El mundo ha llegado al siglo XXI y sigue habiendo países colonizados, a pesar de la Carta de la ONU. Puerto Rico es una de ellas, una posesión estadounidense gobernada en última instancia desde Washington.
El control de la isla es una necesidad estratégica para el Pentágono, que en los años cuarenta construyó una base naval y un campo de tiro para la aviación.
Ahora recuerda la historia un reciente libro del periodista británico Steve Howell (*), centrado en la biografía de su padre, Brandon (1918-1987), que fue un protagonista clave en el movimiento comunista de Puerto Rico.
Su hijo ha utilizado el acceso a los archivos que se encuentran en las oficinas represivas, muchos de ellos destruidos, para recuperar la historia. Era un arquitecto que en los años cuarenta trabajó en San Juan, la capital de Puerto Rico.
Los comunistas desempeñaron un papel importante en la lucha de Puerto Rico por la independencia. En la Guerra Fría, mientras el macartismo cobraba fuerza con la caza de brujas, la vigilancia y la represión, Puerto Rico y Brandon Howell quedaron atrapados por la represión política.
La obra describe la atmósfera contra el “peligro rojo” que impregnó la política puertorriqueña, contratando soplones y persiguiendo a quienes exigen la independencia, que eran decenas de miles.
“En Puerto Rico hubo procesamientos bajo la Ley Smith a una escala tan amplia como en California y Nueva York, y esto se desconoce por completo. Ahí me di cuenta que había una historia que no se había contado adecuadamente,” sostiene el autor del libro.
Brandon Howell entró en contacto con César Andreu Iglesias, dirigente comunista e independentista, presidente del Partido Comunista de Puerto Rico y cofundador del semanario Claridad, y a su esposa Jane Speed, también militante.
Durante su tiempo en la Isla, Howell publicó caricaturas políticas bajo el seudónimo “Pepe” y “Diego Muñoz” para varias publicaciones comunistas y de trabajadores.
La represión se agudizó en 1954, cuando los independentistas atacaron el congreso de Estados Unidos, lo que provocó una ola de detenciones de en la isla. Howell tuvo que huir a Reino Unido, donde siguió vigilado por el FBI y el MI5.
Su hijo detalla la humillante visita del Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes a la isla en 1959, cuando los inquisidores de Washington encontraron la resistencia unida de políticos y pueblos puertorriqueños por igual, insistiendo en que el comité no tenía jurisdicción.
Ante el revés, Hoover recurrió cada vez más a la acción encubierta, como lo hizo después en una escala mucho más amplia en Estados Unidos frente a las movilizaciones de los años sesenta contra la Guerra de Vietnam y los derechos civiles.
El estatuto colonial de Puerto Rico no ha cambiado poco desde el período que relata el libro de Steve Howell. El control de la isla sigue siendo un imperativo estratégico de Estados Unidos. Las demandas periódicas de que Estados Unidos se convierta en Estado o en independencia no han llegado a ninguna parte.
(*) Cold War Puerto Rico: Anti-Communism in Washington’s Caribbean Colony