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Hacia una nueva carrera de armamentos nucleares: el fin del tratado Start

En 2001 Bush anunció que Estados Unidos se retiraba del histórico Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) de 1972, que prohibía (con algunas excepciones) el despliegue de sistemas de defensa antimisiles diseñados para derribar los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) del adversario.

El Tratado ABM consolidó la doctrina de la Guerra Fría de Destrucción Mutua Asegurada: ninguna parte que poseyera armas nucleares las utilizaría contra otra potencia nuclear porque hacerlo conduciría a su propia desaparición, a través de represalias nucleares garantizadas.

La doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada allanó el camino para los acuerdos posteriores de control de armamentos, desde las Conversaciones sobre Reducción de Armas Estratégicas (SALT) hasta el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) y los posteriores Tratados de Reducción de Armas Estratégicas (Start).

Putin condenó la decisión estadounidense de retirarse del Tratado ABM. En aquel momento, tanto los arsenales nucleares estratégicos estadounidenses como los rusos estaban sujetos a las limitaciones impuestas por el tratado Start de 1991. Los esfuerzos para reducir aún más las armas nucleares estadounidenses y rusas se emprendieron en virtud del Start II.

Pero la Guerra Fría no acabó con el desmantelamiento la URSS. Al abandonar el Tratado ABM, Estados Unidos lo anuló, y lo mismo ocurrió con el tratado Start III. El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (SORT), firmado en 2002, comprometía a Estados Unidos y Rusia a realizar reducciones adicionales a las previstas en el Start I, pero no contenía ningún mecanismo de verificación o cumplimiento.

El tratado Start I expiró en 2009 y el SORT en 2012. El nuevo tratado Start pretendía sustituir a ambos.

La defensa antimisiles

El punto de discordia es la defensa antimisiles. Bajo la presidencia de Putin, Rusia se negó a firmar ningún nuevo tratado sustantivo de control de armamento (el SORT era más informal que un tratado en cuanto a estructura y sustancia) que no abordara la defensa antimisiles.

Pero en 2008 Dmitry Medvedev sustituyó a Putin, que se convirtió en Primer Ministro.

Mientras el gobierno de Bush intentaba negociar un tratado de seguimiento del Start I, que pronto expiraría, Medvedev era reacio a alcanzar un acuerdo con Estados Unidos que no incluyera limitaciones a la defensa antimisiles, que el presidente Bush no aceptaba.

Al final, el problema de negociar un nuevo tratado quedó en manos de Obama, que tomó posesión de su cargo en 2009.

En su primera reunión, celebrada en Londres a finales de marzo de 2009, Medvedev y Obama emitieron una declaración en la que acordaban “proseguir las reducciones verificables de nuestros arsenales ofensivos estratégicos en un proceso escalonado, empezando por la sustitución del Programa de Reducción de Armas Estratégicas”.

En cuanto a la defensa antimisiles, Medvedev y Obama acordaron tratarla como una cuestión aparte. “Aun reconociendo que persisten las diferencias sobre los objetivos del despliegue de medios de defensa antimisiles en Europa”, dice el comunicado, “hemos debatido nuevas oportunidades de cooperación internacional mutua en el ámbito de la defensa antimisiles”.

Aunque el nuevo tratado Start que negociaron Rusia y Estados Unidos se centraba en la reducción de los arsenales nucleares ofensivos, se suponía que iría seguido de un esfuerzo por parte de Estados Unidos para abordar la preocupación de Rusia por la defensa antimisiles.

Así se reflejó en el intercambio de declaraciones unilaterales no vinculantes adjuntas al nuevo tratado Start. La declaración de Rusia sobre Defensa Antimisiles establece que el nuevo tratado Start “sólo puede ser efectivo y viable” en condiciones en las que no se produzca una mejora cualitativa o cuantitativa de las capacidades del sistema de defensa antimisiles estadounidense.

Además, la declaración añade que cualquier mejora de las capacidades de defensa antimisiles de Estados Unidos que diera lugar a una amenaza para el potencial de fuerza nuclear estratégica de Rusia, se consideraría uno de los “acontecimientos extraordinarios” mencionados en el artículo XIV del tratado y podría llevar a Rusia a ejercer su derecho a retirarse del tratado.

Por su parte, Estados Unidos emitió su propio comunicado en el que afirmaba que la defensa antimisiles estadounidense “no pretende afectar al equilibrio estratégico con Rusia”, al tiempo que declaraba su intención de “seguir mejorando y desplegando sus sistemas de defensa antimisiles para defenderse de ataques limitados”.

Putin no acepta el acuerdo alcanzado entre Medvedev y Obama

Putin no aceptó el acuerdo alcanzado entre Medvedev y Obama. Según Rose Gottemoeller, la negociadora estadounidense del nuevo tratado, estuvo a punto de impedir las conversaciones cuando, en diciembre de 2009, volvió a plantear la cuestión de la defensa antimisiles.

Putin viajó a Vladivostok, donde pronunció un discurso en el que denunció el tratado como “totalmente inadecuado”, criticando a los equipos negociadores estadounidense y ruso por “centrarse únicamente en limitar las fuerzas estratégicas ofensivas”, señalando que “no limitan la defensa antimisiles”. El tratado es una pérdida de tiempo, dijo. “Deberíamos abandonar las negociaciones”. Según Gottemoeller, Medvedev se enfrentó a Putin y le dijo: “No, continuaremos estas negociaciones y las llevaremos a buen puerto”.

Anatoly Antonov era el negociador ruso del nuevo tratado Start y siguió las instrucciones del Kremlin de elaborar un tratado centrado en la reducción de las armas estratégicas ofensivas, dando por sentado que Estados Unidos cumpliría su palabra cuando se tratara de entablar negociaciones significativas sobre la defensa antimisiles.

Sin embargo, menos de un año después de la entrada en vigor del nuevo tratado, Estados Unidos demostró que no tenía intención de cumplir sus promesas. En una entrevista concedida al periódico ruso Kommersant, Antonov dijo que las conversaciones con la OTAN sobre un sistema de defensa antimisiles propuesto en Europa Occidental habían llegado a “un punto muerto”, añadiendo que las propuestas de la OTAN eran “vagas” y que la prometida participación de Rusia en el sistema propuesto “ni siquiera es objeto de discusión”.

Antonov advirtió entonces que la “falta de buena fe” de Estados Unidos en materia de defensa antimisiles podría llevar a Rusia a retirarse por completo del nuevo tratado Start.

