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La maquinaria rusa de guerra aún no ha alcanzado su máximo rendimiento

La maquinaria rusa de guerra aún no ha alcanzado su máximo rendimiento. “Los pirómanos planean enviar más de 400 tanques a Ucrania, tiempo durante el cual produciremos más de 1.600 tanques nuevos, la cantidad total de tanques del ejército ruso será más de tres veces la cantidad de tanques de las Fuerzas Armadas de Ucrania”, ha prometido Putin.

Algo parecido ha dicho Dmitri Medvedev durante su visita a las fábricas rusas de armamento, invocando el discurso que pronunció Stalin al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Medvedev confirmó que ahora Rusia estaba construyendo 1.500 tanques al año. Los tanques nuevos suman entre 200 y 250 anuales, a los que hay que sumar otros 600 ó 650 más que mejora.

El año pasado Shoigu ordenó duplicar la producción de tanques nuevos únicamente, para lo cual van a levantar dos nuevas fábricas rusas dedicadas a modernizar equipos antiguos, como los T-72 y los T-90, lo que aumentará enormemente la producción.

Las declaración de Putin y Medvedev no son una coincidencia. Rusia puede llegar a producir más de 400 ó 500 tanques nuevos este año y modernizar otros 1.000.

No se conocen con exactitud las pérdidas. Las peores estimaciones hablan de la destrucción de 1.600 tanques desde el comienzo de la guerra. Si son aproximadas, confirman que Rusia es capaz de recuperar sus pérdidas o lo hará pronto, ya que probablemente fabricó entre 800 y 1.000 tanques en total el año pasado y se espera que produzca otros 1.500 este año.

El año que viene podría volver a los niveles de producción soviéticos de 2.500 ó 3.500 tanques anuales, una cifra que sigue siendo exigua en comparación con la Segunda Guerra Mundial, cuando la URSS fabricaba entre 50.000 y 100.000 tanques al año.

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Una estrategia militar obsoleta: la guerra nuclear

La Guerra Fría se llamó de esa manera porque no había otra denominación mejor. Las agresiones militares contra la URSS se acabaron en 1945 y no estallaron guerras convencionales entre las dos grandes superpotencias por un motivo evidente: ambas disponían de armas nucleares.

A su vez las armas nucleares se llaman “estratégicas” porque están preparadas para ser utilizadas al margen de las batallas de una guerra convencional. No se han diseñado para cortarle las manos al adversario, sino para cortarle la cabeza. El armamento nuclear soviético apuntaba a Washington y el estadounidense a Moscú.

Así como en una guerra convencional hay un margen de improvisación, que depende del curso de la misma, de sus batallas y sus múltipes situaciones, las armas nucleares está predispuestas de antemano para ser utilizadas sólo en determinadas condiciones muy concretas.

Cada parte tiene las suyas, por lo que la estrategia de unos (Estados Unidos) y otros (URSS, Rusia) son diferentes.

Además, cada parte conoce la del contrario, lo que hace de la guerra nuclear un fenómeno de lo más predecible. Incluso las trayectorias balísticas de los misiles son predecibles, como los trenes que siempre corren por la misma vía.

Son fácilmente detectables porque las defensas antiaéreas han evolucionado mucho más rápidamente que los misiles de ataque. Cada potencia dispone de escudos muy superiores a las espadas, y la mejora de los equipos militares se ha centrado en aquellas armas que son capaces de superar las defensas del adversario.

De ahí que las negociaciones sobre reducción de armamento nuclear se volcaran sobre las defensas antimisiles, como el tratado ABM (Anti Misiles Balísticos), firmado en 1972. Estados Unidos se retiró de ese tratado en 2002.

Una de las maneras de superar una defensa antimisiles es poner las lanzaderas lo más cerca del adversario, para que no tenga capacidad de reacción. En 1962 Estados Unidos puso sus misiles Júpiter en Turquía y la URSS respondió de la misma manera, poniendo los suyos en Cuba.

Así comenzó la crisis de los misiles, en la cual se volvió a demostrar que las negociaciones forman parte de la guerra nuclear misma; son una manera de hacer ese tipo de guerra, y si ya no hay más negociaciones de desarme y si los compromisos firmados se han convertido en papel mojado es porque están obsoletas, exactamente igual que las propias armas nucleares.

Las armas estratégicas son los culturistas de la lucha: enseñan mucho músculo pero no podrían retar a ningún boxeador medianamente entrenado. Es el exhibicionismo de la guerra; se basan en el miedo del contrario, en la permanente intimidación de los bíceps, como hace Corea del norte regularmente. Las armas nucleares se han ensayado muchas veces pero nunca han aparecido en una guerra real.

La guerra nuclear destapó sus vergüenzas con la Guerra de las Galaxias que emprendió Reagan a partir de los años ochenta del siglo pasado. Entonces el exhibicionismo fue puramente retórico: nunca hubo tal guerra, ni siquiera un comienzo de despliegue de armas en el espacio. Estados Unidos jugaba de farol porque, como bien saben los jugadores de naipes, los faroles son parte fundamental de una estrategia y, por lo tanto, de una guerra.

Ingenuamente la URSS claudicó; se bajó los pantalones. Estados Unidos accedió a sus armas estratégicas más escondidas y obligó a desguazar muchas de ellas. Gorbachov firmó tratados como el INF de 1987, sobre misiles de Alcance Intermedio (que la OTAN rompió en 2019).

Con la posterior desaparición de la URSS, Estados Unidos creyó que había ganado la Guerra Fría. El farol le había salido bien; ya no necesitaba enseñar sus músculos. Cuando se demostró que la Guerra de las Galaxias era un montaje de opereta, la URSS ya no existía y en Washington creyeron que llegaba una era de hegemonía omnímoda sin necesidad de disparar un tiro.

