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Ucrania ha puesto a Rusia en guerra con Estados Unidos

Óscar Miguélez

Así lo manifestó públicamente Sergei Glazyev, consejero económico de Putin, el 31 de mayo (1) en referencia a la presencia de consejeros militares del Pentágono en Ucrania. Pero las declaraciones de Glazyev, quien expresa lo que Putin no puede decir abiertamente, fueron mucho más allá, entrando en el terreno geoestratégico e histórico. «Cualquier guerra en Europa supone grandes beneficios para Estados Unidos, en el fortalecimiento de su influencia geopolítica, y se están aferrando a su tradición», dijo Glazyev.

En declaraciones posteriores a la BBC (2) Glazyev atacó también a la Unión Europea tras el acuerdo firmado con Ucrania el 27 del mes pasado. Calificó al presidente ucraniano y al primer ministro, Yatseniuk, de nazis y fascistas y al primero le llamó Frankenstein nazi: «Organizaron un golpe militar en Ucrania, ayudaron a los nazis a ocupar el poder. Este gobierno nazi está bombardeando la región más grande de Ucrania». El asesor de Putin dijo que Europa quiere como vecino a un Frankenstein nazi.

Glazyev considera a Ucrania como un país ocupado por Estados Unidos, que está «desplegando una guerra en Ucrania, después de organizar un golpe de Estado y poner a su propia gente al mando, para usar a Ucrania como un detonador en contra de Rusia y Europa. El caos se extiende por Ucrania y el caos adquiere cada vez más las características de una catástrofe general». De hecho la situación en Ucrania ya es de guerra, agregó Glazyev, y la misma no se dirige sólo contra Rusia, sino también contra la propia Europa.

En cuanto a las sanciones económicas impuestas a Rusia, Glazyev las calificó como una «guerra económica total» en la que Alemania y los países bálticos perderían un billón de euros.

El objetivo del nuevo gobierno ucraniano es el mismo que el de Estados Unidos, y no se trata de los ucranianos a los que la prensa imperialista denomina «prorrusos» sino de la misma Rusia. Frente a cada una de las trampas y provocaciones tendidas por el ejército ucraniano junto a la frontera, Glazyev preconiza una línea estratégica a largo plazo contra Estados Unidos, que debe tener su expresión en el terreno militar. La situación en Ucrania, concluye Glazyev, conduce a la Tercera Guerra Mundial.

En Ucrania Estados Unidos está movilizando todas las fuerzas disponibles. El Pentágono controla las armas, controla las finanzas, controla al gobierno y, finalmente, controla a las bandas nazis, un término que Glazyev no rehuye utilizar. Las tropas ucranianas ascienden ya a unos 50.000 soldados, que en setiembre serán 200.000, una militarización total del país. Está renovando el equipamiento de los carros de combate, que ya se han utilizado en la lucha contra los insurgentes en el este.

No obstante, Glazyev afirma que el objetivo es la recuperación de Crimea, lo cual puede ser la excusa, el propósito inmediato, pero no el verdadero proyecto de Estados Unidos, que parece ser el que defendió el 13 de marzo el senador John McCain cuando le exigió a Obama que instalara el escudo antimisiles en los países de Europa del este.

En el oeste, durante su etapa al frente del gobierno, Zapatero ya introdujo a España en dicho escudo, poniendo a la base naval de Rota y al resto de la Península en el ojo del huracán.

(1) Vídeo: US is militarizing Ukraine to invade Russia, http://www.youtube.com/watch?v=nWT5HM_NMlI
(2) Asesor de Putin califica de «nazi» al gobierno de Ucrania, http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/06/140627_ultnot_rusia_ucrania_nazis_men.shtml

La crisis es una bendición que el cielo nos envía

Este fin de semana (*) se celebra en Barcelona la segunda reunión internacional para convencernos de que la crisis capitalista es una bendición que el cielo nos envía, de que el decrecimiento económico no es negativo sino positivo. La primera se convocó hace dos años en París. El lema es “small is beautiful”, el perfume auténtico se sirve en frascos pequeños. La calidad (no la cantidad) de vida está de moda.

La capacidad del capitalismo para tratar de sucederse a sí mismo en las condiciones más difíciles, como las actuales, no puede constituir ninguna sorpresa, así como tampoco la imaginación de sus corifeos, como Carlos Taibo, para que su desplome sea lo más dulce posible. Antes a eso lo llamaban “aterrizaje suave»; ahora decrecimiento económico. De paso el capitalismo puede aprovecharse de ella para resolver algunos problemas ecológicos que tiene pendientes.

En 1972 lo llamaron “crecimiento cero” y en 1987 “crecimiento sostenible” pero con la crisis eso se ha vuelto insostenible. Ahora lo mejor que podía pasarnos es que nos cayéramos por la cuesta abajo. Bendito sea el capitalismo; hemos tenido suerte: nos estamos hundiendo y debemos alegrarnos por ello.

En fin, las teorías del decrecimiento económico que propugnan los imperialistas son la personificación de la desvergüenza, con el añadido de que nos llegan como otra de esas modas rabiosamente revolucionarias (como todas las modas), que es como aparece recurrentemente en esos ridículos medios “alternativos” que la propugnan.

Repasar el recorrido que han seguido los imperialistas para colarnos esta sandez supina del decrecimiento económico resulta, además de largo, bastante pesado, pero se puede resumir diciendo que tiene su origen moderno en aquel montaje de monopolios multinacionales como Volkswagen que se llamó “Club de Roma”, un puchero en el que guisaron sus postulados malthusianos, confirmados en el informe que llevaba como título “Los límites del crecimiento” que constituyó la más gigantesca campaña de propaganda que se ha llevado a cabo jamás.

El famoso informe fue una de las primeras proyecciones informáticas que se hicieron, aunque ahora nadie quiere acordarse de ello porque sus predicciones tenían el mismo nivel científico de las de Rappel, el tarot y los horóscopos. Cómo serían las cosas en aquel fatídico año de 1972 que todos pudimos empezar a respirar mucho más tranquilos: hasta las Cortes franquistas presentaron el primer proyecto de ley contra la contaminación.

Lo que quisieron demostrar entonces ya lo sabíamos de antemano porque nos lo habían dicho los Testigos de Jehová y las corrientes protestantes milenaristas que pululan en el mundo anglosajón: el mundo se acaba. La traducción de la Biblia al lenguaje de la teoría económica imperialista, realizada por el reverendo Malthus a finales del siglo XVIII, tiene varias connotaciones que conducen al mismo sitio: las materias primas se agotan, el suelo se desertiza, el hambre acecha, el aire se contamina, la demografía explota, la biodiversidad se reduce, etc.

Pero, ¿por qué se acaba el mundo? Si lo estudiamos despacio veremos que tiene su lógica: el mundo se acaba porque, como dice Carlos Taibo, es finito. La Tierra es como una nave espacial que recorre el universo, un recinto cerrado en el que el agua, los alimentos y el combustible se agotan… Todo se acaba tarde o temprano… Hasta la paciencia.

Los más listillos lo plantean de una manera mucho más “científica”, introduciendo términos difíciles como entropía, tendencia al caos, al desorden, muerte térmica, paralización de la vida… como en las películas de ciencia ficción de la serie B pero totalmente creíble porque se apoya en la magia: la segunda ley de la termodinámica. Incuestionable.