Estados Unidos ofreció a Rusia que observara la prueba de un interceptor de misiles estadounidense, pero la oferta nunca llegó a buen puerto, y Estados Unidos restó importancia a la capacidad del misil SM-3 para interceptar misiles rusos, señalando que carecía del alcance necesario para ser eficaz contra misiles rusos.

Siguen las promesas y la política de buenas palabras

Ellen Tauscher, Subsecretaria de Estado para el Control de Armamentos y la Seguridad Internacional, ofreció entonces a Antonov garantías por escrito de que el sistema Aegis Ashore Mk 41, que utilizaba el interceptor de misiles SM-3, no estaba dirigido contra Rusia. Sin embargo, declaró: “No podemos ofrecer compromisos jurídicamente vinculantes, ni podemos aceptar limitaciones en la defensa antimisiles, que necesariamente debe seguir el ritmo de la amenaza cambiante”.

Estados Unidos pasó inmediatamente de las palabras a los hechos: en 2015 comenzó a probar el interceptor SM-3 Block IIA contra objetivos de misiles balísticos intercontinentales. En realidad, el SM-3 tenía alcance para derribar misiles rusos de alcance intermedio e intercontinental. Esos misiles se iban a estacionar en las bases construidas por la OTAN en Polonia y Rumanía, que estaban más cerca de la frontera con Rusia de lo que nunca habían estado las fuerzas de la OTAN.

Putin tenía razón frente a Medvedev. Lo mismo que en los Acuerdos de Minsk, no había engaño ni mala fe. Estados Unidos nunca se ata las manos con ningún acuerdo internacional, y menos con Rusia. Sin embargo, también Putin cedió finalmente, como cuenta Gottemoeller: “Putin, desde que se firmó el tratado, ha adoptado una postura muy positiva en esta cuestión. Desde que el tratado entró en vigor, lo ha calificado públicamente en repetidas ocasiones como el ‘patrón oro’ de los tratados nucleares y lo ha apoyado… Sé que está comprometido con el tratado y con los esfuerzos que se están realizando ahora mismo en este diálogo de estabilidad estratégica para lanzar nuevas negociaciones”.

Sin embargo, Putin siguió preocupado por la amenaza de la defensa antimisiles estadounidense. El 1 de marzo de 2018 pronunció un discurso ante la Duma: “Quiero decir a todos aquellos que han alimentado la carrera armamentística durante los últimos 15 años, han buscado ventajas unilaterales sobre Rusia y han introducido sanciones ilegales destinadas a contener el desarrollo de nuestro país: todo lo que queríais evitar con vuestras políticas ya ha sucedido. Han fracasado en su intento de contener a Rusia”.

Putin se refería al desarrollo de varias armas estratégicas rusas nuevas, como el ICBM pesado Sarmat y el vehículo hipersónico Avangard, que eran la respuesta directa a la retirada de Estados Unidos del Tratado ABM. Putin añadió que Rusia había advertido a Estados Unidos de que tomaría tales medidas en 2004. “Nadie nos escuchó entonces”, dijo Putin. “Así que escúchennos ahora”.

Una de las personas que escuchaba era Gottemoeller. “La gente está preocupada por […] los llamados nuevos sistemas de armas exóticas que el presidente Putin desplegó en marzo de 2018”, dijo en 2021. “Ya están bajo los límites del nuevo tratado Start, el llamado [ICBM] pesado Sarmat y también el Avangard, que es su primer vehículo planeador hipersónico de alcance estratégico que se están preparando para desplegar. Ya han dicho que lo incluirán en el nuevo tratado Start”.

Cualquier futuro acuerdo de control de armamento buscaría limitaciones para estos sistemas, añadió Gottemoeller. Es la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho para los demás.

Tras la pandemia, la Guerra de Ucrania

En febrero de 2021 el nuevo tratado Start se prorrogó por cinco años más, aunque los rusos esperaban que las divergencias se pudieran resolver utilizando a la Comisión Consultiva Bilateral, exigida por el tratado, que se reúne dos veces al año para dirimir las disputas sobre la interpretación de las cláusulas.

A principios de 2020, con la pandemia, ambas partes acordaron suspender las inspecciones in situ y las reuniones de la Comisión Consultiva Bilateral. A mediados de año los negociadores estadounidenses y rusos empezaron a discutir la creación de protocolos conjuntos que pudieran implementar tanto las inspecciones como las consultas de la Comisión, a pesar de la pandemia.

Pero entonces comenzó la Guerra de Ucrania y, con ella, las sanciones, que prohibían a los aviones rusos sobrevolar el territorio de Estados Unidos e imponían restricciones de visado a los rusos que transitaran por la Unión Europea o Reino Unido de camino a Estados Unidos. Las sanciones también prohibieron el envío de equipos de inspección de armamento a Estados Unidos utilizando los protocolos de inspección de corto plazo del nuevo tratado Start, que tienen plazos estrictos de aplicación.

En junio del año pasado Estados Unidos declaró unilateralmente que la moratoria de las inspecciones impuesta por la pandemia ya no estaba en vigor. El 8 de agosto intentó enviar a Rusia un equipo de inspección con poca antelación para realizar las tareas de inspección exigidas por el tratado. Rusia rechazó la entrada del equipo y acusó a Estados Unidos de intentar obtener una ventaja unilateral realizando inspecciones in situ cuando Rusia no podía hacerlo. Era una vuelta a la ley del embudo. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que “no existen obstáculos similares a la llegada de inspectores estadounidenses a Rusia”.

Las inspecciones entraron en un punto muerto. Los diplomáticos de ambas partes iniciaron consultas para convocar una reunión de la Comisión Consultiva y finalmente pudieron acordar la fecha del 29 de noviembre del año pasado en El Cairo. Sin embargo, cuatro días antes de la fecha prevista, Rusia anunció la cancelación de la reunión.

En declaraciones al periódico Kommersant, el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Ryabkov, dijo que la Guerra de Ucrania estaba en el centro de la decisión. “Existe, por supuesto, el efecto de lo que está sucediendo en Ucrania y sus alrededores”, dijo Ryabkov. “No lo voy a negar. El control de armamentos y el diálogo en este ámbito no pueden ser inmunes a lo que ocurre a su alrededor.

Rusia: una concesión detrás de otra

A principios de este año el Departamento de Estado envió un informe al Congreso sobre el cumplimiento por parte de Rusia del nuevo tratado Start, en el que acusaba a Rusia de violarlo, al negar a los inspectores estadounidenses el acceso a emplazamientos en el interior de Rusia.

