El imperialismo señala a Mali como el eslabón débil del Sahel

La situación en Mali es muy inestable, especialmente en el norte. Los imperialistas han señalado el país como eslabón débil para recuperar el terreno perdido en el Sahel y van a seguir presionando a través de sus intermediarios, yihadistas y tuaregs, para lograr sus objetivos.

Aunque el ejército regular ha recuperado el control de Sevare y Gao, ayer aparecieron en los suburbios de Bamako unidades conjuntas de yihadistas y tuaregs que, al parecer, se están reagrupando para iniciar nuevos ataques.

Después de Kidal, las tropas rusas también abandonaron Tessalit y Aguelhok tras un acuerdo con los tuaregs. Se están llevando a cabo otras negociaciones para salir de varias localidades. El Frente de Liberación Azawad controla de facto el norte de Mali.

La ruptura de los Acuerdos de Argel por parte del gobierno de Bamako ha afectado a las relaciones con el vecino del norte, alterando profundamente la dinámica de la guerra en el Sahel, abriendo una nueva fase, ha dicho el dirigente tuareg Mahfouz Ag Adnane en una entrevista con la cadena argelina El Watania.

La retirada del poder central maliense de sus compromisos ha erosionado progresivamente las bases de un diálogo político, dando paso al enfrentamiento.

Adnane describe su organización como un movimiento político-militar de vocación nacional, dotado, según él, de una hoja de ruta definida para las próximas etapas. Estas se inscriben en la continuidad de las operaciones recientes, después de un período de relativa calma entre los diferentes actores armados de la región.

Además, niega que el nuevo gobierno militar tenga legitimidad para ser el interlocutor en una negociación. Por eso no mantienen contactos con ellos.

A escala internacional, Adnane indica que el movimiento pretende desarrollar relaciones con varios socios regionales e internacionales, citando en particular a Argelia, a Mauritania y a organizaciones como la Unión Africana y la Unión Europea.

Los tuaregs se han beneficiado de la inclinación de Bamako hacia Marruecos, que ha reproducido los peores precedentes de la política africana: negativa a reconocer el derecho a la autodeterminación del pueblo saharahui y relaciones diplomáticas con Israel.

Firmados en 2015, los Acuerdos de Argel entre el anterior gobierno maliense y varios grupos del norte del país, incluidos los tuaregs, tenían como objetivo poner fin a las hostilidades desencadenadas en 2012.

Negociados con el apoyo de Argelia y de socios regionales, preveían, entre otras cosas, un fortalecimiento de la descentralización, la integración de combatientes en las fuerzas regulares, así como programas de desarrollo para las regiones del norte de Mali.

El objetivo era restaurar la confianza entre Bamako y las poblaciones locales, preservando al mismo tiempo la unidad territorial de Mali.

Comunicado del antiguo presidente marfileño Laurent Gbagbo

El antiguo presidente marfileño Laurent Gbagbo reaccionó a la ofensiva terrorista en Mali con un comunicado oficial de su partido, el Partido Popular Africano de Costa de Marfil (PPA-CI), pidió una respuesta de seguridad coordinada en todo el Continente Negro contra yihadistas y tuaregs.

Gbagbo expresa su profunda consternación por los ataques, que causaron importantes pérdidas humanas y materiales. El partido considera que estas operaciones se extienden más allá de Mali y buscan desestabilizar toda la región de África Occidental.

Los ataques estuvieron coordinados y demostraron la capacidad de los grupos armados para llevar a cabo operaciones a gran escala en múltiples frentes.

En su comunicado, Gbagbo afirma que la repetición de estos ataques refleja las limitaciones de las medidas de seguridad actuales y hace un llamamiento a una respuesta colectiva que involucre a los Estados africanos, con recursos compartidos y una mayor coordinación.

El ex presidente marfileño reiteró su propuesta de crear una fuerza africana dedicada a la lucha contra el terrorismo, bajo mando continental y dotada de recursos financieros, logísticos y operativos propios.

La seguridad del Sahel es un desafío compartido, ya que cada crisis local puede tener repercusiones en los países vecinos, dice el partido, que subraya la necesidad de mecanismos permanentes de defensa colectiva para hacer frente a las amenazas transfronterizas.

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