Cuando se presta un poco de atención a ese tipo de disquisiciones se aprecia algo muy significativo: las relaciones de producción han desaparecido y con ellas ya no hay mención a ninguna sociedad de clase; no hay capitalismo sino que nos hablan de sociedad industrial, o moderna, o avanzada, o tecnológica. Todo son fuerzas productivas. Lo que se agota no es el capitalismo sino la civilización contemporánea (toda ella).

El decrecimiento, pues, consiste en dar marcha atrás, es una ideología reaccionaria, un retorno al mito del “buen salvaje” de Rousseau que hoy se reviste de un aspecto modernista: volver de la sociedad industrial a la agrícola, de la ciudad al campo. Es allá donde está la vida sana, natural, auténtica, pura, sin CO2, aditivos, colorantes, ni conservantes. Los jornaleros que emigraron en los sesenta a las grandes urbes masificadas se equivocaron de recorrido. Tenemos que cambiar nuestros artificiales calzoncillos de nylon por otros de auténtica lana de oveja merina, abandonar internet para volver a las señales de humo.

La teoría del valor es una antigualla; hay que empezar a pensar en la economía en términos físicos. Pongamos un ejemplo: el problema del hambre en el mundo no es un problema del precio de los alimentos sino de su volumen: de las toneladas de producción mundial de trigo, de arroz, de maíz, etc. El problema más grave es que la Tierra tiene una superficie limitada de cultivo; no da más de sí y, además, como sabemos desde comienzos del siglo XIX gracias a David Ricardo, el suelo tiene una fertilidad decreciente. En la ideología burguesa todo es siempre decreciente, todo cae cuesta abajo… menos los beneficios de las multinacionales.

¿Qué debemos hacer? Dar media vuelta. La economía, como el reloj de la historia, puede entrar en el túnel del tiempo, retroceder, dar marcha atrás. Es reversible y en lugar de progresar lo que debemos hacer es regresar porque la civilización moderna, la industria, la tecnología, tienen un carácter destructivo hacia la naturaleza.

A partir de este punto el imperio del sol decreciente enfrenta a la naturaleza con la sociedad y al hombre con el medio. Se plantea justamente de ese modo, en términos abstractos e intemporales: el hombre deteriora el planeta, el agua, el aire, el paisaje, el subsuelo, el océano, etc. En nombre de la naturaleza la burguesía imperialista y sus secuaces están logrando que en amplios sectores del mundo entero el ser humano se desprecie a sí mismo, reniegue de sí mismo y de su capacidad para seguir evolucionando, mejorando.

Yo no voy a ser de los que caigan en esa trampa. ¿Por qué creo que sigue siendo posible el progreso? ¿Por qué creo que sigue siendo posible la (r)evolución? Pues por lo que ya dijo Giordano Bruno y le costó la hoguera: el mundo no es una nave espacial cerrada porque es infinito. ¿Que hace falta para seguir avanzando? La revolución socialista. ¿Qué es lo que conduce al mundo hacia el socialismo? El desarrollo incesante de las fuerzas productivas y su contradicción con las relaciones de producción.

Pero mi opinión no vale nada. El que quiera tener la suya propia que eche un vistazo a la historia desde los tiempos del neolítico. Se dará cuenta de que no ha habido, no hay y no habrá nunca marcha atrás en este proceso. Como la evolución, la revolución es irreversible e inevitable.

(*) Artículo publicado en marzo de 2010 en http://odiodeclase.blogspot.com.es/2010/03/la-crisis-es-una-bendicion-que-el-cielo.html

Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías

Hace un par de siglos las corrientes más avanzadas de la burguesía eran ateas, de manera que acabaron con lo sobrenatural para quedarse sólo con lo natural, aunque no fueron capaces de llegar a una concepción científica de lo que es la naturaleza, y mucho menos de la relación entre lo natural y lo social, una tarea que incumbió al marxismo.

La concepción burguesa de la naturaleza es paisajística, o sea, estética. El burgués no es el campesino que trabaja la tierra de sol a sol y huye de ella a la menor oportunidad. A pesar de que es una clase social urbana, que siempre ha vivido de espaldas del campo, la burguesía ha impuesto sus puntos de vista sobre la naturaleza, como tantos otros que forman parte de la ideología dominante.

El capitalismo nos ha traido a una ciudad asfaltada, con viviendas de ladrillo y aire acondicionado en el coche, pero soportamos una contradicción: vivimos en una ciudad aunque nos gusta engañarnos y creer que lo que en realidad nos gusta es todo lo contrario, el césped, pasear por el campo los domingos por la mañana y respirar aire puro. Mientras históricamente la humanidad ha huido siempre del campo a la ciudad, la burguesía “alternativa” quiere recorrer ahora el camino inverso… eso sí, en coche, con paraguas por si llueve, crema para que el sol no nos queme la piel, spray contra los mosquitos y un iPod en el bolsillo.

Para la burguesía, lo mismo que para la mayor parte de nosotros, la naturaleza representa el paraíso perdido. Es idílica y su prototipo sigue siendo el viejo romanticismo de 1800, el mito del buen salvaje de Rousseau: frente a la ciudad donde vivimos, que es la cuna de todos los males, la gente “de campo” es depositaria de los mejores valores de la humanidad.

Nuestra concepción de la naturaleza forma parte de una ideología burguesa arraigada a la conciencia como una hiedra. Por su origen romántico, está repleta de sentimentalismo: dado que la naturaleza es, por sí misma, algo bueno y bonito, hay que conservarla tal cual porque todo lo que el hombre ha hecho siempre con ella es destruirla. Y cuando me refiero “al hombre” en general también estoy hablando de ese “hombre” típico del idealismo alemán del siglo XIX del que no se sabe ni de dónde viene ni a dónde va.

Sujeta a una decadencia imparable, para la burguesía actual el progreso ya no existe, y si existe hay que acabar con él porque destruye la naturaleza. En 1973 los imperialistas del Club de Roma lo llamaron “límites del crecimiento” y ayer un manifiesto firmado por relevantes personajes de la farándula política nos llamaron a poner coto a la supuesta “crisis ecológica”, entre ellos Xosé Manuel Beiras, Alberto Garzón, Cayo Lara, Pablo Iglesias, Esther Vivas y López de Uralde.

El manifiesto asume todos los tópicos seudoecologistas que el imperialismo lleva predicando desde hace décadas para encubrir y, al mismo tiempo, justificar la profunda crisis que atraviesa y que se resume últimamente en la consigna del decrecimiento. Hablan de la “vida buena” por no decirlo más claramente: la buena vida, que debe ser la de los firmantes. Los burgueses que tienen la tripa llena miran a los demás con sus propios ojos y dicen que consumimos demasiado. Por consiguiente, que no tengamos trabajo, que quienes lo tienen ganen menos, los desahucios de viviendas, los recortes en educación o la liquidación de la sanidad, no es algo malo sino algo saludable, o dicho de otra manera: no es algo bueno para nosotros, pero sí para el planeta, para la naturaleza y para la ecología. Por lo tanto, ya sabéis: hay que resignarse a tener el plato cada vez más vacío o, como decía antiguamente el movimiento obrero, a apretarse el cinturón.