Rusia, dijo un portavoz del Departamento de Estado, “no está cumpliendo con su obligación en virtud del nuevo tratado Start de facilitar las actividades de inspección en su territorio”, señalando que “la negativa de Rusia a facilitar las actividades de inspección impide a Estados Unidos ejercer importantes derechos en virtud del tratado y amenaza la viabilidad del control de armas nucleares ruso-estadounidense”.

En su discurso de 21 de febrero del año pasado Putin destacó el papel de Estados Unidos y la OTAN en facilitar el uso por parte de Ucrania de aviones no tripulados de la era soviética para llevar a cabo un ataque contra una base cerca de Engels (Rusia), que albergaba los activos aéreos estratégicos de Rusia, incluidos bombarderos con capacidad nuclear. También dijo que acababa de firmar las órdenes para que los sistemas Sarmat y Avangard estuvieran operativos y, como tales, inspeccionables en virtud del nuevo tratado Start.

“Estados Unidos y la OTAN están diciendo directamente que su objetivo es infligir una derrota estratégica a Rusia”, declaró Putin. “¿Van a inspeccionar nuestras instalaciones de defensa, incluidas las más nuevas, como si no hubiera pasado nada? ¿De verdad creen que les dejaremos entrar así fácilmente?”

Rose Gottemoeller comentó que Estados Unidos “no va a cambiar su política hacia Ucrania porque él [Putin] esté enfadado por el nuevo tratado Start. Eso no va a ocurrir”.

La posición de Putin se basa en principios y nace de la retirada de Estados Unidos del tratado ABM. Estados Unidos, y Gottemoeller personalmente, se aprovecharon de las concesiones realizadas por Medvedev sobre la defensa antimisiles durante las negociaciones del nuevo tratado Start y, evidentemente, no están dispuestos a cumplir con las garantías ofrecidas a Rusia.

Las concesiones de Medvedev llevaron a Rusia a desplegar nuevas clases de armas nucleares estratégicas -el Sarmat y el Avangard- para derrotar a los sistemas de defensa antimisiles estadounidenses, incluidos los desplegados en Europa.

Estados Unidos pretende apoyarse en el nuevo tratado Start para acceder a los nuevos sistemas de armas rusos, al tiempo que niega a Rusia sus derechos recíprocos de inspección en virtud del tratado.

El nuevo tratado Start permanecerá en el limbo durante un futuro indefinido y expira en febrero de 2026. Eso significa que existe la posibilidad de que el control de armamento entre Estados Unidos y Rusia haya acabado.

Aunque Estados Unidos y Rusia se habían comprometido previamente a firmar un tratado que sustituyera al nuevo tratado Start, la Guerra de Ucrania representa un obstáculo casi insuperable para cualquiera que pretenda tener dicho tratado listo para su firma y ratificación antes de que expire el anterior.

Existe la posibilidad de que, dentro de dos años, Estados Unidos y Rusia se encuentren sin ningún mecanismo verificable para hacer frente a los temores e incertidumbres que rodean a los respectivos arsenales nucleares de ambas partes, por lo que es posible que ambos se enzarcen en una carrera armamentista desenfrenada, alimentada por la ignorancia de lo que hace el otro, que muy bien podría conducir a malentendidos y errores de cálculo de consecuencias incalculables.

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El tratado de reducción de armas nucleares ya se suspendió durante la pandemia

La retirada de Rusia del tratado Start III de reducción de armas nucleares ha desatado una catarata de comentarios de los más variados colores entre políticos, redactores y comentaristas.

La síntesis de esas declaraciones redundan en la petición de que Rusia debe respetar el tratado, incluido el acceso de los inspectores estadounidenses a los emplazamientos nucleares rusos.

Por lo tanto, es necesario un recordatorio previo: la URSS realizó su última prueba nuclear en 1990 y Rusia nunca ha probado armas nucleares. Firmó el tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT) en 1996 y lo ratificó en 2000. Estados Unidos lo ha firmado pero nunca lo ha ratificado, aunque hasta la fecha ha respetado la moratoria sobre pruebas nucleares.

En consecuencia, ese tipo de peticiones y buenas intenciones son unilaterales. Podían haberse dirigido también a Estados Unidos para que ratificara el tratado. En román paladino se llama “predicar con el ejemplo”.

Hay una segunda aclaración que hacer: Rusia no está autorizada a realizar inspecciones en territorio estadounidense en virtud del tratado.

Finalmente, una tercera: cuando recientemente un globo chino intentó realizar -por su cuenta- una inspección en las instalaciones de misiles estratégicos del Pentágono, fue derribado sin ningún tipo de contemplaciones.

Resulta tragicómico pretender -en plena guerra- inspeccionar las instaciones militares del adversario, mientras esconden las propias.

Los problemas no son de ahora. El 8 de agosto del año pasado Rusia anunció la suspensión de las inspecciones de sus instalaciones, acusando a Estados Unidos de intentar reanudar las verificaciones in situ sin contar con la aprobación de Rusia.

Estados Unidos insistió en que el brote de coronavirus, por el que se suspendieron las inspecciones durante más de un año de mutuo acuerdo, ya había finalizado y que, por tanto, tenía derecho a acudir a realizar una inspección. Moscú replicó que el brote seguía activo y que los inspectores rusos no podían viajar a Estados Unidos debido a las restricciones logísticas, bancarias y de visados que pesan sobre Rusia.

El tratado prevé que cada parte restrinja sus armas estratégicas ofensivas de modo que su suma no supere las 700 unidades para misiles balísticos intercontinentales (ICBM) desplegados, misiles balísticos submarinos (SSBM) y bombarderos pesados; 1.550 unidades de ojivas para ellos; 800 unidades para sistemas vectores desplegados y no desplegados de ICBM y SSBM, así como bombarderos pesados.

También prevé la notificación previa de los lanzamientos de misiles balísticos que entren en el ámbito de aplicación del tratado, pero eso también está en consonancia con los compromisos de las partes en virtud del Acuerdo de Notificación de Lanzamientos de ICBM y SSBM de 1988.

Tras el discurso de Putin, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso difundió una declaración sobre el tratado en la que se comprometía a “respetar, mientras dure el tratado, las restricciones cualitativas en materia de armas estratégicas ofensivas”.

