Guerra nuclear: la destrucción mutua asegurada

Desde la crisis de los misiles de 1962 los medios de comunicación están hablando más que nunca de las armas nucleares. Pero eso sólo ocurre en Occidente, por lo que va implícito que serán los rusos quienes las lancen. Serán armas nucleares “tácticas”, añaden.

Es otra invención. Rusia no ha dicho ni una sola vez que se plantea utilizar armas nucleares, ni siquiera “tácticas”. Ni en Ucrania ni en ningún otro lugar.

La guerra nuclear es otro de los grandes mitos del mundo moderno. A nadie le caben dudas de que un choque de esa naturaleza acabaría con el planeta porque  lo dijo el Pentágono: dos años despues de la crisis de los misiles, el Secretario de Defensa, Robert McNamara, estableció el canon de la “destrucción mutua asegurada” en un discurso.

Se suponía que existía un cierta paridad estratégica entre ambas partes. Un primer golpe nuclear por parte de cualquiera de ellos, Estados Unidos o la URSS, contra el otro, daría lugar a una respuesta equivalente que dejaría a ambos países devastados y un mundo inhabitable.

Desde entonces ha pasado medio siglo, pero la doctrina perdura y, además, ha calado, a pesar de los cambios en la correlación de fuerzas y en la técnica militar.

En 2001, antes de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos abandonó unilateralmente el Tratado de Misiles Antibalísticos y optó por la “guerra contra el terrorismo”, marcada por la invasión de Afganistán, Irak y otros países de la periferia. La política de defensa de Estados Unidos cambió; los aspectos tácticos empezaron a dominar.

Los rusos no siguieron ese camino. Siguió imperando la estrategia. Se adaptaron al abandono del tratado sobre misiles y desarrollaron diversos sistemas de defensa, de los cuales las armas hipersónicas, presentadas en 2018, son las más conocidas.

En Ucrania los misiles hipersónicos Kinzhal han alcanzado sus objetivos antes de que saltaran las alarmas de los sistemas antiaéreos de la OTAN. Ningún sistema de defensa aérea de la OTAN puede interceptar hoy en día un ataque de esas características, como ha expuesto un reciente estudio de la Sociedad Americana de Física.

En los próximos 15 años los sistemas de interceptación de misiles balísticos intercontinentales de Estados Unidos y la OTAN no podrán contrarrestar ni siquiera un ataque nuclear limitado procedente de Rusia.

Por el contrario, Rusia puede destruir la respuesta nuclear estadounidense con un daño limitado, por grande que sea, para su país. En consecuencia, Rusia tiene más posibilidades de sobrevivir a un intercambio nuclear con Estados Unidos. Estados Unidos no puede asegurar que la destrucción sea “mutua”.

En enero de este año las cinco principales potencias nucleares, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, firmaron un documento conjunto en el que se afirmaba que no se podía librar una guerra nuclear porque conduciría a una destrucción inimaginable.

Paralelamente, el Pentágono estaba elaborando una nueva versión de su estrategia nuclear en la que, por primera vez, reconoce que hay determinadas “amenazas” (se supone que rusas o chinas) que justifican el uso de armas nucleares en primer lugar.

A diferencia de Rusia, Estados Unidos admite que está dispuesta disparar primero porque en una guerra nuclear sería su única posibilidad. Si no lo hace es, entre otras cosas, poque la correlación fuerzas es desfavorable. No podría evitar una respuesta aún más demoledora por parte de Rusia.

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