El manifiesto es un resumen de todos y cada uno de los topicazos de la posmodernidad burguesa más actual, más a la moda, que hay que mencionar aunque ni ellos mismos sepan lo que significa: caos, colapso de la civilización, barbarie, crecimiento demográfico, genocidio, agotamiento de los recursos, cambio climático, transversalidad… Para no repetir siempre las mismas frases grandielocuentes proponen algo tan infantil como “hacer las paces con la naturaleza”.

El modelo es el 15-M, “que abre posibilidades para otras formas de organización social”. La alternativa no es ya el socialismo sino “una nueva civilización” porque, como es bien sabido, el socialismo es “desarrollista”, cree en el progreso, en el incremento de las fuerzas productivas y del bienestar de la humanidad.

A la burguesía “alternativa” el socialismo se le ha quedado pequeño. El próximo cambio tiene que ser del tamaño del neolítico. Lo que no saben es que con el neolítico es cuando aparecieron las grandes ciudades precisamente…

En Irak los kurdos se han puesto bajo la tutela de Israel

Juan Manuel Olarieta

Este artículo tiene que empezar como los cuentos infantiles, pero es rigurosmente cierto, aunque nadie se crea los cuentos: hubo un tiempo en que Kurdistán fue un país de religión judía. Si bien los kurdos son un pueblo de origen indoeuropeo, su religión ha ido cambiando a lo largo de la historia, en función de las necesidades políticas de su clases dominantes.

En el año 586 antes de nuestra era, es decir, hace unos 3.000 años el rey de Babilonia Nabucodonosor deportó a los judíos a Mesopotamia después de derrotarles militarmente. Luego Babilonia fue sometida al Imperio Persa y los antiguos deportados judíos se conviertieron en un sector muy influyente, hasta el punto de que un reino kurdo, Abiadene, se convirtió al judaísmo en el siglo I de nuestra era. Después los kurdos se convirtieron al cristianismo, después al islamismo… Todo dependió siempre de intereses que tenían que ver más con la tierra que con el cielo.

Después de la Segunda Guerra Mudial y la formación del Estado de Israel, uno de los objetivos militares más importantes de Tel Aviv fue la destrucción de Irak y la conquista de Kurdistán, un empeño en el que no cejó nunca. Durante el invierno de 1950 a 1951 organizó la operación «Ezra y Nehemiah» para trasladar en masa a Palestina a los judíos kurdos originarios de Irak, donde suman actualmente una comunidad de 200.000 habitantes que habla un dialecto del antiguo arameo.

Israel también estimuló los levantamientos de los independentistas kurdos, utilizando al régimen del Sha como plataforma de agresión. Hacia 1963 el apoyo israelí a los independentistas kurdos adquirió un carácter masivo, con el envío de consejeros militares.

En 1967 durante la Guerra de los Seis Días, para ayudar a Israel los kurdos organizaron una sublevación. El dirigente kurdo Mustafá Barzani se trasladó entonces a Israel para entrevistarse con el presidente Zalmar y el ministro de Defensa Moshe Dayan. Los kurdos lograron obstaculizar la movilización del ejército irakí en ayuda de Egipto y Siria contra Israel. En agradecimiento, Israel entregó a los kurdos el armamento soviético que obtuvo en el campo de batalla. Barzani reconoció que había recibido varios millones de dólares de Israel para financiar la revuelta kurda. Las fotos de la colaboración israelo-kurda revuelven los estómagos mejor asentados (1).

Una vez que el imperialismo destruyó Irak brutalmente, creando en su lugar un reino de taifas, los kurdos lograron una cierta autonomía, hasta el punto de que a finales de abril de 2004 algunas agencias de noticias anunciaron que capitalistas judíos estaban comprando tierras en le norte de Kurdistán y que estaba a punto de abrirse un puente aéreo de Kurdistán a Tel Aviv.

Dos años después la BBC informaba de que Israel había enviado instructores de las fuerzas especiales a Kurdistán para entrenar a dos unidades militares kurdas. La primera era una fuerza encargada de proteger el aeropuerto de Hawler, junto a Erbil, que está a medio camino entre Israel y sus objetivos militares en Irán. La otra se transformaría en una fuerza de élite de las autoridades independentistas.

La operación se llevó a cabo a través de un contratista privado de seguridad, la empresa de Interop, especializada en consultoría de seguridad. Uno de sus fundadores es Danny Yatom, un antiguo director del Mossad. Para disimular su origen, sobre el terreno Interop se presentó con la cobertura de dos empresas suizas: Kudo y Colosium.

En los años 2004-2005, Interop estuvo dirigida por Schlomi Michaels, un antiguo oficial de los servicios secretos israelíes. Además Israel ha suministrado a los kurdos 150 millones de dólares de equipos de comunicaciones y seguridad.

Naturalmente, el apoyo israelí ni es puramente sentimental, ni tiene sólo una expicación estratégica y militar. Tel Aviv se interesa también por dos materias primas vitales para ellos: el agua y el petróleo. Existe ya un proyecto para tender sendas tuberías a través de Jordania.

Los mensajes publicados por Wikileaks demuestran que los vínculos de Kurdistán con Israel alcanzan cotas aún más preocupantes: en los ataques llevados a cabo por comandos israelíes contra centrales nucleares irakíes participaron unidades kurdas. La información se obtuvo a través de Statfor, la empresa privada que sirve de pantalla a la CIA, y fue validada por el diario israelí Haaretz hace 10 años.

Hay otros indicios que conducen sobre esa pista. El Mossad ha ejecutado, directa o indirectamente, a cinco científicos nucleares iraníes, como Ahmadi Roshan, que fue asesinado en Teherán el 11 de enero de 2004. Pues bien, al mes siguiente la cadena NBC admitió que Israel había contratado los servicios de la organización iraní MEK, Mujahidin-e-Khalq, para asesinarlos.

La MEK, Organización de los Mujahidines del Pueblo de Irán, es un antiguo movimiento guerrillero que luchó contra el régimen del Sha. Tras la agresión imperialista de 2003 fueron perseguidos inicialmente y, aunque lograron trasladar sus bases a Irak, empezaron a colaborar con Israel contra Saddam Hussein, momento a partir del cual los imperialistas les borraron del listado de organizaciones terroristas.

Las zonas kurdas de Irak se han convertido en una de las bases de apoyo fundamentales de Israel, con el beneplácito y la cobertura de los «autonomistas» kurdos. En un artículo titulado «The Kurds and Israel: Straws the wind» el diario Jersusalem Post propuso en febrero una cooperación entre Israel y el nuevo Estado kurdo para crear una «fuerza política» en Oriente Medio (2).

El mes pasado el dirigente del PDK y presidente del Parlamento kurdo, Massud Barzani, se mostró dispuesto a abrir un consulado israelí en la región que ocupa en el norte de Irak y advirtió a los palestinos que viven en Irak que se abstengan de empreder acciones que calificó de «terroristas».

Hace unos días el antiguo dirigente de la seguridad israelí, Avi Akhtar, reconoció durante una conferencia de prensa en Tel Aviv que a Israel le interesa la división de Irak y que su objetivo estratégico es que el país no vuelva a alinearse con los países árabes, así como crear un Estado kurdo en Kirkuk, junto a los pozos de petróleo que controlan los independentistas y que están exportando sin autorización del gobierno de Bagdad. El destino del petróleo kurdo es Israel.