La declaración del Ministerio esboza las condiciones bajo las cuales Moscú podría revisar su decisión sobre tratado. “Para que eso ocurra, Washington debe demostrar voluntad política, emprender esfuerzos de buena fe para la desescalada general y la creación de condiciones para restaurar el pleno funcionamiento del tratado y, por tanto, la garantía general de su viabilidad”. Mientras Washington no cumpla estos requisitos, cualquier movimiento de Moscú en dirección a Washington en el contexto del tratado queda “absolutamente excluido”.

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Irán enriquece uranio hasta un grado casi armamentístico

La Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el organismo de control nuclear de la ONU, ha encontrado uranio enriquecido al 84 por cien en Irán, muy cerca de la calidad apta para armamento nuclear.

Irán denuncia que el informe de la OIEA está amañado.

“La cuestión es si se trató de un accidente en las cascadas de centrifugadoras reconfiguradas o de un acto deliberado. La agencia ha pedido explicaciones a Irán”, declaró uno de los miembros de la OIEA.

A principios de febrero, la OIEA lamentó no haber sido informado de un cambio sustancial en las interconexiones entre dos cascadas, o grupos, de centrifugadoras que enriquecen uranio al 60 por cien en el emplazamiento subterráneo de Fordow.

Estas cascadas de centrifugadoras reorganizadas son innovaciones técnicas iraníes para acelerar el enriquecimiento de uranio a grados mlilitares.

“La OIEA está discutiendo con Irán los resultados de las recientes actividades de verificación del Organismo e informará a la Junta de Gobernadores del OIEA según proceda”, según el portavoz del OIEA.

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Rusia suspende su participación en el acuerdo de desarme nuclear

En su discurso anual ante la Duma, Putin anunció ayer que Rusia suspende su participación en el acuerdo de desarme nuclear Start III y no descartó realizar nuevas pruebas nucleares.

Rusia “no se retira del tratado, no, sino que suspende su participación. Antes de reanudar el diálogo sobre esta cuestión, tenemos que entender nosotros mismos qué reclaman países de la OTAN como Francia y Reino Unido y cómo vamos a acomodar sus arsenales estratégicos”, explicó.

“Quieren infligirnos una derrota estratégica, quieren atacar nuestras instalaciones nucleares, por eso me veo obligado a anunciar que Rusia suspende su participación en el tratado Start”, informó el presidente ruso, en referencia al deseo de Estados Unidos y sus aliados de que Moscú salga como perdedor de la Guerra de Ucrania.

Refiriéndose a la petición formulada a principios de febrero por la OTAN de inspeccionar la infraestructura nuclear rusa en el marco del tratado de reducción de armas estratégicas, Putin denunció también un “teatro del absurdo”.

Occidente está directamente implicado en los intentos de atacar nuestras bases aéreas y Rusia no puede admitir que inspeccionen sus instalaciones de defensa, añadió. “A través de los representantes de la OTAN, nos están dando ultimátums: ‘Tú, Rusia, haz todo lo que acordamos, incluido New Start, y nosotros haremos lo que queramos’”, dijo Putin.

El Presidente ruso exhortó a estar “preparados para las pruebas de armas nucleares”, si Washington las lleva a cabo primero. “Que nadie se haga ilusiones, la paridad estratégica podría verse alterada”, advirtió.

A finales de enero, el embajador ruso en Washington, Anatoli Antonov, refutó las afirmaciones del Departamento de Estado norteamericano de que Moscú no respetaba sus compromisos en virtud del tratado, que limita el arsenal nuclear de los dos países.

Afirmó que Estados Unidos es “responsable del agravamiento de la situación” por haber optado por librar una “guerra híbrida” contra Moscú. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declaró el 1 de febrero que “Estados Unidos ha destruido de hecho el marco legal y convencional del control de armamento” y que “apenas muestra voluntad de diálogo”, socavando así el tratado firmado en 2010, que debía permanecer en vigor hasta 2026.

Según los términos del acuerdo, Rusia y Estados Unidos tienen derecho a realizar algo menos de 20 inspecciones mutuas al año. El acuerdo Start III limita los arsenales de ambos países a un máximo de 1.550 ojivas nucleares desplegadas cada uno y el número de lanzadores y bombarderos pesados a 800.

Aspectos claves del discurso de Putin ante la Duma

La apuesta occidental por los neonazis en Ucrania, el fracaso de las sanciones y la suspensión de un acuerdo nuclear clave: estos fueron los aspectos más destacados del discurso del Presidente ruso.

Rusia trató de resolver pacíficamente los problemas relacionados con Ucrania desde 2014, pero los dirigentes occidentales estaban preparando en secreto un escenario completamente distinto, dijo.

Dirigiéndose a ambas cámaras del Parlamento, así como a altos funcionarios y figuras públicas, el dirigente ruso abordó una serie de cuestiones clave en un discurso de casi dos horas.

Rusia no sólo pretende proteger firmemente sus propios intereses, sino también su convicción de que el mundo moderno no debe dividirse entre “países civilizados” y “todos los demás”, afirmó Putin. Subrayó la necesidad de establecer estrechas relaciones de asociación, sin excepcionalismos ni recurso a la agresión.

Moscú sigue abierto a un diálogo constructivo con Occidente y continúa abogando por un sistema de seguridad mundial unido y equitativo. Sin embargo, en lugar de cooperar, dijo Putin, Occidente sólo ha emitido una respuesta confusa y se esconde tras el paraguas de la OTAN, que sigue ampliando sus fronteras hacia Rusia mientras las bases militares estadounidenses se expanden por todo el mundo.

Putin recordó que todas las propuestas de garantía de seguridad de Rusia fueron rechazadas de plano por Estados Unidos y la OTAN, lo que, en su opinión, demuestra claramente que ya se había dado luz verde a las acciones agresivas de Kiev. Hay pruebas de que se había planeado otra “acción punitiva” en el Donbas para febrero del año pasado.

Kiev y sus patrocinadores occidentales estaban detrás de la Guerra de Ucrania y ahora Rusia estaba utilizando la fuerza para ponerle fin.

Las países occidentales utilizaron el “despreciable método del engaño” en las campañas de Yugoslavia, Irak, Libia y Siria, dijo Putin. Sobre Ucrania, dijo que Occidente había admitido abiertamente que los acuerdos de Minsk de 2014-2015 eran un farol. Mientras “el Donbas ardía y corría la sangre”, los partidarios de Ucrania “jugaban con la vida de la gente”, afirmó.

A Occidente no le importa realmente a quién apoya en su lucha contra Rusia, razón por la cual hace la vista gorda ante los combatientes ucranianos que celebran abiertamente notorias divisiones nazis y llevan sus insignias.