A Rusia le costó salir del ensimismamiento que había acabado con la URSS. Las concesiones realizadas en todos los frentes no habían servido para nada, ni siquiera el desmantelamieento de la URSS y el emplazamiento de bases de la OTAN en los antiguos países soviéticos y del este de Europa. Los tratados firmados desde el final de la Segunda Guerra Mundial son papel mojado.

Lo mismo que Corea del norte, desde entonces Rusia ha podido sobrevivir gracias al desarrollo de las fuerzas productivas y la tecnología militar, cuyos únicos precedentes son el Goelro, el plan soviético de electrificación, y los planes quinquenales. Lo mismo que hace un siglo, al final Rusia no sólo ha salido del atolladero sino que ha superado ampliamente a Estados Unidos en muy poco tiempo.

Ahora casi todo el arsenal ruso es nuevo, mientras Estados Unidos no ha probado nuevos sistemas de armas desde hace más de 30 años. Por si eso no bastara, en menos de un año ha agotado el material militar antiguo, como demuestra la Guerra de Ucrania. Estados Unidos sólo fabrica aquellas armas que puede vender a terceros. En Estados Unidos las armas son un mercado para las empresas privadas, mientras en Rusia forman parte del mismo aparato del Estado, que no podría sobrevivir sin ellas, lo mismo que Corea del norte.

Aunque exporte armas, en Rusia las fábricas militares no destacan por formar una industria, por perseguir el lucro privado, sino por ser parte del Estado, lo mismo que las comisarías de policía. Las ventas de armas financian una parte de los presupuestos militares de Rusia. Pero su producción no está al servicio de ningún mercado sino de la guerra y por sí mismas dichas fábricas son capaces de producir armas en más cantidad que los 30 países que forman parte de la OTAN juntos.

Por lo tanto, las fábricas militares rusas producen más y mejor armamento que las occidentales. Producen armas convencionales y nucleares en cantidades gigantescas, pero sobre todo producen armas sofisticadas, muy superiores a las de cualquier otro país, quizá con la única excepción de China. Además, no son experimentales. Han probado su nuevo armamento, tanto en Siria como en Ucrania.

No cabe duda de que Estados Unidos tiene suficiente capacidad técnica para ponerse a la altura de Rusia, aunque necesitaría bastantes años para ello. Lo que no tiene es capacidad económica. No le bastaría con desprenderse de sus viejos arsenales, vendiéndolos a terceros países, para financiar un nuevo presupuesto militar aún mayor. Tendría que endeudarse todavía más, en una situación de crisis galopante.

El mercado mundial de armamento que capitaliza Estados Unidos es lo más parecido a una vieja chatarrería repleta de óxido. Pero las mercancías destinadas al desgüace son un negocio muy rentable que, en definitiva, es lo que importa, porque hay compradores capaces de sacar un gran partido de la roña. Si no se lo creen, pueden darse un paseo por el Rastro de Madrid un domingo por la mañana.

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La Guerra de las Galaxias está en pleno apogeo

El año pasado China se puso a la cabeza en el lanzamiento de satélites militares, superando a Estados Unidos, según el informe “Actividades espaciales en 2022”, publicado por el Centro de Astrofísica de la Universidad de Cambridge, en Massachusetts. El documento de 148 páginas ha sido elaborado por Jonathan McDowell (*).

En una comparecencia ante un comité del Senado, el general Chance Saltzman, director de la Fuerza Espacial estadounidense, confirmó que China representa la amenaza más inmediata. Sus constelaciones satelitales tienen múltiples misiones, desde la vigilancia hasta la destrucción de infraestructuras espaciales o terrestres.

El año pasado Estados Unidos completó con éxito un total de 72 de los 78 lanzamientos, mientras que Rusia logró realizar 21. China intentó 64 lanzamientos y logró 62.

Los lanzamientos pusieron en órbita satélites tanto civiles como militares. En cuanto a los satélites relacionados con la defensa, China encabeza la lista con 45 lanzamientos, frente a los 30 de Estados Unidos y los 15 de Rusia. De los 700 satélites operativos de China, actualmente hay 347 dedicados a fines militares, 35 de los cuales han sido lanzados en los últimos seis meses.

El ejército chino dispone de láseres para atacar satélites e inhibidores para inutilizar el GPS y las comunicaciones. Una tecnología les permitiría incluso desviar la trayectoria de un satélite.

Para destruir satélites enemigos, dispone de satélites kamikaze, pero también de Asat (actividades antisatélite) y misiles balísticos modificados para derribar objetivos en el espacio. Sólo cuatro países han probado ya estas municiones: Estados Unidos, China, Rusia e India. En 2021 un informe del Pentágono afirmaba que Pekín dispone de un arsenal antisatélite que amenaza a los satélites en órbita terrestre baja.

Estados Unidos asegura que ha detectado maniobras hostiles chinas en el espacio. El satélite chino TJS-3 lanzado en 2018 se desplazó a la deriva por el cinturón geoestacionario, deteniéndose para observar de cerca primero los satélites estadounidenses, USA 233 y 298. Dedicados a las comunicaciones militares, proporcionan inteligencia no solo a Estados Unidos, sino también a Reino Unido, Países Bajos, Canadá y Australia.

Ante el Senado Saltzman también se refirió a los activos espaciales rusos. Menos capaces que los chinos, supondrían una amenaza “aguda” de ataque o perturbación para los satélites estadounidenses.

Según el general, China y Rusia apuntan a las vulnerabilidades potenciales de Estados Unidos para eliminar la ventaja estadounidense en el espacio. “Esperan que el espacio sea la clave de la guerra del futuro al permitir ataques de precisión de largo alcance. Estos Estados buscan la superioridad inutilizando las comunicaciones y los sistemas de navegación espacial del adversario”, afirmó.