La semana pasada el primer ministro israelí Netanyahu volvió a mostrarse abiertamente partidario de la creación de un Estado independiente de Kurdistán: «Debemos […] apoyar la aspiración de los kurdos a la independencia», dijo. Los kurdos «son un pueblo de luchadores que han dado prueba de su compromiso político, su moderación política y merecen que se les de la independencia política».

Era cuestión de tiempo que se oyera la palabra mágica: traición. La pronunció el martes pasado un diputado chiita que, además, calificó a Barzani como «agente» de Israel. En Irak los kurdos son otro buen ejemplo de un movimiento nacional que no lucha contra el imperialismo sino que forma parte de él.

(1) http://saradistribution.com/barzanisisraelresa.htm
(2) http://www.jpost.com/Experts/The-Kurds-and-Israel-Straws-in-the-wind-361248

Guía práctica del perfecto criminal

Algún marxista ortodoxo diría que los grandes crímenes y criminales son como una superestructura: reflejan el momento social como un termómetro refleja la temperatura. El asesinato de la Presidenta de la Diputación de León, por ejemplo, pasará a los anales más negros de la historia como una miniatura del caciquismo político de principios de este siglo, de la España más siniestra y la piscaresca más ruin.

Pero si somos sinceros tendremos que reconocer que lo que realmente tiene morbo es el crimen perfecto: burlar la ley y que no te pillen. Hay crímenes tan perfectos que nadie los considera siquiera como crimenes. Parecen cosas normales. Por ejemplo, el ex-rey Juan Carlos mató a su hermano de un disparo, pero nadie habla de asesinato sino de “accidente”. Por eso ni siquiera los jueces ni la policía abrieron nunca un sumario. No había nada que investigar y todo aquello que no se investiga no existe. No forma parte de eso que los científicos llaman “los hechos”.

Tenéis que ver esas series de la televisión que tratan del CSI, la policía científica: la ciencia y la policía funcionan de la misma manera. Se atienen a “los hechos”. A veces incluso ambos, policías y científicos, utilizan el mismo lenguaje y hablan de “evidencias”, es decir, de hechos tan claros que ni siquiera es necesario explicarlos: son evidentes.

Si miras para otro lado, las cosas dejan de ser evidentes, por lo que a los científicos y policías hay que preguntarles: ¿a dónde miran?, ¿a quién investigan?, ¿que buscan? Luego que no me hablen de «pruebas» porque las pruebas hay que buscarlas. Las pruebas no sólo son un asunto que concierne al intelecto, sino también a la voluntad: no hay más ciego que el que no quiere ver.En todo el mundo uno de los crímenes más graves que existen es el empleo de armas químicas y gases, que los tratados internacionales prohíben desde hace más de un siglo. Naturalmente su empleo siempre ha quedado impune porque quienes matan con tales medios es porque disponen de ellos, es decir, porque tienen poder y a quien tiene ese poder no hay manera de llevarle a los tribunales esposado.

Por lo tanto, el crimen perfecto, la impunidad, no es más que una radiografía de la balanza de poder en el mundo. Pero no sólo de eso, sino también de la hipocresía, de eso que el saber popular dice: “el que hace la ley hace la trampa”. Primero calman a los moralistas, prohiben las armas químicas y luego pasan olímpicamente de prohibiciones.

A los profesores universitarios les encanta hablar de “los hechos” pero se pasan el curso ocultándolos, es decir, hablan de los hechos que les da la gana. Por eso se les considera como una parte de “la autoridad”, porque funcionan como la policía y como todos los que comparten el poder: pasan por alto todo aquello que no les interesa. Como ejemplo hablemos de una serie de “hechos” que nunca nadie explicará en una Facultad de Química a sus estudiantes, seguramente porque no los consideran como parte integrante de tal ciencia.

El desarrollo de la Química siempre estuvo impulsado, a partes iguales, por el capitalismo y la guerra. Desde 1800, con los fertilizantes y plaguicidas, el capitalismo convirtió a la agricultura en una rama de la química. Marx dijo que la agricultura había pasado de ser “un procedimiento puramente empírico de la parte más rudimentaria de la sociedad” en el empleo científico consciente de la agronomía. Lo mismo cabe decir de los tintes, cuyo uso se expandió como un anexo de la industria textil.

El otro motor de la Química fue la guerra, o sea, la pólvora y tuvo su origen en el mismísimo Lavoisier, el fundador de la Química científica, un lacayo del feudalismo que inventó un nuevo método de producción de explosivos con el potasio extraído de Alsacia. En España tenemos un ejemplo parecido en la empresa Explosivos Rio Tinto que, además de lo que su denominación indica, tiene una segunda fuente de negocio: la fabricación de agrotóxicos, fertilizantes y pesticidas.

En la segunda mitad del siglo XIX donde más avanzó la química fue en Alemania, por la necesidad de desvincularse del bloqueo económico británico sobre las materias primas estratégicas por medio de sustitutivos sintéticos. A comienzos del siglo XX Inglaterra tenía el monopolio mundial de la explotación minera de los nitratos de Chile, un producto químico que integra la fabricación de explosivos. La pólvora negra se compone de un 75 por ciento de salitre (nitrato de potasio), un 12 por ciento de azufre y un 13 por ciento de carbón vegetal. El nitrato amónico, la nitroglicerina y el trinitrotolueno (TNT) también son derivados del nitrógeno. A finales del siglo XIX no era posible el rearme alemán sin eludir el control británico sobre los yacimientos naturales de nitrógeno.

No había otra posibilidad que acudir a la búsqueda de procedimientos artificiales de obtención de nitrógeno. El imperalismo alemán recurrió a la ciencia y, en concreto, a Fritz Haber, un prototipo del perfecto criminal, o mejor dicho, del trato dispensado en los países capitalistas a los criminales de guerra con diploma.

En 1908 Haber inventó un mecanismo de síntesis del amoniaco que liberó a Alemania de la dependencia de los nitratos naturales, de modo que a partir de entonces pudieron fabricar explosivos artificialmente con el amoniaco como materia prima. El procedimiento de Haber proporcionó el 45 por ciento del ácido nítrico necesario para la fabricación de los explosivos, municiones, proyectiles y bombas empleados por Alemania en la I Guerra Mundial.

Pero el papel de Haber (y la ciencia) en la guerra no acabó ahí. También organizó el departamento de gases tóxicos del ejército alemán a través del recién creado Instituto Kaiser Guillermo de Berlín, una leyenda en el mundillo científico, al que ponen como modelo de investigación. Naturalmente que a costa de ocultar y disimular determinados “hechos” nada gratificantes para la ciencia.

Por iniciativa de Haber, en 1916 se creó la Fundación Kaiser Guillermo para las Ciencias Técnicas y Militares, que al año siguiente pasó a depender del Ministerio de la Guerra. La fusión de la universidad con el ejército es un modelo típico del imperialismo que las universidades son las mayores interesadas en silenciar. Si no son capaces de reconocer la identificación de la ciencia con el capitalismo, mucho menos van a reconocer su complicidad con las guerras y las masacres.