Putin ha afirmado que el pueblo ucraniano se ha convertido en un rehén prescindible de Kiev y sus patrocinadores occidentales, que han ocupado Ucrania política, militar y económicamente, devastando el país durante las últimas décadas.

Occidente está tratando a Ucrania como un ariete contra Rusia y utilizando el campo de batalla como campo de tiro de pruebas. Hay algo que “todo el mundo debería entender”: cuanto mayor sea el alcance de los sistemas de armamento occidentales entregados a Ucrania, más se verá obligada Rusia a alejar la amenaza de sus fronteras.

Los occidentales ya no ocultan sus verdaderas intenciones y piden abiertamente una “derrota estratégica de Rusia”, añadió el Presidente ruso, que les acusó de querer convertir un conflicto local en una choque mundial. Pero aseguró que Rusia “reaccionará en consecuencia” ante cualquier amenaza.

Al mismo tiempo, Putin insistió en que Occidente reconoce que no puede derrotar a Rusia militarmente, razón por la cual lanza ataques híbridos cada vez más agresivos contra la cultura, la historia y otros valores rusos.

Las sanciones: el frente económico de la guerra

Occidente no sólo ha abierto un frente militar y mediático contra Rusia, sino también un frente económico. Sin embargo, sus esfuerzos resultaron contraproducentes y han acabado fracasando, a pesar de los intentos de disparar la inflación, hundir el rublo y robar descaradamente las reservas de divisas de Rusia, añadió Putin.

“Las sanciones antirrusas no son más que una herramienta”, aseguró el Presidente ruso, quien añadió que el objetivo, como han declarado los propios occidentales, es “obligar a sufrir” a los ciudadanos rusos. “Pero calcularon mal, y la economía rusa resultó ser mucho más robusta de lo que Occidente esperaba”, argumentó.

Rusia no sólo se está adaptando a las nuevas realidades, sino que está llevando su economía a nuevas fronteras y trabajando con sus socios para establecer un sistema estable y seguro de pagos internacionales, independiente del dólar u otras monedas de reserva occidentales, explicó Putin.

El Presidente también afirmó que Moscú es muy consciente de la implicación de Occidente en los intentos de las fuerzas ucranianas de atacar la aviación estratégica rusa. Esto, unido a las “absurdas” exigencias de la OTAN de que se le permita inspeccionar las instalaciones de defensa rusas en el marco del tratado nuclear Start no deja a Moscú otra opción que retirarse temporalmente del acuerdo, anunció Putin.

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Una joya del complejo militar industrial: el caza F-35

La joya de la corona de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, el caza F-35, lleva años plagado de averías y sobrecostes. Sin embargo, el Congreso sigue encargando nuevas unidades. Esta chapuza ilustra el peso del complejo militar-industrial en la política estadounidense.

El poder adquirido por las empresas armamentísticas, entre ellas Lockheed Martin, explica el consenso bipartidista que prefiere financiar las armas a instaurar una mínima protección social.

El pasado mes de diciembre, unas espectaculares imágenes del accidente de un avión Lockheed Martin F-35B en una base de las Fuerzas Aéreas en Fort Worth, Texas, circularon por internet. En el vídeo, de 37 segundos de duración, se ve cómo el avión planea sobre una pista, aterriza, rebota y la rueda de morro se desprende, lo que hace que el avión caiga de morro y empiece a girar en sentido contrario a las agujas del reloj. Incapaz de recuperar el control de la aeronave, el piloto acabó eyectándose, pero sufrió heridas graves. Este trágico accidente es sólo el último de una larga serie de choques de F-35. El año pasado se registraron otros dos, uno de ellos en octubre en una base de las Fuerzas Aéreas en Utah.

Si las imágenes se hicieron virales fue por la desconcertante y absurda forma en que se produjo el accidente: el F-35 parece más un avión de papel lanzado por la brisa que una pieza tecnológica de 100 millones de dólares. Además, el F-35 se ha convertido en un símbolo de las equivocadas prioridades políticas de Estados Unidos: la prisa, tanto de republicanos como de demócratas, por financiar herramientas de guerra en lugar de hacer otras cosas socialmente más productivas con fondos públicos, como desarrollar viviendas asequibles, abordar la desigualdad, introducir bajas por maternidad y guarderías… Visto así, los fracasos del F-35 se convierten en un espejo de la eterna incapacidad de Estados Unidos para mirar hacia dentro en lugar de hacia fuera para resolver sus problemas.

Las innovaciones bélicas son necesarias para satisfacer la ansiedad sobre la “competencia” con China, así como sobre el futuro de la supremacía estadounidense.

“Nos hemos gastado 1,7 billones de dólares en el F-35”, tuiteó el comentarista Kyle Kulinski en respuesta al accidente. No es cierto; ésta cifra es el coste total previsto para 66 años, por lo que todavía no es real. Pero una cifra tan elevada -equivalente al importe del proyecto de ley de gastos aprobado recientemente por el Congreso para mantener en funcionamiento el gobierno federal el próximo año y al total de la deuda estudiantil en forma de préstamos federales- dice mucho de la mala gestión financiera del Pentágono. Sin embargo, el F-35 no puede resumirse en su exorbitante coste. Su historia es emblemática del complejo militar- industrial estadounidense.

Los traficantes de armas mandan más que los diputados

La saga del F-35 comenzó hace más de veinte años. Tras la Guerra Fría, las fuerzas aéreas querían sustituir los cazas F-16, que se habían quedado obsoletos. Tras recibir ofertas competitivas de Lockheed y Boeing, el Pentágono hizo un pedido a Lockheed de un nuevo caza en 2001. El F-35 debutó en 2006. Pero en los más de 15 años transcurridos desde que el F-35 salió de la cadena de producción, han surgido un problema tras otro: el peso del avión, su informática e incluso su capacidad para maniobrar correctamente. En 2015, después de más de una década de inversión, cuando todavía se esperaba que el avión costara menos de un billón de dólares, el F-16 seguía rindiendo mejor.

Sin embargo, los problemas que afectan al F-35 no son una anomalía. El F-35 es el típico producto de la forma en que funciona el sistema de defensa estadounidense, el proceso de adquisición a grandes monopolios y la relación público-privada entre el ejército, los contratistas de defensa y el Congreso. Un sistema que se puso en marcha al principio de la Guerra Fría.