Para mantener la superioridad espacial estadounidense, Saltzman pidió un presupuesto de 30.000 millones de dólares para el año que viene, un aumento de casi 4.000 millones respecto al actual. “Frente a China, debemos mantener una ventaja tecnológica y ser capaces de defender nuestros intereses vitales”, concluyó Saltzman.

(*) https://planet4589.org/space/papers/space22.pdf

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El futuro de Suecia y Finlandia en la OTAN

Ayer Turquía luz verde al ingreso de Finlandia en la OTAN; Suecia tendrá que esperar a que Erdogan levante el veto, después de obtener lo que quiere.

Occidente presenta la aspiración de Suecia y Finlandia de ingresar en la OTAN como una reacción a la acción militar de Rusia en Ucrania, subrayando que la adhesión a la Alianza reforzará el potencial de defensa de estos países. En realidad, la decisión de ingresar en la OTAN no se tomó para defenderse de Rusia, sino para crear una amenaza potencial para Rusia a lo largo de sus fronteras.

No cabe duda de que si aparecen bases de la Alianza en el territorio de estos países, Rusia responderá desplegando sistemas de misiles, incluidas armas nucleares, así como sistemas de defensa antiaérea que se orientarán hacia el territorio de Finlandia y Suecia.

Occidente no oculta que los servicios de inteligencia de la OTAN han detectado una reducción del número de tropas rusas en la península de Kola desde el inicio de la Guerra de Ucrania. Cuando dicen que Rusia ha cambiado radicalmente la situación de seguridad en las fronteras escandinavas, los medios occidentales se refieren al desequilibrio numérico a favor de las fuerzas de la OTAN en esta región. Para consolidar esta posición y obtener un puesto estratégico más ventajoso para un hipotético ataque contra Rusia, la OTAN ha iniciado el proceso de adhesión de Suecia y Finlandia, aprovechando la situación.

Ya se ha anunciado que Suecia y Finlandia reforzarán considerablemente su cooperación militar con Noruega. Se formará una alianza político-militar sueco-fino-noruega en las fronteras de Rusia. Esta alianza tiene precedentes históricos: los finlandeses han participado en casi todas las guerras ruso-suecas en el bando sueco, y los noruegos (junto con los finlandeses) sirvieron en el ejército sueco de Carlos XII.

Los apetitos de los países escandinavos ya han ido más allá de la mera pertenencia a la OTAN. Por ejemplo, en Oslo ya se habla de la posible entrega de cazas Hornet a Kiev y de la compra de 54 tanques Leopard 2 para reforzar el flanco norte, mientras que el asesor del gobierno finlandés para el Ártico, Jari Vilen, afirma que Rusia dejará de participar en las discusiones sobre cuestiones árticas.

Pero la principal recompensa geopolítica de Occidente por la adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN será la transformación del mar Báltico en el “mar interior” de la Alianza, así como el refuerzo de su presencia en los países bálticos, que constituyen un cómodo puesto avanzado para presionar militarmente a Rusia. En la actualidad, la Alianza está prestando mayor atención al Báltico debido a los planes fallidos de convertir el Mar Negro en un “mar interior” de la Alianza.

En este contexto, está surgiendo una estrategia militar antirrusa con su correspondiente configuración, que incluye determinados bloques de países.

Se está intensificando la cooperación militar entre Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca y Alemania con Estonia, Lituania y Letonia. El Ministerio de Defensa estonio presume de que los misiles estonios y finlandeses pueden sobrevolar el Golfo de Finlandia. Lituania exige el despliegue permanente de tropas alemanas. La elección a favor de la Bundeswehr no es casual y viene dictada por consideraciones estratégicas y logísticas sugeridas desde el exterior.

Polonia y Lituania intentan recrear la Rzeczpospolita (República de las Dos Naciones). Alemania se “une” a Lituania a través de Polonia, creando una completa alianza político-militar regional en torno al mar Báltico: Alemania, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca.

Este bloque regional se complementa con un segundo bloque formado por Rumanía, Bulgaria y Grecia, con el objetivo de bloquear la salida de Rusia desde el Mar Negro hacia el Mediterráneo. El nexo entre ambos bloques, que los conecta geográficamente, es un tercer bloque regional formado por la República Checa, Eslovaquia, Ucrania y Moldavia.

Los países escandinavos informan del refuerzo de su infraestructura militar costera, así como de su componente marítimo. Todo indica que quieren atrapar al Báltico en un fuego cruzado.

De los dos países que aspiran a ingresar en la OTAN, sorprende la disposición de las autoridades finlandesas a romper las relaciones de buena vecindad que mantienen desde hace tiempo con Rusia, ya que Finlandia no ha visto ninguna amenaza por parte de Rusia desde hace décadas, lo que indica la subordinación de la política exterior finlandesa a los intereses de Estados Unidos. Las empresas finlandesas orientadas a la exportación se han visto significativamente afectadas por las sanciones antirrusas, con un notable descenso de los beneficios en el sector servicios, que representa el 60 por cien de la economía finlandesa y está orientado en gran medida a Rusia.

Los volúmenes de cooperación económica y comercial con Rusia son menores en el caso de Suecia, Dinamarca y Noruega. En esta situación, es obvio que Helsinki ha tenido que someterse a la presión de sus colegas escandinavos.

—http://www.observateurcontinental.fr/?module=articles&action=view&id=4740

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Es más barato entregar armas obsoletas a Ucrania que reciclarlas

Las armas que Estados Unidos ha suministrado a Ucrania tenían fecha de caducidad. Era más barato entregárselas que reciclarlas, según expone la revista American Thinker (1). Si no se hubiera desprendido de ellas, el Pentágono habría tenido que gastar unos 35.000 millones de dólares en reciclarlas.