Durante la guerra mundial, Haber propuso al ejército utilizar gas cloro contra las tropas aliadas y fue responsable directo de la fabricación de los primeros gases venenosos que -a pesar de la prohibición- se emplearon en el campo de batalla, entre ellos el gas mostaza. Bajo su dirección un grupo de investigadores creó el Zyklon B, un insecticida basado en el cianuro que fue utilizado años más tarde por los nazis en los campos de exterminio.

La actividad de Haber tampoco se limitó a los laboratorios, de los que extrajo 5.000 botellas metálicas repletas de gases tóxicos, sino que fue nombrado capitán del ejército alemán, en cuya condición estuvo supervisando su lanzamiento en el mismo campo de batalla, al mando de una compañía de infantería. La batalla química se saldó con 15.000 víctimas entre los aliados.

Al finalizar la contienda su nombre apareció en una lista de criminales de guerra y los aliados reclamaron su extradicion para procesarlo como tal. No obstante, ya en época de la República de Weimar, Haber volvió a la dirección del Instituto de Física y Electroquímica de Berlín, continuando sus investigaciones secretas para la fabricación de nuevo armamento químico.

A pesar de sus crímenes -o quizá gracias a ellos precisamente- fue laureado en 1918 con el premio Nobel de Química. Al fin y al cabo el mismo Alfred Nobel que había instituido el conocido galardón se enriqueció fabricando explosivos. El discurso que Haber pronunció en 1920 ante la Academia sueca es un ejemplo de la hipocresía típica de algunos científicos, aunque no sean capitanes del ejército: su invento de la síntesis del amoniaco era una gran aportación para la elaboración de abonos agrícolas, que a su vez aumentarían las cosechas y aliviarían así el hambre en el mundo.

Una fábrica de muerte que se presenta como alivio del hambre… algo parecido a la falacia que sostienen ahora mismo las multinacionales de los transgénicos, otro caso de aplicación humanitaria de la ciencia a la resolución -desinteresada- de acuciantes dramas de la humanidad, como el hambre y la enfermedad.

¿Quieres convertirte en un perfecto criminal? Antes deberás aprobar una licenciatura en ciencias, de esas que llaman “puras”, o sea, que no tienen nada que ver con “la política”, ni con las ideologías, ni con nada de nada. En la universidad te dan carta banca, licencia para matar, y si matas mucho es posible que recibas hasta el Premio Nobel.

O sea que era esto

Nicolás Bianchi

Teníamos mi quinta y yo, cuando existía el Bachillerato, un ocioso profesor falangista que nos impartía (¿) Formación del Espíritu Nacional (FEN). Era una asignatura “maría” que se daba un solo día a la semana y en las postrimerías del franquismo. Este “maestro” era un cachondo que odiaba tener que dar siquiera esa hora semanal de clase y siempre estaba pensando en sus chuflas. Pero había algo que le ponía mártir. No soportaba que nosotros, el alumnado que ya rebasamos la cincuentena, llamáramos “política” a su asignatura, esto es, la FEN. No es que le entrara urticaria –era un vividor- pero le incomodaba muchísimo que empleáramos ese término: ”política”. Era ceutí y le apodábamos “Mamoavé” porque siempre, cuando empezaba su clase, en vez de decir: ”vamos a ver”, decía –con un acento muy cálido- “mamoavé”. Sabía esto pero no le importaba y hasta se descojonaba. No estaba allí para adoctrinar sino para cobrar.

El adjunto de este parrasplas era un pícaro de baja estofa que se apuntó para medrar en el Frente de Juventudes (a la OJE, como se decía entonces), una especie de boy-scouts a la españolísima manera, con aire militar tipo Baden-Powell, y gestionaba un antro que se suponía era sede de la Guardia de Franco (Bono igual lo conoció). No había tal, sino un bailongo donde este buscón –un oportunista desideologizado y amoral- se sacaba bastantes pelas cobrando la entrada –el “ticket”– a los que íbamos allí a ligar, tomar un trago y echar un tiento a las mozas. La ventaja era que no había curas husmeando.

Como puede verse, nuestras intenciones no eran nada “políticas” aunque sí aviesas. Desdichadamente, no tuvimos la suerte de nuestros hijos en aquel tardofranquismo. Hoy, eureka, gracias al “psoecialismo vasco”, nuestros vástagos sabrán, at last (por fin), en qué consiste la auténtica y muy verdadera FEN dizque la “política”. Y ello merced al revolucionario plan de, a ver si lo digo bien, ”Convivencia Democrática y Deslegitimación (o “desligitimiziación”, que diría algún locutor/a de ETB) de la Violencia”. ¿Les enseñarán a nuestros retoños, acaso, marxismo como furibundos sociatas que profesan ser? ¿Les explicarán estos sociolistos lo que es la lucha de clases? ¿Les hablarán de explotados y explotadores? ¿Les dirán que forman parte de una nación oprimida a la que, por fas o por nefas, no dejan pronunciarse ni decidir qué cojones quieren ser? ¿Tal vez, por ventura, ya llegó la hora de que nuestros infantes sepan la verdad y los centros públicos e ikastolas dejen de ser nidos y viveros de futuros “terroristas” como hasta ahora? ¿Les instruirán sobre qué es un Estado de Derecho (como Dios y la Guardia Civil manda), ese comodín y “joker” histriónico del que ya hablaba Franco y algo diremos, si sobrevivimos a tanta molicie, en otro artículo?

No, no harán nada de esto. Mostrarán qué es un zulo, lo que antes se llamaba “cárcel del pueblo”. Inyectarán, con aguja hipodérmica, que un pueblo, o lo mejor de él, no tiene derecho a defenderse con las armas que estime oportuno y no con las que le digan. Porque no es lo mismo la violencia de respuesta que el terrorismo de Estado, algo que ya sabían los escolásticos españoles del siglo XVI. Todo está claro, demasiado claro para soportarlo. Por eso usan la fuerza y la represión y no la razón.

El imperialismo orquestó la Primavera Árabe

Juan Manuel Olarieta

Un documento confidencial elaborado en 2010 por el Departemento de Estado confirma que la denominada Primavera Árabe no sólo no fue espontánea sino que estuvo promovida de forma activa por el imperialismo estadounidense después de un largo periodo de maduración.

El documento, que tiene cinco páginas, lo ha publicado la organización Middle East Briefing (1), que pudo tener acceso al mismo recurriendo a la legislación sobre libertad de información. Se titula «Middle East Partnership Initiative: Overview» y está fechado el 22 de octubre de 2010.

La Primavera Árabe comenzó en diciembre de aquel año con el derrocamiento del gobierno en Túnez, denominada «Revolución de los Jazmines» y desde entonces sacudió a varios países, afectando a Egipto, Libia, Yemen y Siria y causando cruentas guerras civiles y una conmoción sin precedentes en el mundo árabe.


No obstante, los preparativos empezaron varios años antes, cuando en 2002 la Casa Blanca empezó a elaborar los planes de desestabilización que forman parte del programa regional «Middle East Partnership Initiative» dirigido contra países del norte de África y Oriente Medio apoyándose en ONG locales que son los tentáculos de la diplomacia imperialista.