Las historias sobre los fallos de funcionamiento del F-35, los sobrecostes para solucionar esos problemas y las audiencias del Congreso que reprenden -con cierta ligereza, cuando no simpatía- al Pentágono y a los ejecutivos de los contratistas de defensa por esos retrasos y gastos excesivos, recuerdan al C-5A Galaxy. Ejemplo paradigmático del “despilfarro” del ejército estadounidense en la Guerra Fría, el C-5A tenía el tamaño de un campo de fútbol. No era un caza avanzado como el F-35, sino un avión de transporte diseñado para mover 90 toneladas de carga. Lockheed Martin consiguió el contrato para el C-5A en los primeros meses de la guerra de Vietnam en 1965, un contrato de 3.000 millones de dólares que se convirtió en un gasto de 9.000 millones para el gobierno federal a principios de los años setenta. El C-5A tenía grietas en las alas y finalmente resultó ser incapaz de cumplir su propósito, pues sólo conseguía transportar aproximadamente la mitad de la carga para la que había sido diseñado. Lockheed gastó millones más para solucionar los problemas, pero no consiguió nada.

Cuando salvaron al traficante de armas de la quiebra

Debido a su ineficacia y coste, las Fuerzas Aéreas redujeron sus pedidos del C-5A en 1970, dejando a Lockheed en un aprieto. En 1971 los sobrecostes del C-5A, así como los del avión comercial L-1011 TriStar, llevaron a Lockheed al borde de la quiebra. En la primavera de 1971, los bancos privados dejaron de conceder préstamos a Lockheed y era probable que la empresa quebrara.

Sólo el gobierno podía salvarla. La empresa solicitó al Congreso un rescate en forma de garantías de préstamo por un total de 250 millones de dólares. Si no obtenía esos fondos, Lockheed se hundiría y se llevaría consigo entre 25.000 y 30.000 puestos de trabajo en treinta y cuatro estados de Estados Unidos, por no hablar de su importancia para la seguridad nacional estadounidense. La petición de Lockheed era, pues, un ultimátum al Congreso. Lockheed se convirtió así en una de las primeras empresas “demasiado grandes para quebrar”.

Tras un polémico y reñido debate en el Senado -que tuvo lugar en el momento álgido de la oposición pública a la guerra de Vietnam-, se aprobaron las garantías de préstamo solicitadas por Lockheed. El Congreso no quería perder su inversión en el avión, ni quería recortar puestos de trabajo mientras la economía entraba en recesión y aumentaba la inflación. Así que el C-5A continuó operando en los conflictos provocados por Estados Unidos, siendo finalmente reequipado y modernizado al C-5B y luego al C-5C. Ahora vuela como C-5M.

Al igual que con el C-5A, las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos están revisando su compromiso con el F-35 y considerando la posibilidad de reducir sus compras previstas de este avión. ¿Es posible, entonces, que el F-35 sea el sucesor del C-5A en el sentido de que sus sobrecostes lleven a Lockheed a la insolvencia (una vez más), y obliguen a un examen minucioso e incluso a una reevaluación del complejo militar-industrial? Por desgracia, esto parece muy poco probable.

Quienes desean recortar y reformar el presupuesto de defensa y cancelar programas como el F-35 -por no hablar de desmilitarizar la economía estadounidense- se enfrentan a varios obstáculos. El más obvio es el argumento del empleo, la afirmación de que detener el F-35 enviará a los estadounidenses directamente al paro. La producción del avión C-5A había afectado principalmente a los trabajadores de un puñado de estados: Georgia, California y Wisconsin. Las piezas del F-35, en cambio, se fabrican en cuarenta y cinco estados y Puerto Rico. Incluyendo a los diversos subcontratistas que trabajan en el F-35, da un total de unos 300.000 puestos de trabajo. Es cierto que no es una cifra enorme comparada con los 163 millones de estadounidenses en activo. Pero la dispersión de los puestos de trabajo por todo el país frena una campaña de movilizaciones contra este tipo de despilfarro militar.

Las ventas de F-35 a países extranjeros también son fundamentales para la forma en que Estados Unidos lleva a cabo su actividad diplomática. Estados Unidos ha autorizado la venta de F-35 a países como Polonia y está considerando la posibilidad de venderlos a Turquía para contener la influencia rusa en ese país. Estas ventas -y la perspectiva de más- han cobrado aún más importancia para los intereses de la política exterior estadounidense desde el inicio de la Guerra de Ucrania en febrero del año pasado. Además, la explosión del comercio mundial de armas desde la década de 1970 ha convertido al F-35 en una herramienta central para la construcción de alianzas, que son claves para sostener su hegemonía.

La privatización de la industria de defensa

Luego está el papel que desempeñan los contratistas de defensa en la economía. En un artículo de 2019 para el New York Times, la periodista Valerie Insinna reveló que Lockheed Martin ejerció su influencia -directa pero discreta- sobre el futuro presupuesto del F-35, y que el proceso de contratación permitió a Lockheed gestionar libremente un producto gubernamental. En cierto modo, los zorros vigilaban el gallinero. Uno de los factores que ha desviado continuamente el rumbo del programa F-35 es el nivel de control que Lockheed tiene sobre el programa. La empresa produce no sólo el propio F-35, sino también el equipo de entrenamiento para pilotos y técnicos de mantenimiento, el sistema logístico del avión y su equipo de apoyo, como carros y plataformas. Lockheed también gestiona la cadena de suministro y es responsable de gran parte del mantenimiento del avión.

Esto da a Lockheed un poder significativo sobre casi todas las partes de la empresa del F-35.

“Después de mis primeros 90 días, tuve la impresión de que el gobierno no estaba a cargo del programa”, dijo el teniente de la Fuerza Aérea Christopher Bogdan, quien asumió la supervisión del programa en diciembre de 2012. Parecía “que todas las decisiones importantes, ya fueran técnicas, sobre el calendario o contractuales, las tomaba realmente Lockheed Martin, y el departamento gubernamental a cargo del programa se limitaba a observar”. El F-35 de Lockheed, a diferencia del C-5A, se está produciendo en un momento en que la industria de defensa se ha ido privatizando cada vez más desde la década de 1970. La privatización de las fuerzas armadas en las últimas décadas fue un proyecto político decidido tanto por rígidas posiciones ideológicas a favor de la empresa privada como por la búsqueda interesada de mayores beneficios mediante la absorción de recursos y funciones gubernamentales.

Si a esto añadimos el actual clima de política exterior, en el que el temor a una guerra con China hace cundir el pánico entre los estadounidenses, los cazas F-35 se convierten en herramientas necesarias para desplegar en caso de que los chinos decidan invadir Taiwán. Los oficiales de las Fuerzas Aéreas también se aferran al potencial del F-35, más que a sus capacidades actuales, creyendo que las deficiencias del F-35 pueden corregirse a su debido tiempo.

