no esta combatiendo en Ucrania, pero que puede hacerlo de manera instantánea. Es falso,  ya que el ejército de Kiev combate con tropas contratadas por la OTAN, munición de la OTAN, equipamiento de la OTAN y batallones dirigidos por instructores de la OTAN.
Además, el despliegue es sólo una parte de la ofensiva contra Rusia. Además, Estados Unidos y la Unión Europea han aplicado varias rondas de sanciones económicas a Rusia para que les dejen las manos libres en Europa oriental.
El jueves los ministros de Defensa de la OTAN dijeron que su objetivo es reforzar la «defensa colectiva» de la OTAN en el este de Europa ante lo que califican como «acciones agresivas» de Rusia, aunque en su comunicado no aclararon ni a qué «acciones» se refieren, ni qué entienden por «agresividad».
Un dia antes de la reunión, el secretario general de la organización imperialista, el noruego Jens Stoltenberg, dijo que el despliegue militar no es ofensivo sino defensivo, a pesar de que se produce en un país situado junto a la frontera rusa: «Todo lo que hagamos para reforzar nuestra protección colectiva estableciendo esta nueva fuerza [de despliegue rápido] es defensivo», dijo a la prensa. «Es una respuesta a lo que hemos visto de Rusia durante algún tiempo y responde a nuestras obligaciones internacionales», añadió.
Incumpliendo todos y cada uno de los acuerdos firmados con la URSS de Gorbachov y la Rusia de Yeltsin, la OTAN se ha instalado en las mismas puertas de Rusia, en territorios que antiguamente formaban parte de la URSS. De hecho, la fuerza de reacción rápida se asentará en seis bases militares situadas en seis países que desde la caída del Telón de Acero han sido incorporados a la OTAN: Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía.
En cada una de estas unidades de comando y control habrá entre 30 y 40 militares, que se asegurarán de mantener sobre el terreno el material necesario para facilitar el despliegue de las tropas. «Harán que puedan desplegarse las fuerzas de la OTAN más rápido», dijo Stoltenberg. Añadió que también servirán para «coordinar ejercicios internacionales» y que «son importantes porque harán de vínculo entre la defensa nacional y las fuerzas internacionales de la OTAN».
La sangría que el imperialismo ha provocado en Ucrania es un horror. Desde que se desencadenó en abril del año pasado, la guerra ya ha costado la vida a más de 5.000 personas y ha provocado el desplazamiento de otras 800.000, según cifras de Acnur, que calcula en 430.000 los ucranianos desplazados dentro del país y otros 387.000 que han solicitado el estatuto de refugiado, asilado u otros permisos de residencia en Rusia.
Para ejercer presión sobre el gobierno de Putin con el fin de que deje de apoyar a los separatistas prorrusos que combaten contra Kiev en Donetsk y Lugansk, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, entre otros países, han impuesto varias rondas de sanciones a Rusia.
Pero la decisión adoptada el jueves por la OTAN se centrará sobre el terreno. El refuerzo militar del imperialismo en el este de Europa se debe a que la OTAN ya no ve la incorporación a Rusia de la península de Crimea en marzo y el golpe de Estado en Kiev como crisis temporales. Hasta ahora la rutina en Ucrania eran oleadas de enfrentamientos esporádicos intercalados con fases de calma. Los imperialistas dicen que desconocen hacia dónde va a evolucionar el conflicto, pero adoptan medidas para una situación de guerra permanente. Lo explicó el vicesecretario general de la organización militar imperialista, Alexander Vershbow, el miércoles. «La agresión de Rusia en Ucrania no es un incidente aislado, sino algo que cambia el juego en cuanto a la seguridad en Europa. Refleja un patrón de comportamiento en evolución que comenzó hace algunos años», aseguró.
La OTAN tampoco descarta una mayor escalada de la guerra. Según los imperialistas, las maniobras realizadas en las últimas fechas sugieren que Moscú es capaz de lanzar una operación de alto perfil en muy poco tiempo, y ante esto consideran que necesitan reforzar las fuerzas de respuesta rápida.
La percepción de Rusia es diferente. El Kremlin ha comprobado que la OTAN se mueve cada vez más cerca de la frontera rusa y que la ampliación de la OTAN hacia el este ha cambiado todo el equilibrio geopolítico en Europa, lo que genera más peligros para Rusia. Según Putin, los movimientos de la OTAN no son defensivos sino que tratan de «debilitar la independencia de Rusia». En su informe semanal, el ministro de Exteriores ruso, Alexander Lukashevic, dijo este jueves: «La esencia es obstruir el proceso de integración natural de la Comunidad de Estados Independientes [organización supranacional compuesta por 10 de las 15 exrepúblicas soviéticas], arrancar a Ucrania y a otros vecinos de Rusia por cualquier medio».
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Antifascismo

Los neonazis ucranianos crean un nuevo batallón

La organización neonazi ucraniana Pravy Sektor acaba de anunciar la creación del 13 Batallón de la Reserva, que estará integrado por unos 350 voluntarios.

El servicio de prensa de la organización publica una orden de su comandante Andrey Strempitskiy dirigida a sus subordinados para que procedan a su cumplimentación.

El nuevo Batallón nazi, que combatirá a las órdenes del gobierno de Kiev, estará dirigido por un croata al que llaman por el apodo de “Jorvat” y su adjunto será “Byes” (Demonio).

Además de disponer de 350 mercenarios armados, Pravy Sektor tendrá también una guarnición en Kiev y posiblemente en otras ciudades.

Con su Batallón, los nazis aprovechan la nueva movilización militar, así como las continuas derrotas del gobierno de Porochenko frente a los milicianos del Donbas, para aumentar su peso político en Kiev.