El gobierno de Obama no escatimó en gastos para interferir sobre los asuntos internos de los países árabes. En 14 años se han gastado 600 millones de dólares en unos 1.000 grandes proyectos políticos. La financiación de las ONG ha supuesto más de la mitad de los proyectos del plan, señala el documento. Los agentes de enlace con las ONG locales los designa la embajada de Estados Unidos en cada país.

La Iniciativa «no suministra fondos a los gobiernos extranjeros y no negocia acuerdos bilaterales de asistencia», señala el informe, que establece una lista de los países destinatarios con prioridad: Yemen, Arabia Saudita, Túnez, Egipto y Bahrein. Libia y Siria fueron añadidos un año después de la elaboración del informe por el Departamento de Estado.

En Egipto el gobierno de Estados Unidos se centró en la Hermandad Musulmana, a la que consideraba compatible con la política imperialista de Estados Unidos. El gobierno de Obama aseguraba incluso el «servicio post-venta» de las ofensivas de desestabilización, que forman parte de la remodelación del «Gran Oriente Medio».

En septembre de 2011 la Iniciativa creó una oficina especial de coordinación de las transiciones políticas en aquella región estratégica, poniendo a William B. Taylor al frente. Se trata de un diplomático con experiencia en campañas de desestabilización ya que fue el embajador de Estados Unidos en Ucrania durante la «revolución naranja» de 2006 a 2009.

Según el informe del Departamento de Estado, su tarea es la de coordinar la asistencia de Estados Unidos a las «democracias emergentes» el norte de África y Oriente Medio, incluyendo a Egipto, Túnez y Libia.

Contra viento y marea, Santiago Alba Rico y otros miembros significados de Izquierda Anticapitalista siempre sostuvieron el carácter espontáneo de la Primavera Árabe (2) que, según dijeron, sirvió luego de detonante para que estallara el movimiento de los indignados del 15-M en la Puerta del Sol. Esther Vivas llegó a decir que la Primavera Árabe tuvo un carácter «internacionalista», pero eso nunca lo entendí muy bien. En aquel momento pensé que la indignación estaba dirigida -entre otras cosas- contra la Casa Blanca. Ahora mismo me da la impresión de que la indignación no era de unos contra otros, sino que es muy posible que se tratara de la misma indignación, es decir, que la Casa Blanca y los indignados compartieran el mismo estado de ánimo.

Uno de los motivos que me lleva a pensar de esa manera es que tras la «Revolución de los Jazmines», el Foro Social Mundial se pudo reunir en Túnez en marzo de 2013. Creo que es a eso a lo que Vivas llama «internacionalismo»: el imperialismo abría las puertas a la «democracia», no sólo en el interior de aquel país árabe, sino a 5.000 indignados procedentes de todas las partes del mundo, que dos años después se pudieron congregar allá en paz y libertad para que luego Vivas nos lo pudiera contar a nosotros (3).

No sólo los árabes; todos los pueblos del mundo debemos sentirnos deudores de la política benefactora del Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA y la Casa Blanca.

(1) U.S. State Dept. Document Confirms Regime Change Agenda in Middle East, http://mebriefing.com/?p=789
(2) Santiago Alba Rico, Libia, el caos y nosotros, Gara, 19 de septiembre de 2011, http://www.anticapitalistas.org/Libia-el-caos-y-nosotros
(3) Esther Vivas, Del Foro Social Mundial a las Revueltas Árabes, http://cemsenmoviment.wordpress.com/tag/movimiento-antiglobalizacion/

El primer levantamiento popular contra el fascismo

Juan Manuel Olarieta

El Partido Comunista de Bulgaria fue uno de los primeros que se formó en el mundo y, desde luego, siempre fue uno de los más fuertes, si por tal se entiende que era muy numeroso y con más de 200.000 votantes. En 1922 tenía más de 3.000 concejales, que en un país tan pequeño es una cifra gigantesca.

En junio de 1923 Bulgaria también fue uno de los primeros países en padecer un golpe de Estado fascista que, como el de España, estuvo promovido por altos oficiales del ejército organizados de manera secreta en torno a la Liga Militar. Pero los fascistas no impusieron un régimen de partido único ni suprimieron las elecciones sino que, lo mismo que hoy en España, aprobaron una ley de partidos y cambiaron la ley electoral para dejar fuera a los comunistas y concurrir ellos y sus cómplices bajo denominaciones tales como «concordia democrática», «bloque constitucional» y similares.

Otro de sus rasgos comunes es que, a pesar de que justificaban sus acciones en nombre de la lucha contra el bolchevismo, en realidad la política fascista en Bulgaria también estaba enfilada contra las amplias masas populares, en general, cuyas condiciones de vida después de la Primera Guera Mundial, eran calamitosas.

En fin, lo mismo que en la España de hoy, entonces Bulgaria también era una monarquía fascista, que tras la abdicación de Fernando estaba capitaneada por su hijo Boris III.

Los ataques fascistas contra el PCB empezaron antes del golpe de 1923. Por ejemplo, en 1921 arrasaron con dos locales comunistas. Los grupos de autodefensa del PCB lograron rechazar el primero pero no el segundo, cuando los fascistas quemaron la Casa del Pueblo de Sofia, donde el PCB tenía su sede central. En aquella época el lema de los comandos de autodefensa era «golpe por golpe».

El PCB denunció que la ofensiva fascista preparaba un golpe de Estado y que en el mismo participarían las unidades de guardias blancos del general Wrangel, una parte de las cuales, unos 10.000 mercenarios, se habían replegado a Bulgaria tras ser derrotadas en la guerra civil rusa.

Espontáneamente el golpe de Estado suscitó un levantamiento en armas de cientos de miles de obreros y campesinos por todo el país, que llegó a tomar ciudades parcialmente, como Pleven. El Presidente del gobierno derrocado, Stamboliski, se puso al frente de la resistencia, siendo derrotado después de varios días de combates. Como muchos otros, el propio Stamboliski fue detenido, torturado y finalmente asesinado por los fascistas.

Frente al golpe el PCB adoptó una posición errónea de neutralidad que fue criticada por la Internacional Comunista, lo que los comunistas búlgaros no aceptaron, hasta que en agosto rectificaron, lanzando un llamamiento a la insurrección contra el fascismo, a cuyo fin empezaron los preparativos militares correspondientes: entrenamiento militar, organización de comandos y almacenamiento de explosivos.

Para impedir la insurrección el gobierno fascista empezó a detener en masa a los comunistas, a cerrar sus locales, a prohibir la prensa, los sindicatos y las cooperativas agrarias. Los fascistas no lograron su propósito y la insurrección estalló de manera precipitada.

El gobierno fascista tuvo que recurrir a la ayuda de las grandes potencias imperialistas para que le autorizaran a movilizar tropas contra las masas, lo cual estaba prohibido por el Tratado de Neuilly que había puesto fin a la Primera Guerra Mundial.

El levantamiento antifascista de Bulgaria fue el primero del mundo dirigido contra el fascismo (1), pero el PCB no pudo coordinar bien sus fuerzas, por lo que no estalló de una manera simultánea en todas las regiones. En el noroeste se llegó a formar un poder paralelo obrero y campesino, pero en otras zonas ni siquiera se formó una fuerza guerrillera capaz de atacar al enemigo en su retaguardia. Tampoco se llevó a cabo un trabajo de zapa dentro de las unidades del Ejército, que pudieron mantener su unidad y concentrarse contra los insurrectos.