Estos diversos ingredientes son una receta perfecta para el continuo despilfarro del dinero de los contribuyentes. Pero desde el punto de vista de Lockheed, esta receta es un éxito. Porque mientras el F-35 es objeto de burlas en internet, Lockheed también se mofa de su abultada cuenta bancaria.

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Noticias

Aviones de la OTAN intentan interceptar un globo frente a las costas de Rumanía

El sistema de vigilancia aérea de la Fuerza Aérea Rumana detectó un pequeño objetivo aéreo el 14 de febrero hacia las 12.30 horas. Sus características eran similares a las de un globo meteorológico, que se desplazaba a unos 11.000 metros de altura en el espacio aéreo nacional, al norte del condado de Constanța, en la costa del Mar Negro. Dos aviones MiG-21 Lancer despegaron de Fetesti (67 km al oeste del objetivo) bajo mando de la OTAN y se dirigieron a la zona donde se había informado del objetivo aéreo. Las tripulaciones de ambos aviones no confirmaron la presencia del objetivo aéreo, ni visualmente ni en los radares de a bordo.

La zona donde volaba el objetivo no identificado corresponde al perímetro del Centro Nacional de Entrenamiento de Defensa Aérea, es decir, el aeródromo de Capu Midia. Los militares del Centro sueltan globos llenos de helio para determinar la situación meteorológica antes de disparar misiles en el campo de tiro. Estos globos son de goma comerciales de 1 m de diámetro, que no pueden soportar la diferencia de presión de los 11.000 m de altitud y estallan. Y cuando estallan, sus restos no pueden ser detectados por los radares de los aviones ni visualmente por los pilotos.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de todo esto?

1. El globo se escapó accidentalmente de un edificio sin ninguna acción humana. La probabilidad de que esto ocurra es muy baja.

2. El globo fue lanzado de acuerdo con el procedimiento, pero el Centro de Entrenamiento de Defensa AA no informó a los oficiales de vigilancia aérea de la Fuerza Aérea Rumana. La probabilidad de que esta situación se produzca en el contexto de un conflicto armado en la frontera rumana está casi excluida. Hasta el momento, no se ha producido ningún cambio en el jefe ni en sus adjuntos de la cúpula de la Fuerza Aérea Rumana, que se supone son los responsables del incidente.

3. Toda la operación fue un ejercicio planeado de antemano, con la aprobación de los dirigentes de la OTAN, para poner a prueba la capacidad y la rapidez de respuesta de las Fuerzas Aéreas rumanas. En el pasado se han realizado con frecuencia comprobaciones de la preparación para el combate, pero no se han hecho públicas para no infundir miedo a la población civil.

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Espionaje

El próximo campo de batalla es el espacio

El próximo campo de batalla es el espacio. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos acaba de presentar los planes para el lanzamiento de prueba de dos satélites cazadores diseñados por empresas militares privadas (*).

Se trata de dispositivos capaces de rastrear una nave extranjera en órbita y recuperar información sobre ella. Los satélites han sido fabricados por la empresa True Anomaly y se espera que sean lanzados con un cohete SpaceX en octubre de este año. Los dos modelos Chacal pueden captar información cuando están lo suficientemente cerca de su objetivo. Pueden obtener datos sobre los sistemas de vigilancia o armamento del enemigo o interceptar comunicaciones.

La empresa afirma que su producto opera con seguridad a corta distancia para recoger imágenes multiespectrales, vídeo en movimiento y datos de observación métrica de cualquier objeto espacial residente en cualquier órbita. Se trata de una empresa emergente que recaudó 23 millones de dólares el año pasado.

Estados Unidos sigue gastando dinero en nuevas tecnologías de guerra, incluidas las tecnologías espaciales. Quiere ir un paso por delante. El año pasado intentó 78 lanzamientos gubernamentales, 72 de los cuales tuvieron éxito.

China realizó 64 lanzamientos, con 62 aparatos puestos en órbita. Rusia ocupa el tercer lugar, con 21 satélites lanzados. En el firmamento, Estados Unidos domina con diferencia todo el espacio que le rodea: de los 8.000 satélites que hay en el aire, más de 3.500 pertenecen a SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk.

Dado que este servicio estaba originalmente destinado a profesionales, se convirtió en un blanco perfecto para el espionaje. Una vez lanzados los primeros Chacales, habrá auténticas persecuciones en órbita sobre nuestras cabezas.

Los satélites tienen importantes inconvenientes con respecto a los drones o los globos. El tiempo de observación está limitado por su trayectoria orbital y su altitud. Los drones y globos se desplazan más despacio. Tienen más tiempo para detectar objetivos en tierra.

Después de los satélites espaciales, los globos son los más utilizados y su empleo se remota a la Guerra Fría. Hoy Israel, por ejemplo, los utiliza paa vigilar cada rincón de Palestina y los vende a terceros países. Tienen 7 metros de diámetro y están inflados con inflados con helio. Pueden volar bajo, a unos 800 metros de altura, o también a 30 kilometros, como los chinos.

Pero la verdadera novedad no es el espionaje, sino la caza y destrucción de este tipo de aparatos, tanto satélites, como drones y globos.

(*) https://www.wired.com/story/true-anomaly-jackal-pursuit-satellites/

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Estrategia

Las rocambolesca historia del globo espía chino

El Pentágono ha anunciado a bombo y platillo la preparación de una guerra contra China y, para ir preparando los ánimos, cuenta a los medios una de esas noticias rocambolescas capaces de llenar los titulares de los noticiarios del mundo entero: un globo espía chino sobrevuela el espacio aéreo de Estados Unidos.

Los portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores chino se han burlado amablemente del Pentágono y del avión que ha derribado el globo, un F-22 de 35 millones de dólares. Jocosamente lo llaman el “asesino de globos”.

En Pekin dicen que es un globo meteorológico. En tiempos de la Guerra Fría, en Moscú también llamaban “barcos de pesca” a los que lanzaban las redes frente a las bases navales de la OTAN.

Es evidente que el globo chino no tomaba las temperaturas de la atmósfera justo encima de una base de misiles en Montaba, a 18 kilómetros de altura. Tampoco era la primera vez que lo hacía. Pero lo mismo hacen los del otro bando, es decir, que aquí no hay ninguna sorpresa.