En los debates sobre los costes de la guerra actual entre la OTAN y Rusia, muchos se centran en el precio de venta de las armas y municiones desde los arsenales de Estados Unidos. El importe total de la ayuda estadounidense a Ucrania desde el 24 de enero de 2022 hasta el 15 de enero de 2023 es de 76.800 millones de dólares, incluyendo 46.600 millones de dólares para fines militares.

Esos 46.600 millones de dólares se refieren principalmente a armas que se compraron hace décadas. Eran utilizables durante unos 20 años y pronto desaparecerán del arsenal estadounidense. En circunstancias normales, cuando estas armas se retiran del servicio, deben ser desmanteladas y recicladas, con un coste significativo para Estados Unidos.

El proceso de desmantelamiento de equipos militares se divide en varias etapas y categorías, que se describen en el Manual de Análisis de Costes del Ejército y otros documentos complementarios (2).

El proceso de desmantelamiento de armas es muy caro. Al enviar a Ucrania armas obsoletas, que se acercan al final de su vida útil, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se ahorran muchos gastos.

¿Cuál es el coste? Es difícil obtener datos reales para hacer una evaluación precisa, pero un ejemplo es la compra de armas químicas durante la Guerra Fría y los costes de neutralizarlas al final de su vida útil. Según un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estadounidense de 1985, el coste de crear el arsenal estadounidense de armas químicas era “el coste total de producir tres sistemas de armas binarias durante los ocho años siguientes”.

Ascendía a 2.749 millones de dólares, de los cuales 178 millones se gastarán en investigación científica y desarrollo experimental, 312 millones en capacidad de producción y 2.259 millones en la producción propiamente dicha, decía el documento. El coste de neutralizar y reciclar estas armas se ha estimado en unos 1.700 millones de dólares.

Tomando este ejemplo como base, el desmantelamiento y reciclaje de las armas y municiones transferidas a Ucrania por valor de 46.600 millones de dólares costaría unos 35.000 millones. Es probable que esta estimación esté sobrevalorada, ya que el desmantelamiento de las armas convencionales que Estados Unidos envía a Kiev cuesta menos que la eliminación de las armas químicas. Sin embargo, estas armas convencionales aún contienen muchos componentes peligrosos y costosos de desactivar, lo que significa que aunque su eliminación cueste un poco menos, sigue siendo una suma muy elevada.

En el futuro, la política de la OTAN puede cambiar, ya que es probable que la ayuda continuada a Ucrania genere costes adicionales para la producción de nuevas armas, en lugar de evitar los costes del desmantelamiento de las antiguas.

(1) https://www.americanthinker.com/blog/2023/03/a_secret_reason_for_ukraine_war_funding.html
(2) https://www.asafm.army.mil/Portals/72/Documents/Offices/CE/20200330%20CAM.pdf

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Los misiles hipersónicos de Rusia y Corea son indetectables

El jueves de la semana pasada tanto Corea como Rusia llevaron a cabo los mayores lanzamientos de misiles balísticos hipersónicos de los que se tiene constancia, la primera como parte de una demostración de fuerza en el Mar Amarillo en respuesta a unas importantes maniobras militares dirigidas por Estados Unidos cerca de sus fronteras, y la segunda en la Guerra de Ucrania.

En ambos casos los misiles disparados representaban a una nueva generación de artillería táctica, con trayectorias semibalísticas y gran maniobrabilidad diseñadas para ser casi imposibles de interceptar. El misil coreano era el KN-23, un diseño presentado por primera vez en 2018, poco después de que Estados Unidos desplegara sistemas de misiles Thaad en el lado surcoreano de la frontera.

El misil coreano resultó indetectable para uno de los sistemas antimisiles occidentales más capaces, el Aegis, ampliamente desplegado en aguas surcoreanas. Al menos seis KN-23 fueron disparados por la 8 Compañía de Asalto. Algunas fuentes estiman que su arsenal de KN-23 se cuenta por centenares y aumenta a un ritmo de docenas por año.

El mismo día la andanada rusa se realizó con el misil balístico lanzado desde el aire Kh-47M2 Kinjal, que entró en servicio por primera vez en 2017. Al igual que Corea del norte, se lanzaron seis misiles, lo que indica una escalada importante, ya que Rusia se ha abstenido de utilizar el alto valor de las municiones en grandes cantidades en el teatro ucraniano en el pasado.

El misil demostró estar muy por encima de las capacidades de interceptación del ejército ucraniano, aunque en este sentido es uno de los muchos misiles mucho más baratos y ampliamente utilizados.

El Kh-22 lanzado desde el aire, el Iskander lanzado desde tierra, e incluso los misiles tierra-aire de sistemas como el S-300 utilizados en funciones tierra-tierra, resultaron igualmente imposibles de derribar debido a las limitaciones de las defensas aéreas ucranianas.

Tras el estallido de la Guerra de Ucrania, fuentes gubernamentales rusas anunciaron que el Kh-47M2, el Kinjal, tiene cuatro veces más alcance y lo llevan los cazas de ataque MiG-31K y los nuevos MiG-31I, así como los bombarderos Tu-22M. Se espera que el MiG-31I, que se presentó el año pasado, forme todas las futuras unidades MiG que lleven misiles Kinjal.

El lanzamiento de seis Kh-47M2, considerado excesivo para el escenario ucraniano debido a su corto alcance y a las limitadas capacidades de defensa antiaérea del enemigo, es casi seguro que se diseñó principalmente como una demostración de fuerza para los aliados occidentales de Kiev, y no porque se considerara la forma más eficaz de neutralizar objetivos desde el punto de vista operativo.

Sin embargo, tanto Rusia como Corea han visto que sus capacidades convencionales, y sus capacidades de aviación de combate, disminuían drásticamente en relación con las de sus adversarios desde principios de la década de los noventa, y ambas, por razones muy diferentes, vieron que sus economías se contraían significativamente durante esa década y luego se recuperaban lenta y parcialmente.

