





Carta blanca al fascismo. También en Suecia. En todas partes.
Fuente: Svenskarna som strider i Ukraina, 10 de diciembre de 2014,
http://www.expressen.se/nyheter/svenskarna-som-strider-i-ukraina/

“Nadie se ha olvidado [del proyecto]: destinaremos 300 millones de grivnas [20 millones de dólares] para la construcción de la frontera el próximo año. Construiremos una frontera. Instauraremos nuestro control en las fronteras”, dijo Yatseniuk.
Previamente, el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko había dicho que Kiev instalará en la frontera con Rusia un complejo moderno de fortificaciones defensivas al estilo del desaparecido Muro de Berlín.
Posteriormente, el primer ministro Yatseniuk anunció el inicio de la construcción de una “frontera real con Rusia”. El proyecto recibió el nombre de “Muro” aunque más tarde, el primer ministro ucraniano propuso rebautizarlo como «Muro de Europa».
Los golpistas ucranianos planean realizar el proyecto en tres años. Según expertos, construir una frontera con Rusia bajo el mismo principio empleado por Israel le costaría a Ucrania unos 4.000 millones de dólares y tomaría mucho más tiempo que lo declarado por políticos.

Desde hacía 12 años Rusia había puesto a Zakaev en busca y captura, acusado de ser uno de los organizadores del ataque contra el teatro Dubrovka de Moscú en 2002 que causó la muerte de 130 personas, al menos.
La detención de Zakaev en Crimea vuelve a sembrar las sospechas sobre los vínculos de los nazis ucranianos con los wahabitas, en Chechenia y otros países.
Hace unos días en otro artículo (*) pusimos de manifiesto que el terrorista checheno Imran Ajmadov, miembro de la CIA, está a las órdenes de la mujer de Sandro Kvitaskhvili que, a pesar de ser georgiano, es ministro del gobierno golpista ucraniano.
Recientemente algunos diputados de la Rada de Kiev (Yuri Beryoza, Andriy Levus e Igor Moiseychuk) mostraron sus simpatías por el atentado cometido el 4 de diciembre por los terroristas chechenos en Grozny. Los nazis ucranianos hablan de abrir un «segundo frente» de lucha contra Rusia en el Cáucaso.
Aunque no hay datos precisos que lo confirmen, las sospechas se extienden al apoyo que el SBU, el servicio secreto ucraniano presta a los terroristas chechenos.
No obstante, varios indicios apuntan en dicha dirección. Moiseychuk, un antiguo comandante del escuadrón Azov y actual diputado de la Rada de Kiev ha llamado públicamente al asesinato del presidente checheno Ramzan Kadyrov. Ha grabado un vídeo en el que aparece con un fusil de asalto disparando contra un retrato de Kadyrov.
Además, el gobierno de Kiev ha iniciado los trámites para que Kadyrov sea puesto en busca y captura internacional, a lo que el presidente checheno respondió en un programa de televisión diciendo que está dispuesto a dejar su cargo e irse al Donbas a luchar contra el gobierno fascista de Kiev.
Naturalmente los hilos no se quedan ni en Kiev ni tampoco en Grozny. Los nazis ucranianos y los wahabitas chechenos son peones, los últimos tentáculos de la CIA en las fronteras de Rusia o en el interior de la propia Rusia.

