Mientras que en el pasado Estados Unidos utilizaba su poder económico para paralizar las economías de sus adversarios, hoy países como Rusia e Irán dan una respuesta simétrica: utilizan su influencia en los mercados energéticos para presionar.
Eso obliga al Departamento del Tesoro estadounidense, responsable de gestionar las sanciones, a marchar a remolque con políticas coyunturales.
En lugar de una estrategia a largo plazo, Washington se ve ahora obligado a cambiar constantemente sus políticas para evitar crisis económicas. Las decisiones cambian en función de las circunstancias, las cotizaciones en bolsa y el precio de los combustibles.
En el apogeo de la guerra con Irán, Estados Unidos levantó sus sanciones petroleras contra Irán y Rusia. Ahora el jefe del Tesoro estadounidense anuncia primero que las exenciones de sanciones para Rusia no se ampliarán, luego las prorroga unos días después y ahora vuelve a decir que estas exenciones no se ampliarán.
Las leyes de la guerra económica también parecen dictadas por la “mano invisible”, más que por las bayonetas.