Los misiles balísticos hipersónicos con trayectorias deprimidas fueron una de las armas asimétricas clave en los que ambos países han invertido mucho desde entonces. Proporcionan un medio barato y fiable de enfrentarse al poder aéreo mediante ataques a aeródromos.

Ambos países figuran entre las cuatro grandes potencias adversarias designadas por Estados Unidos junto a Irán y China, y se consideran segundo y tercero entre los adversarios de Estados Unidos en términos de potencia militar mundial después de China.

Corea del Norte ha recibido apoyo de Rusia para desarrollar el KN-23, que guarda cierto parecido con el Iskander y el Kh-47M2. El misil coreano es más grande que su homólogo ruso, que se ha ampliado aún más con la entrada en servicio de la variante KN-23B a partir de 2021. Se ha desplegado desde una gama más amplia de lanzadores, incluidos lanzadores sobre ruedas, sobre orugas, submarinos y sobre raíles, mientras que el Iskander ruso ha utilizado exclusivamente lanzadores móviles sobre ruedas.

El misil Sarmat entrará en funcionamiento este mismo año

El 23 de febrero Putin prometió que este año se pondría en servicio el nuevo misil balístico intercontinental, el Sarmat, que hará que quienes intenten amenazar a Rusia se lo piensen dos veces. “Prestamos especial atención, como siempre, al fortalecimiento de la tríada nuclear. Este año se pondrán en servicio los primeros lanzadores del sistema de misiles Sarmat”, declaró en un vídeo difundido en vísperas del primer aniversario del nicio de la Guerra de Ucrania.

El Sarmat, anunciado por primera vez el año pasado, fue descrito por Putin como un misil capaz de desbaratar todos los sistemas antiaéreos.

Según Putin, el misil es invencible y forma parte de la serie de misiles presentados en 2018. El Sarmat, llamado Satán II por la OTAN (siempre imaginativos), tiene un alcance casi ilimitado. La última prueba del Sarmat falló, según la CNN. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declinó hacer comentarios al respecto.

En su discurso anual Putin anunció la puesta en servicio de otros sistemas nucleares, sin especificar cuáles, y la suspensión de la participación de Rusia en el tratado Start, el último acuerdo bilateral de desarme nuclear entre Rusia y Estados Unidos.

“Occidente quiere acabar con nosotros de una vez por todas, pero no saben que es imposible vencer a Rusia en el campo de batalla”, declaró Putin.

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Asia

Japón se rearma hasta los dientes

Japón está pasando de ser un gigante económico, a convertirse ser un gigante militar, como en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Va a duplicar su presupuesto militar para 2027 como parte de su nueva estrategia de guerra. Eso no sólo significa comprar más armas, sino orientar su ejército hacia una guerra de agresión.

El gobierno japonés utiliza la amenaza de Corea del Norte como tapadera para apuntar a China, reforzando el cerco estadounidense sobre Pekín.

Su ejército será el tercer mayor consumidor de armas del mundo, después de Estados Unidos y China. Ahora mismo, es el noveno. El tope japonés del 1 por cien del PIB para el gasto militar, declarado en 1976, se ha superado varias veces -la última en 2017 y 2021-, pero solo mínimamente.

El salto al 2 por cien del PIB marca un cambio cualitativo y pone a Japón en línea con los requisitos de las grandes potencias. Demuestra el alineamiento cada vez más estrecho de Japón con Estados Unidos.

Comprará 500 misiles de crucero Lockheed Martin Tomahawk (Estados Unidos tiene 4.000), así como otros misiles, aviones y barcos. También fabricará sus propios misiles y aviones de combate, y desplegará más de 1.000 misiles de crucero de largo alcance capaces de alcanzar Corea del Norte y China.

El embajador de Estados Unidos en Tokio, Rahm Emanuel, saluda el rearme japonés como un paso trascendental para sus relaciones con Estados Unidos, y para hacer realidad un Indo-Pacífico libre y abierto. La revista Foreign Affairs calificó el plan japonés de profunda transformación. “El gobierno de Tokio está aplicando políticas que se han debatido durante décadas, pero que siempre han quedado estancadas”.

El ministro japonés de Comercio e Industria, Yasutoshi Nishimura, dice que el gobierno debe ”identificar los puntos de estrangulamiento para los países que quieran ejercer la coerción, y luego tomar contramedidas si es necesario”, con lo que pretende sumarse al bloquo del estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional.

La constitución japonesa de 1947 se vio socavada desde el principio tras la guerra, cuando Estados Unidos empezó a vender armas para convertir a Japón en su socio menor en la región. El artículo 9 de la constitución le prohíbe tener ejército, armada y fuerza aérea. Para sortear el obstáculo, las Fuerzas de Autodefensa han sido tratadas oficialmente desde 1952 como una extensión legal de la policía y el sistema penitenciario. Bajo esa ficción, el ejército ha crecido constantemente, especialmente bajo el primer ministro Shinzo Abe, que compró aviones furtivos F-35 a Estados Unidos por más de 8.800 millones de dólares, convirtió dos portahelicópteros en portaaviones en 2018 y levantó la prohibición de que las fuerzas japonesas lucharan en el extranjero.

Sin embargo, una Constitución orientada hacia el desarme ha hecho que eso sea problemático. Los pacifistas defenden el mantenimiento del artículo 9, recordando la brutalidad histórica de Japón, que mató a 20 millones de chinos en las décadas de 1930 y 1940, y ocupó Corea de 1910 a 1945. La oposición al cambio constitucional contaba con el apoyo de la mitd de la población hasta el año pasado. La Guerra de Ucrania lo ha reducido a una fracción. La principal oposición parlamentaria está claramente en contra de la remilitarización, y el argumento contra el uso de los impuestos para la militarización cuenta con el apoyo del 66 por cien de la población. El sindicato de trabajadores sanitarios se opone al plan de reorientar 1.000 millones de dólares de la sanidad al ejército.