«La Viuda Blanca» combatía como fracotiradora en las filas del batallón Aidar, en apoyo al gobierno fascista de Kiev y fue muerta por un disparo certero de otro francotirador ruso que combate en defensa de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk.
Lewthwaite era de origen inglés: había nacido hace 30 años en Irlanda del norte. Era hija de un soldado británico y creció en las afueras de Londres, convirtiéndose al Islam con 17 años. En 2002 cursó estudios religiosos en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres y unos meses después se casó con el terrorista Lindsay Germaine, de origen jamaicano. En 2004 nació su primer hijo.
Su marido fue uno de los cuatro autores del atentado suicida con bomba contra el metro de Londres en 2005 en el que 56 personas fueron asesinadas. En ese momento la joven estaba embarazada y dio a luz a su segundo hijo poco después.
Tras la muerte de su marido, se incorporó a la rama somalí de Al-Qaeda, llamada Shebab. La Interpol le buscaba por su participación en el ataque terrorista el año pasado contra el centro comercial Westgate de Nairobi (Kenia), donde murieron 67 personas. Estados Unidos había ofrecido una recompensa de 5 millones de dólares por cualquier información sobre su paradero. Recientemente, algunos medios habían informado de que se encontraba combatiendo en Siria contra el gobierno de Damasco.
Al mismo tiempo que Lewthwaite caía abatida, la policía rusa detenía a la banda GTA, un nombre que utilizan los medios de comunicación rusos para referirse a una asociación de criminales. Uno de sus integrantes murió en un tiroteo y otros diez fueron detenidos en una urbanización cerca de Moscú.
La banda sembraba de clavos las carreteras cercanas a Moscú y mataban a los ocupantes de los vehículos cuando se detenían para cambiar las ruedas. Unas 20 personas murieron de esa manera. Según fuentes de la policía moscovita, los miembros de la banda eran originarios de Asia central y pertenecían a los movimientos wahabitas radicales.
La policía de la capital rusa sostiene que ese tipo de crímenes servían de entrenamiento antes de enviar a los miembros de la banda a cometer atentados terroristas en Irak y Siria.
El analista polaco Mateusz Piskorski, fundador del Centro de Análisis Geopolíticos, confirma las afirmaciones de la policía rusa y, además, sostiene que ese tipo de bandas criminales y terroristas están organizadas por Estados Unidos y sus aliados (*). Cometen numerosos asesinatos, atentados suicidas, secuestros y ejecuciones de oponentes políticos, principalmente en Oriente Medio y Ucrania.
Según Piskorski es razonable comparar las actividades de Pravy Sektor y las fuerzas de policía que sostienen al gobierno de Kiev con las del Califato Islámico y otras organizaciones que operan en Oriente Medio. Tanto sus objetivos como sus métodos son muy similares, y a veces los combatientes son los mismos.
Mercenarios de todas las regiones del mundo combaten junto al ejército de Kiev, tanto originarios de Europa occidental como de países musulmanes o de las provincias del este de China.
«Alguien podría pensar que se trata de una alianza exótica, pero está claro que denominador común es el poder central, que es la parte contratante y organizadora de las acciones. Es evidente que las mismas organizaciones y Estados influyentes están detrás del incendia que asola Oriente Medio y Ucrania».
En Ucrania es muy activa una empresa militar privada, llamada «Private Military Corporations». Como «Academy», para la que trabajan los mercenarios polacos. Su soldada ronda los 500 dólares. En países muy diferentes es una paga muy atractiva para los «perros de la guerra». El problema de los mercenarios polacos -dice Piskorski- es que son soldados de élite de las fuerzas especiales, por lo que han debido de obtener previamente permiso del Estado Mayor del ejército de su país.
Estas informaciones priueban que las fuerzas polacas están implicadas directamente en la guerra de Ucrania, en la que se han producido graves crímenes contra la humanidad. En el futuro Polonia se puede ver involucrada en esos crímenes, entre otras razones porque organizaciones fascisrtas como Pravy Sektor aparecieron en Polonia por vez primera.
Hay numerosas pruebas que demuestran que las personas asociadas a Pravy Sektor ya estaban presentes en los distritos de la provincia de Podkarpacie, en Polonia, donde llevaron a cabo varios operativos. «En Polonia a ninguno de nosotros nos gustaría tener que lidiar con grupos de este tipo», añade Piskorski. «Son grupos que han recurrido a la violencia, y no hay que descartar que un día ejerciten este tipo de violencia en el territorio de Polonia».