Si finalmente se aprueba, los nazis también podrían aprovechar la introducción de la ley marcial en el territorio de Ucrania para convertirse en un poder de hecho sobre varias regiones, dejando aislado al gobierno central en Kiev.

Financiado por el multimillonario Igor Kolomoisky, Pravy Sektor nació en noviembre de 2013 como organización para militar, aunque pocos meses después, tras el Golpe de Estado de Maidan se transformó en partido político. Cuenta con unos 10.000 militantes que se consideran herederos del movimiento nacionalista de Stepan Bandera que luchó junto al III Reich en la Segunda Guerra Mundial.

Junto con Svoboda, otra organización reaccionaria, Pravy Sektor difundió en la Plaza Maidan de Kiev una edición conjunta del “Mein Kampf” de Hitler y de los Protocolos de los Sabios de Sión.

En las elecciones del pasado año obtuvo un cinco por ciento de los votos y tiene dos diputados en la Rada, unop de ellos su dirigente Dmytro Iaroch, de 43 años. Rusia ha emitido en su contra una orden internacional de busca y captura por incitación al terrorismo.

Pravy Sektor nació del agrupamiento de varias organizaciones reaccionarias ucranianas, entre ellas Tryzoub (Tridente), los herederos de Stepan Bandera. Un ministro del actual gobierno de Kiev, Serguei Kvit, responsable de la cartera de Educación y Ciencia, procede de aquel movimiento. La revista «Focus» le clasificó en el puesto 190 entre las personas más influyentes de Ucrania.

Aprovechando su cargo de rector de la Academia Kiev-Moguila, la universidad más antigua de Ucrania, Kvit está ordenando reescribir el papel de los renegados nazis de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial.

También lo utilizó para llevar a los estudiantes a las movilizaciones de Maidan del año pasado.

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Obama confiesa sus pecados con Ucrania

En una entrevista concedida a Fareed Zakaria, de la cadena de televisión CNN, Obama lleva a cabo una exposición del golpe de Estado que se produjo en Ucrania en febrero del año pasado en el que reconoce implícitamente el papel predominante desempeñado por Estados Unidos. La frase es la siguiente:
«El señor Putin no tomó su decisión sobre Crimea y Ucrania en función de una gran estrategia sino, esencialmente, porque fue sorprendido por las protestas en Maidan y por la posterior fuga de Yanukovich, después de que llegáramos a un acuerdo de transición para el gobierno de Ucrania».
La frase ha tenido que ser cuidadosamente preparada y la duda es si ese «nosotros» que emplea Obama se refiere exclusivamente a Estados Unidos o incluye a la Unión Europea, es decir, a los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y Polonia que se reunieron con Yanukovich la noche del 21 de febrero del pasado año, no para asegurar la transición del poder a la oposición, sino para acelerarla.
Entonces no había duda de que Yanokovich se marchaba del país porque firma el acuerdo como presidente en funciones y tenía de plazo hasta las elecciones previstas para diciembre del mismo año.
Estados Unidos no defendía el acuerdo de la Unión Europea con Yanukovich porque tenían otros planes. Por lo tanto, tenía que reducir el acuerdo a papel mojado, para lo cual utilizó a los manifestantes en Maidan, totalmente dominados por bandas neonazis, como Pravy Sektor, y profesionales llegados de fuera que cumplían un guión diseñado y financiado por Estados Unidos y otros, como Soros, que no ha escondido su papel en los acontecimientos del año pasado en Kiev.
Una vez que el acuerdo con la Unión Europea se convirtió en papel mojado, cuando Estados Unidos se aseguró el poder de facto en las calles, se produjo el acuerdo del que habla Obama, es decir, la toma del poder por la fuerza. En aquel momento, amenazado de muerte, Yanukovich abandonó Kiev.
Las palabras de Obama confirman, además, que a pesar de la propaganda imperialista acerca del expansionismo ruso en Crimea y Ucrania, Putin no sólo no tenía una «gran estrategia» al respecto sino que fue sorprendido por el golpe de mano de Maidan.
Es más, para no ser tachados de idiotas, ni Obama ni nosotros, debemos pensar que a pesar de haber sido «sorprendido» Putin tenía muchas y muy buenas fuentes de información en un país que es vecino al suyo. No le podía sorprender Maidan. Lo que le pudo sorprender -siquiera un poco- fue el plan exacto que los imperialistas estaban ejecutando en Maidan.
En diciembre el director de Stratfor, George Friedman, en una entrevista a la revista rusa Kommersant lo explicó con una claridad que Obama no podía utilizar, diciendo que Rusia había calificado a las manifestaciones de Maidan como el golpe de Estado más flagrante de la historia y, en efecto, confesaba Friedman cínicamente, «fue el golpe más fragrante de la historia».
¿A qué vienen estas golpes de sinceridad que conciernen a la organización de un golpe de Estado dirigido contra un país soberano de Europa? Sabemos que en cualquier circunstancia Estados Unidos hubiera apoyado las movilizaciones de Maidan, es decir, aún en el supuesto de que no hubieran sido planificadas por ellos.
La duda es si en la Casa Blanca no se quedaron también algo sorprendidos, no exactamente por el desenlace de Maidan sino por la postura de la Unión Europea en noviembre de 2013, que fue el detonante de la crisis. Es posible que Obama torpeadara el posterior acuerdo entre Yanukovich y la Unión Europea precisamente para que los acontecimientos no volvieran a sorprenderles.
Por lo tanto, las declaraciones de Obama, como las anteriores de Friedman, tratan de conceder a la escalada anti-rusa en Europa oriental una coherencia de la que carece, lo cual es una hipótesis que no habría que descartar en absoluto.