Tras el asesinato del antiguo primer ministro Shinzo Abe el 8 de julio del año pasado, el Partido Liberal Democrático, alineado con Estados Unidos, que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde los años cincuenta, fue capaz de obtener una mayoría cuallificada de dos tercios en el Parlamento para enmendar la Constitución en diciembre, marcando un cambio cualitativo de rumbo hacia el rearme y la guerra.

Ucrania es el modelo

Los ejércitos estadounidense y japonés están integrando sus estructuras de mando para prepararse para la guerra con China. El general jefe del Cuerpo de Marines de Estados Unidos en Japón, el general James Bierman, cita a Ucrania como modelo. “¿Por qué logramos el nivel de éxito que logramos en Ucrania?”, se pregunta. Porque nos preparamos para la guerra con mucha antelación, entrenando a los ucranianos, preposicionando suministros y líneas de defensa, responde. “Lo llamamos montar el teatro. Y estamos montando el teatro en Japón, en Filipinas y en otros lugares”.

El general Mike Minihan, que dirige el Mando de Movilidad Aérea estadounidense, escribió en una sesión informativa privada en referencia a la guerra con China: “Espero equivocarme. Mi instinto me dice que estaremos luchando en 2025”.

Los demás aliados de Japón son Australia, India y Estados Unidos como parte de la “Quad”. El plan es vincular más estrechamente a un Japón militarizado con el dominio estadounidense del Pacífico, incluida la alianza Aukus, que proporciona a Australia submarinos nucleares con los que bloquear las rutas comerciales de China.

El papel de Gran Bretaña en Japón se está expandiendo. Lo señaló Boris Johnson en 2016 cuando declaró que “Gran Bretaña está de vuelta al este de Suez”. El nuevo Acuerdo de Acceso Recíproco Reino Unido-Japón, firmado en enero, permite a las tropas británicas estacionarse en Japón y realizar maniobras militares conjuntas. Eso incluye una visita del Grupo de Combate del Portaaviones Queen Elizabeth en 2021, así como un ejercicio conjunto en noviembre del año pasado que simuló la captura de una isla controlada por el adversario.

Gran Bretaña e Italia han llegado a un acuerdo con Japón para entregar aviones de combate de nueva generación, conocidos como Programa Aéreo de Combate Global (GCAP), antes de 2035. BAE Systems, Rolls-Royce y MBDA trabajarán con Leopard en Italia y Mitsubishi en Japón para construir el nuevo caza Tempest. Hasta el momento, Rishi Sunak ha comprometido 2.000 millones de libras. Este acuerdo devolverá a Mitsubishi su papel de fabricante de armas, el mismo que tenía durante la Segunda Guerra Mundial.

El embajador Rahm Emanuel declaró que el objetivo más amplio es “reducir la distancia entre el Atlántico y el Indo-Pacífico en una sola esfera estratégica”. Eso supone estar preparados para tomar el control de Eurasia y contrarrestar militarmente la Nueva Ruta de la Seda.

Se tensa la soga en torno a China

La soga alrededor de China se tensa a medida que Estados Unidos construye una OTAN asiática y amplía su propia presencia en Extremo Oriente. La fuertemente militarizada isla de Okinawa, la mayor del archipiélago de Ryukyu, lo estará aún más. Sus 31 bases militares estadounidenses, que albergan a más de 18.000 de los 54.000 soldados estadounidenses en Japón, se verán reforzadas por otros 2.000 miembros de la Infantería de Marina estadounidense en 2025. Okinawa está a sólo 300 millas de Taiwán.

Otras islas como Ishigaki, aún más cerca de Taiwán, albergarán nuevas bases de misiles. Mientras tanto, se ha inaugurado una nueva base estadounidense de 5.000 marines en la isla de Guam, en el Pacífico, Camp Blaz. Estados Unidos también ha ganado cuatro bases en Filipinas, en la parte norte del país más cercana a Taiwán, completando un arco militar alrededor de China.

Entretanto, las reclamaciones japonesas sobre las islas Diaoyutai, en el Mar de China Oriental, a sólo 160 kilómetros al norte de Taiwán -Japón las denomina islas Senkaku-, son disputadas por China. Los tratados de la Segunda Guerra Mundial devolvieron las islas a China, pero Japón se ha negado a renunciar a su control y las considera parte de su prefectura de Okinawa.

La guerra de desinformación contra China y Rusia

Debido a su amplio comercio con Rusia en combustible, automóviles y maquinaria, Japón ha tardado en seguir la línea antirrusa de Estados Unidos. Pero recientemente ha impuesto sanciones a Rusia y la ha calificado como “grave problema de seguridad”, al tiempo que ha prometido 5.500 millones de dólares en ayuda a Ucrania, pero sin enviar armas.

Sus relaciones con China siguen una trayectoria similar a sus relaciones con Rusia. Japón es un gran inversor en China, con más de 8.000 millones de dólares invertidos en 2021, pero ahora califica a China de ser “el mayor desafío estratégico para la paz y la seguridad de Japón”. Ha acordado cortar el suministro a China de chips informáticos avanzados y de la maquinaria necesaria para fabricarlos.

Japón también se está sumando a la intensificación de la guerra de desinformación de Estados Unidos contra China y Rusia. Un ejemplo de desinformación -o mentiras, como ha admitido un antiguo jefe del MI6- es que China está enviando armas a Rusia. Esa falsa historia se transmitió a los medios de comunicación occidentales y se difundió ampliamente.