Según informó el diario Iskra (1), la misma noche del golpe las reservas de oro se introdujeron en un avión de transporte sin matrícula con destino a Estados Unidos. El avión despegó del aeropuerto de Boryspil al cual, según los trabajadores del mismo, llegaron cargados de madrugada cuatro camiones y dos autobuses, todos ellos sin placas de matrícula. De ellos descendieron 15 uniformados de negro, enmascarados y con chalecos antibalas. Algunos llevaban ametralladoras. Fueron ellos los que cargaron más de 40 cajas pesadas en el avión por la parte delantera.
Después llegaron varias personas más, que se subieron al avión. Finalmente, los vehículos que habían llegado al aeropuerto con el cargamento desaparecieron del lugar y el avión despegó. Cuando los responsables del aeropuerto informaron a las nuevas autoridades golpistas de Kiev, les recomendaron no entrometerse en asuntos que no les corresponden.
Al publicar esta noticia, un alto funcionario del antiguo Ministerio de Hacienda llamó a los editores de Iskra y les dijo que esa noche uno de los nuevos dirigentes de Ucrania había ordenado trasladar las reservas de oro a Estados Unidos.
Ninguna declaración oficial confirmó nunca la noticia. Tampoco la desmintió. El traslado de las reservas se producía en un momento en el que ya era sabido que Alemania no había logrado repatriar su oro de Estados Unidos.
En una entrevista a la cadena de televisión Ukraina, la dirección del Banco Central confesó (2) que en sus cajas fuertes casi no había oro. Quedaba una pequeña cantidad de lingotes, apenas el uno por ciento de las reservas: ocho veces menos de lo que debería.
¿Qué ha ocurrido? No se ha vendido porque la hryvnia, la divisa ucraniana, se hubiera ido devaluando a lo largo del año. El nuevo gobierno no ha vendido oro para sostener su precio. Si hubiera querido hacerlo podría haberse desprendido de otras divisas para mantener las reservas de oro, cuyo precio ha subido.
Con Ucrania ha sucedido lo mismo que en los tiempos de Gorbachov, lo cual demuestra una ley de la historia, dice Rusila, a saber, que la reducción de las reservas de oro en el contexto de un país en crisis supone el hundimiento del mismo (3). El oro se ha sacado de Ucrania por la incertidumbre política que envuelve al país.
Decir que el oro de Ucrania salió con un destino desconocido es un eufemismo ridículo cuando sabemos que el golpe de Estado fascista fue financiado por Estados Unidos. Si esta historia y la anterior que también hemos relatado aquí (4), son ciertas, comprenderemos que, en realidad, Estados Unidos no regala nada y que, como siempre, todo sale de la explotación de las masas.
Ya sólo queda saber si el oro ucraniano está en Fort Knox o le ha ocurrido lo mismo que al alemán.
Junto con Estados Unidos y Canadá, Ucrania se ha negado votar a favor de una resolución rusa en la ONU que condena el enaltecimiento del nazismo. En la votación los países de la Unión Europea se abstuvieron vergonzantemente, pero el caso de España es aún más escandaloso ya que en 2000 el Tribunal Constitucional protegió la apología del genocidio nazi, mientras que considera delito las injurias al rey o la exaltación de la guerrilla antifascista.
La víspera la Asamblea General de la ONU aprobó una propuesta de Rusia exhortando a los países a tomar medidas más eficaces para luchar contra la exaltación del nazismo y otras formas de discriminación racial, xenofobia e intolerancia.
En una nota oficial el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores afirma que no entiende cómo es posible que un país como Ucrania, que conoció los horrores del nazismo durante la ocupación en la II Guerra Mundial, haya podido tomar una decisión así. Para entenderlo hay que tener en cuenta que hoy Ucrania es el único país de Europa donde existen miembros de un partido nazi en posiciones de poder. El partido nazi se llama Svoboda (Libertad) y sus miembros en el gobierno son el ministro de Defensa (Igor Tenyukh), el viceprimer ministro para Asuntos Económicos (Aleksandr Sych), el ministro de Agricultura Igor Shvaika (uno de los mayores terratenientes de Ucrania), el ministro de Ecología (Andriy Moknyk, que había sido la persona de contacto con grupos nazis europeos), el director del Consejo Nacional de Seguridad Andry Parubiy (y director de la milicia militar del partido), el Fiscal General del Estado (Oleh Makhnitsky) y el ministro de Educación Serhiy Kvit, entre muchos otros.
En mayo, tras una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Ucrania, el representante de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, afirmó que a Rusia le preocupa el ascenso del nazismo en Ucrania: “Nos preocupa la tendencia de los jóvenes que salen con retratos de colaboradores nazis. Esto se utiliza como base para la hostilidad y, en particular, la hostilidad hacia Rusia”, dijo Churkin.
En la cobertura de los medios imperialistas sobre los acontecimientos en Ucrania impera una regla no escrita: cuando se trata de acciones contra la población civil en el este del país, las palabras “nazi”, “fascista” o “neonazi” son tabú. Los periodistas llaman “patriotas”, “ultraconservadores” y “luchadores por la libertad” a los miembros de Pravy Sektor (Sector Derecho) a pesar de que se identifican con símbolos nazis, declaran abiertamente su lealtad al dirigente nazi ucraniano Stepan Bandera, quien colaboró con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y se declaran incluso fieles a Hitler.
Los nazis de Pravy Sektor cuentan con el apoyo de varios gobiernos occidentales y de las grandes multinacionales, como Procter & Gamble, que incluyen en las cajas de detergente Ariel las cifras 88 y 18 que son utilizadas por los terroristas en Alemania para representar el saludo nazi “Heil Hitler” y el nombre de “Adolf Hitler”, ya que corresponden a las letras A y H por su lugar en el abecedario.
En mayo de este año los neonazis ucranianos cometieron atrocidades en la localidad de Mariupol, en el este de Ucrania, silenciadas por los medios imperialistas. “Los medios occidentales de prensa no sólo culpan a Rusia de las muertes en el este de Ucrania sino que además evitan utilizar la palabra “nazi” en los materiales sobre los acontecimientos en el país», señala el canadiense Michel Chossudovsky. “De esa manera, la prensa occidental atribuye la responsabilidad de la matanza de Odesa a los partidarios de la federalización, evitando deliberadamente hablar de las acciones de carácter criminal cometidas por grupos neonazis”, escribe Chossudovsky.
En el vídeo se escucha que la población insulta a las tropas llamándolas «fascistas». Llama la atención la actitud, el comportamiento y la apariencia de los mercenarios encapuchados, que parece indicar que no son soldados del ejército regular de Kiev sino profesionales, fuerzas especiales altamente capacitadas.
Pero los civiles de Kramatorsk no se pueden hacer ilusiones por su éxito. Volverán los que se han ido y algunos más, y no dudarán ni un solo momento en disparar si lo consideran necesario. Ya hemos visto lo que pueden hacer de Mariupol, en el comienzo de la guerra de Ucrania.