Fue salvajemente aplastado, cobrándose los fascistas un tributo sanguinario. Según cifras de Dimitrov, más de 5.000 comunistas fueron asesinados, otros 15.000 fueron detenidos y torturados y muchos miles más se tuvieron que exiliar en los países limítrofes, hasta el punto de que ante la avalancha de refugiados Rumanía tuvo que cerrar la frontera. Sobre el país cayó «una negra y sangrienta noche», escribió Dimitrov (2). Ni bajo el yugo otomano Bulgaria conoció una cacería humana de tan vastas proporciones.

El PCB tuvo que pasar a la clandestinidad. Inició «un largo periodo de renovación interior», en palabras de Dimitrov porque «es preferible un fin horrible que un horror sin fin». Llamó a los comunistas a encabezar la lucha armada (3) y con las unidades guerrilleras que lograron replegarse, el PCB formó la OM (Organización Militar). Los comunistas se aprestaban a defenderse contraatacando, a pesar de que las condiciones eran muy difíciles por el clima de terror sembrado por el gobierno.

Una vez aplastada la sublevación, los fascistas convocaron elecciones, las ganaron -como estaba previsto- e ilegalizaron al PCB, que se vio oligado a reestructurar su Organización Militar, poniéndose al frente Jako Dorosiev. La OM se distribuyó en comandos que emprendieron audaces acciones armadas, como la ejecución el 10 de marzo de 1925 del alto dirigente fascista Valcho Ivanov, a la que el gobierno repondió 16 días más tarde con el asesinato de Dorosiev.

Entonces los guerrilleros diseñaron una de sus acciones más audaces. Se trataba de ejecutar al jefe de la policía Vladimir Nacev y preparar una trampa para sus funerales, a los que acudirían el rey y la plana mayor del gobierno, los partidos y el Estado fascista. Una bomba colocada en la catedral de Santa Dominga, en pleno centro de Sofia, daría un golpe contundente al fascismo.

La OM no pudo llevar a cabo la ejecución de Nacev, por lo que tuvieron que cambiar de objetivo, centrándose en el general Konstantin Georgiev, jefe de la Liga Militar fascista, diputado y uno de los cabecillas del golpe de Estado de 1923. Un guerrillero, Atanas Todovitchin, le disparó mortalmente cuando acudía a misa el 14 de abril de 1925.

Dos días después, jueves santo, se celebró su funeral en la catedral de Santa Dominga, donde la guerrilla había dispuesto 25 kilos de explosivos para que explotaran cuando la plana mayor del Estado fascista estuviera allí congregada. A las 15:20 de la tarde una brutal explosión desplomó la cúpula de la catedral sobre los asistentes, matando a 128 de ellos e hiriendo gravemente a cerca de 500 políticos fascistas, oficiales del ejército y grandes capitalistas.

El rey Boris III salvó su vida porque llegó tarde a la ceremonia fúnebre. Regresaba de otro funeral por otro atentado ocurrido el día anterior contra él en las montañas de Stara Planina. En la acción habían muerto dos personas muy cercanas. En aquella época Bulgaria vivía bajo el fascismo, que es tanto como decir: en medio de un funeral permanente. Durante las dos semanas siguientes la policía detuvo a 3.194 personas, de las que 1.182 fueron acusadas y 268 condenadas a muerte. Otras 450 personas fueron asesinadas sin condena judicial previa. En menos de dos años el fascismo había aniquilado a 20.000 obreros y campesinos revolucionarios: «El rasgo más característico del terror búlgaro reside en el exterminio sistemático y organizado de la vaguardia de la clase obrera y de las masas campesinas», escribió Dimitrov (4).

Notas:

(1) Nikifor Gorenski: La lucha del pueblo búlgaro contra el fascismo, Sofia, pg.19.
(2) Dimitrov, Después del levantamiento, Obras Escogidas, tomo I, pg.236.
(3) Dimitrov, Cómo actuar en el futuro, Obras Escogidas, tomo I, pgs.251 y 289.
(3) Dimitrov, La lección búlgara, Obras Escogidas, tomo I, pg.337.

Los oportunistas no nacen: se hacen

Juan Manuel Olarieta

Ni siquiera eso es cuestión de cromosomas: los oportunistas se hacen. Pero no se hacen a sí mismos, como ellos creen, sino que el Estado burgués -quienes llevan sus riendas- los hacen porque los necesitan. Ellos sólo se dejan hacer. Son los sujetos pasivos.

Un Estado necesita su oposición, como el organismo necesita sus propios anticuerpos. Si la burguesía no tiene una oposición, la crea como un traje a la medida porque necesita un determinado tipo de oposición, una oposición domesticada, no una oposición verdadera. Si no hubiera oposición, tampoco habría democracia. Es más, lo que demuestra que hay democracia es que hay oposición, ese tipo de oposición leal que es tan necesaria para la supervivencia del moderno Estado monopolista.

Pero nadie se convierte en oposición de la noche a la mañana. Los aspirantes a opositores tienen que pasar su Via Crucis; no se lo dan todo hecho sino que tienen que poner algo de su parte. En fin, tienen que demostrar cierta valía, cumplir determinadas funciones que son paradójicas: pronunciarse en contra del Estado que defienden.

Se les llama oportunistas porque son gentes sin principios, o sea, que al principio son muy radicales pero acabarán adocenados. Los oportunistas aparecen cuando al Estado, lo mismo que al mando a distancia, se le acaban las pilas y se echa de menos un recambio. Su ascenso es el termómetro que detecta el malestar social. La gente está harta, descontenta y reniega de todo, pero sobre todo del viejo andamiaje oficial, de los gastados partidos e instituciones. Hacen falta caras nuevas, modernas, que digan cosas que no estamos acostumbrados a escuchar. A veces ni siquiera son necesarias migajas para ilusionar a la gente y que todo vuelva a su cauce.

La crisis es a los oportunistas lo que la mierda a las moscas. Proliferan en esos ecosistemas. Por eso nunca hay sólo un único oportunista sino varios al acecho de su oportunidad, a la espera del momento de trepar. A medida que la crisis se profundiza, los oportunistas se multiplican como la gangrena. No debe sorprender que algunos de ellos logren un puñado de votos porque el gran oportunista de los tiempos recientes siempre fue Felipe González, que logró 10 millones de ellos en 1982.

Los del PSOE de hace 30 años sí que eran oportunistas de verdad, no los de ahora. Aquello sí que fueron campañas de imagen, no el circo de ahora. Para ser oportunista hay que ser joven, tener recorrido por delante, ya que, de lo contrario, no te da tiempo para dar el cambiazo. Los viejos no cambian, mientras que a Felipe González le pusieron de «primer secretario» con 33 años. Se preparaba la transición.

Hasta que ocupó su cargo, la secretaría del PSOE era colectiva, algo que está reñido con el marketing moderno, eso que procede de las universidades gringas y que llaman «liderazgo». La política burguesa es electoralismo puro; votamos a personajillos y fantoches, no a partidos, ni a programas. ¿Cómo promocionar a una dirección colectiva? De ahí que con Felipe González en el PSOE se acabaran los órganos colegiados de dirección.