A cambio de seguir la línea, Biden dijo que Estados Unidos está plenamente comprometido a defender a Japón utilizando todos los medios, incluidas las armas nucleares.

Sin embargo, los países de la Asean (con la excepción de Singapur) mantienen su negativa a imponer sanciones a Rusia o a elegir entre China y Estados Unidos. En una reciente cumbre UE-Asean, por ejemplo, la Asean insistió en respetar el principio de “una sola China” frente a las presiones de la UE. Aislarse de China no redunda en interés económico de los países de la Asean.

Al igual que los países de la Asean, la economía japonesa sufrirá las consecuencias de la reducción del comercio con Rusia y China, pero a diferencia de ellos, planea utilizar la carrera armamentística estadounidense para recuperar su propio poder militar. Eso la sitúa en la misma trayectoria que otra antigua potencia del Eje, Alemania, que también quedó bajo el control directo de Estados Unidos tras la guerra, con tropas estacionadas en su territorio y una clase capitalista al alero de Estados Unidos.

Además de intensificar las tensiones con sus vecinos, Rusia y China, el auge del militarismo japonés está obligando a Corea del Norte a reforzar aún más sus defensas. Del mismo modo, Corea del Sur, que también teme históricamente la dominación japonesa -por ejemplo, nunca se ha resuelto la cuestión de las mujeres coreanas violadas y prostituidas por el ejército japonés-, se verá arrastrada a la carrera armamentísta regional como parte de la política de Estados Unidos.

—https://www.legrandsoir.info/le-japon-se-rearme.html

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Estrategia

Estados Unidos depende de China y Rusia para fabricar municiones

Estados Unidos depende casi por completo de China -y en menor medida de Rusia- para obtener antimonio, una materia prima esencial para la industria de guerra. Es necesario para producir desde balas y explosivos perforantes hasta armas nucleares, así como una variedad de otros equipos militares, como gafas de visión nocturna.

El Congreso de Estados Unidos quiere consolidar la reserva estratégica de minerales básicos en la cadena de suministro de la industria de guerra, como titanio, tungsteno, cobalto y litio. Los congresistas calculan que escasearán para 2025 si no se toman medidas.

Después de que Japón cortara el suministro estadounidense de antimonio procedente de China durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos empezó a abastecerse del mineral en una mina de Idaho. Sin embargo, la mina dejó de producir en 1997.

“No hay ninguna mina nacional de antimonio”, dice un informe de 2020 del Servicio Geológico de Estados Unidos. China es el mayor productor de antimonio extraído y refinado y una fuente importante de importaciones para Estados Unidos (*). Pero está perdiendo cuota de mercado en favor de Rusia, segundo productor mundial, y Tayikistán está ganando terreno en el mercado mundial como tercer proveedor mundial de antimonio.

El reciente interés de los congresistas por reforzar las reservas de minerales estratégicos para la industria de guerra supone un giro radical. En las últimas décadas el Congreso había autorizado repetidamente ventas multimillonarias de la reserva para financiar otros programas.

En su punto álgido, al comienzo de la Guerra Fría en 1952, la reserva estaba valorada en casi 42.000 millones de dólares actuales. Ese valor se redujo a 888 millones de dólares el año pasado.

El Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes hizo su primer intento de abordar el control de China sobre la cadena de suministro de antimonio en un proyecto de ley publicado el miércoles. Un informe que acompaña al proyecto de ley exige que la administración de las reservas estratégicas informe al Comité sobre las existencias de antimonio, al tiempo que proporciona una perspectiva de cinco años de estos minerales y las debilidades actuales y futuras de la cadena de suministro.

“La comisión está preocupada por la reciente dinámica geopolítica con Rusia y China y por cómo esto podría acelerar las interrupciones en la cadena de suministro, en particular con el antimonio”, señala el informe.

El proyecto de ley también obliga al Pentágono a aplicar una política de reciclaje de baterías usadas para recuperar metales preciosos, minerales, tierras raras y elementos de importancia estratégica (como el cobalto y el litio) en la cadena de suministro o las reservas estratégicas.

El Pentágono presentó su propia propuesta legislativa al Congreso el mes pasado, pidiendo a los congresistas que autoricen 253,5 millones de dólares para adquirir minerales adicionales para las reservas estratégicas.

El arsenal actual es insuficiente para satisfacer las demandas de la competencia de las grandes potencias, según los congresistas. La reserva estratégica ya no es capaz de cubrir las necesidades del Pentágono para la gran mayoría de los materiales identificados en caso de interrupción de la cadena de suministro.

(*) https://www.defensenews.com/congress/2022/05/23/congress-and-pentagon-seek-to-shore-up-strategic-mineral-stockpile-dominated-by-china/

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Estrategia

‘Las armas estratégicas de Estados Unidos ya han pasado su fecha de caducidad’

En el discurso de Putin a la Duma hubo un inciso que ha pasado desapercibido: dijo que las armas estratégicas de Estados Unidos ya han pasado su fecha de caducidad. En efecto, en lo que respecta a las armas nucleares, el arsenal de Washington se encuentra en un estado lamentable.

Estados Unidos no tiene ninguna fábrica de armas nucleares. Sólo hay alguna actividad a pequeña escala en un puñado de laboratorios que tienen -más bien- un carácter científico.

La falta total de plantas de armas nucleares significa que Estados Unidos no tiene forma de producir plutonio nuevo. Nunca ha desarrollado la capacidad de enriquecer uranio con fines militares, la única otra opción para fabricar artefactos nucleares que exploten, por lo que sólo tiene su viejo plutonio.

La mayoría de las bombas nucleares de Estados Unidos tienen décadas, lo mismo que las rampas de lanzamiento. Pero el plutonio se degrada con el tiempo. Acumula isótopos que hacen que una bomba explote durante el montaje o no explote en absoluto y sólo ocasione un desastre. No hay forma conocida de separar los isótopos del plutonio.

