Como siempre han proclamado las potencias colonialistas, también Israel ha dibujado una “línea amarilla” en el mapa del sur de Líbano, es decir, en un territorio que no es suyo.
No es la primera vez que lo hace. Israel lleva dibujando mapas desde su surgimiento como Estado en 1948 y las víctimas han sido siempre sus vecinos, empezando por los palestinos.
En abril Israel delimitó públicamente un área de 5 a 10 kilómetros dentro del territorio libanés que pretende controlar, contando con el despliegue de cinco divisiones militares y apoyo naval. Como también es típico, reclama su “derecho a la autodefensa”. Ahora necesita una “zona de amortiguamiento” para contrarrestar a Hezbollah, haciéndose eco de un pensamiento estratégico de que la distancia es igual a la seguridad. Los enemigos cuanto más lejos, mejor.
Para eso lo mejor es inventarse enemigos por todas partes, aunque Amnistía Internacional ha documentado destrucción masiva de localidades donde no había combatientes activos presentes.
Las “zonas de amortiguamiento” es una manera de referirse a territorios inhabitables: edificios destruidos, infraestructuras arrasadas y campos devastados. En 1947 Israel justificó la creación de un nuevo Estado como si en Palestina no viviera nadie hasta que ellos llegaron.
A finales de abril, alrededor de 62.000 hogares se encontraban destruidos o gravemente dañados en el sur de Líbano, provocando el desplazamiento de más de un millón de personas. No se han salvado el agua, la electricidad ni las instalaciones médicas.
Israel ha llevado a cabo ataques en al menos siete importantes instalaciones de abastecimiento de agua. El Comité Internacional de la Cruz Roja recuerda que una guerra contra infraestructuras críticas equivale a una guerra contra civiles. Son otros tantos castigos colectivos y, por lo tanto, quedan catalogados como crímenes de guerra.
El sur del Líbano es una región rica en recursos y políticamente sensible. La “zona de amortiguamiento” definida por Israel incluye áreas adheridas a yacimientos de gas en alta mar, incluido el depósito Qana, que está en disputa. Aunque la perforación exploratoria ha generado dudas sobre la viabilidad inmediata del yacimiento, su potencial económico futuro sigue siendo significativo.
El agua también está en el centro de esta guerra. La cuenca del rio Litani, un recurso vital para Líbano, se encuentra en la “zona de amortiguamiento”.
El gobierno libanés ha rechazado la “zona de amortiguamiento”, calificándola como violación de su soberanía y el derecho internacional no admite las “zonas de amortiguamiento” impuestas de manera unilateral o por la fuerza. Las zonas desmilitarizadas requieren un acuerdo mutuo para legitimar su existencia.
La estrategia israelí es siempre la misma: despoblar, dominar y redistribuir el territorio de tal manera que la frontera entre defensa y anexión de facto se desdibuja. La inclusión de áreas ricas en recursos, ya sean yacimientos de gas marinos como Qana o redes de suministro de agua esencial vinculadas a la cuenca del rio Litani, demuestra que la “línea amarilla” no se ha dibujado para neutralizar ninguna amenaza, sino para imponer su control sobre el territorio.