El oportunista es fruto de un diseño. En la transición los oportunistas como Felipe González exhibían una cuidada imagen descuidada: pelo largo, patillas y chaqueta de pana. Lo de menos es lo que uno sea; lo que vale es una imagen que sea nueva, distinta. Por eso en tiempos de la transición al PSOE se le llamaba «renovado». Ya no era el de la guerra, sino un partido a la última moda, lo mismo que la movida madrileña y su lema «Enamorado de la moda juvenil» que cantaba Radio Futura:

Y yo caí enamorado de la moda juvenil
de los precios y rebajas que yo vi
enamorado de tí.
Sí, yo caí enamorado de la moda juvenil
de los chicos, de las chicas, de los maniquís
enamorado de tí.

En la transición la tele no era tan importante y quienes te vendían eran periódicos y revistas. Por ejemplo, el Congreso del PSOE en Suresnes lo promocionó hasta Pedro Rodríguez, un conocido columnista del diario de los sindicatos franquistas «Pueblo», que hizo una reseña del mismo en octubre de 1974. El PSOE necesitaba al franquismo casi tanto como el franquismo al PSOE.

Como toda la política burguesa y demás modas, los oportunistas son de usar y tirar. Tienen fecha de caducidad. Más tarde o más temprano se quedan obsoletos para que la rueda de la política siga funcionando. Son la respiración asistida: estiran un poquito más la agonía, necesitan ganar un tiempo precioso que les permita llegar hasta las próximas ilusiones.

Sí, he escrito ilusiones y no elecciones porque la política burguesa vive de ilusiones más que de elecciones. Me imagino que el lector se habrá apercibido, como yo, de lo siguiente: todos los partidos políticos quieren cambiar las cosas, lo cual significa que todos ellos reconocen que las cosas están mal. Es más, hay partidos y elecciones precisamente porque hay que cambiarlas. Sin embargo, las cosas no van a cambiar nunca mediante los votos, porque para eso están las elecciones: para que todo siga como hasta ahora. De lo contrario, ¿con qué cambio nos engañarían en las siguientes elecciones?

Para quienes votan, la verdadera elección es sólo una: o bien votas a alguien que nunca va a poder poner en marcha su programa electoral, porque nunca va a gobernar, o bien votas a alguien que va a traicionar su programa electoral en cuanto gobierne. Ésta última es siempre mayoritaria, es decir, que la mayoría vota a un oportunista que le va a engañar. Pero casi todos saben que hablar de elecciones y engaños es un redundancia. Lo importante es la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos: el engaño es mayor cuantos más sean los votos. No me refiero a hayan engañado a más votantes sino al aspecto cualitativo del fraude, que se convierte en un fiasco. Las elecciones de 1982 son el mejor ejemplo de ello.

Pero, ¿como lograr muchos votos? Los que buscan votos en la blandenguería política se equivocan de estrategia. En la transición Felipe González, el PSOE y la UGT eran extremistas y radicales, la izquierda de la izquierda. A nadie se les calentaba la boca tanto como a ellos. Cuando Felipe González se oponía a la reforma del franquismo para exigir la ruptura, le acusaban de incitar a la violencia, o sea, al terrorismo. Pero en la política burguesa no importa lo que digan de tí; el caso es que hablen. En eso los tiempos no han cambiado nada: si los franquistas te atacan es para promocionarte.

No hay más que recordar los mítines de Felipe González en contra de la OTAN, entonces el asunto de moda: «OTAN de entrada no», fue el lema de la campaña electoral que recaudó 10 milones de votos. Naturalmente que muy poco después Felipe González nos metió en la OTAN de cabeza y otro del mismo equipo, Javier Solana, fue secretario general de la OTAN, que fue el criminal que ordenó el bombardeo de Yugoeslavia con armamento radiactivo, y así sucesivamente.

De Suresnes (1974) al gobierno (1982) sólo transcurrieron ocho años. Pero mientras en París prometieron construir el socialismo, en Madrid lo que hicieron fue iniciar la reconversión industrial. En Suresnes el PSOE se pronunció en contra de la Unión Europea, pero quien introdujo a España en ella fue el gobierno de Felipe González…

Etcétera. ¿O hay que seguir contando batallitas?

Kyrie Eleison

Nicolás Bianchi

Nací y crecí bajo dos polos: el yo y el Absoluto. Mi búsqueda de lo Último no era una especulación filosófica ni científica sino una liberación y una autorrealización, una religión, un nirvana tras sucesivas metempsicosis y karmas. Al principio, invocaba muchos dioses pero en especial a uno por encima del resto, una suerte de henoteísmo védico, un Absconditum. Ni mitos ni leyendas, ni animismos ni primordiales: lo Último dizque Lo Más de lo Más. Un cristiano diría: la Hostia Bendita.

El Último Principio es absoluto misterio. No es comprensible ni se compadece con las categorías humanas. Ve pero no es visto. Conoce, pero es incognoscible. Está más allá de todo ser empírico.Es la verdadera realidad de todo ser. El resto es sólo un fenómeno subjetivo de Él. Es el principio cósmico y antrópico que llena el universo y pluriverso. Los católicos dirían: el Pantócrator o teofágicas eucaristías.

Los que creemos fanáticamente en ÉL, es decir, LO MÁS DE LO MÁS, el non plus ultra, el finisterre místico, los que libamos el soma iniciático, también practicamos oraciones y doxologías contemplativas, como si nos guiáramos por Upanishad leídos por gurús y yoghis con sus mantras y hare krishnas, hare, hare, rama hare…

Meditamos sobremanera luego de años de contemplación, oración y renuncia al mundo y sus vanidades. Como el santo Antonio en el desierto egipcio o Simón el Estilita, moda que hizo que el desierto –morada de peligros y demonios que vivían tranquilamente- se poblara de eremitas como hoy el Everest está lleno de alpinistas aficionados para sacarse una foto restando emoción y mérito a la proeza. Yo no. Yo me llamo Jeremías que viene del griego “Jeremian”: soledad, llanto, devoción.

Los, vale decir, mandamientos de lo ÚLTIMO ULTIMÍSIMO, lo ulterior y transmundano y sobrenatural, se condensa en estas tesis (que no son de Feuerbach, precisamente): ÉL es el yo y la conciencia pura. ÉL es el fundamento y la base del mundo. ÉL transciende todo nombre y forma visible. ÉL es el centro de unidad y es omnipotente. ÉL es no-dualista en su autoconciencia. ÉL es la esencia de todas las cosas. ÉL es el valor supremo. ÉL es alcanzable sólo místicamente. ÉL está más allá de toda definición y categoría humana. Y, por último y décimo, ÉL es el origen creador, sustentador y controlador de todas las cosas. Estos preceptos se resumen en uno solo, a saber: ÉL es la HOSTIA. Y no decimos “ELLA” porque hasta las Bernardas Albas de este país están a su servicio.

Como epopte de ÉL, capitidisminuido, mi “yo” es espástico y estocástico, apofántico y antífono, apocatástico y anagnórico, paroxístico y apocalíptico (sobre todo para los no integrados y ni ganas). ¿Y quién es ÉL? ¿A qué dedica su tiempo libre? ÉL es el ESTADO DE DERECHO “sub specie aeternitatis”. ¿De qué pensaban que hablaba? ¿De la FIFA?

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