Para satisfacer las necesidades de enriquecimiento de uranio de sus numerosas y viejas centrales nucleares, Estados Unidos depende del monopolio nuclear estatal ruso Rosatom, sometidos a las sanciones y, en menor medida, de los franceses, que a su vez también dependen de Rosatom.

Entre los demás países de la OTAN, los británicos dependen de Estados Unidos para sus misiles balísticos Trident II y los franceses no han probado un arma nuclear desde 1996. Pero Estados Unidos no sólo planea mantener sus bombas, sino también desarrollar otras nuevas. Dadas sus numerosas limitaciones y la naturaleza casera de sus esfuerzos en materia de armas nucleares, se trataría de minibombas.

Tiene unos 400 misiles Minuteman III y, en una serie de pruebas infructuosas, sólo uno de ellos salió lanzado. El misil fue seleccionado al azar, según dicen, transportado a unas instalaciones y preparado para la prueba. Los acondicionaron para estar seguros y fue disparado en una dirección aleatoria. Las noticias mostraron una estela en el cielo, pero no sabe si dio realmente en algún blanco. No mostraron imágenes de soldados uniformados midiendo la distancia entre los cráteres de la bomba (supuestamente tres) y el objetivo.

Se trata de misiles balísticos, lo que significa que, una vez finalizada la propulsión, siguen una trayectoria que puede calcularse a partir de su trayectoria inicial. Esto hace que los misiles balísticos sean fáciles de interceptar.

También hay una serie de misiles Trident II lanzados desde submarinos, compartidos con los británicos, aunque no se sabe su número. También son misiles balísticos.

Por último, están los bombarderos estratégicos y los misiles de crucero. La mayoría de estos últimos son Tomahawks, que vuelan a 900 kilómetros por hora. Un avión Boeing 777 lleno de turistas viaja más rápido. En la Guerra de Siria fueron muchos los que cayeron al mar. También son fáciles de interceptar, incluso con los sistemas de defensa antiaérea relativamente antiguos de la era soviética, por no hablar de los nuevos. La mayoría de los bombarderos estratégicos son viejos B-52 que no superan los 850 kilómetros por hora, y un puñado de B-1B Lancers que son supersónicos pero están a punto de ser retirados.

Putin declaró ante la Duma que las defensas estratégicas rusas son nuevas en un 93 por cien, por lo que la conclusión es que Estados Unidos no tiene ningún arma que los rusos no puedan interceptar, mientras que Rusia tiene varias armas que los estadounidenses no pueden interceptar en absoluto. Eso significa que, en un enfrentamiento nuclear, los rusos repelerán la mayoría de los ataques. Unas pocas ojivas podrían caer en zonas periféricas, bien porque estuvieran fuera de rumbo o porque el objetivo estuviera simplemente demasiado lejos como para preocuparse de él.

No es nada seguro que esas ojivas vayan a explotar según lo previsto. El resto harían pequeños agujeros en el suelo o provocarían una catástrofe nuclear. En tal caso, Rusia tendría a Estados Unidos a su merced. El escenario opuesto, en el que Rusia lanza un primer ataque, es contrario a la doctrina nuclear rusa.

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Economía

La economía de guerra va viento en popa en una época de recortes

El sábado la empresa de seguridad Thales anunció que se disponía a contratar a 12.000 trabajadores en todo el mundo, de los cuales pata este año habrá 4.000 nuevos empleos.

Los sectores aeronáutico y de defensa buscan personal a mansalva porque, en una época de recortes, sólo hay dinero para la guerra. España ha aumentado un 20 por cien su presupuesto en Defensa en los últimos 5 años.

Pero para el cálculo real del gasto, la OTAN suma a esta cantidad otras partidas que no están incluidas en el apartado del Ministerio de Defensa en los presupuestos, como las misiones militares en el exterior (que se financian en su mayor parte con cargo al Fondo de Contingencia), las pensiones de los militares o actividades sufragadas por otros Ministerios u organismos autónomos (*).

Para este año el presupuesto del Ministerio de Defensa es histórico en la medida que incluye un potencial de inversión productiva sin precedentes.

En Francia Airbus ha anunciado que cuenta con 3.500 nuevas contrataciones, Safran con 4.500 más, Dassault, cuya empresa matriz cuenta con 9.200 trabajadores, prevé contratar a otros 1.000 más este año. El fabricante de equipos aeronáuticos Daher, que tiene una plantilla de 10.500 trabajadores, tiene previsto contratar a otros 1.100 este año, 700 de los cuales serán creaciones netas.

La guerra no sólo necesita carne de cañón para enviarla al frente, sino mano de obra para las empresas de la retaguardia, que no son capaces de abastecer el aumento de los ritmos de producción.

En Francia las 400 empresas de la industria de guerra dan empleo a más de 190.000 trabajadores y quieren contratar a otros 15.000 más este año, según el grupo de industrias aeronáuticas y espaciales (Gifas).

Ni sanidad, ni educación, ni pensiones, ni gastos sociales de ningñun tipo. En todo el mundo los presupuestos de defensa son un pozo sin fondo. La industria de guerra es una profesión inmejorable, sobre todo porque permitirá a muchos escapar del servicio militar obligatorio en caso de que las cosas se pongan realmente feas.

Lo más curioso es el truco retórico que utilizan los ministros para justificar este dispendio de dinero público, la defensa nacional, porque una buena parte del armamento se exporta a terceros países, por ejemplo a Ucrania. Ya no se habla de “gasto militar” sino de inversiones. La guerra se ha convertido en la locomotora del desarrollo económico.

(*) https://www.europapress.es/nacional/noticia-espana-aumentado-20-presupuesto-defensa-ultimos-anos-sigue-lejos-pib-20220301134826.html