Tampoco la habrá cuando los misiles chinos hagan lo propio con los satélites espaciales que el Pentágono tiene orbitando en la estratosfera. El sábado el gobierno de Pekín expresó su descontento por el derribo del globo. Fue una maniobra “desproporcionada”, por lo que anunció que, si es necesario, se reserva el derecho de dar “más respuestas”.

Es posible que los primeros en caer sean los satélites, como los Starlink, que dan servicio de conexión a internet… sobre todo en Ucrania.

La noticia va acompañada de otra del Wall Street Journal que acarrea agua al mismo molino: China está ayudando a Rusia en su esfuerzo bélico, proporcionándole la tecnología que las fuerzas armadas rusas necesitan para continuar su ofensiva en Ucrania.

Es evidente que la campaña de guerra sicológica contra China ya ha empezado y que, de rebote, se asocia a Rusia y a la Guerra de Ucrania para que nadie tenga la más mínima duda de lo que nos espera.

Si creían que ya tenían bastante con la basura contra Putin, prepárense para otra sobredosis de Xi Jinping, el Tíbet, los uigures…

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Estrategia

El ‘dios de la guerra’ ha caído (los Himars son un trofeo en las vitrinas del ejército ruso)

Los bots de la OTAN inundan las redes sociales cantando alabanzas a los tanques que la OTAN va a enviar a Ucrania, que son la octava maravilla del mundo. Ya lo hicieron antes con los Himars, otra joya de la artillería occidental ensalzada hasta el aburrimiento por los tertulianos de la radio y la televisión.

Himars son las iniciales de “High Mobility Artillery Rocket System” o sistema de artillería de misiles de alta movilidad. Tienen troneras para disparar hasta seis misiles casi simultáneamente.

Los traficantes de armas que los venden, Lockheed Martin, los calificaron de “temibles” y, desde luego, Rusia no es capaz de fabricar nada parecido. Newsweek dijo que eran el “dios de la guerra” (1). Según la BBC, los Himars estaban destinados a cambiar el curso de la Guerra de Ucrania. “Se han convertido en un símbolo de la vulnerabilidad rusa”, decían (2).

Ahora el ejército ruso ha logrado derribar varios misiles disparados por los sistemas Himars y capturar su sistema de control (3). A juzgar por el estado visual, la unidad de control del misil no ha resultado dañada, lo que permitirá estudiar sus capacidades y desarrollar una solución para contrarrestar mejor los ataques con este tipo de sistemas de guiado.

En las fotos que ha presentado el ejército ruso se puede ver la unidad de control del misil M30\M31, capturado como trofeo. El bloque no ha sido dañado en absoluto.

Es difícil adivinar qué tipo de información revelará dicha unidad de control, aunque es obvio que es un sistema de guiado de misiles a través de protocolos especiales de satélites militares y GPS.

Hasta la fecha el ejército ucraniano sigue utilizando sistemas Himars para lanzar ataques, pero su eficacia ha disminuido muy rápidamente desde que llegaron a los campos de batalla. No son la panacea que habían prometido a los ucranianos.

(1) https://www.newsweek.com/himars-form-nato-shield-against-russia-baltics-depth-analysis-1759659
(2) https://www.aljazeera.com/news/2022/7/26/the-russians-have-nothing-equivalent-how-himars-help-ukraine
(3) http://avia-pro.fr/news/rossiyskie-voennye-zahvatili-sistemu-upravleniya-raketami-himars

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Estrategia

La carrera de armamentos no existe: Estados Unidos siempre va muy por delante

Antes de la Guerra de Ucrania, en 2021, se superó la barrera de los 2.000 millones de dólares de gasto militar por primera vez en la historia de la humanidad. Por lo tanto, es un tópico volver a repetir que en todo el mundo el gasto militar sigue superando todas las cotas anteriores.

Pero no lo es constatar la desproporción abismal entre lo que gasta Estados Unidos, por un lado, seguido también por el resto de los países miembros de la OTAN, y, por otro, lo que gastan los demás países del mundo. En consecuencia, la carrera de armamentos no existe; no hay tal “carrera” porque uno de los corredores siempre va por delante.

La diferencia entre lo que Estados Unidos gasta y lo que gastan sus competidores más cercanos siempre ha sido abismal. Según el Instituto de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri), el gasto militar de Estados Unidos en 2021 supuso el 41 por cien del gasto militar total en el mundo (1).

El competidor más cercano de Estados Unidos, es decir, el segundo país que más dinero gasta en armamento, es China, con la diferencia de que en 2021 “sólo” gastó 293.000 millones de dólares, es decir, menos de la mitad que Estados Unidos.

Rusia es un pariente pobre, con La carrera de armamentos no existe: Estados Unidos siempre va muy por delante “sólo” 69.500 millones de dólares gastados en armas.

La cantidad total de todo tipo de armamento que se habría fabricado y vendido en 2021, así como la forma en que se distribuiría (2). Según estos otros datos, Estados Unidos seguiría estando a la cabeza, muy por delante del resto del mundo, en cuanto a todos los diferentes tipos de armamento fabricados por empresas estadounidenses y vendidos al gobierno estadounidense, entre otros; estos datos también incluirían todas las ventas de armas a escala mundial.

El 40 por cien de las mayores empresas de armamento del mundo son estadounidenses. Las 5 primeras son también estadounidenses, por tamaño: Lockheed Martin, seguido de Raytheon Technologies, Boeing, Northrop Grumman y General Dynamics.

El 51 por cien de todas las armas vendidas en 2021 procedían de Estados Unidos y fueron fabricadas por empresas estadounidenses, frente al 18 por cien de China y sólo el 3 por cien de Rusia.

Si a todas las armas fabricadas por empresas estadounidenses se añaden las que también han sido fabricadas por empresas europeas, que operan en países miembros de la OTAN, así como las procedentes de Israel, así como de Japón y Corea del Sur, se obtiene una proporción del 75 por cien.

En otras palabras, el 75 por cien del valor de todas las armas vendidas en 2021 procedía de Estados Unidos o de sus aliados incondicionales.

Cualquier discurso de paz que no incluya, al mismo tiempo, un llamamiento concreto al desarme de Estados Unidos, en primer lugar, junto con la disolución de la OTAN, es falaz.

(1) https://sipri.org/media/press-release/2022/world-military-expenditure-passes-2-trillion-first-time
(2) https://sipri.org/media/press-release/2022/arms-sales-sipri-top-100-arms-companies-grow-despite-supply-chain-challenges